Qué se necesita para desmayar a un hombre?
Su pierna se movía nerviosa debajo de la mesa. Su corazón latía acelerado. Tenía palpitaciones. Aquel estado no era bueno para ella, claro que no. Cerró los ojos y respiró profundamente. Solo se lo diría y luego se iría. Sí, eso era simple.
Aun no podía creer que estaba allí, esperándolo para decirle que estaba embarazada de él y que iba a... tener a ese bebé. Antes de llegar al bar se había entretenido mirando una tienda de ropa para recién nacidos. Se le había encogido el corazón. Era ropa tan pequeñita y ella tendría que comprarla dentro de unos meses.
Todavía no había encontrado la manera de abordar a sus padres y a su abuelo. Simplemente le había pedido un certificado a Clara para poder ausentarse en el trabajo, hasta que encontrara la forma de hablarlo con ellos.
Levantó la mirada sobresaltada cuando alguien se sentó frente a ella. Simplemente se le olvidó como respirar al tenerlo allí. No, ella no estaba lista para hablar con él.
Maldita sea, MERYi ¿Por qué demonios te hice caso?
En ese mismo momento quiso levantarse de esa mesa y salir corriendo. Se sentía como una tonta niñita, a punto de enfrentarse al cuco.
PETER la observó detenidamente. Tenía el caballo suelto y caía sobre sus hombros de manera natural. Se veía linda, claro que sí. Pero pudo notar el nerviosismo en su mirada. Estaba algo pálida. Se dijo a si mismo que seguramente era por el cambio tan repentino de clima. En ese momento hacia un frío terrible. Pero entonces vio las pequeñas bolsa que residían bajo sus ojos. Realmente le preocupó su estado. ¿Estaría enferma?
—Es una sorpresa volver a verte —habló él al fin.
Después de que habló con ella simplemente se había desesperado. NICO no había ayudado mucho diciéndole cosas sin sentido. Como que ella quería volver a tener una noche apasionada con él y esas bobadas. Sacudió la cabeza para no pensar en ello.
—¿Cómo estás? —logró preguntarle ella luego de unos segundos.
—Bien —le contestó él —¿Tú? ¿Cómo has estado?
Oh, perfectamente… vomitando a cada rato y durmiendo como osa.
—Bien también —se limitó a decirle.
—La verdad LALI… jamás pensé que volvería a verte.
—Tampoco yo —sonrió nerviosa —Es más, ni siquiera sabía que tú eras el mejor amigo del novio de mi mejor amiga. Lo supe hace unos días.
—¿En serio? —preguntó curioso —Yo sí sabía que NICO salía con tu mejor amiga. Lo supe el día después de que nosotros…
—Oh, está bien —lo interrumpió —No necesito explicaciones.
En ese momento un mozo se acercó a ellos.
—¿Qué van a tomar? —preguntó.
—Yo un vaso de agua —dijo LALI nerviosa. Simplemente le estaba costando horrores estar allí sentada. En cualquier momento se iba a desmayar.
—Yo un café —dijo PETER.
El mozo asintió y se fue dejándolos solos de nuevo. El volvió a mirarla y se percató de que ella movía nerviosa una pierna debajo de la mesa. ¿Por qué estaría tan asustada?
—Verás, no quiero ocupar mucho de tu tiempo, PETER, sé que trabajas casi todo el día y te agradezco que simplemente te hayas hecho un espacio para hablar conmigo.
—De verdad no es nada —aseguró él —Además de que sentí curiosidad de saber que necesitabas, después de cómo me echaste de tu casa no creí que fuéramos a estar sentados en un bar —rió por lo bajo para que aquello resultara gracioso. Entonces vio que ella se ponía más pálida y su preocupación aumentaba.
—Lo siento —dijo sintiéndose repentinamente angustiada —Yo no quise echarte así, simplemente estaba… estaba…
—Tranquila —la calmó él —No te preocupes, no pasó nada.
La morena soltó un suspiro y rogó a dios que todo aquello terminara pronto.
—En realidad te llamé porque tengo que decirte algo.
El mozo volvió y les entregó lo que ambos pidieron. Ella tomó el vaso con agua y lo bebió de golpe. PETER arqueó una ceja preocupado. Ella simplemente estaba a punto de sufrir un ataque. ¿Qué era lo que iba a decirle o pedirle para ser tan… escandaloso? ¿Acaso le pediría que fueran amantes o algo como eso?
Sacudió la cabeza al sentirse algo ‘emocionado’ por eso. Pero entonces pensó en MERY. Al fin las cosas estaban un poco mejor entre ellos. Esta morena podía hacerlo sentir extraño… pero no iba a engañar a su novia con ella.
—Mira, LALI, hace un mes y medio atrás, cuando nos conocimos, yo estaba pasando por una terrible crisis y prácticamente separado de mi novia. Pero ahora estamos bien, y felices…
LALI cerró los ojos y se maldijo internamente. Quizás él creía que ella quería tener algo con él, cosa que no era así. Tenía que decírselo de una vez.
—PETER, yo…
—Yo sé que lo que pasó entre nosotros fue… genial —le dijo. Ella lo miró algo sorprendida y se quedó callada. PETER apretó los labios —Lo siento si quedo como un desubicado, pero jamás tuve una noche como la que pasé contigo —las mejillas de la morena se tiñeron rápidamente de un rojo intenso —Pero no puede repetirse.
Él vio que a ella le temblaba la mandíbula. ¿Acaso iba a llorar? Simplemente se sentía extraño. No entendía lo que ella quería. Si no era aquello, que cosa podía ser.
—No es eso, PETER —logró hablar al fin.
Respiró profundamente y contó hasta tres en su cabeza. No tenía que ser tan difícil. Simplemente debía soltarlo y ya.
—Entonces, ¿Qué es? —quiso saber.
Simplemente comenzaba a ponerse nervioso. Ella no quería tener una aventura con él. Si no era eso, ¿Qué podía ser?
—Yo…
La respiración se le aceleró y sus ojos acumularon las malditas lágrimas. Tenía tanto miedo de que él simplemente se pusiera como loco. Pero como le había dicho MERY, él tenía todo el derecho de saberlo y hacerse cargo. Y si no quería saber nada del bebé, ella tampoco iba a obligarlo. Su mejor amiga tendría que entender aquello.
—¿Qué? —dijo él nervioso —¿Qué pasa?
—Esto no es fácil de decir —aseguró nerviosa y apretó los labios.
—Eres hermosa, LALI —dijo él. Ella tragó saliva —Y sé que encontraras a alguien especial que va a darte todo lo que necesites…
Suéltalo ya, tonta, suéltalo yo.
Sí, tenía que soltarlo de una vez, iba a volverse loca si él seguía hablando. Para tomar un poco de fuerza apoyó su mano derecha sobre su panza. Encontró el tranquilizador latidito.
—PETER…
—…yo no soy lo que necesitas, morena —el siguió hablando. LALI volvió a respirar profundamente —Te juro que me encantaría serlo, pero no lo soy…
—Estoy embarazada —dijo al fin.
No lo miró. No quería mirarlo. Pero él no dijo nada. Y los segundos pasaban, y ella comenzaba a ponerse nerviosa. Levantó la vista para mirarlo de una vez. Él tenía el ceño levemente fruncido y parecía confundido.
—¿Me llamaste para contarme que estás embarazada? —inquirió confundido. Ella asintió levemente —Felicidades —dijo no muy convencido. No entendía por qué se lo estaba contando a él, ya que ni se conocían —Me alegro por ti y por el padre…
Palideció. Ajá, él acababa de ponerse blanco como el mantel que estaba sobre la mesa en la que ellos estaban. LALI volvió a aguantar la respiración. Él acababa de comprenderlo.
PETER se quedó quieto, sin habla y con la mirada fija en la mirada de ella. LALI lo había llamado, lo había citado y le estaba contando aquello porque él era el padre de ese bebé. Esa era la única razón.
Su corazón latió con fuerza y de repente sintió pánico. Mucho pánico. ¿Qué fue lo que él hizo?
Lentamente se puso de pie. Vio que ella también se paraba. La observó con mayor atención. Estaba un poco más delgada de lo que recordaba y todo lo que había visto en ella al principio, las ojeras, palidez y ojos hincados, se hicieron más notorios.
Bajó la mirada a su vientre. Plano… muy plano. Y allí adentro había un bebé. Un bebé que era ¿suyo?
Está embarazada. Está embarazada. Ella está embarazada, mier-da. Y yo soy el padre de ese bebé… Por ahí no, por ahí no lo soy. Ella por ahí está mintiendo. ¿Y por qué mentiría? Está minada de dinero, nada necesita de un simple mecánico.
—¿PETER? —inquirió ella.
—Creo que… voy a ir un segundo al baño —dijo él.
Dio un paso fuera de la mesa y todo se volvió borroso para su mirada. Sus piernas flaquearon y a lo lejos escuchó que ella lo llamaba y luego él caía de cara al suelo.
miércoles, 30 de diciembre de 2015
CAPITULO 15
Se lo dices tú o se lo digo yo.
Aclaración: En algunos capítulos les van a aparecer antes del capitulo algo como: Semana nº tanto. Eso es la semana de gestación que lleva la señorita LALI Muchas gracias por su tiempo.
Semana 6......
Ella se despertó al sentir unas horribles ganas de comer frutillas. ¿Era normal tener antojos tan pronto? No lo sabía. Se puso boca arriba en la cama y miró la hora sobre su mesita de luz. Eran las tres de la tarde, y ella aun estaba tirada en la cama. Era patética.
Simplemente su vida era un desastre. Por las noches no podía dormir y le agarraban sus malditos ataques de llanto. Después se despertaba con un espantoso dolor de cabeza y ahora que sabía que estaba embarazada no podía tomar ningún remedio sin consultarlo con su médica.
Suspiró y miró fijamente el techo. Inconcientemente su mano derecha acariciaba su vientre. Le gustaba tocarse la panza, encontrar el lugar en donde latía aquel pequeño corazón. Podría ser extraño, su vida se estaba yendo complemente a la basura. Pero siempre sonreía cuando sentía el corazón de su bebé. ¡Al fin iba a tener algo propio! Algo que era de ella, que iba a depender de ella. Su vida no sería la misma, pero no estaba arrepentida de la decisión de tener a ese bebe.
Se sobresaltó ante el repentino sonido del teléfono de su casa. Giró y lo tomó.
—Diga —dijo.
—LALI, ¿ya lo llamaste? —le preguntó ella. Se tensó al instante.
—No, no lo llamé, EUGE —dijo.
—¿Y qué demonios estás esperando? ¿Estar pariendo al niño? —le preguntó. LALIcerró los ojos y se masajeó el puente de la nariz.
—No sé si sea buena idea buscarlo y decirle esto, EUGE.
—LALI, lo hemos hablado un millón de veces —suspiró —PETER tiene todo el derecho del mundo de saber sobre el bebé.
—Pero necesito tiempo —dijo ella.
—No, LALI, no hay tiempo. Los días pasan y se van a convertir en meses. No puedes pretender decirle que va a ser padre cuando estés pariendo.
LALI respiró profundamente. En eso ella tenía razón. Lo mejor sería decírselo ahora y que él decidiera que quería hacer.
—Bien —murmuró —Voy a llamarlo para decirle todo.
—¡No puedes decírselo por teléfono, LALI! —la retó —Es algo muy delicado.
—¿Y qué quieres que haga? —preguntó nerviosa.
—Que lo llames y le digas que te gustaría verlo, para hablar con él de algo… importante.
—Pero… pero…
—LALI, no eres una niña. Tienes que hacerlo. Yo ya no me aguanto las ganas de contarle a NICO que vamos a ser tíos…
—¡Ni se te ocurra!
—Lo sé, no voy a hacerlo. Pero tú si tienes que hacerlo.
—Britt, hay una gran posibilidad de que PETER no quiera hacerse cargo o crea que no es suyo.
—Que se atreva a alguna de las dos y voy a colgarlo de las pelotas —aseguró la rubia.
—Pero no puedes obligarlo, EUGE. Él esta en todo su derecho de negarse.
—Claro que no, LALI—dijo ella algo ofendida —Aquí ambos son culpables. Los dos tuvieron sexo desenfrenado y sin cuidado. Tú lo gozaste, él lo gozó… ahora ambos van a hacerse cargo de ello.
LALI asintió con los ojos cerrados. Ella tenía toda la razón. Pero, ¿Cómo no sentirse asustada? Nada sabía de ese hombre. Bueno, lo había ‘conocido’ un poco más gracias a todo lo que EUGE le había contado.
Suspiró, ya estaba complemente jugada. Tenía que decírselo.
—Bien, EUGE, voy a llamarlo —dijo.
La rubia festejó contenta.
—Recuerda que su número está anotado en un papelito que te pegué contra la heladera. Puede que te atienda NICO. El número no solo da a la casa de PETER, sino que también da al taller.
—Tengo miedo, amiga…
—Tranquila, LALI, todo va a salir bien. Ahora te dejo, que tengo que seguir arreglando las cosas aquí en la casa de Ni.
—Está bien, EUGE. Hablamos luego. Te quiero, hermana.
—Y yo a ti, cariño. Muchísimo —dijo y colgó.
LALI se levantó de la cama y salió de su habitación. Era sábado y el frío era cada vez más notorio en Nueva York. Se acercó a la ventana de su departamento y observó la ruidosa ciudad. En algún momento de su vida se mudaría a un lugar más tranquilo.
Entonces, de repente, sintió esas terribles ganas de comer frutillas otra vez. Sonrió y se miró la panza.
—Eres insistente, ¿verdad? —le preguntó y acarició su vientre sobre la ropa de dormir.
Fue hacia la cocina y buscó la fruta que tanto ansiaba. Tomó el tarrito de frutillas con azúcar que había preparado para el desayuno, pero que no había podido comer porque había ido corriendo al baño a vomitar. Era asombroso ver como de un momento a otro odiaba y amaba una comida. Se acercó a la mesa y se sentó.
Comenzó a comer y sintió un gran alivio. Jamás en la vida comer frutillas había sido tan genial. Tal vez estar embarazada no era tan malo.
''¿Cómo es LALI?''
EUGE lo miró divertido.
''¿Por qué tanto interés en mi prima?''
''Solo quiero saber''
''Es una gran persona, una excelente amiga y sobre todo la cosa más dulce del mundo. Lastima que su propia familia le da la espalda y le hace la vida imposible…''
Él sacudió la cabeza y se propuso concentrarse de una vez por todas en el maldito auto que estaba arreglando. Hacía una semana que no dejaba de pensar en LALI. Cuando había tenido la oportunidad de estar a solas con su cuñado, le había preguntado varias cosas sobre ella. Escuchó como el teléfono del taller comenzaba a sonar. Resopló, él estaba metido debajo de un Lamborghini, no podía salir a contestar.
—¡NICO, teléfono! —llamó a su amigo.
—¡Sí, ya lo escuché! —dijo él. PETER sintió a su amigo y socio pasar por en frente de él hacia el teléfono —¿Hola? —contestó poniendo su voz un poco más grave. Decía que eso atraía a las clientas —Sí, soy yo ¿Quién es? —preguntó curioso —¿LALI? —PETER alzó sorprendido la cabeza, golpeándose la frente contra un caño. Maldijo entre dientes —Wow, nena, es raro recibir tu llamada aquí —aseguró —¿Le pasó algo a EUGE? —su voz había cambiado radicalmente. PETER logró salir torpemente de bajo del auto. Se puso de pie y se sacudió un poco, para luego acercarse a donde estaba NICO.
—¿Quieres hablar con él? —miró a PETER alzando ambas cejas —Sí, sí, ya te lo paso.
NICO tapó con su mano el lado del teléfono por el que LALI podía escucharlo.
—¿Es LALI? —preguntó PETER aun sin creerlo del todo.
