lunes, 28 de diciembre de 2015

CAPITULO 5

Lujuria, que buena amiga.

Y sí, ella lo estaba pagando. Lo pagaba por cada vez que su cuerpo se acompasaba al ritmo de aquella mano caliente y luego él la dejaba sin nada.
Sollozó y apretó las sábanas con fuerza… quería romper todo. Romper, tirar, gritar, apretar y volver a romper. 
Él la acaricia allí, donde más lo necesitaba. Y de la misma manera que ella lo había hecho con él, dejando a un lado sus súplicas y dejándola cerca, muy cerca. Le daba todo y nada a la vez. Jamás, jamás, pero jamás de los jamases, LALI se había sentido tan desesperada como se sentía en ese momento.
—Abre más las piernas para mí, maldita sea —gruñó PETER.
Ella obedeció y entonces él hundió un dedo en su interior. LALI jadeó y arqueó la espalda. Sentía que se estaba quemando en todos lados. De alguna manera tenía que apagar el fuego que él le había iniciado.
PETER estaba fascinado. Los sonidos que ella hacía eran tan dulces. Le gustaba la forma en la que respondía a sus caricias. Lo hacía sentir… único. Como si a ella nada más le importara en el mundo que él y llegar pronto al orgasmo.
Volvió a disminuir el ritmo. LALI se quejó y se movió buscándolo.
—Por… por favor, PETER, por favor —le rogó.
—Ahora sabes quien manda aquí, ¿verdad? —le preguntó. Ella asintió efusivamente. Él volvió a acariciarla pero no fue suficiente para aliviarla —Quiero que te corras, LALI.
—¡También yo! —exclamó.
Entonces PETER empezó de nuevo con aquel perverso juego, haciéndola sentir totalmente vulnerable a él. Y de repente estaba cerca, muy cerca de tocar el cielo con las manos. Solo algo le faltaba… necesitaba algo más.
PETER aplastó su boca contra la suya, acallando sus gemidos, llenándola de calor. Le mordió y chupó los labios a medida que el deseo crecía.
—En cualquier momento me voy a hundir tan profundamente en ti que jamás vas a olvidar que estuve aquí —le gruñó sobre la boca.
Y eso era lo que ella necesitaba…
El dulce éxtasis bailó a través de ella, abrumándola. Se vio a si misma en el borde de un precipicio y cayó. Gimió su nombre y se aferró a él como si su vida dependiera de ello. Su cuerpo se expandió y luego volvió a su centro. Maravilloso y extremo, el placer la sacudió, llenando su cuerpo de suaves espasmos.
Todo volvió a la calma, menos su respiración. Agitada abrió los ojos despacio, para encontrarse con aquella mirada llena de pasión. Él seguía acariciándola pero lánguidamente.
—Necesito más de ti, PETER —le dijo.
—Que hermoso fue verte llegar —aseguró él algo agitado.
Verla, sentirla… había sido maravilloso.
—Hazme llegar de nuevo…
Él juró por lo bajo y se agitó aun más. El dúctil aroma de su cuerpo lo rodeaba, pidiéndole a gritos que no se resistiera más.
—¿Qué tan duro puedes tomarlo? —quiso saber.
No quería lastimarla, no. Pero iba a perderse en ella… sí, no iba a poder controlarse.
—Tan duro como puedas darlo —gimió suave —Hazlo ahora porque sino voy a matarte…
Él soltó una suave risita. Hasta excitada ella era graciosa. Se acercó y juntó sus labios. Alzó un poco las caderas y se alineó a ella.
LALI recibió su beso casi desesperada. Su erección la acarició despacio. Ella suspiró. Él seguía jugando con ella e iba a pagar por eso. Se agarró de él, alzó un poco la cabeza y lo mordió justo en la unión del cuello y el hombro. PETER apretó los dientes y maldijo.
—Muérdeme de nuevo… y verás —le advirtió. Ella lo mordió un poco más.
Entonces él empujó y entró. LALI se vio atravesada por un rayo. La cama protestó ante el violento movimiento. Y todo se descontroló aun más.
Aquello era salvaje, demasiado intenso para LALI. Le clavó las uñas en los hombros y bajó por aquella rocosa espalda, hasta llegar a sus aceradas caderas. Tocar sus caderas y sentir como empujaban era… hermoso. El placer se transformó en delirio… sentir aquel cuerpo empujando una y otra vez en su interior era más de lo que se había imaginado.
PETER apenas podía respirar. Estar dentro de ella era más de lo que había esperado. Sus gemidos lo estaban matando. Caían calientes cerca de su oreja, excitándolo más allá de lo que alguna vez había llegado.
Le besó la mejilla izquierda y subió hasta su boca… se alejó un poco para mirarla a la cara. Le fascinó el color rojo intenso de sus pómulos. Le fascinó lo salvaje que se veía. Le fascinó saber que era él el que provocaba todo eso…
Sus labios soltaron un suave y agitado PETER, y sus manos acariciaron y apretaron aquellos fuertes brazos. La sensación de su fibroso pecho rozando una y otra vez sus hinchados pezones la estaban quemando. Era poco, no le alcanza… necesitaba solo un poco más.
—¿Quieres más, cariño? —le preguntó.
—Oh, Dios,… sí —gimió ella.
Él empujó más. Cada embiste era un gran alivio e incremento para LALI. Sintió que el éxtasis le tocaba el alma, haciéndola olvidarse de todos y de todo. Menos del hombre ‘casi’ desconocido con el que estaba compartiendo algo tan íntimo como el placer. Levantó las piernas y rodeó sus caderas.
El gruñó, ella gimió, la cama se quejó. Para ambos todo daba vueltas. La habitación se llenaba de calor, jadeos, más calor.
PETER tocó sus labios con los suyos, robándose sus gemidos, llenándose el cuerpo de ellos.
—Eres perfecta… si que eres perfecta…
LALI tiró la cabeza hacia atrás, mientras que una nueva oleada de regodeo llegaba a ella. PETER se inclinó y le mordió el cuello, enviándola directamente al orgasmo.
Fue mucho mayor que el primero. LALI gritó su nombre y se perdió completamente en la lujuria. No lo sabía, pero iba a arrastrarlo con ella…

Para PETER aquello el límite, estaba listo. Tenía que dárselo, él necesitaba liberarse. No le costó mucho.
—Oh, Diablos —apretó los dientes —LALI… —jadeó.
Cada parte de LALI lo apretaba y mantenía dentro de ella, haciendo que le fuera imposible respirar. Hundió el rostro en su cuello gimiendo mientras se derramaba en su cuerpo.
LALI suspiraba por cada vez que él se liberaba. Aquella sensación caliente que tocaba su interior era simplemente… maravillosa.
Y entonces se desplomó sobre ella con el rostro aun contra su garganta. Se sentía como si acabara de correr una maratón de 500 kilómetros sin parar. Pero sin lugar a duda había sido la mejor maratón de su vida.
Ella acarició su espalda, calmando el ardor de las marcas que sus uñas habían dejado. Su respiración pesada le hacía cosquillas. Un escalofrío la recorrió.
PETER aun seguía sepultado en ella.
—Wow,… eso fue… increíble —musitó LALI luego de unos cuantos segundos de estar callados compartiendo la calma de la noche.
Él levantó la cabeza y la miró, sonrió de costado, y ella sintió cosquillas en su vientre. Se relamió los labios.
PETER se irguió de nuevo en su interior. Eso no podía ser posible. Ella lo miró sin poder creerlo. ¿Acaso el hombre era el Dios del sexo? Sí… seguramente lo era, ya que estaba excitado de nuevo. Y a decir verdad ella también. Jamás había tenido tan buen sexo…
PETER giró sobre el colchón y LALI quedó sobre él. Gimió al tenerlo tan adentro gracias a aquella postura.
—Sé lo que estás pensando —le dijo.
Ella arqueó una ceja.
—Ah, ¿si?
—Ajá —asintió él y con una de sus manos le dio un firme azote en la piel de sus nalgas. LALI siseó, se levantó y cayó de nuevo sobre él. Jadeó —Podemos repetirlo de nuevo, Gatita… Y seguir toda la noche.
—¿Tú crees? —preguntó agitada. Comenzó a moverse suavemente sobre él.
—Sí, yo creo —con sus manos la tomó de las caderas, manteniéndola inmóvil. LALI lo miró fijo a los ojos, desafiante.
—¿Y por qué lo crees?
Apoyó sus manos sobre aquel majestuoso pecho. Lo acarició. ¿En donde podría encontrar otro igual? Estaba segura de que en ningún otro lado. Él era único.
—Porque no nos detendremos hasta que el sol entre por esa ventana… O estés demasiado dolorida para seguir soportándome…
—¿Es una orden? —quiso saber ella.
—Sí, es una orden —afirmó.
—Tus órdenes son deseo para mí, mecánico

