sábado, 26 de marzo de 2016

CAPITULO 29

- Ahora es usted quien me va a escuchar y a entender, señor LANZANITIEL. Puede decir cuánto quiera sobre mí, pero no ose insultar a mi familia - Volvió a golpearle en el pecho, esta vez más fuerte - Tal vez nos salgamos un poco de lo habitual, pero sugerir que no somos decentes es un grave error. Todos y cada uno de los miembros de mi «caótica» familia, desde Winston hasta la pequeña Callie, son acogedores, afectuosos, amables y generosos, y yo estoy sumamente orgullosa de todos ellos. No permitiré que ni usted ni nadie digan una sola palabra en su contra. Y en lo que se refiere a sus otras quejas, no tuve otra elección que montar a Pericles a horcajadas cuando le rescatamos, puesto que usted no llevaba ninguna silla lateral en su caballo, y no creo que el Parlamento haya decretado que leer revistas de hombres sea ningún crimen. Sólo llevo pantalones de montar por las noches en la intimidad de mi propiedad, nunca en el pueblo. Que usted me viera con pantalones fue un accidente. Raramente pierdo el tiempo intentando «domar» mi pelo porque, me haga el recogido que me haga, siempre se me acaba soltando. Y, en lo que se refiere a tocar a la gente, no es más que mi forma de mostrar afecto. Mi madre y mi padre siempre tenían una caricia para cada uno de nosotros. Ellos me inculcaron esa tendencia con su ejemplo, y yo espero inculcársela también a mis hermanos en ausencia de mis padres. Si hubiera sospechado que lo encontraba tan desagradable, jamás le habría puesto una mano encima.-
LALI hizo ademán de volver a golpear a PETER en el pecho, pero él se apresuró a dar un paso atrás. Ella seguía echando fuego por los ojos.
- Y, cuando me ofrecí a afeitarle, sólo estaba pensando en su comodidad. Según recuerdo, usted también participó en lo que ocurrió en el jardín. Estoy de acuerdo en que cometí un grave error al permitir que me besara, pero tenga por seguro que no se volverá a repetir, sobre todo teniendo en cuenta que usted lo encontró tan detestable.-
- LALI, yo…-
- Todavía no he acabado - Dijo, y su mirada sumió a PETER en el más sepulcral de los silencios - No dispongo de suficiente dinero ni para contratar a una institutriz ni para enviar a los chicos a un internado, pero quiero dejarle algo muy claro, aunque lo tuviera, jamás se me ocurriría enviar a Andrew y a Nathan lejos de casa. Tenemos muchas normas sobre las tareas domésticas y el comportamiento. Tal vez no estén a la altura de sus elevados estándares, pero eso no las convierte en inadecuadas. Imparto disciplina a mis hermanos con firmeza y afecto al mismo tiempo, y creo que son unos chicos estupendos. Revoltosos, sí, pero a mí me preocuparía mucho más que se estuvieran sentados, con la boca cerrada y las manos quietas.-
LALI frunció los labios y se golpeó el mentón con los dedos.
- Hum… ¿Qué más ha encontrado ofensivo el señor? - Antes de que PETER pudiera abrir la boca, ella se apresuró a añadir - Ah, sí. Nuestra colcha apolillada. Nos gusta hacer clase al aire libre. Me sorprende que, siendo usted tutor como es, no lo haga también con sus alumnos, pero es obvio que discrepamos bastante en la mayoría de las cuestiones. Los niños y los «sirvientes» comen en el comedor porque forman parte de la familia, un concepto sobre el que es obvio que usted no sabe absolutamente nada. Y si, Pierre despotrica de vez en cuando y a veces Winston habla de una forma un tanto grosera, yo los acepto tal y como son porque les quiero, otro tema del que usted parece saber bien poco, y por eso me da lástima.-
PETER la miró fijamente. Lo había dejado sin palabras. No le habían echado semejante sermón en toda su vida. Hacía cinco minutos, se sentía dominado por una ira que él consideraba plenamente justificada. Ahora se sentía como un chiquillo ruborizado en pantalones cortos después de haber recibido un duro sermón.
Se sentía como un imbécil. Al dejarse dominar por el enfado, la frustración y, ¡Maldita sea!, los celos, sólo había conseguido enfadar a LALI, aparte de un pecho dolorido. Se frotó la piel que le palpitaba bajo la camisa. Desde luego, LALI tenía fuerza en el dedo.
Dirigiéndole una última mirada que a PETE se le clavó como una espada, LALI empezó a subir el camino que llevaba a la casa. PETER sintió una tremenda vergüenza, junto con una desazón que le agarrotó las entrañas. Aceleró el paso para alcanzarla y la cogió por el brazo.
- LALI, espera.-
Ella se detuvo y miró inequívocamente la mano de PETER sobre su brazo, y luego le miró directamente a los ojos.
- Por favor, déjeme. Acaba de dejar bastante claro lo mucho que detesta el contacto físico.-
Él retiró lentamente la mano mientras se le revolvía el estómago. El problema no era que le desagradara su contacto, sino que le gustaba demasiado.
- Te debo una disculpa - El silencio y una ceja levantada fueron toda la respuesta de LALI ante aquella declaración - Estaba enfadado y me he pasado - Y luego añadió - Lo siento.-
Ella lo miró fijamente durante un minuto largo. Luego ladeó afectadamente la cabeza y dijo con frialdad:
- Acepto sus disculpas, señor LANZANITIEL. Ahora, discúlpeme, por favor, debo cambiarme de ropa, no puedo seguir vestida con este «escandaloso» atuendo.-
Dio media vuelta y siguió caminando hacia la casa, arrastrando el vestido.
PETER se quedó allí parado, mirándola fijamente mientras se alejaba. No lograba recordar la última vez que alguien se había atrevido a contradecirle. O la última vez que se había disculpado. Ni aquel desagradable remordimiento por haber hecho sufrir a otra persona. Ni tampoco que le importara que alguien pensara mal de él. Lo único que sabía era que le dolía el corazón. Y no tenía nada que ver con los golpes que LALI le había dado en el pecho.

