miércoles, 20 de enero de 2016

CAPITULO 34

—¡Esa es la última! —exclamó LALI asomándose por la puerta de su futuro ex departamento. 
—¿Estás segura? —le preguntó él mientras terminaba de colocar una caja dentro del ascensor. Hacía aproximadamente cinco horas que había comenzado con la mudanza.
—Sí, estoy segura —asintió. 
—Bien, le bajo esto a NICO y ya subo…
LALI asintió creyendo que él la veía e ingresó al departamento. Nada quedaba d...entro de él, nada. Se veía tan enorme sin todos esos lindos muebles que ella misma había escogido y acomodado.
El día que había entrado por primera vez a ese lugar volvió a su mente. La única diferencia que había ahora es que en ese momento llegaba y ahora se iba. Se iba porque su propia familia le había dado la espalda.
Pero a pesar de todo, las cosas no estaban yendo mal. PETER y su familia la hacían sentir segura. Los LANZANI la llamaban casi todos los días para preguntarle como estaba y si necesitaba algo. También estaba su mejor amiga y su primo. Con todos ellos sabía bien que no estaba tan sola como creía.
Soltó un pequeño suspiro y comenzó a recorrer todo para cerciorarse de que no dejaba nada allí. Entró a la cocina y revisó todas las puertitas de la pared. En aquella cocina había aprendido a cocinar comida sana. Sonrió al recordar la primera vez que lo intentó y casi quemó todo por un simple huevo frito. Salió de allí y fue hacia el baño, tampoco se olivaba de nada allí. Entonces caminó lentamente a lo que había sido su habitación. Abrió la puerta y la nostalgia la invadió. Realmente le gustaba su pequeño departamento. Se sentía cómoda y contenta allí. Pero no iba a quedarse. Por nada del mundo.
Se llevó la mano al vientre. En los últimos dos días su bebé ni siquiera se había hecho notar. No tuvo nauseas, tampoco mareos y esos repentinos cambios de humor. Simplemente era como si no estuviera en cinta. Buscó aquel tranquilizador latidito hasta que lo encontró.
—¿Qué te pasa, cosita? —le preguntó —No has hecho nada en estos días, ¿estás bien?
Los latiditos se intensificaron. LALI sonrió. Jamás creyó que se podría querer a alguien que todavía no conocías. ¿Era eso a lo que llamaban amor de madre? Un amor tan ciego que todo lo perdona. Un amor que a veces se equivoca y que piensa que tiene razón cuando no es así. Un amor que se enoja dos segundos y después vuelve a amar. Volvió a sonreír.
—¿LALI? —escuchó que él la llamaba.
—Aquí estoy —le contestó.
Miró una vez más la habitación vacía y cerró la puerta. Se pasó las manos por los ojos, y caminó hacia la sala. Casi choca con PETER al doblar en la esquina.
—¿Estás bien? —le preguntó él sosteniéndola levemente de los hombros.
—Sí, estoy bien —aseguró.
—¿Segura, verdad? —insistió —Creo que estás algo pálida…
Ella sonrió y negó con la cabeza. En los últimos días había aprendido lo muy protector y algo exagerado que él era. La noche que habían ido al cine después de la casa de sus padres, casi había intentado llevarla en brazos hacia las butacas para que no bajara las escaleras. Luego, cuando ella se había puesto a llorar con la muerte del pequeño Dobby, él la había consolado diciéndole que le compraría uno parecido. Cada día que pasaba conocía más a ese hombre que a veces la hacía sentir extraña. Él era divertido y hasta dulce. Era una de las personas más sociables que ella había visto en su vida. Y al parecer le caía bien a todo el mundo.
Aun no conocía su casa, ni tampoco el taller. Pero había pasado un par de veces por lo que sería su nuevo barrio y como EUGE le había comentado todos hablaban maravillas de PETER y NICO. No solo como mecánicos, sino como personas.
—Ya deja de ser exagerado, PETER, estoy bien.
—Bueno —suspiró él y la soltó —El camión de la mudanza ya partió con NICO hacia casa. EUGE está allá esperándolo. Nosotros nos vamos en mi auto.
—Perfecto —dijo ella —Solo voy a llamar al abogado de ALEJO y para decirle que le dejo las llaves a Wolfgang.
—¿No quieres que hable yo? —preguntó.
—No, gracias, yo lo haré.
—No quiero que te pongas nerviosa, ni nada por el estilo.
—Un día voy a golpearte, ¿sabias?
Él hizo una exagerada mueca de sorpresa.
—¿Por qué? Si a mí solo me gusta cuidarte…
—Porque eres un pesado —rió.
—Malvada, ya vas a venir a rogar para que te proteja. Y ahora te espero abajo, por favor, no tardes.
—Está bien.
PETER salió del departamento y LALI oyó como bajaba las escaleras. Soltó un suspiro.
A partir de ese momento ya no tendría nada que ver con los LALI. Para ella, ellos ya no existían. Jamás iban a saber de ella. Por lo menos de su boca. Pero sabía que podían sacar información de EUGE o de AGUS.
Miró por última vez la sala. Tomó su cartera del suelo y caminó hacia la puerta. Sin mirar atrás, cerró. Era hora de comenzar de nuevo.
Mientras bajaba habló por teléfono con el abogado de su abuelo, y le informó que el departamento ya estaba vacío y que le dejaba las llaves al encargado.
Antes de salir completamente del edificio se despidió de Wolfgang. Lo abrazó y le deseó lo mejor.
—Esté edificio no será lo mismo sin ti —le dijo él cuando ella lo soltó.
—Voy a extrañarte, Wolf, eres el mejor encargado de todos.
—Que tengo una buena vida, niña. Le aseguro que todo va a mejorar.
—Gracias —murmuró y le dio las llaves —Seguro que vendrá un hombre llamado Arnold a buscarlas. Por favor, déselas.
—Claro que sí.
Se despidieron una vez más y LALI caminó a paso rápido hacia el auto gris que la esperaba allí. Se subió y mantuvo la mirada al frente.
—Vamos, por favor —le pidió al moreno.
Él asintió y arrancó. Se mantuvieron en silencio. PETER la miró, sabía que ella se estaba aguantando las ganas de llorar. Hacía varios días que lo llevaba haciendo. Aunque ella no se diera cuenta, él la observaba mucho. Le gustaba mirarla. Pero le gustaría verla sonreír más.
Si LALI era linda cuando no sonreía, cuando lo hacía era simplemente… más que hermosa. Pero las sonrisas de verdad salían poco de ella. Era como si la tristeza la consumiera. Y él ya no quería más eso.
—Te aseguro que mi casa es linda, LALI—le habló.
Ella giró la cabeza para mirarlo. Entonces comenzó a reír. PETER la miró realmente confundido. ¿De qué se reía? ¿Acaso había dicho algo gracioso?
LALI levantó una mano y tocó su mejilla. PETER se paralizó ante aquel suave contacto. Estaban detenidos en un semáforo. Ella no dejaba de reírse…
—Eres tan tierno —le dijo mientras se calmaba —Y estás algo barbudo…
Movió la mano sobre su firme mandíbula.
—Yo… —titubeó —Voy a afeitarme mañana.
—No te preocupes —le dijo —Me agrada tu barba.
Dejó de tocarlo y miró al frente de nuevo. El semáforo cambió a verde y PETER arrancó.
—¿Puedo preguntar de qué te reías?
—Es que me pareció tierno que me dijeras: Mi casa es linda, LALI —trató de imitar su voz grave —Crees que yo estoy preocupada por eso, y no es así. Estoy segura de que tu casa es linda y no importa si no lo es. No hay nada que una buena decoración no pueda arreglar. Y a juzgar por lo horrible que era tu habitación… creo que voy a tener que hacer muchas cosas.
Él rió y como si fuera algo natural estiró el brazo y le dio una suave palmada en una pierna, dejó descansar la mano allí unos segundos. La miró a los ojos sin dejar de sonreír.
—Mientras no la vuelvas una casa de muñecas, puedes hacerle lo que quieras.
—Jamás deberías decirle eso a una mujer —le aseguró.
—Lo sé, pero voy a depositar toda mi confianza en tu buen gusto. Creo que le vendrá muy bien un cambio a mi cuchitril. De ahora en más… nuestro cuchitril.
—Me alegra mucho oír eso, señor LANZANI.
Se quedaron en silencio de nuevo. LALI miraba concentrada por la ventana e iba contando los árboles que veía.
—LALI —la llamó.
—¿Sí? —le dijo y se giró a verlo.
—¿Crees que voy a ser un buen padre?
Ella sonrió levemente, sitiándose enternecida
—Claro que sí, tonto. Serás un gran padre