CAPITULO 4

Con unas cuantas copas de más…

El taxi se detuvo frente a un gran edificio. PETER bajó torpemente y se rió. Giró y la ayudó a bajarse. Ella parecía una gatita en busca de cariño. Se acercó un poco a él y se agarró de su brazo para no caerse.
—Estamos bastante ebrios —le dijo él. Ella sonrió. 
Él le gruñó. LALI se lamió los labios. Le gustaba que le gruñera. Era tan… sensual.
—Lo sé —murmuró —Pero aun así yo quiero que tú…
—Shhh —la calló colocando torpemente un dedo sobre su boca.
LALI abrió un poco los labios para morderlo. PETER la miró embobado. Si ella llegaba a decir algo excitante él no se aguantaría y le haría cosas muy malas ahí afuera. Está era la primera vez que él se iba con una mujer que apenas conocía, con el fin de acostarse con ella.
—Eres el primer hombre con el que hago esto —le confesó y se alejó de él para empezar a caminar hacia la puerta del edificio. Él frunció el ceño… ¿era la primera vez que hacía esto?
LALI buscó las llaves en su bolso.
—¿Eres virgen? —le preguntó confundido, y dio unos pasos hacia donde estaba ella. LALI lo miró sobre su hombro.
—¿Tengo cara de serlo? —inquirió arqueando una ceja —Dije que eres el primer hombre que apenas conozco con el que voy a acostarme.
Aquella información hizo que PETER se sintiera emocionado. Dando grandes zancadas se acercó a ella y la abrazó por la espalda. Le besó la nuca. Ella se estremeció.
—También eres la mía —susurró él contra su piel —Jamás me había ido con una mujer que me pestañeara un poco.
Ella sonrió y abrió la puerta. Sentir su fuerte cuerpo apresándola era increíble.
—Yo no te pestañeé —dijo ella.
—Sí que lo hiciste, morena —aseguró.
Entraron a las risas, y se dirigieron hacia los ascensores.
—Ni siquiera sé tu apellido —dijo divertida. Apretó el botón número cuatro.
—LANZANI —su voz ronca era el paraíso —PETER LANZANI.
Oh, Diablos, hasta su nombre era excitante.
—Yo soy LALI ESPOSITO… es un gusto conocerte, PETER —dijo en tono pícaro.
—Vas a decir mi nombre muchas veces esta noche, LALI. —le gruñó contra el oído. Ella cerró los ojos. Y luego sintió que él le agarraba el trasero. Se mordió los labios —Vas a gemirlo y gritarlo…
—Sí… —suspiró agitada.
Llegaron al piso marcado por la morena. Las puertas del ascensor se abrieron. Bajaron tontamente. PETER seguía abrazándola por atrás, mordisqueando su cuello. Se acercaron a la puerta y ella se desesperó por abrirla. Cuando se abrió, no entró. Giró lentamente entré sus brazos y lo miró a los ojos.
—Entra —gruñó él.
—Vamos a ver que tan bueno eres, mecánico.
Eso lo excitó aun más. La forma en la que ella lo había llamado había sido extremadamente caliente.
Y entonces sus bocas al fin se encontraron. Sus labios se abrieron más para él y para su lengua. Exigente boca tenía el hombre. Abrumadora y dominante. Sus piernas temblaron. Su sabor era magnifico. Enterró las manos en sus castaños cabellos y lo acercó un poco más.
Él la envolvió entre sus brazos y disfrutó del sabor de sus labios. Mierda, ella sabía mejor de lo que se había imaginado. Su lengua era suave, sus labios calientes. Le gustó saber que él tendría la boca roja luego, a causa de la pasión y de su lápiz labial.
Entraron al departamento sin separar sus bocas. Él cerró la puerta detrás de ellos, con un pie. Solo quería encontrar algún lugar en donde poder desnudarla y desnudarse para luego sentir su cuerpo pegado al suyo.
—¿Dónde está la habitación? —le preguntó agitado.
—Por el pasillo… la última puerta.
Al instante la alzó en brazos. LALI envolvió sus piernas alrededor de su caderas. Gimió al sentirlo tan intimo.
PETER comenzó a caminar a la vez que tomaba su boca. Sus manos las sostenían desde el trasero. Ella le mordió el labio, él jadeó.
—Maldita gatita buscona —murmuró y le dio un golpe en la nalga derecha. LALI saltó sobre sus caderas. Era increíble que se excitara por qué él le daba una zurra
—¿Te gusta que te zurre, cierto? —le preguntó sobre los labios.
—Sísísí, me gusta… me gusta —asintió.
—Eres especial, muy especial…
Llegar al cuarto no fue difícil para ZPETER. Ella era liviana. Difícil fue que soltara su boca para dejarla caer sobre la cama. Se alejó un poco, dio unos pasos hacia atrás y la contempló.
—Ven aquí, mecánico.
—Dios, como te deseo —musitó mientras la miraba fijamente a la cara. Tenía aquella sexy expresión de lujuria en el rostro.
—¿Me parece a mí o estás yendo algo lento, mecánico? —le preguntó mientras se ponía de pie y caminaba hasta él —Lo quiero rápido ¿entiendes?
—No, tengo que ser amable —recordó él.
—No, no lo quiero amable —comenzó a desabrochar los botones de su camisa —No quiero que seas amable…
Si ella continuaba hablando él iba a perder el control y podía asustarla. No quería eso. Él no era un salvaje. No iba a poseerla como una bestia.
LALI llegó al último botón y luego metió la mano dentro de la prenda. Suspiró al sentir los fuertes músculos bajo su mano. Él era increíble. Le quitó la camisa y se mordió el labio al contemplarlo. Pura fibra,… rocoso y firme. Era un pecado que él estuviera suelto sobre la tierra. Era una tentación imposible de no querer probar.
PETER contuvo el aliento mientras ella lo miraba y su pequeña mano acariciaba su abdomen. Tragó saliva… ¡Dios, él también necesitaba acariciarla!
Soltando un gruñido se acercó un poco más a ella y le quitó aquel pequeño vestido negro de un solo tirón. Jadeó al observar que no llevaba sostén, y un pequeño culotte negro cubría su parte más intima. Se veía sexy como el infierno con aquellos zapatos negros de tacón.
Claro que sí, iba a disfrutar mucho de esa morena.
Levantó su mano y acarició el costado de uno de sus pechos. Ella jadeó.
—No lo quiero despacio… por favor —le dijo agitada.
Y en ese momento él se abalanzó sobre ella capturando sus labios. La sensación de sus pechos contra el suyo fue increíble. Él quería devorarla, aquella necesidad era apabullante.
Cayeron en la cama, él encima de ella. LALI gimió al sentirlo más cerca.
¿Cuándo fue la vez que su puta interior salió al ataque? Nunca.
Con él se sentía salvaje, descontrolada. Quería hacer todas las cosas malas y sucias que se podían hacer con un hombre.
¿Era el alcohol el causante de aquel comportamiento? Sí, definitivamente sí.
Los besos de PETER soltaron su boca para bajar por su mentón, cuello, clavícula. Ella se agitó y hundió los dedos en sus castaños cabellos. Él iba a enloquecerla, de eso estaba completamente segura. Un casto beso en uno de sus pezones le hizo abrir los ojos. Levantó la cabeza y se encontró con su cristalina mirada. Se relamió los labios.
PETER volvió a tomar su pezón con la boca. Ella aguantó la respiración. Él lo mordió despacio, mandando fuego a cada parte de ella.
—Tus pechos son el cielo —le dijo con voz áspera. Ella se sintió increíblemente mojada. PETER tomó uno con la mano y lo apretó suavemente. Un suspiro escapó de los labios de LALI. Quería más de él, necesitaba más —¿Los puedo besar?
—Ajá —dijo agitada.
—¿Quieres que los bese? —preguntó.
—Dios santo, sí —exclamó.
—¿Quién quieres que los bese? —siguió él, y está vez le pellizcó un pezón.
LALI se arqueó hacia él, no solo encontrándose con la carga de aquella caricia, sino que con el increíble bulto que estaba entre sus piernas.
—Tú… tú —jadeó.
—Di mi nombre —exigió y volvió a pellizcarla, pero está vez un poco más fuerte.
El placer y el dolor se mezclaron de una forma asombrosa, y ella volvió a gemir.
—PETER… PETER —repitió su nombre.
Eso fue increíble para él. Escuchar su nombre en aquellos labios fue casi tan placentero como escucharla gemir. Y no pudo evitarlo, se movió contra ella. La caricia íntima fue tan potente que ambos gimieron. Y volvió a moverse a la vez que ella alzaba las caderas.
—Diablos —murmuró él entre dientes.
LALI no se quedó quieta, siguió buscándolo, tentándolo más y más. Quería que él se liberara. Sabía que se estaba aguantando algo… ella lo quería todo.
—Me estorba tu ropa, por Dios. Sácate estos malditos… pantalones. Necesito sentirte más cerca… más piel…
Él no quería perder el control. Pero estaba tan cerca. Ella lo alteraba. Se alejó solo un poco para poder desabrocharse los pantalones.
Pronto sintió una suave mano ayudándolo. Levantó la mirada y se encontró con sus ojos. Aquella vista lo abrumó. Ella parecía una hermosa ninfa que se había acercado a él para enloquecerlo. Sus mejillas estaban levemente enrojecidas, sus ojos llenos de deseo, sus labios hinchados y más rojos que antes por sus besos. Todo eso lo cautivó de una manera rara y la piel se le erizó más que la primera vez que la vio.
Se inclinó y tomó sus labios de manera suave. LALI le respondió el beso de la misma forma y continuó desabrochando los botones por si sola. Se separó apenas un poco de los besos masculinos, para respirar.
Terminó con la labor de los botones y empujó sus vaqueros hacia abajo. Con una habilidad que sorprendió a PETER, ella los hizo girar sobre el colchón y quedó sentada a horcajadas sobre sus piernas.
Aquella vista de LALI sobre él, despeinada, caliente y mirando fijamente su erección, pudo llevarlo tranquilamente al borde. Ella sonrió de costado y volvió la vista a la suya.
—Eres enorme —dijo.
—Así parece —jadeó él. LALI extendió su mano para acariciar su pecho. PETER respiró profundamente. Ella se inclinó y besó una de sus tetillas. PETER hundió los dedos en sus largas ondas, atrayéndola más cerca. Ella comenzó a descender sobre su torso. Él aguantó la respiración. Sus suaves labios se abrían y cerraban sobre su piel, dejando un camino de besos mojados sobre su abdomen. La nombró suavemente. LALI le acarició los brazos.
Ella se incorporó para observarlo. Los ojos de PETER brillaban en la oscuridad de la habitación. De repente dudó un poco. Sabía que lo que estaba haciendo estaba mal, pero no le importaba.
—Eres la cosita más caliente que vi en mi vida —le dijo él.
—¿Eso crees? —preguntó risueña.
—Sí… eso creo.
Ella sonrió y descendió más sobre él. Terminó de quitarle el resto de la ropa. Y lo volvió a observar allí. Era más grande que antes. Se mordió los labios.
—Dios mío —susurró como si no pudiera creerlo. Iba a ser grandioso tener sexo con ese hombre —Eres… magnífico.
—Ya me lo habías di…
PETER se quedó sin aliento cuando LALI lo tomó con su mano. Fue una caricia suave… y volvió a repetirla haciendo un poco más de presión. Ella quedó fascinada con el poder que sintió al tenerlo a su merced. Con su pulgar acarició la punta. Él siseó y sus caderas se levantaron un poco. LALI sonrió.
—Mmm… me gustas así, mecánico —ronroneó y siguió acariciándolo —Estas todo entregado y es para mí… eso realmente me gusta.
Un leve sudor cubrió el cuerpo de PETER. Su respiración salía agitada, su pecho se elevaba. Gruñó, maldijo, apretó los dientes mientras ella movía la mano de arriba a bajo sobre su virilidad. Él no iba a durar mucho si ella continuaba así.
—_LALI… —dijo agitado. Ella se mordió los labios —Voy a acab…
—No, no —lo interrumpió —Todavía no… porque vas a hacerlo cuando yo te diga y va a ser dentro de mí.
Entonces ella se inclinó un poco hasta que sus labios besaron castamente la punta de su sexo. Aquello fue demasiado para él…
—Mier-da… —gruñó, se incorporó, la tomo del brazo y la jaló hacia arriba.
LALI soltó una pequeña risita nerviosa.
Con un simple movimiento, PETER, la atrapó bajo su cuerpo. Ella soltó un suspiro de asombro y levantó la mirada para enfrentar la suya. Sintió un suave cosquilleo en la boca del estomago ante aquella intensa mirada.
Él sudaba y estaba jadeando.
—Ups, te dejé cerquita… mecánico.
PETER maldijo y la besó. Ella suspiró entre sus labios y le echó los brazos al cuello acercándolo hasta que casi no pasaba ni el aire entre sus cuerpos.
Como le gustaba que le gruñera. Era el sonido más masculino que había escuchado en su vida. Y sabía que no iba a poder olvidarlo tan fácilmente. PETERsoltó su boca.
—Vas a pagar por eso, morena.

CAPITULO 3

El mecánico y la secretaria.

