Estaba en la casa de su padre, en el cuarto que compartía con su hermana Cande.
—¿Lali?¿ Te pasa algo, Lali? —inquirió Cande desde su cama, despertándose y
frotándose los ojos. Luego salió de la cama y acudió junto a Lali,
sentándose a su lado,
—No ha sido nada, solo un sueño —aseguró Lali.
—¿te has hecho daño en el brazo?
—¿Qué? No —pero Lali seguía frotándose el brazo. aunque no tuviera nada
en él—. No. no. Estoy bien, Tuve una pesadilla, pero ya pasó. Lamento
haberte despertado.
—¿Qué has soñado?
—Una tontería. Yo era.
otra persona, en una casa distinta, y alguien intentaba robar mi coche.
Tenía una pistola y traté de poner fin a lo que estaba ocurriendo.
Entonces, alguien me golpeó el brazo y me desperté. Qué estúpido, ¿ verdad?
Cande se encogió de hombros,
—Bueno, diferente. ¿Seguro que te encuentras bien?
Lali asintió, Cande le dio un abrazo breve e intenso y después volvió a su cama,
Unos días después, cuando Lali aún sentía los ecos del sueño
atormentándola, llamó a VICO D ALESANDRO no estaba y, sintiéndose como
una tonta, ella dejó su nombre de pila por todo mensaje.
Aquella
tarde, cuando Lali llegó a casa acompañada por Darryl Hart, el galán
del instituto, se sorprendió al ver un coche en el amplio camino de
entrada, y a un hombre apoyado en él. El detective VICO D ALESANDRO Era
algo mayor, y teniñales prematuras de canicie en las sienes. Ofrecía
un aspecto distinguido, propio de alguien que había obtenido varios
ascensos y menciones en los años transcurridos desde la muerte de
Gimena,
Lali se quedó mirándolo, cada vez mas inquieta. No debía haberlo llamado, habia tenido una pesadilla, nada más,
Darril se comportó como el perfecto semental de instituto que era, colocándole las manos en los hombros protectoramente.
—¿quién ese tipo? ¿Ocurre algo?
—No ocurre nada. Darryl. Es un viejo amigo de la familia, Creo que será
mejor que hable con él a solas, ¿Me Llamarás esta noche?
Claro, Pero quizá no deberla dejarte sola con él, Están pasando muchas cosas raras últimamente.
No pasa nada, Danrryl. Es policía.
Darryl se alejó a desgana, observándola por el espejo retrovisor
mientras salía del camino de entrada. VICO sonrió a Lali, Hola.
Hola. VICO. ¿Sigues jugando a «Corrupción en Miami»? —le preguntó ella, Él se encogió de hombros.
—Ya sabes que eso no existe —dijo.
—Homicidios —repuso Lali inexpresivamente.
— Si, sigo en homicidios. Y quiero saber para qué me has llamado.
Ella titubeó. Luego le habló del sueño y se disculpó por haberlo llamado, tratando de parecer seria y no una tonta.
VICO fijé los ojos en la distancia, dudando, y después la miró.
-¿Has oído hablar del caso Peterson?
miércoles, 18 de mayo de 2016
CAPITULO 4
Lali se despertó,
sofocando desesperadamente un grito. Alegra estaba viendo una película
en su habitación; no debía asustar a su hija. Oh, Dios, aún estaba
tiritando. Hacía tiempo que no tenía una pesadilla tan horrible y
realista.
Consultó el reloj. Eran casi las cinco de la tarde; había prometido cantar aquella noche; No hasido su intención quedarse dormida ni echar una siesta. Ni, desde luego, había querido tener sueño. Y, Dios santo!, menudo sueño, tan horrible y dolorosamente real, tan aterrador... Lali se levantó y se paseé por el cuarto unos segundos; luego llamó a VICOa la oficina. Aun estaba trabajando. —¿Lali? —inquirió él cuando ella empezó a hablar y a explicarse —VICO, este sueño...
Él escuchó mientras ella hablaba.
—¿Ha sucedido algo, VICO? ¿Sabes algo acerca de lo que te estoy diciendo?
VICO dudó. y ella hizo una mueca. Si, había sucedido algo.
—No lo sé... Es decir, no estoy seguro de el escenario sea como el que estás describiendo, pero... Escucha, estoy en mitad de una investigación. Pensaba llamarte después del fin de semana. Necesito tu ayuda. Estás pasando el fin. de semana en casa de tu padre, ¿verdad?
—Sí.
—Te recogeré en tu casa el lunes por la mañana. Pásalo bien. Dale a Alegra un beso de mi parte, ¿quieres? Y no te preocupes, ahora no puedes hacer nada por nadie, salvo por ti misma. ¿de acuerdo?
Lali asintió y colgó el teléfono, luego suspiró, alegrándose de que a atemorizante intensidad del sueño ya se estuviera desvaneciendo. Detestaba tener tales pesadillas.
Se pasó un cepillo por el pelo. Bueno, había llamado a VICO. Haría la que pudiera, como había hecho otras veces en el pasado. Por fortuna, era poco habitual que los sueños acudieran a ella. Siempre que le era posible ayudar, ayudaba. Pero sabia que no podía erradicar todos los males del mundo. Ni siquiera podía solucionar todos los problemas dc su familia.