—Sí, es LALI. La LAL con la que ‘pecaste’ de sobremanera. No seas descortés con ella, ni nada por el estilo. EUGE es capaz de castrarte si lo haces.
PETER asintió y tomó el teléfono. Se le secó la garganta y tragó saliva. Respiró profundamente y decidió hablar.
—Hola —dijo. No obtuvo respuesta inmediata, pero si escuchó su respiración —¿Hola?
—H… Hola —dijo nerviosa. PETER se sintió más nervioso que antes. Volvía a escuchar su voz.
—¿Cómo estás? —le preguntó acomodando su garganta.
—Pareces imbécil —le murmuró NICO. PETER lo golpeó levemente.
—Bien, gracias —dijo ella —Seguramente estás sorprendido por mi llamada…
—Bastante —asintió él —Pero no me desagrada.
Ella rió quedamente. PETER sonrió bobamente. Una de las cosas que más le había gustado de LALI era su sonrisa y su risa. Simplemente era encantadora cuando lo hacía.
—Puede parecerte extraño, PETER… pero me gustaría que nos veamos.
—Hoy mismo, ¿te parece? —le preguntó apresuradamente. LALI se quedó en silencio, sorprendida porque aceptara tan rápido.
—Sí, me parece bien —asintió.
—¿A qué hora? —inquirió él.
—Son las 3.30 de la tarde —dijo ella y respiró profundamente —Si no estás ocupado podemos vernos a las 6
—Claro que puedo —asintió. Su corazón latía con fuerza —¿En dónde?.
—¿Conoces el bar Charles de la 5ta Avenida? —le preguntó ella.
—Sí, lo conozco —dijo —Nos vemos allí.
—Seguro —rió levemente —Gracias por tu tiempo.
—No es nada —aseguró él —Hasta dentro de un rato.
—Ajá —parecía realmente nerviosa —Adiós
Aclaración: En algunos capítulos les van a aparecer antes del capitulo algo como: Semana nº tanto. Eso es la semana de gestación que lleva la señorita LALI Muchas gracias por su tiempo.
Semana 6......
Ella se despertó al sentir unas horribles ganas de comer frutillas. ¿Era normal tener antojos tan pronto? No lo sabía. Se puso boca arriba en la cama y miró la hora sobre su mesita de luz. Eran las tres de la tarde, y ella aun estaba tirada en la cama. Era patética.
Simplemente su vida era un desastre. Por las noches no podía dormir y le agarraban sus malditos ataques de llanto. Después se despertaba con un espantoso dolor de cabeza y ahora que sabía que estaba embarazada no podía tomar ningún remedio sin consultarlo con su médica.
Suspiró y miró fijamente el techo. Inconcientemente su mano derecha acariciaba su vientre. Le gustaba tocarse la panza, encontrar el lugar en donde latía aquel pequeño corazón. Podría ser extraño, su vida se estaba yendo complemente a la basura. Pero siempre sonreía cuando sentía el corazón de su bebé. ¡Al fin iba a tener algo propio! Algo que era de ella, que iba a depender de ella. Su vida no sería la misma, pero no estaba arrepentida de la decisión de tener a ese bebe.
Se sobresaltó ante el repentino sonido del teléfono de su casa. Giró y lo tomó.
—Diga —dijo.
—LALI, ¿ya lo llamaste? —le preguntó ella. Se tensó al instante.
—No, no lo llamé, EUGE —dijo.
—¿Y qué demonios estás esperando? ¿Estar pariendo al niño? —le preguntó. LALIcerró los ojos y se masajeó el puente de la nariz.
—No sé si sea buena idea buscarlo y decirle esto, EUGE.
—LALI, lo hemos hablado un millón de veces —suspiró —PETER tiene todo el derecho del mundo de saber sobre el bebé.
—Pero necesito tiempo —dijo ella.
—No, LALI, no hay tiempo. Los días pasan y se van a convertir en meses. No puedes pretender decirle que va a ser padre cuando estés pariendo.
LALI respiró profundamente. En eso ella tenía razón. Lo mejor sería decírselo ahora y que él decidiera que quería hacer.
—Bien —murmuró —Voy a llamarlo para decirle todo.
—¡No puedes decírselo por teléfono, LALI! —la retó —Es algo muy delicado.
—¿Y qué quieres que haga? —preguntó nerviosa.
—Que lo llames y le digas que te gustaría verlo, para hablar con él de algo… importante.
—Pero… pero…
—LALI, no eres una niña. Tienes que hacerlo. Yo ya no me aguanto las ganas de contarle a NICO que vamos a ser tíos…
—¡Ni se te ocurra!
—Lo sé, no voy a hacerlo. Pero tú si tienes que hacerlo.
—Britt, hay una gran posibilidad de que PETER no quiera hacerse cargo o crea que no es suyo.
—Que se atreva a alguna de las dos y voy a colgarlo de las pelotas —aseguró la rubia.
—Pero no puedes obligarlo, EUGE. Él esta en todo su derecho de negarse.
—Claro que no, LALI—dijo ella algo ofendida —Aquí ambos son culpables. Los dos tuvieron sexo desenfrenado y sin cuidado. Tú lo gozaste, él lo gozó… ahora ambos van a hacerse cargo de ello.
LALI asintió con los ojos cerrados. Ella tenía toda la razón. Pero, ¿Cómo no sentirse asustada? Nada sabía de ese hombre. Bueno, lo había ‘conocido’ un poco más gracias a todo lo que EUGE le había contado.
Suspiró, ya estaba complemente jugada. Tenía que decírselo.
—Bien, EUGE, voy a llamarlo —dijo.
La rubia festejó contenta.
—Recuerda que su número está anotado en un papelito que te pegué contra la heladera. Puede que te atienda NICO. El número no solo da a la casa de PETER, sino que también da al taller.
—Tengo miedo, amiga…
—Tranquila, LALI, todo va a salir bien. Ahora te dejo, que tengo que seguir arreglando las cosas aquí en la casa de Ni.
—Está bien, EUGE. Hablamos luego. Te quiero, hermana.
—Y yo a ti, cariño. Muchísimo —dijo y colgó.
LALI se levantó de la cama y salió de su habitación. Era sábado y el frío era cada vez más notorio en Nueva York. Se acercó a la ventana de su departamento y observó la ruidosa ciudad. En algún momento de su vida se mudaría a un lugar más tranquilo.
Entonces, de repente, sintió esas terribles ganas de comer frutillas otra vez. Sonrió y se miró la panza.
—Eres insistente, ¿verdad? —le preguntó y acarició su vientre sobre la ropa de dormir.
Fue hacia la cocina y buscó la fruta que tanto ansiaba. Tomó el tarrito de frutillas con azúcar que había preparado para el desayuno, pero que no había podido comer porque había ido corriendo al baño a vomitar. Era asombroso ver como de un momento a otro odiaba y amaba una comida. Se acercó a la mesa y se sentó.
Comenzó a comer y sintió un gran alivio. Jamás en la vida comer frutillas había sido tan genial. Tal vez estar embarazada no era tan malo.
''¿Cómo es LALI?''
EUGE lo miró divertido.
''¿Por qué tanto interés en mi prima?''
''Solo quiero saber''
''Es una gran persona, una excelente amiga y sobre todo la cosa más dulce del mundo. Lastima que su propia familia le da la espalda y le hace la vida imposible…''
Él sacudió la cabeza y se propuso concentrarse de una vez por todas en el maldito auto que estaba arreglando. Hacía una semana que no dejaba de pensar en LALI. Cuando había tenido la oportunidad de estar a solas con su cuñado, le había preguntado varias cosas sobre ella. Escuchó como el teléfono del taller comenzaba a sonar. Resopló, él estaba metido debajo de un Lamborghini, no podía salir a contestar.
—¡NICO, teléfono! —llamó a su amigo.
—¡Sí, ya lo escuché! —dijo él. PETER sintió a su amigo y socio pasar por en frente de él hacia el teléfono —¿Hola? —contestó poniendo su voz un poco más grave. Decía que eso atraía a las clientas —Sí, soy yo ¿Quién es? —preguntó curioso —¿LALI? —PETER alzó sorprendido la cabeza, golpeándose la frente contra un caño. Maldijo entre dientes —Wow, nena, es raro recibir tu llamada aquí —aseguró —¿Le pasó algo a EUGE? —su voz había cambiado radicalmente. PETER logró salir torpemente de bajo del auto. Se puso de pie y se sacudió un poco, para luego acercarse a donde estaba NICO.
—¿Quieres hablar con él? —miró a PETER alzando ambas cejas —Sí, sí, ya te lo paso.
NICO tapó con su mano el lado del teléfono por el que LALI podía escucharlo.
—¿Es LALI? —preguntó PETER aun sin creerlo del todo.
—Sí, es LALI. La LAL con la que ‘pecaste’ de sobremanera. No seas descortés con ella, ni nada por el estilo. EUGE es capaz de castrarte si lo haces.
PETER asintió y tomó el teléfono. Se le secó la garganta y tragó saliva. Respiró profundamente y decidió hablar.
—Hola —dijo. No obtuvo respuesta inmediata, pero si escuchó su respiración —¿Hola?
—H… Hola —dijo nerviosa. PETER se sintió más nervioso que antes. Volvía a escuchar su voz.
—¿Cómo estás? —le preguntó acomodando su garganta.
—Pareces imbécil —le murmuró NICO. PETER lo golpeó levemente.
—Bien, gracias —dijo ella —Seguramente estás sorprendido por mi llamada…
—Bastante —asintió él —Pero no me desagrada.
Ella rió quedamente. PETER sonrió bobamente. Una de las cosas que más le había gustado de LALI era su sonrisa y su risa. Simplemente era encantadora cuando lo hacía.
—Puede parecerte extraño, PETER… pero me gustaría que nos veamos.
—Hoy mismo, ¿te parece? —le preguntó apresuradamente. LALI se quedó en silencio, sorprendida porque aceptara tan rápido.
—Sí, me parece bien —asintió.
—¿A qué hora? —inquirió él.
—Son las 3.30 de la tarde —dijo ella y respiró profundamente —Si no estás ocupado podemos vernos a las 6
—Claro que puedo —asintió. Su corazón latía con fuerza —¿En dónde?.
—¿Conoces el bar Charles de la 5ta Avenida? —le preguntó ella.
—Sí, lo conozco —dijo —Nos vemos allí.
—Seguro —rió levemente —Gracias por tu tiempo.
—No es nada —aseguró él —Hasta dentro de un rato.
—Ajá —parecía realmente nerviosa —Adiós
CAPITULO 14
La heredera.
Hacía bastante tiempo que PETER no disfrutaba de una cena en familia. Desde que había dejado el nido, hacía cinco años ya, se había vuelto un hombre bastante independiente. Aunque jamás, jamás, jamás, jamás habría comida como la de su madre. Y también jamás llegaría a ser un hombre ordenado. Pero aun así vivía bien. Era lindo tener su propio lugar, y no tener que escuchar... las ordenes de su madre para hacer el cuarto o limpiar alguna parte de la casa.
—¿Y cómo van las cosas con MERY? —preguntó NICO L.
PETER lo miró algo sorprendido mientras se llevaba un poco de pasta casera a la boca. Dejó el tenedor sobre el plato y acomodó su garganta. Sabía que ni su padre, ni el resto de su familia estaban interesados en su relación con MERY.
—Bien, supongo —le respondió —Creo que las cosas están mejor que antes.
—Aun no puedo creer que todavía estés con ella —dijo CANDE.
Ella y AGUS habían llegado justo para la hora de la cena. Y GIMENA había insistido en que SIERRA se quedara a cenar con ellos. Por supuesto que las miradas de los LANZANI estaban totalmente puestas en él.
—CANDE —murmuró GIMENA en forma de advertencia.
—No, mamá —dijo ella sin dejar de mirar a PETER —Es hora de que alguien le diga como son las cosas.
—¿Y cómo son las cosas? —preguntó PETER.
Estaba bastante interesado en escuchar a su pequeña hermana. Ya que siempre era la que se callaba todo y no se animaba a enfrentar algunas situaciones.
—Ella es una arpía, PETER. Una… mala persona. No te valora como te lo mereces. Es una malcriada y resentida…
—¡Basta, CANDE! —la detuvo NICO L.
Ella apretó los labios, y miró fijo su plato. Luego se puso de pie.
—Permiso, voy a mi cuarto —se disculpó.
—Osita… —la llamó AGUS y se levantó para ir detrás de ella.
—Tú te quedas ahí —le dijo VICO.
AGUS se sentó al instante pero con la mirada fija en la dirección que había tomado su novia. Un molesto silencio reinó en la mesa. Lo único que se oía era a VICO comer.
—Lo siento, hijo —se disculpó GIMENA
—Mamá —negó levemente con la cabeza —No te preocupes, todo está bien.
—A decir verdad, CANDE, tiene razón —asintió VICO.
—¡VICTORIO! —lo retó NICO L.
—Ya, papá —dijo divertido PETER —No se hagan más problema por este asunto. Ya acepté que ustedes no quieren a MERY…
—Y ella tampoco a nosotros —aseguró VICO. PETER rió por lo bajo.
—¿Y eso… te parece bien? —preguntó AGUS con cautela.
En realidad no quería meterse, pero la pregunta le había salido sin permiso.
—No, no me parece bien, cuñadito —le dijo esbozando una media sonrisa. A pesar de que ese niño salía con su pequeña hermana, lo apreciaba —Pero ya no hablemos de esto. Dime AGUS, ¿sigues estudiando en la Universidad?
SIERRA se limpió la boca con una servilleta y tomó un poco de agua.
—Sí, por eso últimamente no he venido a ver a CANDE. Estuve en época de parciales. Pero ya casi he terminado con todo. Me falta un solo parcial más y termino mi segundo año.
—¿Qué era lo que estudiabas, muchacho? —preguntó NICO L.
—Era abogacía, NICO L —contestó GIMENA por él —Creo que CANDE te lo dijo unas 800 veces.
—Se me olvida —dijo él encogiéndose de hombros y volvió la vista al novio de su hija. Aquel muchacho tenía que tener un defecto, no podía ser tan perfecto.
—Tengo el sueño de ser un honorable político algún día —dijo AGUS.
—Quien les dice que hasta Presidente de los Estados Unidos —dijo CANDE mientras entraba a la sala.
Todos la miraron. Ella se acercó a la mesa y se sentó de nuevo al lado de su novio.
—Podría ser —sonrió el de rulos.
—CANDE, cielo, creo que le debes una disculpa a tu hermano mayor —le dijo GIMENA.
Ella miró a su madre y luego a PETER. No tenía por qué disculparse, solo le había dicho la verdad. En serio él se merecía lo mejor.
Su hermano era un gran hombre. Y solo se merecía una gran mujer que lo apoyase, que estuviera orgullosa de todos sus logros y que hiciera el intento de llevarse bien con su familia. ¡O por lo menos que aparentara!
CANDE siempre había visto a PETER como a un súper héroe. Uno que la protegía a ella y a VICO de todo lo malo. Desde su punto de vista él había asumido el papel de segundo padre para ellos dos. Cuando eran niños, NICO L, a causa de su empleo de piloto de aviones, no estaba mucho tiempo en la casa. Por lo que ella y Chace se habían aferrado a la única figura ‘masculina’ de la casa para sentirse protegidos. Y PETER había asumido muy bien su rol.
En ese entonces PETER tenía 12, VICO 7 y ella 5 años. Eran inseparables. PETER era muy maduro y responsable para la edad que tenía. Él los llevaba a la escuela, los esperaba a la salida de la misma, los defendía de cualquiera que los molestase.
¡Dios! Ella había estado ‘enamorada’ de ese súper héroe, ideal y encantador. Maldito complejo de Electra. Y ahora lo único que quería era alguien especial para él. No a esa quejosa y que nunca estaba conforme.
