lunes, 8 de febrero de 2016

CAPITULO 63




Tiene el teléfono apagado.

La película había sido increíble. LALI se seguía riendo y se sentía a punto de explotar por culpa de todas las porquerías que había consumido. Cameron Díaz era simplemente encantadora y divertida hasta la médula. Y ni hablar de Justin Timberlake. Además de seducir mujeres con su música, también lo hacía con su humor. ...
—Sin duda es una de las mejores películas que vi en mucho tiempo —aseguró DALMAU.
—No recuerdo cuando fue la última vez que me reí tanto —dijo ella contenta.
GAS sonrió y se acercó a un tacho para tirar los vasos vacíos de gaseosa y los restos de comida de las bandejas.
—Hemos hecho una buena elección…
—Claro que sí.
Dirigieron sus pasos hacia la salida, el frío de la noche envolvió a la morena, que se abrazó a sí misma y se colocó mejor la cartera en el brazo. GAS miró la hora.
—Vaya, ya es tarde —suspiró. Eran casi la una de la madrugada.
LALI no pudo impedir que un bostezo se le escapara de los labios. El rubio sonrió.
—Que flojita resultaste ser, LALI.
—Claro que no —dijo y otra vez bostezó —Podría ir a bailar toda la noche, en este mismo momento.
—Sí, como si lo fuera a permitir —dijo él.
—Ja, como si fueras mi padre…
—Soy tu médico —le golpeó levemente la punta de la nariz —Es casi lo mismo.
Ella rió quedamente. Todo estaba demasiado tranquilo a su alrededor para ser una noche de Nueva York. Ella observó detenidamente todo.
—Bien, creo que es hora de irme —habló luego de rato de silencio.
—Tengo el auto a una cuadra, te llevo —le ofreció.
—No —negó levemente —No te molestes. Yo me tomo un taxi.
—No es ninguna molestia, LALI.
—Es que… —se mordió los labios —Aun no sé a donde ir…
GAS frunció el ceño.
—¿Cómo que no sabes a dónde ir? —inquirió.
—Es largo de explicar —suspiró ella.
—No puedo dejarte sola en la calle, LALI—razonó moviendo nerviosamente los brazos en el aire —No me quedaría tranquilo.
—GAS, no tienes por qué…
—Sí, sé que no tengo por qué preocuparme… pero lo hago —la miró fijamente a los ojos. LALI sintió como sus mejillas se enrojecían rápidamente. Alex sonrió nervioso y luego se rascó la nuca —Quiero decir, eres mi paciente, estás embarazada, ¿Qué clase de hombre sería si te dejo aquí, en medio de Nueva York, sola?
—No me va a pasar nada —aseguró ella.
—¿Por qué no vienes a mi casa? —dijo al instante.
—¿Qué? —preguntó algo sorprendida.
—Sí, solo hasta que decidas a donde ir —buscó las llaves del coche dentro de su bolsillo y se las mostró —Sino me quedaré aquí contigo y ambos moriremos de frío.
—No —sonrió ella —Está bien, vamos a tu casa, me prestas tu baño y luego veo a donde voy.
—Trato hecho —le estrechó la mano y ella la tomó sin dejar de reír.
Se dirigieron al auto, entonando la famosa canción New York de Frank Sinatra mientras los ojos curiosos los miraban divertidos. El viaje también fue entre risas y un par de anécdotas de la infancia de GAS. El auto se detuvo frente a un lujoso edificio.
—Wow —dijo LALI mirando por la ventana como si fuera un cachorrito apoyado en la ventana de la veterinaria, mirando a los niños pasar.
—Sí, no sé por qué es tan grande —dijo él —Me lo regaló mi padre cuando me recibí. Pensé en mudarme muchas veces, pero nunca lo hago.
Se bajaron del auto y entraron rápidamente. Al instante el calor recorrió el cuerpo de la morena y soltó un suspiro de alivio. Se acercaron al ascensor y GAS marcó el piso veintidós.
—Vaya que vives alto —dijo.
—La vista es increíble… ya verás.
Llegaron y al entrar LALI observó todo con admiración. Ella esperaba que todo fuera muy ostentoso y brillante. Pero era más bien cómodo y practico. Y claramente estaba bien decorado.
—¿Quién decoró todo? —le preguntó.
—¿Quién crees? —dijo él mientras dejaba sus cosas sobre una hermosa mesa de roble.
—¿Tú? —inquirió no muy segura. Él rió y negó con la cabeza.
—No, mi madre…
—Oh, me lo tuve que haber imaginado —asintió sin dejar de mirar a su alrededor.
GAS le indicó en dónde estaba el baño. Ella se lo agradeció y corrió a usarlo. Eso era una de las desventajas de los embarazos. Jamás se dejaba de ir al baño. Para salir tranquila tendría que tener un baño portátil en la cartera.