Los sueños habían empezado con la muerte dc su madre.
Lali se echó de nuevo en la cama, con los ojos fijos en el techo, deseando no sentirse abrumada por los recuerdos. No había tenido visiones extrañas durante los cinco
años posteriores al asesinato de su madre.
Luego tuvo el primero de los sueños.
En su sueño se alejaba de una casa desconocida, en silencio, caminando de puntillas. Se dio cuenta de que llevaba una pistola. Oyó ruidos y un coche. Estaba enojada, sabía de algún modo que era su coche y que alguien intentaba robarlo.
Levantó la pistola...
Experimentó un intenso dolor en el brazo y y después se despertó, frotándose el
brazo
temblando.
Consultó el reloj. Eran casi las cinco de la tarde; había prometido cantar aquella noche; No hasido su intención quedarse dormida ni echar una siesta. Ni, desde luego, había querido tener sueño. Y, Dios santo!, menudo sueño, tan horrible y dolorosamente real, tan aterrador... Lali se levantó y se paseé por el cuarto unos segundos; luego llamó a VICOa la oficina. Aun estaba trabajando. —¿Lali? —inquirió él cuando ella empezó a hablar y a explicarse —VICO, este sueño...
Él escuchó mientras ella hablaba.
—¿Ha sucedido algo, VICO? ¿Sabes algo acerca de lo que te estoy diciendo?
VICO dudó. y ella hizo una mueca. Si, había sucedido algo.
—No lo sé... Es decir, no estoy seguro de el escenario sea como el que estás describiendo, pero... Escucha, estoy en mitad de una investigación. Pensaba llamarte después del fin de semana. Necesito tu ayuda. Estás pasando el fin. de semana en casa de tu padre, ¿verdad?
—Sí.
—Te recogeré en tu casa el lunes por la mañana. Pásalo bien. Dale a Alegra un beso de mi parte, ¿quieres? Y no te preocupes, ahora no puedes hacer nada por nadie, salvo por ti misma. ¿de acuerdo?
Lali asintió y colgó el teléfono, luego suspiró, alegrándose de que a atemorizante intensidad del sueño ya se estuviera desvaneciendo. Detestaba tener tales pesadillas.
Se pasó un cepillo por el pelo. Bueno, había llamado a VICO. Haría la que pudiera, como había hecho otras veces en el pasado. Por fortuna, era poco habitual que los sueños acudieran a ella. Siempre que le era posible ayudar, ayudaba. Pero sabia que no podía erradicar todos los males del mundo. Ni siquiera podía solucionar todos los problemas dc su familia.
Los sueños habían empezado con la muerte dc su madre.
Lali se echó de nuevo en la cama, con los ojos fijos en el techo, deseando no sentirse abrumada por los recuerdos. No había tenido visiones extrañas durante los cinco
años posteriores al asesinato de su madre.
Luego tuvo el primero de los sueños.
En su sueño se alejaba de una casa desconocida, en silencio, caminando de puntillas. Se dio cuenta de que llevaba una pistola. Oyó ruidos y un coche. Estaba enojada, sabía de algún modo que era su coche y que alguien intentaba robarlo.
Levantó la pistola...
Experimentó un intenso dolor en el brazo y y después se despertó, frotándose el
brazo
temblando.
CAPITULO 3
La vida siguió adelante. Lali jamás dejó sentir dolor por su madre. No
obstante, aunque el sufrimiento perduraba. la resignación fue embotando
poco a poco su filo, haciéndolo soportable.
Cande y Lali se fueron a vivir con su padre. Peter, Rocio y Pablo fueron a diferentes universidades. Gaston acabó sus estudios en la Universidad Internacional de florida y después se trasladó a Nueva York para trabajar en WaIl Street. Lali fue al instituto asistió a fiestas y bailes, empezó a maquillarse y a afeitarse las piernas. Los años fueron pasando. Se enamoró y se desenamoró varias veces. Su padre se caso otras dos veces en tres años. Pero ambas esposas desaparecieron tan rápidamente que Lali apenas si recordaba sus nombres.
Empezó a olvidar que realmente habla visto el cuchillo con el que asesinaron a su madre.
Empezó a olvidar...
Era joven y tenía que seguir viviendo. Siempre amaría a Gimena. siempre la recordaría. Pero, conforme pasaban los días, las pequeñas cosas empezaron a importarle cada vez más. Sus hermanas y hermanos. Rocio. que cuidaba de ella. Cande, que la necesitaba. Gaston y Pablo, que tan buenos eran con ella. Peter, que se mostré amable durante un tiempo, y luego irritante, o fuerte, o tierno cuando Lali lo necesitaba de veras.
El dolor y el miedo fueron desapareciendo poco a poco.
Pero Lali era la viva imagen de su madre. Y el horror estaba destinado a perseguirla.
Doce años después...
Lali notó cómo el sueño se cernía sobre ella y, aun dormida. luchó contra él instintivamente. Trató de despertarse. Pero era inútil, ya estaba atrapada en sus redes.
