Niña o niño.
Él apoyó las manos con fuerza sobre la mesa. Se le estaba agotando el tiempo, tenía que obtener el dinero de la forma que fuera....
Maldita era su suerte. Hasta hacía poco estaba muy seguro de que no tendría más problemas, ya que el maldito viejo estaba a punto de morir. Entonces ella hederaría todo y él podría manejarlo. Pero nada de eso había pasado. La maldita mocosa había arruinado todo. Embarazada. ¡Ella estaba embarazada! La noticia le había caído como un balde de agua fría. Con aquel pequeño bastardo en camino todos sus planes se habían ido a la basura. Ahora solo podía esperar a que ALEJO reaccionara y lo nombrará a él como heredero de todo. El maldito viejo simplemente no había dicho nada con respecto al embarazo de su nieta. Solo le dijo: hazte cargo, es tu hija.
Y ahora él tenía que andar rogando por su vida. Si el gordo Tonny (sí, muy los simpsons) no lo mataba por las deudas de juego, lo mataría el maldito dolor de cabeza que tenía. Pero pronto iba a encontrar una solución para todo.
Soltó un suspiro y tomó la copa de wishky que estaba frente a él. A veces el alcohol lo ayudaba a pensar mejor. Algo tenía que ocurrírsele…
La puerta de su despacho sonó con dos suaves golpes.
—¡No estoy para nadie! —exclamó él. La puerta se abrió de todos modos y ella se asomó con cuidado.
—Robert… —dijo en un susurro.
—¿Qué quieres, EMILIA? ¿Qué quieres? —le preguntó irritado. Tenía demasiados problemas como para tener que soportar a su esposa también.
—Quiero… quiero saber en donde está mi hija. La he llamado a su departamento, pero nadie me contesta, y su celular está apagado.
—¡No lo sé! —dijo exasperado —Y tampoco me importa. Para mí, LALI, está muerta…
—¡No digas eso! —le gritó ella. Era la primera vez que EMILIA le elevaba la voz a su marido. Tantas años viviendo como una persona sumisa… tantos. Estaba cansada.
—Escucha bien lo que te voy a decir, mujer —le dijo mientras se ponía de pie. Michelle se agitó y retrocedió algunos pasos —Olvídate de LALI, no vas a verla, ni a buscarla, ¿entendiste?
EMILIA dejó que las lágrimas llenaran sus ojos. Ella era su hija, ¿Cómo podía pedirle algo así? LALI la necesitaba, y ella lo sabía. Su instinto de madre se lo decía todos los días.
—¿Por qué odias a nuestra hija, Robert? —le preguntó. Era una pregunta que ella misma se hacía todos los días cuando despertaba —Ella… es el regalo de nuestro amor.
—Jamás te amé, EMILA. Ella solo fue un deseo de mi padre… un deseo que salió realmente mal —aseguró y se volvió a sentar. Le dio un trago a su bebida.
EMILIA sintió una presión insoportable en medio del pecho. Aquel era su límite, claro que sí. Ya no podía seguir así. Tanto daño, tanto dolor… No tenía por qué seguir así. Se paró erguidamente y levantó la barbilla.
—Quiero el divorcio —le dijo.
Robert la miró al instante. Entonces se echó a reír. EMILIA no se achicó, solo levantó más la barbilla, demostrándole que no bromeaba. Robert comenzó a calmar su risa lentamente. Se restregó los ojos y la miró de nuevo.
—La verdad, cielo, no esperaba reírme el día de hoy…
—Sigue riéndote, Robert, todo lo que quieras —le sonrió con cierto dolor en la mirada. Pero no iba a echarse atrás, no —Pero espera tranquilo el llamado de mi abogado.
Salió de allí dando un portazo. Robert LALI iba a conocer quien era ella realmente. Ya no más miedo, ya no más maltratos. Iba a asumir el control de su vida, e iba a ocuparse de su rol de madre. Era algo que tuvo que haber hecho hacía mucho tiempo. Solo que no había tenido el suficiente valor.
LALI esperó ansiosa a que PETER terminara de tragar el primer bocado. Habían estado hablando mientras ella cocinaba. En el refrigerador había encontrado un poco de carne y varias verduras. Con eso había improvisado algo. Pero sabía que por la mañana tendría que ir al súper a hacer varias compras.
—LALI —la llamó él cuando terminó de tragar. Ella lo miró alzando ambas cejas.
—¿Qué? —preguntó.
—Ya te puedes casar…
Ella frunció el ceño y luego sonrió.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Mi madre siempre dice —dejó de hablar y se limpió la boca con una servilleta. Tomó un poco de jugo y respiró —Que cuando la comida de una mujer sale deliciosa, ya está lista para casarse…
—¿Eso quiere decir que me salió rico? —inquirió.
—Delicioso, es la palabra.
La morena sonrió y se mordió levemente el labio inferior. Se sentó bien en la silla y comenzó a comer con él. El ruido de los cubiertos contra el plato, era el único sonido que vibraba por aquella cocina.
—Mi turno con el obstetra es a las tres…
—Le dejaré todo el taller a NICO —asintió él.
—Pero es tu cumpleaños —dijo.
Él la miró con la boca llena y arqueando una ceja. Terminó de masticar.
—¿Y eso que tiene que ver? —quiso saber.
—Que deberíamos hacer algo por tu cumpleaños.
Él negó con la cabeza mientras tomaba jugo. Apoyó el vaso con cuidado en la mesa y volvió al ataque de su comida.
—Nada de festejos.
—¿Por qué no? —quiso saber.
—Porque no me gustan…
—Mentira —le dijo ella. Él la miró de nuevo —Tú madre me dijo que cuando eras niños amabas festejar tus cumpleaños.
—Sí, lo acabas de decir: cuando era niño. Ahora ya no lo soy.
—Pero…
—No, LALI, dije que no. No quiero cumpleaños —la interrumpió. Ella bajó la mirada hacia su plato de comida y pinchó un trozo de carne para luego metérselo en la boca. PETER la miró atento. Tenía que cambiar de tema – Estoy bastante ansioso para que sea viernes… al fin vamos a conocerlo.
—O conocerla —dijo ella sin mirarlo. Estaba algo concentrada en sus verduras. Él sonrió.
—Va a ser niño —aseguró.
Entonces LALI dejó de mirar su comida y lo miró. ¿Por qué demonios los hombres estaban tan obsesionados con tener hijos varones? No eran mejores que las mujeres, para nada. ¿Y qué pasaba si no era niño? ¿Iba a rechazarla por eso, tal como Robert lo había hecho con ella?
De pronto se le cerró la boca del estomago y el hambre la abandonó.
PETER pudo notar el cambio que se acababa de producir en ella. ¿Había dicho algo malo?
Ella bostezó, o mejor dicho, fingió bostezar. Corrió su plato hacia un costado y se puso de pie.
—Creo que voy a darme un baño, y me iré a dormir… estoy agotada.
Caminó hacia la puerta.
—LALI… —ella se detuvo.
—¿Si?
—¿No quieres mirar una película? —preguntó. Ella lo miró bien —El sillón nuevo que pusiste en la sala parece cómodo…
—Lo es… —asintió.
—Y quedó muy bien frente a mi plasma. Tengo una colección de películas… puedes elegir la que quieras y la vemos —el estomago de ella gruñó. PETER sonrió —Tal vez tú ya no tengas hambre. Pero me parece que peque si lo tiene…
—¿Peque? —inquirió ella.
—Sí, decidí decirle así hasta que tengamos un nombre.
—Estoy empezando a odiarte, ¿sabes? —le dijo ella.
Se sentía indignada con ese hombre. Pero, ¿Quién demonios se creía que era? Estaba frustrada. Él la confundía.
PETER esbozó una pequeña sonrisa y se llevó un poco de carne a la boca.
—Lástima —se encogió de hombres y apretó los labios. La miró —Tú me caes bien…
LALI dejó escapar una sonrisa, pero sacudió la cabeza y volvió a ponerse seria.
—Bien… —dijo ella sin saber que decir.
—Entonces, ¿aceptas ver una película conmigo? —le preguntó.
—Está bien —suspiró. Volvió a sentarse para terminar de comer.
—¿Por qué te enojaste? —quiso saber él.
—Por nada —murmuró.
—Vamos, LALI, sé que te enojaste. Necesito saber por qué así no volveré a hacerlo.
—¿Por qué quieres saberlo? —preguntó ella.
—Porque eres la mami de mi peque, y creo que a peque no le gusta cuando te enojas, porque dejas de comer —le sonrió.
—PETER…
—¿Qué? —le preguntó con ternura.
—No te odio —dijo por lo bajo. Él volvió a sonreír.
—Es bueno saberlo.
Ella se removió algo nerviosa en la silla. No sabía si preguntarle o no. No sabía si quería saber su respuesta o no. Respiró profundamente.
—Si llegara a ser niña… ¿Qué sentirías? —le dijo al fin. Él no contestó al instante, solo se quedó mirándola fijamente. Ella comenzó a sentirse nerviosa.
—La verdad… no sé que sentiría,LALI—la decepción se cernió sobre ella y sus estúpidas esperanzas. Sacó su mirada de la suya —Porque no tengo con qué comparar la emoción de ser padre. Pero puedo decirte como me lo imagino… —ella volvió a mirarlo, con interés. Tal vez no iba a desilusionarse —¿Quieres saberlo?
—Sí, sí —asintió tontamente.
—No sé por qué los hombres tenemos esa idea de… el primer hijo tiene que ser un hombre. Más que nada creo que es algo… machista y estúpido. Pero no voy a mentirte. Me asusta mucho más la idea de tener una frágil y pequeña princesa, que un regordete y pequeño campeón… Sí es hombre, va a estar casi siempre debajo de tus polleras y yo voy a tener que pelear con él por un poco de tu atención. Pero si es niña… si es niña va a ser completamente mía. Me voy a enamorar de ella —su mirada estaba fija en la nada, como si se estuviera imaginando ese momento —Mucho más si sale la mitad de linda que su madre… Va a ser mi princesa. Seré el padre más… celoso, posesivo y celoso de nuevo, del mundo. Pobre del que mira a mi hija más de la cuenta. Pobre del que toque a mi hija(...)
(...)Pobre del que se atreva a besar a mi hija. Voy a tener que encerrarla en una torre, para que nadie pueda hacerle daño… jamás.
LALI se quedó sin habla. ¿Podía un hombre hacerla pasar del odio, al desconcierto y luego al asombro en menos de cinco minutos? Sí, al parecer sí.
Se tocó el vientre debajo de la mesada y encontró los latiditos. Eran acelerados como un motor sobrecargado.
—Creo que la asustaste —le dijo ella —Y ahora no quiere ser niña…
Él sonrió y se puso de pie. Juntó los platos vacíos de ambos y se dispuso a lavar todo. LALI juntó los vasos y se los alcanzó.
—Realmente, no importa lo que sea, morena —le dijo sin dejar de lavar. Ella contemplaba su perfil con interés —Siempre voy a ser su padre y siempre va a tener amor de mi parte…
—¿Lo prometes? —preguntó ella sin darse cuenta.
Por alguna razón necesitaba que él le prometiera aquello. Ella quería una garantía de amor paterno para su bebé. Jamás se perdonaría que pasara lo mismo por lo que pasó ella.
PETER terminó de lavar y la miró de costado.
—Lo prometo, bonita —dijo él.
LALI se sonrojó levemente ante el nombre cariñoso. Él no debería llamarla de aquella forma. Acomodó su garganta y terminó de secar las cosas que él había lavado.
—Bueno, ¿vemos esa película? —le preguntó ella.
—Sí —dijo y se secó las manos —¿Quieres palomitas de maíz?
—Por Dios, claro que sí —sonrió contenta —Bien… yo voy a buscar la película y voy a preparar bien el sillón, mientras tú haces las palomitas.
—Trato hecho.
LALI salió de allí y corrió hacia su habitación. Mientras lo miraba lavar los platos se le había ocurrido una gran idea para su cumpleaños. Al diablo si él no quería hacer nada… ella iba a hacerlo de todos modos. Tomó su celular buscó el número de la casa de los LANZANI. Se puso el teléfono en la oreja y esperó hasta que atendieron.
—¿Hola? —dijo ella.
—¿GIMENA? —inquirió.
—Oh, LALI, querida… ¿Cómo estás, cielo? —preguntó —¿Estás bien? ¿Te pasó algo malo? ¿Necesitas que vayamos para allá?
LALI rió por lo bajo.
—No, GIMENA, tranquila, estoy bien. Solo necesito pedirte un favor. Para mañana necesito todas las fotos y recuerdos que tengas de PETER y su abuelo Simón
viernes, 22 de enero de 2016
CAPITULO 37
Hércules.
EUGE entró en la cocina, al momento que LALI dejaba el teléfono sobre la mesada, soltando un pequeño suspiro. La rubia se acercó hasta ella y se sentó en una de las sillas.
—¿Qué? —le preguntó LALI al ver que ella no hacía nada....
—¿No quieres contarme? —dijo ella. LALI frunció el ceño.
—¿Qué cosa? —inquirió. EUGE soltó un suspiro…
—Olvídalo —murmuró.
—EUGE, si no me dices que sucede… jamás lo sabré, y no podré contarte eso que quieres que te cuente.
—¿Qué estabas haciendo? —le preguntó para cambiar de tema rápidamente.
—Oh, llamé para solicitar un turno con el obstetra… conseguí un turno para este viernes que viene…
—¿Este viernes? —dijo ella.
—Sí, este viernes…
—El viernes es el cumpleaños de PETER…
—¿Qué? —dijo ella abriendo bien los ojos.
—Sí, es 12 de Enero… cumpleaños de PETER…
—¿Por qué no me lo habías dicho antes? —preguntó sin poder creerlo.
—Yo no sabía que no sabías cuando era su cumpleaños —se defendió ella.
—¡Jamás se me ocurrió preguntárselo! —exclamó sintiéndose terriblemente mal por ello. ¿Cómo no le había preguntado algo tan… común?
—Tranquila, amiga, no te alteres. Según NICO, PETER jamás festeja sus cumpleaños… es como un día más para él…
—¿Por qué no festeja sus cumpleaños?
—No lo sé… solo sé que no lo hace. Su mamá ha intentado convencerlo de hacer algo en los últimos cinco años, pero él se ha negado…
—La muerte de su abuelo… —susurró ella sin mirar a su amiga.
—¿Qué? —le preguntó EUGE.
—Nada, nada —se apresuró a decir ella —¿Por qué mejor no vamos a la sala? Creo que PETER y NICO ya terminaron de recorrer todo.