CAPITULO 33

Para la gran sorpresa de LALI, nada parecido a una guerra había comenzado. PETER no había emitido palabra alguna desde que había arrancado el auto. Ya llevaban diez minutos de viaje. Ella lo miraba de reojo de vez en cuando, esperando que él reaccionara. Pero no lo hacía.
¿Acaso debería ser ella la que comenzara la discusión? Decidió que no… Tal vez él lo dejara pasar. O mejor aun, tal vez entendi...ó de una vez lo que es un NO.
Pero en realidad le molestaba no hablar. Odiaba aquel estúpido silencio. Había pasado una noche muy agradable conociendo a toda su familia, y él simplemente se ponía en ese papel de niño caprichoso.
Soltó un suspiro y se hundió aun más en el asiento de copiloto. Estaba cómoda y el ambiente simplemente era muy cálido. Afuera hacía bastante frío. Otro suspiro escapó de sus labios. Miró por la ventana. Pensó en su madre…
Desde que había visto a GIMENA LANZANI había pensado en su madre. ¿Por qué su madre no era como la madre de PETER? ¿Por qué no sentía ese amor de madre hacia ella? Pero a pesar de todo la quería, claro que sí. Y si solo la llamara y le pidiera perdón, LALI simplemente iría corriendo a buscarla para recibir un abrazo. Por alguna extraña razón necesitaba muchísimo a su madre. Quería verla, quería escuchar su voz, tenerla cerca.
El auto se detuvo y ella fue consciente de que ya estaban en la puerta de su edificio. Se sentó erguidamente y tomó su bolso.
—Muchas gracias por todo, la pasé muy lindo —le dijo sin mirarlo e intentó abrir la puerta para bajar, pero no pudo ya que esta estaba trabada. Se giró a verlo —¿Me abres por favor?
—Primero vamos a hablar —dijo él.
Ella lo miró fijamente. ¿Ahora sí quería hablar? Pero que demonios le sucedía a ese idiota. ¿Y si ella no tenía ganas de hablar en ese momento? ¿Qué? ¿Iba a mantenerla encerrada en el auto toda la noche? No, señor, claro que no. Ya nadie le iba a decir que tenía que hacer. Ni siquiera el arrogante de PETER LANZANI.
—Estoy cansada y quiero subir a bañarme y acostarme a dormir… hoy fue un día muy largo para mí, PETER…
—LALI —dijo él calmadamente y se puso de costado para verla bien —Sé que me he estado comportando como el imbécil más imbécil de todo el mundo.
—¿Eso crees? —preguntó ella levantando un poco el mentón en un simple gesto de soberbia. Él asintió —Tienes razón… eres el imbécil más imbécil de todos.
PETER sonrió por lo bajo.
—Quería pedirte perdón de nuevo por lo que pasó en casa de mis padres…
—Ya te dije que no pasó nada y además ya me pediste perdón —lo interrumpió ella.
—Sí, sí pasó, LALI. No ganamos nada evitando el tema.
Ella se quedó callada por unos cuantos segundos.
—Tomé la decisión de no irme a vivir contigo…
—¿Por qué?
—No es correcto, PETER —exclamó —La gente puede llegar a pensar que somos una pareja. Tu familia misma puede confundirse. Y… no es correcto.
—LALI, te juro por mi vida que yo no quiero confundir a nadie…
—No soy una cualquiera, PETER—murmuró y apartó su mirada de él.
Él la miró algo confundido. Pero entonces lo comprendió. LALI creía que él la veía como a una cualquiera. LALI creía que él quería que ella fuera su amante.
—Mírame, LALI —le pidió. Con un poco de duda ella levantó la mirada. PETER vio todo tipo de emociones en esos ojos —Yo no creo que seas una cualquiera… Sé que no lo eres. Y lo que pasó entre nosotros tampoco te hace serlo, bonita. Yo no quiero que vivas conmigo porque busque diversión en ti. Te dije que solo quiero cuidar de ti y de nuestro bebé. Lo que pasó en casa de mis padres… sí, iba a besarte, LALI —le dijo —Pero no porque crea que eres una cualquiera…
—¿Entonces?
—No lo sé… solo pasó —susurró y estiró la mano para acariciar su mejilla —No quiero confundirte, ni confundir nada entre nosotros. Así que si no quieres aceptar mi propuesta porque crees que estoy intentando confundirte… voy a entenderlo. Pero de verdad me gustaría que lo intentáramos.
LALI tenía aquel rotundo NO en la punta de la lengua, pero mientras observaba su rostro, su mirada, el NO, no salía de ella. ¿Qué tenía ese arrogante que la hacía cambiar de parecer en un abrir y cerrar de ojos?
Pero en realidad, simplemente podía intentarlo, y si no funcionaba se iría como habían acordado. ¿Qué perdía con probar? Absolutamente nada. Pero aun así sabía que aquello era complicado. Soltó un lento suspiro.
—Está bien, PETER.
—¿Está bien, qué? —dijo sin entender. Ella esbozó una pequeña sonrisa.
—Me voy a ir a vivir contigo.
Él abrió los ojos como platos y luego sonrió como un idiota.
—¿Lo dices en serio?
—Sí —asintió medio divertida.
—¿No estás bromeando conmigo, verdad?
—No —negó medio divertida.
—¿Realmente es de verdad?
Ella rió. Él ya parecía tonto. Lo golpeó suavemente en el brazo.
—Sí —dijo sin dejar de reír —No pierdo nada con intentarlo. Pero si no llega a funcionar…
Él se acercó rápidamente a ella, impidiéndole seguir hablando, y la abrazó casi asfixiantemente.
—Gracias, gracias —dijo él sin soltarla. Le besó el hombro y volvió a apretujarla. LALI rió quedamente —Te juro, LALI, que no te vas a arrepentir…
—Eso espero —susurró.
Él la soltó despacio y se alejó solo un poco para mirarla a los ojos. Se miraron fijo, sin decir nada, leyéndose la mirada. Hasta que ella se alejó algo nerviosa.
—¿Estás realmente muy cansada? —le preguntó él.
—Mmm… no —contestó.
—Podríamos ir al cine —dijo.
—¿A esta hora?
—Es viernes… hay cine hasta la madrugada.
—Bueno… puede que sea divertido.
—Hablando de divertido, perdón por todas las idioteces de mi hermano.
—Ay, PETER —dijo divertida —No me molestaron para nada las tonterías de VICO, es un chico realmente divertido.
—Ya lo creo… Entonces, ¿aceptas mi invitación para ir al cine?
—Voy a pensármelo.
—¿Cómo que vas a pensártelo? No hay tiempo.
Entonces LALI recordó que película podían ver. En los últimos meses había estado tan ocupada y con tantas cosas que se había olvidado completamente de su pasión por los libros y películas de Harry Potter.
Siendo niña los había leído todos y cada uno de ellos. Había reído y había llorado. Hasta se había imaginado siendo parte de ese mundo. Es más… creía que ese mundo si existía. En algún momento ella misma iba a comprobarlo.
—Es verdad, no voy a pensármelo —le dijo.
—Ah, ¿no?
—No —sonrió —Porque quiero que me lleves a ver Harry Potter y las reliquias de la muerte – miró hacia sus costados con aire misterioso —Primera parte.
—Harry Potter, ¿es en serio?
—¿Tengo cara de que no sea en serio, LANZANI? —preguntó. Él sonrió.
—No.
—Bien, entonces llévanos a ver esa película. Queremos soñar con la magia.
—¿Llévanos?
—Sí, nuestro bebé también quiere ver.
PETER sonrió bobamente al escuchar la palabra ‘nuestro’ en su boca. Sí, era algo de ellos. Solo de ellos.
—Está bien, Hermione, vamos.
—Aaaaaw, siempre quise ser Hermione —aseguró.
—¿Y yo quien podría ser? —preguntó.
—¿Por lo idiota? —inquirió ella —Deberías ser Ronald.
PETER soltó una estrepitosa carcajada mientras ponía el auto en marcha.
—Yo creo, señorita magia, que tú quieres que yo sea Ron porque Hermione ha estado eternamente enamorada de él.
—¡Ja! —dijo ella haciéndose la ofendida —Ya quisieras tú, tonto.
—Es Ronald el que babea por Hermione…
—No sé como demonios terminamos hablando de esto —rió él.
—Tampoco yo —le dijo —Pero aun así no vas a salvarte de comprarme mis palomitas de maiz

CAPITULO 32

Tramposas.