La mirada de PETER se detuvo en LALI y se le aceleró el pulso. Llevaba el pelo cuidadosamente recogido en la nuca con un pulcro moño. Sus miradas se cruzaron y, cuando ella le dedicó una breve sonrisa, a PETER le invadió una reconfortante sensación de alivio por todo su cuerpo. Entonces se dio cuenta de que había estado conteniendo la respiración.
Aquella tarde le tocaba a Nathan dar las gracias por los alimentos y todo el mundo se dio la mano. Todo el mundo menos PETER y LALI. Callie deslizó su diminuta manita en la mano de PETER, pero, aunque LALI le dio la mano a Lucy, no hizo en ningún momento ademán de dársela a PETER.
A PETER le embargó una profunda sensación de pérdida.
«Toca a la gente para mostrarle su afecto. Pero no me quiere tocar a mí».
Un padecimiento completamente desconocido para él le encogió el corazón. No podía culpar a nadie salvo a sí mismo.
«Maldita sea, yo no me refería a que no quería que volviera a tocarme nunca más».
Con un nudo en la garganta, PETER tendió la mano a LALI. Ella miró hacia abajo y en sus ojos brilló la sorpresa, pero no hizo ningún ademán de darle la mano.
En voz baja para que sólo ella le pudiera oír, PETER dijo una palabra que el marqués de LANZANI raramente utilizaba, si es que la había utilizado alguna vez:
- Por favor.-
Se volvieron a cruzar sus miradas y, tras varios latidos, ella depositó su mano en la de él. Sus palmas entraron en contacto y el calor fluyó súbitamente por todo el brazo de PETER. Él apretó suavemente la mano de LALI y una sonrisa iluminó sus labios cuando ella le devolvió el apretón. Después de todo, eso de tocarse, no era tan terrible. Por supuesto, él lo estaba soportando únicamente para hacer bien el papel de tutor. De hecho, estaba sumamente impresionado con sus recién descubiertas dotes de actor.
Mientras Nathan daba las gracias por los alimentos, PETER dejó vagar la mente, evocando la imagen de LALI tal y como había salido del lago, empapada y sucia, sonriendo y riéndose, luego con los ojos encendidos, desafiándole y golpeándole en el pecho. Volvió a apretar los dedos involuntariamente alrededor de su mano.
- Señor LANZANITIEL, ahora ya puede soltar la mano de LALI - Dijo Callie estirando de la manga de PETER - La oración ya ha finalizado.-
PETER miró a la pequeña y soltó lentamente la mano de LALI.
- Gracias, Callie - Le dijo con una sonrisa.
Callie sonrió alegremente.
- No hay de qué.-
La comida fue ruidosa y animada, con los niños explicando lo que habían hecho aquel día a tía JUSTINA, Winston y Grimsley.
- ¡Que me cojan por los pantalones y me lancen de cabeza desde el nido del cuervo! - Exclamó Winston negando con la cabeza - Los asquerosos de… - Captó la mirada de aviso de LALI y tosió - Los locos de esos perros seguro que acaban provocando un accidente algún día.-
Grimsley miró a Winston entornando los ojos.
- Si no recuerdo mal, fuiste tú quien animó a la señorita LALI a quedarse con esas bestias indómitas - Levantó la nariz con gesto altivo y añadió - Yo habría…-
- Pero si tú ni siquiera puedes ver a esos sarnosos perros callejeros, viejo bobo y ciego - Espetó Winston - No sabrías distinguir un perro de una mesita incluso aunque te cayeras encima de uno.-
Grimsley enderezó sus delgados hombros.
- En calidad de ayuda de cámara personal del capitán ESPOSITO, nunca me he caído encima de ningún perro ni de ninguna mesita.-
- Seguro que lo has hecho, pero no lo reconocerías nunca, miope saco de huesos.-
LALI se aclaró la garganta con un sonoro «ejem» y los dos hombres dejaron de discutir. Aunque no intercambiaron más que unas pocas palabras durante toda la cena, PETER fue muy consciente de que LALI estaba sentada a su lado. Cada vez que ella se movía, un sutil perfume a rosas inundaba sus fosas nasales. El suave sonido de su risa le acariciaba los oídos con la dulzura de la miel. Sus dedos se rozaron una vez cuando los dos fueron a coger el salero al mismo tiempo y a él casi se le para el corazón. Una oleada de calor le subió por el brazo, y él negó con la cabeza, aturdido por la intensidad de la reacción.

CAPITULO 28

PETER y los niños se unieron a LALI y Lucy justo cuando ellas estaban a punto de saludar a dos caballeros y una dama. Cuando los recién llegados se encontraban a unos metros de ellos, se detuvieron.
- ¡Señorita ESPOSITO! - Dijo el más bajo de los hombres - Pero… ¿Qué clase de tragedia se ha cernido sobre usted?-
PETER miró de arriba abajo al hombre que acababa de hablar. Era un joven apuesto de cabello castaño claro y preocupados ojos azules. PETER se dio cuenta de que la mirada de aquel hombre se detenía en Lucy, a quien inmediatamente se le ruborizaron las mejillas, adquiriendo un delicado color rosa. Volviendo a mirar a LALI, a PETER le extrañó que se hubiera puesto pálida y que guardara un silencio impropio de ella. Su atención estaba centrada en el otro hombre del trío.
El otro joven, de cabello rubio y ojos azul claro, también era bastante apuesto. PETER se tensó cuando vio que aquel hombre examinaba la forma en que el empapado vestido de LALI se pegaba a las curvas de su cuerpo. Luego PETER detuvo la vista en la dama que se encontraba entre ambos caballeros. Era bastante atractiva, aunque tenía una expresión un tanto malhumorada.
LALI carraspeó.
- Estábamos jugando con los perros y acabamos todos en el lago, me temo.-
- ¡Qué desafortunado accidente, pero qué propio de usted, querida LALI! - Dijo la mujer arrugando la nariz.
PETER vio cómo la arrogante mirada de la mujer recorría a todo el grupo y se detenía en él. Sus ojos castaños se abrieron de par en par en señal de sorpresa, y luego se entornaron, visiblemente interesados en lo que veían.
- LALI, querida, creo que debería hacer las presentaciones de rigor.-
Musitó la arrogante belleza, mientras sus ojos repasaban ávidamente cada centímetro de la húmeda anatomía de PETER, aparentemente gustándole lo que veía.
- ¿Presentaciones? - LALI siguió la mirada de la mujer y vio a PETER - Oh, sí. Por supuesto. Les presento al señor PETER LANZANITIEL, de Londres. Es nuestro invitado y va a quedarse con nosotros varias semanas -LALI asintió y luego miró a PETER - Señor LANZANITIEL, le presento a la señora Lorelei Smythe, vecina del pueblo - Añadió sin el menor entusiasmo.
PETER hizo una reverencia formal ante la mano que le tendía la mujer.
- Es un placer, señora Smythe.-
- El placer es mío, señor LANZANITIEL.-
Asintió la señora Smythe con voz sedosa mientras volvía a deslizar la mirada por toda la estatura de PETER.
LALI prosiguió con las presentaciones:
- Le presentó al doctor Marshall Wentbridge, también vecino del pueblo. Marshall completó recientemente sus estudios y ahora es médico. Le visitó cuando estaba herido.-
Marshall Wentbridge tendió amistosamente la mano a PETER.
- Me alegra verle tan recuperado, señor LANZANITIEL. Es evidente que ya ha conocido a Winky, Pinky y Stinky - Dijo frunciendo irónicamente los labios.
- Triste pero cierto - Asintió PETER con una mueca.
PETER soltó la mano del doctor Wentbridge y dirigió la atención al hombre de cabello rubio. Para su irritación, aquel hombre estaba mirando sin ningún disimulo los senos de LALI, cuyos contornos se marcaban bajo la ropa mojada. PETER arrugó inmediatamente la nariz.
Esperó a que LALI hablara, y le sorprendió lo afectada que sonaba su voz.
- Señor LANZANITIEL, déjeme presentarle a otro vecino del pueblo: el señor BENJAMI AMADEO
Aquel nombre le sentó a PETER como una patada en la entrepierna. BENJAMI AMADEO. Hizo un gran esfuerzo por permanecer inexpresivo mientras examinaba al hombre que había dejado plantada a LALI.
BENJAMI le tendió la mano.
- Encantado de conocerle, señor LANZANITIEL - Dijo con visible falta de interés, sin apartar la mirada de LALI_.
PETER dio un paso a un lado y se puso delante de LALI, impidiendo de ese modo que BENJAMI siguiera recorriendo su cuerpo tan ávidamente con la mirada, y le estrechó la mano con la misma falta de interés.
- Bueno, me ha encantado volverlos a ver a todos - Dijo LALI asomándose tras el hombro de PETER - Pero, como pueden ver, estamos un poco indispuestos y debemos regresar a casa. Por favor, discúlpennos.-
Se dio la vuelta, cogió a Callie de la mano y empezó a andar hacia la casa. No había dado más de dos pasos cuando la voz de Lorelei Smythe la hizo detenerse.
- Antes de que se vaya, LALI, querida, debo explicarle el motivo que nos ha traído aquí - Dijo mientras alargaba la mano para entregarle a LALI un papel doblado lacrado en rojo - Es una invitación para que usted y Lucy asistan a una pequeña fiesta que celebraré en mi casa dentro de una semana en honor al feliz regreso de BENJAMI a Halstead. También me encantaría que asistiera usted - Añadió dirigiéndose a LALI - Espero que, para entonces, todavía siga en Halstead, señor LANZANITIEL. Será un placer para mí verlo en mi fiesta.-
Una lenta sonrisa iluminó su rostro mientras sus ojos recorrían los músculos claramente visibles bajo la empapada camisa de PETER. PETER percibió enseguida la sugerente invitación en la seductora mirada de la mujer. Parecía como si se lo fuera a comer literalmente como merienda.
Determinado a ser amable con los vecinos de LALI, PETER inclinó la cabeza hacia delante y contestó:
- Sería un honor para mí asistir a su fiesta.-
- Excelente.-
La mirada de Lorelei seguía fija en PETER. Luego miró puntualmente a LALI.
- Espero que para entonces ya haya podido secarse, mi querida LALI - Dijo con una carcajada. Luego se cogió con ambas manos a los brazos de sendos acompañantes - Caballeros, volvamos al pueblo antes de que regresen esos salvajes perros.-
Los dos hombres se despidieron y a James le hizo gracia que Marshall Wentbridge no apartara la vista de Lucy hasta el último segundo. Sin embargo, no le hizo ninguna gracia que BENJAMI AMADEO no apartara la vista de LALI hasta el último segundo. Ni la más mínima.