Salió aliviada y con el sueño renovado, quería dormir. Recorrió el pasillo de vuelto a la sala y observó los cuadros en las paredes. Sin duda cuadros de Antonieta. Eran únicos. Llegó a donde estaba GAS, y lo encontró parado frente a un enorme ventanal, tomando un poco de agua. Él se giró a verla y le hizo un gesto para que se acercara.
—Mira como duerme Nueva York —le dijo.
LALI caminó hasta posarse a su lado y miró fascinada las luces de los demás edificios. Aquello era más que hermoso.
—Es increíble —aseguró ensimismada en la vista.
—¿Quieres un poco de agua? —le preguntó alejándose.
—Sí, por favor —dijo y también se alejó de la ventana para dejarse caer en el cómodo sillón. Tomó el control remoto y prendió la tele —Los cuadros del pasillo son de tu hermana, ¿cierto?
—Sí —contestó desde la cocina —Cada obra de arte que está aquí es de ella. No me deja tener nada de otros artistas. Es capaz de matarme.
—Ya lo creo —dijo divertida.
Ella comenzó a hacer zapping con el control remoto. Su dedo dejó de apretar el botón de cambio cuando sus ojos captaron los coloridos dibujos animados. Una sonrisa apareció en su rostro, como si fuera una niña de cinco años. Phineas y Ferb 2 dimensión, la película. Se quitó el abrigo y se acomodó mejor, para mirar contenta. GAS volvió con el vaso y se lo entregó.
—Muchas gracias —dijo ella sin quitar la mirada del televisor.
—¿Qué miras? —quiso saber él mientras se sentaba a su lado.
(...)despertador que había puesto. Se sentó rápidamente en su cama y miró a su alrededor. Salió de su cuarto y caminó hacia la habitación de LALI. Ella no había vuelto, y eso lo hacía pensar demasiado. Para su suerte, estaba solo, MERY había recibido una llamada a la noche y se había ido, dejándolo solo con sus pensamientos. Todavía no salía de su cabeza lo que había hecho, ¿Cómo podría olvidarlo? Iba a casarse, había aceptado casarse…
—Acepto casarme contigo…
MERY se puso de pie en un salto.
—¿Qué? —inquirió exaltada.
—Lo que escuchaste —continuó —Casémonos…
—Ay, PETER —chilló contenta y se acercó rápidamente a él para abrazarlo con fuerza y empezar a besar su rostro —Te amo, te amo, te amo… Va a ser hermoso, mi amor, perfecto. Voy a encargarme de todo. Tú solo tendrás que esperarme en el altar.
¿Qué había hecho? Sacudió la cabeza. Ya era demasiado tarde para lamentaciones. Era un jodido estúpido, un mal nacido. No sabía ni en donde estaba parado.
El teléfono lo sacó de sus pensamientos. Corrió a contestar.
—¿Hola?
—Buenos días, matón —saludó EUGE. La decepción se apoderó de él. Esperaba que fuera LALI.
—¿Qué hay, loca? —le preguntó tratando de sonar despreocupado.
—Muy bien —aseguró —¿Tú?
—Genial, mejor que nunca —la ironía sonó en cada palabra.
—Uh, eso suena muy mal —dijo divertida —¿Está mi mejor amiga por ahí?
—No —contestó.
—¿Cómo que no? —preguntó.

PETER se quedó completamente desquiciado. No podía pedirle tranquilidad. Su cabeza acababa de imaginar millones de cosas malas. Si ese infeliz le había hecho algo a LALI, iba a arrepentirse de haber nacido.
—

CAPITULO 62



Nachos con queso, chocolates, gaseosas y todo lo demás.

LALI tomó asiento frente a BENJAMI, en aquel pequeño bar al que había decidido entrar. En todo el trayecto que les llevó llegar hasta allí, ella había evitado hablarle. No sabía como podía estar tan tranquila teniéndolo allí. Desde que él la había dejado, ella se había imaginado cientos de formas distintas de matarlo y hacerle p...agar todo su dolor.
Pero ahora, enfrentada a su cínico rostro, no sentía ninguna necesidad de venganza. Era extraño… estaba sorprendida de verlo, claro que sí, incluso estaba algo enojada, pero en cierto modo sabía que podría manejarlo.
—¿Cómo fue que terminaste embarazada, mi amor? —le habló al fin. LALI soltó un cansado suspiro.
—No es asunto tuyo, BENJAMI —le aseguró —Solo dime lo que realmente quieres, así puedo irme a dormir… estoy cansada.
BENJAMI llamó a uno de los mozos, pidió un café y un licuado de frutillas para ella. LALI lo odió por eso. Él sabía que el licuado de frutillas era una de sus debilidades. El mozo se marchó con la orden.
—Sé que estás dolida conmigo —continuó hablando —Y sé que merezco tu rechazo, tu frialdad… pero de algún modo puedo repararlo, y tú lo sabes. Sino no estarías aquí conmigo. Yo he cometido un gran error, LALI…
—¿Qué fue lo que pasó? —preguntó interrumpiéndolo —¿Te explotó la silicona en la cara?
—Jennifer conoció a un francés, dueño de una fabrica de perfumes —le contó y sin mirarla jugó con la pequeña servilletero que estaba sobre la mesa —Le gustaron los perfumes…
—Le gustó el dinero —lo corrigió ella.
Él sonrió divertido, LALI sintió un retortijón en la boca del estomago. Siempre le había gustado el modo en que BENJAMI sonreía con los labios sellados. Era un hombre del tipo galán de cine… no se veía grotesco, ni temperamental. Era más bien de los delicados, que no levantaban la voz y todo lo arreglaban con una simple sonrisa. Y era ahora cuando lo estaba intentando hacer, con ella.
Por así decirlo empezó a recordar, a recordar como era todo cuando ellos estaban juntos, cuando ella creía que él la amaba. Era feliz. Sí, así de engañada y todo, ella era feliz. Iban a cenas, a reuniones, eran la pareja perfecta en cada acontecimiento importante. Estando con él sus problemas no eran visibles e incluso la relación con su padre era más soportable.
—Sí, tienes razón —asintió —Le gustó la billetera de aquel francés… era un poco más abultada que la mía —LALI intentó reprimir una risa —Y aunque no lo creas me sirvió mucho, entendí muchas cosas en este viaje.
—Es un poco tarde para eso, ¿no crees? —inquirió ella. El mozo se acercó y colocó los respectivos pedidos en el centro de la mesa.
—No, no es tarde —bebió un poco de café —Podemos hacerlo, mi amor, aun estamos a tiempo.
—Estoy embarazada de otro —le recordó ella.
—Lo sé, y aun me cuesta creerlo —reconoció —Pero sé que en cierto modo es mi culpa. Estabas despechada y te metiste con el primer infeliz aprovechador que se cruzó en tu camino…
—PETER no es ningún aprovechador y mucho menos un infeliz.
—Sí es un infeliz, cielo… ¿Qué puede darte él?
—En primer lugar, no es mi pareja, solo es el padre de mi bebé. Y en segundo lugar, él podría darme mucho más de lo que tú me diste…
—Pero no te lo está dando —agregó rápidamente —Veo la infelicidad en tus ojos, LALI. Él te hace daño.
—No tanto como el que me has hecho tú —le aseguró.
—Bien, ya dejo de hablar de tu tan magnifico PETER…
—Solo dime de una vez lo que quieres —le pidió ella.
—Tu abuelo me llamó —le informó. Ella lo miró algo sorprendida —Sabes que no anda bien de salud, ¿verdad?
—Algo —dijo simplemente.
—Cuando volví, él lo supo. Entonces me llamó, fui a verlo a su casa y me habló de ti, de lo que habías pasado, de lo que Robert le hizo a tu madre. Es increíble que fuera capaz. Y por lo que sé anda con problemas financieros.
—No tengo ni idea, y tampoco me importa —fue cortante con respecto a eso. La verdad no le interesaba ni en lo más mínimo.
—Bueno, ALEJO me pidió que te buscara, que me acercara a ti… que te cuidara. Yo no puedo reprocharte nada de lo que pasó, LALI, pero puedo ayudarte a repararlo.
—No entiendo —dijo ella confundida.
—Cásate conmigo, mi amor, así como lo habíamos hablado la navidad pasada, sentados esperando a que fueran las doce. Podríamos hacerlo en el campo, con una enorme y linda carpa blanca, como siempre quisiste —empezó a acercar su silla hacia la de ella. LALI no movió ni un pelo, su mirada fija en la verde de él —Compraremos enormes ramos de lirios y rosas blancas —por alguna razón los ojos de ella volvieron a llenarse de lágrimas. BENJAMI estuvo lo suficientemente cerca como para tocar el vientre de la morena. _LALI se tensó al instante —Podemos darle una verdadera familia, que nazca en paz y llena de amor. Una AMADEO ESPOSITO, el mundo va a estar a sus pies.