GIMENA miró a LALI y esta asintió levemente con la cabeza mientras se metía un poco de ese delicioso pastel de frutilla en la boca. Era, si no se equivocaba, la segunda porción que se estaba comiendo. Y es que no podía parar. Al parecer su bebé había adquirido cierta obsesión por las frutillas. Cada vez que sus ojos veían la fruta, su estomago se retorcía por comer un po...co. Pero sabía que debía controlarse. No quería terminar como una vaca al final de su embarazo.
—Veintinueve —cantó el número GIMENA.
—¡Bingo! —exclamó la morena por quinta vez.
—No es posible —se quejó VICO mientras tiraba de mala gana sus cartones.
—Estoy segura de que hacen trampa —dijo CANDE.
—¿Qué? —inquirió LALI —Claro que no. Ustedes son unos malos perdedores.
—No, no es así —sonrió PETER —Tú eres una tramposa. Y yo sé quien es tu cómplice.
Todas las miradas viajaron hasta TGIMENA. Indignada, abrió la boca como para decir algo, pero NICO L le ganó.
—No intentes decir que no es así, mi amor —le pidió —Todos sabemos que has estado cantando los números de LALI para que ella ganara.
—Oooh, no puedo creer que sean tan malos perdedores —dijo —LALI ganó limpiamente.
—Sí, seguro —dijo PETER.
Entonces todos empezaron a reír. LALI se metió una frutilla en la boca y rió divertida. Todos la miraron en con ternura. Ella dejó de comer.
—Perdón —se disculpó al darse cuenta —Pero creo que me vuelvo muy poco civilizada cuando se tratan de frutillas. Es como si algo dentro de mí no quisiera parar de comerlas…
—Es normal en tu estado, cielo —le dijo GIMENA —Todas las embarazadas tienen un antojo. Al parecer el tuyo son las frutillas.
—Mañana voy a comprarte una bolsa enorme que vi en el supermercado —le dijo CANDE.
—Eso sería genial —aseguró la morena.
PETER que observaba como las mujeres conversaban, intercambio una mirada con su hermano menor. VICO le entregó una leve sonrisa.
—Tú y yo tenemos que hablar muy seriamente —dijo VICO.
—¿Por qué? —preguntó algo confundido.
—Porque hay algo que no le estás queriendo decir a la familia. No creas que no me doy cuenta, hermano. Que me haga el idiota, no significa que lo sea.
—No tengo idea de que demonios estás hablando…
—Ay, hermano —suspiró y apoyó la mano sobre su hombro —Algún día vas a venir y vas a decirme: ¿sabes qué? Tenías razón. Y yo te diré: te lo dije.
—Deja de confundirme —murmuró por lo bajo. Miró la hora en su reloj y se sorprendió de que ya eran pasadas las doce —Creo que debemos irnos…
Las mujeres y NICO L dejaron de hablar para mirarlo.
—¿Ya? —inquirió GIMENA.
—Sí, mamá. Es algo tarde y LALI tiene que descansar…
—Tampoco es para tanto —aseguró la morena.
—¿Recuerdas lo que dijo el médico? —le preguntó. Ella hizo una mueca pensadora.
—Sí, lo recuerdo.
—Entonces, nos vamos. Creo que hoy no hiciste nada de reposo.
—Bueno, yo…
CANDE rió levemente.
—Vete acostumbrando al lado sobreprotector de PETER. A veces es muy pesado el pobre, pero lo hace porque se preocupa de verdad.
—Que chistosa eres, sonrisita —ironizó el moreno.
—Pero ya —sonrió LALI —Tiene razón, ya es algo tarde. Y mañana será un largo día para mí…
—¿Por qué? —preguntó NICO L.
—Voy a empezar a buscar un nuevo departamento… quiero mudarme.
PETER la miró bien. ¿Qué es lo que había dicho? Sacudió la cabeza y volvió a concentrarse en ella.
—Dijiste que ibas a pensarlo —le recordó. Todos lo miraron.
LALI le entregó una sonrisa sin dientes.
—Ya lo pensé —aseguró mirándolo amenazadoramente. No quería empezar a discutir de nuevo con él frente a su familia.
—Pues… no lo pensaste demasiado, ¿no te parece?
—¿Qué te parece si lo discutimos luego, PETER? —le sonrió con tanto sarcasmo que hasta dolía.
—Bien —dijo apretando los dientes —Pero nos vamos ya. Ahora.
Los LANZANI se miraron entre sí, sin entender muy bien el motivo por el cual iban a discutir luego. LALI se puso de pie y se acercó al pequeño perchero en donde estaban sus cosas. En un absoluto silencio, PETER comenzó a ponerse su abrigo. Se miraban entre sí, desafiantes.
¿Es que acaso ella no había entendido nada de todo lo que él le había estado diciendo? Al parecer LALI ESPOSITOera más terca que una mula.
Todos caminaron en silencio hacia la puerta. PETER la abrió y luego giró para ver a su familia.
—Muchas gracias por la cena, estuvo deliciosa —les aseguró.
Se acercó a abrazar a sus padres, besó la frente de su hermana, y luego palmeó el hombro de su hermano. Salió hacia el exterior y comenzó a caminar hacia el auto.
LALI se quedó quieta observando su andar. Caminaba dando grandes zancadas, parecía molesto. Sabía que cuando estuvieran solos, discutirían. Ese hombre, al parecer, no aceptaba un NO como respuesta. Suspiró y miró al resto de los LANZANI.
—Muchas gracias por todo —les dijo —La verdad es que estaba algo aterrada de venir y… conocerlos.
—Somos una familia algo alocada, pero no mordemos, ni nada por el estilo —sonrió VICO.
—No, lo sé —sonrió LALI —Jamás creí eso, con todas las cosas maravillosas que PETER me ha dicho de ustedes, no podía imaginarlos como ‘malos’
—LALI —la llamó GIMENA —Fue un gusto enorme conocerte, cielo. Eres hermosa, en todos los sentidos.
—Tú también, GIMENA —dijo y se acercó a ella para abrazarla —PETER babea por ti cada vez que te nombra —dijo sin soltarla —Me hubiese encantado tener una madre como tú.
GIMENA se sintió emocionada y la abrazó un poco más.
—Puedes adoptarme si quieres, por aquí hay mucho espacio. Y prometo hacerte más tortas con frutillas.
—Por Dios, sí —asintió divertida. Se alejó de ella y miró a NICO L —Señor LANZANI, prometo venir a escuchar sus fantásticas historias de viajes.
—Aquí te esperamos, LALI —sonrió NICO L —Desde ahora nuestra casa, es tu casa. No lo dudes. Y por favor, no me llames señor LANZANI… me haces sentir un abuelo.
Ella sonrió y se tocó el vientre. Todos rieron. Pero entonces el sonido de una bocina llegó hasta ellos. LALI miró sobre su hombro y era PETER el que estaba haciendo aquel escándalo.
Estaba apurándola con ese infernal sonidito.
—Creo que está apurado —informó CANDE.
—Pues que espere —aseguró LALI. Se acercó a la novia de su primo y la abrazó sin dudarlo. CANDE le respondió el gesto —Mañana te llamaré para que vengas a con AGUS, así me ayudan con la mudanza.
—Claro que sí —dijo contenta.
Se alejaron y la morena miró a VICO. Este tomó su mano y la besó como cuando había llegado. LALI sonrió.
—Un placer enorme conocerte, cuñadita…
—No soy tu cuñadita —dijo ella avergonzada.
—Eso ya lo veremos —sonrió él.
—VICO, basta —dijo NICO L.
—¿Qué? —se encogió de hombros —Solo digo la verdad. Esta chica va a tener de rodillas a PETER en menos de lo que esperan. Tiene carácter, él no puede manejarla…
—Eres terrible —le aseguró la morena.
—Lo sé —sonrió orgulloso.
Los bocinazos llegaron de nuevo. LALI suspiró enojada.
—Llama cuando quieras, hija —le dijo GIMENA —Como dijo NICO L, esta ahora también es tu casa y tienes las puertas abiertas a cualquier hora y cualquier día. Cuídate mucho, y cuida a ese pedazo de cielo que llevas dentro.
Le palmeó el vientre. LALI le sonrió. Y otra vez la maldita bocina. La morena puso los ojos en blanco y tomó con firmeza su cartera. Iba a darle muchos carterazos a ese arrogante.
—Lo haré —susurró —Adiós a todos y gracias de nuevo.
Los LANZANI dijeron adiós al unísono y la vieron caminar sin prisas hacia el auto de PETER.
Ella llegó, se subió a su lado y cerró con firmaza. Miró por la ventana y vio como se cerraba la puerta de la cual acababa de salir. Y ahora que la guerra comenzara…