—Vamos —dijo poniéndose de pie.
Salieron de la cocina y entraron a la sala, haciendo que todos se giraran a verla. LALI miró al moreno.
—¿Ya terminaron de ver todo? —le preguntó.
—Sí —dijo PETER —Y debo decirte que mi parte favorita es mi habitación…
—La verdad que me gustaría que cuando tengas tiempo le hicieras algo parecido a mi casa, LALI —le dijo NICO.
PETER lo miró asesinamente.
—Yo ya redecoré un poco la casa, amor —le dijo ella. NICO la miró y apretó los labios.
—Perdona que te diga esto cielo pero… no es como lo que ha hecho _LALI…
—¡Estupendo! —dijo la rubia —Cuando lleguemos a casa voy a desarmar todo y voy dejarlo peor que antes, para que lo arregles tú mismo.
—EUGE, que exagerada —sonrió LALI. NICO miró la hora en su reloj y se sobresaltó.
—Oh, por Dios —dijo y buscó rápidamente su abrigo —Debemos irnos, mi amor… mi hijo llegara muy pronto a casa.
LALI miró rápidamente a su mejor amiga. ¿NICO tenía un hijo? La rubia soltó un largo suspiro y también la miró.
—Está hablando de un mugroso perro —le contó.
—Que no es mugroso, EUGE —se quejó él —Y Vamos ya porque van a llegar y nosotros no vamos a estar allí.
—Pues yo te dije que no lo quería en mi casa…
—¿Acaso no tienes corazón, amor mío? ¿Cómo le voy a decir que no a mi tía Marie y mi lindo Hércules? —le preguntó. Miró a LALI —Él era mi perro cuando yo todavía vivía con mis padres, pero tuve que dárselo a mi tía al mudarme a la cuidad… no podía estar todo el día solo. Y ahora mi tía tiene que irse de viaje… y me pidió que me lo quedara.
—Pero yo no quiero a un pulgoso en casa —dijo la rubia.
—Ya lo discutimos ayer, cariño —dijo él algo cansado —No vamos a empezar de nuevo ¿o si?
—Lo discutimos ayer, claro que sí… pero no tuviste en cuenta lo que yo quería y le dijiste a tu tía que lo trajera igual.
—Serán solo un par de días, amor…
—Sí, ya lo creo —dijo irritada. LALI sonrió por lo bajo.
—Bueno, ya que ustedes dos se van… nosotros también —dijo NICO L —Tenemos que ir a hacer varias cosas en casa, familia.
—Conmigo no cuentes padre —dijo VICO —Estoy destruido y tengo una cita.
Todos comenzaron a hablar a la vez y a colocarse sus abrigos. LALI miró a su mejor amiga.
—No seas tan dura con NICO , y dale una oportunidad a Hércules —le dijo.
—No serás tú la que va a tener que juntar pelo de perro cada dos segundos…
—Yo creo que vas a terminar tomándole cariño —sonrió —Ya verás.
—Ojala que sí, amiga.
Juntos caminaron hacia la puerta. Se despidieron con besos, abrazos y agitadas de manos, y luego todos bajaron por las escaleras.
LALI cerró la puerta con cuidad y soltó un suspiro antes de girar y encontrarse sola con PETER en aquella enorme habitación. Se tensó un poco.
—Al fin se fueron —sonrió él.
—Que malo eres —dijo ella y acomodó su garganta —No estaban molestando.
—Claro que no —le dijo —Pero necesitaba un poco de paz… hablan demasiado.
—Sí, tienes razón —asintió —¿Por qué no me dijiste que este viernes es tu cumpleaños?
Él alzó ambas cejas y luego le sonrió.
—¿Ya es mi cumpleaños? —preguntó y respiró profundamente —Ni yo me acordaba de que era mi cumpleaños…
—Me lo dijo EUGE.
—Bueno, no es nada importante.
—El viernes tengo turno para mi primera ecografía… —le contó. Él la miró fijo y volvió a sonreír lentamente.
—¿En serio?
—Ajá —asintió ella algo tímida —¿Vas a venir?
—LALI… no me lo perdería por nada del mundo.
—Estoy nerviosa —le contó.
Él se acercó a ella despacio, se detuvo a unos pocos pasos. Levantó la mano y acomodó un mechón rebelde detrás de su oreja.
—No lo estés… yo voy a estar ahí contigo —le dijo. El estomago de ella gruñó —Mmm, me parece que tenemos hambre —ella sonrió —¿Quieres que cocine algo?
—No, esta vez cocinaré yo…
EUGE entró en la cocina, al momento que LALI dejaba el teléfono sobre la mesada, soltando un pequeño suspiro. La rubia se acercó hasta ella y se sentó en una de las sillas.
—¿Qué? —le preguntó LALI al ver que ella no hacía nada....
—¿No quieres contarme? —dijo ella. LALI frunció el ceño.
—¿Qué cosa? —inquirió. EUGE soltó un suspiro…
—Olvídalo —murmuró.
—EUGE, si no me dices que sucede… jamás lo sabré, y no podré contarte eso que quieres que te cuente.
—¿Qué estabas haciendo? —le preguntó para cambiar de tema rápidamente.
—Oh, llamé para solicitar un turno con el obstetra… conseguí un turno para este viernes que viene…
—¿Este viernes? —dijo ella.
—Sí, este viernes…
—El viernes es el cumpleaños de PETER…
—¿Qué? —dijo ella abriendo bien los ojos.
—Sí, es 12 de Enero… cumpleaños de PETER…
—¿Por qué no me lo habías dicho antes? —preguntó sin poder creerlo.
—Yo no sabía que no sabías cuando era su cumpleaños —se defendió ella.
—¡Jamás se me ocurrió preguntárselo! —exclamó sintiéndose terriblemente mal por ello. ¿Cómo no le había preguntado algo tan… común?
—Tranquila, amiga, no te alteres. Según NICO, PETER jamás festeja sus cumpleaños… es como un día más para él…
—¿Por qué no festeja sus cumpleaños?
—No lo sé… solo sé que no lo hace. Su mamá ha intentado convencerlo de hacer algo en los últimos cinco años, pero él se ha negado…
—La muerte de su abuelo… —susurró ella sin mirar a su amiga.
—¿Qué? —le preguntó EUGE.
—Nada, nada —se apresuró a decir ella —¿Por qué mejor no vamos a la sala? Creo que PETER y NICO ya terminaron de recorrer todo.
—Vamos —dijo poniéndose de pie.
Salieron de la cocina y entraron a la sala, haciendo que todos se giraran a verla. LALI miró al moreno.
—¿Ya terminaron de ver todo? —le preguntó.
—Sí —dijo PETER —Y debo decirte que mi parte favorita es mi habitación…
—La verdad que me gustaría que cuando tengas tiempo le hicieras algo parecido a mi casa, LALI —le dijo NICO.
PETER lo miró asesinamente.
—Yo ya redecoré un poco la casa, amor —le dijo ella. NICO la miró y apretó los labios.
—Perdona que te diga esto cielo pero… no es como lo que ha hecho _LALI…
—¡Estupendo! —dijo la rubia —Cuando lleguemos a casa voy a desarmar todo y voy dejarlo peor que antes, para que lo arregles tú mismo.
—EUGE, que exagerada —sonrió LALI. NICO miró la hora en su reloj y se sobresaltó.
—Oh, por Dios —dijo y buscó rápidamente su abrigo —Debemos irnos, mi amor… mi hijo llegara muy pronto a casa.
LALI miró rápidamente a su mejor amiga. ¿NICO tenía un hijo? La rubia soltó un largo suspiro y también la miró.
—Está hablando de un mugroso perro —le contó.
—Que no es mugroso, EUGE —se quejó él —Y Vamos ya porque van a llegar y nosotros no vamos a estar allí.
—Pues yo te dije que no lo quería en mi casa…
—¿Acaso no tienes corazón, amor mío? ¿Cómo le voy a decir que no a mi tía Marie y mi lindo Hércules? —le preguntó. Miró a LALI —Él era mi perro cuando yo todavía vivía con mis padres, pero tuve que dárselo a mi tía al mudarme a la cuidad… no podía estar todo el día solo. Y ahora mi tía tiene que irse de viaje… y me pidió que me lo quedara.
—Pero yo no quiero a un pulgoso en casa —dijo la rubia.
—Ya lo discutimos ayer, cariño —dijo él algo cansado —No vamos a empezar de nuevo ¿o si?
—Lo discutimos ayer, claro que sí… pero no tuviste en cuenta lo que yo quería y le dijiste a tu tía que lo trajera igual.
—Serán solo un par de días, amor…
—Sí, ya lo creo —dijo irritada. LALI sonrió por lo bajo.
—Bueno, ya que ustedes dos se van… nosotros también —dijo NICO L —Tenemos que ir a hacer varias cosas en casa, familia.
—Conmigo no cuentes padre —dijo VICO —Estoy destruido y tengo una cita.
Todos comenzaron a hablar a la vez y a colocarse sus abrigos. LALI miró a su mejor amiga.
—No seas tan dura con NICO , y dale una oportunidad a Hércules —le dijo.
—No serás tú la que va a tener que juntar pelo de perro cada dos segundos…
—Yo creo que vas a terminar tomándole cariño —sonrió —Ya verás.
—Ojala que sí, amiga.
Juntos caminaron hacia la puerta. Se despidieron con besos, abrazos y agitadas de manos, y luego todos bajaron por las escaleras.
LALI cerró la puerta con cuidad y soltó un suspiro antes de girar y encontrarse sola con PETER en aquella enorme habitación. Se tensó un poco.
—Al fin se fueron —sonrió él.
—Que malo eres —dijo ella y acomodó su garganta —No estaban molestando.
—Claro que no —le dijo —Pero necesitaba un poco de paz… hablan demasiado.
—Sí, tienes razón —asintió —¿Por qué no me dijiste que este viernes es tu cumpleaños?
Él alzó ambas cejas y luego le sonrió.
—¿Ya es mi cumpleaños? —preguntó y respiró profundamente —Ni yo me acordaba de que era mi cumpleaños…
—Me lo dijo EUGE.
—Bueno, no es nada importante.
—El viernes tengo turno para mi primera ecografía… —le contó. Él la miró fijo y volvió a sonreír lentamente.
—¿En serio?
—Ajá —asintió ella algo tímida —¿Vas a venir?
—LALI… no me lo perdería por nada del mundo.
—Estoy nerviosa —le contó.
Él se acercó a ella despacio, se detuvo a unos pocos pasos. Levantó la mano y acomodó un mechón rebelde detrás de su oreja.
—No lo estés… yo voy a estar ahí contigo —le dijo. El estomago de ella gruñó —Mmm, me parece que tenemos hambre —ella sonrió —¿Quieres que cocine algo?
—No, esta vez cocinaré yo…
jueves, 21 de enero de 2016
CAPITULO 36
PETER miró a su padre, para tratar de descubrir cual era su jugada, pero NICO L tenía una buena cara de poker.
—¿Alguien da más? —preguntó NICO al levantar su última carta.
—Pongo diez dólares más —dijo NICO L.
—Yo cinco… —PETER colocó el billete en medio de la mesa.
—Yo me bajo —dijo RIERA. ...
—Que gallina —sonrió PETER.
—Solo voy a lo seguro —le aseguró su amigo.
—Bien, PETER, tira tú primero, hijo…
PETER sonrió orgulloso de sí mismo y enseñó su jugada.
—En tu cara, padre, tengo cuatro ases…
Iba a tomar todo el dinero que allí había, pero NICO L lo detuvo colocando su mano sobre la de él. PETER lo miró fijo a los ojos.
—¿Por qué cantas victoria? —le preguntó —Toma esto, hijo… tengo flor corrida.
—¡Diablos! —exclamó él.
—¡Ja! Dijo NICO —te dije que yo iba a lo seguro.
Los tres escucharon un gran ruido proveniente del primer piso.
—Dios santo, ¿Qué le estarán haciendo a mi casa?
LALI, EUGE, CANDE, GIMENA, VICO y AGUS, llevaban allí arriba más de unas dos horas. La morena le había prohibido a Zayn subir hasta que todo estuviera listo.NICO se quedó para terminar un arreglo de auto y NICO L se quedó con la excusa de que estaba algo cansado y de qué le iba a hacer compañía a su hijo mayor.
Así que las mujeres habían arrastrado a los dos jóvenes que quedaban disponibles, escaleras arriba, para mover todos los muebles.
—Creo que la están tirando abajo —dijo Ni.
—Ahora estoy un poco asustado… no creo que haya sido tan buena idea decir: puedes hacerle lo que quieras a mi casa.
—¿Le dijiste eso? —preguntó su padre sin poder creerlo.
—¿Acaso no sabes que eso es lo peor que puedes decirle a una mujer? —dijo NICO.
—Imagínate si la vuelve una casa de muñecas…
PETER se quedó callado durante varios segundos, analizando aquello. Él había visto como era la casa de LALI, y para nada era una casa de muñecas. Simplemente era acogedora y armoniosa y combinable.
—Ay, hermano —suspiró NICOl —Creo que te haz metido en un buen lío…
—¿Eso crees, NICOl? —dijo GIMENA entrando por la puerta. Los tres se giraron a verla.
—¿Ya terminaron? —preguntó PETER mientras se ponía de pie. Simplemente ahora le había entrado la súper curiosidad.
—Ya casi —sonrió su madre.
—¿Y cómo quedó todo? —quiso saber.
—Ya lo verás, entusiasmado —dijo divertida y le acarició el rostro.
Un celular comenzó a sonar. PETER miró a su alrededor para ver que era el suyo. Se acercó a la mesa y lo tomó.
MERY, llamando…
Un nudo se instaló en medio de su estomago. Se había olvidado de que tenía que llamarla hoy. Respiró profundamente.
—Por favor, no hagan ruidos —pidió antes de contestar —Hola, linda…
—Hola, cielo —dijo ella —¿Cómo estás?
—Muy bien, ¿y tú? —preguntó.
—Cansada —suspiró —Las juntas y reuniones me tienen como loca…
—Me imagino que si, amor… ¿Cuándo vuelves?
—Aun no lo sé —contestó —Ronald no me ha dicho nada aun…
—Me avisas bien cuando te lo diga, ¿si?
—Ajá —volvió a suspirar —Te extraño…
El nudo se hizo más pesado en él. Iba a decírselo, pero se lo pensó mejor. ¿Qué clase de persona le diría a su novia: cariño, dejé embarazada a otra mujer, por teléfono? Solo un idiota sin corazón, claro que sí.
—Y yo a ti —suspiró —Cariño, debo colgar… tengo gente.