- LALI, espera.-
PETER no quería que su petición sonara como una orden, pero fue incapaz de ocultar su irritación.
LALI se giró hacia él con las cejas levantadas en señal de interrogación. El resto del desaliñado grupo continuó por el camino hacia la casa.
- ¿Qué ocurre, PETER?-
PETER repasó con la mirada el empapado vestido de LALI, que se pegaba a su voluptuoso cuerpo como un guante de satén, y el más puro deseo masculino se adueñó de él. En vez de sangre, le corría fuego por las venas, y perdió completamente la calma.
- Tenemos que hablar sobre tu falta de… Decencia.-
A LALI se le levantaron todavía más las cejas.
- ¿Qué acabas de decir?-
- Ese hombre, ese tal AMADEcart…-
- AMADEO.-
- Eso. Le ha faltado poco para ponerse a babear cuando te ha visto el vestido pegado al cuerpo de una forma que sólo se puede describir como indecente.-
A LALI se le encendió el rostro.
- Seguro que le has malinterpretado. BENJAMI nunca me ha faltado al respeto.-
- Ya lo creo que lo ha hecho. Te ha desnudado con los ojos hace apenas cinco minutos.-
«Y, maldita sea, yo también lo he hecho».
Su irritación dio paso a la ira.
- Tu forma de vestir dista poco de lo escandaloso. Si no te exhibes en pantalones de montar hiperceñidos…-
- ¡Exhibirme! - Exclamó LALI irritada.
- … vas calada hasta los huesos y… - Indicó su estado con un movimiento de mano - Bueno, calada. Tu comportamiento dista muy poco de lo escandaloso.-
Los ojos de LALI echaban chispas azules.
- ¿Ah, sí? Entonces, dime, ¿Qué es exactamente lo que encuentras tan ofensivo?-
- ¡Todo! - Dijo furioso. Toda la frustración que había ido acumulando en su interior explotó y salió a bocajarro - La forma en que montas a caballo, a horcajadas. Que las revistas de hombres. Que siempre lleves el pelo suelto. Por el amor de Dios, sólo las niñas y las cortesanas llevan el pelo de ese modo - Empezó a dar vueltas nerviosamente delante de ella - Siempre estás tocando a la gente. ¿Tienes alguna idea de lo inapropiado que fue que me afeitaras? ¿Pasear a solas conmigo por el jardín? ¿Dejar que te besara? - PETER hizo una breve pausa para tomar aire y prosiguió - Y luego está la forma en que llevas la casa. Tus hermanos deberían estar en un internado, Callie necesita una institutriz y a todos les iría bien un poco más de disciplina y unas normas estrictas a seguir. Las clases se dan entre cuatro paredes, no sobre una colcha apolillada. Los niños y el personal de servicio no comen en el comedor ni en la misma mesa que los adultos - Hizo una pausa en su invectiva y se pasó los dedos por el pelo mojado - Winston necesita pulir su lenguaje y Pierre controlar su genio. Tu casa está a un paso del caos, y el comportamiento de toda tu familia a menudo roza los límites de la decencia.-
LALI seguía echando fuego azul por los ojos.
- ¿Ya ha acabado el señor?-
PETER asintió tensamente.
- Sí, creo que eso lo abarca prácticamente todo.-
- Excelente.-
En vez de amedrentarse en vista del enfado de PETER, como él esperaba, LALI dio un paso hacia él y le golpeó fuertemente con el índice en el pecho. PETER retrocedió sorprendido.