CAPITULO 31

Fotografías.

LALI suspiró y se acercó al viejo escritorio, para observar todas las fotos que allí había. Su mirada se posó en la primera. En ella GIMENA abrazaba a un pequeño moreno de cabellos lacios, mientras este sostenía a un bebé envuelto en una sabanita color celeste.
—Ese día fue trajeron a VICO a casa —le dijo él acercándose a ella. Se colocó a su lado. La cercanía desprend...ió calor. LALI tembló levemente —Yo tenía cinco años, y él era la cosa más pequeña y horrible que yo había visto.
—¿Horrible? —inquirió ella.
—Sí —sonrió PETER y tomó la foto para mirarla con ternura —Chace estaba completamente peladito y apenas se le notaban las cejas. Y su piel estaba tan rojiza que le pregunté a papá si lo habían metido en algún horno.
LALI rió por lo bajo, PETER imitó su acción. Dejó la foto en su lugar.
—¿Y esta? —preguntó ella tomando otra.
En la foto PETER, de unos doce o trece años, abrazaba a una pequeña CANDE, mientras que atrás estaba, seguramente PETER, tirado en el suelo riendo.
—En esa foto CANDE tenía cinco años, VICO siete y yo doce. VICO le había escondido todas sus muñecas y le había dicho que se las había comido el perro del vecino. CANDE lloró tanto que se le salieron manchas rojas en toda la piel. Papá tomó esa foto mientras yo intentaba calmarla, yVICO no dejaba de reírse.
LALI giró la cabeza para mirarlo.
—Eras un gran hermano… quiero decir, aun lo eres —él también la miró.
—Mmm, puede que sí. Sí, intenté serlo… quiero decir, intento serlo.
Ella miró su boca. Él miró su boca. La sensación de que necesitaban algo los recorrió. Volvieron a mirarse a los ojos. LALI aguantó la respiración y apartó la mirada de él rápidamente mirando otra de las fotografías.
—¿Y quienes son ellos? —preguntó. En ella se veía a una pareja que no llegaba a ser vieja, pero tampoco era joven.
—Son mis abuelos —dijo él y tomó la foto.
Hacía mucho que no veía aquella foto. Entonces miró aquellos ojos grisáceos y sintió nostalgia. Por Dios, cuanto lo extrañaba. Como necesitaba tenerlo con él para que le diera consejos sobre la futura paternidad que se le avecinaba. Como le gustaría que él estuviera allí para decirle: Óyeme, vas a ser bisabuelo.
LALI pudo notar que algo había cambiado en él al ver aquella foto. Tomó su mano y tiró de él hasta que se sentaron en la pequeña cama. PETER aun miraba fijamente la foto.
—¿Quieres contarme? —le preguntó ella. PETER tragó saliva.
—Mi abuelo Simón era un hombre tan… —se le formó un nudo en la garganta.
Hacía mucho que no hablaba con alguien sobre su abuelo. Simón LANZANI había muerto hacía tres años, luego de un largo sufrimiento. Le habían diagnosticado el mal de alzehimer. Pero la enfermedad avanzó más rápido de lo que todos esperaban. Apenas cinco años después del diagnostico, Simón se fue.
—¿Era un hombre tan…? —insistió ella.
Ahora pudo notar la tristeza que él había adquirido en sus ojos. Era la primera vez, desde que lo había conocido, que veía eso en él.
—Él era mi héroe —murmuró —Él me enseñó todo lo que sé sobre los autos. Mejor dicho, él me pasó su pasión por los autos…
LALI tomó su mano libre y entrelazó sus dedos.
—Lo extrañas, ¿verdad?
—Todos los días —asintió —Mis abuelos maternos viven en Irlanda, jamás tuvimos mucho contacto con ellos, los quiero, sí. Pero la relación que teníamos con mis abuelos paternos era… los amaba. Es decir, los amo. Crecí viendo a mi abuelo hablar de autos. Crecí viendo a mi abuela cantando y cocinando pasta los domingos. Ellos me daban todos los gustos. Y yo decía que cuando fuera ‘hombre’ los llevaría a navegar por el mundo.
—¿Y lo hiciste?
—No —dijo despacio —Me enfoqué tanto en mis necesidades, que… lo dejé pasar. Un día fui a verlos a su casa, para contarle al abuelo que había conseguido un nuevo taller y que teníamos más clientes. Cuando llegué la abuela me abrió la puerta, y estaba llorando. Me dijo que el abuelo se había despertado muy raro, que decía no saber donde estaba, ni quien era ella o él, que le dolía la cabeza. Entré corriendo a buscarlo y estaba sentado en su cama, con la mirada fija en la nada…
—¿Abuelo?
Él ni siquiera se giró a mirarlo. PETER se acercó con cuidado a la cama. Se sentó a su lado y tomó su mano. Simón no se movió. Pero entonces giró lentamente la cabeza para mirarlo. Sus ojos grises estaban vidriosos.
—Hola, campeón —lo saludó. PETER suspiró aliviado.
—¿Me reconoces? —le preguntó.
—¿Cómo no voy a reconocerte? —sonrió Simón —Fíjate que en el baúl del auto está tu regalo de cumpleaños.
PETER frunció el ceño.
—¿Qué?
—Feliz cumpleaños, NICO L, hijo mío, que grande estás.
—Abuelo, no soy NICO L… soy PETER, tu nieto.
Simón cerró los ojos con fuerza, como si algo le doliera. PETER tomó su rostro con ambas manos y se acercó más a él.
—Me duele mucho…
—¿Qué cosa, abuelo? ¿Qué pasa?
Simón se llevó la mano a la cabeza y se la tocó despacio. PETER lo observó detenidamente, hasta que abrió los ojos y lo miró.
—¿Quién eres tú y por qué estás en mi casa?
—Unos meses después de ese día… —habló al salir de aquel recuerdo —Nos dijeron lo que él tenía. La enfermedad avanzó sobre él como un tren… de a poco lo fue consumiendo y llevándose lo mejor de mi héroe. Cinco años después murió sin saber todo lo que significaba para mí. Murió completamente… vacío.
Sin pensárselo dos veces, LALI se acercó a él, rodeó su cuello con los brazos y lo atrajo hacia ella. PETER se encontró levantando los brazos y rodeando su pequeña cintura. Aquel abrazo era algo reconfortante. Apoyó el mentón en su delicado hombro y por alguna extraña razón disfrutó demasiado de su cercanía. Disfrutó de aquel consuelo.
—Estoy completamente segura de que tu abuelo sí sabía todo lo que significaba para ti. Y también estoy segura de que tenía sus recuerdos cuando se fue… Y ahora él te cuida y está muy orgulloso de ti… de la gran persona que eres.
Un escalofrío bajó por la espalda de PETER cuando ella le acarició la misma consoladoramente.