Entonces aprovechó ese momento para acercarse más a ella. Sus labios se aproximaron a los femeninos. Pero entonces LALIreaccionó, poniéndose de pie.
—No, BENJAMI, ya nada queda de lo que yo sentía por ti, nada. Jamás voy a perdonarte, no voy a rebajarme a eso. Y mi hija ya tiene un padre. Un padre que va a darle y enseñarle lo que es el amor de familia —se iba a ir pero lo miró una vez más —Ah, y ella es una LANZANI, y el mundo ya está a sus pies…
Salió de allí, sin siquiera haber tocado el licuado de frutillas que él había pedido.
—LALI… —la llamó BENJAMI, pero no se detuvo.
Respiró aliviada cuando se encontró fuera del bar, y sin dudarlo comenzó a caminar. No supo bien por cuantos minutos estuvo caminando, sin saber a donde ir. Solo sabía que estaba cansada y quería dormir. Pero no quería ir a la casa de MARIANO y su madre, tampoco a lo de EUGE, y mucho menos a lo de PETER. Ese idiota, pensó mientras apretaba los dientes.
¿Cómo se atrevía a acusarla de hacer algo tan bajo como permitir que otro se hiciera cargo de su bebé? Era un necio, cabrón e impulsivo. Jamás podía razonar cuando lo invadía la rabia.
Sin darse cuenta, acababa de llegar a la gran manzana. Las luces y sonidos de la noche la sacaron completamente de sus pensamientos. Preguntó la hora a una pareja de ancianos que caminaban por allí y se informó que eran un poco más de las diez treinta.
(...)palomitas de maíz dulces, por favor… Ah, y no te olvides de añadirles un poco de mantequilla.
—Por supuesto —contestó la chica.
LALI, que lo había escuchado, y que su voz le resultó raramente familiar, giró la cabeza. Sus ojos se abrieron asombrados. ¿De qué iba todo aquello? ¿Podía ser posible que siempre se lo fuera a cruzar cuando menos se lo esperaba?
—¿GAS? —lo llamó.
Él la miró al instante y sus cejas se elevaron levemente, pero luego una pequeña sonrisa curvó sus labios.
—¿Qué haces aquí? —le preguntó divertido.
Se acercó a ella y besó rápidamente su mejilla. LALI pudo oler el suave aroma a cabello limpio y colonia importada.
—Esa pregunta iba a hacerla yo —sonrió ella —¿Acaso me sigues o algo así? No puede ser posible que te encuentre en todos lados.
—Ya quisieras —bromeó —Yo vengo al cine todos los sábados después de una agitada semana de trabajo. Me ayuda a despejarme.
—Por eso mismo he venido yo… Necesito reírme un poco.
—¿Vas a ver Bad Teacher? —inquirió él.
—Exactamente —dijo contenta —¿Tú también?
—Sí, quisiera haber tenido una maestra como Cameron Díaz en mis días de estudiante… hubiese sido tan feliz.
LALI soltó una pequeña carcajada.
—Ya lo creo —calmó un poco su risa.
—¿Viniste sola? —quiso saber.
—Sí —suspiró encogiéndose de hombros —¿Tú?
—También —asintió —Antonieta no podía acompañarme, como siempre lo hace. Y traer a mi madre sería como no poder ver nada.
—Eres malo con tu madre —dijo divertida.
—Amo a mi madre… pero es insoportable.
—Está bien —asintió soltando un suspiro.
Dirigió sus pasos hacia el pequeño baño y las ganas de ir la invadieron. Se sorprendió, él tenía razón. Se apresuró a hacerlo rápido, luego se lavó las manos y se acomodó un poco en el espejo. Entonces se puso a pensar un poco.
¿Estaba teniendo una cita con su obstetra?
Frunció el ceño sin dejar de mirarse. No recordaba bien cuando había sido la última vez que había tenido una verdadera cita. Su vida se había vuelto tan rígida que no se sentía una mujer de apenas veintitrés años.
Sacudió la cabeza. No estaba teniendo ninguna cita, solo iba a distraerse un poco y llegó la casualidad de que su obstetra se encontrara allí.
Sí, era hora de despreocuparse de todo y de dejar de pensar que estaba haciendo las cosas mal. Salió de allí, decidida a divertirse y disfrutar de una buena compañía
—