viernes, 25 de marzo de 2016

CAPITULO 27

- ¿Necesita un pañuelo? - Preguntó LALI a PETER mirándole sin ningún disimulo la cara manchada de saliva.
PETER se tocó la mejilla con los dedos.
- De hecho, creo que un buen baño sería más apropiado - Dijo en tono de guasa.
Si Sigfried hubiera vivido aquella escena, su impecable ayuda de cámara habría muerto de apoplejía, inmediatamente después de condenar a muerte a aquellos perros.
- Espere aquí, le mojaré una servilleta.-
LALI se levantó, caminó hasta el lago, se agachó y sumergió el extremo de una servilleta de lino en el agua.
- ¡Cuidado, LALI!-
El aviso de Andrew llegó demasiado tarde. En cuanto LALI se levantó, una de las bestias saltó sobre ella y le apoyó las enormes patas delanteras encima de los hombros.
LALI, que evidentemente no estaba preparada para recibir un saludo tan entusiasta, perdió el equilibrio. Se cayó hacia atrás y aterrizó en el agua, con una sonora salpicadura, mientras el gigantesco animal seguía encima de ella, lamiéndole la cara.
PETER se puso de pie de un salto, ignorando el dolor que aquel repentino movimiento le provocó en las costillas, y corrió hacia la orilla.
- ¡Para ya, perro loco! - Chilló Andrew, dándole a la bestia un fuerte empujón.
El perro obsequió a LALI con un último lametón en la cara y se alejó, corriendo orilla abajo, seguido por sus compañeros en una frenética carrera.
Cuando PETER llegó a la orilla, Andrew y Nathan habían ayudado a LALI a ponerse de pie y la estaban ayudando a salir del lago. PETER se detuvo y contempló la escena.
LALI estaba empapada, de pies a cabeza. Tenía la melena aplastada contra el cráneo, pequeñas hojitas pegadas a los cabellos y manchas de lodo salpicándole la cara, como pequeñas pecas sobre su pálida piel.
El vestido, manchado de lodo negro, se le pegaba al cuerpo como una segunda piel. PETER la repasó de arriba abajo con la mirada, mientras su imaginación se deleitaba con la perfección de las curvas que se insinuaban bajo el tejido.
Las ventanas de la nariz se le contrajeron en cuanto le llegó una bocanada de aire procedente de LALI. Olía a perro muerto. Era evidente que Stinky era el culpable. La mirada de PETER se volvió a detener en el rostro de LALI y se quedó de piedra, atónito ante lo que veían sus ojos. Esperaba que LALI estuviera enfadada. Cualquiera de las mujeres que conocía, incluyendo su hermana, que tenía buen corazón, estaría furiosa y enrabiada después de semejante incidente. Pero LALI sonreía.
- ¿Estás bien? - Le preguntó Lucy mientras tomaba a Callie de la mano.
LALI se rió y se miró de arriba abajo.
- Bueno, tengo un aspecto horrible y huelo todavía peor, pero aparte de eso, estoy bien - Dirigió una tímida mirada a PETER - ¿Le había comentado que los perros son algo excitables?-
A PETER se le ocurrieron inmediatamente varios adjetivos más para describir aquellas bestias asquerosas, pero antes de que pudiera decirlas, los perros volvieron corriendo a todo galope con las lenguas colgando. Las tres bestias rodearon al grupo y se sacudieron simultáneamente para secarse, salpicando chorros de agua con lodo en todas direcciones. Luego despegaron al unísono, desapareciendo entre los árboles.
PETER se miró la camisa empapada e hizo ademán de secarse las gotas de agua de la cara con la manga mojada.
- ¿Ha dicho excitables? - Preguntó repasando con la mirada al resto del grupo.
Estaban todos mojados y sucios, especialmente la pequeña Callie, que estaba calada hasta los huesos.
- Quizás excesivamente entusiastas sea la palabra - Sugirió Lucy con una risita, mientras se apartaba el pelo mojado de la cara.
- Y también demasiado apasionados - Añadió Andrew con una sonrisa.
- De hecho, mentalmente desequilibrados sería más exacto - Masculló PETER mientras negaba repetidamente con la cabeza.
Nathan se giró hacia su empapada y sucia hermana mayor y la miró con ojos suplicantes.
- LALI, por favor, ¿Podemos bañarnos en el lago? Por favor. Ya estamos calados.-
PETER creía que LALI se opondría, pero vio brillar una chispa de malicia en sus ojos. Se bajó súbitamente la falda empapada hasta las rodillas y dijo:
- ¡Tonto el último!-
El resto de los ESPOSITO, incluyendo Lucy, la única que hasta aquel momento James había considerado que estaba en su sano juicio, se lanzó al lago. Nathan aterrizó de barriga, salpicando a todos los demás al sumergirse en el agua. PETER se quedó de pie en la orilla, entre divertido y horrorizado por aquel comportamiento tan eufórico y desinhibido. Empezaron a salpicarse agua unos a otros al tiempo que se proferían insultos shakesperianos.
- «¡Oh, atroz es mi delito! ¡Su corrompido hedor llega hasta el cielo!»-
Salpicadura.
- «¡Huelo por todas partes a orines de caballo, lo que pone a mi nariz en gran indignación!»-
Salpicadura.
- «¡El suyo es un olor deshonroso y escandaloso!»-
Salpicadura.
PETER negó repetidamente con la cabeza en señal de desconcierto. Todos eran candidatos para ingresar en el manicomio. Pero, maldita sea, su alegría era contagiosa. Inclinando la cabeza hacia atrás, PETER se rió hasta que le empezó a doler la mandíbula. Sencillamente, no se podía contener. La familia al completo, desde LALI, supuestamente adulta, hasta la pequeña Callie, estaba empapada, sucia y, evidentemente, pasándoselo en grande.
- ¡Señor LANZANITIEL! ¡Señor LANZANITIEL! Usted es el tonto; todavía no se ha bañado en el lago - Callie corrió hasta PETER y le cogió la mano, tirando de él - ¡Vamos! ¡Se está perdiendo toda la diversión!-
PETER dudó.
«¿Juguetear en el lago? ¿Vestido?».
Nunca había hecho nada tan indecoroso en toda su vida. Una cosa era verlo y otra muy distinta practicarlo.
Callie volvió a estirarle del brazo.
- No tenga miedo, señor LANZANITIEL. No es más que agua.-
PETER estiró en sentido contrario.
- No tengo miedo.-
Acercándose más, Callie le dijo en voz baja:
- Si Winston estuviera aquí, le diría: «Meta su asqueroso culo en el agua de una puñetera vez. No se le va a encoger». Eso es lo que les dice a Andrew y Nathan cuando se niegan a bañarse.-
Una serie de escandalosas carcajadas casi dejan a PETER sin respiración. Entre horrorizado y divertido ante el desparpajo de Callie, PETER dio un par de pasos hacia delante mientras se debatía entre si debía o no corregir a la pequeña.
Callie interpretó claramente aquel movimiento como un signo de recapitulación. Se colgó del brazo de PETER y éste desistió.
«¡Qué diablos! ¡Nadie se enterará!».
Dejó que Callie le arrastrara hasta la orilla. En el instante en que se unió al resto del grupo, una pared de agua le golpeó el rostro, cogiéndole desprevenido y dejándole farfullando.
- ¡Ahí va eso!-
LALI le dirigió una sonrisa desafiante. Decidido a recuperar su dignidad, PETER soltó un fuerte gruñido y golpeó la superficie del agua con ambas manos, salpicando agua con todas sus fuerzas. Sus doloridas costillas protestaron, pero él ignoró el dolor, empeñado como estaba en recuperar su honor. Callie y Andrew se pusieron de su lado, en contra de Nathan, Lucy y LALI, y enseguida se declaró una guerra total.
Tras casi media hora, LALI pidió un alto el fuego.
- ¡Alto! - Dijo sofocadamente, jadeando por el esfuerzo.
PETER seguía agachado, con las manos bajo la superficie, preparado para atacar. Miró al bando opuesto con ojos achinados.
- ¿Se rinden?-
- Sí, yo me rindo. Ya no puedo más - Dijo LALI, apartándose el pelo mojado de la frente.
- Tampoco yo - Dijo Lucy jadeando.
- ¡Pero, LALI! - Protestó Nathan - Yo todavía no me quiero rendir.-
LALI acarició a Nathan en la cabeza.
- Parte de ser un buen jefe consiste en saber cuándo te han derrotado. Ya les venceremos la próxima vez.-
- Aceptamos vuestra rendición - Dijo PETER solemnemente.
Los bandos opuestos se estrecharon las manos y salieron del lago chapoteando, riéndose y chorreando agua.
Acababan de pisar la orilla cuando les llegó una voz masculina procedente de la densa arboleda.
- ¡Hola! ¿Es usted, señorita ESPOSITO?-
Las miradas de todos se centraron en un grupo de personas que salían del bosque.
- ¡Santo Dios, LALI, es el doctor Wentbridge! - Dijo Lucy en voz baja y con tono de preocupación - ¿Qué pensará de mí sí me ve en este estado? ¡Oh, Dios!-
- Ven, deprisa.-
LALI cogió a Lucy de la mano y corrió con ella hacia la colcha. Recogió una sábana limpia del suelo y la sacudió enérgicamente para que se desprendieran las hojas.
- No podemos hacer nada con tu pelo, pero, por lo menos, te taparemos el vestido mojado.-
LALI envolvió a Lucy en la sábana, apartó con la mano un mechón empapado del rostro húmedo y ruborizado de su hermana y luego se giró hacia los recién llegados.