¿Qué era lo que estaba pasando allí? ¿Qué estaba pasando entre ellos?
Nada, no pasa nada. NADA.
Pensó él. Se alejó de ella con cuidado, muy a su pesar, porque quería seguir abrazándola, y la miró a los ojos.
—Gracias —le dijo. LALI tenía la mirada algo vidriosa.
Ellos dos eran tan diferentes. Mientras él lloraba y sufría la muerte de su abuelo. Ella se había sentido alegre sobre la noticia de que el suyo iba a morir pronto. ¿Era malo aquello? Seguramente sí.
—No… no es nada —logró hablar y acomodó su garganta. Un nudo se había formado en su interior, tenía ganas de llorar.
—Oye, bonita —la calmó él —No llores —tomó su rostro con ambas manos e hizo pequeños círculos con sus pulgares sobre sus mejillas —No soporto verte llorar, me haces doler el pecho…
—Lo… lo siento.
—LALI, no me pidas perdón, por favor. Me haces sentir un estúpido…
Ella soltó una pequeña risita, mezcla de angustia y diversión.
—¿Tengo que pedirte perdón por eso también?
—No, si lo haces tendré que castigarte.
LALI arqueó una ceja y se sorbió la nariz como si de una niña se tratara. Lo miró fijo a los ojos. Otra vez él estaba cerca. Pero ahora no se sentía nerviosa. Solo curiosa.
—¿Y como sería eso? —quiso saber.
La comisura derecha de los labios masculinos subió un poco. Aquella era una típica sonrisa de galán haciéndose el matador. Ella tuvo ganas de besar aquella esquina egocéntrica.
—Ya sabes… a las niñas, para mantenerlas a raya, hay que darles unas tres o cuatro nalgadas…
—¿Nalgadas?
—Una zurra… así se le dice en forma vulgar, ¿entiendes?
El calor llegó rápidamente a las mejillas de la morena, al comprender lo que él quería decir. El muy maldito estaba hablando de la noche que pasaron juntos. Sí, a ella le habían gustado aquellas… traviesas nalgadas.
Más que nerviosa se alejó de aquel círculo de intimidad y acomodó su garganta exageradamente. ¡Diablos! En ese momento deseaba haber recibido la carta de aceptación de Hogwarts, para poder realizar algún hechizo que la hiciera desaparecer. Maldita sea que odiaba ser una simple muggle, sangre sucia.
PETER se pasó la mano por la boca varias veces para evitar echarse a reír. La había incomodado, claro que sí. No lo había hecho apropósito. Es más, ni siquiera se había dado cuenta, hasta que ella se había puesto colorada. Le gustaba el modo en que LALI hacía obvia su vergüenza, a través de aquellas lindas mejillas.
—¿Y tu abuela? —preguntó ella para romper el silencio y cambiar el tema.
—Mi abuela Kate —sonrió —Es una mujer luchadora que ama vivir. Mi abuelo la amó mucho, y con mucha razón. Ella era la esposa que todo hombre quiere encontrar en su vida. Una excelente mujer, una excelente madre, una excelente compañera de vida. Ahora está viviendo en un lugar para ancianos. Quisimos traerla a vivir aquí luego de que el abuelo murió, pero ella se negó, diciendo que necesitaba estar con gente de su ‘onda’
—Se ve encantadora —sonrió LALI.
—Lo es —asintió él. Miró la hora sobre la pared —Creo que va a ser mejor que bajemos… aquellos pueden llegar a mal interpretar nuestra tardanza.
—Oh, Dios —dijo ella y se puso de pie —Vamos.
Salieron de allí y bajaron rápidamente las escaleras. Al entrar al comedor, los LANZANI dejaron de hablar. PETER los miró asesinamente.
La morena caminó en silencio hasta su lugar y se sentó con cuidado. Sonrió nerviosa y miró a GIMENA y a NICO L.
—¿Por qué tardaron tanto? —preguntó VICO. PETER, que se sentó a su lado, le dio un manotazo en la panza —Ouch… mamá, este salvaje me está pegando.
—PETER… —dijo GIMENA.
—Perdón, mami —sonrió inocente —Mano mala.
—No, pero de verdad —habló CANDE —¿Por qué tardaron tanto? Yo ya estaba por subir a buscarlos. Pensamos que se estaban matando o algo así.
—O por ahí estaban terminando lo que sin querer interrumpí —dijo sonriente el otro moreno.
—Padre, o le dices que se calle o me dejas golpearlo —dijo PETER.
—Ya basta, VICO, si sigues así, dejaré a tu hermano darte una lección.
—Me siento muy, muy desilusionado de ti, padre, muy —le aseguró.
—Ya —habló LALI —Solo me mostró su antigua habitación…
—Oh, Dios mío, PETER, ¿la llevaste a ese lugar? —dijo sin poder creerlo GIMENA. PETER se encogió de hombros —No puedo creerlo… de todos los lugares lindos que hay en la casa, ¿tenías que llevarla a esa horrenda habitación?
—Oye —se quejó él.
—La verdad es que sí es horrenda —aseguró la morena.
—Lo sé, intenté miles veces redecorarla cuando aun vivía aquí, pero… yo soy de las que creen que sus hijos deben asumir esa responsabilidad. Mejor dicho, deben poner sus propias reglas dentro de sus habitaciones. Y bueno, la dejé así porque es el recuerdo de mi bebito mayor… ahora no me atrevo a cambiar nada —miró a su hijo con los ojos llenos de amor.
—Como te amo, mamita —dijo él bobamente.
—Yo también, mi cielito lindo.
—Por Dios, ya basta —dijo VICO.
—Celoso —sonrió PETER —Lo que pasa es que mamá no te ama tanto como a mí.
—Eso no es cierto, PETER —lo retó ella —Yo amo a todos mis hijos de la misma manera.
—Mentira, ma —habló CANDE —Hazles saber de una vez a estos dos idiotas que es a mí a quien amas más de los tres…
—Ya quisieras tú, que mamá te amara más que a mí o a PETER, pero no es así, tontita.
NICO L suspiró y miró a LALI. Ella también lo miró.
—Te juro que no cambian más —le dijo él —Siempre son así… no crecen.
Ella le sonrió.
—Pero aun así, usted no quiere que cambien, ¿verdad? —le preguntó. PETER le sonrió.
—Ya empiezas a conocerme, niña, eso me agrada —aseguró.
—¡Ya dejen de pelear! —exclamó GIMENA —Por todos los cielos, son grandes. Ya no peleen por mi amor. Yo los amo a los tres por igual… quizás ahora los ame un poco menos.
—¿Qué? —dijo PETER —¿Por qué?
—Porque ahora tendré una quinta y sexta razón para amar —dijo y miró a LALI y luego a su vientre. La morena le sonrió —¿Y qué les parece si ahora jugamos un Bingo?

sábado, 16 de enero de 2016

CAPITULO 30


CAPITULO 30:
Mi antigua habitación.