—Lo siento —se disculpó al fin. Él le sonrió tiernamente.
—No te preocupes, sonrisita —le dijo —Aun así te sigo queriendo.
—¿Ya terminaron con sus cursilerías? —preguntó VICO. PETER rió por lo bajo —Porque quiero que sigamos con el interrogatorio al novio-roba-cunas de mi hermana.
—¿Roba cunas? —inquirió CANDE —Por dios,VICO, AGUS apenas tiene 19.
—Es un roba cunas —aseguró.
AGUS sonrió sin poder evitarlo. A veces el menor de sus cuñados era muy ocurrente.
—Bien, pregunta lo que quieras saber —le dijo.
—Veamos, necesito saber sobre: tus padres, dónde vives, con qué profesora de derecho coqueteas, con cuantas mujeres te has acostado…
—¡VICTORIO! —chilló CANDE.
—Tranquila, osita —dijo AGUS divertido. Miró a VICO —Todavía vivo con mis padres. Tengo una buena relación con ellos. Como ya mencioné, o eso creo, no tengo hermanos. Pero si tengo algunos primos. Aunque con la única que tengo contacto es con LALI…
PETER alzó la mirada hacia él. Ese nombre se le metió pesadamente por los oídos, haciendo que su cuerpo recordara aquella noche. Podría decirse que había logrado olvidarse de la morena candente dos semanas después de lo sucedido. Volver a escuchar aquel ‘pecaminoso’ nombre lo acababa de poner nervioso.
—¿Es a la que le dices Luciérnaga? —preguntó VICO.
—Sí, así es —asintió —Ella tampoco tiene hermanos, así que podría decirse que me quiere como a uno. LALI no tiene una vida fácil…
—LALI ¿Cuánto? —lo interrumpió PETER.
—LALI —le dijo AGUS —LALI ESPOSITO_.
El corazón del moreno comenzó a latir con más fuerza. Podía ser una GRAN coincidencia que la prima de AGUS tuviera el mismo nombre y el mismo apellido que la morena candente.
—¿Cuántos años tiene? —quiso saber.
—¿Por qué tanto interés en la prima de AGUS, PETER? —preguntó CANDE mientras alzaba ambas cejas —¿Acaso quieres una cita con ella?
—Nonono —se apresuró a decir algo nervioso —Pero… creo que la conozco.
—¿A LALI? —inquirió AGUS —Puede que sí, pero no lo creo. La pobre tiene menos tiempo para salir, a veces me da pena. Pero tal vez la conozcas de alguna revista como ‘Herederas Multimillonarias’
—¿Herederas Multimillonarias? —inquirió VICO.
PETER se sintió más aliviado. No, no era su morena candente. La que él había conocido vivía en un pequeño departamento de dos habitaciones. Era sencilla. Y además una simple, sexy y linda secretaria.
Sacudió la cabeza, ¿Por qué demonios estaba pensando de esa forma? Hacía un poco más de un mes que no sabía absolutamente nada de ella.
Más de una vez CANDE había intentado hablarle de LALI, pero PETER se había negado a escucharlo. Mucho más después de todo lo que había pasado. Esa mujer debía pensar que él era un completo imbécil, mal nacido, patán, etc.
Luego de unos días de lo sucedido, PETER, quiso verla y explicarle que él no creía que ella fuera una cualquiera, ni nada de esas cosas.
Lo que pasó entre ellos simplemente había pasado. Una mezcla de sentimientos encontrados, mucha lujuria, unas cuantas copas de más y principalmente el desencantamiento con el amor. Así que no había sido cumpla de ninguno de ellos dos. Solo había pasado.
En varias ocasiones él comparó a MERY con LALI. Parecían ser bastante distintas. O eso creía él. En realidad no sabía casi nada de ella. Solo que era la mejor amiga de la novia de su mejor amigo. Se detuvo un momento a pensar en aquello. ¿Sabría ella que EUGE salía con el mejor amigo de él? Eso sería interesante.
—Me muero —dijo GIMENA y se puso de pie.
—¿Qué sucede, amor? —preguntó NICO L.
—Yo sí leí esa revista —dijo contenta.
—¿Qué revista? —preguntó PETER.
—La de Herederas Multimillonarias —contestó y comenzó a buscar dentro de uno de los cajones del mueble de la sala —Aquí está… —volvió a la mesa y se sentó. Comenzó a abrir la revista y se detuvo casi a la mitad —¡Esta es! —exclamó. Acomodó su garganta y todos guardaron silencio para escucharla —MARIANA ELIZABETH ESPOSITO, 23 años, hija de Robert ESPOSITO y EMILIA ATTIAS…
—Esa es mi tía —dijo AGUS.
—…se posiciona en el puesto Nº 13 de nuestra lista de ‘Herederas Multimillonarias’ LALI nació en Londres el 10 DE OCTUBRE de 1987. Su residencia en Inglaterra no fue larga. A la edad de 4 años se mudó a Estados Unidos,(...)
(...)país natal de su padre y abuelo, viviendo en la ciudad de Nueva York. Es heredera de una incalculable fortuna. LALI es nieta de ALEJO ESPOSITO, dueño de las empresas ESPOSITO & Asociados. Una de las empresas más importantes de comercio interno y externo del país. LALI no solo es millonaria, también es hermosa y como no era de menos muy inteligente. Estudió comercio, economía y administración de empresas en tan solo 3 años. Habla 4 idiomas (ingles, español, francés y alemán). Y se dice que como hobby ha estudiado diseño gráfico y es una amante de la moda. La vida privada de _LALI siempre se ha mantenido muy bien resguardada. Ella es de bajo perfil. Pero por lo que hemos averiguado, la futura dueña de ESPOSITO & Asociados ha roto su compromiso con su prometido BENJAMI AMADEO, ex abogado y ejecutivo de su abuelo. Varias personas dicen que él la dejó por su secretaria. Pero a esta joven mujer aun le queda mucho camino por recorrer y con los millones que tienen su nombre, no creemos que tenga demasiados problemas.
GIMENA terminó de leer el artículo y colocó la revista en medio de la mesa para que el resto de la familia viera la foto.
PETER la observó bien. No podía ser ella ¿o si? Se apresuró a tomar la revista para poder mirarla mejor. Quedó hipnotizado al ver aquel par de ojos marrones que lo miraban desde abajo, con una media sonrisa en los labios. Era la LALI con la que él había estado. Sí, era ella.
¿Cómo podía ser así? ¿Multimillonaria? Ella le había dicho que era una secretaria.
Entonces simplemente se quedó observándola. Era tan hermosa como siempre la tenía en su mente. Aquella media sonrisa era… encantadora.
''Me encantaría tener algo propio. Sin nadie que este juzgando lo que hago o dejo de hacer. Ya que eso sería mío y de nadie más''
''Eso es posible si tienes la suficiente fuerza de voluntad''
''Es fácil de decirlo… Tengo 23 años y todo el mundo se cree con el suficiente derecho de decirme que tengo o no tengo que hacer''
Ahora lo comprendía mejor. Ella se refería exactamente a todo eso. Al dinero. El mundo la ‘adoraba’ simplemente por el dinero que ella poseía. ¿Era esa la razón por la que no le había contado nada más? No quería sentir que él se acercaba a ella por interés. Y él, él le había dicho más o menos todo. Era un simple mecánico. Ganaba bien. Tenía clientes constantes y era de confianza. Por eso las personas lo elegían. ¿Cómo una mujer como ella pudo haberse fijado en un hombre como él, incluso solo para una noche?
—PETER —lo llamó CANDE —Tierra llamando a PETER.
Sacudió la cabeza y dejó la revista. Alzó la mirada y se percató que todos en la mesa lo miraban de manera extraña.
—¿Qué? —preguntó él.
—¿Qué te sucedió? —le preguntó VICO —Miraste la foto y te pusiste medio… ¿pálido?
—No —rió nervioso y tomó un poco de agua —Solo que sí conozco a tu prima, AGUS
Sí, la conoces muy íntimamente.
—¿En serio? —dijo algo sorprendido SIERRA.
—Sí, ella es la mejor amiga de la novia de NICO.
—¿EUGE? —preguntó aun más sorprendido.
—Exactamente —sonrió con los labios sellados.
—Woow, el mundo sí que es un pañuelo —aseguró el de rulos —Entonces debes saber que LALI es una mujer encantadora. Solo que ha sufrido bastante en su vida.
—¿Cómo puede sufrir si está cagada en dinero? —preguntó VICO.
—El dinero no lo es todo. Es sorprendente que la gente crea que con solo tener dinero ya eres completamente feliz… Y ya, no voy a hablar más de ella. No es mi vida —dijo con una media sonrisa.
—Tienes razón al decir que es encantadora —dijo PETER. Todos lo miraron —De verdad lo es
Hacía bastante tiempo que PETER no disfrutaba de una cena en familia. Desde que había dejado el nido, hacía cinco años ya, se había vuelto un hombre bastante independiente. Aunque jamás, jamás, jamás, jamás habría comida como la de su madre. Y también jamás llegaría a ser un hombre ordenado. Pero aun así vivía bien. Era lindo tener su propio lugar, y no tener que escuchar... las ordenes de su madre para hacer el cuarto o limpiar alguna parte de la casa.
—¿Y cómo van las cosas con MERY? —preguntó NICO L.
PETER lo miró algo sorprendido mientras se llevaba un poco de pasta casera a la boca. Dejó el tenedor sobre el plato y acomodó su garganta. Sabía que ni su padre, ni el resto de su familia estaban interesados en su relación con MERY.
—Bien, supongo —le respondió —Creo que las cosas están mejor que antes.
—Aun no puedo creer que todavía estés con ella —dijo CANDE.
Ella y AGUS habían llegado justo para la hora de la cena. Y GIMENA había insistido en que SIERRA se quedara a cenar con ellos. Por supuesto que las miradas de los LANZANI estaban totalmente puestas en él.
—CANDE —murmuró GIMENA en forma de advertencia.
—No, mamá —dijo ella sin dejar de mirar a PETER —Es hora de que alguien le diga como son las cosas.
—¿Y cómo son las cosas? —preguntó PETER.
Estaba bastante interesado en escuchar a su pequeña hermana. Ya que siempre era la que se callaba todo y no se animaba a enfrentar algunas situaciones.
—Ella es una arpía, PETER. Una… mala persona. No te valora como te lo mereces. Es una malcriada y resentida…
—¡Basta, CANDE! —la detuvo NICO L.
Ella apretó los labios, y miró fijo su plato. Luego se puso de pie.
—Permiso, voy a mi cuarto —se disculpó.
—Osita… —la llamó AGUS y se levantó para ir detrás de ella.
—Tú te quedas ahí —le dijo VICO.
AGUS se sentó al instante pero con la mirada fija en la dirección que había tomado su novia. Un molesto silencio reinó en la mesa. Lo único que se oía era a VICO comer.
—Lo siento, hijo —se disculpó GIMENA
—Mamá —negó levemente con la cabeza —No te preocupes, todo está bien.
—A decir verdad, CANDE, tiene razón —asintió VICO.
—¡VICTORIO! —lo retó NICO L.
—Ya, papá —dijo divertido PETER —No se hagan más problema por este asunto. Ya acepté que ustedes no quieren a MERY…
—Y ella tampoco a nosotros —aseguró VICO. PETER rió por lo bajo.
—¿Y eso… te parece bien? —preguntó AGUS con cautela.
En realidad no quería meterse, pero la pregunta le había salido sin permiso.
—No, no me parece bien, cuñadito —le dijo esbozando una media sonrisa. A pesar de que ese niño salía con su pequeña hermana, lo apreciaba —Pero ya no hablemos de esto. Dime AGUS, ¿sigues estudiando en la Universidad?
SIERRA se limpió la boca con una servilleta y tomó un poco de agua.
—Sí, por eso últimamente no he venido a ver a CANDE. Estuve en época de parciales. Pero ya casi he terminado con todo. Me falta un solo parcial más y termino mi segundo año.
—¿Qué era lo que estudiabas, muchacho? —preguntó NICO L.
—Era abogacía, NICO L —contestó GIMENA por él —Creo que CANDE te lo dijo unas 800 veces.
—Se me olvida —dijo él encogiéndose de hombros y volvió la vista al novio de su hija. Aquel muchacho tenía que tener un defecto, no podía ser tan perfecto.
—Tengo el sueño de ser un honorable político algún día —dijo AGUS.
—Quien les dice que hasta Presidente de los Estados Unidos —dijo CANDE mientras entraba a la sala.
Todos la miraron. Ella se acercó a la mesa y se sentó de nuevo al lado de su novio.
—Podría ser —sonrió el de rulos.
—CANDE, cielo, creo que le debes una disculpa a tu hermano mayor —le dijo GIMENA.
Ella miró a su madre y luego a PETER. No tenía por qué disculparse, solo le había dicho la verdad. En serio él se merecía lo mejor.
Su hermano era un gran hombre. Y solo se merecía una gran mujer que lo apoyase, que estuviera orgullosa de todos sus logros y que hiciera el intento de llevarse bien con su familia. ¡O por lo menos que aparentara!
CANDE siempre había visto a PETER como a un súper héroe. Uno que la protegía a ella y a VICO de todo lo malo. Desde su punto de vista él había asumido el papel de segundo padre para ellos dos. Cuando eran niños, NICO L, a causa de su empleo de piloto de aviones, no estaba mucho tiempo en la casa. Por lo que ella y Chace se habían aferrado a la única figura ‘masculina’ de la casa para sentirse protegidos. Y PETER había asumido muy bien su rol.
En ese entonces PETER tenía 12, VICO 7 y ella 5 años. Eran inseparables. PETER era muy maduro y responsable para la edad que tenía. Él los llevaba a la escuela, los esperaba a la salida de la misma, los defendía de cualquiera que los molestase.
¡Dios! Ella había estado ‘enamorada’ de ese súper héroe, ideal y encantador. Maldito complejo de Electra. Y ahora lo único que quería era alguien especial para él. No a esa quejosa y que nunca estaba conforme.
—Lo siento —se disculpó al fin. Él le sonrió tiernamente.
—No te preocupes, sonrisita —le dijo —Aun así te sigo queriendo.
—¿Ya terminaron con sus cursilerías? —preguntó VICO. PETER rió por lo bajo —Porque quiero que sigamos con el interrogatorio al novio-roba-cunas de mi hermana.
—¿Roba cunas? —inquirió CANDE —Por dios,VICO, AGUS apenas tiene 19.
—Es un roba cunas —aseguró.
AGUS sonrió sin poder evitarlo. A veces el menor de sus cuñados era muy ocurrente.
—Bien, pregunta lo que quieras saber —le dijo.
—Veamos, necesito saber sobre: tus padres, dónde vives, con qué profesora de derecho coqueteas, con cuantas mujeres te has acostado…
—¡VICTORIO! —chilló CANDE.
—Tranquila, osita —dijo AGUS divertido. Miró a VICO —Todavía vivo con mis padres. Tengo una buena relación con ellos. Como ya mencioné, o eso creo, no tengo hermanos. Pero si tengo algunos primos. Aunque con la única que tengo contacto es con LALI…
PETER alzó la mirada hacia él. Ese nombre se le metió pesadamente por los oídos, haciendo que su cuerpo recordara aquella noche. Podría decirse que había logrado olvidarse de la morena candente dos semanas después de lo sucedido. Volver a escuchar aquel ‘pecaminoso’ nombre lo acababa de poner nervioso.
—¿Es a la que le dices Luciérnaga? —preguntó VICO.
—Sí, así es —asintió —Ella tampoco tiene hermanos, así que podría decirse que me quiere como a uno. LALI no tiene una vida fácil…
—LALI ¿Cuánto? —lo interrumpió PETER.
—LALI —le dijo AGUS —LALI ESPOSITO_.