Se oyó a sí misma riendo, salvo que no era ella realmente. Era la otra mujer, la mujer del
sueño. Guapa, de cabellos castaño rojizos, encantadora. Había salido para pasar la noche con un hombre carismático. Estaba muy excitada. Iban a hacer cl amor. Ella lo deseaba. Deseaba
perder la cabeza, que la sedujera, y luego, cuando el fin de semana terminase, les hablaría de él a sus amigas. Se reiría y les diría cuán maravilloso era como amante; en el trabajo, compartiría pequeños secretos acerca de lo increíblemente romántico que era, de lo erótico que podía resultar aquel idilio, y sería muy feliz, una mujer enamorada de un atractivo amante, un hombre que también la quería a ella...
Lali sabía que algo iba mal. Gritó dentro del sueño, pero fue inútil. Ella era la mujer guapa, y se veía arrastrada por a excitación, el anhelo, el deseo humano de ser acariciada y adorada... Oh, Dios, había algo patético en aquello de estar tan necesitada
El paisaje discurría a toda velocidad junto al coche Lali lo reconocía y, al mismo tiempo, lo desconocía. Quería despertar, poner fin a lo que estaba ocurriendo pero no podía.
La pareja reía y bromeaba. Ella no podía ver el rostro del hombre, pero sí veía el hermoso pelo castaño rojizo de la mujer volando al viento mientras conducían Se hizo la oscuridad. El tiempo dio un salto...
Estaban en un dormitorio Una habitación de hotel en penumbra. Ella reía de
nuevo, encantada. Se besaron, murmurando El le desabrochó los botones de la blusa uno por uno.., tocándola, acariciándola
Lali deseó desviar la mirada; se sentía como una fisgona, observando tal intimidad. La pelirroja estaba dispuesta a hacer cualquier cosa. Todo con tal de complacer a su amante.
Desnudos, se enredaron en la cama. Ella dejó él la pusiera boca abajo. El hombre enterró los dedos en su pelo y tiró, haciendo que alzara la cabeza. Ella solo se giró un poco para mirar a su amante, y fue entonces cuando vio...
El cuchillo.., oh, Dios, el cuchillo, descendiendo...
Cande y Lali se fueron a vivir con su padre. Peter, Rocio y Pablo fueron a diferentes universidades. Gaston acabó sus estudios en la Universidad Internacional de florida y después se trasladó a Nueva York para trabajar en WaIl Street. Lali fue al instituto asistió a fiestas y bailes, empezó a maquillarse y a afeitarse las piernas. Los años fueron pasando. Se enamoró y se desenamoró varias veces. Su padre se caso otras dos veces en tres años. Pero ambas esposas desaparecieron tan rápidamente que Lali apenas si recordaba sus nombres.
Empezó a olvidar que realmente habla visto el cuchillo con el que asesinaron a su madre.
Empezó a olvidar...
Era joven y tenía que seguir viviendo. Siempre amaría a Gimena. siempre la recordaría. Pero, conforme pasaban los días, las pequeñas cosas empezaron a importarle cada vez más. Sus hermanas y hermanos. Rocio. que cuidaba de ella. Cande, que la necesitaba. Gaston y Pablo, que tan buenos eran con ella. Peter, que se mostré amable durante un tiempo, y luego irritante, o fuerte, o tierno cuando Lali lo necesitaba de veras.
El dolor y el miedo fueron desapareciendo poco a poco.
Pero Lali era la viva imagen de su madre. Y el horror estaba destinado a perseguirla.
Doce años después...
Lali notó cómo el sueño se cernía sobre ella y, aun dormida. luchó contra él instintivamente. Trató de despertarse. Pero era inútil, ya estaba atrapada en sus redes.
Se oyó a sí misma riendo, salvo que no era ella realmente. Era la otra mujer, la mujer del
sueño. Guapa, de cabellos castaño rojizos, encantadora. Había salido para pasar la noche con un hombre carismático. Estaba muy excitada. Iban a hacer cl amor. Ella lo deseaba. Deseaba
perder la cabeza, que la sedujera, y luego, cuando el fin de semana terminase, les hablaría de él a sus amigas. Se reiría y les diría cuán maravilloso era como amante; en el trabajo, compartiría pequeños secretos acerca de lo increíblemente romántico que era, de lo erótico que podía resultar aquel idilio, y sería muy feliz, una mujer enamorada de un atractivo amante, un hombre que también la quería a ella...
Lali sabía que algo iba mal. Gritó dentro del sueño, pero fue inútil. Ella era la mujer guapa, y se veía arrastrada por a excitación, el anhelo, el deseo humano de ser acariciada y adorada... Oh, Dios, había algo patético en aquello de estar tan necesitada
El paisaje discurría a toda velocidad junto al coche Lali lo reconocía y, al mismo tiempo, lo desconocía. Quería despertar, poner fin a lo que estaba ocurriendo pero no podía.
La pareja reía y bromeaba. Ella no podía ver el rostro del hombre, pero sí veía el hermoso pelo castaño rojizo de la mujer volando al viento mientras conducían Se hizo la oscuridad. El tiempo dio un salto...
Estaban en un dormitorio Una habitación de hotel en penumbra. Ella reía de
nuevo, encantada. Se besaron, murmurando El le desabrochó los botones de la blusa uno por uno.., tocándola, acariciándola
Lali deseó desviar la mirada; se sentía como una fisgona, observando tal intimidad. La pelirroja estaba dispuesta a hacer cualquier cosa. Todo con tal de complacer a su amante.