—Esta bien, hermoso —dijo —Hablamos mañana… te amo.
—Y yo… —susurró.
Apretó el botón rojo de su celular y respiró profundamente. No podía sentirse peor, porque aquello no podía ser peor. Giró y se quedó quieto al ver como sus padres y mejor amigo lo miraban en silencio.
—Era MERY, ¿verdad? —preguntó GIMENA.
—Sí —asintió —Quería saber como estaba…
—¿Cuándo vuelve? —preguntó David.
—Aun no lo sabe…
—Y cuando vuelva… esto nos va a explotar en la cara —aseguró NICO.
LALI miró con orgullo a su alrededor. Aquella casa ahora sí que era una linda casa. Cuando había entrado la primera vez, hacía solo un par de horas, se había dado cuenta del verdadero poco sentido de la decoración que PETER tenía. Simplemente aquella casa estaba completamente desamueblada, para el gran tamaño que tenía. Y casi ningún mueble quedaba bien en la forma y lugar en el que estaba puesto.
—Esto quedó increíble —dijo CANDE.
—¿Lo crees? —preguntó LALI mientras se paraba a su lado.
—Claro que sí —asintió —Esta casa jamás se vio mejor… PETER va a quedar impresionado.
La morena esperaba que eso fuera así. Por alguna tonta razón lo único que le importaba era la opinión del moreno. Si él lo aprobaba entonces ella estaría completamente feliz.
Y si no… le echaría la culpa a él mismo por haberle dicho: puedes hacerle lo que quieras.
—Bueno, ¿hay algo más para hacer? —preguntó AGUS.
—¿Acaso queda más? —inquirió VICO —Ya no, LALI, me agotaste…abusaste de tus poderes de cuñadita y así no se puede.
Ella puso los ojos en blanco.
—Que no soy tu cuñada, VICO—le dijo —Y si sigues insistiendo con eso voy a golpearte con algo…
—Yo que tú, tomo enserio esa amenaza —le dijo EUGE —No hay nada peor que una LALI enojada, y no me quiero ni imaginar lo que es una LALI_ EMBARAZADA enojada… debe ser peor que el increíble Hulk
—Ya quisiera verla —rió él.
—Bueno, LALI —le habló EUGE —Ya todo está listo. La cocina, el baño principal, tu nueva habitación, esta sala, la biblioteca e incluso el cuarto de PETER…
—¿Entonces ya podemos traer a la bestia? —preguntó CANDE.
—No le digas así a tu hermano —rió LALI.
EUGE se acercó a la puerta y salió. Los que estaban dentro escucharon como gritaba: ¡Ya puedes subirlos, GIMENA!
La rubia volvió a entrar y se quedó quieta al ver que todos la miraban extrañados.
—No cambias más, ¿verdad, LALI? —le dijo LALI.
—¿Qué? ¿Qué hice?
—No estás en una cancha de fútbol americano para gritar de esa manera…
—Bueno —dijo poniendo los ojos en blanco —Solo fui práctica… no quería bajar.
—Tienes mejores pulmones que los de un nadador olímpico —le dijo AGUS.
—Muchas gracias —sonrió ella con orgullo.
—¡Ahí vienen! —exclamó CANDE mientras se acercaba a su novio.
Todos se pusieron uno al lado del otro, al estilo los decoradores del programa ‘Extreme makeover’
LALI movía las manos nerviosa. ¡Por Dios, sí que estaba nerviosa! Necesitaba que aquello le gustara a PETER. No sabía el por qué.
La puerta se abrió y GIMENA entró con NICO L al lado. Luego entró NICO, que miró atónito a su alrededor y al final de todo estaba PETER.
Él entró despacio, mirando atento lo que allí había. Su boca estaba levemente abierta y sus ojos como platos. Parecía impresionado.
LALI se lamió los labios, nerviosa. ¿Aquel gesto era bueno o malo? Tragó varias veces, hasta que el seco de la garganta se le fue.
—Dios mío… —dijo RIERA —¡Esto es increíble! Me siento como la gente del programa ese donde le hacen la casa en siete días y entran y ven todo PUM… totalmente cambiado.
PETER seguía caminando como estúpido, a paso lento, mirando todo detenidamente. Todas las miradas se posaron en él.
—¿Y bien, PETER? —le dijo su madre —¿Qué te parece?
LALI volvió a tragar.
—Yo… —dejó de hablar.
—¿Qué? —le preguntó la morena —¿Estás desilusionado? Quedó horrible, ¿verdad? No es lo que esperabas… ¡Bueno, lo siento! ¡Perdón! Yo no quise que…
—Me encanta —la interrumpió. Ella cerró la boca al instante.
—¿Te gusta? —preguntó algo asombrada.
Él soltó una pequeña risita y volvió a mirar a su alrededor.
—LALI… esto es… más que increíble —ella sintió que el alivio recorría su cuerpo, y se relajó por completo —Mi casa quedó como las casas esas de las revistas… es genial.
—Me alegro que te guste —musitó ella.
Él se le acercó, dejando de lado de que habían más personas allí. La miró fijo a los ojos, con una leve sonrisa en los labios. ¿Cómo no iba a gustarle? Claro que le gustaba… Sacudió la cabeza… estaba pensando en la casa, ¿verdad?
—Muchas gracias – le dijo. Ella frunció el ceño.
—¿Por qué? —preguntó divertida —Yo no he hecho casi nada… solo he dado las órdenes de los lugares… nadie me dejó levantar nada.
—Y está bien —aseguró él —Yo mismo dije que no te dejaran levantar nada… conociéndote, estoy seguro de que serías capaz de querer mover ese enorme mueble tu sola.
—Entonces —dijo por lo bajo —¿De verdad te gusta?
—Claro que sí…
EUGE acomodó su garganta y ambos la miraron. Se percataron de lo cerca que estaban y de lo bajo que estaban hablando.
—Emmm, ¿Por qué no ves el resto de la casa? —le dijo ella.
—Seguro —asintió él y se fue para dentro con NICO, siguiéndolo como un niño.
EUGE se acercó a LALI, mientras el resto de las personas comenzaban a hablar. LALI evitó la mirada de su mejor amiga.
—LALI, mírame —le ordenó ella.
—¿Qué? —dijo encogiéndose de hombros y sin mirarla.
—Que me mires —le dijo.
Entonces la miró. EUGE se quedó callada.
—Tú y yo vamos a tener una seria charla de mejores amigas —le advirtió.
—¿Qué? —exclamó —¿Por qué? ¿Qué hice?
—Por no decirme las cosas…
—¿Qué cosas?
—Ya verás, MARIANA ELIZABETH ESPOSITO ….cuando estemos solas… vas a tener que soltar la lengua…
—Pero, EUGE, no sé de que estás hablando —dijo sin entender.
—Bueno, ya lo sabrás…
Se alejó de ella dejándola totalmente desconcertada. ¿De qué cosas estaba hablando esa loca? Y después la que tenía problemas era ella verdad.
Soltó un suspiro y miró a todos.
—¿Quieren tomar algo? —les preguntó.
—Sí, LALI, vamos a traer algo… yo te ayudo —le dijo su primo.
Se acercó a ella y juntos caminaron hacia la cocina.
—¿Estas cansado? —le preguntó ella.
—No, para nada —le aseguró – Solo estoy muerto de sed… —ella abrió la heladera y sacó un par de botellas con jugo —De verdad, LALI, deberías buscarte un trabajo como decoradora de interiores… eres genial.
—¿Tú crees? —inquirió mientras comenzaba a servir.
—Déjame hablar con mamá, estoy seguro de que algo puede conseguirte. Sus amigas siempre están queriendo redecorar todo…
—Eso sería estupendo, primito.
Su panza gruñó del hambre, ella sonrió. Era hora de comer algo. Tanto ella como su bebé estaban famélicos. Abrió de nuevo la heladera y buscó un par de frutillas que CANDE le había traído. Entonces lo recordó. Todavía no había sacado turno con el nuevo obstetra… y el tiempo seguía pasando. Y si no se equivocaba el viernes próximo ella cumpliría dos meses de embarazo.
Miró la hora en el reloj de pared de la cocina… Ya era algo tarde, pero no perdería nada con intentar llamar y conseguir un turno.
Sí, eso iba a hacer ahora mismo.
—¿Alguien da más? —preguntó NICO al levantar su última carta.
—Pongo diez dólares más —dijo NICO L.
—Yo cinco… —PETER colocó el billete en medio de la mesa.
—Yo me bajo —dijo RIERA. ...
—Que gallina —sonrió PETER.
—Solo voy a lo seguro —le aseguró su amigo.
—Bien, PETER, tira tú primero, hijo…
PETER sonrió orgulloso de sí mismo y enseñó su jugada.
—En tu cara, padre, tengo cuatro ases…
Iba a tomar todo el dinero que allí había, pero NICO L lo detuvo colocando su mano sobre la de él. PETER lo miró fijo a los ojos.
—¿Por qué cantas victoria? —le preguntó —Toma esto, hijo… tengo flor corrida.
—¡Diablos! —exclamó él.
—¡Ja! Dijo NICO —te dije que yo iba a lo seguro.
Los tres escucharon un gran ruido proveniente del primer piso.
—Dios santo, ¿Qué le estarán haciendo a mi casa?
LALI, EUGE, CANDE, GIMENA, VICO y AGUS, llevaban allí arriba más de unas dos horas. La morena le había prohibido a Zayn subir hasta que todo estuviera listo.NICO se quedó para terminar un arreglo de auto y NICO L se quedó con la excusa de que estaba algo cansado y de qué le iba a hacer compañía a su hijo mayor.
Así que las mujeres habían arrastrado a los dos jóvenes que quedaban disponibles, escaleras arriba, para mover todos los muebles.
—Creo que la están tirando abajo —dijo Ni.
—Ahora estoy un poco asustado… no creo que haya sido tan buena idea decir: puedes hacerle lo que quieras a mi casa.
—¿Le dijiste eso? —preguntó su padre sin poder creerlo.
—¿Acaso no sabes que eso es lo peor que puedes decirle a una mujer? —dijo NICO.
—Imagínate si la vuelve una casa de muñecas…
PETER se quedó callado durante varios segundos, analizando aquello. Él había visto como era la casa de LALI, y para nada era una casa de muñecas. Simplemente era acogedora y armoniosa y combinable.
—Ay, hermano —suspiró NICOl —Creo que te haz metido en un buen lío…
—¿Eso crees, NICOl? —dijo GIMENA entrando por la puerta. Los tres se giraron a verla.
—¿Ya terminaron? —preguntó PETER mientras se ponía de pie. Simplemente ahora le había entrado la súper curiosidad.
—Ya casi —sonrió su madre.
—¿Y cómo quedó todo? —quiso saber.
—Ya lo verás, entusiasmado —dijo divertida y le acarició el rostro.
Un celular comenzó a sonar. PETER miró a su alrededor para ver que era el suyo. Se acercó a la mesa y lo tomó.
MERY, llamando…
Un nudo se instaló en medio de su estomago. Se había olvidado de que tenía que llamarla hoy. Respiró profundamente.
—Por favor, no hagan ruidos —pidió antes de contestar —Hola, linda…
—Hola, cielo —dijo ella —¿Cómo estás?
—Muy bien, ¿y tú? —preguntó.
—Cansada —suspiró —Las juntas y reuniones me tienen como loca…
—Me imagino que si, amor… ¿Cuándo vuelves?
—Aun no lo sé —contestó —Ronald no me ha dicho nada aun…
—Me avisas bien cuando te lo diga, ¿si?
—Ajá —volvió a suspirar —Te extraño…
El nudo se hizo más pesado en él. Iba a decírselo, pero se lo pensó mejor. ¿Qué clase de persona le diría a su novia: cariño, dejé embarazada a otra mujer, por teléfono? Solo un idiota sin corazón, claro que sí.
—Y yo a ti —suspiró —Cariño, debo colgar… tengo gente.
—Esta bien, hermoso —dijo —Hablamos mañana… te amo.
—Y yo… —susurró.
Apretó el botón rojo de su celular y respiró profundamente. No podía sentirse peor, porque aquello no podía ser peor. Giró y se quedó quieto al ver como sus padres y mejor amigo lo miraban en silencio.
—Era MERY, ¿verdad? —preguntó GIMENA.
—Sí —asintió —Quería saber como estaba…
—¿Cuándo vuelve? —preguntó David.
—Aun no lo sabe…
—Y cuando vuelva… esto nos va a explotar en la cara —aseguró NICO.
LALI miró con orgullo a su alrededor. Aquella casa ahora sí que era una linda casa. Cuando había entrado la primera vez, hacía solo un par de horas, se había dado cuenta del verdadero poco sentido de la decoración que PETER tenía. Simplemente aquella casa estaba completamente desamueblada, para el gran tamaño que tenía. Y casi ningún mueble quedaba bien en la forma y lugar en el que estaba puesto.
—Esto quedó increíble —dijo CANDE.
—¿Lo crees? —preguntó LALI mientras se paraba a su lado.
—Claro que sí —asintió —Esta casa jamás se vio mejor… PETER va a quedar impresionado.
La morena esperaba que eso fuera así. Por alguna tonta razón lo único que le importaba era la opinión del moreno. Si él lo aprobaba entonces ella estaría completamente feliz.
Y si no… le echaría la culpa a él mismo por haberle dicho: puedes hacerle lo que quieras.
—Bueno, ¿hay algo más para hacer? —preguntó AGUS.
—¿Acaso queda más? —inquirió VICO —Ya no, LALI, me agotaste…abusaste de tus poderes de cuñadita y así no se puede.
Ella puso los ojos en blanco.
—Que no soy tu cuñada, VICO—le dijo —Y si sigues insistiendo con eso voy a golpearte con algo…
—Yo que tú, tomo enserio esa amenaza —le dijo EUGE —No hay nada peor que una LALI enojada, y no me quiero ni imaginar lo que es una LALI_ EMBARAZADA enojada… debe ser peor que el increíble Hulk
—Ya quisiera verla —rió él.
—Bueno, LALI —le habló EUGE —Ya todo está listo. La cocina, el baño principal, tu nueva habitación, esta sala, la biblioteca e incluso el cuarto de PETER…
—¿Entonces ya podemos traer a la bestia? —preguntó CANDE.
—No le digas así a tu hermano —rió LALI.
EUGE se acercó a la puerta y salió. Los que estaban dentro escucharon como gritaba: ¡Ya puedes subirlos, GIMENA!
La rubia volvió a entrar y se quedó quieta al ver que todos la miraban extrañados.
—No cambias más, ¿verdad, LALI? —le dijo LALI.