El corazón del moreno comenzó a latir con más fuerza. Podía ser una GRAN coincidencia que la prima de AGUS tuviera el mismo nombre y el mismo apellido que la morena candente.
—¿Cuántos años tiene? —quiso saber.
—¿Por qué tanto interés en la prima de AGUS, PETER? —preguntó CANDE mientras alzaba ambas cejas —¿Acaso quieres una cita con ella?
—Nonono —se apresuró a decir algo nervioso —Pero… creo que la conozco.
—¿A LALI? —inquirió AGUS —Puede que sí, pero no lo creo. La pobre tiene menos tiempo para salir, a veces me da pena. Pero tal vez la conozcas de alguna revista como ‘Herederas Multimillonarias’
—¿Herederas Multimillonarias? —inquirió VICO.
PETER se sintió más aliviado. No, no era su morena candente. La que él había conocido vivía en un pequeño departamento de dos habitaciones. Era sencilla. Y además una simple, sexy y linda secretaria.
Sacudió la cabeza, ¿Por qué demonios estaba pensando de esa forma? Hacía un poco más de un mes que no sabía absolutamente nada de ella.
Más de una vez CANDE había intentado hablarle de LALI, pero PETER se había negado a escucharlo. Mucho más después de todo lo que había pasado. Esa mujer debía pensar que él era un completo imbécil, mal nacido, patán, etc.
Luego de unos días de lo sucedido, PETER, quiso verla y explicarle que él no creía que ella fuera una cualquiera, ni nada de esas cosas.
Lo que pasó entre ellos simplemente había pasado. Una mezcla de sentimientos encontrados, mucha lujuria, unas cuantas copas de más y principalmente el desencantamiento con el amor. Así que no había sido cumpla de ninguno de ellos dos. Solo había pasado.
En varias ocasiones él comparó a MERY con LALI. Parecían ser bastante distintas. O eso creía él. En realidad no sabía casi nada de ella. Solo que era la mejor amiga de la novia de su mejor amigo. Se detuvo un momento a pensar en aquello. ¿Sabría ella que EUGE salía con el mejor amigo de él? Eso sería interesante.
—Me muero —dijo GIMENA y se puso de pie.
—¿Qué sucede, amor? —preguntó NICO L.
—Yo sí leí esa revista —dijo contenta.
—¿Qué revista? —preguntó PETER.
—La de Herederas Multimillonarias —contestó y comenzó a buscar dentro de uno de los cajones del mueble de la sala —Aquí está… —volvió a la mesa y se sentó. Comenzó a abrir la revista y se detuvo casi a la mitad —¡Esta es! —exclamó. Acomodó su garganta y todos guardaron silencio para escucharla —MARIANA ELIZABETH ESPOSITO, 23 años, hija de Robert ESPOSITO y EMILIA ATTIAS…
—Esa es mi tía —dijo AGUS.
—…se posiciona en el puesto Nº 13 de nuestra lista de ‘Herederas Multimillonarias’ LALI nació en Londres el 10 DE OCTUBRE de 1987. Su residencia en Inglaterra no fue larga. A la edad de 4 años se mudó a Estados Unidos,(...)
(...)país natal de su padre y abuelo, viviendo en la ciudad de Nueva York. Es heredera de una incalculable fortuna. LALI es nieta de ALEJO ESPOSITO, dueño de las empresas ESPOSITO & Asociados. Una de las empresas más importantes de comercio interno y externo del país. LALI no solo es millonaria, también es hermosa y como no era de menos muy inteligente. Estudió comercio, economía y administración de empresas en tan solo 3 años. Habla 4 idiomas (ingles, español, francés y alemán). Y se dice que como hobby ha estudiado diseño gráfico y es una amante de la moda. La vida privada de _LALI siempre se ha mantenido muy bien resguardada. Ella es de bajo perfil. Pero por lo que hemos averiguado, la futura dueña de ESPOSITO & Asociados ha roto su compromiso con su prometido BENJAMI AMADEO, ex abogado y ejecutivo de su abuelo. Varias personas dicen que él la dejó por su secretaria. Pero a esta joven mujer aun le queda mucho camino por recorrer y con los millones que tienen su nombre, no creemos que tenga demasiados problemas.
GIMENA terminó de leer el artículo y colocó la revista en medio de la mesa para que el resto de la familia viera la foto.
PETER la observó bien. No podía ser ella ¿o si? Se apresuró a tomar la revista para poder mirarla mejor. Quedó hipnotizado al ver aquel par de ojos marrones que lo miraban desde abajo, con una media sonrisa en los labios. Era la LALI con la que él había estado. Sí, era ella.
¿Cómo podía ser así? ¿Multimillonaria? Ella le había dicho que era una secretaria.
Entonces simplemente se quedó observándola. Era tan hermosa como siempre la tenía en su mente. Aquella media sonrisa era… encantadora.
''Me encantaría tener algo propio. Sin nadie que este juzgando lo que hago o dejo de hacer. Ya que eso sería mío y de nadie más''
''Eso es posible si tienes la suficiente fuerza de voluntad''
''Es fácil de decirlo… Tengo 23 años y todo el mundo se cree con el suficiente derecho de decirme que tengo o no tengo que hacer''
Ahora lo comprendía mejor. Ella se refería exactamente a todo eso. Al dinero. El mundo la ‘adoraba’ simplemente por el dinero que ella poseía. ¿Era esa la razón por la que no le había contado nada más? No quería sentir que él se acercaba a ella por interés. Y él, él le había dicho más o menos todo. Era un simple mecánico. Ganaba bien. Tenía clientes constantes y era de confianza. Por eso las personas lo elegían. ¿Cómo una mujer como ella pudo haberse fijado en un hombre como él, incluso solo para una noche?
—PETER —lo llamó CANDE —Tierra llamando a PETER.
Sacudió la cabeza y dejó la revista. Alzó la mirada y se percató que todos en la mesa lo miraban de manera extraña.
—¿Qué? —preguntó él.
—¿Qué te sucedió? —le preguntó VICO —Miraste la foto y te pusiste medio… ¿pálido?
—No —rió nervioso y tomó un poco de agua —Solo que sí conozco a tu prima, AGUS
Sí, la conoces muy íntimamente.
—¿En serio? —dijo algo sorprendido SIERRA.
—Sí, ella es la mejor amiga de la novia de NICO.
—¿EUGE? —preguntó aun más sorprendido.
—Exactamente —sonrió con los labios sellados.
—Woow, el mundo sí que es un pañuelo —aseguró el de rulos —Entonces debes saber que LALI es una mujer encantadora. Solo que ha sufrido bastante en su vida.
—¿Cómo puede sufrir si está cagada en dinero? —preguntó VICO.
—El dinero no lo es todo. Es sorprendente que la gente crea que con solo tener dinero ya eres completamente feliz… Y ya, no voy a hablar más de ella. No es mi vida —dijo con una media sonrisa.
—Tienes razón al decir que es encantadora —dijo PETER. Todos lo miraron —De verdad lo es
martes, 29 de diciembre de 2015
CAPITULO 13
El mejor amigo de mi novio.
—Mami, ¿Quién es mi papá? —le preguntó.
Ella agarró con algo de fuerza el delantal de cocina, que estaba manchado con masa de galletas. No estaba lista para decirle eso. No lo estaba....
—Te hice galletas, mi amor —dijo y le mostró una para cambiar de tema —Tus favoritas.
—No contestaste mi pregunta, mami, nunca lo haces —rezongó.
LALI miró directamente a los ojos de su hijo… o hija. No estaba muy segura. Aquellos ojos oscuros eran iguales a los de su… padre.
—No es fácil, mi amor…
—Mi papá no me quiere ¿verdad? Como el abuelo Robert no te quiere a ti. Es eso, ¿cierto?
—Nononono, mi amor, no es eso —dijo apresuradamente, sintiéndose culpable por no poder darle una respuesta a su propio hijo o hija.
—Entonces ¿Qué es? —quiso saber el pequeño o la pequeña. LALI vio que sus hermosos ojos verde se llenaban de lágrimas. Se le partió el corazón —¿Por qué yo no tengo un papi como los demás? ¿Por qué no me va a buscar a la escuela? ¿Por qué mi papi no me quiere?
—En realidad, mi amor —habló angustiada —Yo no sé dónde está tu papi… nunca pude encontrarlo.
—¿No sabes dónde esta mi papi? —dijo algo confundido o confundida. Era horrible no poder estar segura de ello —Eso significa que él… no sabe que yo existo LALI asintió afligida. Se sentía tan abrumada. Entonces vio el sentimiento más feo del mundo en los ojos de su bebe —Te odio, mamá. Te odio…
—NOO —exclamó sentándose rápidamente en la cama.
Su rostro estaba empapado en lágrimas. Un leve sudor cubría su cuerpo. Su mano derecha se apoyaba con algo de fuerza contra su plano vientre. Había sido un sueño. Todo aquello había sido un sueño. Bajó la mirada a su panza. Se recostó de nuevo en la cama y se levantó un poco la remera hasta dejar su vientre al descubierto. Ella tenía algo pequeño dentro de si. Algo que pronto comenzaría a crecer. Y que dentro de nueve meses saldría de ella. Luego comenzaría a crecer y más tarde la llamaría: mamá.
¿Estaba realmente lista para eso? No, claro que no lo estaba. Aquello no estaba en sus planes. Aquello no tenía que ser así. Ese bebé no tenía que estar ahí. Pero lo estaba. Y la única culpable era ella. Ella y sus actos inconscientes. ¿Cómo pudo haberse embarazado de un completo extraño? ¿COMO?
¿Qué les iba a decir a sus padres? ¿Qué le iba a decir a su abuelo? ¡Por dios! Ni siquiera sabía en dónde buscar a ese tal PETER…
Solo tenía una solución para que todo eso se terminara. Se miró la panza. Con su mano tocó la parte baja. Su vientre estaba plano. Dentro de unos meses parecería una pelota de playa. Apretó con fuerza y entonces sintió algo. Eran como interminables tic-tic que sonaban rápidamente uno detrás de otro. Abrió bien los ojos, sorprendida al darse cuenta de que eso que sonaba con tanta insistencia era un pequeño corazón. Un corazón que no era el suyo y que latía dentro de ella.
Sus ojos acumularon más lágrimas. ¿Cómo podía ella terminar con la vida de algo tan… frágil? Algo que parecía estar tan o más asustado que ella. Maldita sea, era su bebé. A pesar de todo era su hijo. Y en ese momento latía con fuerza en su interior.
Pero estaba tan asustada. ¿Qué iba a ser de ella? No sabía nada de bebés. Nada de cambiar pañales y hacer mamaderas. Estaría completamente sola con eso. Sola…
Y su familia. Cuando su familia se enterara, iban a darle la espalda completamente. Y ahí sí, sería el fin para ella.
Alguien intentó entrar a su habitación. Ella se tapó con las sábanas rápidamente. Después de hacerse los test de embarazo, se había encerrado en su cuarto y había llorado. Al parecer de tanto llorar se quedó dormida. Hasta ahora. Los golpes en la puerta comenzaron.
LALI, soy yo, EUGE. Ábreme, por favor. Clara me llamó y me dijo que no estabas bien. Le pregunté que tenías pero no quiso decirme —dijo la rubia mientras seguía golpeando la puerta —Por favor, LALI ¿Qué tienes? Necesito que me lo digas, amiga —escuchó la voz temblorosa de la rubia.
Pronto sus ojos soltaron más lágrimas. Se puso lentamente de pie y caminó hacia la puerta. Le quitó el seguro y abrió.
EUGE la miró bien y sintió una angustia mucho mayor que antes, al verla. LALI tenía los ojos hinchados de tanto llorar. Estaba ojerosa y algo pálida.
¡Dios santo! Ella necesitaba saber que era lo que su amiga tenía. La doctora no le había dicho nada, pero por la reacción de LALI, seguramente no era nada bueno.
En ese momento la morena se lanzó a los brazos de la rubia y rompió en un desolador llanto. EUGE se aguantó las lágrimas y la abrazó con fuerza. Se quedaron abrazadas por incontables minutos.
LALI, ¿Qué pasó? —le preguntó por lo bajo.
La morena la soltó y se acercó a la cama para sentarse. EUGE se sentó a su lado y tomó su mano.
—Yo… —su voz salió apenas audible. Le dolía la garganta a causa del maldito nudo que se le había formado allí.
—Tranquila, LALI —le acarició la mano —Sea lo que sea, vamos a salir adelante. No voy a dejarte sola, jamás…
—EUGE —soltó varias lágrimas y respiró profundamente. Necesitaba calmarse un poco, lo sabía. Pero sus manos no dejaban de temblar —Estoy… estoy embarazada.
La rubia la miró bien. Se tapó la boca con su mano libre mientras sus ojos retenían las lágrimas que querían salir.
—¿Qué? —preguntó sin poder creerlo.
LALI asintió y cerró los ojos. ¿Qué iba a hacer ella ahora? ¿Qué?
—Tengo… tengo un embarazo de cinco semanas…
—Por Dios, MARIANA —murmuró atónita.
—¡No sé que voy a hacer! —exclamó y volvió a llorar.
—LALI, el padre del bebé…
—Es el extraño con el que me acosté esa noche que salimos —murmuró.
—Oh, mier-da —musitó ella. Eso no podía ser así. LALI no pudo haber sido tan irresponsable de embarazarse de un desconocido —Ni siquiera sabes su nombre, LALI.
La morena bajó la mirada y se apretó las manos, nerviosa.
—Sí que lo sé —le dijo. EUGE la miró extrañada.
—¿Cómo que lo sabes? Me dijiste que no lo sabías…
—Te mentí, ese día te mentí. Sí sé como se llama.
—¿Por qué demonios me mentiste? —preguntó enojada.
Ella estaba al borde de un ataque de nervios. Aquello que le había dicho la morena no era lo que esperaba escuchar. Esperaba cualquier cosa menos eso.
—¡No pensé que fuera importante, EUGE! —lloró angustiada —Solo quería olvidarme de ello, nada más.
—¡Estás embarazada de ese hombre!
—Por Dios, estaba ebria, EUGE. Pasó todo tan rápido… simplemente no… no me di cuenta de que tenía que cuidarme. Yo no…
—Ya, ya , tranquila —trató de calmarla y de calmarse a si misma. Poniéndose como loca no iba a ganar nada —¿Cómo es su nombre, LALI? —quiso saber.
Ella tenía que saberlo, porque iba a buscar a ese hombre hasta por debajo de la tierra si era necesario. Su amiga no iba a cagar con eso sola, claro que no.
—PETER —susurró LALI —Su nombre es PETER LANZANI.
Podría decirse que la mandíbula de EUGE casi tocó el suelo. Tal vez solo era una casualidad… No podía ser el mismo PETER que ella conocía.
'¿Viniste solo?'
'No, no vine solo, preciosa. Vine con mi mejor amigo'
'¡Yo también vine con mi mejor amiga! Su nombre es LALI'
'Mi pelmazo se llama PETER, pero creo que ya se fue, es medio imbécil…'
Comenzó a reírse sin poder evitarlo. LALI la miró extrañada. ¿De qué diablos se estaba riendo? Entonces la rubia sacó su celular y comenzó a buscar una foto.
—¿Qué haces? —quiso saber.
EUGE dejó de tocar la pantalla de su teléfono y se lo mostró a LALI.
—¿Es él? —le preguntó. LALI tomó el celular y lo acercó bien a su mirada. Su corazón se aceleró al ver esa sonrisa, esos ojos… Volvió la vista a EUGE.
—Sí, es él —dijo sin poder creerlo —Pero, ¿Qué haces tú con una foto de ese hombre?
EUGE se puso de pie y comenzó a caminar de un lado para el otro. Aquello era realmente una locura. ¡Una locura! Su mejor amiga estaba embarazada del mejor amigo de su novio.