Por alguna extraña razón ella había aceptado su invitación de tomar algo. Se había regañado a si misma mentalmente, pero igual estaba caminado detrás de aquella magnifica espalda hacia la barra. Oh sí, el hombre era sexy. 
Tenía ganas de salir corriendo de la terrible sensación de lujuria que él emanaba. Tenía que encontrar a EUGE. La había perdido de ...vista luego de que un muchacho la sacara a bailar y la gente se pusiera ‘loca’
Se sentaron y uno de los barman se acercó hasta ellos.
—¿Qué les sirvo? —preguntó.
PETER la miró para que ella pidiera primero. Ella sonrió. Eso era muy caballeroso. Sacudió la cabeza.
—Tomaré un speed con melón —dijo algo insegura.
—Yo quiero un gancia —dijo PETER.
El barman asintió y se fue dejándolos en un incómodo silencio. PETER miraba fijamente la pista de baile. Buscaba a NICO. Tenía que encontrar a su mejor amigo para que lo sacara de allí. No era una buena idea estar a solas con aquella morena. Pero no había podido evitar invitarla a tomar algo. Ella lo hacía sentir extraño. Maldita sea que ella le atraía. Había como una rara ‘química’ entre ellos.
LALI no miraba la pista, miraba fijamente sus manos. Sentía los dedos fríos. Tenía ganas de calentarlos contra el pecho de alguien… quizás del hombre que estaba a su lado. Volvió a sacudir la cabeza. ¿Qué era lo que ella estaba pensando? El hombre era sexy no podía evitar pensar en cosas malas. Hacía mucho tiempo que un hombre no despertaba su apetito sexual. El tal PETER lo había hecho desde que habían chocado en la pista. Le gustó la forma en la que él la había mirado. Y sus ojos eran tan hermosos. Muy diferentes a los de BENJAMI, los ojos de PETER decían todo de él. Era un buen hombre.
Oh, ¿hablas en serio? No puedes estar pensando eso de un hombre que ni siquiera conoces. ¿Acaso no has aprendido la lección? Todos son una porquería.
El barman regresó y les colocó sus respectivas bebidas en frente. PETER giró y le pagó. Se quedaron solos de nuevo.
—¿Y… qué haces? —le preguntó él para romper el molesto silencio.
—Soy… secretaria —le dijo. Eso no era del todo mentira. En realidad no era secretaria, ya que ella tenía una secretaría propia. Su abuelo la había nombrado gerente en la oficina y estaba encargada de planificar ciertas reuniones de socios, etc. —¿Y tú?
—Soy mecánico de autos y motos. Tengo mi propio taller —le contó.
—Eso es genial —sonrió ella.
PETER la miró y su corazón latió más rápido. A la mayoría de las mujeres les decepcionaba que él fuera un simple mecánico, incluso a MERY. Pero la sonrisa de LALI parecía sincera y de simple admiración.
—Empecé cuando tenía 15 años. Siempre amé los autos y esas cosas. Después comencé a juntar plata y me puse un pequeño taller con mi mejor amigo cuando ambos teníamos 18. Y ahora con 25 soy todo un hombre de negocios —bromeó y le dio un sorbo a su gancia.
—Debe ser increíble tener algo que es propio. Siempre me parecieron admirables esa clase de personas que quieren salir adelante cueste lo que cueste. Hasta te tengo envidia —dijo.
Él la miró algo sorprendido. Su voz se le había metido suavemente por los oídos, endulzándolo.
—¿Envidia? —inquirió. Ella asintió y bebió un poco de su trago.
—Me encantaría tener algo propio. Sin nadie que este juzgando lo que hago o dejo de hacer. Ya que eso sería mío y de nadie más.
—Eso es posible si tienes la suficiente fuerza de voluntad.
—Es fácil de decirlo —murmuró, pero él la escuchó —Tengo 23 años y todo el mundo se cree con el suficiente derecho de decirme que tengo o no tengo que hacer.
PETER se sintió algo aliviado al saber su edad. Ella simplemente parecía una chica de apenas 18 años. Iba a sentirse un poco mal si eso era así.
—Entonces deberías mandarlos a todos a… un lugar bien lejitos.
Ella sonrió. A PETER le gustó ver sus dientes.
—Puede que sí —le dio la razón.
Volvieron a quedarse callados, tomando su bebida en pequeños sorbos.
LALI se había imaginado a aquel hombre manchado de grasa de auto, sudado, salvaje… y eso la alteró. Era demasiado sexy. Tenía que dejar de pensar en él de aquella manera. Eso no era normal en ella, no.
PETER se había imaginado a aquella mujer metida una sexy falda tubo y una camisa apretada, un par de anteojos y una lapicera en la punta de la boca. Eso había sido demasiado… Estaba excitado.
¿Qué demonios está mal contigo, imbécil? Ni siquiera la conoces, y ya estas alzado como perro en celo.
Está vez él le dio un largo trago a su bebida. Tenía que alejarse de aquella morena. Ella era el pecado. Y por alguna razón quería pecar con ella. Conocer cada parte de su sensual y bien formada figura.
Volvió a beber… pero entonces ya no había más en su vaso. Llamó al barman.
—Tráeme algo más fuerte —le pidió.
—Para mí también —se apresuró LALI a decir antes de que se fuera. PETER la miró bien. Ella se encogió de hombros —Necesito olvidarme de un par de cosas.
—¿Mal de amores? —inquirió sorprendido.
—Odio de amores —aseguró ella.
—Sí, el amor apesta.
—¿Tú también tienes problemas?
—Al parecer todo se terminó.
—Oooh, entiendo —suspiró. Él vio la tristeza en sus ojos —Por lo menos no te dejó por teléfono a mitad de la noche para irse a Paris con su… ¿secretario?
Maldito infeliz ¿Le había hecho aquello? Por eso sus bonitos ojos marrones se veían tan apagados. Ella se sentía traicionada, lastimada… abandonada. Quiso acercarse y abrazarla. Pero eso sería muy raro, y él lo sabía.
Por eso mismo él había dejado las cosas claras con MERY. Ellos se tomaban un tiempo en el que podían ser libres. Pero de ninguna manera se le había ocurrido salir corriendo a buscarse otra. Hasta el momento…
Sacudió la cabeza, y se insultó mentalmente. El barman les dio sus tragos. PETER tomó su vaso y lo levantó. Miró a LALI.
—Brindemos porque el amor no sirve.
Ella sonrió y él sintió fuego en su ingle. La morena levantó su vaso y lo acercó al de él.
—Salud —dijo sonriendo.
—Salud —repitió él.
Chocaron sus vasos y bebieron el trago de una sola vez. PETER terminó primero que ella y apoyó el vaso con algo de fuerza sobre la barra mientras cerraba los ojos con fuerza.