—¿Qué? ¿Qué hice?
—No estás en una cancha de fútbol americano para gritar de esa manera…
—Bueno —dijo poniendo los ojos en blanco —Solo fui práctica… no quería bajar.
—Tienes mejores pulmones que los de un nadador olímpico —le dijo AGUS.
—Muchas gracias —sonrió ella con orgullo.
—¡Ahí vienen! —exclamó CANDE mientras se acercaba a su novio.
Todos se pusieron uno al lado del otro, al estilo los decoradores del programa ‘Extreme makeover’
LALI movía las manos nerviosa. ¡Por Dios, sí que estaba nerviosa! Necesitaba que aquello le gustara a PETER. No sabía el por qué.
La puerta se abrió y GIMENA entró con NICO L al lado. Luego entró NICO, que miró atónito a su alrededor y al final de todo estaba PETER.
Él entró despacio, mirando atento lo que allí había. Su boca estaba levemente abierta y sus ojos como platos. Parecía impresionado.
LALI se lamió los labios, nerviosa. ¿Aquel gesto era bueno o malo? Tragó varias veces, hasta que el seco de la garganta se le fue.
—Dios mío… —dijo RIERA —¡Esto es increíble! Me siento como la gente del programa ese donde le hacen la casa en siete días y entran y ven todo PUM… totalmente cambiado.
PETER seguía caminando como estúpido, a paso lento, mirando todo detenidamente. Todas las miradas se posaron en él.
—¿Y bien, PETER? —le dijo su madre —¿Qué te parece?
LALI volvió a tragar.
—Yo… —dejó de hablar.
—¿Qué? —le preguntó la morena —¿Estás desilusionado? Quedó horrible, ¿verdad? No es lo que esperabas… ¡Bueno, lo siento! ¡Perdón! Yo no quise que…
—Me encanta —la interrumpió. Ella cerró la boca al instante.
—¿Te gusta? —preguntó algo asombrada.
Él soltó una pequeña risita y volvió a mirar a su alrededor.
—LALI… esto es… más que increíble —ella sintió que el alivio recorría su cuerpo, y se relajó por completo —Mi casa quedó como las casas esas de las revistas… es genial.
—Me alegro que te guste —musitó ella.
Él se le acercó, dejando de lado de que habían más personas allí. La miró fijo a los ojos, con una leve sonrisa en los labios. ¿Cómo no iba a gustarle? Claro que le gustaba… Sacudió la cabeza… estaba pensando en la casa, ¿verdad?
—Muchas gracias – le dijo. Ella frunció el ceño.
—¿Por qué? —preguntó divertida —Yo no he hecho casi nada… solo he dado las órdenes de los lugares… nadie me dejó levantar nada.
—Y está bien —aseguró él —Yo mismo dije que no te dejaran levantar nada… conociéndote, estoy seguro de que serías capaz de querer mover ese enorme mueble tu sola.
—Entonces —dijo por lo bajo —¿De verdad te gusta?
—Claro que sí…
EUGE acomodó su garganta y ambos la miraron. Se percataron de lo cerca que estaban y de lo bajo que estaban hablando.
—Emmm, ¿Por qué no ves el resto de la casa? —le dijo ella.
—Seguro —asintió él y se fue para dentro con NICO, siguiéndolo como un niño.
EUGE se acercó a LALI, mientras el resto de las personas comenzaban a hablar. LALI evitó la mirada de su mejor amiga.
—LALI, mírame —le ordenó ella.
—¿Qué? —dijo encogiéndose de hombros y sin mirarla.
—Que me mires —le dijo.
Entonces la miró. EUGE se quedó callada.
—Tú y yo vamos a tener una seria charla de mejores amigas —le advirtió.
—¿Qué? —exclamó —¿Por qué? ¿Qué hice?
—Por no decirme las cosas…
—¿Qué cosas?
—Ya verás, MARIANA ELIZABETH ESPOSITO ….cuando estemos solas… vas a tener que soltar la lengua…
—Pero, EUGE, no sé de que estás hablando —dijo sin entender.
—Bueno, ya lo sabrás…
Se alejó de ella dejándola totalmente desconcertada. ¿De qué cosas estaba hablando esa loca? Y después la que tenía problemas era ella verdad.
Soltó un suspiro y miró a todos.
—¿Quieren tomar algo? —les preguntó.
—Sí, LALI, vamos a traer algo… yo te ayudo —le dijo su primo.
Se acercó a ella y juntos caminaron hacia la cocina.
—¿Estas cansado? —le preguntó ella.
—No, para nada —le aseguró – Solo estoy muerto de sed… —ella abrió la heladera y sacó un par de botellas con jugo —De verdad, LALI, deberías buscarte un trabajo como decoradora de interiores… eres genial.
—¿Tú crees? —inquirió mientras comenzaba a servir.
—Déjame hablar con mamá, estoy seguro de que algo puede conseguirte. Sus amigas siempre están queriendo redecorar todo…
—Eso sería estupendo, primito.
Su panza gruñó del hambre, ella sonrió. Era hora de comer algo. Tanto ella como su bebé estaban famélicos. Abrió de nuevo la heladera y buscó un par de frutillas que CANDE le había traído. Entonces lo recordó. Todavía no había sacado turno con el nuevo obstetra… y el tiempo seguía pasando. Y si no se equivocaba el viernes próximo ella cumpliría dos meses de embarazo.
Miró la hora en el reloj de pared de la cocina… Ya era algo tarde, pero no perdería nada con intentar llamar y conseguir un turno.
Sí, eso iba a hacer ahora mismo.
miércoles, 20 de enero de 2016
CAPITULO 35
NICO miró a EUGE, quien a la vez miró a LALI, quien también miró a PETER. Este último se encogió de hombros.
—¿Qué estamos esperando? —preguntó la morena.
—Estamos esperando a que PETER diga: pasen, por favor —dijo NICO —Lo que pasa es que al muy pelmazo le da vergüenza mostrarle la casa a LALI.
—No es cierto —se defendió él —Solo quiero crear suspenso.
NICO había llegado con el camión ...de mudanzas un poco después deLALI y PETER, ya que habían tenido un pequeño percance en el camino. La morena y el moreno habían llegado al lugar y EUGE estaba en la puerta del taller. Y todavía no habían dado a la orden a los muchachos de la mudanza para que empezaran a subir las cosas.
LALI soltó un suspiro y dio unos pasos hacia la gran puerta corrediza que decía: ‘LANZANI & RIERA, taller de autos’
—¿Podemos pasar primero al taller? —preguntó ella, sintiéndose intrigada. Tenía ganas de conocer ese lugar.
—Ya sé —habló EUGE —Mientras PETER te lleva a ver el taller, Ni y yo les decimos a los hombres que suban los muebles.
PETER le tiró las llaves a NICO.
—Que lleven los muebles con cuidado —indicó LANZANI.
—Sí, abuelo —dijo NICOl mientras ponía los ojos en blanco.
PETER y LALI observaron como sus amigos se iban. Se miraron entre sí.
—El taller está un poco desordenado —le contó él.
—¿Cuándo vas a comprender que no me asusta el desorden y un poco de grasa para auto, PETER? No soy una princesa…
—Pues deberías —murmuró él entre dientes.
Caminaron tranquilos hacia la puertita blanca que les daba el paso al taller. Buscó la llave en su bolsillo y abrió. Se colocó a un lado y le dio, gentilmente, el paso a LALI. La morena se lo agradeció con un leve movimiento de cabeza e ingresó. Un particular aroma a metal, gasoil y goma le entró por la nariz. Para su suerte, aquello no le provocó nauseas. No tenía ganas de salir corriendo a vomitar.
Todo estaba levemente iluminado por una pequeña ventana, que dejaba entrar la luz del sol. El lugar era enorme, y estaba atestado de herramientas, autos, mesas, fosas y una gran plataforma para revisar ciertas partes de un auto.
De repente una luz blanca se prendió sobre su cabeza, dejándole ver todo con mayor claridad. Encantada, ella comenzó a recorrer todo. Por todos lados habían notas y papeles tirados. Ella sonrió. Se notaba que no había trabajo femenino por allí. Divisó una especie de oficina atrás de todo. Se acercó, solo para ver que estaba completamente vacía.
—¿Y bien? —preguntó PETER, quien solamente había estado parado, observando como ella curioseaba todo.
—Es enorme —dijo ella simplemente —No puedo opinar demasiado, ya que jamás estuve en un taller de autos.
—¿Jamás? —inquirió sorprendido. Ella se giro a verlo.
—Jamás —asintió —Pero me gusta esto. Se nota que NICO y tú aman lo que hacen. Y por eso mismo es que la gente los elige.
Ella se acercó a una de las mesas, observó detenidamente las manchas de grasa que allí había, un par de números telefónicos anotados de cualquier manera y garabatos.
—Cuidado, que puedes mancharte —le advirtió.
LALI sonrió por lo bajo. Entonces con uno de sus dedos tocó la grasa negra que le recordaba a cuando ella era niña y había intentado arreglar su bicicleta. Lentamente se acercó a él.
PETER la miraba con el ceño levemente fruncido.
—Ay, PETER —suspiró ella y s detuvo frente a él —¿Qué puede hacer un poco de grasa?
Levantó el dedo y sin previo aviso, le manchó la nariz. Él la miró sin poder creerlo. LALI rió divertida y se alejó rápidamente.
—¿Cómo te atreves? —exclamó él.
—Oh, vamos, no es la primera vez que te manchas con grasa de auto. Vives entre ella… es como tu mejor amiga —le dijo divertida.
—Tienes razón al decir que no es la primera vez que me mancho —dijo él y comenzó a caminar hacia ella amenazadoramente – Pero si es la primera vez que alguien me mancha…
LALI observó como él juntaba un poco de grasa con su dedo. Empezó a reír nerviosamente divertida. Se sentía como una niña, que acaba de robar caramelos del bolso de su madre.
—No te atrevas a vengarte de mí —le advirtió.
—¿Por qué no? —preguntó él mientras rodeaba la mesa, detrás de la cual ella estaba escondida.
—Porque… porque no sería justo —dudó y lentamente comenzó a caminar hacia el otro lado.
—Claro que sería justo. Ojo por ojo, diente por diente…
LALI sentía una tonta sensación en medio del estomago. Algo parecido al miedo, que se mezclaba con la diversión.
—PETER —dijo ella con tono de advertencia —¿Acaso vas a enseñarle al bebé que es bueno vengarse?
—Ese es un golpe bajo que voy a esquivar —sonrió —Mi padre nunca me dijo textualmente: PETER, debes vengarte. Pero con él aprendí que siempre es bueno tomar revancha.
Estaba a pocos pasos de atraparla. Y él estaba haciendo un gran esfuerzo por no largarse a reír como un idiota. Aquello era tan infantil, de parte de ambos. No eran niños, por Dios. Pero como le gustaba que las cosas se dieran con ese tipo de confianza entre ellos.
—Por favor, no lo hagas —rió ella.
PETER hizo un rápido movimiento y la atrapó. LALI estalló en risas en intentó ocultar su rostro contra él, pero entonces comenzó a sentir unas interminables cosquillas. Intentó alejarse de él, entonces sintió la pegajosa grasa contra su mejilla.
—Noooo —chilló divertida.
—Te… te lo mereces —dijo él algo agitado.
Ella dejó de luchar con aquel firme cuerpo. Él era muy duro para ella. Sabía que no podía derribarlo. Se quedó quieta en el cálido círculo de sus brazos, respirando agitadamente. Sonrió sin poder evitarlo al ver la mancha de grasa sobre su masculina nariz. Él no la dejó ir.
—¿Qué? —le preguntó PETER.
—Esto es gracioso…
Se miraron fijamente. Tantas diferencias tenían… pero no eran diferencias malas. Para nada. PETER miró su boca. Maldita sea que odiaba tener ganas de besarla… Respiró profundamente y pensó en MERY. Sí, tenía que pensar en ella.
Despacio soltó a la morena y se acomodó la garganta. Ella, algo nerviosa, se arregló un poco el pelo y con la mano trató de limpiarse la grasa del rostro.
—Ven… vamos a subir, tengo un pequeño ascensor, ¿sabias?
—¿En serio? —dijo curiosa mientras se acercaba a él y caminaban hacia el fondo del taller.
—Sí… casi nunca lo uso, porque prefiero subir por las escaleras. Pero como tú estás embarazada, lo mejor va a ser que uses el ascensor… siempre.
—No es broma, ¿cierto?
—¿Tengo cara de que sea una broma?
—No, no la tienes…
—Bien —sonrió con soberbia.LALI negó levemente con la cabeza.
—¿Hay alguien por aquí? —preguntó ella ingresando al taller.
Ambos se giraron a ver y la morena sonrió al ver a GIMENA, CANDE, AGUS, VICO y NICO L entrando al lugar.
—Hola —exclamó contenta y caminó hacia todos ellos.
—Hey —sonrió PETER y también se acercó —¿Qué hacen aquí?
—Mamá y CANDE nos obligaron a venir a ayudar con la mudanza —dijo VICO.
—Deja de quejarte, VICO, porque voy a castigarte —le advirtió GIMENA mientras abrazaba a LALI —¿Cómo estás, linda?
—Muy bien, ¿y tú?
—Bien, cariño. Vinimos a ayudarte… sé que la casa de mi hijo es un desastre y no queríamos dejarte sola con eso.
—Oye, estoy aquí —dijo PETER.
EUGE ingresó al taller, llegando desde las escaleras. Se detuvo al ver a todo el mundo allí.
—Refuerzos —sonrió contenta —Que genialidad, LALI y yo no íbamos a poder sola con todo ese desastre. PETER, eres horrible para las decoraciones.
—Oh, genial… ¿quieren bautizar este como el día de: defenestremos a Zayn?
—Bien —sonrió LALI—Voy a subir a ver… —miró a PETER —Tranquilo, no me asustaré. No creo que sea tan malo.
CANDE rió divertida y se acercó a ella para empezar a empujarla hacia las escaleras.
—No estés tan segura de eso
—¿Qué estamos esperando? —preguntó la morena.
—Estamos esperando a que PETER diga: pasen, por favor —dijo NICO —Lo que pasa es que al muy pelmazo le da vergüenza mostrarle la casa a LALI.
—No es cierto —se defendió él —Solo quiero crear suspenso.
NICO había llegado con el camión ...de mudanzas un poco después deLALI y PETER, ya que habían tenido un pequeño percance en el camino. La morena y el moreno habían llegado al lugar y EUGE estaba en la puerta del taller. Y todavía no habían dado a la orden a los muchachos de la mudanza para que empezaran a subir las cosas.