—Estás embarazada del mejor amigo de NICO, LALI —le dijo.
—¿Qué? —exclamó asombrada.
—PETER LANZANI, es como un hermano para NICO, y estás embarazada de é
—Mami, ¿Quién es mi papá? —le preguntó.
Ella agarró con algo de fuerza el delantal de cocina, que estaba manchado con masa de galletas. No estaba lista para decirle eso. No lo estaba....
—Te hice galletas, mi amor —dijo y le mostró una para cambiar de tema —Tus favoritas.
—No contestaste mi pregunta, mami, nunca lo haces —rezongó.
LALI miró directamente a los ojos de su hijo… o hija. No estaba muy segura. Aquellos ojos oscuros eran iguales a los de su… padre.
—No es fácil, mi amor…
—Mi papá no me quiere ¿verdad? Como el abuelo Robert no te quiere a ti. Es eso, ¿cierto?
—Nononono, mi amor, no es eso —dijo apresuradamente, sintiéndose culpable por no poder darle una respuesta a su propio hijo o hija.
—Entonces ¿Qué es? —quiso saber el pequeño o la pequeña. LALI vio que sus hermosos ojos verde se llenaban de lágrimas. Se le partió el corazón —¿Por qué yo no tengo un papi como los demás? ¿Por qué no me va a buscar a la escuela? ¿Por qué mi papi no me quiere?
—En realidad, mi amor —habló angustiada —Yo no sé dónde está tu papi… nunca pude encontrarlo.
—¿No sabes dónde esta mi papi? —dijo algo confundido o confundida. Era horrible no poder estar segura de ello —Eso significa que él… no sabe que yo existo LALI asintió afligida. Se sentía tan abrumada. Entonces vio el sentimiento más feo del mundo en los ojos de su bebe —Te odio, mamá. Te odio…
—NOO —exclamó sentándose rápidamente en la cama.
Su rostro estaba empapado en lágrimas. Un leve sudor cubría su cuerpo. Su mano derecha se apoyaba con algo de fuerza contra su plano vientre. Había sido un sueño. Todo aquello había sido un sueño. Bajó la mirada a su panza. Se recostó de nuevo en la cama y se levantó un poco la remera hasta dejar su vientre al descubierto. Ella tenía algo pequeño dentro de si. Algo que pronto comenzaría a crecer. Y que dentro de nueve meses saldría de ella. Luego comenzaría a crecer y más tarde la llamaría: mamá.
¿Estaba realmente lista para eso? No, claro que no lo estaba. Aquello no estaba en sus planes. Aquello no tenía que ser así. Ese bebé no tenía que estar ahí. Pero lo estaba. Y la única culpable era ella. Ella y sus actos inconscientes. ¿Cómo pudo haberse embarazado de un completo extraño? ¿COMO?
¿Qué les iba a decir a sus padres? ¿Qué le iba a decir a su abuelo? ¡Por dios! Ni siquiera sabía en dónde buscar a ese tal PETER…
Solo tenía una solución para que todo eso se terminara. Se miró la panza. Con su mano tocó la parte baja. Su vientre estaba plano. Dentro de unos meses parecería una pelota de playa. Apretó con fuerza y entonces sintió algo. Eran como interminables tic-tic que sonaban rápidamente uno detrás de otro. Abrió bien los ojos, sorprendida al darse cuenta de que eso que sonaba con tanta insistencia era un pequeño corazón. Un corazón que no era el suyo y que latía dentro de ella.
Sus ojos acumularon más lágrimas. ¿Cómo podía ella terminar con la vida de algo tan… frágil? Algo que parecía estar tan o más asustado que ella. Maldita sea, era su bebé. A pesar de todo era su hijo. Y en ese momento latía con fuerza en su interior.
Pero estaba tan asustada. ¿Qué iba a ser de ella? No sabía nada de bebés. Nada de cambiar pañales y hacer mamaderas. Estaría completamente sola con eso. Sola…
Y su familia. Cuando su familia se enterara, iban a darle la espalda completamente. Y ahí sí, sería el fin para ella.
Alguien intentó entrar a su habitación. Ella se tapó con las sábanas rápidamente. Después de hacerse los test de embarazo, se había encerrado en su cuarto y había llorado. Al parecer de tanto llorar se quedó dormida. Hasta ahora. Los golpes en la puerta comenzaron.
LALI, soy yo, EUGE. Ábreme, por favor. Clara me llamó y me dijo que no estabas bien. Le pregunté que tenías pero no quiso decirme —dijo la rubia mientras seguía golpeando la puerta —Por favor, LALI ¿Qué tienes? Necesito que me lo digas, amiga —escuchó la voz temblorosa de la rubia.
Pronto sus ojos soltaron más lágrimas. Se puso lentamente de pie y caminó hacia la puerta. Le quitó el seguro y abrió.
EUGE la miró bien y sintió una angustia mucho mayor que antes, al verla. LALI tenía los ojos hinchados de tanto llorar. Estaba ojerosa y algo pálida.
¡Dios santo! Ella necesitaba saber que era lo que su amiga tenía. La doctora no le había dicho nada, pero por la reacción de LALI, seguramente no era nada bueno.
En ese momento la morena se lanzó a los brazos de la rubia y rompió en un desolador llanto. EUGE se aguantó las lágrimas y la abrazó con fuerza. Se quedaron abrazadas por incontables minutos.
LALI, ¿Qué pasó? —le preguntó por lo bajo.
La morena la soltó y se acercó a la cama para sentarse. EUGE se sentó a su lado y tomó su mano.
—Yo… —su voz salió apenas audible. Le dolía la garganta a causa del maldito nudo que se le había formado allí.
—Tranquila, LALI —le acarició la mano —Sea lo que sea, vamos a salir adelante. No voy a dejarte sola, jamás…
—EUGE —soltó varias lágrimas y respiró profundamente. Necesitaba calmarse un poco, lo sabía. Pero sus manos no dejaban de temblar —Estoy… estoy embarazada.
La rubia la miró bien. Se tapó la boca con su mano libre mientras sus ojos retenían las lágrimas que querían salir.
—¿Qué? —preguntó sin poder creerlo.
LALI asintió y cerró los ojos. ¿Qué iba a hacer ella ahora? ¿Qué?
—Tengo… tengo un embarazo de cinco semanas…
—Por Dios, MARIANA —murmuró atónita.
—¡No sé que voy a hacer! —exclamó y volvió a llorar.
—LALI, el padre del bebé…
—Es el extraño con el que me acosté esa noche que salimos —murmuró.
—Oh, mier-da —musitó ella. Eso no podía ser así. LALI no pudo haber sido tan irresponsable de embarazarse de un desconocido —Ni siquiera sabes su nombre, LALI.
La morena bajó la mirada y se apretó las manos, nerviosa.
—Sí que lo sé —le dijo. EUGE la miró extrañada.
—¿Cómo que lo sabes? Me dijiste que no lo sabías…
—Te mentí, ese día te mentí. Sí sé como se llama.
—¿Por qué demonios me mentiste? —preguntó enojada.
Ella estaba al borde de un ataque de nervios. Aquello que le había dicho la morena no era lo que esperaba escuchar. Esperaba cualquier cosa menos eso.
—¡No pensé que fuera importante, EUGE! —lloró angustiada —Solo quería olvidarme de ello, nada más.
—¡Estás embarazada de ese hombre!
—Por Dios, estaba ebria, EUGE. Pasó todo tan rápido… simplemente no… no me di cuenta de que tenía que cuidarme. Yo no…
—Ya, ya , tranquila —trató de calmarla y de calmarse a si misma. Poniéndose como loca no iba a ganar nada —¿Cómo es su nombre, LALI? —quiso saber.
Ella tenía que saberlo, porque iba a buscar a ese hombre hasta por debajo de la tierra si era necesario. Su amiga no iba a cagar con eso sola, claro que no.
—PETER —susurró LALI —Su nombre es PETER LANZANI.
Podría decirse que la mandíbula de EUGE casi tocó el suelo. Tal vez solo era una casualidad… No podía ser el mismo PETER que ella conocía.
'¿Viniste solo?'
'No, no vine solo, preciosa. Vine con mi mejor amigo'
'¡Yo también vine con mi mejor amiga! Su nombre es LALI'
'Mi pelmazo se llama PETER, pero creo que ya se fue, es medio imbécil…'
Comenzó a reírse sin poder evitarlo. LALI la miró extrañada. ¿De qué diablos se estaba riendo? Entonces la rubia sacó su celular y comenzó a buscar una foto.
—¿Qué haces? —quiso saber.
EUGE dejó de tocar la pantalla de su teléfono y se lo mostró a LALI.
—¿Es él? —le preguntó. LALI tomó el celular y lo acercó bien a su mirada. Su corazón se aceleró al ver esa sonrisa, esos ojos… Volvió la vista a EUGE.
—Sí, es él —dijo sin poder creerlo —Pero, ¿Qué haces tú con una foto de ese hombre?
EUGE se puso de pie y comenzó a caminar de un lado para el otro. Aquello era realmente una locura. ¡Una locura! Su mejor amiga estaba embarazada del mejor amigo de su novio.
—Estás embarazada del mejor amigo de NICO, LALI —le dijo.
—¿Qué? —exclamó asombrada.
—PETER LANZANI, es como un hermano para NICO, y estás embarazada de é
CAPITULO 12
¿Querías un cambio?
<<Urgentemente necesito un cambio en mi vida>>
<<¿Un cambio?>>...
<<Sí, Clara, un cambio. Necesito algo nuevo, algo positivo. Lo que sea>>
<<Sí, los cambios siempre son buenos>>
Sacudió la cabeza alejando el recuerdo de la conversación que había tenido ayer por la tarde con su doctora. Y ahora volvía a verla, porque supuestamente su cambio estaba por llegar. Se sentía tan nerviosa y tan descompuesta.
Después de aquella horrible y terrible reunión con su abuelo, en la que había salido corriendo para vomitar en el baño y no en su cara, todo era malo. Por poco y había llegado tarde a su consulta con Clara, ya que el maldito auto se había quedado sin gasolina a mitad de camino. Y para su más mala suerte uno de sus zapatos se había roto, justo en el taco. Realmente esperaba que no fueran malas noticias las que le diera su médica.
—LALI ESPOSITO, consultorio cinco.
Ese era su llamado. Se puso de pie y cojeando comenzó a caminar hacia dónde ya sabía que la esperaba otra tanda de nervios. Llegó e ingresó. Clara estaba sentada del otro lado con un par de sobres abiertos sobre su escritorio blanco. Todo era tan blanco. Tan inmaculado. Se sintió terriblemente mareada. Tambaleándose se acercó a la silla y se sentó.
—¿Qué le pasó a tu zapato? —le preguntó Clara.
LALI lo alzó y se lo mostró, le brindó una sonrisa de labios sellados y volvió a colocarse el zapato roto.
—Se le despegó el tacón mientras corría hacia aquí —le dijo.
—No vuelvas a intentar correr de esa forma —le dijo ella.
LALI la miró extrañada y entonces miró los sobres que estaba allí. Se le secó la garganta. Y sintió que su corazón se convertía en una bomba de tiempo.
—Bien —habló al fin —Vine para que me dijeras de una vez que es lo que tengo…
Clara miró las hojas que estaban en sus manos, tenía una pequeña sonrisa curvada en su rostro. Miró LALI detrás de aquellos anteojos de lectura. A la morena se le cortó la respiración.
—Todo lo que tienes es normal —le dijo. Ella frunció el ceño.
—¿Normal? —inquirió —No creo que sea normal vomitar por nada. Marearme por nada. Comer por nada. Llorar por nada.
—Esas cosas son normales en tu estado, LALI.
—¿En mi estado?
—Sí, niña —sonrió —En tu estado.
—Por Dios, Clara, me estás poniendo muy nerviosa. No sé de qué estado estás hablando. Lo único que sé es que no quiero seguir así.
Clara soltó un suspiro y se quitó los anteojos para apoyarlos despacio sobre la montaña de papeles frente a ella.
—¿Recuerdas que ayer hablaste de que querías un cambio?
—Sí —asintió más nerviosa —Pero a un cambio me refería a una nueva casa, o un nuevo auto. Unas vacaciones al caribe. A esos tipos de cambios.
—Bueno, creo que ahora vas a tener un verdadero cambio —dijo bajando la mirada un poco. LALI estuvo a punto de gritarle que se apurara y le dijera que era lo que tenía de una buena maldita vez —LALI, estás embarazada.
La morena se quedó quieta en su asiento, la mirada fija en la mirada de Clara Molina. ¿Qué era lo que ella acababa de decirle? Seguramente había escuchado mal. Estaba tan loca últimamente que ahora escuchaba cualquier cosa.
—Perdona —le sonrió —¿Qué has dicho?
—Que estás embarazada, cariño. Por eso tienes vómitos, mareos, nauseas, sueño, cambios de humor. Estás embarazada.
No. No. No. No. No. Eso no podía ser cierto. Ella no podía estar embarazada. Claro que no.
—Clara —negó levemente con la cabeza —Tiene que haber un error. Yo no puedo estar embarazada. Es imposible.
—¿Por qué? —le preguntó y volvió a mirar los papeles —Tus análisis dieron positivo a la prueba del embarazo. Claro que lo estás. La alteración en tus hormonas indica todo…
—¿Cómo diablos puedo estar embaraza si BENJAMI me dejó hace más de dos meses? —preguntó nerviosa. Entonces todo su mundo se detuvo. Absolutamente todo.
<<Soy PETER…>>
<<LALI..>>
<<Te juro que voy a ser muy amable… >>
<<Vamos a mi departamento, PETER>>
<<¿Quieres más, cariño?>>
<<Oh, Dios,… si >>
—Oh, por Dios —murmuró afligidamente y se llevó la mano al pecho.
No. No. No. No. No. No. Ella se negaba rotundamente a que eso fuera así. No podía ser cierto. Claro que no lo era. No.
—LALI, tienes un embarazo de… exactamente cinco semanas de gestación.
Ella ahogó un sollozo y se cubrió la boca. Clara se puso rápidamente de pie y se acercó a ella. No pensó que iba a tomarlo tan mal. En realidad se la había imaginado contenta.
—No puede ser verdad, Clara —le dijo entre lágrimas. Clara apretó los labios y trato de calmarla. ¿Qué podía decirle?
—Lo siento, LALI —le acarició la espalda —Pero es verdad. Estás esperando un bebé.
LALI rompió en llanto aun más. Un bebé. Ella estaba esperando un bebé. No se lo creía. Aun no podía creerlo. Seguramente los resultados habían salido mal. Esa era la única explicación. Se alejó de Clara y se puso de pie.
—Me voy —le dijo.
—No, LALI, espera que llamo a EUGE…
—¡No! —exclamó exaltada —No llames a nadie. Nadie debe saber esto, Clara ¿Entiendes?
—Pero, LALI…
—¡Pero nada! —gritó nerviosa —Yo no estoy embarazada…
Salió de allí rápidamente y comenzó a correr. Ella no estaba embarazada, claro que no. Todo era una mentira. Los resultados habían dado mal. Y ella misma iba a comprobarlo.
Abandonó los consultorios médicos más rápido de lo que esperaba. Se subió a su coche y arrancó a toda velocidad.
'Estás embarazada'
—No, no lo estoy —dijo apretando los dientes mientras las lágrimas caían en silencio por sus mejillas. De verdad ella no podía estarlo. Manejó sin saber bien a dónde iba. Hasta que divisó una farmacia. Sí, ella misma iba a sacarse la duda. Y le iba a demostrar a Clara que sus exámenes se habían equivocado.
Estacionó de cualquier manera, menos la correcta, e ingresó rápidamente al lugar. Para su suerte no había nadie antes de ella. Se acercó al mostrador y un chico, ni joven ni mayor, se acercó a ella.