CAPITULO 26

Cuando los niños hubieron completado sus tareas, todo el mundo se reunió en torno a la colcha para comer. LALI sacó fuentes conteniendo pasteles fríos de carne, pollo, pescado y queso, mientras Lucy iba cortando rebanadas de pan.
Después de servir a los niños, LALI se dirigió a PETER.
- Espero que tenga hambre, señor LANZANITIE.-
- Muchísima - Le aseguró PETER, recordándose a sí mismo que estaban hablando de comida.
- ¿Qué parte del pollo prefiere? - Le preguntó, mirando dentro de la cesta de la comida - Tengo tres muslos, una pechuga y dos alas.-
- ¿En serio? Debe de verse negra para encontrar ropa que le vaya bien.-
Al principio pareció confundida por aquellas palabras y luego, cuando se dio cuenta de lo que significaban, se le tiñeron las mejillas de un rojo intenso.
- No me refería a…-
- Estaba bromeando, LALI - Dijo con dulzura, sintiéndose más alegre de lo que se había sentido en muchos años. Alargó el brazo alrededor de LALI, cogió un muslo de pollo y le dio un mordisco con fruición – Delicioso - Proclamó, guiñándole el ojo con descaro.
«Nunca pensé que ser tutor fuera tan divertido».
Inclinándose hacia LALI, le dijo bajando la voz:
- Te estás sonrojando, LALI. Igual que cuando me dijiste que tu nombre significaba «prado de heno» - Hizo una pausa y le miró directamente a la boca - Creo que ahora nos conocemos lo suficiente para que me expliques por qué el significado de tu nombre te enciende de ese modo las mejillas.-
Mirando a su alrededor, James comprobó que Andrew y Nathan estaban absortos en la improbable combinación de actividades que suponía comer pasteles de carne e intentar coger un saltamontes. Lucy y Callie estaban sentadas en el extremo más alejado de la extensa colcha, comiendo, mientras se reían de las payasadas de Andrew y Nathan.
- Esto es todo lo solos que podremos estar entre semejante multitud. Cuéntamelo ahora - Le instó.
A LALI le brillaron los ojos como si algo le pareciera sumamente divertido.
- No quiero escandalizarte.-
Él agitó la pata de pollo en el aire en un ademán triunfal.
- Yo no me escandalizo por nada. Te lo aseguro.-
- Está bien, pero luego no digas que no te he avisado. En la familia ESPOSITO es tradición poner nombre a los hijos en honor al lugar o las circunstancias que rodearon su… Eh… Concepción.-
PETER la miró fijamente durante varios latidos de corazón mientras iba entendiendo lo que acababa de oír.
- Te refieres a que tus padres…-
- Exactamente. En un prado de heno. Estoy profundamente agradecida a que no hubiera ningún riachuelo cerca o tal vez me habrían puesto un nombre tan horrendo como «Aguada» o «Riachuela».-
- Desde luego - A PETER se le escapó una risita - Debo admitirlo, ahora siento curiosidad por el origen de los nombres de tus hermanos.-
Ella levantó las cejas.
- Tenías razón. No te escandalizas por nada.-
- Afirmativo.-
- De acuerdo. Lucy significa «fabricada con miel». Al volver de uno de sus viajes, mi padre le trajo a mi madre una jarra de porcelana llena de miel y… - Su voz se fue desvaneciendo poco a poco.
PETER contuvo la risa.
- No hace falta que sigas. Me lo puedo imaginar.-
- Nathan significa «regalo de Dios» y mis padres lo eligieron porque habían rezado pidiéndole a Dios un varón. Andrew significa «varonil», elegido por mi madre porque ella decía que mi padre era… Eso, varonil - LALI se llevó la mano a la boca y tosió - Y Callie significa «la más bonita», de nuevo elegido por mi madre para conmemorar su… Bueno, aquella noche con mi padre.-
PETER no estaba seguro de qué le hacía más gracia: aquellas «escandalosas» anécdotas o el creciente color carmesí que estaban adquiriendo las mejillas de LALI. Sus miradas se cruzaron y los dos dejaron de reírse. El regocijo de PETER se desvaneció súbitamente, dando paso al imperioso deseo de tocarla. De besarla. Todas las promesas que se había hecho a sí mismo la noche anterior se esfumaron como por arte de magia, y el firme propósito que había tomado se derritió como el azúcar en el té caliente.
Por primera vez en muchos años, no tenía absolutamente nada que hacer aparte de sentarse sobre una colcha junto a un lago y mordisquear muslos de pollo, y estaba disfrutando de lo lindo. Todas las obligaciones y responsabilidades con que tenía que cargar estaban a kilómetros de distancia de aquel momento. Le embargó una profunda sensación de paz que no había sentido en toda su vida.
No debería coquetear con LALI, pero no lo podía evitar. Su mirada se detuvo en aquellos inmensos ojos de un azul cristalino y una lenta sonrisa curvó la comisura de sus labios.
PETER deslizó un dedo perezoso por la ruborizada mejilla de LALI. Ella inspiró entrecortadamente y separó ligeramente los labios, atrayendo la atención de PETER. La necesidad de volver a probar el sabor de aquella apetitosa boca se estaba imponiendo sobre su sentido común a marchas forzadas. Inclinándose más hacia ella, le susurró al oído:
- Tu piel adquiere la tonalidad más fascinante cuando…-
- ¡LALI! - La voz de Callie irrumpió súbitamente - ¿Puedo tomar un poco de sidra?-
LALI respiró sofocada. A PETER le embargó una profunda decepción.
Apartando la mano de PETER con un movimiento brusco, LALI centró su atención en servir a Callie un poco de sidra, y se perdió la magia del momento.
Lucy volvió a unirse al grupo y se sirvió otra rebanada de pan.
- ¿Qué edad tienen los niños a quienes enseña, señor LANZANITIE? - Preguntó Lucy .
PETER se forzó en apartar la mirada de la tentadora boca de LALI.
- El joven a quien tenía como alumno hasta hace poco se trasladó a Eton recientemente, y ahora mismo estoy sin trabajo - Improvisó sobre la marcha - Tengo programado empezar con una nueva familia el mes que viene.-
- ¿Dónde vive esa familia? - Preguntó Callie - Espero que viva cerca de Halstead para que le podamos ver a menudo.-
Sus grandes ojos se clavaron en PETER y le miraron con gran expectación.
La alegría de PETER se desvaneció ligeramente y una nota de seriedad se reflejó en su rostro. En cuanto abandonara Halstead, dudaba que volviera a ver otra vez a los ESPSOITO. Su vida estaba casi exclusivamente en Londres o la finca que tenía en el campo, el Señorío de LANZANI, que se encontraba a dos horas de Londres en la dirección opuesta a la de Halstead. Él y los Albright se movían en círculos sociales completamente diferentes. No, era poco probable que los volviera a ver.
- Me temo que la familia vive muy lejos de Halstead, Callie - Contestó él.
Los ojos de Callie perdieron súbitamente el brillo de la esperanza, y PETER sintió una punzada de ternura en el corazón.
- Vaya - Dijo Callie, visiblemente decepcionada. Luego se le volvió a iluminar el rostro - Tal vez pueda venir a visitarnos.LALI me prometió que celebraríamos una fiesta el mes que viene por mi cumpleaños. ¿Le gustaría venir? Habrá una gran merienda con té, pastas y pasteles.-
PETER se salvó en el último momento gracias a un fuerte ladrido. Se dio la vuelta y emitió un grito sofocado mientras observaba atentamente a tres perros gigantescos -¿O eran caballos pequeños que habían aprendido a ladrar?- que corrían directamente hacia ellos como alma que lleva el diablo. Sin demasiado entusiasmo, PETER hizo ademán de levantarse, pero LALI le retuvo sujetándole del brazo.
- Yo que usted no me levantaría - Le avisó entre risas - Sólo conseguirá que le tiren al suelo.-
- ¿Qué diablos son? - PETER miró con desconfianza a las bestias que se aproximaban - Parece como si pudieran comerse a Callie de un bocado. Y casi están encima de nosotros.-
- Son nuestros perros. Ya sé que su aspecto es bastante intimidador, pero son dóciles como corderitos. Limítese a quedarse quieto y deje que le olfateen. Se harán íntimos amigos en menos que canta un gallo.-
A PETER no le dio tiempo a contestar. Los tres perros se precipitaron sobre ellos, ladrando, dando lengüetazos y moviendo nerviosamente la cola, y se instauró el caos. Las bestias alternaban entre engullir ávidamente cualquier resto de comida que había quedado sobre la colcha, lamer a los ESPOSITO y ladrar de forma desafiante. PETER se quedó sentado, completamente paralizado, rezando para que el monstruo que le estaba olfateando la oreja no decidiera arrancársela de cuajo al confundirla con unos entremeses.
- ¿Puedo presentarle a nuestros perros, Winky, Pinky y Stinky? - Dijo LALI intentando sin demasiado éxito contener la risa - Chicos, les presento al señor LANZANITIE, nuestro invitado. Espero que lo traten con la máxima amabilidad y consideración.-
A la bestia que estaba justo delante de PETER le faltaba un ojo.
- Supongo que éste es Winky - Tanteó PETER dirigiendo una mirada de reojo a LALI.
- Sí, el pobre Winky perdió un ojo al poco tiempo de nacer. Y éste es Pinky. Callie le puso ese nombre porque, cuando era un cachorro, no tenía pelo, sólo piel de color rosa.-
PETER se contuvo de señalar que Pinky seguía sin tener mucho pelo. Era probablemente el ser más horripilante que PETER había visto en toda su vida.
La tercera bestia se acercó a PETER, restregó el hocico contra su cara y ladró una vez. Sin lugar a dudas, aquel animal era Stinky. El hedor de su aliento casi mareó a PETER. Luego, antes de que él pudiera hacer nada, la bestia le lamió todo el lado de la cara con su lengua viscosa y hedionda.
- ¡Vengan, chicos! - Gritaron Nathan y Andrew.
Recogieron varios palos y corrieron hacia la orilla del lago.
Al cabo de varios segundos, los perros entraban nadando en el agua, persiguiendo con visible entusiasmo los trozos de madera.