domingo, 7 de febrero de 2016

CAPITULO 61





He vuelto por ti.
PETER comenzó a toser, no pudo evitarlo, su garganta se había cerrado impidiéndole respirar o incluso pensar.
MERY se puso rápidamente de pie, y se acercó a él para palmear su espalda. Él se lo agradeció en silencio, pero la tos no la abandonó.
Ella corrió a buscar un poco de agua, pero él decidió ayudarse con el vino que residía en su vaso. El líquido, un tanto amargo, le recorrió la garganta, aliviando su ahogo. Apoyó el vaso con algo de fuerza sobre la mesa. La castaña volvió a sentarse frente a él, con rostro preocupado.
—¿Te sorprendí mucho? —preguntó ella.
—Sí… es decir no… en realidad demasiado.
—Sabía que sería así —sonrió levemente —Mi hermana me dijo que si no te desmayabas sería un milagro.
PETER se quedó en silencio, estaba en shock. Miró una vez más el anillo, y volvió la vista a MERY. ¿Casarse? ¿Ella quería casarse? ¿Cómo demonios habían terminado en eso?
—MERY, yo…
—No es necesario que me lo contestes ahora – lo interrumpió – Puedes pensarlo.
—Es que…
—No te digo que nos casemos ya, PETER —prosiguió —Podemos empezar a organizar todo con calma y casarnos dentro de cuatro o cinco meses.
—Es muy pronto —murmuró él más para sí mismo, que para ella. Pero no fue lo suficientemente bajo.
—Soy una estúpida —aseguró MERY.
—No, MER…
—Ya no me voy a seguir humillando ante ti, PETER…
—Me tomaste por sorpresa, ¿si? —trató de solucionar aquello —Han pasado muchas cosas en estos últimos meses… y me esperaba cualquier cosa, menos esto.
—¿No me amas? —preguntó ella.
Él no respondió al instante.
—Sabes que no es eso… hemos pasado por muchas crisis juntos…
—Entonces cásate conmigo —sentenció ella.
El portero eléctrico sonó, salvándolo. Agradeció en silencio, y se paró para responder.
—Está abierto —indicó sin siquiera preguntar quien era. En realidad no le importaba si era el mismísimo diablo, mientras le evitara tener que responderle a MERY.
—¿Quién era? —quiso saber ella.
—No sé —le respondió —Ahora seguramente va a subir.
Lo que sonaba ahora era el timbre. PETER salió de la cocina, esperando encontrarse con NICO, VICO o incluso LALI.
Abrió rápidamente la puerta y se encontró de frente con un hombre que estaba ataviado en un traje negro de etiqueta, a leguas se le notaba lo caro. No era más alto que PETER, pero si más rubio y sus ojos eran de un verde oscuro.
—¿Buscas a alguien? —preguntó el azulino.
—Sí, estoy buscando a LALI ESPOSITO —contestó e intentó mirar hacia el interior de la casa, pero PETER le impedía la vista.
—¿Para que la necesitas? —quiso saber con algo de recelo.
—Bien, me parece que primero tengo que presentarme. Yo soy…
—¿BENJAMI? —inquirió una voz femenina en la entrada de las escaleras.
Ambos hombres se giraron a ver, para encontrarse con una LALI casi tan blanca como una hoja de papel. El rubio sonrió.
—_LALI… —dijo y dio un paso hacia ella, pero esta retrocedió.
—No te me acerques —le advirtió. PETER los observó en silencio, tratando de entender quien era ese tipo —¿Qué haces aquí?
—Volví, encanto —respondió —Me di cuenta de que hice todo mal y volví por ti.
—Eres un cínico —aseguró ella sin poder creerlo.
—He hablado con tu abuelo, y me ha contado todo lo que ha pasado en estos meses que no estuve —miró hacia su vientre.
LALI se llevó las manos a la panza, horrorizada. Se sentía mareada y amenazada. ¿Qué demonios hacía él allí? Jamás se imaginó que iba a encontrarse a su ex en la puerta de la casa del hombre que la confundía tanto.
Estaba aturdida… verlo a JBENJAMI era como revivir la noche en la que él la había llamado y le había roto el corazón por teléfono.
Su corazón latía rápido, demasiado. Ella había amado a ese hombre, y hubiese dado todo por él. pero ahora nada quedaba de ese amor, y eso, en cierto modo, la lastimaba.
—¿Por qué volviste? —quiso saber —¿Se te terminó el dinero y pensaste que tal vez yo, la tonta LALI, iba a dártelo? Quiero que sepas, BENJAMI, ya no soy heredera de nada.
—Ya te lo dije, preciosa —sonrió —Volví por ti.
—Eres un enfermo —dijo LALI en un susurro.
—LALI, linda —comenzó a hablar él con calma. No había intentado acercarse a ella de nuevo – Sé por todo lo que has tenido que pasar desde que me fui…
—No, no tienes ni idea —le aseguró ella.
—Estoy realmente arrepentido —dijo con toda seriedad. LALI tenía muchas ganas de llorar, él no comprendía el dolor que le había causado —Por eso mismo, mi amor, estoy dispuesto a retomar lo nuestro —volvió a mirar su vientre —Yo puedo hacerme cargo de ese bebé, no me importa si no tiene mi sangre —ella lo miró con los ojos bien abiertos —Todo el mundo va a creer que sí es mío. Salvaré tu herencia, volverás a tus comodidades, a tu verdadera vida…
PETER, que hacía unos varios instantes había entendido quien era el rubio, pero se había mantenido en silencio solo para ver hasta donde llegaba, comenzó a ver todo rojo y la sangre le empezó a recorrer las venas con más fuerza.
—Eres un infeliz, BENJAMI —le aseguró LALI con las lágrimas a punto de resbalar de sus ojos.
BENJAMI se iba a acercar a ella, pero sintió un par de dedos tocando su hombro. Al darse vuelta, solo fue consciente del gran puño que aterrizó en medio de su rostro.
—¡No! —exclamó LALI horrorizada. MERY salió al escuchar el alboroto, y se encontró con su novio encima de un hombre.
—¡Ya para, PETER! —trató de detenerlo, pero era casi imposible, parecía poseído.
LANZANI tomó al rubio de la ropa y lo puso de pie. BENJAMI logró soltarse y retrocedió unos pasos. Y justo cuando PETER iba a arremeter de nuevo contra él, LALI se puso en su camino.
—Basta, por favor —le pidió angustiada.
PETER la miró agitado, su pecho subía y bajaba por la rabia que lo consumía. Dirigió su vista a BENJAMI, que se refugiaba detrás de la morena.
—¡Hijo de puta, tú no vas a hacerte cargo de mi hija! —le gritó.
BENJAMI se tocó el labio y luego miró sus dedos para encontrar un poco de su propia sangre allí. Sonrió levemente.
—Con que tú eres el padre… —miró a LALI —Mi amor, te hacía de mejores gustos.
PETER iba a lanzarse de nuevo hacia él, pero MERY lo sostenía de la cintura y LALI seguía frente a él.
—No más, PETER —murmuró la morena – BENJAMI… vamos a hablar a otro lugar.