—¿En qué puedo ayudarla?
—Necesito veinte cajitas de test de embarazo —le dijo rápidamente.
El chico-hombre la miró bien y alzó ambas cejas.
—¿Veinte? —inquirió.
—Sí, dije Veinte. ¿Qué estás esperando para traerlas? —preguntó nerviosa.
Él asintió y fue a buscar lo que ella le había pedido. Volvió cinco minutos después con una caja marrón que al parecer contenía adentro las veinte cajitas.
—Bien —murmuró él —Serían sesenta dólares.
Ella puso cien sobre el mostrador y tomó la caja.
—Quédate con el cambio —le dijo y salió rápidamente de allí.
No tenía tiempo que perder. Subió a su auto y se dirigió a su casa. Iba a hacerse los veinte test y todos iban a dar negativo. Claro que sí. Luego iría con la caja entera y se los tiraría a Clara en la cabeza por haberla asustado de esa manera. Ya lo vería…
Ni siquiera se preocupó por guardar el auto en el garaje de su edificio. Tampoco tenía tiempo para eso. Bajó y subió corriendo a su departamento. Apenas ingresó, fue directamente al baño. Dejó la caja a un costado y la abrió.
Se mareó ante el repentino color rosa de todas las cajitas. Era demasiado color rosa para ella. Sacudió la cabeza y los sacó uno por uno. Era hora de sacarse esa horrible sensación de odio a si misma. Porque ella NO estaba embarazada.
Los hizo a todos. Sí, a los veinte. Y los dejó uno al lado del otro frente a la bañadera.
Salió del baño y esperó unos quince minutos, comiéndose las uñas. Ya se había calmado un poco cuando entró. Pero entró con los ojos cerrados.
Se acercó a la pequeña fila de cositas rosas y blancas, y se arrodilló en frente. Contó hasta tres y abrió los ojos. Su mirada quedó fija en el primero.
Su corazón se aceleró. Pasó al segundo, al tercero, cuarto… décimo, décimo quinto… las lágrimas volvieron a salir de ella. Su corazón se encogió. Su mundo comenzó a derrumbarse una vez más.
Todos dieron positivo. Maldita sea, ella sí estaba embarazada.
<<Urgentemente necesito un cambio en mi vida>>
<<¿Un cambio?>>...
<<Sí, Clara, un cambio. Necesito algo nuevo, algo positivo. Lo que sea>>
<<Sí, los cambios siempre son buenos>>
Sacudió la cabeza alejando el recuerdo de la conversación que había tenido ayer por la tarde con su doctora. Y ahora volvía a verla, porque supuestamente su cambio estaba por llegar. Se sentía tan nerviosa y tan descompuesta.
Después de aquella horrible y terrible reunión con su abuelo, en la que había salido corriendo para vomitar en el baño y no en su cara, todo era malo. Por poco y había llegado tarde a su consulta con Clara, ya que el maldito auto se había quedado sin gasolina a mitad de camino. Y para su más mala suerte uno de sus zapatos se había roto, justo en el taco. Realmente esperaba que no fueran malas noticias las que le diera su médica.
—LALI ESPOSITO, consultorio cinco.
Ese era su llamado. Se puso de pie y cojeando comenzó a caminar hacia dónde ya sabía que la esperaba otra tanda de nervios. Llegó e ingresó. Clara estaba sentada del otro lado con un par de sobres abiertos sobre su escritorio blanco. Todo era tan blanco. Tan inmaculado. Se sintió terriblemente mareada. Tambaleándose se acercó a la silla y se sentó.
—¿Qué le pasó a tu zapato? —le preguntó Clara.
LALI lo alzó y se lo mostró, le brindó una sonrisa de labios sellados y volvió a colocarse el zapato roto.
—Se le despegó el tacón mientras corría hacia aquí —le dijo.
—No vuelvas a intentar correr de esa forma —le dijo ella.
LALI la miró extrañada y entonces miró los sobres que estaba allí. Se le secó la garganta. Y sintió que su corazón se convertía en una bomba de tiempo.
—Bien —habló al fin —Vine para que me dijeras de una vez que es lo que tengo…
Clara miró las hojas que estaban en sus manos, tenía una pequeña sonrisa curvada en su rostro. Miró LALI detrás de aquellos anteojos de lectura. A la morena se le cortó la respiración.
—Todo lo que tienes es normal —le dijo. Ella frunció el ceño.
—¿Normal? —inquirió —No creo que sea normal vomitar por nada. Marearme por nada. Comer por nada. Llorar por nada.
—Esas cosas son normales en tu estado, LALI.
—¿En mi estado?
—Sí, niña —sonrió —En tu estado.
—Por Dios, Clara, me estás poniendo muy nerviosa. No sé de qué estado estás hablando. Lo único que sé es que no quiero seguir así.
Clara soltó un suspiro y se quitó los anteojos para apoyarlos despacio sobre la montaña de papeles frente a ella.
—¿Recuerdas que ayer hablaste de que querías un cambio?
—Sí —asintió más nerviosa —Pero a un cambio me refería a una nueva casa, o un nuevo auto. Unas vacaciones al caribe. A esos tipos de cambios.
—Bueno, creo que ahora vas a tener un verdadero cambio —dijo bajando la mirada un poco. LALI estuvo a punto de gritarle que se apurara y le dijera que era lo que tenía de una buena maldita vez —LALI, estás embarazada.
La morena se quedó quieta en su asiento, la mirada fija en la mirada de Clara Molina. ¿Qué era lo que ella acababa de decirle? Seguramente había escuchado mal. Estaba tan loca últimamente que ahora escuchaba cualquier cosa.
—Perdona —le sonrió —¿Qué has dicho?
—Que estás embarazada, cariño. Por eso tienes vómitos, mareos, nauseas, sueño, cambios de humor. Estás embarazada.
No. No. No. No. No. Eso no podía ser cierto. Ella no podía estar embarazada. Claro que no.
—Clara —negó levemente con la cabeza —Tiene que haber un error. Yo no puedo estar embarazada. Es imposible.
—¿Por qué? —le preguntó y volvió a mirar los papeles —Tus análisis dieron positivo a la prueba del embarazo. Claro que lo estás. La alteración en tus hormonas indica todo…
—¿Cómo diablos puedo estar embaraza si BENJAMI me dejó hace más de dos meses? —preguntó nerviosa. Entonces todo su mundo se detuvo. Absolutamente todo.
<<Soy PETER…>>
<<LALI..>>
<<Te juro que voy a ser muy amable… >>
<<Vamos a mi departamento, PETER>>
<<¿Quieres más, cariño?>>
<<Oh, Dios,… si >>
—Oh, por Dios —murmuró afligidamente y se llevó la mano al pecho.
No. No. No. No. No. No. Ella se negaba rotundamente a que eso fuera así. No podía ser cierto. Claro que no lo era. No.
—LALI, tienes un embarazo de… exactamente cinco semanas de gestación.
Ella ahogó un sollozo y se cubrió la boca. Clara se puso rápidamente de pie y se acercó a ella. No pensó que iba a tomarlo tan mal. En realidad se la había imaginado contenta.
—No puede ser verdad, Clara —le dijo entre lágrimas. Clara apretó los labios y trato de calmarla. ¿Qué podía decirle?
—Lo siento, LALI —le acarició la espalda —Pero es verdad. Estás esperando un bebé.
LALI rompió en llanto aun más. Un bebé. Ella estaba esperando un bebé. No se lo creía. Aun no podía creerlo. Seguramente los resultados habían salido mal. Esa era la única explicación. Se alejó de Clara y se puso de pie.
—Me voy —le dijo.
—No, LALI, espera que llamo a EUGE…
—¡No! —exclamó exaltada —No llames a nadie. Nadie debe saber esto, Clara ¿Entiendes?
—Pero, LALI…
—¡Pero nada! —gritó nerviosa —Yo no estoy embarazada…
Salió de allí rápidamente y comenzó a correr. Ella no estaba embarazada, claro que no. Todo era una mentira. Los resultados habían dado mal. Y ella misma iba a comprobarlo.
Abandonó los consultorios médicos más rápido de lo que esperaba. Se subió a su coche y arrancó a toda velocidad.
'Estás embarazada'
—No, no lo estoy —dijo apretando los dientes mientras las lágrimas caían en silencio por sus mejillas. De verdad ella no podía estarlo. Manejó sin saber bien a dónde iba. Hasta que divisó una farmacia. Sí, ella misma iba a sacarse la duda. Y le iba a demostrar a Clara que sus exámenes se habían equivocado.
Estacionó de cualquier manera, menos la correcta, e ingresó rápidamente al lugar. Para su suerte no había nadie antes de ella. Se acercó al mostrador y un chico, ni joven ni mayor, se acercó a ella.
—¿En qué puedo ayudarla?
—Necesito veinte cajitas de test de embarazo —le dijo rápidamente.
El chico-hombre la miró bien y alzó ambas cejas.
—¿Veinte? —inquirió.
—Sí, dije Veinte. ¿Qué estás esperando para traerlas? —preguntó nerviosa.
Él asintió y fue a buscar lo que ella le había pedido. Volvió cinco minutos después con una caja marrón que al parecer contenía adentro las veinte cajitas.
—Bien —murmuró él —Serían sesenta dólares.
Ella puso cien sobre el mostrador y tomó la caja.
—Quédate con el cambio —le dijo y salió rápidamente de allí.
No tenía tiempo que perder. Subió a su auto y se dirigió a su casa. Iba a hacerse los veinte test y todos iban a dar negativo. Claro que sí. Luego iría con la caja entera y se los tiraría a Clara en la cabeza por haberla asustado de esa manera. Ya lo vería…
Ni siquiera se preocupó por guardar el auto en el garaje de su edificio. Tampoco tenía tiempo para eso. Bajó y subió corriendo a su departamento. Apenas ingresó, fue directamente al baño. Dejó la caja a un costado y la abrió.
Se mareó ante el repentino color rosa de todas las cajitas. Era demasiado color rosa para ella. Sacudió la cabeza y los sacó uno por uno. Era hora de sacarse esa horrible sensación de odio a si misma. Porque ella NO estaba embarazada.
Los hizo a todos. Sí, a los veinte. Y los dejó uno al lado del otro frente a la bañadera.
Salió del baño y esperó unos quince minutos, comiéndose las uñas. Ya se había calmado un poco cuando entró. Pero entró con los ojos cerrados.
Se acercó a la pequeña fila de cositas rosas y blancas, y se arrodilló en frente. Contó hasta tres y abrió los ojos. Su mirada quedó fija en el primero.
Su corazón se aceleró. Pasó al segundo, al tercero, cuarto… décimo, décimo quinto… las lágrimas volvieron a salir de ella. Su corazón se encogió. Su mundo comenzó a derrumbarse una vez más.
Todos dieron positivo. Maldita sea, ella sí estaba embarazada.
CAPITULO 11
Los ingalls, un poroto.
Ella sonrió al ver el mensaje en su celular.
‘Estoy abajo, osita pooh. Sal que quiero verte’...
Ahogó un gritito de emoción y salió prácticamente volando de su habitación. Estaba tan contenta por verlo. Bajó corriendo las escaleras con su bolso y su abrigo en la mano.
—Oye, oye, oye —la llamó él. Ella cerró los ojos y maldijo internamente. Era horrible tener hermanos mayores. Ambos eran tan celosos e idiotas. Por suerte el mayor de los dos ya no vivía con ellos desde hacía bastante tiempo. Se giró a verlo y le entregó una linda y tierna sonrisa —¿A dónde crees que vas, jovencita?
—VICTORIO… —resopló ella —¿No crees que ya estoy algo grandecita como para que me controles?
—Claro que no —aseguró él —Eres una niña aun. Y mi deber como hermano mayor es protegerte.
—No quieras hacer el papel de PETER —le dijo ella —Jamás vas a ser como él.
Chace la miró indignado. Como si él se quisiera parecer al calzonudo de PETER, que era controlado por la muñeca inflable de su novia.
—CANDELA LANZANI —la regañó —Yo no me quiero parecer a nadie. Y mucho menos a ese pelmazo. Por eso ahora mismo vas a decirme a dónde vas…
—¿A dónde va quien? —preguntó NICOLAS LANZANI ingresando al vestíbulo en donde estaban ellos. CANDE se giró, algo nerviosa, a mirar a su padre.
—Papá, yo…
—Esta mocosa, maleducada —la interrumpió VICO —Estaba por salir de aquí sin ningún permiso.
—Maldito chismoso —murmuró ella entre dientes mirándolo asesinamente. NICO L miró a su hija y cruzó los brazos sobre su pecho.
—¿Es cierto eso, chanchita? —le preguntó.
Ella tensó la mandíbula ante el nombre cariñoso que su padre siempre utilizaba para sacarle información. ¡Odiaba a los hombres de su familia!
—AGUS está afuera esperándome —dijo al fin. No tenía sentido seguir ocultándoles que iba a salir con su novio. Sí, con su novio —Así que… si no les importa…
—¿Sigues saliendo con el imbécil de SIERRA? —preguntó totalmente alarmado VICO.
—No es ningún imbécil, idiota —chilló ella —Es mi novio.
—¿Has dicho novio? —quiso saber NICO L.
CANDE resopló. Simplemente no podía seguir lidiando con aquello. Solo podía esperar a que los dos meses que quedaban para sus 18 pasaran más rápido y así no tener que andar explicándole nada a nadie.
—¿Cuál es el problema? —dijo algo cansada —Tengo todo el derecho del mundo de tener un novio. Lo amo, él me ama. Somos felices.
—Nada sabes de amor, niña —le aseguró VICO.
—¡Ja! ¿Y tú si sabes, idiota? —preguntó divertida —Para tu información no falta nada para que cumpla la mayoría de edad. Y Por favor, VICO, tu máxima relación ha durado un mes.
—¡Y eso sí que es mucho! —aseguró él —Aun soy un hombre joven. Apenas tengo 20 años… merezco vivir la vida. Nada de relaciones serias.
—¿Se puede saber por qué están discutiendo en el hall de la casa? —preguntó él ingresando. Todos se giraron a verlo. Y CANDE dio un saltito alegre al ver que AGUS entraba detrás de él. Se acercó al de rulos —Me lo encontré en la puerta, así que decidí traerlo.
La niña de la familia lo abrazó, ignorando completamente al mayor de sus hermanos, al que no veía hacía un par de semanas. PETER sintió un pinchazo de celos hermanisticos recorrer su cuerpo.
AGUS, algo nervioso, la abrazó también, pero atento a las acusadoras miradas de sus cuñados y su suegro. CANDE se alejó un poco de él y entonces lo besó.
—¡Hey! —exclamaron los tres hombres a la vez.
VICO se iba a acercar para separarlos, pero AGUS fue rápido y alejó a la linda ojos claros de él.
—AGUS —se quejó ella. El de rulos la miró sobre su hombro.
—Amor, no creo que quieras ver como tus hermanos y padre me asesinan —le aseguró.
Ella negó con la cabeza y miró a esos cavernícolas a los que tenía que llamar, con cariño, hermanos y papi.
—Todavía estoy esperando a que te dignes a saludarme y abrazarme como es debido, CANDELA LANZANI —la regañó PETER. Ella lo miró espantada.
—No me llames así —lo retó. PETER sonrió con soberbia.
—Ese es el nombre que figura en tu partida de nacimiento, sonrisita.
—Jamás utilizamos esos nombres —aseguró arrugando levemente la nariz —Y ya comencé con los trámites para el cambio definitivo.
—Ni que fueras famosa —rió CANDE. Se acercó a ella para abrazarla. Ella intentó alejarse pero no pudo. Hasta que PETER al fin la soltó, y besó su frente.