Tensión. Sí, en aquella mesa. Demasiada. Ni LALI, ni él emitían palabra alguna. Solo se tiraban miradas desafiantes de vez en cuando. La morena comía despacio y con mucho cuidado. PETER se dijo que ni siquiera un pájaro podría llenarse con lo poco que ella estaba comiendo. Debería sentarla en su regazo y obligarla a comer como si de una niña rebelde que no... quiere comer sus verduras, se tratara.
¿Cómo es que habían llegado a aquella situación? No lo sabía bien. Pero lo que sí sabía era que él tenía la culpa de todo. Principalmente por casi haberla besado en la sala. Realmente estaba agradecido de que su hermano llegara para salvarlo…
LALI volvió a mirarlo, enfrentándolo una vez más. Realmente estaba confundida. Y no quería estarlo. ¿Por qué casi había permitido que la besara? ¿Por qué él casi la había besado?
Tragó el bocado en su boca. Ella no era una cualquiera, aunque él creyera lo contrario. Él tenía una pareja, y tenía que respetarla.
PETER le sostuvo la mirada todo el tiempo, esperando a que le dijera algo. Pero al parecer no iba a hacerlo.
LALI, linda, ¿pasa algo con la comida? —le preguntó GIMENA —Tal vez tengas antojo de otra cosa…
—No, GIMENA —le sonrió —Estoy bien. La comida está deliciosa.
—¿Segura? —inquirió.
—Segurísima. Solo… ¿podría ir al baño?
—Claro que sí. En el primer piso, segunda puerta a la derecha —le indicó.
—Permiso —sonrió levemente y se puso de pie.
Todos observaron como desaparecía por la puerta y escucharon como subía las escaleras. Al instante todas las miradas volvieron a él. Miradas acusadoras.
—¿Se puede saber que es lo que pasa contigo? —le preguntó CANDE.
—¿Qué? —dijo PETER encogiéndose de hombros.
—Te comportaste como todo un troglodita —aseguró GIMENA —Yo no te enseñé esas cosas, PETER.
—¿Acaso esto es un ‘todos contra PETER’? —dijo sintiéndose indignado.
—Además —habló NICO L —Me parece que algo le hiciste antes de que vinieran a cenar. Podía ver a cientos de millas lo tensa que estaba.
—¡Yo no le hice nada! —exclamó él.
—Mentiroso —lo acusó VICO.
—Tú cállate —le advirtió PETER.
—Cuando fui a buscarlos, los encontré…
—VICO… —dijo amenazadoramente.
—…a punto de besarse. En sí, era PETER el que estaba casi encima de la pobre LALI.
—Eres un maldito chismoso —aseguró mirándolo asesinamente —Ya vas a venir a buscar ayuda, no te la daré nunca más.
—Mira como tiemblo —se burló su hermano.
—PETER —lo llamó su madre —¿A qué estás jugando?
—No estoy jugando a nada, madre.
—Dijiste que no tenías nada con ella…
—¡No tengo nada con ella! —aseguró.
—¿Y por qué ibas a besarla, eh, eh? —dijo VICO.
—Es… complicado —dijo apretando los dientes.
—Está claro que aquí pasa algo —NICO L habló.
—Sí, PETER —sonrió CANDE —¿Te gusta LALI?
—Yo no… lo que pasa es que… tal vez debería… pero no, no —dijo apresuradamente. Los miembros de su familia sonrieron entre sí —¡No sonrían así! No pasa nada. LALI solo es la madre de mi hijo, nada más. Y solo quiero cuidarla y velar por su salud y la de mi hijo. ¿Quedó claro? Y más les vale mantener la boca cerrada y no decirle nada fuera de lugar, sino voy a enojarme —les aseguró —Voy a ir a buscarla.
Se puso de pie y salió de allí casi corriendo. Su familia lo volvía loco. Subió las escaleras de dos en dos, mientras pensaba qué cosas iba a decirle a LALI. En realidad no lo sabía. Pero sí sabía que tenía que aclarar el incidente de la sala. No podía haber confusiones entre ellos.
Cuando llegó al primer piso se acercó a la puerta del baño, estaba por golpear pero esta se abrió. Se encontraron de frente. Ella lo miró bien.
—¿Qué haces aquí? —le preguntó.
—Necesito que hablemos…
—¿De qué? No tenemos nada de qué hablar. Todo está bien.
—No, no está bien, LALI —negó efusivamente. Ella apartó la mirada de él. PETER soltó un lento suspiro —Ven conmigo —estiró su mano para que ella la tomara.LALI miró su mano y luego lo miró a los ojos —Por favor, solo quiero mostrarte mi antigua habitación.
—Bien —suspiró ella.
En silencio llegaron hasta la última puerta del pasillo. PETER la abrió e ingresaron. LALI entrecerró los ojos para poder ver en la oscuridad, pero al instante una luz se prendió sobre sus cabezas.
Ella observó atentamente a su alrededor. Aquel era un perfecto cuarto de hombre, pero con una horrible decoración. Había una cama de una plaza que para el gusto de la morena tenía un horrible cobertor color arena. A un costado había una especie de escritorio, que tenía de todos menos libros. Las paredes estaban pintadas de un feo, horrible y demasiado llamativo rojo. A su derecha divisó un mural lleno de posters de autos, motos, camiones, y más autos.
Las cortinas simplemente eran… lo peor que ella había visto en su vida. ¡Dios santo! Aquello era un insulto para la decoración de interiores.
—¿Y bien? —dijo él con cierto tono orgulloso —¿Qué te parece?
—¿Quieres la verdad o la mentira? —inquirió ella y lo miró sobre su hombro. Él sonrió.
—La mentira.
—¡Es encantadora! —exclamó y se acercó a la cama —Jamás en mi vida había visto un cobertor tan lindo. Me encanta la elección de los colores. Tiene tanta armonía. Simplemente es… genial.
PETER soltó una sonora carcajada. LALI se le unió sintiéndose contagiada.
—Eres muy mala, ¿lo sabías?
—¿Tú crees?
—Malísimamente mala.
—¿Y ahora quieres la verdad?
—¿Realmente? —inquirió —No.
—De todos modos voy a decírtela —sonrió con soberbia —Es una de las peores decoraciones y combinaciones que vi en mi vida…
—Oh, discúlpame, señorita tengo-tanto-gusto-para-decorar-súper-bien…
—Para tu información, señorito me-gustan-tanto-los-autos-que-tengo-una-pared-aspestada-de-maquinas-que-ni-siquiera-tienen-sentido, estudié decoración de interiores… y esto es un insulto para mis estudios. Pero ahora dime, que estoy muerta de la curiosidad. ¿Quién decoró todo eso?
PETER bajó la mirada como si de un niño que acababa de ser regañado por su padre se tratara. Ella se aguantó una sonrisa.
—Mamá nos dejaba decorar nuestros cuartos cuando cumplíamos los trece años. Y sí, fui yo el que decoró todo esto.
Ella se acercó a él y apoyó la mano sobre su hombro, en un inocente gesto de consuelo.
—Tranquilo, prometo ayudarte a tener mejores gustos.
—¿De verdad? —preguntó esperanzado.
—Sí —asintió.
—La primera chica que traje a este lugar se rió. Yo no entendía bien por qué… hasta que me di cuenta que en la puerta tenía pegado un poster de un hombre musculoso y casi desnudo. VICO lo había pegado allí para hacerme pasar vergüenza.
—Mentira —sonrió ella.
—Lo juro —dijo alzando ambas manos —Creo que ese día fue uno de los días más vergonzosos de mi vida.
—Me imagino que sí.
—Perdón por lo que pasó en la sala, LALI —dijo de repente.
Ella se sorprendió ante el brusco cambio de tema. Se puso tensa. No tenía muchas ganas de hablar sobre aquello. Principalmente porque no sabía como sentirse.
—No te preocupes más por eso, PETER, todo está bien —volvió a repetir aquellas palabras.
—Y también siento lo que pasó en la mesa. Yo… yo no quería ponerme terco, pero soy así… a veces me sale un lado algo posesivo.
—Sí —sonrió ella —Me di cuenta.
—Pero por nada del mundo quiero hacerte enojar. ¿Me perdonas?
—Sí, tonto —volvió a sonreír. Él era muy tierno —Te perdono.
 

CAPITULO 29


CAPITULO 29:
Y casi, casi es un beso.