El fuego del alcohol le estaba quemando hasta el alma. Escuchó que LALI tosía. Abrió los ojos y ella estaba roja como un tomate y tosía mientras reía. Él la miró divertido.
—E… eso fue… fuerte —logró hablar divertida.
PETER se acercó un poco a ella y suavemente palmeó su espalda. Luego de unos segundos ella se calmó. Se quedaron en silencio mirándose fijamente. Y de repente estallaron en risas.
El rico sonido de la risa masculina encendió el cuerpo de _LALI. En respuesta sus pezones se endurecieron. ¡Diablos si el hombre podía excitarla con una simple risa!
PETER se sentía contagiado por su risa… contagiado y caliente. Aquel trago no lo había ayudado a calmarse. Sino que lo había encendido más. Dejaron de reír.
—Hey Barm —lo llamó PETER —Trae cuatro vasos más de esos para la bella señorita y para mí.
—¿Cuatro? —dijo el hombre.
—Sí, cuatro —repitió él.
—Más vale que llamen un taxi para irse luego —aconsejó él y se fue.
Ellos dos se miraron a los ojos y volvieron a reír. Aquel trago había sido fuerte, ya que ambos se sentían malditamente alegres. Los tragos llegaron y ambos tomaron dos.
—¿Crees que puedes tolerar el alcohol, morena? —le preguntó él.
Ella arqueó una ceja y lo miró con desafío. PETER adoró esa mirada.
—¿Me estás desafiando? —le dijo. Él se encogió de hombros.
—No, solo estoy preguntando. Eres tan… pequeña que no sé en donde te va a entrar todo ese alcohol.
—¿Me estás llamando enana?
—Algo así —dijo quitándole importancia. Ella resopló.
—Te apuesto(...).
(...)lo que quieras que soy más tolerante que tú.
—Ojo, morenita, soy muy bueno ganando.
—Pues yo también.
Él no tenía ninguna duda que a ella le gustaba ganar. Aquella mirada desafiante le decía de todo. No era una mujer sencilla. Y le gustaba que no lo fuera.
—Acepto tu reto, morenita —le dijo —Si pierdes me pagas el taxi.
—Hecho —concedió muy segura —Pero si tú pierdes… pagas todos los tragos de la gente en este lugar.
Él apretó los labios y miró a su alrededor. Había mucha gente allí. No estuvo muy seguro de aceptar. Pero se lo pensó dos veces. Ella no iba a ganarle.
—Perfecto… acepto —dijo.
Y bebieron, haciendo juegos idiotas, olvidándose completamente de aquel reto. Pidieron más tragos. El barman quiso pararlos, pero PETER le había dicho que si ellos terminaban con un coma alcohólico no era asunto suyo.
LALI ya se reía de hasta cuando respiraba, se sentía tan feliz. Y estaba terriblemente interesada en tener a ese hombre un poco más cerca. Quería acariciarlo, besarlo, desnudarlo, lamerlo, morderlo y todo lo que se le pudiera pasar por la mente.
PETER se puso de pie en un salto. Todo dio vueltas a su alrededor. Apretó los ojos varias veces para tratar de ver bien. Agarró a _LALI de la mano y la paró frente a él.
Torpemente ella se quedó de pie. Todo giraba y se sentía liviana. Por Dios, aquello era grandioso. Perder casi la conciencia de los actos y dejar que los impulsos actuaran era lo mejor.
PETER la acercó a su cuerpo,(...)
(...)su aliento caliente le cayó cerca de la oreja. Ella se agarró de su camisa y cerró los ojos. Su aroma, ultra varonil, le entró por todos lados. Quería ese aroma en su piel. ¡Demonios que sí lo quería!
—¿Vamos a bailar? —le preguntó él con voz ronca.
Ella se estremeció.
—Bailar, saltar, volar —suspiró —Lo que quieras.
La arrastró al medio de la pista y la pegó a su cuerpo. No podía disimular su excitación, mucho menos cuando ella se frotó levemente contra él. Era más de lo que podía soportar. Quería tumbarla en algún rincón, arrancarle la ropa y hundirse en ella muchas veces. Una de las manos que estaban en su pequeña espalda bajó hasta acariciar aquel perfecto arco… bajó un poco más y su palma descansó contra su trasero. La acercó más a él y depositó un suave beso en la piel de su hombro. LALI se mordió el labio inferior al sentir su erección contra la parte baja de su vientre, y su mano en su trasero. Por Dios, ella estaba… excitada por él. Era conciente de cómo él la acariciaba y de cómo su respiración le bailaba cerca del cuello. Ese hombre debía ser un rey en la cama… de eso estaba completamente segura. Sintió que él la tomaba de la nuca y jalaba de ella hasta que su rostro estuvo dispuesto al suyo.
En los ojos de PETER había lujuria ¿Hacía cuanto que un hombre no la miraba de esa forma? Se sintió tan femenina, deseada.
—Eres muy hermosa —le dijo.
Ella volvió a morderse los labios. Eso lo volvió loco. Él tenía que besarla, hacer algo para sacársela del sistema.
—Eres muy amable —concedió LALI.
PETER se lamió los labios mientras su mirada estaba clavada en esos labios rojos.
—Sí, soy amable —la garganta se le secó. Él no debería… él no podía. Pero ¡Diablos! la deseaba más de lo que podía explicar —Y no sabes lo amable que puedo ser en la cama.
El corazón de LALI dio tres millones de latidos a la vez. La sangre se le calentó. Y ella ni siquiera sabía por qué seguía pegada a él, sintiendo su excitación, excitándose también. Tragó saliva. Jamás en su vida se había sentido así.
—Quizás tú y yo podríamos… —se detuvo.
¿Qué estaba mal con ella? No era una cualquiera que se iba a la cama con el primero que se le cruzaba. Jamás lo había hecho, le parecía caer muy bajo. Pero ahora simplemente lo deseada. Quería dejar de ser correcta y mandar todo al carajo.
—¿Podríamos qué? —la incitó él para que hablara. Ella notó el deseo en su voz. Siguió pensándolo.
—No, no podemos… no podemos —dijo torpemente.
—Te juro que voy a ser muy amable —él le ronroneó en el oído. Ella tragó saliva. PETER depositó un caliente beso en su cuello —Tan amable que iré despacio, muy despacio… hasta que te desmayes de lo dulce que voy a ser…
Bien, él no era un poeta. Pero eso había sido lo más lindo y caliente que le dijeron en su vida. Y se lo imaginó dentro de ella, haciendo despacio y luego…
Casi gimió ante la visión que se había formado en su mente.
—Bien —su voz sonó agitada. Lo miró a los ojos. Esos ojos la estaban quemando —Vamos a mi departamento, PETER