jueves, 24 de marzo de 2016

AVISO

CHICAS DIGAMEN SI QUIEREN QUE SIGA CON LA NOVELA YA QUE VEO QUE NO LES GUSTA YA QUE NO VEO NINGÚN COMENTARIO. SOLO DIGAMEN Y LA CANCELO

martes, 22 de marzo de 2016

CAPITULO 25

Sabiendo que, tras el escarceo que había tenido con LALI en el jardín, le resultaría imposible dormir, PETER se encaminó lentamente hacia la casa y entró en la biblioteca. Encendió la lámpara de aceite, fue directamente hacia la garrafa de brandy y se bebió dos copas en rápida sucesión.
El fuerte licor se filtró por sus venas, relajándole en alguna medida. Aliviado, se sirvió otra copa bien llena y se dejó caer en una de las butacas orejeras que había junto a la chimenea.
«¿Qué diablos estoy haciendo?».
Dio otro sorbo al brandy y se dio cuenta, muy a su pesar, de que le temblaban las manos. Estaba sumamente excitado, nervioso y condenadamente incómodo en aquellos pantalones tan estrechos.
Él ya sabía que besar a LALI sería un error antes de hacerlo, pero por alguna razón insondable no había sido capaz de controlarse. Había algo en aquella mujer, algo que no podía definir, que le atraía como la luz a las mariposas nocturnas.
«¡Maldita sea! ¡Esa mujer me ha dejado temblando!».
Dio otro sorbo al brandy, intentando quitarse de la cabeza la imagen de LALI mientras la estrechaba entre sus brazos. Fracasó estrepitosamente. Era dulce. Increíblemente dulce y sensible. Casi podía oírla suspirando su nombre, sus ojos nublados por la creciente pasión.
Con un gemido, reclinó la cabeza en el respaldo de la butaca y cerró los ojos, dejándose embargar completamente por el recuerdo de sus besos. Nunca había besado a una mujer tan alta, y tenía que admitir que había sido una experiencia única. Todas sus curvas se adaptaban a las formas de su cuerpo como las piezas de un puzzle, encajando perfectamente. Si ella no hubiera salido corriendo del jardín, sabe Dios lo que habría ocurrido.
LALI le excitaba como ninguna otra mujer le había excitado hasta entonces. Cuando le rodeó el cuello con los brazos y se apretó contra él, a James estuvieron a punto de fallarle las rodillas.
De dónde había sacado las fuerzas para contenerse de arrancarle la ropa y hundir su virilidad en su acogedora calidez era algo que PETER no sabría nunca. Conocía a muchos hombres que se dejaban llevar por sus pasiones y tomaban decisiones imprudentes basadas en las necesidades corporales en vez de en la razón. Normalmente PETER no tenía ese tipo de problemas, pero besar a LALI había sido, sin lugar a dudas, algo que llevaba el sello de las necesidades corporales. A pesar de que la cabeza le decía que no la besara, a pesar de que la lógica le gritaba que era una decisión imprudente, había hecho caso omiso de lo que le dictaba la razón.
«Y ahora, mira cómo estás, bebiendo brandy a media noche, todavía inquieto e incapaz de conciliar el sueño. Y todo por culpa de una solterona que se ha quedado para vestir santos».
Si los miembros de su club pudieran verle en ese momento, soñando despierto con una inocente muchachita de pueblo, se partirían de risa a su costa.
«Pero no es sólo una muchachita de pueblo que se ha quedado para vestir santos -le interrumpió su voz interior-. Exceptuando a ROCIO, ella es la única persona realmente buena que has conocido en toda tu vida. Lo comparte todo con todo el mundo: su familia, sus amigos e incluso los desconocidos, y sin pedir nada a cambio. ¿Qué tipo de persona haría algo así?».
Un ángel.
«Pero mira todos sus defectos».
Su comportamiento, su ropa, su familia… harían rasgarse las vestiduras a las damas de la alta sociedad. Pero, aun así, de algún modo aquella mujer le había calado muy hondo. Y, ¡maldita sea!, aquello no le gustaba lo más mínimo. Y lo que también le preocupaba sobremanera era que LALI pareciera tan alterada cuando salió corriendo del jardín.
Frustrado, PETER apuró el brandy y se levantó. Deambuló nerviosamente de un lado a otro. Tenía que afrontar la realidad. La única razón de que se hubiera quedado en la casa de los ESPOSITO era que alguien pretendía matarle. Regresaría a Londres dentro de unas semanas y, sin lugar a dudas, no volvería a ver a LALI nunca más. El tiempo que iba a tener que pasar en el campo debería invertirlo en pensar en la forma de capturar a su asesino, no en besarse con una mujer en el jardín. Pero parecía estar resultándole muy difícil recordar por qué estaba allí. No tenía ningún sentido iniciar ningún tipo de aventura con aquella mujer. Tal vez si ella tuviera más experiencia y supiera coquetear siguiendo sus reglas, se plantearía la posibilidad de pasar aquella estancia forzada en Halstead entre sus brazos. Pero no tenía ningún interés en seducir a una virginal solterona.
PETER se detuvo y miró hacia abajo, clavando la mirada en su excitación todavía visible y torció el gesto en una expresión de medio arrepentimiento. Bueno, tenía que admitirlo, deseaba seducirla. Pero no iba a hacerlo. Su vida estaba en Londres, y no había espacio en su mundo para la señorita LALI ESPOSITO ni su pandilla de ruidosos hermanos. Lo único que tenía que hacer era mantenerse lo más alejado posible de ella y controlarse cuando la tuviera cerca. No más besos. Ni uno más. Nunca más. Había permitido que las cosas se le fueran de las manos aquella noche, un error que no se podía repetir. Asintió enérgicamente con la cabeza y se encaminó hacia su alcoba.
Seguro que no le costaba demasiado controlar sus deseos carnales durante un par de semanas. Luego, en cuanto volviera a Londres, se refugiaría en los complacientes brazos de su amante y se olvidaría de aquel deseo enfermizo de poseer a una sencilla chica de campo.
«Ya lo creo. En cuanto sacie mis deseos con mi amante, todos mis pensamientos sobre LALI se desvanecerán completamente».
Su voz interior le dijo: «¡Lo dudo mucho!», pero, con grandes esfuerzos, él consiguió ignorarla.