LALI soltó un suspiro y dio unos pasos hacia la gran puerta corrediza que decía: ‘LANZANI & RIERA, taller de autos’
—¿Podemos pasar primero al taller? —preguntó ella, sintiéndose intrigada. Tenía ganas de conocer ese lugar.
—Ya sé —habló EUGE —Mientras PETER te lleva a ver el taller, Ni y yo les decimos a los hombres que suban los muebles.
PETER le tiró las llaves a NICO.
—Que lleven los muebles con cuidado —indicó LANZANI.
—Sí, abuelo —dijo NICOl mientras ponía los ojos en blanco.
PETER y LALI observaron como sus amigos se iban. Se miraron entre sí.
—El taller está un poco desordenado —le contó él.
—¿Cuándo vas a comprender que no me asusta el desorden y un poco de grasa para auto, PETER? No soy una princesa…
—Pues deberías —murmuró él entre dientes.
Caminaron tranquilos hacia la puertita blanca que les daba el paso al taller. Buscó la llave en su bolsillo y abrió. Se colocó a un lado y le dio, gentilmente, el paso a LALI. La morena se lo agradeció con un leve movimiento de cabeza e ingresó. Un particular aroma a metal, gasoil y goma le entró por la nariz. Para su suerte, aquello no le provocó nauseas. No tenía ganas de salir corriendo a vomitar.
Todo estaba levemente iluminado por una pequeña ventana, que dejaba entrar la luz del sol. El lugar era enorme, y estaba atestado de herramientas, autos, mesas, fosas y una gran plataforma para revisar ciertas partes de un auto.
De repente una luz blanca se prendió sobre su cabeza, dejándole ver todo con mayor claridad. Encantada, ella comenzó a recorrer todo. Por todos lados habían notas y papeles tirados. Ella sonrió. Se notaba que no había trabajo femenino por allí. Divisó una especie de oficina atrás de todo. Se acercó, solo para ver que estaba completamente vacía.
—¿Y bien? —preguntó PETER, quien solamente había estado parado, observando como ella curioseaba todo.
—Es enorme —dijo ella simplemente —No puedo opinar demasiado, ya que jamás estuve en un taller de autos.
—¿Jamás? —inquirió sorprendido. Ella se giro a verlo.
—Jamás —asintió —Pero me gusta esto. Se nota que NICO y tú aman lo que hacen. Y por eso mismo es que la gente los elige.
Ella se acercó a una de las mesas, observó detenidamente las manchas de grasa que allí había, un par de números telefónicos anotados de cualquier manera y garabatos.
—Cuidado, que puedes mancharte —le advirtió.
LALI sonrió por lo bajo. Entonces con uno de sus dedos tocó la grasa negra que le recordaba a cuando ella era niña y había intentado arreglar su bicicleta. Lentamente se acercó a él.
PETER la miraba con el ceño levemente fruncido.
—Ay, PETER —suspiró ella y s detuvo frente a él —¿Qué puede hacer un poco de grasa?
Levantó el dedo y sin previo aviso, le manchó la nariz. Él la miró sin poder creerlo. LALI rió divertida y se alejó rápidamente.
—¿Cómo te atreves? —exclamó él.
—Oh, vamos, no es la primera vez que te manchas con grasa de auto. Vives entre ella… es como tu mejor amiga —le dijo divertida.
—Tienes razón al decir que no es la primera vez que me mancho —dijo él y comenzó a caminar hacia ella amenazadoramente – Pero si es la primera vez que alguien me mancha…
LALI observó como él juntaba un poco de grasa con su dedo. Empezó a reír nerviosamente divertida. Se sentía como una niña, que acaba de robar caramelos del bolso de su madre.
—No te atrevas a vengarte de mí —le advirtió.
—¿Por qué no? —preguntó él mientras rodeaba la mesa, detrás de la cual ella estaba escondida.
—Porque… porque no sería justo —dudó y lentamente comenzó a caminar hacia el otro lado.
—Claro que sería justo. Ojo por ojo, diente por diente…
LALI sentía una tonta sensación en medio del estomago. Algo parecido al miedo, que se mezclaba con la diversión.
—PETER —dijo ella con tono de advertencia —¿Acaso vas a enseñarle al bebé que es bueno vengarse?
—Ese es un golpe bajo que voy a esquivar —sonrió —Mi padre nunca me dijo textualmente: PETER, debes vengarte. Pero con él aprendí que siempre es bueno tomar revancha.
Estaba a pocos pasos de atraparla. Y él estaba haciendo un gran esfuerzo por no largarse a reír como un idiota. Aquello era tan infantil, de parte de ambos. No eran niños, por Dios. Pero como le gustaba que las cosas se dieran con ese tipo de confianza entre ellos.
—Por favor, no lo hagas —rió ella.
PETER hizo un rápido movimiento y la atrapó. LALI estalló en risas en intentó ocultar su rostro contra él, pero entonces comenzó a sentir unas interminables cosquillas. Intentó alejarse de él, entonces sintió la pegajosa grasa contra su mejilla.
—Noooo —chilló divertida.
—Te… te lo mereces —dijo él algo agitado.
Ella dejó de luchar con aquel firme cuerpo. Él era muy duro para ella. Sabía que no podía derribarlo. Se quedó quieta en el cálido círculo de sus brazos, respirando agitadamente. Sonrió sin poder evitarlo al ver la mancha de grasa sobre su masculina nariz. Él no la dejó ir.
—¿Qué? —le preguntó PETER.
—Esto es gracioso…
Se miraron fijamente. Tantas diferencias tenían… pero no eran diferencias malas. Para nada. PETER miró su boca. Maldita sea que odiaba tener ganas de besarla… Respiró profundamente y pensó en MERY. Sí, tenía que pensar en ella.
Despacio soltó a la morena y se acomodó la garganta. Ella, algo nerviosa, se arregló un poco el pelo y con la mano trató de limpiarse la grasa del rostro.
—Ven… vamos a subir, tengo un pequeño ascensor, ¿sabias?
—¿En serio? —dijo curiosa mientras se acercaba a él y caminaban hacia el fondo del taller.
—Sí… casi nunca lo uso, porque prefiero subir por las escaleras. Pero como tú estás embarazada, lo mejor va a ser que uses el ascensor… siempre.
—No es broma, ¿cierto?
—¿Tengo cara de que sea una broma?
—No, no la tienes…
—Bien —sonrió con soberbia.LALI negó levemente con la cabeza.
—¿Hay alguien por aquí? —preguntó ella ingresando al taller.
Ambos se giraron a ver y la morena sonrió al ver a GIMENA, CANDE, AGUS, VICO y NICO L entrando al lugar.
—Hola —exclamó contenta y caminó hacia todos ellos.
—Hey —sonrió PETER y también se acercó —¿Qué hacen aquí?
—Mamá y CANDE nos obligaron a venir a ayudar con la mudanza —dijo VICO.
—Deja de quejarte, VICO, porque voy a castigarte —le advirtió GIMENA mientras abrazaba a LALI —¿Cómo estás, linda?
—Muy bien, ¿y tú?
—Bien, cariño. Vinimos a ayudarte… sé que la casa de mi hijo es un desastre y no queríamos dejarte sola con eso.
—Oye, estoy aquí —dijo PETER.
EUGE ingresó al taller, llegando desde las escaleras. Se detuvo al ver a todo el mundo allí.
—Refuerzos —sonrió contenta —Que genialidad, LALI y yo no íbamos a poder sola con todo ese desastre. PETER, eres horrible para las decoraciones.
—Oh, genial… ¿quieren bautizar este como el día de: defenestremos a Zayn?
—Bien —sonrió LALI—Voy a subir a ver… —miró a PETER —Tranquilo, no me asustaré. No creo que sea tan malo.
CANDE rió divertida y se acercó a ella para empezar a empujarla hacia las escaleras.
—No estés tan segura de eso
CAPITULO 34
—¡Esa es la última! —exclamó LALI asomándose por la puerta de su futuro ex departamento.
—¿Estás segura? —le preguntó él mientras terminaba de colocar una caja dentro del ascensor. Hacía aproximadamente cinco horas que había comenzado con la mudanza.
—Sí, estoy segura —asintió.
—Bien, le bajo esto a NICO y ya subo…
LALI asintió creyendo que él la veía e ingresó al departamento. Nada quedaba d...entro de él, nada. Se veía tan enorme sin todos esos lindos muebles que ella misma había escogido y acomodado.
El día que había entrado por primera vez a ese lugar volvió a su mente. La única diferencia que había ahora es que en ese momento llegaba y ahora se iba. Se iba porque su propia familia le había dado la espalda.
Pero a pesar de todo, las cosas no estaban yendo mal. PETER y su familia la hacían sentir segura. Los LANZANI la llamaban casi todos los días para preguntarle como estaba y si necesitaba algo. También estaba su mejor amiga y su primo. Con todos ellos sabía bien que no estaba tan sola como creía.
Soltó un pequeño suspiro y comenzó a recorrer todo para cerciorarse de que no dejaba nada allí. Entró a la cocina y revisó todas las puertitas de la pared. En aquella cocina había aprendido a cocinar comida sana. Sonrió al recordar la primera vez que lo intentó y casi quemó todo por un simple huevo frito. Salió de allí y fue hacia el baño, tampoco se olivaba de nada allí. Entonces caminó lentamente a lo que había sido su habitación. Abrió la puerta y la nostalgia la invadió. Realmente le gustaba su pequeño departamento. Se sentía cómoda y contenta allí. Pero no iba a quedarse. Por nada del mundo.
Se llevó la mano al vientre. En los últimos dos días su bebé ni siquiera se había hecho notar. No tuvo nauseas, tampoco mareos y esos repentinos cambios de humor. Simplemente era como si no estuviera en cinta. Buscó aquel tranquilizador latidito hasta que lo encontró.
—¿Qué te pasa, cosita? —le preguntó —No has hecho nada en estos días, ¿estás bien?
Los latiditos se intensificaron. LALI sonrió. Jamás creyó que se podría querer a alguien que todavía no conocías. ¿Era eso a lo que llamaban amor de madre? Un amor tan ciego que todo lo perdona. Un amor que a veces se equivoca y que piensa que tiene razón cuando no es así. Un amor que se enoja dos segundos y después vuelve a amar. Volvió a sonreír.
—¿LALI? —escuchó que él la llamaba.
—Aquí estoy —le contestó.
Miró una vez más la habitación vacía y cerró la puerta. Se pasó las manos por los ojos, y caminó hacia la sala. Casi choca con PETER al doblar en la esquina.
—¿Estás bien? —le preguntó él sosteniéndola levemente de los hombros.
—Sí, estoy bien —aseguró.
—¿Segura, verdad? —insistió —Creo que estás algo pálida…
Ella sonrió y negó con la cabeza. En los últimos días había aprendido lo muy protector y algo exagerado que él era. La noche que habían ido al cine después de la casa de sus padres, casi había intentado llevarla en brazos hacia las butacas para que no bajara las escaleras. Luego, cuando ella se había puesto a llorar con la muerte del pequeño Dobby, él la había consolado diciéndole que le compraría uno parecido. Cada día que pasaba conocía más a ese hombre que a veces la hacía sentir extraña. Él era divertido y hasta dulce. Era una de las personas más sociables que ella había visto en su vida. Y al parecer le caía bien a todo el mundo.
Aun no conocía su casa, ni tampoco el taller. Pero había pasado un par de veces por lo que sería su nuevo barrio y como EUGE le había comentado todos hablaban maravillas de PETER y NICO. No solo como mecánicos, sino como personas.
—Ya deja de ser exagerado, PETER, estoy bien.
—Bueno —suspiró él y la soltó —El camión de la mudanza ya partió con NICO hacia casa. EUGE está allá esperándolo. Nosotros nos vamos en mi auto.
—Perfecto —dijo ella —Solo voy a llamar al abogado de ALEJO y para decirle que le dejo las llaves a Wolfgang.
—¿No quieres que hable yo? —preguntó.
—No, gracias, yo lo haré.
—No quiero que te pongas nerviosa, ni nada por el estilo.
—Un día voy a golpearte, ¿sabias?
Él hizo una exagerada mueca de sorpresa.
—¿Por qué? Si a mí solo me gusta cuidarte…
—Porque eres un pesado —rió.
—Malvada, ya vas a venir a rogar para que te proteja. Y ahora te espero abajo, por favor, no tardes.
—Está bien.
PETER salió del departamento y LALI oyó como bajaba las escaleras. Soltó un suspiro.
A partir de ese momento ya no tendría nada que ver con los LALI. Para ella, ellos ya no existían. Jamás iban a saber de ella. Por lo menos de su boca. Pero sabía que podían sacar información de EUGE o de AGUS.
Miró por última vez la sala. Tomó su cartera del suelo y caminó hacia la puerta. Sin mirar atrás, cerró. Era hora de comenzar de nuevo.
Mientras bajaba habló por teléfono con el abogado de su abuelo, y le informó que el departamento ya estaba vacío y que le dejaba las llaves al encargado.
Antes de salir completamente del edificio se despidió de Wolfgang. Lo abrazó y le deseó lo mejor.
—Esté edificio no será lo mismo sin ti —le dijo él cuando ella lo soltó.
—Voy a extrañarte, Wolf, eres el mejor encargado de todos.
—Que tengo una buena vida, niña. Le aseguro que todo va a mejorar.
—Gracias —murmuró y le dio las llaves —Seguro que vendrá un hombre llamado Arnold a buscarlas. Por favor, déselas.
—Claro que sí.
Se despidieron una vez más y LALI caminó a paso rápido hacia el auto gris que la esperaba allí. Se subió y mantuvo la mirada al frente.
—Vamos, por favor —le pidió al moreno.
Él asintió y arrancó. Se mantuvieron en silencio. PETER la miró, sabía que ella se estaba aguantando las ganas de llorar. Hacía varios días que lo llevaba haciendo. Aunque ella no se diera cuenta, él la observaba mucho. Le gustaba mirarla. Pero le gustaría verla sonreír más.
Si LALI era linda cuando no sonreía, cuando lo hacía era simplemente… más que hermosa. Pero las sonrisas de verdad salían poco de ella. Era como si la tristeza la consumiera. Y él ya no quería más eso.
—Te aseguro que mi casa es linda, LALI—le habló.
Ella giró la cabeza para mirarlo. Entonces comenzó a reír. PETER la miró realmente confundido. ¿De qué se reía? ¿Acaso había dicho algo gracioso?