CAPITULO 2

El dúo dinámico.

—¡Ya basta, MERY! —gruñó él —Me cansé de discutir.
Colgó y apagó el celular. ...
¡Era tan complicado! ¡Todo era tan una… mierda! Ella ya no era la misma. O quizás era él el que había cambiado. Pero verdaderamente ya estaba cansado de que fueran todos los días discusiones. Se veían y discutían. No podían entablar una conversación porque terminaban con una pelea de por medio.
¡Ni siquiera estaban juntos y seguían peleando! Técnicamente no estaban juntos. Él le había pedido un tiempo… exactamente hacía dos meses.
Ya no era lo mismo. Ella ya no lo divertía como hacía dos años atrás. Ya no lo mimaba, ya no se sentaban a hablar de cómo sería la casa que construirían en medio del campo en donde envejecerían juntos.
¿Se terminó el amor? ¿Era correcto utilizar aquella expresión? Él la amaba, o eso creía. Ella era todo lo que él necesitaba, o eso creía. Quizás lo sentía así porque ella fue la primera mujer que le causó algo más que atracción física. Es más… ni siquiera había sentido atracción física la primera vez que se habían visto. Todo empezó un tiempo después cuando ya eran amigos.
Con ella él se sentía bien. Era una buena mujer. Y sí, la amaba. Pero no podía continuar en aquella relación si solo entre ellos habían discusiones, gritos y más discusiones.
MERY DEL CERRO era importante para él
Importante… ¿no es un poco… grande esa palabra?
Frunció el ceño al escuchar a su voz interior. Soltó un suspiro y le dio un sorbo a su vaso de agua.
—¿Agua? ¿Estás cargándome? —le preguntó.
Se giró a verlo y esbozó una pequeña sonrisa. Su mejor amigo quería sacarlo de los confusos sentimientos siempre. Aunque en realidad quería sacar a MERY de su vida. Era frustrante ver que su novia y su mejor amigo se odiaban tanto que no podían ni verse. Según NICO ella no era la mujer que él creía. Y según MERY, NICO era una mala influencia.
—Te dije que no pienso tomar alcohol —le dijo.
—PETER,… hace más de dos meses que terminaste con la bruja…
—No la llames así —le pidió divertido —Y no terminé con ella. Solo nos tomamos un tiempo.
—Terminaste con ella, fin del asunto —aseguró su amigo.
PETER lo pensó un poco. Tal vez NICO tenía razón, y todo había terminado. En los dos meses en los que estuvieron ‘distanciados’ habían discutido mucho más de lo normal. Supuestamente la distancia era para extrañarse y necesitarse. Cosa que no había funcionado. Negó levemente con la cabeza. Él no quería que terminara ¿o si?
—Estamos tratando de arreglar las cosas.
—Pero eso no significa que no puedes tomar un poco de alcohol —le colocó un vaso de wishky en frente —O divertirte.
PETER lo miró directamente a los ojos. Había diversión en aquella mirada tan parecida a la suya. NICO RIERA era su mejor amigo, un hermano de alma. Se habían conocido en los primeros problemáticos años de la secundaría y desde entonces eran el dúo dinámico. Y era la persona más cínica y sincera del mundo. Un casanova que no creía para nada en el amor. O eso era lo que él decía siempre. Pero PETER estaba seguro, mucho más que seguro, de que su mejor amigo encontraría el amor en una persona muy parecida a él.
—Nada de mujeres, y de nada, NICO —dijo firme.
—No vinimos a esta fiesta para que tomes agua, maldita sea —dijo en tono bajo pero completamente amenazador.
PETER sabía que no. NICO lo había vuelto loco todo el día para que aceptara ir con él a aquella fiesta de inauguración del Bar de un amigo que ellos tenían. Primero se había mantenido firme y le dijo que no. Pero luego terminó aceptando cuando NICO empezó a lloriquear lo mal amigo-hermano que era.
—Tú no viniste para eso —le aclaró —Yo sí.
Le mostró una sonrisa llena de soberbia. NICO resopló, y se puso de espaldas para apoyarse contra la barra en la que estaban.
—Eres un maldito calzonudo —espectó.
—Y tú eres un cabezota —le dijo y se encogió de hombros.
Tomó un sorbo del wishky que estaba frente a él. No tenía intención de hacerlo, pero por algo no pudo evitarlo. La cara bebida le quemó la garganta, despertando así todo su cuerpo.
—Acaban de entrar dos caramelitos por la puerta —murmuró NICO.
PETER no iba a mirar, pero el suspiro de su amigo lo tentó. Giró un poco la cabeza para mirar sobre su hombro. Su mirada se posó en aquella chica rubia… nada le provocó. Era linda, sí, pero no le movió ni un pelo. Lo malo fue cuando la chica rubia se hizo a un lado y sus ojos se posaron en aquella morena. La piel de la nuca se le erizó.
Ella era la cosita más candente que él había visto en su vida. Bajita, sensual, de cabellos tan oscuros como la noche, metida en aquel apretado vestido negro sin mangas… mostrando sus hombros desnu-dos. Cada centímetro de aquel vestido se pegaba perfectamente a su cuerpo lleno de curvas. Sus pechos no eran grandes ni pequeños. Perfectos.
La garganta se le secó. Él tenía que ver sus ojos. En ese momento sus pestañas se levantaron hacia él. Sintió que le ardía el estomago. Seguro que era por el alcohol.
Aquellos ojos marrones eran simples, comunes. Pero lo cautivaron. Bajó la mirada a su nariz, pequeña. Al parecer todo en ella era de esa forma. Miró sus labios, pintados de un rojo intenso, seguro eran tan calientes como el infierno.
Tragó saliva y volvió la vista a la barra. Él no podía estar pensando así por una mujer que acababa de ver. Bebió un largo trago del vaso de wishky.
—¿Qué te parece si nos vamos, NICO? —le dijo a su amigo. NICO no contestó… siguió sin contestar. PETER lo miró. Sus ojos azules estaban abiertos como platos. La boca también la tenía levemente abierta —Imbécil, ¿Qué te pasa? —preguntó y lo empujó un poco para que reaccionara.
NICO sacudió la cabeza como si acabara de salir de una especie de trance. Miró a PETER.
—¿Te quieres ir? —le preguntó. PETER asintió —Vete —el castaño lo miró sin poder creerlo —Eres el único imbécil que intentaría salvar una relación con la loca esa. Yo me iré a divertir con aquella rubia. Me ha hecho pensar en muchas cosas indecorosas en menos de dos segundos.
Luego de aquellas hoscas palabras se incorporó de la barra y se dirigió hacia el centro del bar. PETER se quedó pasmado. NICO a veces eran frontal, pero esta vez había sido demasiado.
Bien… iba a hacer lo que quería hacer. Se iba a ir.
Se puso de pie y comenzó a caminar hacia la salida. Pero de repente la música comenzó a sonar en el bar, la gente festejó y todos se pusieron de pie.
Demonios..
Ya no tenía espacio para caminar tranquilo. Se sintió aplastado, atrapado, etc. Comenzó a moverse entre la gente, empujando un poco a todo lo que se ponía en su camino. Estaba extrañamente molesto. No con NICOl. Consigo mismo. Entonces alguien lo chocó de frente.
—¡Lo siento! —dijo ella. Él bajó un poco la mirada para buscar la voz que se acababa de disculpar —¡Hay tanta gente!
Sus ojos se encontraron y a PETER se le aceleró el pulso. Era ella. La morena candente. Abrió la boca para disculparse también pero alguien lo empujó de atrás haciendo que se acercara más a ella. LALI retrocedió un poco, sintiéndose intimidada por aquel hombre. Pero no pudo ir muy lejos, había tantas personas por todos lados. Quedaron hiper pegados.
La gente bailaba a su alrededor como si nada más importara. Ella casi pierde el equilibrio. Él fue rápido y la tomó de la cintura. Su perfume lo rodeó. La piel de la nuca volvió a erizársele. Su mirada quedó atrapada en sus labios. Sintió mucho calor.
LALI no sabía como reaccionar ante semejante hombre. Él la sujetaba de la cintura de manera delicada, pero ella sabía que lo hacía porque sino iba a caerse.
—¡Yo también lo siento, no te había visto! —le dijo él en voz alta, ya que era imposible hablar bien por la música.
—¡No hay problema! —le aseguró. Se quedaron callados. La gente seguía bailando. Los empujaron un poco más. La frente de ella quedó cerca de los labios de él.
—¡Creo que deberíamos salir! —aconsejó el moreno.
—¡También yo! —entonces LALI divisó un pequeño pasillo de gente detrás de PETER —¡Por ahí!
PETER miró sobre su hombro y respiró aliviado. Soltó la cintura de la morena, pero la tomó del bazo para que no se perdiera. Era tan… chiquitita que fácilmente podría perderse. Caminaron entre todos pidiendo disculpas cada vez que chocaban con alguien. Hasta que lograron salir. PETER la soltó y se giró a verla.
—Soy PETER —se presentó y estiró su mano hacia ella.
—_LALI —dijo ella y tomó su mano.
La soltó al instante murmurando un suave ‘ouch’ ya que él le había dado electricidad. PETER rió algo nervioso.
—A veces soy algo chocante —dijo. Ella soltó una suave risita —Intentémoslo de nuevo.
Volvió a tenderle la mano, ella la tomó. Esta vez no hubo carga. Pero ambos sabían que había algo mucho más intenso que eso.