Desnudos, se enredaron en la cama. Ella dejó él la pusiera boca abajo. El hombre enterró los dedos en su pelo y tiró, haciendo que alzara la cabeza. Ella solo se giró un poco para mirar a su amante, y fue entonces cuando vio...
El cuchillo.., oh, Dios, el cuchillo, descendiendo...
CAPITULO 2
Peter no intentó decir nada. Permaneció sentado junto a ella, acunándola
entre sus brazos mientras lloraba y lloraba sin parar. Finalmente su
padre entró en el cuarto, y Lali siguió llorando. Trató de explicarle
que había visto el cuchillo, que había sentido la muerte de Gimena.
Su padre se mostró tierno y comprensivo, y simuló creerla, pero Lali sabía que no era cierto.
En las semanas que siguieron, la policía investigó exhaustivamente el asesinato. Interrogaron a los distintos maridos de Gimena en profundidad, seguros de que Mariano o Nicolas la habían asesinado en un arrebato pasional. Los periódicos se hicieron eco del crimen, así como las principales revistas.
La policía habló con Lali. Ella contó que había visto el cuchillo, que había sentido cómo moría su madre. Tampoco ellos la creyeron. Pero hubo un policía que se mostró, al menos, mas amable que los demás. Agustin Sierra. Era nuevo en la sección de homicidios, joven. con cálidos ojos castaños y cabello rubio. Deseaba saber lo que Lali había visto; la animó a hacer memoria. Mientas la interrogaba, Lali vio la .mano que sostenía el cuchillo. Y supo entonces que el asesino de su madre levaba unos guantes finos y gastados, color carne, parecidos a los guantes de un médico.
Mariano estuvo a punto de ser detenido, igual que Nicolas. Pero no había pruebas que los incriminaran.
Finalmente, a los dos meses del asesinato, se detuvo a un sospechoso. Era un vagabundo viejo y demente llamado Harry Nore. Lali lo había visto desde siempre merodeando por las calles de Coconhit Grove. Pedía en una esquina. A veces hablaba a voces de Jesucristo Y la Segunda Venida; oteas veces permanecía en la esquina de noche, gritando que Satán se acercaba y los devoraría a todos en un mar de fuego. Al principio lo detuvieron por haber allanado la casa de un vecino. Había robado comida, que el vecino le habría dado de buena gana, pero también se había llenado los bolsillos con joyas de la familia. La policía lo encontró en la cocina, cortando pan.
Con un cuchillo de trinchar carne.
Harry Nora también llevaba una medalla de oro de San Cristóbal que pertenecía a Mariano Lanzani. lo cual hizo que la policía sospechase. Al examinar el cuchillo que Nore había utilizado para cortar el pan, el forense halló restos diminutos de sangre.
Sangre de Gimena.
Las huellas dactilares de Nore casaban con algunas de las que se encontraron en el dormitorio de Gimena. Y el vagabundo tenía antecedentes penales. Ya había cumplido condena por haber asesinado a su esposa con un cuchillo similar.
Pero Harry Nore, el indigente de ojos saltones, infestado de piojos, nunca fue juzgado por el asesinato de Gimena Esposito Lanzani; lo declararon mentalmente incapacitado. Cuando se le interrogó, empezó a desvariar, asegurando que Dios había dejado el cuchillo en su sombrero. Dios le decía quien era bueno y quién era malo. Confesó haber asesinado a Gimena. En la confesión. afirmo que el mismísimo diablo se la habla llevada, porque Gimena había sido una mujer bella y malvada. Tan bella, que empujaba a los hombres a actos de perversión y de violencia. Era un engendro del Diablo, y éste la había reclamado. Las miradas podían matar.
Harry Nore fue encerrado en una institución para dementes peligrosos, en el norte de Florida. Poseía una aterradora sonrisa, desprovista de dientes, que recorrió el país entero en las portadas de as principales revistas. Daba el tipo de maniaco homicida, y tanto la policía como la oficina del fiscal del distrito se dieron por satisfechos, asegurando a Lali y a su familia, por lo menos, no tendrían que vivir con
la de un asesinato no resuelto.
Su padre se mostró tierno y comprensivo, y simuló creerla, pero Lali sabía que no era cierto.
En las semanas que siguieron, la policía investigó exhaustivamente el asesinato. Interrogaron a los distintos maridos de Gimena en profundidad, seguros de que Mariano o Nicolas la habían asesinado en un arrebato pasional. Los periódicos se hicieron eco del crimen, así como las principales revistas.
La policía habló con Lali. Ella contó que había visto el cuchillo, que había sentido cómo moría su madre. Tampoco ellos la creyeron. Pero hubo un policía que se mostró, al menos, mas amable que los demás. Agustin Sierra. Era nuevo en la sección de homicidios, joven. con cálidos ojos castaños y cabello rubio. Deseaba saber lo que Lali había visto; la animó a hacer memoria. Mientas la interrogaba, Lali vio la .mano que sostenía el cuchillo. Y supo entonces que el asesino de su madre levaba unos guantes finos y gastados, color carne, parecidos a los guantes de un médico.