—¡No! —gruñó el moreno.
AMADEO se acomodó el saco y paró erguidamente, para luego acercarse a las escaleras y comenzar a bajarlas.
—Yo estaré adentro —informó MERY y desapareció.
LALI levantó la vista hacia PETER, sintiéndose mucho peor que cuando había llegado y se había encontrado a BENJAMIN ahí. Ninguno dijo nada, hasta que ella decidió hablar.
—No tuviste que haber hecho eso —le dijo.
—Él no va a hacerse cargo de mi hija, LALI, ¿escuchaste? —dijo apretando los dientes.
Ella rió quedamente, fue lo único que pudo hacer… era eso o largarse a llorar como una estúpida.
—Se nota que no me conoces —meneó la cabeza decepcionada. Sus palabras la lastimaron, porque ella jamás sería capaz de hacer una cosa así.
—Puedes hacer lo que quieras con él, pero que no se meta con mi hija…
—Yo sé que hacer con la vida de mi bebé, PETER —aseguró clavándole la mirada decidida, aunque se estaba desmoronando por dentro —Y sé perfectamente que hacer con la mía… ¿Tú sabes que hacer con la tuya? —PETER no respondió nada —Eso me imaginaba, PETER.
Él observó como ella se iba, y tuvo muchas ganas de romper todo. Decididamente las cosas entre ellos jamás podrían estar del todo bien, siempre iba a haber algún problema. Y la verdad era que no estaba seguro de poder con eso.
Ingresó a su casa y cerró la puerta con fuerza. MERY estaba sentada en uno de los sillones, y lo miró de manera inquisidora.
—MERY —la llamó.
—¿Qué? —preguntó ella.
—Acepto casarme contigo.

CAPITULO 60




¿Te casarías conmigo?.

LALI les entregó a las amables ancianas una pequeña sonrisa, algo nerviosa, pero una sonrisa al final de cuentas. Con un intento de despreocupación palmeó el brazo de PETER....
—Vamos, cariño —le habló con toda la confianza del mundo —Será solo un besito.
Él la miró con el ceño fruncido. ¿Qué le sucedía? ¿Acaso estaba loca?
PETER acomodó su garganta y sonrió también.
—¿No te parece que es poco prudente? —inquirió él.
¿Qué había pasado con ellos?, pensó LALI. De repente los papeles habían cambiado, y ahora la acosadora era ella y el pobre acosado era él.
—PETER, ¿Por qué te niegas a besar a tu mujer? —preguntó Kate.
PETER alzó la vista hacia ella y se rascó la nuca con impaciencia.
—Abuela, lo que pasa es que…
—Oh, ven aquí —dijo LALI tomándolo de la campera y arrastrándolo hacia ella.
Sus labios se encontraron, pero el contacto fue mínimo. Unos segundos, él les diría milésimas, que le bastaron para poder derribarlo completamente. LALI lo soltó y volvió la mirada hacia las mujeres. Las cuatro tenían caras de decepción.
—¿Eso es todo? —inquirió Rachel.
—Ustedes están jugando con nosotras —aseguró Gloria.
—Por favor, incluso en mis tiempos los besos eran más apasionados… —dijo Jenna.
—El peor beso que vi en mi vida —asintió Kate —JUAN PEDRO LANZANI, te ordeno que beses como dios manda a LALI.
Y ahora la nerviosa era ella. No estaba segura de querer hacerlo. Con aquel pequeño piquito, su corazón se había acelerado tanto que lo podía sentir en medio de la garganta.
Giró un poco la cabeza para encontrarse con la mirada azulina. Soltó lentamente el aire de sus pulmones.
PETER se acercó a ella y la tomó con suavidad de la nuca, para luego tirarla hacia sí y apoyar su boca, muy despacio, sobre la de ella. Los ojos de LALI se cerraron, sus labios se separaron un poco para recibirlo.
LANZANI fue consciente del repentino sentimiento de posesividad que le recorrió el cuerpo, mientras movía apenas los labios sobre los suaves que tenía al frente. Y no quiso soltarla, no podía soltarla. No sabía cuanto tiempo ya estaban llevando, tampoco le importaba… pero tenía que parar.
Se alejaron con cuidado, abriendo los ojos al mismo tiempo y mirándose confundidos. PETER atrajo su mano hacia su mejilla y tocó con su pulgar los labios, humedecidos, de ella.
—Eso fue un beso… —dijo Kate rompiendo el imponente silencio que los había rodeado.
LALI tomó sus cosas de una de las sillas y miró a la mujer.
—Un gusto conocerla, señora LANZANI… la vendré a visitar muy pronto —dijo rápido y de la misma manera se echó a caminar hacia la salida.
PETER no pudo reaccionar, estaba idiotizado. Se encontró con la mirada inquisidora de su abuela. Tomó su campera.
—Abuela, te quiero —le dijo y se acercó a besarle la frente. Kate frunció el ceño.
—¿Qué sucede, PETER? —quiso saber.
—No tengo tiempo para comentártelo ahora, ¿si? Otro día con más calma, te lo diré —les sonrió a las amigas de su abuela —Señoras, las veré pronto.
—Adiós, galán —dijeron las tres al unísono.
PETER corrió hacia la misma dirección que la morena había tomado, y la divisó ya en la calle, esperando a que algún taxi parara.
—¡LALI! —la llamó.
Ella alzó la vista hacia él y sus nervios se notaron a leguas.
La búsqueda de un taxi se hizo casi intensa.
LALI daría todo lo que fuera por conseguir un taxi y no tener que hablar con él sobre nada. Pero no, Dios, ni nadie estaba de su lado últimamente y no iba a concederle el deseo de poder escapar. PETER llegó a su lado en un abrir y cerrar de ojos.
—Voy a ir a ver a mi madre —le dijo ella antes de que él hablara.
—Puedes esperar un poco —dijo con toda la calma del mundo. LALI no lo había mirado a la cara, su mirada estaba fija en la fila de autos que pasaba frente a ellos, esperando a que un auto amarillo apareciera en su vida —LALI…
—Lo sé —lo interrumpió ella —Todo está bien, teníamos que hacerlo por tu abuela, nada más.
—Pero…
—Fue divertido —habló y soltó una risita nerviosa —Quisiera ser así de divertida cuando tenga esa edad.
—Si me escucharas un segundo…
Un teléfono comenzó a sonar. PETER maldijo entre dientes y LALI agradeció en silencio, aquella interrupción. El teléfono que sonaba era el de él, así que con cierto enojo lo sacó de su bolsillo.