CAPITULO 1

EUGENITA

A EUGE SUAREZ casi le da un infarto cuando entró al cuarto de su mejor amiga y un mar de pañuelitos descartables se le cayó encima. Esto no podía ser peor de lo que era. LALI no podía haber caído tan bajo por el infeliz de BENJAMI.
¿Cuántas veces ella le había dicho que él era un idiota hijo de puta? Miles....
¿LALI la había escuchado? Nunca.
Soltó un suspiro y corriendo los asquerosos pañuelos con la punta del pie se acercó a la cama y se sentó al lado del cuerpo inmóvil de la morena. Estaba tirada boca abajo, con un horroroso pijama de abuela puesto.
—¿Hasta cuando piensas seguir así? —le preguntó.
Escuchó un sollozo dentro de la almohada. Puso los ojos en blanco.
—Hasta que me deshidrate y me muera —escuchó que ella decía.
—LALI, por favor, tienes que dejar de llorar —exclamó nerviosa —Está bien… ya pasó. El maldito idiota eligió irse con una pechugona de piernas largas. Ya está, fin del tema… Es hora de que lo superes, hermana.
Bien… eso pude haber sido un poco brusco. Pero alguien necesitaba sacarla de aquella habitación o de verdad moriría deshidratada.
LALI levantó la cabeza de la almohada y la miró de costado. EUGE pudo ver el resentimiento de sus marrones ojos.
—¿Sabes? No eres precisamente algo a lo que llamarían amiga —le aseguró.
La rubia dejó escapar el aire lentamente. Le hizo un gesto para que se moviera un poco y le hiciera lugar en la cama. Ella de mala gana se movió.
Cuando ambas estuvieron acostadas y cómodas, la rubia decidió hablar.
—Verdaderamente, LALI, no puedes seguir así.
Ambas miraban fijamente el techo de la habitación. El techo era tan blanco que había comenzado a marearlas.
—No puedo estar de otra forma.
—Sí, sí puedes.
La morena negó con la cabeza y volvió a hundir el rostro en la almohada. Hacía más de un mes que estaba encerrada en su casa, en su habitación, llorando a mares porque su novio la había dejado para irse a Paris con una rubia pechugona.
¿Por qué preferían un par de tetas que unas buenas neuronas? ¿O un culo parado que una conversación fluida?
—No, no quiero dejar de llorar… no quiero —sollozó ella.
—Pero, _LALI, así no puedes seguir. Tus padres están muy preocupados. Tu abuelo no deja de preguntar por ti… hace más de un mes que no vas a trabajar.
—Sí claro, preocupados —murmuró —Y no pienso hacerlo —le aseguró.
—¿Ya no estás más con Andrés, cierto? —le preguntó.
LALI levantó un poco la mirada para encontrarse con la mirada celeste de EUGE. Su mejor amiga había estado a su lado desde el día en que el maldito de BENJA le había roto el corazón… por teléfono.
—No, Andrés se ha ido hace un par de días —le contestó.
—Entonces no tienes excusa —dijo la rubia esbozando una sonrisa triunfadora.
—¿Para qué?
—Hoy a la noche vamos a ir a una fiesta, quieras o no.
—EUGE, no estoy para fiestas —chilló.
—¡Por dios, LALI ESPOSITO! —la voz de EUGE salió enojada —No puedes seguir llorando por ese infeliz. Tienes 23 años, eres joven y hermosa ¿sabes cuantos hombres sueñan con estar con una mujer como tú?
—Muchos. Menos BENJAMI —musitó —Yo lo amo aun, EUGE. ¿Por qué me hizo esto?
—Ya me cansé de decirte que el madito solo quería tu dinero y el aprecio de tu abuelo. Pero ¿quieres entenderlo? ¡No! Y la verdad, LALI, ya me estoy cansando de venir a buscarte a tu casa, chocarme con pañuelos y escucharte llorar por alguien que no te merece ni en lo más mínimo de la palabra MINIMO. ¡Mientras tú chorreas mocos como una canilla rota, el muy hijo de puta está teniendo sexo sin parar con la torre Eiffel de fondo!
Escuchar aquello de la boca de su amiga la hizo reaccionar. Se sentó lentamente en la cama. Su mirada quedó fija en la nada. Ella sabía que BENJAMI la había utilizado. Pero hasta ese momento no había querido creerlo. Levantó una de sus manos y secó su rostro.
¿Qué era lo que ella estaba haciendo? No podía quedarse allí, tirada, llorando por aquel mal nacido. Esa no era la actitud que una mujer con carácter tenía que tomar. Y ella se consideraba una mujer con carácter.
¿Por qué ahora iba a despreciarse a si misma por qué un pito andante lo hizo? No, eso no era digno de una mujer.
Miró a EUGE y le sonrió levemente.
—No me puedo imaginar que sería de mi vida sin ti, EUGENITA—le dijo. EUGE sonrió al instante y se abrazaron para luego dejarse caer en la cama soltando un par de risitas.
—Claramente sería un desastre, LALI. ¿Vamos a ir a la fiesta, verdad? ¿Verdad? —preguntó entusiasmada.
Aunque la idea no la mataba de la emoción, LALI decidió que sí iba a ir. Era hora de quistarse aquel espantoso pijama de abuela.
—Está bien —le dijo a su mejor amiga —Vamos a ir a esa fiesta.
—¡Siiii! —canturreó la rubia entusiasmada —Vas a ver que la vamos a pasar más que súper bien… Vas a conocer a hombres mucho más atractivos y todo va…
—Oooh, amiga —la detuvo —Solo iré para salir un poco de estas cuatro paredes. No iré a hacer sociales y coquetear con hombres. No quiero hombres en mi vida por un largo, largo tiempo.
—Pero, LALI…
—Pero nada, EUGE.
—Está bien —dijo enojada mientras se cruzaba de brazos —Sigue manteniendo tu celibato mientras el idiota sin cerebro se revuelca con la cara-de-chupa-pitos en Paris.
LALI no pudo evitar reírse ante aquel comentario. Claro que ese apodo le iba perfecto a la arrastrada esa. Pero escucharlo de EUGE, era más gracioso de lo que parecía.
—No estoy manteniendo mi celibato —le aclaró —Solo estoy cuidando mi corazón, amiga. Podría ir y buscarme un hombre para revolcarme, pero yo no soy de esas y lo sabes. Además lo que yo sentía por BENJAMI… y odio admitir que todavía lo siento, un poco,… era cierto.
—Yo te juro que si hubiese sido tú, lo hubiese mandado a matar.
—Lo sé. Eres capaz —dijo divertida.
—Bueno —suspiró la rubia —Pero por lo menos saldrás de esta apestosa habitación.
—Mi habitación no es apestosa —se quejó la morena.