LALI estaba tumbada en su cama, mirando al techo fijamente, reviviendo la última hora, la hora más maravillosa y más vergonzante de toda su vida. Sus emociones oscilaban constantemente entre la euforia y la vergüenza.
Un escalofrío le recorrió el espinazo al evocar el contacto con la boca de PETER, el calor de su cuerpo, aquel olor a limpio mezclado con toques picantes y aroma de madera que sólo le pertenecía a él. El calor le inundó las venas y se le concentró en el vientre. Después de vivir veintiséis años sin tener la más remota idea de cómo se sentía el deseo, PETER se lo había enseñado en cuestión de minutos.
Aquel extraño calor, doloroso y placentero al mismo tiempo… Aquel palpitar del corazón… Aquel cosquilleo que invadía todos sus sentidos… Eso era el deseo. Se llevó las yemas de los dedos a los labios, ligeramente hinchados, y se los palpó.
«¡Santo Cielo! ¿Qué pensará de mí?», se preguntó.
Al evocar su desenfrenada reacción a sus besos y a sus caricias, se le encendieron las mejillas. Pero él había abrumado completamente todos sus sentidos. Ella no podría haber contenido aquella reacción tan desinhibida, del mismo modo que no se puede arrancar la luna del cielo.
BENJAMI AMADEOS nunca le había hecho sentirse de aquel modo, como si toda ella fuera de mantequilla y estuvieran a punto de fallarle las piernas. De hecho, lo que sentía por PETER hacía palidecer sus sentimientos adolescentes hacia BENJAMI, como si nunca hubieran existido.
Mientras _LALI se iba dando cuenta del significado de aquel pensamiento, su corazón se saltó un latido. Sentándose de un salto en el borde de la cama, se apretó las palmas contra sus calientes mejillas, entre horrorizada y consternada por el descubrimiento. Se estaba enamorando de PETER LANZANITIEL.
«Enamorarme. ¡Santo Dios! ¿Es eso posible?».
Se dejó caer hacia atrás y se obligó a hacer varias inspiraciones profundas para tranquilizarse. Hacía tiempo que se había quitado de la cabeza la idea de encontrar a un hombre a quien amar y con quien compartir la vida. Había sabido salir adelante sola cuando BENJAMI la abandonó y, mirando hacia atrás, no podía culparle por no haber querido hacerse cargo de toda la familia ESPOSITO. La responsabilidad, como ella bien sabía, era como para intimidar a cualquiera. Ella había pasado todos aquellos años entregada en cuerpo y alma a su familia, sus días completamente ocupados en llevar la casa y educar a sus hermanos. Ninguno de los caballeros del pueblo era de su agrado y, de todos modos, ella sabía que era demasiado alta, demasiado normalita y demasiado poco convencional para que ningún hombre se fijara en ella. Con tan poco entre lo que elegir, había apartado de su mente cualquier esperanza de romanticismo y de amor.
Hasta que PETER LANZANITIEL entró en su vida.
Aquel hombre había ocupado constantemente sus pensamientos desde que lo encontró tendido sobre un riachuelo. Incluso cuando estaba postrado en el lecho, entre convulsiones febriles y cerca de la muerte, LALI había sentido algo, un indescriptible e inexplicable vínculo que la unía a él. Cuando al fin se despertó y ella pudo mirarle a los ojos, aquellos preciosos ojos de color verde oscuro, le dio un brinco el corazón. Ahora, después de pasar varios días con él, sus sentimientos se estaban haciendo cada vez más fuertes. Aparte de ser el hombre más imponente desde el punto de vista físico que ella había visto nunca, PETER tenía algo que la fascinaba. El hecho de que no tuviera familia le encogía el corazón. Sí, PETER tenía un aire de tristeza, una vulnerabilidad interior que la atraía como el néctar a las abejas. Deseaba con todas sus fuerzas desterrar aquellas sombras que acechaban tras sus ojos y oscurecían su mirada.
Ella se había dado cuenta de que PETER a veces se quedaba helado cuando ella lo tocaba, como si las caricias tiernas y afectuosas fueran algo completamente desconocido para él. Le recordaba a la gatita con una pata rota que había recogido cuando era niña. Ella se había desvivido cuidando de aquella pobre y necesitada criatura. La llevó al establo, le curó la pata y la llamó Petunia. Cuidó y alimentó a aquel peludo animalillo con todo su amor, poniendo todo su corazón, su alma y su compasión en la tarea. Petunia, que no tenía amigos y estaba completamente sola en el mundo, se deleitó ante tantas atenciones. A pesar de que alguna vez le bufó y le sacó las uñas, LALI nunca perdió la paciencia y pronto se hicieron uña y carne. Petunia murió cuando LALI tenía dieciséis años, y ella se pasó varios días llorando su muerte.
PETER le recordaba a aquella gatita, herida y desesperadamente necesitada de amor y compasión, aunque él ni siquiera lo supiera.
«Tal vez le pueda curar por dentro, además de por fuera. Tal vez nadie haya sido realmente bueno con él, tal vez nadie le haya querido de verdad».
Su mente se empezó a acelerar. Quizá, si le mostraba a James lo que era el amor de una familia, tal vez querría quedarse a vivir en Halstead.
«Tal vez le acabe importando tanto como él me importa a mí».
En aquel momento LALI se dio cuenta de que si PETER no se quedaba, si se iba dentro de dos semanas como tenía pensado, a ella se le partiría el corazón. ¿Qué probabilidades había de que él también se enamorara de ella y quisiera quedarse? LALI negó con la cabeza. Un hombre ya la había dejado plantada por las responsabilidades que suponía compartir la vida con ella. Nada había cambiado, ella nunca se plantearía la posibilidad de abandonar a su familia.
Y luego estaba la cuestión de su secreta profesión. ¿Cómo podía siquiera plantearse la posibilidad de iniciar una relación romántica en tales circunstancias? Y, además, no podía hacerse ninguna ilusión en lo que se refiere a su atractivo femenino. Nunca había tenido ninguno.
«No te olvides de cómo te ha besado», le interrumpió su voz interior.
Aquel beso. ¿Cómo iba a olvidarlo? Y lo cierto es que, mientras la besaba, PETER también parecía estar disfrutando. Tal vez no era tan poco atractiva como pensaba… LALI descartó inmediatamente aquella idea con un gesto de negación. No, categóricamente, los encantos femeninos no eran su fuerte.
¿Llegaría a importarle a PETER algún día? LALI volvió a negar con la cabeza. Las probabilidades no estaban precisamente a su favor. Pero, independientemente de cuáles fueran sus probabilidades de éxito, ¿Acaso no merecía la pena arriesgarse?

lunes, 21 de marzo de 2016

CAPITULO 24

Sabiendo que, tras el escarceo que había tenido con LALI en el jardín, le resultaría imposible dormir, PETER se encaminó lentamente hacia la casa y entró en la biblioteca. Encendió la lámpara de aceite, fue directamente hacia la garrafa de brandy y se bebió dos copas en rápida sucesión.
El fuerte licor se filtró por sus venas, relajándole en alguna medida. Aliviado, se sirvió otra copa bien llena y se dejó caer en una de las butacas orejeras que había junto a la chimenea.
«¿Qué diablos estoy haciendo?».
Dio otro sorbo al brandy y se dio cuenta, muy a su pesar, de que le temblaban las manos. Estaba sumamente excitado, nervioso y condenadamente incómodo en aquellos pantalones tan estrechos.
Él ya sabía que besar a LALI sería un error antes de hacerlo, pero por alguna razón insondable no había sido capaz de controlarse. Había algo en aquella mujer, algo que no podía definir, que le atraía como la luz a las mariposas nocturnas.
«¡Maldita sea! ¡Esa mujer me ha dejado temblando!».
Dio otro sorbo al brandy, intentando quitarse de la cabeza la imagen de LALI mientras la estrechaba entre sus brazos. Fracasó estrepitosamente. Era dulce. Increíblemente dulce y sensible. Casi podía oírla suspirando su nombre, sus ojos nublados por la creciente pasión.
Con un gemido, reclinó la cabeza en el respaldo de la butaca y cerró los ojos, dejándose embargar completamente por el recuerdo de sus besos. Nunca había besado a una mujer tan alta, y tenía que admitir que había sido una experiencia única. Todas sus curvas se adaptaban a las formas de su cuerpo como las piezas de un puzzle, encajando perfectamente. Si ella no hubiera salido corriendo del jardín, sabe Dios lo que habría ocurrido.
LALI le excitaba como ninguna otra mujer le había excitado hasta entonces. Cuando le rodeó el cuello con los brazos y se apretó contra él, a James estuvieron a punto de fallarle las rodillas.
De dónde había sacado las fuerzas para contenerse de arrancarle la ropa y hundir su virilidad en su acogedora calidez era algo que PETER no sabría nunca. Conocía a muchos hombres que se dejaban llevar por sus pasiones y tomaban decisiones imprudentes basadas en las necesidades corporales en vez de en la razón. Normalmente PETER no tenía ese tipo de problemas, pero besar a LALI había sido, sin lugar a dudas, algo que llevaba el sello de las necesidades corporales. A pesar de que la cabeza le decía que no la besara, a pesar de que la lógica le gritaba que era una decisión imprudente, había hecho caso omiso de lo que le dictaba la razón.
«Y ahora, mira cómo estás, bebiendo brandy a media noche, todavía inquieto e incapaz de conciliar el sueño. Y todo por culpa de una solterona que se ha quedado para vestir santos».
Si los miembros de su club pudieran verle en ese momento, soñando despierto con una inocente muchachita de pueblo, se partirían de risa a su costa.
«Pero no es sólo una muchachita de pueblo que se ha quedado para vestir santos -le interrumpió su voz interior-. Exceptuando a ROCIO, ella es la única persona realmente buena que has conocido en toda tu vida. Lo comparte todo con todo el mundo: su familia, sus amigos e incluso los desconocidos, y sin pedir nada a cambio. ¿Qué tipo de persona haría algo así?».
Un ángel.
«Pero mira todos sus defectos».
Su comportamiento, su ropa, su familia… harían rasgarse las vestiduras a las damas de la alta sociedad. Pero, aun así, de algún modo aquella mujer le había calado muy hondo. Y, ¡maldita sea!, aquello no le gustaba lo más mínimo. Y lo que también le preocupaba sobremanera era que LALI pareciera tan alterada cuando salió corriendo del jardín.
Frustrado, PETER apuró el brandy y se levantó. Deambuló nerviosamente de un lado a otro. Tenía que afrontar la realidad. La única razón de que se hubiera quedado en la casa de los ESPOSITO era que alguien pretendía matarle. Regresaría a Londres dentro de unas semanas y, sin lugar a dudas, no volvería a ver a LALI nunca más. El tiempo que iba a tener que pasar en el campo debería invertirlo en pensar en la forma de capturar a su asesino, no en besarse con una mujer en el jardín. Pero parecía estar resultándole muy difícil recordar por qué estaba allí. No tenía ningún sentido iniciar ningún tipo de aventura con aquella mujer. Tal vez si ella tuviera más experiencia y supiera coquetear siguiendo sus reglas, se plantearía la posibilidad de pasar aquella estancia forzada en Halstead entre sus brazos. Pero no tenía ningún interés en seducir a una virginal solterona.
PETER se detuvo y miró hacia abajo, clavando la mirada en su excitación todavía visible y torció el gesto en una expresión de medio arrepentimiento. Bueno, tenía que admitirlo, deseaba seducirla. Pero no iba a hacerlo. Su vida estaba en Londres, y no había espacio en su mundo para la señorita LALI ESPOSITO ni su pandilla de ruidosos hermanos. Lo único que tenía que hacer era mantenerse lo más alejado posible de ella y controlarse cuando la tuviera cerca. No más besos. Ni uno más. Nunca más. Había permitido que las cosas se le fueran de las manos aquella noche, un error que no se podía repetir. Asintió enérgicamente con la cabeza y se encaminó hacia su alcoba.
Seguro que no le costaba demasiado controlar sus deseos carnales durante un par de semanas. Luego, en cuanto volviera a Londres, se refugiaría en los complacientes brazos de su amante y se olvidaría de aquel deseo enfermizo de poseer a una sencilla chica de campo.
«Ya lo creo. En cuanto sacie mis deseos con mi amante, todos mis pensamientos sobre LALI se desvanecerán completamente».
Su voz interior le dijo: «¡Lo dudo mucho!», pero, con grandes esfuerzos, él consiguió ignorarla.