—Déjala en paz —repuso LALI divertida, cuando CANDE ya salió completamente de la sala. PETER se giró a verla y se sentó a su lado —Tiene todo el derecho a hablar todo lo que quiera con su novio.
—Claro, eso lo dices porque no va a llamarte a ti cuando la cuenta de su celular alcance los 200 dólares, y papá se niegue a pagárselos....
LALI rió por lo bajo.
—Así que… el hijo de superman, ¿no?
—Oh, Dios, no puedo creer que te haya contado eso…
—Ya creo yo que sí. Eras un rebelde.
—No, no lo era —aseguró —Solo tenía una gran imaginación. Y me gustaba creer que yo era el hijo perdido de superman.
—Eras una cosita muy tierna…
—Aun lo soy —dijo él con aire galante. LALI lo miró entrecerrando los ojos. PETER soltó una pequeña carcajada —Bien, solo bromeo contigo. Me gusta tomarte el pelo.
—Sí, me he dado cuenta.
—¿Qué te dijo, CANDE? —preguntó cambiado radicalmente de tema.
—Solo que no estaba molesta conmigo, y que tú eras el único culpable… creo que dijo algo de idiota, pero no estoy segura.
—Espero que eso se te haya escapado…
Ella se mordió el labio para evitar sonreír y PETER miró aquel gesto que era tan común en ella.LALI buscó su mirada hasta que la encontró.
—PETER, tu madre es una mujer… —dejó de hablar al sentirse un poco ¿tonta? No sabía bien como explicarlo —Es… es hermosa. Ahora entiendo por qué sonríes como tonto cada vez que hablas de ella o de tu familia.
Él la observó atentamente.
—Te dije que venir era una gran idea —dijo y se acercó un poco más a ella.LALI dejó de respirar ante su cercanía. El moreno levantó una mano y acomodó un mechón rebelde de ella detrás de su oreja —Ahora eres parte de esta familia, ¿sabes?
—¿Si? —inquirió con voz estrangulada.
—Claro que sí —asintió hablando en un susurro —Y yo voy a cuidarte, LALI.
—PETER… —murmuró y sus ojos se volvieron cristalinos. Él estaba tan cerca que el corazón le latía con fuerza. Su respiración le caía cerca del mentón.
Él tenía que alejarse, sino estaba seguro de que iba a cometer una estupidez.
—¿Vas a dejar que te cuide? —le preguntó. Apoyó su palma contra la suave mejilla de ella. LALI asintió levemente mientras retenía las lágrimas.
—Ajá —esa fue su respuesta. PETER pudo notar las emociones que afloraban en aquellos hermosos ojos marrones. Podía ver el miedo, la inseguridad, hasta algo de alegría.
—Todo va a estar bien, morena, te lo prometo.
Entonces acercó su rostro un poco más. Los labios masculinos rozaron suavemente los femeninos. Ella dejó escapar un suave suspiro a la vez que sus ojos se cerraban.
—La comida está…
Dejó de hablar al entrar y verlos allí, uno tan cerca del otro. Ellos se alejaron rápidamente y PETER miró hacia donde estaba parado su querido hermano.
—VICO…
—Lo siento —se apresuró a decir él y rió nervioso —No pensé que estarían ‘hablando’, no quería interrumpirlos —volvió a sonreír. PETER lo miró asesinamente —Solo venía a avisarles que la cena ya está lista.
Salió al instante apenas terminó de pronunciar aquellas palabras. LALI se puso de pie y se llevó, nerviosa, la mano al pecho. Su corazón latía aceleradísimo. Sintió un pequeño calor en sus mejillas y se dio cuenta de que se había sonrojado.
—LALI, lo siento, yo…
—No pasa nada, PETER, nada —se apresuró a decir y nerviosa caminó hacia la puerta por la que se había ido VICO.
—Pero…
—Todo está bien, tranquilo —dijo sin mirarlo —Vamos a cenar.
Salió de allí dejando a PETER completamente enojado, desconcertado, apenado, enojado de nuevo. Lo que estuvo a punto de suceder en aquel cuarto fue completamente un error. ¿Qué era lo que él estaba haciendo, maldita sea?
—Soy un imbécil —dijo entre dientes.
Se puso de pie y salió de allí con la mente trabajando a mil por hora. En el living todos estaban sentados en la mesa. LALI se había sentado al lado de CANDE, mientras el único lugar libre que le quedaba a él era frente a ella. Sin decir nada caminó hacia allí y se sentó.
NICO L entró con una gran bandeja desde la cocina, y se acercó a la mesa para colocarla en el centro. LALI observó el enorme pedazo de carne que desprendía un riquísimo aroma. Pero ella no sintió hambre o ganas de comer. Se le había cerrado el estomago.
—Eso se ve delicioso, papá —dijo CANDE y miró a LALI —Te aseguro que mi padre es un gran cocinero…
—¿Y yo? —preguntó GIMENA haciendo un leve puchero.LALI sonrió.
—Claro que mamá no tiene competencia —dijo CANDE —Iba a decir eso, madre, pero me interrumpiste.
GIMENA sonrió y le pidió el plato a LALI.
—Y LAI, cuéntanos, ¿estás mejor, verdad? Nos diste un gran susto el otro día…
—¿Qué pasó el otro día? —preguntó CANDE.
NICO L la miró y se dio cuenta de que había metido la pata. Miró a PETER en busca de ayuda.
—LALI tuvo unos pequeños dolores, y tuvimos que llevarla al hospital.
—Oh, Dios santo —dijo CANDE y la miró —¿Estás bien, verdad? ¿El bebé está bien?
LALI se sintió nerviosa. Era la primera vez que se nombraba el tema del bebé tan abiertamente. Aquella familia era tan extraña.
—Sí, estamos bien —le respondió al fin —Solo fue un susto, nada más.
—Debería matarte, PETER —le aseguró a su hermano —Creo que vas a tener que hacer mucho merito para que te perdone por no haberme dicho.
—Ya, cielo —le dijo NICO L —Luego matas a tu hermano, déjame hablar con LALI. ¿Ya te hiciste una ecografía?
—Me hicieron una en el hospital para ver como estaba el bebé, pero yo no lo vi. Y no, todavía no fui al obstetra.
—¿Y cuando iras?
—Mañana —respondió PETER.
Ella lo miró por primera vez desde que él se había sentado en la mesa. Se sentía tan confundida. Quería salir corriendo de ese lugar. Quería agarrar algo y tirárselo por la cabeza, pero no estaba segura del por qué.
—¿Mañana? —inquirió GIMENA.
—Cancelé el turno de mañana —le informó.
—¿Por qué? —preguntó PETER confundido.
—Porque voy a cambiar de médico. Voy a ir con el que me recomendó el doctor Salinas.
—Pudiste haberme avisado, ¿verdad?
—¿Perdón? —dijo ella, ni que él fuera su padre.
GIMENA colocó su plato con comida frente a LALI. Miraba atenta la conversación entre ellos dos mientras seguía sirviendo.
—Sí, no me avisaste. Tal vez podrías tenerme más en cuenta la próxima vez… que yo sepa, soy el padre ¿no?
ALI lo miró con cierto odio. ¡Diablos que odiaba su lado posesivo!
—Sí, eres el padre —le contestó —Pero yo soy la madre…
—¿No pensaste que tal vez no me agrade la idea de cambiar de médico?
—No me importa si no te agrada…
—¿No? —dijo él.
—No, para nada.
—Pues debería.
—¿Por qué? —preguntó ella —No vas a ser tú el que va a tener que parir dentro de nueves meses, y quiero un buen médico que me monitoree. El doctor Salinas dijo que este médico era de su entera confianza.
—¿Y ahora resulta que el doctor Salinas lo sabe todo?
—Sí, lo sabe todo...
—Bueno —habló GIMENA calmadamente y colocó un plato con comida frente a PETER —¿Qué les parece si comemos antes de que se enfríe?
PETER y LALI se echaban chispas por los ojos.
¿Cómo es que habían llegado a ese estúpido punto de discutir por un médico frente a toda la familia de él?
Empezaron a comer. PETER miraba fijamente a LALI y ella también lo miraba a él. No se iba a dejar intimidar por esos ojos profundos que hacían que hasta el diablo temblara. No. Ya nadie iba a manejar su vida, ni sus decisiones. Ni siquiera el padre de su bebé. Y si tenía que presentarle batalla a PETER LANZANI, iba a hacerlo sin ningún problema.