—Apestosa en el sentido de que parece una incubadora de virus mortales. ¡Por dios, LALI! ¿Hace cuanto que esos pañuelitos llenos de mocos y lágrimas están allí?
LALI bajó la cabeza como si se sintiera apenada. Era verdad que hacía mucho que su cuarto parecía un funeral más que un cuarto. Se había deprimido tanto que ni siquiera le importaba si estaba bien o mal.
—Te prometo que hoy mismo voy a deshacerme de todos ellos —le aseguró. Brittany sonrió llena de orgullo.
—Esa es mi hermana.
Se abrazaron como las mejores amigas que eran, y LALI se puso a pensar que sería de ella sin aquella rubia algo loca que siempre estaba al pie del cañón. Definitivamente sería nada. EUGE y ella se habían criado juntas. Eran como hermanas. Habían vivido de todo.
Desde la muerte del padre de EUGENIA, hasta los problemas familiares de LALI. Y jamás se habían abandonado.
Salieron del cuarto de la morena y decidieron pasar la tarde tiradas en el sillón mirando Bob Esponja. Sí, ambas ya eran mayorcitas, tenían un trabajo, un departamento y todavía miraban dibujos animados. Les era imposible no hacerlo. Pasaron toda la tarde así. Riendo, comiendo chocolate, y recordando viejos tiempos. Como cuando siendo unas niñas le habían metido en la cartera una babosa a su profesora de catequesis.
Llegada la tarde-noche, EUGENIA había decidido irse a su departamento para prepararse, y luego volvería a buscar a LALI.
La morena se sentía algo nerviosa. Salir y exponerse después de un mes… Se sentía como una tonta inexperta que jamás había salido en su vida. No quería cometer errores de nuevo. No quería más ser la decepción de todo el mundo…
Soltando un suspiro se puso de pie y entró a su baño para comenzar a prepararse. Mientras dejaba que el agua cayera sobre ella, imágenes de BENJAMI y la pechugona juntos se filtraron en su mente. Y sintió rabia. Mucha.
Ellos dos habían estado riéndose de ella desde… no sabía desde cuando, pero estaba segura de que era desde hacía bastante. Y la amargura la llenó de nuevo.
¿Por qué aquel dolor no se iba?
Ella quería odiarlo. Él merecía todo su odio. Pero de cierto modo no lo conseguía. Sabía que si él volvía y le pedía perdón… tal vez lo perdonaría.
¡Por dios, que idiota que era! ¿Cómo podía ser capaz de aquello? Él no la amaba, jamás la había amado. Lo único que le importaba era su dinero. Mejor dicho, dinero de su abuelo. A veces odiaba ser una LALI. Odiaba su apellido, su sangre.
BENJAMI AMADEO la había deslumbrado desde el momento en que lo vio. Él era un hombre inteligente, culto… todo lo que ella siempre había soñado como hombre ideal. Desde que lo vio, ella no había tenido ojos para otro. Él era su centro, su mundo. ¡Ella se había visto casada y con hijos de él! De verdad, que tonta había sido. Idiota era el amor. Y ahora recién lo estaba comprendiendo.
Sacudió la cabeza para alejar aquellos pensamientos de si, y terminó de bañarse. Ya no iba a llorar, no tenía que llorar. Ni por BENJAMI, ni por ningún otro hombre.
Apagó la ducha y se envolvió en una toalla blanca. Y mientras salía del baño escuchó que su celular sonaba. Corrió para atender.
—¿Hola? —dijo algo agitada.
—¿Cuándo te vas a dignar a venir a trabajar? —le preguntó. Ella soltó un suspiro y puso los ojos en blanco.
La que me faltaba.
—Abuelo… ¿Cómo estás? ¿Bien? Yo también, no sabes, estoy increíble —dijo con todo el sarcasmo del mundo.
—LALI, ¿Qué pasa contigo, muchacha? Pensé que eras una mujer con carácter. Pero al parecer todavía no has crecido.
Se contuvo de gritarle y cortar. A veces su abuelo era demasiado duro con ella. Aunque sus padres también. No entendía por qué era así… A decir verdad creía no entenderlo. No le entraba en la cabeza como ellos podían ser tan… injustos con ella. ¿Qué culpa tenía de no haber sido lo que todos ellos quería?
Para su mala suerte, o la de ellos, ella había nacido con una vagina. Mientras que el clan ESPOSITO deseaba y ansiaba un pequeño varoncito, que en el futuro se hiciera cargo de toda la empresa familiar. Pensamiento demasiado burgués…
Para el punto de vista de su familia, LALI no era capaz de manejar nada. Ni siquiera su vida. Ella no comprendía como su madre, siendo una mujer, podía estar tan de acuerdo con su abuelo y su padre. Y para mayor mala suerte no habían podido tener más hijos. Todo el rechazo caía sobre ella.
Verdaderamente ya estaba cansada de ser la decepción de todos. Principalmente la decepción de si misma.
—Iré a trabajar desde el lunes, abuelo —le dijo.
—¿Por qué no desde mañana? —inquirió él.
—Porque estoy algo… enferma. Quiero recuperarme bien.
—No me decepciones más, LALI. Ya ha sido una gran decepción que perdieras a un hombre como BENJAMI.
Genial. Simplemente aquello era genial. En sus ojos las lágrimas se hicieron presentes. Pero los cerró con fuerza para alejarlas.
—Tranquilo —musitó —No voy a decepcionarte.
—Así me gusta, querida —le dijo. Ella quiso romper todo —Ahora tengo que colgar. Tengo un par de negocios que arreglar.
—Adiós —le dijo secamente.
Cuando colgó arrojó su celular con fuerza sobre la cama. Apretó los dientes para no gritar. Y no pudo contener sus lágrimas. Se sentó sobre el borde de la cama.
¿Por qué eran así de injustos con ella?
Entonces comenzó a comprenderlo. Nadie la tomaba en serio. Nadie creía en ella. Ni su abuelo, ni sus padres… ni BENJAMI había creído en ella. Todos creían que ella era una mujer tonta que no tenía ni dos dedos de frente.
¡Por dios que sola estaba!
Había tanta gente a su alrededor, pero estaba tan sola al mismo tiempo. Todos la conocían como la heredera del maravilloso ALEJO ESPOSITO. Y todos querían hablarle, saludarla, agradarle por eso. Nada más por dinero.
No estoy tan sola, tengo a EUGENITA…
Sí, se recordó. Tenía a su mejor amiga, a su hermana del alma. Y tenía que demostrarle, por lo menos a ella, que si podía superar la traición y pisotear al dolor. El abandono de un hombre no era el fin del mundo ¿o si?