El moreno mayor giró para mirar a su otro hermano. VICO le tendió la mano y PETER la tomó para luego tirar de él y terminar abrazándolo hermativamente. VICO odiaba cuando PETER hacía esas muestras de cariño. Pero no podía negar que había veces, muy pocas, que lo extrañaba. En ese momento una mujer, demasiado parecida a CANDE, pero de unos 45 años y con el cabello rubio (teñido maternalmente) entró al lugar. PETER se alejó de VICO y la miró, se le llenó el corazón de una tonta alegría de niño pequeño.
—Hijo —sonrió GIMENA LANZANI y se acercó a su ‘bebe’ mayor para abrazarlo. PETER la envolvió y la abrazó tanto como pudo —Es tan lindo verte aquí, mi cielo. ¿Por qué no me avisaste que vendrías?
Él se alejó para mirarla a la cara.
—Quería que fuera sorpresa —aseguró él.
—Vaya que es una linda sorpresa, cielito —le sonrió dulce y palmeó su mejilla con suavidad. Giró para mirar a su hija y vio a AGUS. Le dedicó una simpática sonrisa —No sabía que estabas aquí, AGUSTIN. ¿Viniste a ver a mi princesa?
El de rulos rió algo nervioso. Se sentía tan… amenazado por los hombres LANZANI.
—Sí, señora LANZANI —asintió él —En realidad vine a ver si… podía llevar a CANDE a tomar un helado e ir al cine.
—No —dijeron PETER, VICO y NICO L a la vez. GIME sonrió y se acercó a AGUS par palmear su hombro.
—Claro que puedes, muchachito —le dijo.
—Pero mamá…
—GIME, no creo que…
—¡Basta! —dijo ella elevando un poco la voz —CANDE tiene que salir con SU novio. Y va a salir con él. Esa es mi última palabra.
En ese momento un celular comenzó a sonar. Todos los ojos se posaron en AGUS. Él se percató entonces de que era el suyo y lo tomó apresuradamente.
—Un momento, por favor —se disculpó —¿Hola? —todos guardaron silencio. Nick sonrió tiernamente —Luciérnaga, ¿Cómo estás? —PETER miró a VICO y este miró a CANDE al escuchar como AGUS llamaba a otra mujer. CANDE simplemente no le prestó atención —¿Qué tu abuelo hizo qué? —preguntó el de rulos —Oh, vaya… de verdad que ha perdido el juicio. No te preocupes —otro silencio —Ajá, iré a verte esta semana ¿te parece? —sonrió con ternura de nuevo —Claro que sí, y llevare a CANDE para que la conozcas —asintió repetidas veces y miró a su novia —Adiós, yo también te quiero.
Colgó y guardó su celular en el bolsillo.
—Tú —lo llamó VICO —Pedazo de degenerado ¿Quieres hacer un trío con mi hermana y una tal… Luciérnaga?
CANDE se cubrió el rostro con una mano y maldijo entre dientes.
—Eres tan idiota, VICO —le aseguró —AGUS estaba hablando con su prima, imbécil.
—Sí —asintió SIERRA —Ella es hija de la hermana de mi madre. Somos bastante unidos. Y Luciérnaga es un apodo de cariño.
—Pero ya —dijo la menor de los LANZANI —Nos vamos. No tengo por qué seguir soportando toda esta humillación.
Se acercó a su madre y fue a la única que saludó con un beso. Al resto de su familia le entregó una fría mirada.
—La traes antes de la cena, SIERRA —sentenció PETER.
—Claro —asintió mientras era arrastrado por su novia hacia la puerta —Hasta luego, señora LANZANI —miró a sus hermanos y padre —Señores…
Los tres lo miraron asesinamente hasta que ambos jóvenes desaparecieron de allí.NICO L miró indignado a su esposa. PETER se acercó a su padre y lo abrazó.
—No puedo creer que entregaras a nuestra hija como si nada —le dijo.
Ella puso los ojos en blanco.
—Vengan los tres… —comenzó a caminar hacia la cocina. Los tres fueron tras sus pasos. Principalmente PETER —Les voy a preparar unas ricas galletas con chocolates para que se les vaya lo celoso.
Ella sonrió al ver el mensaje en su celular.
‘Estoy abajo, osita pooh. Sal que quiero verte’...
Ahogó un gritito de emoción y salió prácticamente volando de su habitación. Estaba tan contenta por verlo. Bajó corriendo las escaleras con su bolso y su abrigo en la mano.
—Oye, oye, oye —la llamó él. Ella cerró los ojos y maldijo internamente. Era horrible tener hermanos mayores. Ambos eran tan celosos e idiotas. Por suerte el mayor de los dos ya no vivía con ellos desde hacía bastante tiempo. Se giró a verlo y le entregó una linda y tierna sonrisa —¿A dónde crees que vas, jovencita?
—VICTORIO… —resopló ella —¿No crees que ya estoy algo grandecita como para que me controles?
—Claro que no —aseguró él —Eres una niña aun. Y mi deber como hermano mayor es protegerte.
—No quieras hacer el papel de PETER —le dijo ella —Jamás vas a ser como él.
Chace la miró indignado. Como si él se quisiera parecer al calzonudo de PETER, que era controlado por la muñeca inflable de su novia.
—CANDELA LANZANI —la regañó —Yo no me quiero parecer a nadie. Y mucho menos a ese pelmazo. Por eso ahora mismo vas a decirme a dónde vas…
—¿A dónde va quien? —preguntó NICOLAS LANZANI ingresando al vestíbulo en donde estaban ellos. CANDE se giró, algo nerviosa, a mirar a su padre.
—Papá, yo…
—Esta mocosa, maleducada —la interrumpió VICO —Estaba por salir de aquí sin ningún permiso.
—Maldito chismoso —murmuró ella entre dientes mirándolo asesinamente. NICO L miró a su hija y cruzó los brazos sobre su pecho.
—¿Es cierto eso, chanchita? —le preguntó.
Ella tensó la mandíbula ante el nombre cariñoso que su padre siempre utilizaba para sacarle información. ¡Odiaba a los hombres de su familia!
—AGUS está afuera esperándome —dijo al fin. No tenía sentido seguir ocultándoles que iba a salir con su novio. Sí, con su novio —Así que… si no les importa…
—¿Sigues saliendo con el imbécil de SIERRA? —preguntó totalmente alarmado VICO.
—No es ningún imbécil, idiota —chilló ella —Es mi novio.
—¿Has dicho novio? —quiso saber NICO L.
CANDE resopló. Simplemente no podía seguir lidiando con aquello. Solo podía esperar a que los dos meses que quedaban para sus 18 pasaran más rápido y así no tener que andar explicándole nada a nadie.
—¿Cuál es el problema? —dijo algo cansada —Tengo todo el derecho del mundo de tener un novio. Lo amo, él me ama. Somos felices.
—Nada sabes de amor, niña —le aseguró VICO.
—¡Ja! ¿Y tú si sabes, idiota? —preguntó divertida —Para tu información no falta nada para que cumpla la mayoría de edad. Y Por favor, VICO, tu máxima relación ha durado un mes.
—¡Y eso sí que es mucho! —aseguró él —Aun soy un hombre joven. Apenas tengo 20 años… merezco vivir la vida. Nada de relaciones serias.
—¿Se puede saber por qué están discutiendo en el hall de la casa? —preguntó él ingresando. Todos se giraron a verlo. Y CANDE dio un saltito alegre al ver que AGUS entraba detrás de él. Se acercó al de rulos —Me lo encontré en la puerta, así que decidí traerlo.
La niña de la familia lo abrazó, ignorando completamente al mayor de sus hermanos, al que no veía hacía un par de semanas. PETER sintió un pinchazo de celos hermanisticos recorrer su cuerpo.
AGUS, algo nervioso, la abrazó también, pero atento a las acusadoras miradas de sus cuñados y su suegro. CANDE se alejó un poco de él y entonces lo besó.
—¡Hey! —exclamaron los tres hombres a la vez.
VICO se iba a acercar para separarlos, pero AGUS fue rápido y alejó a la linda ojos claros de él.
—AGUS —se quejó ella. El de rulos la miró sobre su hombro.
—Amor, no creo que quieras ver como tus hermanos y padre me asesinan —le aseguró.
Ella negó con la cabeza y miró a esos cavernícolas a los que tenía que llamar, con cariño, hermanos y papi.
—Todavía estoy esperando a que te dignes a saludarme y abrazarme como es debido, CANDELA LANZANI —la regañó PETER. Ella lo miró espantada.
—No me llames así —lo retó. PETER sonrió con soberbia.
—Ese es el nombre que figura en tu partida de nacimiento, sonrisita.
—Jamás utilizamos esos nombres —aseguró arrugando levemente la nariz —Y ya comencé con los trámites para el cambio definitivo.
—Ni que fueras famosa —rió CANDE. Se acercó a ella para abrazarla. Ella intentó alejarse pero no pudo. Hasta que PETER al fin la soltó, y besó su frente.
El moreno mayor giró para mirar a su otro hermano. VICO le tendió la mano y PETER la tomó para luego tirar de él y terminar abrazándolo hermativamente. VICO odiaba cuando PETER hacía esas muestras de cariño. Pero no podía negar que había veces, muy pocas, que lo extrañaba. En ese momento una mujer, demasiado parecida a CANDE, pero de unos 45 años y con el cabello rubio (teñido maternalmente) entró al lugar. PETER se alejó de VICO y la miró, se le llenó el corazón de una tonta alegría de niño pequeño.
—Hijo —sonrió GIMENA LANZANI y se acercó a su ‘bebe’ mayor para abrazarlo. PETER la envolvió y la abrazó tanto como pudo —Es tan lindo verte aquí, mi cielo. ¿Por qué no me avisaste que vendrías?
Él se alejó para mirarla a la cara.
—Quería que fuera sorpresa —aseguró él.
—Vaya que es una linda sorpresa, cielito —le sonrió dulce y palmeó su mejilla con suavidad. Giró para mirar a su hija y vio a AGUS. Le dedicó una simpática sonrisa —No sabía que estabas aquí, AGUSTIN. ¿Viniste a ver a mi princesa?
El de rulos rió algo nervioso. Se sentía tan… amenazado por los hombres LANZANI.
—Sí, señora LANZANI —asintió él —En realidad vine a ver si… podía llevar a CANDE a tomar un helado e ir al cine.
—No —dijeron PETER, VICO y NICO L a la vez. GIME sonrió y se acercó a AGUS par palmear su hombro.
—Claro que puedes, muchachito —le dijo.
—Pero mamá…
—GIME, no creo que…
—¡Basta! —dijo ella elevando un poco la voz —CANDE tiene que salir con SU novio. Y va a salir con él. Esa es mi última palabra.
En ese momento un celular comenzó a sonar. Todos los ojos se posaron en AGUS. Él se percató entonces de que era el suyo y lo tomó apresuradamente.
—Un momento, por favor —se disculpó —¿Hola? —todos guardaron silencio. Nick sonrió tiernamente —Luciérnaga, ¿Cómo estás? —PETER miró a VICO y este miró a CANDE al escuchar como AGUS llamaba a otra mujer. CANDE simplemente no le prestó atención —¿Qué tu abuelo hizo qué? —preguntó el de rulos —Oh, vaya… de verdad que ha perdido el juicio. No te preocupes —otro silencio —Ajá, iré a verte esta semana ¿te parece? —sonrió con ternura de nuevo —Claro que sí, y llevare a CANDE para que la conozcas —asintió repetidas veces y miró a su novia —Adiós, yo también te quiero.
Colgó y guardó su celular en el bolsillo.
—Tú —lo llamó VICO —Pedazo de degenerado ¿Quieres hacer un trío con mi hermana y una tal… Luciérnaga?
CANDE se cubrió el rostro con una mano y maldijo entre dientes.
—Eres tan idiota, VICO —le aseguró —AGUS estaba hablando con su prima, imbécil.
—Sí —asintió SIERRA —Ella es hija de la hermana de mi madre. Somos bastante unidos. Y Luciérnaga es un apodo de cariño.
—Pero ya —dijo la menor de los LANZANI —Nos vamos. No tengo por qué seguir soportando toda esta humillación.
Se acercó a su madre y fue a la única que saludó con un beso. Al resto de su familia le entregó una fría mirada.
—La traes antes de la cena, SIERRA —sentenció PETER.
—Claro —asintió mientras era arrastrado por su novia hacia la puerta —Hasta luego, señora LANZANI —miró a sus hermanos y padre —Señores…
Los tres lo miraron asesinamente hasta que ambos jóvenes desaparecieron de allí.NICO L miró indignado a su esposa. PETER se acercó a su padre y lo abrazó.
—No puedo creer que entregaras a nuestra hija como si nada —le dijo.
Ella puso los ojos en blanco.
—Vengan los tres… —comenzó a caminar hacia la cocina. Los tres fueron tras sus pasos. Principalmente PETER —Les voy a preparar unas ricas galletas con chocolates para que se les vaya lo celoso.
CAPITULO 10
Que chiste de mal gusto...
Cinco semanas después (Un mes y una semana)
28 de septiembre del 2010....
El otoño ya se hacía sentir en Nueva York...
¿Por qué demonios se sentía tan mal? Odiaba estar así, y todavía estaba intentando encontrar el motivo. Hacía exactamente una semana que no dejaba de tener nauseas, vomitar, dormir como osa, llorar como loca. Era horrible. Un asco. Una mierda.
Su humor cambiaba cada dos minutos. Y cada día tenía más hambre. En ese momento su estomago gruñó. Ella se miró el vientre indignada.
—Debes estar bromeando —le dijo a su panza —¡Comí como una chancha hace menos de una hora!
Se puso de pie y un mareo la invadió. Se agarró de su escritorio y cerró los ojos para retomar el equilibrio. Respiró profundamente, para seguir con calma. Sí, tenía que mantener la calma.
En unos días ella sabría el motivo de su maldito mal estar. Por suerte ayer por la tarde se había tomado unas horas en la oficina y había ido a visitar a su médica de cabecera. Habían tenido una larga y fluida conversación. Habían hablado de cosas triviales, de cosas serias y de los cambios que LALI quería para su vida.
-Necesito un cambio en mi vida, Clara. Algo, lo que sea. Pero lo necesito lo más pronto posible...
Le había dicho a su doctora. Clara Molina era un poco más que su médica. Era como una amiga que la atendía por chequeo o cuando se sentía mal.
Desde que LALI había vuelto al trabajo todo eran problemas y más problemas. Estaba realmente estresada. Su abuelo había dejado caer todas las responsabilidades de la empresa en ella. Casi era tomada como la presidenta del lugar y todo pasaba por sus manos. LALI esto, LALI aquello… ¡LALI no encontramos los datos de ayer! LALI la contraseña del correo. LALI, LALI,LALI...
Verdaderamente iba a perder el juicio si seguía así. Odiaba la empresa, odiaba la responsabilidad de tener que manejarla. Odiaba ser una LALI. Simplemente odiaba su vida. Desde que el infeliz de Jesse la había dejado todo iba de mal en peor.
La puerta de su oficina sonó. Soltó un suspiro.
—Adelante —dijo.
La puerta se abrió y su mejor amiga entró. LALI le dedicó una pequeña sonrisa. Por suerte contaba con la ayuda de su hermana del alma.
—LALI, tu abuelo quiere verte —le informó.
—¿Ahora? —inquirió ella. EUGE asintió —¿Sabes que es lo que quiere?
—No realmente. Solo me dijo: EUGE, tráeme a LALI —dijo tratando de imitar la rasposa y grave voz de ALEJO ESPOSITO.
LALI se sentó pesadamente en su mullida silla giratoria, ya que se sintió repentinamente agotada.
—Estoy tan cansada —murmuró y sus ojos se llenaron de lágrimas.