LALI estaba tumbada en su cama, mirando al techo fijamente, reviviendo la última hora, la hora más maravillosa y más vergonzante de toda su vida. Sus emociones oscilaban constantemente entre la euforia y la vergüenza.
Un escalofrío le recorrió el espinazo al evocar el contacto con la boca de PETER, el calor de su cuerpo, aquel olor a limpio mezclado con toques picantes y aroma de madera que sólo le pertenecía a él. El calor le inundó las venas y se le concentró en el vientre. Después de vivir veintiséis años sin tener la más remota idea de cómo se sentía el deseo, PETER se lo había enseñado en cuestión de minutos.
Aquel extraño calor, doloroso y placentero al mismo tiempo… Aquel palpitar del corazón… Aquel cosquilleo que invadía todos sus sentidos… Eso era el deseo. Se llevó las yemas de los dedos a los labios, ligeramente hinchados, y se los palpó.
«¡Santo Cielo! ¿Qué pensará de mí?», se preguntó.
Al evocar su desenfrenada reacción a sus besos y a sus caricias, se le encendieron las mejillas. Pero él había abrumado completamente todos sus sentidos. Ella no podría haber contenido aquella reacción tan desinhibida, del mismo modo que no se puede arrancar la luna del cielo.
BENJAMI AMADEOS nunca le había hecho sentirse de aquel modo, como si toda ella fuera de mantequilla y estuvieran a punto de fallarle las piernas. De hecho, lo que sentía por PETER hacía palidecer sus sentimientos adolescentes hacia BENJAMI, como si nunca hubieran existido.
Mientras _LALI se iba dando cuenta del significado de aquel pensamiento, su corazón se saltó un latido. Sentándose de un salto en el borde de la cama, se apretó las palmas contra sus calientes mejillas, entre horrorizada y consternada por el descubrimiento. Se estaba enamorando de PETER LANZANITIEL.
«Enamorarme. ¡Santo Dios! ¿Es eso posible?».
Se dejó caer hacia atrás y se obligó a hacer varias inspiraciones profundas para tranquilizarse. Hacía tiempo que se había quitado de la cabeza la idea de encontrar a un hombre a quien amar y con quien compartir la vida. Había sabido salir adelante sola cuando BENJAMI la abandonó y, mirando hacia atrás, no podía culparle por no haber querido hacerse cargo de toda la familia ESPOSITO. La responsabilidad, como ella bien sabía, era como para intimidar a cualquiera. Ella había pasado todos aquellos años entregada en cuerpo y alma a su familia, sus días completamente ocupados en llevar la casa y educar a sus hermanos. Ninguno de los caballeros del pueblo era de su agrado y, de todos modos, ella sabía que era demasiado alta, demasiado normalita y demasiado poco convencional para que ningún hombre se fijara en ella. Con tan poco entre lo que elegir, había apartado de su mente cualquier esperanza de romanticismo y de amor.
Hasta que PETER LANZANITIEL entró en su vida.
Aquel hombre había ocupado constantemente sus pensamientos desde que lo encontró tendido sobre un riachuelo. Incluso cuando estaba postrado en el lecho, entre convulsiones febriles y cerca de la muerte, LALI había sentido algo, un indescriptible e inexplicable vínculo que la unía a él. Cuando al fin se despertó y ella pudo mirarle a los ojos, aquellos preciosos ojos de color verde oscuro, le dio un brinco el corazón. Ahora, después de pasar varios días con él, sus sentimientos se estaban haciendo cada vez más fuertes. Aparte de ser el hombre más imponente desde el punto de vista físico que ella había visto nunca, PETER tenía algo que la fascinaba. El hecho de que no tuviera familia le encogía el corazón. Sí, PETER tenía un aire de tristeza, una vulnerabilidad interior que la atraía como el néctar a las abejas. Deseaba con todas sus fuerzas desterrar aquellas sombras que acechaban tras sus ojos y oscurecían su mirada.
Ella se había dado cuenta de que PETER a veces se quedaba helado cuando ella lo tocaba, como si las caricias tiernas y afectuosas fueran algo completamente desconocido para él. Le recordaba a la gatita con una pata rota que había recogido cuando era niña. Ella se había desvivido cuidando de aquella pobre y necesitada criatura. La llevó al establo, le curó la pata y la llamó Petunia. Cuidó y alimentó a aquel peludo animalillo con todo su amor, poniendo todo su corazón, su alma y su compasión en la tarea. Petunia, que no tenía amigos y estaba completamente sola en el mundo, se deleitó ante tantas atenciones. A pesar de que alguna vez le bufó y le sacó las uñas, LALI nunca perdió la paciencia y pronto se hicieron uña y carne. Petunia murió cuando LALI tenía dieciséis años, y ella se pasó varios días llorando su muerte.
PETER le recordaba a aquella gatita, herida y desesperadamente necesitada de amor y compasión, aunque él ni siquiera lo supiera.
«Tal vez le pueda curar por dentro, además de por fuera. Tal vez nadie haya sido realmente bueno con él, tal vez nadie le haya querido de verdad».
Su mente se empezó a acelerar. Quizá, si le mostraba a James lo que era el amor de una familia, tal vez querría quedarse a vivir en Halstead.
«Tal vez le acabe importando tanto como él me importa a mí».
En aquel momento LALI se dio cuenta de que si PETER no se quedaba, si se iba dentro de dos semanas como tenía pensado, a ella se le partiría el corazón. ¿Qué probabilidades había de que él también se enamorara de ella y quisiera quedarse? LALI negó con la cabeza. Un hombre ya la había dejado plantada por las responsabilidades que suponía compartir la vida con ella. Nada había cambiado, ella nunca se plantearía la posibilidad de abandonar a su familia.
Y luego estaba la cuestión de su secreta profesión. ¿Cómo podía siquiera plantearse la posibilidad de iniciar una relación romántica en tales circunstancias? Y, además, no podía hacerse ninguna ilusión en lo que se refiere a su atractivo femenino. Nunca había tenido ninguno.
«No te olvides de cómo te ha besado», le interrumpió su voz interior.
Aquel beso. ¿Cómo iba a olvidarlo? Y lo cierto es que, mientras la besaba, PETER también parecía estar disfrutando. Tal vez no era tan poco atractiva como pensaba… LALI descartó inmediatamente aquella idea con un gesto de negación. No, categóricamente, los encantos femeninos no eran su fuerte.
¿Llegaría a importarle a PETER algún día? LALI volvió a negar con la cabeza. Las probabilidades no estaban precisamente a su favor. Pero, independientemente de cuáles fueran sus probabilidades de éxito, ¿Acaso no merecía la pena arriesgarse?