IT'S COMPLICATED (SINOPSIS)

PROLOGO.

Cuidad de Nueva York. 3:26 a. m....

El teléfono comenzó a sonar con fuerza por cada rincón del departamento. Era un sonido chillón, que podía despertar hasta a una momia. LALI frunció el ceño al tener el molesto sonido casi al lado de su oreja. Abrió un ojo y estirando su brazo logró encender la lámpara de noche.
—¿Hola? —su voz salió rasposa al atender. 
—LALI —escuchó la voz de él del otro lado. 
Ella se incorporó rápidamente en la cama y abrió bien los ojos para despertarse más. Era extraño que él la llamara a esas horas. 
—BENJA, amor ¿pasó algo? —dijo preocupada. 
Lo escuchó suspirar. 
—¿Cómo decirte esto, LALI? Es tan complicado.
—Amor, me estás preocupando ¿Qué sucede? ¿Le pasó algo a tu madre? Por Dios JBENJA, habla ahora —exigió nerviosa.
—No, no. Mi madre está bien, todos están bien. A nadie le pasó nada malo —dijo él rápidamente. Ella respiró aliviada. 
—Entonces, ¿Qué pasa? —le preguntó. 
—Tenemos que hablar, LALI. 
Oh, no. Esa frase…
—¿Hablar? —dijo temblorosa. Su corazón comenzó a acelerarse —¿De qué?
—De lo nuestro —sentenció él.
Tranquila LALI, solo respira. No es nada malo, nada.
—BENJA, amor, ni siquiera son 3:30 de la mañana ¿Por qué no lo hablamos cuando sea más de día?
—Porque no puedo esperar LALI, estoy a punto de salir del país.
—¿Qué? —preguntó ella elevando un poco más su voz. 
—¿Puedes apurarte por favor? —escuchó la voz de una mujer a lo lejos. 
—¿Con quién estás? —dijo LALI mientras fruncía el ceño levemente.
—Lamento que esto tenga que ser así, _LALI, de verdad.
—Ya, por favor. ¿Qué sucede BENJAMI AMADEO? —le preguntó más molesta que preocupada. 
—Lo nuestro se terminó, LALI.
A ella se le paró la respiración. Aquello fue como recibir un golpe en medio de su estomago. Sin esperar mucho sus ojos se poblaron de lágrimas. 
—¿Q-Qué? —la pregunta se trabó en medio de su garganta, saliendo apenas audible. 
—Esto no da para más y… lo lamento, pero no te amo. Estoy enamorado de Jenny y nos vamos a Paris. 
Jenny… ¿su secretaria?
—Está bien —fue lo único que ella pudo decir.
—De verdad lo siento mucho, preciosa. Siempre te consideré una gran mujer, una buena amiga… pero nunca te amé como debería de haberte amado. 
—Ajá —asintió y sintió las primeras lágrimas resbalar por sus mejillas.
—De verdad lo lamento…
—Jenny es tu secretaría ¿cierto? —le preguntó con la voz quebrada.
—Si… la chica de los pechos grandes —dijo él y rió.
Ella sintió una rabia incontrolable surgir desde adentro de su ser.
—Perfecto, espero que la pases bien en Paris, BENJAMI. Ten cuidado con la silicona… te puede explotar en la cara. Y vete despidiendo de tu puesto en la empresa de mi abuelo, bastardo…
—LALI, no…
Ella colgó rápidamente y se tumbó boca abajo en su cama para sentir como todo su mundo se derrumbaba.
Última actualización: hace más de un año

domingo, 27 de diciembre de 2015

nota

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