Mariano estuvo a punto de ser detenido, igual que Nicolas. Pero no había pruebas que los incriminaran.
Finalmente, a los dos meses del asesinato, se detuvo a un sospechoso. Era un vagabundo viejo y demente llamado Harry Nore. Lali lo había visto desde siempre merodeando por las calles de Coconhit Grove. Pedía en una esquina. A veces hablaba a voces de Jesucristo Y la Segunda Venida; oteas veces permanecía en la esquina de noche, gritando que Satán se acercaba y los devoraría a todos en un mar de fuego. Al principio lo detuvieron por haber allanado la casa de un vecino. Había robado comida, que el vecino le habría dado de buena gana, pero también se había llenado los bolsillos con joyas de la familia. La policía lo encontró en la cocina, cortando pan.
Con un cuchillo de trinchar carne.
Harry Nora también llevaba una medalla de oro de San Cristóbal que pertenecía a Mariano Lanzani. lo cual hizo que la policía sospechase. Al examinar el cuchillo que Nore había utilizado para cortar el pan, el forense halló restos diminutos de sangre.
Sangre de Gimena.
Las huellas dactilares de Nore casaban con algunas de las que se encontraron en el dormitorio de Gimena. Y el vagabundo tenía antecedentes penales. Ya había cumplido condena por haber asesinado a su esposa con un cuchillo similar.
Pero Harry Nore, el indigente de ojos saltones, infestado de piojos, nunca fue juzgado por el asesinato de Gimena Esposito Lanzani; lo declararon mentalmente incapacitado. Cuando se le interrogó, empezó a desvariar, asegurando que Dios había dejado el cuchillo en su sombrero. Dios le decía quien era bueno y quién era malo. Confesó haber asesinado a Gimena. En la confesión. afirmo que el mismísimo diablo se la habla llevada, porque Gimena había sido una mujer bella y malvada. Tan bella, que empujaba a los hombres a actos de perversión y de violencia. Era un engendro del Diablo, y éste la había reclamado. Las miradas podían matar.
Harry Nore fue encerrado en una institución para dementes peligrosos, en el norte de Florida. Poseía una aterradora sonrisa, desprovista de dientes, que recorrió el país entero en las portadas de as principales revistas. Daba el tipo de maniaco homicida, y tanto la policía como la oficina del fiscal del distrito se dieron por satisfechos, asegurando a Lali y a su familia, por lo menos, no tendrían que vivir con
la de un asesinato no resuelto.
CAPITULO 1
Ella se volvió levemente, Mariano también estaba allí. Mariano, que lloraba abiertamente.
—Apártate, Mariano.
Fue el padre de Lali quien habló, Nicolas Esposito, un apuesto escritor de unos cuarenta y pico años, con barba y cabello plateados y penetrantes ojos azules. Muy característico de su madre, Gimena solo se casaba con hombres que fuesen diferentes: un cantante de rock, primero, un escritor, un artista. También Nicolas se había casado varias veces, Sin embargo, a pesar de su separación, siempre había querido a Gimena.
Y Lali sabia que también la quería a ella.
Al igual que Mariano y Peter, Nicolas tenía lágrimas en los ojos. Entonces Lali reparó en el sonido de las sirenas Y en el hecho de que el vestíbulo estaba lleno de policías. Mariano se retiro. Lali vio a más miembros. de su familia su hermana y sus hermanastros que permanecían de pie en la sala de estar con aire incómodo.
Rocio y Cande eran las chicas. Rocio, hija de Mariano en su primer matrimonio, era guapa y delicada, rubia con los ojos azules, Cande era la única hermana carnal de
Lali Ambas se Parecían a Gimena, rubias, con los ojos negros
Los Chicos eran Trent rubio y de penetrantes ojos azules hijo de Mariano, y Gaston, el mayor a sus veinte años el único hijo que tuvo Mariano en su primer matrimonio Sus ojos eran de un vaporoso color azul y su pelo rubio claro.
Cande, un año menor que Lali. empezó sollozar de repente Le fallaron las rodillas pero, Gaston le la rodeó con el brazo antes de que se desplomara De repente, Lali se acordó.
Empezó a gritar y a temblar incontrolablemente Un enfermero acudió con una jeringuilla y le puso una inyección en el brazo Oyó decir a alguien que aún era demasiado pronto para que hablase con la policía. Además, aunque pudiese hablar ¿de qué serviría? luego el sedante hizo efecto y todo volvió a tornarse negro. Esta vez se despertó en la casa de su padre, con Peter sentado a su lado en el borde de la cama. Oyó unos débiles sollozos procedentes de otra habitación, Una de sus hermanas.
—Mi madre ha muerto —susurró Lali.
—Alguien la asesinó, Lali. Lo siento mucho. Tu padre está con Cande. pero puedo pedirle que venga si...
—Yo lo vi, Peter.
Él entrecerró los ojos.
—Lo vi.
—¿Cómo que lo viste? Estabas en el pasillo. ¿Paso el asesino corriendo por tu lado? ¿Llegaste a ver quién lo hizo?
Lali negó con la cabeza, buscando las palabras para describir lo sucedido. Se le saltaron las lágrimas.