LALI levantó una mano y tocó su mejilla. PETER se paralizó ante aquel suave contacto. Estaban detenidos en un semáforo. Ella no dejaba de reírse…
—Eres tan tierno —le dijo mientras se calmaba —Y estás algo barbudo…
Movió la mano sobre su firme mandíbula.
—Yo… —titubeó —Voy a afeitarme mañana.
—No te preocupes —le dijo —Me agrada tu barba.
Dejó de tocarlo y miró al frente de nuevo. El semáforo cambió a verde y PETER arrancó.
—¿Puedo preguntar de qué te reías?
—Es que me pareció tierno que me dijeras: Mi casa es linda, LALI —trató de imitar su voz grave —Crees que yo estoy preocupada por eso, y no es así. Estoy segura de que tu casa es linda y no importa si no lo es. No hay nada que una buena decoración no pueda arreglar. Y a juzgar por lo horrible que era tu habitación… creo que voy a tener que hacer muchas cosas.
Él rió y como si fuera algo natural estiró el brazo y le dio una suave palmada en una pierna, dejó descansar la mano allí unos segundos. La miró a los ojos sin dejar de sonreír.
—Mientras no la vuelvas una casa de muñecas, puedes hacerle lo que quieras.
—Jamás deberías decirle eso a una mujer —le aseguró.
—Lo sé, pero voy a depositar toda mi confianza en tu buen gusto. Creo que le vendrá muy bien un cambio a mi cuchitril. De ahora en más… nuestro cuchitril.
—Me alegra mucho oír eso, señor LANZANI.
Se quedaron en silencio de nuevo. LALI miraba concentrada por la ventana e iba contando los árboles que veía.
—LALI —la llamó.
—¿Sí? —le dijo y se giró a verlo.
—¿Crees que voy a ser un buen padre?
Ella sonrió levemente, sitiándose enternecida
—Claro que sí, tonto. Serás un gran padre
—¿Estás segura? —le preguntó él mientras terminaba de colocar una caja dentro del ascensor. Hacía aproximadamente cinco horas que había comenzado con la mudanza.
—Sí, estoy segura —asintió.
—Bien, le bajo esto a NICO y ya subo…
LALI asintió creyendo que él la veía e ingresó al departamento. Nada quedaba d...entro de él, nada. Se veía tan enorme sin todos esos lindos muebles que ella misma había escogido y acomodado.
El día que había entrado por primera vez a ese lugar volvió a su mente. La única diferencia que había ahora es que en ese momento llegaba y ahora se iba. Se iba porque su propia familia le había dado la espalda.
Pero a pesar de todo, las cosas no estaban yendo mal. PETER y su familia la hacían sentir segura. Los LANZANI la llamaban casi todos los días para preguntarle como estaba y si necesitaba algo. También estaba su mejor amiga y su primo. Con todos ellos sabía bien que no estaba tan sola como creía.
Soltó un pequeño suspiro y comenzó a recorrer todo para cerciorarse de que no dejaba nada allí. Entró a la cocina y revisó todas las puertitas de la pared. En aquella cocina había aprendido a cocinar comida sana. Sonrió al recordar la primera vez que lo intentó y casi quemó todo por un simple huevo frito. Salió de allí y fue hacia el baño, tampoco se olivaba de nada allí. Entonces caminó lentamente a lo que había sido su habitación. Abrió la puerta y la nostalgia la invadió. Realmente le gustaba su pequeño departamento. Se sentía cómoda y contenta allí. Pero no iba a quedarse. Por nada del mundo.
Se llevó la mano al vientre. En los últimos dos días su bebé ni siquiera se había hecho notar. No tuvo nauseas, tampoco mareos y esos repentinos cambios de humor. Simplemente era como si no estuviera en cinta. Buscó aquel tranquilizador latidito hasta que lo encontró.
—¿Qué te pasa, cosita? —le preguntó —No has hecho nada en estos días, ¿estás bien?
Los latiditos se intensificaron. LALI sonrió. Jamás creyó que se podría querer a alguien que todavía no conocías. ¿Era eso a lo que llamaban amor de madre? Un amor tan ciego que todo lo perdona. Un amor que a veces se equivoca y que piensa que tiene razón cuando no es así. Un amor que se enoja dos segundos y después vuelve a amar. Volvió a sonreír.
—¿LALI? —escuchó que él la llamaba.
—Aquí estoy —le contestó.
Miró una vez más la habitación vacía y cerró la puerta. Se pasó las manos por los ojos, y caminó hacia la sala. Casi choca con PETER al doblar en la esquina.
—¿Estás bien? —le preguntó él sosteniéndola levemente de los hombros.
—Sí, estoy bien —aseguró.
—¿Segura, verdad? —insistió —Creo que estás algo pálida…
Ella sonrió y negó con la cabeza. En los últimos días había aprendido lo muy protector y algo exagerado que él era. La noche que habían ido al cine después de la casa de sus padres, casi había intentado llevarla en brazos hacia las butacas para que no bajara las escaleras. Luego, cuando ella se había puesto a llorar con la muerte del pequeño Dobby, él la había consolado diciéndole que le compraría uno parecido. Cada día que pasaba conocía más a ese hombre que a veces la hacía sentir extraña. Él era divertido y hasta dulce. Era una de las personas más sociables que ella había visto en su vida. Y al parecer le caía bien a todo el mundo.
Aun no conocía su casa, ni tampoco el taller. Pero había pasado un par de veces por lo que sería su nuevo barrio y como EUGE le había comentado todos hablaban maravillas de PETER y NICO. No solo como mecánicos, sino como personas.
—Ya deja de ser exagerado, PETER, estoy bien.
—Bueno —suspiró él y la soltó —El camión de la mudanza ya partió con NICO hacia casa. EUGE está allá esperándolo. Nosotros nos vamos en mi auto.
—Perfecto —dijo ella —Solo voy a llamar al abogado de ALEJO y para decirle que le dejo las llaves a Wolfgang.
—¿No quieres que hable yo? —preguntó.
—No, gracias, yo lo haré.
—No quiero que te pongas nerviosa, ni nada por el estilo.
—Un día voy a golpearte, ¿sabias?
Él hizo una exagerada mueca de sorpresa.
—¿Por qué? Si a mí solo me gusta cuidarte…
—Porque eres un pesado —rió.
—Malvada, ya vas a venir a rogar para que te proteja. Y ahora te espero abajo, por favor, no tardes.
—Está bien.
PETER salió del departamento y LALI oyó como bajaba las escaleras. Soltó un suspiro.
A partir de ese momento ya no tendría nada que ver con los LALI. Para ella, ellos ya no existían. Jamás iban a saber de ella. Por lo menos de su boca. Pero sabía que podían sacar información de EUGE o de AGUS.
Miró por última vez la sala. Tomó su cartera del suelo y caminó hacia la puerta. Sin mirar atrás, cerró. Era hora de comenzar de nuevo.
Mientras bajaba habló por teléfono con el abogado de su abuelo, y le informó que el departamento ya estaba vacío y que le dejaba las llaves al encargado.
Antes de salir completamente del edificio se despidió de Wolfgang. Lo abrazó y le deseó lo mejor.
—Esté edificio no será lo mismo sin ti —le dijo él cuando ella lo soltó.
—Voy a extrañarte, Wolf, eres el mejor encargado de todos.
—Que tengo una buena vida, niña. Le aseguro que todo va a mejorar.
—Gracias —murmuró y le dio las llaves —Seguro que vendrá un hombre llamado Arnold a buscarlas. Por favor, déselas.
—Claro que sí.
Se despidieron una vez más y LALI caminó a paso rápido hacia el auto gris que la esperaba allí. Se subió y mantuvo la mirada al frente.
—Vamos, por favor —le pidió al moreno.
Él asintió y arrancó. Se mantuvieron en silencio. PETER la miró, sabía que ella se estaba aguantando las ganas de llorar. Hacía varios días que lo llevaba haciendo. Aunque ella no se diera cuenta, él la observaba mucho. Le gustaba mirarla. Pero le gustaría verla sonreír más.
Si LALI era linda cuando no sonreía, cuando lo hacía era simplemente… más que hermosa. Pero las sonrisas de verdad salían poco de ella. Era como si la tristeza la consumiera. Y él ya no quería más eso.
—Te aseguro que mi casa es linda, LALI—le habló.
Ella giró la cabeza para mirarlo. Entonces comenzó a reír. PETER la miró realmente confundido. ¿De qué se reía? ¿Acaso había dicho algo gracioso?
LALI levantó una mano y tocó su mejilla. PETER se paralizó ante aquel suave contacto. Estaban detenidos en un semáforo. Ella no dejaba de reírse…
—Eres tan tierno —le dijo mientras se calmaba —Y estás algo barbudo…
Movió la mano sobre su firme mandíbula.
—Yo… —titubeó —Voy a afeitarme mañana.
—No te preocupes —le dijo —Me agrada tu barba.
Dejó de tocarlo y miró al frente de nuevo. El semáforo cambió a verde y PETER arrancó.
—¿Puedo preguntar de qué te reías?
—Es que me pareció tierno que me dijeras: Mi casa es linda, LALI —trató de imitar su voz grave —Crees que yo estoy preocupada por eso, y no es así. Estoy segura de que tu casa es linda y no importa si no lo es. No hay nada que una buena decoración no pueda arreglar. Y a juzgar por lo horrible que era tu habitación… creo que voy a tener que hacer muchas cosas.
Él rió y como si fuera algo natural estiró el brazo y le dio una suave palmada en una pierna, dejó descansar la mano allí unos segundos. La miró a los ojos sin dejar de sonreír.
—Mientras no la vuelvas una casa de muñecas, puedes hacerle lo que quieras.
—Jamás deberías decirle eso a una mujer —le aseguró.
—Lo sé, pero voy a depositar toda mi confianza en tu buen gusto. Creo que le vendrá muy bien un cambio a mi cuchitril. De ahora en más… nuestro cuchitril.
—Me alegra mucho oír eso, señor LANZANI.
Se quedaron en silencio de nuevo. LALI miraba concentrada por la ventana e iba contando los árboles que veía.
—LALI —la llamó.
—¿Sí? —le dijo y se giró a verlo.
—¿Crees que voy a ser un buen padre?
Ella sonrió levemente, sitiándose enternecida
—Claro que sí, tonto. Serás un gran padre
CAPITULO 33
Para la gran sorpresa de LALI, nada parecido a una guerra había comenzado. PETER no había emitido palabra alguna desde que había arrancado el auto. Ya llevaban diez minutos de viaje. Ella lo miraba de reojo de vez en cuando, esperando que él reaccionara. Pero no lo hacía.
¿Acaso debería ser ella la que comenzara la discusión? Decidió que no… Tal vez él lo dejara pasar. O mejor aun, tal vez entendi...ó de una vez lo que es un NO.
Pero en realidad le molestaba no hablar. Odiaba aquel estúpido silencio. Había pasado una noche muy agradable conociendo a toda su familia, y él simplemente se ponía en ese papel de niño caprichoso.
Soltó un suspiro y se hundió aun más en el asiento de copiloto. Estaba cómoda y el ambiente simplemente era muy cálido. Afuera hacía bastante frío. Otro suspiro escapó de sus labios. Miró por la ventana. Pensó en su madre…
Desde que había visto a GIMENA LANZANI había pensado en su madre. ¿Por qué su madre no era como la madre de PETER? ¿Por qué no sentía ese amor de madre hacia ella? Pero a pesar de todo la quería, claro que sí. Y si solo la llamara y le pidiera perdón, LALI simplemente iría corriendo a buscarla para recibir un abrazo. Por alguna extraña razón necesitaba muchísimo a su madre. Quería verla, quería escuchar su voz, tenerla cerca.
El auto se detuvo y ella fue consciente de que ya estaban en la puerta de su edificio. Se sentó erguidamente y tomó su bolso.
—Muchas gracias por todo, la pasé muy lindo —le dijo sin mirarlo e intentó abrir la puerta para bajar, pero no pudo ya que esta estaba trabada. Se giró a verlo —¿Me abres por favor?
—Primero vamos a hablar —dijo él.
Ella lo miró fijamente. ¿Ahora sí quería hablar? Pero que demonios le sucedía a ese idiota. ¿Y si ella no tenía ganas de hablar en ese momento? ¿Qué? ¿Iba a mantenerla encerrada en el auto toda la noche? No, señor, claro que no. Ya nadie le iba a decir que tenía que hacer. Ni siquiera el arrogante de PETER LANZANI.
—Estoy cansada y quiero subir a bañarme y acostarme a dormir… hoy fue un día muy largo para mí, PETER…
—LALI —dijo él calmadamente y se puso de costado para verla bien —Sé que me he estado comportando como el imbécil más imbécil de todo el mundo.
—¿Eso crees? —preguntó ella levantando un poco el mentón en un simple gesto de soberbia. Él asintió —Tienes razón… eres el imbécil más imbécil de todos.
PETER sonrió por lo bajo.
—Quería pedirte perdón de nuevo por lo que pasó en casa de mis padres…
—Ya te dije que no pasó nada y además ya me pediste perdón —lo interrumpió ella.
—Sí, sí pasó, LALI. No ganamos nada evitando el tema.
Ella se quedó callada por unos cuantos segundos.
—Tomé la decisión de no irme a vivir contigo…
—¿Por qué?
—No es correcto, PETER —exclamó —La gente puede llegar a pensar que somos una pareja. Tu familia misma puede confundirse. Y… no es correcto.
—LALI, te juro por mi vida que yo no quiero confundir a nadie…
—No soy una cualquiera, PETER—murmuró y apartó su mirada de él.
Él la miró algo confundido. Pero entonces lo comprendió. LALI creía que él la veía como a una cualquiera. LALI creía que él quería que ella fuera su amante.
—Mírame, LALI —le pidió. Con un poco de duda ella levantó la mirada. PETER vio todo tipo de emociones en esos ojos —Yo no creo que seas una cualquiera… Sé que no lo eres. Y lo que pasó entre nosotros tampoco te hace serlo, bonita. Yo no quiero que vivas conmigo porque busque diversión en ti. Te dije que solo quiero cuidar de ti y de nuestro bebé. Lo que pasó en casa de mis padres… sí, iba a besarte, LALI —le dijo —Pero no porque crea que eres una cualquiera…
—¿Entonces?
—No lo sé… solo pasó —susurró y estiró la mano para acariciar su mejilla —No quiero confundirte, ni confundir nada entre nosotros. Así que si no quieres aceptar mi propuesta porque crees que estoy intentando confundirte… voy a entenderlo. Pero de verdad me gustaría que lo intentáramos.