—Hola —contestó de mala gana.
—¿Qué pasa, amor? —preguntó ella —¿Por qué tan enojado?
Su enojo se apaciguó y su rostro cambio. Ahora lo que se asentaba en él era la culpa. Siempre que escuchaba su voz, lo llenaba la culpa.
—Hola, MERY —acomodó su garganta y le dio la espalda a la morena —Estoy… acabo de salir de ver a mi abuela Kate.
—Oh, me hubieses avisado y te acompañaba, cielo —aseguró ella.
—No, no quería molestarte… solo fue una visita pequeña —escuchó el sonido de auto frenando cerca y giró rápidamente para ver como LALI se subía al taxi —Amor, te llamo en un ratito, ¿si? Estoy manejando.
—Bien, yo estoy en tu casa, aquí te espero —dijo contenta y colgó.
PETER guardó rápidamente el teléfono y se acercó al coche.
—LALI, deja que te lleve.
—PETER… iré a tu casa por la noche, ¿si? Y ahí hablaremos más tranquilos. Necesito relajarme un poco, ¿bien?
Él la miró sin estar del todo convencido, pero entonces se alejó de la puerta del auto y este arrancó, dejándolo aun más confundido.
Maldiciendo en voz baja, fue hacia su coche y prendió marcha hacia su casa. Estaba hecho un lío. No sabía que hacer de su vida. Y él único culpable era él… él por no querer lastimar a los demás y no pensar en sí mismo. Pero ¿Cómo no iba a hacerlo?
Sacudiendo la cabeza se limitó a pensar en el tráfico y en la llegada a su casa. La verdad era que no quería estar allí, no mientras LALI estaba en quien sabía donde. ¿Y sí se había ido a encontrar con su doctorcito?
—Espero que esto te guste, cielo —dijo y le sirvió un pedazo de carne con papas en su plato. Realmente se veía delicioso.
Ella tomó asiento frente a él y comenzó a comer en silencio. Las palabras fueron pocas durante la cena. Un par de risas y preguntas sobre el trabajo, pero nada más.
PETER sabía que había algo raro en todo eso… lo presentía.
—¿Y… —bebió un poco de vino —cuando llegan tus padres?
—No lo sé, retrasaron el viaje… tampoco me importa mucho.
—¿Por qué? —preguntó él y mordió un pedazo de pan. Pero entonces algo duro y frió se interpuso entre sus dientes. Dejó de masticar y miró a MERY. Ella esperaba con los ojos bien abiertos y una semisonrisa en sus labios.
PETER se metió los dedos en la boca, en busca de aquel objeto que había frenado su cena.
Siguió observando el rostro de su novia, y sintió un pequeño escalofrío bajar por su espalda. Entonces el objeto salió y él lo observó con cuidado.
Un anillo.
Un dorado y plateado, redondo y simple anillo, había salido de su boca. Estaba un poco cubierto de pan, pero era claro que era un anillo. Volvió la vista a MERY.
—PETER… —habló ella —Esto no es nada convencional, pero no me importa. Te amo, eres el hombre de mi vida, y quiero pasarla contigo para siempre —los latidos del corazón de LANZANI se dispararon a la estratosfera. Aquello no podía estar pasando —Mi amor, ¿te casarías conmigo?
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CAPITULO 59



La abuela Kate.