—Mi madre estaba aterrorizada. Vio el cuchillo. Yo también lo vi. Lo sentí.
—Estabas a varios metros de la puerta del cuarto cuando te encontramos, Lali. ¿Entraste en el dormitorio?
Ella hizo un gesto negativo.
—Entonces es imposible que vieras algo.
—Vi el cuchillo.
—¿Quién la mató, entonces?
—No lo sé. No vi ninguna cara. Solo el cuchillo. El cuchillo descendiendo sobre ella. y lo sentí. Sentí cómo la atravesaba.
Lali empezó a temblar de nuevo. Su madre había sido asesinada, y le dolía como si tuviera un millón de cuchillos diminutos clavados en el corazón. Emilia había sido una mujer alocada, testaruda y temeraria, pero también una buena madre.
—Apártate, Mariano.
Fue el padre de Lali quien habló, Nicolas Esposito, un apuesto escritor de unos cuarenta y pico años, con barba y cabello plateados y penetrantes ojos azules. Muy característico de su madre, Gimena solo se casaba con hombres que fuesen diferentes: un cantante de rock, primero, un escritor, un artista. También Nicolas se había casado varias veces, Sin embargo, a pesar de su separación, siempre había querido a Gimena.
Y Lali sabia que también la quería a ella.
Al igual que Mariano y Peter, Nicolas tenía lágrimas en los ojos. Entonces Lali reparó en el sonido de las sirenas Y en el hecho de que el vestíbulo estaba lleno de policías. Mariano se retiro. Lali vio a más miembros. de su familia su hermana y sus hermanastros que permanecían de pie en la sala de estar con aire incómodo.
Rocio y Cande eran las chicas. Rocio, hija de Mariano en su primer matrimonio, era guapa y delicada, rubia con los ojos azules, Cande era la única hermana carnal de
Lali Ambas se Parecían a Gimena, rubias, con los ojos negros
Los Chicos eran Trent rubio y de penetrantes ojos azules hijo de Mariano, y Gaston, el mayor a sus veinte años el único hijo que tuvo Mariano en su primer matrimonio Sus ojos eran de un vaporoso color azul y su pelo rubio claro.
Cande, un año menor que Lali. empezó sollozar de repente Le fallaron las rodillas pero, Gaston le la rodeó con el brazo antes de que se desplomara De repente, Lali se acordó.
Empezó a gritar y a temblar incontrolablemente Un enfermero acudió con una jeringuilla y le puso una inyección en el brazo Oyó decir a alguien que aún era demasiado pronto para que hablase con la policía. Además, aunque pudiese hablar ¿de qué serviría? luego el sedante hizo efecto y todo volvió a tornarse negro. Esta vez se despertó en la casa de su padre, con Peter sentado a su lado en el borde de la cama. Oyó unos débiles sollozos procedentes de otra habitación, Una de sus hermanas.
—Mi madre ha muerto —susurró Lali.
—Alguien la asesinó, Lali. Lo siento mucho. Tu padre está con Cande. pero puedo pedirle que venga si...
—Yo lo vi, Peter.
Él entrecerró los ojos.
—Lo vi.
—¿Cómo que lo viste? Estabas en el pasillo. ¿Paso el asesino corriendo por tu lado? ¿Llegaste a ver quién lo hizo?
Lali negó con la cabeza, buscando las palabras para describir lo sucedido. Se le saltaron las lágrimas.
—Mi madre estaba aterrorizada. Vio el cuchillo. Yo también lo vi. Lo sentí.
—Estabas a varios metros de la puerta del cuarto cuando te encontramos, Lali. ¿Entraste en el dormitorio?
Ella hizo un gesto negativo.
—Entonces es imposible que vieras algo.
—Vi el cuchillo.
—¿Quién la mató, entonces?
—No lo sé. No vi ninguna cara. Solo el cuchillo. El cuchillo descendiendo sobre ella. y lo sentí. Sentí cómo la atravesaba.
Lali empezó a temblar de nuevo. Su madre había sido asesinada, y le dolía como si tuviera un millón de cuchillos diminutos clavados en el corazón. Emilia había sido una mujer alocada, testaruda y temeraria, pero también una buena madre.
PROLOGO
Lali oía las voces procedentes del dormitorio, y estaba asustada.
Tenía doce años, casi trece, de modo que no se asustaba fácilmente. Su atractiva y voluble madre se había casado con el igualmente voluble y temperamental artista Mariano Lanzani, y, desde entonces, era frecuente oír voces y ruidos en el dormitorio principal.
Pero aquella noche...
Algo había cambiado. No se trataba de la discusión apasionada de costumbre. Se estaban lanzando acusaciones de infidelidad. Y había otra voz en el cuarto, una voz atenuada...
Una voz amenazante y asexuada que provocaba escalofríos a Lali. La voz era maligna, y Lali lo sabía. Se dijo que estaba siendo demasiado fantasiosa, que podía incluso ser la voz de su madre, dado que Gimena Esposito era una actriz aclamada y célebre por su extraordinaria habilidad con los acentos.
Pero no era su madre. Lali estaba segura de ello. En el cuarto había algo o alguien maligno.