LALI tenía aquel rotundo NO en la punta de la lengua, pero mientras observaba su rostro, su mirada, el NO, no salía de ella. ¿Qué tenía ese arrogante que la hacía cambiar de parecer en un abrir y cerrar de ojos?
Pero en realidad, simplemente podía intentarlo, y si no funcionaba se iría como habían acordado. ¿Qué perdía con probar? Absolutamente nada. Pero aun así sabía que aquello era complicado. Soltó un lento suspiro.
—Está bien, PETER.
—¿Está bien, qué? —dijo sin entender. Ella esbozó una pequeña sonrisa.
—Me voy a ir a vivir contigo.
Él abrió los ojos como platos y luego sonrió como un idiota.
—¿Lo dices en serio?
—Sí —asintió medio divertida.
—¿No estás bromeando conmigo, verdad?
—No —negó medio divertida.
—¿Realmente es de verdad?
Ella rió. Él ya parecía tonto. Lo golpeó suavemente en el brazo.
—Sí —dijo sin dejar de reír —No pierdo nada con intentarlo. Pero si no llega a funcionar…
Él se acercó rápidamente a ella, impidiéndole seguir hablando, y la abrazó casi asfixiantemente.
—Gracias, gracias —dijo él sin soltarla. Le besó el hombro y volvió a apretujarla. LALI rió quedamente —Te juro, LALI, que no te vas a arrepentir…
—Eso espero —susurró.
Él la soltó despacio y se alejó solo un poco para mirarla a los ojos. Se miraron fijo, sin decir nada, leyéndose la mirada. Hasta que ella se alejó algo nerviosa.
—¿Estás realmente muy cansada? —le preguntó él.
—Mmm… no —contestó.
—Podríamos ir al cine —dijo.
—¿A esta hora?
—Es viernes… hay cine hasta la madrugada.
—Bueno… puede que sea divertido.
—Hablando de divertido, perdón por todas las idioteces de mi hermano.
—Ay, PETER —dijo divertida —No me molestaron para nada las tonterías de VICO, es un chico realmente divertido.
—Ya lo creo… Entonces, ¿aceptas mi invitación para ir al cine?
—Voy a pensármelo.
—¿Cómo que vas a pensártelo? No hay tiempo.
Entonces LALI recordó que película podían ver. En los últimos meses había estado tan ocupada y con tantas cosas que se había olvidado completamente de su pasión por los libros y películas de Harry Potter.
Siendo niña los había leído todos y cada uno de ellos. Había reído y había llorado. Hasta se había imaginado siendo parte de ese mundo. Es más… creía que ese mundo si existía. En algún momento ella misma iba a comprobarlo.
—Es verdad, no voy a pensármelo —le dijo.
—Ah, ¿no?
—No —sonrió —Porque quiero que me lleves a ver Harry Potter y las reliquias de la muerte – miró hacia sus costados con aire misterioso —Primera parte.
—Harry Potter, ¿es en serio?
—¿Tengo cara de que no sea en serio, LANZANI? —preguntó. Él sonrió.
—No.
—Bien, entonces llévanos a ver esa película. Queremos soñar con la magia.
—¿Llévanos?
—Sí, nuestro bebé también quiere ver.
PETER sonrió bobamente al escuchar la palabra ‘nuestro’ en su boca. Sí, era algo de ellos. Solo de ellos.
—Está bien, Hermione, vamos.
—Aaaaaw, siempre quise ser Hermione —aseguró.
—¿Y yo quien podría ser? —preguntó.
—¿Por lo idiota? —inquirió ella —Deberías ser Ronald.
PETER soltó una estrepitosa carcajada mientras ponía el auto en marcha.
—Yo creo, señorita magia, que tú quieres que yo sea Ron porque Hermione ha estado eternamente enamorada de él.
—¡Ja! —dijo ella haciéndose la ofendida —Ya quisieras tú, tonto.
—Es Ronald el que babea por Hermione…
—No sé como demonios terminamos hablando de esto —rió él.
—Tampoco yo —le dijo —Pero aun así no vas a salvarte de comprarme mis palomitas de maiz
¿Acaso debería ser ella la que comenzara la discusión? Decidió que no… Tal vez él lo dejara pasar. O mejor aun, tal vez entendi...ó de una vez lo que es un NO.
Pero en realidad le molestaba no hablar. Odiaba aquel estúpido silencio. Había pasado una noche muy agradable conociendo a toda su familia, y él simplemente se ponía en ese papel de niño caprichoso.
Soltó un suspiro y se hundió aun más en el asiento de copiloto. Estaba cómoda y el ambiente simplemente era muy cálido. Afuera hacía bastante frío. Otro suspiro escapó de sus labios. Miró por la ventana. Pensó en su madre…
Desde que había visto a GIMENA LANZANI había pensado en su madre. ¿Por qué su madre no era como la madre de PETER? ¿Por qué no sentía ese amor de madre hacia ella? Pero a pesar de todo la quería, claro que sí. Y si solo la llamara y le pidiera perdón, LALI simplemente iría corriendo a buscarla para recibir un abrazo. Por alguna extraña razón necesitaba muchísimo a su madre. Quería verla, quería escuchar su voz, tenerla cerca.
El auto se detuvo y ella fue consciente de que ya estaban en la puerta de su edificio. Se sentó erguidamente y tomó su bolso.
—Muchas gracias por todo, la pasé muy lindo —le dijo sin mirarlo e intentó abrir la puerta para bajar, pero no pudo ya que esta estaba trabada. Se giró a verlo —¿Me abres por favor?
—Primero vamos a hablar —dijo él.
Ella lo miró fijamente. ¿Ahora sí quería hablar? Pero que demonios le sucedía a ese idiota. ¿Y si ella no tenía ganas de hablar en ese momento? ¿Qué? ¿Iba a mantenerla encerrada en el auto toda la noche? No, señor, claro que no. Ya nadie le iba a decir que tenía que hacer. Ni siquiera el arrogante de PETER LANZANI.
—Estoy cansada y quiero subir a bañarme y acostarme a dormir… hoy fue un día muy largo para mí, PETER…
—LALI —dijo él calmadamente y se puso de costado para verla bien —Sé que me he estado comportando como el imbécil más imbécil de todo el mundo.
—¿Eso crees? —preguntó ella levantando un poco el mentón en un simple gesto de soberbia. Él asintió —Tienes razón… eres el imbécil más imbécil de todos.
PETER sonrió por lo bajo.
—Quería pedirte perdón de nuevo por lo que pasó en casa de mis padres…
—Ya te dije que no pasó nada y además ya me pediste perdón —lo interrumpió ella.
—Sí, sí pasó, LALI. No ganamos nada evitando el tema.
Ella se quedó callada por unos cuantos segundos.
—Tomé la decisión de no irme a vivir contigo…
—¿Por qué?
—No es correcto, PETER —exclamó —La gente puede llegar a pensar que somos una pareja. Tu familia misma puede confundirse. Y… no es correcto.
—LALI, te juro por mi vida que yo no quiero confundir a nadie…
—No soy una cualquiera, PETER—murmuró y apartó su mirada de él.
Él la miró algo confundido. Pero entonces lo comprendió. LALI creía que él la veía como a una cualquiera. LALI creía que él quería que ella fuera su amante.
—Mírame, LALI —le pidió. Con un poco de duda ella levantó la mirada. PETER vio todo tipo de emociones en esos ojos —Yo no creo que seas una cualquiera… Sé que no lo eres. Y lo que pasó entre nosotros tampoco te hace serlo, bonita. Yo no quiero que vivas conmigo porque busque diversión en ti. Te dije que solo quiero cuidar de ti y de nuestro bebé. Lo que pasó en casa de mis padres… sí, iba a besarte, LALI —le dijo —Pero no porque crea que eres una cualquiera…
—¿Entonces?
—No lo sé… solo pasó —susurró y estiró la mano para acariciar su mejilla —No quiero confundirte, ni confundir nada entre nosotros. Así que si no quieres aceptar mi propuesta porque crees que estoy intentando confundirte… voy a entenderlo. Pero de verdad me gustaría que lo intentáramos.
LALI tenía aquel rotundo NO en la punta de la lengua, pero mientras observaba su rostro, su mirada, el NO, no salía de ella. ¿Qué tenía ese arrogante que la hacía cambiar de parecer en un abrir y cerrar de ojos?
Pero en realidad, simplemente podía intentarlo, y si no funcionaba se iría como habían acordado. ¿Qué perdía con probar? Absolutamente nada. Pero aun así sabía que aquello era complicado. Soltó un lento suspiro.
—Está bien, PETER.
—¿Está bien, qué? —dijo sin entender. Ella esbozó una pequeña sonrisa.
—Me voy a ir a vivir contigo.
Él abrió los ojos como platos y luego sonrió como un idiota.
—¿Lo dices en serio?
—Sí —asintió medio divertida.
—¿No estás bromeando conmigo, verdad?
—No —negó medio divertida.
—¿Realmente es de verdad?
Ella rió. Él ya parecía tonto. Lo golpeó suavemente en el brazo.
—Sí —dijo sin dejar de reír —No pierdo nada con intentarlo. Pero si no llega a funcionar…
Él se acercó rápidamente a ella, impidiéndole seguir hablando, y la abrazó casi asfixiantemente.
—Gracias, gracias —dijo él sin soltarla. Le besó el hombro y volvió a apretujarla. LALI rió quedamente —Te juro, LALI, que no te vas a arrepentir…
—Eso espero —susurró.
Él la soltó despacio y se alejó solo un poco para mirarla a los ojos. Se miraron fijo, sin decir nada, leyéndose la mirada. Hasta que ella se alejó algo nerviosa.
—¿Estás realmente muy cansada? —le preguntó él.
—Mmm… no —contestó.
—Podríamos ir al cine —dijo.
—¿A esta hora?
—Es viernes… hay cine hasta la madrugada.
—Bueno… puede que sea divertido.
—Hablando de divertido, perdón por todas las idioteces de mi hermano.
—Ay, PETER —dijo divertida —No me molestaron para nada las tonterías de VICO, es un chico realmente divertido.
—Ya lo creo… Entonces, ¿aceptas mi invitación para ir al cine?
—Voy a pensármelo.
—¿Cómo que vas a pensártelo? No hay tiempo.
Entonces LALI recordó que película podían ver. En los últimos meses había estado tan ocupada y con tantas cosas que se había olvidado completamente de su pasión por los libros y películas de Harry Potter.
Siendo niña los había leído todos y cada uno de ellos. Había reído y había llorado. Hasta se había imaginado siendo parte de ese mundo. Es más… creía que ese mundo si existía. En algún momento ella misma iba a comprobarlo.
—Es verdad, no voy a pensármelo —le dijo.
—Ah, ¿no?
—No —sonrió —Porque quiero que me lleves a ver Harry Potter y las reliquias de la muerte – miró hacia sus costados con aire misterioso —Primera parte.
—Harry Potter, ¿es en serio?
—¿Tengo cara de que no sea en serio, LANZANI? —preguntó. Él sonrió.
—No.
—Bien, entonces llévanos a ver esa película. Queremos soñar con la magia.
—¿Llévanos?
—Sí, nuestro bebé también quiere ver.
PETER sonrió bobamente al escuchar la palabra ‘nuestro’ en su boca. Sí, era algo de ellos. Solo de ellos.
—Está bien, Hermione, vamos.
—Aaaaaw, siempre quise ser Hermione —aseguró.
—¿Y yo quien podría ser? —preguntó.
—¿Por lo idiota? —inquirió ella —Deberías ser Ronald.
PETER soltó una estrepitosa carcajada mientras ponía el auto en marcha.
—Yo creo, señorita magia, que tú quieres que yo sea Ron porque Hermione ha estado eternamente enamorada de él.
—¡Ja! —dijo ella haciéndose la ofendida —Ya quisieras tú, tonto.
—Es Ronald el que babea por Hermione…
—No sé como demonios terminamos hablando de esto —rió él.
—Tampoco yo —le dijo —Pero aun así no vas a salvarte de comprarme mis palomitas de maiz
CAPITULO 32
Tramposas.
GIMENA miró a LALI y esta asintió levemente con la cabeza mientras se metía un poco de ese delicioso pastel de frutilla en la boca. Era, si no se equivocaba, la segunda porción que se estaba comiendo. Y es que no podía parar. Al parecer su bebé había adquirido cierta obsesión por las frutillas. Cada vez que sus ojos veían la fruta, su estomago se retorcía por comer un po...co. Pero sabía que debía controlarse. No quería terminar como una vaca al final de su embarazo.
—Veintinueve —cantó el número GIMENA.
—¡Bingo! —exclamó la morena por quinta vez.
—No es posible —se quejó VICO mientras tiraba de mala gana sus cartones.
—Estoy segura de que hacen trampa —dijo CANDE.
—¿Qué? —inquirió LALI —Claro que no. Ustedes son unos malos perdedores.
—No, no es así —sonrió PETER —Tú eres una tramposa. Y yo sé quien es tu cómplice.
Todas las miradas viajaron hasta TGIMENA. Indignada, abrió la boca como para decir algo, pero NICO L le ganó.
—No intentes decir que no es así, mi amor —le pidió —Todos sabemos que has estado cantando los números de LALI para que ella ganara.
—Oooh, no puedo creer que sean tan malos perdedores —dijo —LALI ganó limpiamente.
—Sí, seguro —dijo PETER.
Entonces todos empezaron a reír. LALI se metió una frutilla en la boca y rió divertida. Todos la miraron en con ternura. Ella dejó de comer.
—Perdón —se disculpó al darse cuenta —Pero creo que me vuelvo muy poco civilizada cuando se tratan de frutillas. Es como si algo dentro de mí no quisiera parar de comerlas…
—Es normal en tu estado, cielo —le dijo GIMENA —Todas las embarazadas tienen un antojo. Al parecer el tuyo son las frutillas.
—Mañana voy a comprarte una bolsa enorme que vi en el supermercado —le dijo CANDE.
—Eso sería genial —aseguró la morena.
PETER que observaba como las mujeres conversaban, intercambio una mirada con su hermano menor. VICO le entregó una leve sonrisa.
—Tú y yo tenemos que hablar muy seriamente —dijo VICO.
—¿Por qué? —preguntó algo confundido.
—Porque hay algo que no le estás queriendo decir a la familia. No creas que no me doy cuenta, hermano. Que me haga el idiota, no significa que lo sea.
—No tengo idea de que demonios estás hablando…
—Ay, hermano —suspiró y apoyó la mano sobre su hombro —Algún día vas a venir y vas a decirme: ¿sabes qué? Tenías razón. Y yo te diré: te lo dije.