viernes, 15 de enero de 2016

CAPITULO 28


CAPITULO 28:
Una conversación de hermanos

—Toc-toc —dijo él mientras entraba a la habitación de su hermana.
CANDE estaba tirada en su cama, con la mirada clavada en la ventana. PETER cerró la puerta despacio, y se acercó hasta ella. Se dejó caer a su lado....
—No quiero hablar contigo —le dijo ella cortante.
—¿Qué es lo que te molesta, CANDE? —le preguntó.
Ella se mantuvo en silencio por unos cuantos segundos, pero luego giró la cabeza para mirarlo. Él vio que sus ojos se volvían algo cristalinos.
—No confiaste en mí… —murmuró —¿Por qué no me dijiste nada? Con razón la otra vez que vino AGUS, estabas tan interesado en sacarle información sobre su prima… tenías algo con ella.
—No —suspiró PETER —Estás sacando una conclusión apresurada. La historia no es así.
—La historia no es así —repitió ella, como si estuviera indignada —¡Mamá dijo que ella está embarazada! —exclamó —Tampoco puedo creer que ella no le haya contado nada a AGUS, ¡Ayer fuimos a verla! Y dijo que tenía un simple resfriado.
—LALI no sabía que eras mi hermana cuando te conoció ayer —le dijo y la miró fijo a los ojos —Y si me dejas hablar voy a contarte como es todo realmente.
—Está bien, te escucho…
—Conocí a LALI en una fiesta hace un poco más de un mes. Fue por casualidad. Sin querer nos chocamos y luego empezamos a hablar. La invité a tomar un trago, y seguimos hablando —él comenzó a recordar ese día tan claramente, que sintió un suave calor en la boca del estomago —Seguimos tomando y tomando, y luego…
—Y luego terminaron en la casa de alguno de los dos haciendo eso —terminó ella la frase por él.
—Sí —susurró —Eso mismo.
—Es increíble —dijo CANDE —Tú jamás hiciste una cosa así. Siempre dijiste que tener sexo con alguien porque sí, no era lo tuyo…
—Por eso hermanita, nunca digas nunca —aseguró y la miró —Pero todo esto no quiere decir que LALI sea una cualquiera y…
—Lo sé —lo interrumpió con una leve sonrisa —AGUS se ha encargado de hacerme conocer a su prima perfectamente, sin conocerla en persona…
—Bien —dijo ya más tranquilo —Pasó eso y al otro día discutimos, ella me echó de su casa y no volví a verla hasta hace tres días. Nos encontramos y me soltó la noticia…
—¿Cómo fuiste capaz de no cuidarte, PETER?
—¡En ese momento pensaba en muchas cosas, menos en el cuidado! —aseguró algo nervioso y luego soltó una risita —Pero ya, no voy a seguir hablando sobre eso contigo. La cuestión es que ella ahora va a formar parte de mi vida, y también de la tuya. Vas a ser tía. LALI no es una mala persona, se merece una oportunidad.
—Yo jamás creí que fuera una mala persona, y no estoy enojada con ella, ni nada por el estilo. Era contigo la bronca. Tú eres el único culpable. Me dio rabia que no me lo contaras antes y tener que enterarme que voy a ser tía así como así.
—Bueno, tienes razón. Pero… me perdonaras, ¿verdad?
—No lo sé —dijo pensativa y luego sonrió —Claro que te perdono, tonto. Eres mi hermano mayor, aunque a veces seas un idiota, te amo.
—Yo también, sonrisita.
—¿Y MERY? —exclamó al instante —Quiero creer que ya lo sabe, ¿no?
—Emm, ese es otro temita. Aun no he podido decirle nada…
—Dios mío, PETER —dijo sin poder creerlo y luego sonrió —¿Quieres que se lo diga yo?
—CANDE —dijo en tono de advertencia. Ella rió y se puso de pie.
—No es para que te enojes, tonto. Solo estoy siendo una buena hermana, que quiere ayudar a su hermano con un problema.
—No, lo que tú quieres es ser mala con MERY.
—Bien, lo admito, sí quiero ser mala. Quiero ver su cara cuando lo sepa.
—No vas a poder verla, lo siento.
—¿Por qué? —dijo haciendo un leve puchero.
—MERY se fue por trabajo a no recuerdo bien donde. Vuelve en dos semanas.
—¿Dos semanas sin la bruja? —sonrió —Eso es genial, PETER…
—No, no lo es… aunque no lo creas, me siento pésimo. No puedo hacerle esto a ella, CANDE. MERY podrá ser todo lo que quieras. Pero no se merece que le mienta de esta manera.
CANDE dejó de sonreír y se sentó. Levantó la mano y acarició el rostro de su hermano.
—Eres tan bueno, PETER —la aseguró —Y estoy segura de que si la bruja… digo, si MERY de verdad te ama… va a perdonarte.
—¿Tú crees? —inquirió él —Si AGUS un día llegara a dejar embarazada a otra chica, ¿lo perdonarías?
Ella se quedó en silencio por unos cuantos segundos.
—Primero lo mato y luego lo perdono —le dijo. PETER rió y negó con la cabeza. Se puso de pie y le tendió la mano a su hermana.
—Vamos que deben estar esperándonos.

LALI rió divertida mientras escuchaba atenta lo que GIMENA le contaba sobre las ‘travesuras’ de PETER, cuando era un niño.
Luego de mostrarle la casa (hermosa casa), ellas dos se habían sentado en un sillón, mientras NICO L y VICO se hacían cargo de la comida. GIMENA le acercó un álbum de fotos.
—Aquí está, mira —abrió la gran carpeta y le mostró una foto.
LALI sonrió divertida al ver a un pequeño moreno de cabellos lacios, completamente desnudo salvo por una especie de capa blanca.
—Que tierno —aseguró LALI.
—Estuvo casi una semana así, diciendo que él era el hijo de superman. No había forma de sacarle aquella capa, ni tampoco de vestirlo. Salía así al patio, y hacía que nuestra vecina, una anciana muy simpática, se pusiera de todos los colores.
LALI miró fijo a GIMENA, y la observó detenidamente. Desprendía un cálido olor a rosas y madera, era como un olor a madre. Ahora entendía por qué le brillaban los ojos a PETER cada vez que hablaba de ella.
—¿Amas mucho a tus hijos, verdad? —le preguntó. GIMENA sonrió y acarició la foto.
—Son mi vida —murmuró y luego la miró. Bajó la mirada a su vientre y sin decirle nada apoyó la mano. LALI miró aquello —Y ahora tú vas a darme un regalo… maravilloso. Jamás pensé que sería tan lindo saber aquello.
—¿No te decepciona saber que… tu hijo va a tener un hijo con una… desconocida?
—LALI—sonrió GIMENA —Si hay algo que aprendí en la vida es que no puedes juzgar los actos de tus hijos, porque son tus hijos. Y no estoy decepcionada… estoy encantada contigo, pequeña —le acarició la mejilla —Eres hermosa, mírate.
—¿Qué hacen? —preguntó PETER entrando al lugar con CANDE a su lado.
LALI lo miró rápidamente y luego miró a la hermana del azulino.
—Le estaba mostrando a LALI, lo hermoso que eras de bebé —dijo GIMENA.
—Oh, no —dijo él y se acercó rápidamente a ellas, para sacarle el álbum de fotos de las manos a la morena —Mamá, ¿Por qué siempre muestras estás fotos a nuestros invitados?
—Oye, estaba mirando eso —se quejó LAI.
—Perdóname si no quiero que veas mis vergüenzas —le dijo. CANDE se acercó muy despacio y se sentó al lado de la morena. PETER miró a su madre —Mami, ¿me acompañas a ver que desastre están haciendo papá y VICO?
—Claro que sí, hijo —sonrió ella. Ambos salieron de ahí, dejándolas en un algo incomodo silencio, más que nada para LALI.
—CANDE, yo…
—Voy a ser tía —murmuró ella —No puedo creerlo.
LALI frunció el ceño, confundida. ¿No estaba molesta o quería matarla?
—¿No estás enojada? —preguntó.
—No, LALI, la cosa no era contigo —sonrió —Solo estoy atónita. O sea, eres la prima de mi novio, te conocí ayer y resulta que ahora estás embarazada de mi hermano…
—Sí, es una locura.
—¿AGUS ya lo sabe? —preguntó.
—Le conté todo hoy que vino a verme, por qué se enteró por el secándolo que hizo mi padre…
—No me dijo nada cuando lo llamé…
—Yo le pedí que no lo hiciera, espero que no te enojes con él por eso.
—Tranquila, no me enojaré —dijo divertida —Pero voy a cobrársela.
LALI rió levemente.
—Pobre de mi primito.
—¿Terminaron de hablar? —preguntó él entrando. Ambas lo miraron.
—Sí —dijo CANDE y se puso de pie —Yo voy a ir a llamar alguien.
—No hables tanto tiempo —le advirtió PETER —No pienso pagarte el teléfono esta vez…