Kate LANZANI miró las cartas que su compañera, Jenna, acababa de repartirle. Una leve sonrisa se curvó en su rostro, pero pronto volvió a su habitual cara de poker para no se descubierta. Sobre el borde de las cartas miró a su amiga Gloria, con la que hacia equipo en el poker. Gloria, una mujer regordeta y de cabellos rubios platinados, le guiñó el ojo. Kate volvió a so...nreír, iban a ganar de nuevo esa partida.
—¿Y cómo esta tu nieto, Katie? —preguntó Rachel la más anciana del grupo. Su voz era ronca y temblorosa, en sí todo su cuerpo era tembloroso. Pero no era ninguna tonta. Con sus 93 años, era toda inteligencia y sabiduría. Hasta caminaba sin bastón.
—Tengo tres nietos, querida —le recordó Kate.
—El hijo mayor de tu hijo NICO L —prosiguió la mujer.
—Oh, mi bello PETER —dijo con ternura y arrojó una carta sobre la mesa para luego recoger otra. Soltó un suspiro —¿No te comenté que va a ser padre?
—Oh, querida, que noticia tan hermosa —exclamó Rachel mirándola sonriente.
—Yo todavía estoy enojada por eso —aseguró Jenna.
—¿Por qué? —quiso saber Gloria y bebió un poco de su taza de té.
—Yo le dije a Kate que quería que su nieto conociera a mi nieta Ivonne —se quejó.
—Pamplinas, mujer —resopló Gloria —Ivonne no es mujer para PETER…
La mujer la miró espantada.
—¿Cómo te atreves? —quiso saber.
—Solo digo la verdad… en todo caso, mi nieta Katrina era perfecta para él.
—Katrina es una loquilla, sin aspiraciones futuras —murmuró Jenna.
—No te permito que hables así de mi nieta…
—Ya basta —interrumpió Kate con mucha calma. Las tres mujeres la miraron —Nadie es suficiente para mi PETER. Solo la mujer que va a darle un hijo…
—¿Hablas de MERY? —quiso saber Rachel —Jamás la soportaste…
—No —sonrió complaciente —Me enorgullece decir que esa muchachita ya no está en la vida de mi nieto.
—Ah, ¿no? —volvió a preguntar Rachel intrigada —Yo no sabía nada.
—¿Cómo que no? —dijo Gloria —Se la pasó los últimos tres días hablando de PETER y de su nueva novia… ¿LALI, verdad?
—Exactamente —sonrió Kate.
—LALI ¿Cuánto? —inquirió Jenna.
—Creo que era LALI… sí, LALI.
—Kate… —las cuatro mujeres escucharon el llamado de Rita y se giraron a ver. Kate le sonrió con ternura.
—Hola, querida, ¿Qué te trae por aquí? —le preguntó ella.
—Kate, te traje visitas —dijo sin dejar de sonreír y le se corrió a un lado para dejar ver a PETER y su acompañante. Los ojos de Kate se iluminaron y dejó las cartas sobre la mesa para ponerse de pie y acercarse a su nieto.
—¡Mi amor! —exclamó realmente contenta y lo abrazó efusivamente cuando este estuvo cerca. PETER le devolvió el gesto igual de contento.
—Hola, abue —le dijo cerca del oído.
LAI se sentía bastante nerviosa, tenía la garganta seca y miraba con una sonrisa temblorosa como PETER abrazada a su abuela. ¿Y si Kate no la aprobaba? Trató de calmarse, todo iba a salir bien.
Kate soltó a PETER y le tomó el rostro con ambas manos. LALI vio el amor que esa mujer tenía por él. Y por algún motivo la mitad de sus nervios desaparecieron. Pero entonces la mirada celeste de Kate se giró hacia ella. La respiración abandonó el cuerpo de LALI. La mirada de Kate vagó por su rostro con lentitud, hasta que bajó a su vientre. La morena tragó saliva.
—Abuela, ella es… LALI —la presentó PETER.
Kate se alejó de él y se acercó a ella. Ambas se miraron fijo por incontables segundos.
—Eres tan bonita —murmuró Kate. La morena sonrió sin poder evitarlo.
—También usted —le respondió.
—Bien —dijo PETER interrumpiendo —¿Por qué no nos sentamos?
Kate se alejó de LALI y los tres se encaminaron hacia la mesa de juego y té. Kate presentó a LALI a sus amigas y la sentó bien pegada a PETER.
—Tranquila, LALI, estás muy nerviosa —le murmuró él al oído.
—Lo sé, lo siento —se disculpó ella y giró para mirarlo a los ojos —Es que… conocer a tu abuela es algo, no sé como explicarlo…
—Creías que ella iba a juzgarte o algo así —la interrumpió él. Sus rostros estaban bastante cerca, pero al parecer ninguno fue consciente.
—Algo así —asintió LALI.
—No te preocupes, preciosa —le aseguró y levantó una mano para colocar un mechón detrás de su oreja —Mi abuela va a amarte…
—¿Si? —inquirió ella algo tonta.
—Claro —respondió él sonriendo tontamente.
—Oh, mírense —dijo Kate, haciendo que ambos salieran de sus pensamientos —Se ven tan bien juntos…
—Dinos, muchacha —habló animada Gloria —¿Cómo conseguiste pescar a este muchachito tan bonito?

sábado, 6 de febrero de 2016

CAPITULO 58



Y así comienza la mentira.