—Deja de confundirme —murmuró por lo bajo. Miró la hora en su reloj y se sorprendió de que ya eran pasadas las doce —Creo que debemos irnos…
Las mujeres y NICO L dejaron de hablar para mirarlo.
—¿Ya? —inquirió GIMENA.
—Sí, mamá. Es algo tarde y LALI tiene que descansar…
—Tampoco es para tanto —aseguró la morena.
—¿Recuerdas lo que dijo el médico? —le preguntó. Ella hizo una mueca pensadora.
—Sí, lo recuerdo.
—Entonces, nos vamos. Creo que hoy no hiciste nada de reposo.
—Bueno, yo…
CANDE rió levemente.
—Vete acostumbrando al lado sobreprotector de PETER. A veces es muy pesado el pobre, pero lo hace porque se preocupa de verdad.
—Que chistosa eres, sonrisita —ironizó el moreno.
—Pero ya —sonrió LALI —Tiene razón, ya es algo tarde. Y mañana será un largo día para mí…
—¿Por qué? —preguntó NICO L.
—Voy a empezar a buscar un nuevo departamento… quiero mudarme.
PETER la miró bien. ¿Qué es lo que había dicho? Sacudió la cabeza y volvió a concentrarse en ella.
—Dijiste que ibas a pensarlo —le recordó. Todos lo miraron.
LALI le entregó una sonrisa sin dientes.
—Ya lo pensé —aseguró mirándolo amenazadoramente. No quería empezar a discutir de nuevo con él frente a su familia.
—Pues… no lo pensaste demasiado, ¿no te parece?
—¿Qué te parece si lo discutimos luego, PETER? —le sonrió con tanto sarcasmo que hasta dolía.
—Bien —dijo apretando los dientes —Pero nos vamos ya. Ahora.
Los LANZANI se miraron entre sí, sin entender muy bien el motivo por el cual iban a discutir luego. LALI se puso de pie y se acercó al pequeño perchero en donde estaban sus cosas. En un absoluto silencio, PETER comenzó a ponerse su abrigo. Se miraban entre sí, desafiantes.
¿Es que acaso ella no había entendido nada de todo lo que él le había estado diciendo? Al parecer LALI ESPOSITOera más terca que una mula.
Todos caminaron en silencio hacia la puerta. PETER la abrió y luego giró para ver a su familia.
—Muchas gracias por la cena, estuvo deliciosa —les aseguró.
Se acercó a abrazar a sus padres, besó la frente de su hermana, y luego palmeó el hombro de su hermano. Salió hacia el exterior y comenzó a caminar hacia el auto.
LALI se quedó quieta observando su andar. Caminaba dando grandes zancadas, parecía molesto. Sabía que cuando estuvieran solos, discutirían. Ese hombre, al parecer, no aceptaba un NO como respuesta. Suspiró y miró al resto de los LANZANI.
—Muchas gracias por todo —les dijo —La verdad es que estaba algo aterrada de venir y… conocerlos.
—Somos una familia algo alocada, pero no mordemos, ni nada por el estilo —sonrió VICO.
—No, lo sé —sonrió LALI —Jamás creí eso, con todas las cosas maravillosas que PETER me ha dicho de ustedes, no podía imaginarlos como ‘malos’
—LALI —la llamó GIMENA —Fue un gusto enorme conocerte, cielo. Eres hermosa, en todos los sentidos.
—Tú también, GIMENA —dijo y se acercó a ella para abrazarla —PETER babea por ti cada vez que te nombra —dijo sin soltarla —Me hubiese encantado tener una madre como tú.
GIMENA se sintió emocionada y la abrazó un poco más.
—Puedes adoptarme si quieres, por aquí hay mucho espacio. Y prometo hacerte más tortas con frutillas.
—Por Dios, sí —asintió divertida. Se alejó de ella y miró a NICO L —Señor LANZANI, prometo venir a escuchar sus fantásticas historias de viajes.
—Aquí te esperamos, LALI —sonrió NICO L —Desde ahora nuestra casa, es tu casa. No lo dudes. Y por favor, no me llames señor LANZANI… me haces sentir un abuelo.
Ella sonrió y se tocó el vientre. Todos rieron. Pero entonces el sonido de una bocina llegó hasta ellos. LALI miró sobre su hombro y era PETER el que estaba haciendo aquel escándalo.
Estaba apurándola con ese infernal sonidito.
—Creo que está apurado —informó CANDE.
—Pues que espere —aseguró LALI. Se acercó a la novia de su primo y la abrazó sin dudarlo. CANDE le respondió el gesto —Mañana te llamaré para que vengas a con AGUS, así me ayudan con la mudanza.
—Claro que sí —dijo contenta.
Se alejaron y la morena miró a VICO. Este tomó su mano y la besó como cuando había llegado. LALI sonrió.
—Un placer enorme conocerte, cuñadita…
—No soy tu cuñadita —dijo ella avergonzada.
—Eso ya lo veremos —sonrió él.
—VICO, basta —dijo NICO L.
—¿Qué? —se encogió de hombros —Solo digo la verdad. Esta chica va a tener de rodillas a PETER en menos de lo que esperan. Tiene carácter, él no puede manejarla…
—Eres terrible —le aseguró la morena.
—Lo sé —sonrió orgulloso.
Los bocinazos llegaron de nuevo. LALI suspiró enojada.
—Llama cuando quieras, hija —le dijo GIMENA —Como dijo NICO L, esta ahora también es tu casa y tienes las puertas abiertas a cualquier hora y cualquier día. Cuídate mucho, y cuida a ese pedazo de cielo que llevas dentro.
Le palmeó el vientre. LALI le sonrió. Y otra vez la maldita bocina. La morena puso los ojos en blanco y tomó con firmeza su cartera. Iba a darle muchos carterazos a ese arrogante.
—Lo haré —susurró —Adiós a todos y gracias de nuevo.
Los LANZANI dijeron adiós al unísono y la vieron caminar sin prisas hacia el auto de PETER.
Ella llegó, se subió a su lado y cerró con firmaza. Miró por la ventana y vio como se cerraba la puerta de la cual acababa de salir. Y ahora que la guerra comenzara…
GIMENA miró a LALI y esta asintió levemente con la cabeza mientras se metía un poco de ese delicioso pastel de frutilla en la boca. Era, si no se equivocaba, la segunda porción que se estaba comiendo. Y es que no podía parar. Al parecer su bebé había adquirido cierta obsesión por las frutillas. Cada vez que sus ojos veían la fruta, su estomago se retorcía por comer un po...co. Pero sabía que debía controlarse. No quería terminar como una vaca al final de su embarazo.
—Veintinueve —cantó el número GIMENA.
—¡Bingo! —exclamó la morena por quinta vez.
—No es posible —se quejó VICO mientras tiraba de mala gana sus cartones.
—Estoy segura de que hacen trampa —dijo CANDE.
—¿Qué? —inquirió LALI —Claro que no. Ustedes son unos malos perdedores.
—No, no es así —sonrió PETER —Tú eres una tramposa. Y yo sé quien es tu cómplice.
Todas las miradas viajaron hasta TGIMENA. Indignada, abrió la boca como para decir algo, pero NICO L le ganó.
—No intentes decir que no es así, mi amor —le pidió —Todos sabemos que has estado cantando los números de LALI para que ella ganara.
—Oooh, no puedo creer que sean tan malos perdedores —dijo —LALI ganó limpiamente.
—Sí, seguro —dijo PETER.
Entonces todos empezaron a reír. LALI se metió una frutilla en la boca y rió divertida. Todos la miraron en con ternura. Ella dejó de comer.
—Perdón —se disculpó al darse cuenta —Pero creo que me vuelvo muy poco civilizada cuando se tratan de frutillas. Es como si algo dentro de mí no quisiera parar de comerlas…
—Es normal en tu estado, cielo —le dijo GIMENA —Todas las embarazadas tienen un antojo. Al parecer el tuyo son las frutillas.
—Mañana voy a comprarte una bolsa enorme que vi en el supermercado —le dijo CANDE.
—Eso sería genial —aseguró la morena.
PETER que observaba como las mujeres conversaban, intercambio una mirada con su hermano menor. VICO le entregó una leve sonrisa.
—Tú y yo tenemos que hablar muy seriamente —dijo VICO.
—¿Por qué? —preguntó algo confundido.
—Porque hay algo que no le estás queriendo decir a la familia. No creas que no me doy cuenta, hermano. Que me haga el idiota, no significa que lo sea.
—No tengo idea de que demonios estás hablando…
—Ay, hermano —suspiró y apoyó la mano sobre su hombro —Algún día vas a venir y vas a decirme: ¿sabes qué? Tenías razón. Y yo te diré: te lo dije.
—Deja de confundirme —murmuró por lo bajo. Miró la hora en su reloj y se sorprendió de que ya eran pasadas las doce —Creo que debemos irnos…
Las mujeres y NICO L dejaron de hablar para mirarlo.
—¿Ya? —inquirió GIMENA.
—Sí, mamá. Es algo tarde y LALI tiene que descansar…
—Tampoco es para tanto —aseguró la morena.
—¿Recuerdas lo que dijo el médico? —le preguntó. Ella hizo una mueca pensadora.
—Sí, lo recuerdo.
—Entonces, nos vamos. Creo que hoy no hiciste nada de reposo.
—Bueno, yo…
CANDE rió levemente.
—Vete acostumbrando al lado sobreprotector de PETER. A veces es muy pesado el pobre, pero lo hace porque se preocupa de verdad.
—Que chistosa eres, sonrisita —ironizó el moreno.
—Pero ya —sonrió LALI —Tiene razón, ya es algo tarde. Y mañana será un largo día para mí…
—¿Por qué? —preguntó NICO L.
—Voy a empezar a buscar un nuevo departamento… quiero mudarme.
PETER la miró bien. ¿Qué es lo que había dicho? Sacudió la cabeza y volvió a concentrarse en ella.
—Dijiste que ibas a pensarlo —le recordó. Todos lo miraron.
LALI le entregó una sonrisa sin dientes.
—Ya lo pensé —aseguró mirándolo amenazadoramente. No quería empezar a discutir de nuevo con él frente a su familia.
—Pues… no lo pensaste demasiado, ¿no te parece?
—¿Qué te parece si lo discutimos luego, PETER? —le sonrió con tanto sarcasmo que hasta dolía.
—Bien —dijo apretando los dientes —Pero nos vamos ya. Ahora.
Los LANZANI se miraron entre sí, sin entender muy bien el motivo por el cual iban a discutir luego. LALI se puso de pie y se acercó al pequeño perchero en donde estaban sus cosas. En un absoluto silencio, PETER comenzó a ponerse su abrigo. Se miraban entre sí, desafiantes.
¿Es que acaso ella no había entendido nada de todo lo que él le había estado diciendo? Al parecer LALI ESPOSITOera más terca que una mula.
Todos caminaron en silencio hacia la puerta. PETER la abrió y luego giró para ver a su familia.
—Muchas gracias por la cena, estuvo deliciosa —les aseguró.
Se acercó a abrazar a sus padres, besó la frente de su hermana, y luego palmeó el hombro de su hermano. Salió hacia el exterior y comenzó a caminar hacia el auto.
LALI se quedó quieta observando su andar. Caminaba dando grandes zancadas, parecía molesto. Sabía que cuando estuvieran solos, discutirían. Ese hombre, al parecer, no aceptaba un NO como respuesta. Suspiró y miró al resto de los LANZANI.
—Muchas gracias por todo —les dijo —La verdad es que estaba algo aterrada de venir y… conocerlos.
—Somos una familia algo alocada, pero no mordemos, ni nada por el estilo —sonrió VICO.
—No, lo sé —sonrió LALI —Jamás creí eso, con todas las cosas maravillosas que PETER me ha dicho de ustedes, no podía imaginarlos como ‘malos’
—LALI —la llamó GIMENA —Fue un gusto enorme conocerte, cielo. Eres hermosa, en todos los sentidos.
—Tú también, GIMENA —dijo y se acercó a ella para abrazarla —PETER babea por ti cada vez que te nombra —dijo sin soltarla —Me hubiese encantado tener una madre como tú.
GIMENA se sintió emocionada y la abrazó un poco más.
—Puedes adoptarme si quieres, por aquí hay mucho espacio. Y prometo hacerte más tortas con frutillas.
—Por Dios, sí —asintió divertida. Se alejó de ella y miró a NICO L —Señor LANZANI, prometo venir a escuchar sus fantásticas historias de viajes.
—Aquí te esperamos, LALI —sonrió NICO L —Desde ahora nuestra casa, es tu casa. No lo dudes. Y por favor, no me llames señor LANZANI… me haces sentir un abuelo.
Ella sonrió y se tocó el vientre. Todos rieron. Pero entonces el sonido de una bocina llegó hasta ellos. LALI miró sobre su hombro y era PETER el que estaba haciendo aquel escándalo.
Estaba apurándola con ese infernal sonidito.
—Creo que está apurado —informó CANDE.
—Pues que espere —aseguró LALI. Se acercó a la novia de su primo y la abrazó sin dudarlo. CANDE le respondió el gesto —Mañana te llamaré para que vengas a con AGUS, así me ayudan con la mudanza.
—Claro que sí —dijo contenta.
Se alejaron y la morena miró a VICO. Este tomó su mano y la besó como cuando había llegado. LALI sonrió.
—Un placer enorme conocerte, cuñadita…
—No soy tu cuñadita —dijo ella avergonzada.
—Eso ya lo veremos —sonrió él.
—VICO, basta —dijo NICO L.
—¿Qué? —se encogió de hombros —Solo digo la verdad. Esta chica va a tener de rodillas a PETER en menos de lo que esperan. Tiene carácter, él no puede manejarla…
—Eres terrible —le aseguró la morena.
—Lo sé —sonrió orgulloso.
Los bocinazos llegaron de nuevo. LALI suspiró enojada.
—Llama cuando quieras, hija —le dijo GIMENA —Como dijo NICO L, esta ahora también es tu casa y tienes las puertas abiertas a cualquier hora y cualquier día. Cuídate mucho, y cuida a ese pedazo de cielo que llevas dentro.
Le palmeó el vientre. LALI le sonrió. Y otra vez la maldita bocina. La morena puso los ojos en blanco y tomó con firmeza su cartera. Iba a darle muchos carterazos a ese arrogante.
—Lo haré —susurró —Adiós a todos y gracias de nuevo.
Los LANZANI dijeron adiós al unísono y la vieron caminar sin prisas hacia el auto de PETER.
Ella llegó, se subió a su lado y cerró con firmaza. Miró por la ventana y vio como se cerraba la puerta de la cual acababa de salir. Y ahora que la guerra comenzara…
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