Otra vez su lado sensible salía a flote. Pero no quería ir a ver a su abuelo. No quería recibir otro sermón, otro discurso sin sentido y regaños por haber ‘perdido’ a BENJAMI . No quería escuchar sus quejas, ni que le dijera que todo en la empresa estaba mal y que ella era un desastre. Simplemente no lo quería.
EUGE se acercó a ella y se inclinó a su lado. Tomó su mano y la apretó suavemente.
—¿Qué pasa, amiga? —le preguntó preocupada —Hace días que estás tan… rara.
LALI se sorbió la nariz y la miró. Ni ella sabía lo que le estaba pasando.
—No lo sé, EUGE —aseguró.
La primera lágrima resbaló por su mejilla. Se apresuró a secarla, pues no quería llorar.
—¿Necesitas que hablemos de algo? —le preguntó.
—Cuenta —le pidió mientras se sentaba mejor —¿Cómo van las cosas con NICO?
Hablar un poco de los amores de su amiga la ayudaría a despejarse. Aunque hablar de cualquier cosa la ayudaría en ese momento.
—¿Recuerdas que ayer te dije que se rompió un caño de mi departamento? —preguntó.
—Sí —asintió la morena —Y te dije que podías quedarte en casa conmigo hasta que todo se solucione.
—Sí, lo sé. Pero… NICO quiere que me mude con él hasta que lo arreglen —exclamó contenta.
_____ abrió los ojos sorprendida. ¿Mudarse con él? ¿No era muy rápido?
—Pero, EUGE… ¿estás segura? —inquirió.
—LALI… lo amo —le contó —Y es tan extraño de explicar porque todo está yendo tan rápido. Llevamos saliendo un mes, y unos cuantos días. Pero siento que lo conozco de toda la vida.
ALI sonrió. Se alegraba tanto por ella. Ya era hora de que su amiga encontrara el amor. Un celular comenzó a sonar. ¡Y era el suyo! Algo apresurada lo tomó y atendió.
—LALI ESPOSITO—dijo al atender.
—LALI, soy Clara —le informó.
La morena se enderezó aun más en la silla. EUGE la miró curiosa.
—Buenas tardes, doctora —dijo sorprendida —¿Cómo estás, Clara? —le preguntó.
—Yo muy bien, LALI… Te llamé porque necesito que vengas a verme lo antes posible.
—¿Ya están mis análisis? —dijo sorprendida. No pensó que estarían listos tan pronto.
—Sí, ya están listos —le dijo —¿Puedes venir a verme hoy?
—¿Estoy enferma? —se apresuró a preguntar —¿Me estoy muriendo?
Escuchó la suave risa de la doctora. Y se sintió aun más nerviosa que antes.
—Los cambios que querías están por llegar. Te espero a las 17 hs.
Colgó, dejándola completamente desconcertada. Miró su celular y luego miró a su mejor amiga.
—¿Qué te dijo? —le preguntó la rubia.
—Quiere que vaya a verla hoy a las cinco.
—¿Quieres que te acompañe?
—No, EUGE —le sonrió —Quiero que vayas tranquila a organizar todo lo de tu ‘mudanza’ con el chico lindo —dijo pícara.
Brittany sonrió y se puso de pie.
—Bien, pero ahora vamos que tu abuelo debe estar esperándote.
La morena puso los ojos en blanco y se volvió a parar. Salieron de su oficina para dirigirse a la del ‘gran’ ALEJO ESPOSITO. Brittany se despidió de su amiga en la puerta y la dejó con los nervios a flor de piel. Soltó un suspiro y tocó con dos suaves golpes.
—Adelante —dijo aquella grave y vieja voz que ella había llegado a odiar más de lo que se podían imaginar. Ingresó y lo miró.
—¿Me mandaste a llamar? —le preguntó. Él ni siquiera la miró.
—Sí, pasa —le dijo. Ella entró del todo y se sentó. Aquel característico olor de su abuelo le entró por la nariz. Una extraña mezcla de habano y licor importado. Cuando era niña amaba ese olor y de grande le había parecido agradable. Pero en las últimas semanas la sola mención del habano de su abuelo la hacía querer vomitar. En ese momento se le revolvió el estomago.
—Bien, ¿Qué se te ofrece? —logró preguntar después de controlar las repentinas nauseas. Definitivamente iría a ver la doctora Molina después de que terminara aquella reunión.
—Me estoy muriendo —dijo él —Me diagnosticaron cáncer de pulmón.
Ella lo solo lo miró fijo. Repitió aquellas palabras mentalmente una y otra vez. ¿Era normal que no sintiera absolutamente nada? Pero como decía su querido primo AGUSTIN: cosechas lo que siembras. Y su abuelo no había cosechado precisamente amor en ella.
—Yo… lo siento mucho —se atrevió a decir. No se le ocurría nada más. Anthony la miró al fin.
—No te preocupes, por suerte viví todo lo que tenía que vivir —ella sintió.
—Robert, ¿ya lo sabe? —preguntó. Así ella llamaba a su padre, por su nombre.
—Tu padre parece estar muy contento con la noticia.
—No lo creo —trató de sonar segura —A pesar de todo sé que esto le debe haber afectado.
Aquello sí que era una gran mentira.
Si de algo ella estaba segura era de que Robert ESPOSITO deseaba ver muerto y enterrado a su propio padre, con tal de que ella heredera de una buena vez todo. Él creía que cuando eso pasara no tendría que volver a trabajar en su vida y viviría panza arriba.
LALI sonrió sin darse cuenta. Si su padre supiera que no vería ni un solo centavo de toda la herencia, en ese momento le daría un infarto.
—Pero… hay algo que debes saber —le dijo él, sacándola de sus pensamientos. Ella lo miró curiosa —Se trata de un pequeño cambio que hice en mi testamento…
—¿Cambio? —inquirió.
Él asintió y sacó de uno de sus cajones un habano. El estomago de la morena se encogió. Anthony se llevó el puro a la boca y cortó la punta. LALI sabia que si él prendía aquello ella iba a vomitar.
—Para poder tomar posesión de tu herencia —ella vio como sacaba el encendedor y lo prendía. El corazón le latió con fuerza —Tienes que casarte… —lo miró sin poder creerlo —No podrás tocar ni un solo centavo hasta que no seas la señora de algún infeliz…
Prendió el habano y largó el humo.
—Debes estar bromeando —murmuró ella. Él negó con la cabeza
El humo le llegó rápidamente a la nariz. Lo próximo que hizo fue levantarse y salir corriendo. Llegó al baño y se inclinó sobre el lavado, dejó que aquel líquido transparente y amargo saliera de ella mientras las palabras de su abuelo resonaban en su cabeza
Cinco semanas después (Un mes y una semana)
28 de septiembre del 2010....
El otoño ya se hacía sentir en Nueva York...
¿Por qué demonios se sentía tan mal? Odiaba estar así, y todavía estaba intentando encontrar el motivo. Hacía exactamente una semana que no dejaba de tener nauseas, vomitar, dormir como osa, llorar como loca. Era horrible. Un asco. Una mierda.
Su humor cambiaba cada dos minutos. Y cada día tenía más hambre. En ese momento su estomago gruñó. Ella se miró el vientre indignada.
—Debes estar bromeando —le dijo a su panza —¡Comí como una chancha hace menos de una hora!
Se puso de pie y un mareo la invadió. Se agarró de su escritorio y cerró los ojos para retomar el equilibrio. Respiró profundamente, para seguir con calma. Sí, tenía que mantener la calma.
En unos días ella sabría el motivo de su maldito mal estar. Por suerte ayer por la tarde se había tomado unas horas en la oficina y había ido a visitar a su médica de cabecera. Habían tenido una larga y fluida conversación. Habían hablado de cosas triviales, de cosas serias y de los cambios que LALI quería para su vida.
-Necesito un cambio en mi vida, Clara. Algo, lo que sea. Pero lo necesito lo más pronto posible...
Le había dicho a su doctora. Clara Molina era un poco más que su médica. Era como una amiga que la atendía por chequeo o cuando se sentía mal.
Desde que LALI había vuelto al trabajo todo eran problemas y más problemas. Estaba realmente estresada. Su abuelo había dejado caer todas las responsabilidades de la empresa en ella. Casi era tomada como la presidenta del lugar y todo pasaba por sus manos. LALI esto, LALI aquello… ¡LALI no encontramos los datos de ayer! LALI la contraseña del correo. LALI, LALI,LALI...
Verdaderamente iba a perder el juicio si seguía así. Odiaba la empresa, odiaba la responsabilidad de tener que manejarla. Odiaba ser una LALI. Simplemente odiaba su vida. Desde que el infeliz de Jesse la había dejado todo iba de mal en peor.
La puerta de su oficina sonó. Soltó un suspiro.
—Adelante —dijo.
La puerta se abrió y su mejor amiga entró. LALI le dedicó una pequeña sonrisa. Por suerte contaba con la ayuda de su hermana del alma.
—LALI, tu abuelo quiere verte —le informó.
—¿Ahora? —inquirió ella. EUGE asintió —¿Sabes que es lo que quiere?
—No realmente. Solo me dijo: EUGE, tráeme a LALI —dijo tratando de imitar la rasposa y grave voz de ALEJO ESPOSITO.
LALI se sentó pesadamente en su mullida silla giratoria, ya que se sintió repentinamente agotada.
—Estoy tan cansada —murmuró y sus ojos se llenaron de lágrimas.
Otra vez su lado sensible salía a flote. Pero no quería ir a ver a su abuelo. No quería recibir otro sermón, otro discurso sin sentido y regaños por haber ‘perdido’ a BENJAMI . No quería escuchar sus quejas, ni que le dijera que todo en la empresa estaba mal y que ella era un desastre. Simplemente no lo quería.
EUGE se acercó a ella y se inclinó a su lado. Tomó su mano y la apretó suavemente.
—¿Qué pasa, amiga? —le preguntó preocupada —Hace días que estás tan… rara.
LALI se sorbió la nariz y la miró. Ni ella sabía lo que le estaba pasando.
—No lo sé, EUGE —aseguró.
La primera lágrima resbaló por su mejilla. Se apresuró a secarla, pues no quería llorar.
—¿Necesitas que hablemos de algo? —le preguntó.
—Cuenta —le pidió mientras se sentaba mejor —¿Cómo van las cosas con NICO?
Hablar un poco de los amores de su amiga la ayudaría a despejarse. Aunque hablar de cualquier cosa la ayudaría en ese momento.
—¿Recuerdas que ayer te dije que se rompió un caño de mi departamento? —preguntó.
—Sí —asintió la morena —Y te dije que podías quedarte en casa conmigo hasta que todo se solucione.
—Sí, lo sé. Pero… NICO quiere que me mude con él hasta que lo arreglen —exclamó contenta.
_____ abrió los ojos sorprendida. ¿Mudarse con él? ¿No era muy rápido?
—Pero, EUGE… ¿estás segura? —inquirió.
—LALI… lo amo —le contó —Y es tan extraño de explicar porque todo está yendo tan rápido. Llevamos saliendo un mes, y unos cuantos días. Pero siento que lo conozco de toda la vida.
ALI sonrió. Se alegraba tanto por ella. Ya era hora de que su amiga encontrara el amor. Un celular comenzó a sonar. ¡Y era el suyo! Algo apresurada lo tomó y atendió.
—LALI ESPOSITO—dijo al atender.
—LALI, soy Clara —le informó.
La morena se enderezó aun más en la silla. EUGE la miró curiosa.
—Buenas tardes, doctora —dijo sorprendida —¿Cómo estás, Clara? —le preguntó.
—Yo muy bien, LALI… Te llamé porque necesito que vengas a verme lo antes posible.
—¿Ya están mis análisis? —dijo sorprendida. No pensó que estarían listos tan pronto.
—Sí, ya están listos —le dijo —¿Puedes venir a verme hoy?
—¿Estoy enferma? —se apresuró a preguntar —¿Me estoy muriendo?
Escuchó la suave risa de la doctora. Y se sintió aun más nerviosa que antes.
—Los cambios que querías están por llegar. Te espero a las 17 hs.
Colgó, dejándola completamente desconcertada. Miró su celular y luego miró a su mejor amiga.
—¿Qué te dijo? —le preguntó la rubia.
—Quiere que vaya a verla hoy a las cinco.
—¿Quieres que te acompañe?
—No, EUGE —le sonrió —Quiero que vayas tranquila a organizar todo lo de tu ‘mudanza’ con el chico lindo —dijo pícara.
Brittany sonrió y se puso de pie.
—Bien, pero ahora vamos que tu abuelo debe estar esperándote.
La morena puso los ojos en blanco y se volvió a parar. Salieron de su oficina para dirigirse a la del ‘gran’ ALEJO ESPOSITO. Brittany se despidió de su amiga en la puerta y la dejó con los nervios a flor de piel. Soltó un suspiro y tocó con dos suaves golpes.
—Adelante —dijo aquella grave y vieja voz que ella había llegado a odiar más de lo que se podían imaginar. Ingresó y lo miró.
—¿Me mandaste a llamar? —le preguntó. Él ni siquiera la miró.
—Sí, pasa —le dijo. Ella entró del todo y se sentó. Aquel característico olor de su abuelo le entró por la nariz. Una extraña mezcla de habano y licor importado. Cuando era niña amaba ese olor y de grande le había parecido agradable. Pero en las últimas semanas la sola mención del habano de su abuelo la hacía querer vomitar. En ese momento se le revolvió el estomago.
—Bien, ¿Qué se te ofrece? —logró preguntar después de controlar las repentinas nauseas. Definitivamente iría a ver la doctora Molina después de que terminara aquella reunión.
—Me estoy muriendo —dijo él —Me diagnosticaron cáncer de pulmón.
Ella lo solo lo miró fijo. Repitió aquellas palabras mentalmente una y otra vez. ¿Era normal que no sintiera absolutamente nada? Pero como decía su querido primo AGUSTIN: cosechas lo que siembras. Y su abuelo no había cosechado precisamente amor en ella.
—Yo… lo siento mucho —se atrevió a decir. No se le ocurría nada más. Anthony la miró al fin.
—No te preocupes, por suerte viví todo lo que tenía que vivir —ella sintió.
—Robert, ¿ya lo sabe? —preguntó. Así ella llamaba a su padre, por su nombre.
—Tu padre parece estar muy contento con la noticia.
—No lo creo —trató de sonar segura —A pesar de todo sé que esto le debe haber afectado.
Aquello sí que era una gran mentira.
Si de algo ella estaba segura era de que Robert ESPOSITO deseaba ver muerto y enterrado a su propio padre, con tal de que ella heredera de una buena vez todo. Él creía que cuando eso pasara no tendría que volver a trabajar en su vida y viviría panza arriba.
LALI sonrió sin darse cuenta. Si su padre supiera que no vería ni un solo centavo de toda la herencia, en ese momento le daría un infarto.
—Pero… hay algo que debes saber —le dijo él, sacándola de sus pensamientos. Ella lo miró curiosa —Se trata de un pequeño cambio que hice en mi testamento…
—¿Cambio? —inquirió.
Él asintió y sacó de uno de sus cajones un habano. El estomago de la morena se encogió. Anthony se llevó el puro a la boca y cortó la punta. LALI sabia que si él prendía aquello ella iba a vomitar.
—Para poder tomar posesión de tu herencia —ella vio como sacaba el encendedor y lo prendía. El corazón le latió con fuerza —Tienes que casarte… —lo miró sin poder creerlo —No podrás tocar ni un solo centavo hasta que no seas la señora de algún infeliz…
Prendió el habano y largó el humo.
—Debes estar bromeando —murmuró ella. Él negó con la cabeza
El humo le llegó rápidamente a la nariz. Lo próximo que hizo fue levantarse y salir corriendo. Llegó al baño y se inclinó sobre el lavado, dejó que aquel líquido transparente y amargo saliera de ella mientras las palabras de su abuelo resonaban en su cabeza
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