Se preguntó si Mariano estaría allí también. No lo sabía. Podía oír la voz de su madre, alzándose, bajando, con una nota de histeria, de súplica, en su tono. Luego
oyó la voz susurrante y asexuada otra vez. La voz diferente La voz maligna.
La voz que le ponía la carne de gallina.
Sin pensarlo, había salido de su dormitorio y ahora se hallaba de pie en el pasillo. Temblando en el interior de su camiseta de algodón. Jamás había sentido tanto miedo. Dios santo, estaba aterrorizada. El pánico le atenazaba la garganta, de manera que no podía gritar, aunque sabía que no debía hacerlo, pues eso alertaría a la voz de su presencia. Tenía que moverse, avanzar hacia la puerta, ver a la persona
unida a la voz.
Deseaba huir, pero no podía, porque entonces sucedería algo terrible. Salvo que ya estaba sucediendo algo terrible, y ella debía ser valiente. Debía detener el mal.
El mal impregnaba el aire a su alrededor, oprimiéndola. Lo hacia espeso y pesado, de forma que costaba trabajo caminar por el pasillo.
La puerta del dormitorio de su madre parecía pandearse y combarse contra la jamba. Mientras la luz del interior emanaba en extraños tonos rojo sangre.
Lali trató de ser racional.
Seguro que Mariano y su madre se estaban peleando, simplemente.
Tenía que calmarse, pensar con la cabeza, llamar a la puerta y recordarle a su madre que necesitaba algunas horas de sueño ininterrumpido. Claro que, si Gimena se estaba peleando Con Mariano, era muy posible que hicieran las paces antes incluso de que Lali Llegara hasta la puerta. Y. en ese caso, si entraba de sopetón, bueno...
Pero Lali sabia que su temor de sorprenderlos enredados en algún perverso juego sexual no era real.
Lo sabía, que Dios la ayudase. Lo sabía.
Podía sentir lo que su madre estaba sintiendo, y Gimena estaba asustada. La estaban amenazando y ella intentaba defenderse. Hablaba desesperadamente, en tono apaciguador. Intentaba...
Lali se quedó completamente inmóvil. temblando, empapada en un sudor helado. Porque ya no estaba sintiendo lo que Gimena sentía.
¡Lo estaba viendo! Estaba viendo lo que Gimena veía.
Y Gimena veía un cuchillo.
Grande brillante afilado Un cuchillo de trinchar carne. Lali lo había visto otras veces en la cocina. El cuchillo se alzó bajo la luz tenue del dormitorio situándose por encima de Gimena
Gimena lo miró .. y, a través de sus ojos, Lali pudo verlo El cuchillo descendió con una fuerza brutal e implacable.
Gimena chilló pero Lali no oyó los gritos de su madre porque también ella estaba gritando, doblando la cintura. Sintiendo. Sintiendo lo que sentía su madre
El cuchillo
Perforándola atravesando la carne y los músculos Desgarrándola justo por debajo de las costillas
Lali se tambaleó y se apoyó en la pared para no caerse, sintiendo la agonía de la carne desgarrada, el frío. el miedo Se aferró el vientre y bajó la mirada, y vio sangre en sus manos...
Sin despegar la mano de la pared, luchó por seguir en píe, pero una súbita negrura la engulló e hizo que se desplomara en el suelo.
-¡Lali, Lali!
La despertó el urgente sonido de su nombre.
Abrió los ojos. Estaba tendida en el sofá del cuarto de estar, y a su lado se hallaba Peter, uno los hijos de Mariano. Tenía dieciocho años y aparentaba muchos más con sus aires de superioridad. Con el pelo negro y los ojos verdes, era quarterback de su equipo de fútbol. Lali lo odiaba casi todo el tiempo, sobre todo cuando la llamaba «renacuajo» o «cabeza de chorlito». No obstante, cuando sus amigos no estaban presentes, no era un mal chico. En realidad, de no haber sido hermanastro suyo, Lali podía haberse enamorado locamente de él. Pero, como lo era, ella ni siquiera se permitió pensar en tal posibilidad.
Peter la estaba mirando fijamente, con los ojos brillantes por las lágrimas.
—¿Lali? ¿Te encuentras bien?
Tenía doce años, casi trece, de modo que no se asustaba fácilmente. Su atractiva y voluble madre se había casado con el igualmente voluble y temperamental artista Mariano Lanzani, y, desde entonces, era frecuente oír voces y ruidos en el dormitorio principal.
Pero aquella noche...
Algo había cambiado. No se trataba de la discusión apasionada de costumbre. Se estaban lanzando acusaciones de infidelidad. Y había otra voz en el cuarto, una voz atenuada...
Una voz amenazante y asexuada que provocaba escalofríos a Lali. La voz era maligna, y Lali lo sabía. Se dijo que estaba siendo demasiado fantasiosa, que podía incluso ser la voz de su madre, dado que Gimena Esposito era una actriz aclamada y célebre por su extraordinaria habilidad con los acentos.
Pero no era su madre. Lali estaba segura de ello. En el cuarto había algo o alguien maligno.
Se preguntó si Mariano estaría allí también. No lo sabía. Podía oír la voz de su madre, alzándose, bajando, con una nota de histeria, de súplica, en su tono. Luego
oyó la voz susurrante y asexuada otra vez. La voz diferente La voz maligna.
La voz que le ponía la carne de gallina.
Sin pensarlo, había salido de su dormitorio y ahora se hallaba de pie en el pasillo. Temblando en el interior de su camiseta de algodón. Jamás había sentido tanto miedo. Dios santo, estaba aterrorizada. El pánico le atenazaba la garganta, de manera que no podía gritar, aunque sabía que no debía hacerlo, pues eso alertaría a la voz de su presencia. Tenía que moverse, avanzar hacia la puerta, ver a la persona
unida a la voz.
Deseaba huir, pero no podía, porque entonces sucedería algo terrible. Salvo que ya estaba sucediendo algo terrible, y ella debía ser valiente. Debía detener el mal.
El mal impregnaba el aire a su alrededor, oprimiéndola. Lo hacia espeso y pesado, de forma que costaba trabajo caminar por el pasillo.
La puerta del dormitorio de su madre parecía pandearse y combarse contra la jamba. Mientras la luz del interior emanaba en extraños tonos rojo sangre.
Lali trató de ser racional.
Seguro que Mariano y su madre se estaban peleando, simplemente.
Tenía que calmarse, pensar con la cabeza, llamar a la puerta y recordarle a su madre que necesitaba algunas horas de sueño ininterrumpido. Claro que, si Gimena se estaba peleando Con Mariano, era muy posible que hicieran las paces antes incluso de que Lali Llegara hasta la puerta. Y. en ese caso, si entraba de sopetón, bueno...
Pero Lali sabia que su temor de sorprenderlos enredados en algún perverso juego sexual no era real.
Lo sabía, que Dios la ayudase. Lo sabía.
Podía sentir lo que su madre estaba sintiendo, y Gimena estaba asustada. La estaban amenazando y ella intentaba defenderse. Hablaba desesperadamente, en tono apaciguador. Intentaba...
Lali se quedó completamente inmóvil. temblando, empapada en un sudor helado. Porque ya no estaba sintiendo lo que Gimena sentía.
¡Lo estaba viendo! Estaba viendo lo que Gimena veía.
Y Gimena veía un cuchillo.
Grande brillante afilado Un cuchillo de trinchar carne. Lali lo había visto otras veces en la cocina. El cuchillo se alzó bajo la luz tenue del dormitorio situándose por encima de Gimena
Gimena lo miró .. y, a través de sus ojos, Lali pudo verlo El cuchillo descendió con una fuerza brutal e implacable.
Gimena chilló pero Lali no oyó los gritos de su madre porque también ella estaba gritando, doblando la cintura. Sintiendo. Sintiendo lo que sentía su madre
El cuchillo
Perforándola atravesando la carne y los músculos Desgarrándola justo por debajo de las costillas
Lali se tambaleó y se apoyó en la pared para no caerse, sintiendo la agonía de la carne desgarrada, el frío. el miedo Se aferró el vientre y bajó la mirada, y vio sangre en sus manos...
Sin despegar la mano de la pared, luchó por seguir en píe, pero una súbita negrura la engulló e hizo que se desplomara en el suelo.
-¡Lali, Lali!
La despertó el urgente sonido de su nombre.
Abrió los ojos. Estaba tendida en el sofá del cuarto de estar, y a su lado se hallaba Peter, uno los hijos de Mariano. Tenía dieciocho años y aparentaba muchos más con sus aires de superioridad. Con el pelo negro y los ojos verdes, era quarterback de su equipo de fútbol. Lali lo odiaba casi todo el tiempo, sobre todo cuando la llamaba «renacuajo» o «cabeza de chorlito». No obstante, cuando sus amigos no estaban presentes, no era un mal chico. En realidad, de no haber sido hermanastro suyo, Lali podía haberse enamorado locamente de él. Pero, como lo era, ella ni siquiera se permitió pensar en tal posibilidad.
Peter la estaba mirando fijamente, con los ojos brillantes por las lágrimas.
—¿Lali? ¿Te encuentras bien?
sinopsis
Lali Esposito no había presenciado el brutal asesinato de su madre, pero
había visto la mano enguantada, sentido el golpe del cuchillo,
experimentado el terror de su madre...
Eso había sucedido hacia mucho tiempo. En la actualidad, Lali era una madre divorciada con éxito en la vida. Pero las pesadillas habían regresado y, esta vez, se centraban en un asesino en serie que acechaba a las mujeres de Miami. Un asesino al que Lali no podía ver, pero que sabía que ella lo estaba observando.
Lali era el Único nexo de Peter Lanzani, agente del FBI, con el asesino. Pero ¿conseguirían descubrir la verdad antes de que este atacara de nuevo? A veces, el mayor peligro está en lo que no se ve...
Eso había sucedido hacia mucho tiempo. En la actualidad, Lali era una madre divorciada con éxito en la vida. Pero las pesadillas habían regresado y, esta vez, se centraban en un asesino en serie que acechaba a las mujeres de Miami. Un asesino al que Lali no podía ver, pero que sabía que ella lo estaba observando.
Lali era el Único nexo de Peter Lanzani, agente del FBI, con el asesino. Pero ¿conseguirían descubrir la verdad antes de que este atacara de nuevo? A veces, el mayor peligro está en lo que no se ve...
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