MERY soltó un suspiro y hundió la cara contra la almohada. Sintió el cuerpo de PABLO a su lado y trató de no pensar tanto. Pero se le hacía imposible. No entendía muy bien por qué, pero dormir con PABLO no le era repulsivo, como creía. Es más, disfrutaba mucho de su cercanía. ...
¿Era por el poco cariño que había recibido por parte de PETER en el último mes? Tal vez.
Desde que había vuelto, y se había enterado de todo, PETER no le había tocado un peco. Y sus excusas siempre eran las mismas: estoy cansado, me duele la cabeza, mañana tengo mucho trabajo.
LALI ya no dormía allí, por lo menos no todos los días. Sabía que se iba a pasar tiempo con su madre. Y la actitud que tenía hacia PETER era distante, por lo menos cuando ella estaba presente, y a él parecía no importarle… no estaba muy segura.
Pero de lo que si estaba segura era que ya no podía seguir en esa situación. PETER no la abrazaba, besaba, mimaba, cuando estaban solos. Y cuando LALI estaba presente, apenas le dirigía la palabra. A veces se sentía como si ella fuera la intrusa entre ellos dos. Pero no era así.
—¿En que piensas? —preguntó PABLO mientras la abrazaba por detrás. MERY intentó alejarse, pero el se impidió.
—En nada —contestó algo cortante.
—Vamos, preciosa, te conozco… ¿Estás pensando en PETER? ¿En el bebé que tendrá con la bella LALI?
Ella se giró a verlo al instante.
—No es bella —dijo ella.
PABLO sonrió divertido y le dio un suave golpecito en la nariz.
—Cariño, eso es muy infantil de tu parte —aseguró sin dejar de reír —Sabes muy bien que ella es hermosa. Yo mismo casi me caí de culo cuando la conocí. No me sorprende que PETER la haya embarazado al instante de verla…
MERY hizo el intento de golpearlo pero no pudo, Jared la tomó de ambas manos y se subió encima de su cuerpo. La castaña comenzó a luchar.
—¡Suéltame, estúpido! —exclamó.
—¡MERY! —la llamó elevando un poco la voz. Ella dejó de moverse y lo miró fijo a los ojos, su respiración algo agitada.
—Eres un imbécil —le dijo en un susurro.
—Sabes que tengo razón, amor —le dijo y la besó suavemente en los labios. Ella se resistió un poco, pero PABLO logró salirse con la suya – No sé por qué sigues con él si sabes que no te ama…
—Si que me ama…
—No, MERY, él no te ama. PETER está contigo por lastima, porque es demasiado moralista como para dejarte. Sabe que te engañó.
—Cállate —le pidió llorosa.
Él levantó una mano y acomodó un poco sus cabellos, la acarició la mejilla.
—No sé por qué insistes en seguir sufriendo. A veces me parece que te gusta ser humillada, mi amor —volvió a sonreírle. Ella lo miraba fijo —Pero yo voy a esperar a que él te deje, tarde o temprano lo hará. Y así tendremos el camino completamente libre…
Ella logró sacárselo de encima y se puso de pie. Buscó su ropa por el suelo. PABLO se acomodó bien la cama y la observó con calma.
—Eso nunca va a pasar, PABLO —le aseguró mientras se colocaba los jeans.
—¿Por qué? —quiso saber él y colocó los brazos detrás de su cabeza.
MERY terminó de vestirse con manos temblorosas y se giró a verlo. Tomó su bolso que estaba a un costado y se puso el abrigo. Le sonrió con labios sellados.
—Porque antes de que PETER me deje… me mato.

LALI no podía creer que al final había accedido a hacer esa locura. No entendía por qué no podía decirle que no. No había explicación. Sus pasos, de zapatos de tacón, retumbaban mientras ambos caminaban despacio hacia su destino. Miró de reojo a su acompañante y él tenía esa pequeña sonrisa cínica en el rostro. Que ganas de golpearlo que ella tenía.
La fiesta de CANDE había durado hasta la madrugada. Una vez que todos se habían ido, los mayores acomodaron la casa y dejaron solos a los tortolitos de CANDE y AGUS. VICO había encontrado una compañía femenina, y bastante alegre había desaparecido de la casa.
Ella le había pedido a su mejor amiga que la llevara a casa de su madre, pero PETER se había negado a dejarla ir, teniendo una pequeña discusión con EUGE, en la que tuvo que intervenir el buen NICO. Al final, para dejar todo en paz, la morena había accedido a irse con PETER. EUGE le había asegurado que prepararía una terrible venganza en su contra. LALI sonrió al recordarla.

CAPITULO 57


 Cumpleaños.

Semana 14 (tres meses y medio)

LAL rió divertida mientras terminaba de inflar un globo. Se había quedado sin aire en muy poco tiempo....
—Ya deja eso —la retó EUGE y le sacó de las manos el globo a medio inflar. Con una mueca enojada miró a LALI —¿Quieres ahogar a mi sobrina?
LALI se acarició el ya notorio vientre y le sonrió.
—Solo queremos ayudar —le dijo.
—Pues ya te dije que no —siguió retándola —Solo limítate a estar sentada. ¿Sabes una cosa? Si yo estuviera embarazada haría que todos cumplan mis órdenes.
—Ya lo creo —aseguró divertida la morena —Pero sabes muy bien que odio no poder hacer nada.
—Sí, lo sé mejor que nadie.
GIMENA entró a la habitación con un montón de cosas en los brazos. LALI se puso de pie al instante y se acercó a ella. Le sacó un par de cosas, y las colocó con cuidado sobre una mesa.
—No era necesario, cariño —le sonrió —Yo podía sola…
—¿Acaso tú también vas a decir que no tengo que hacer nada? —inquirió mientras se cruzaba de brazos.
—Sí —asintió GIMENA.
—Pero es el cumpleaños de CANDE, quiero colaborar…
—Puedes colaborar quedándote sentada —aseguró EUGE.
—Les tengo una noticia: estoy embarazada, no enferma —exclamó. GIMENA sonrió y estiró una mano para acariciarle el vientre.
—No te frustres, cielo —le aconsejó —Es solo por tu bien que no te dejamos hacer nada. Las embarazadas deben gozar de privilegios.
—Me siento como una inútil —rezongó.
En ese instante VICO y NICO L entraron al lugar con una enorme torta.
LALI corrió hacia ellos e intentó robar un poco de crema.
—Óyeme —la retó VICO —Es para después…
—Solo quería probarlo —dijo ella poniendo su mejora cara de perrito mojado.
Apoyaron el pastel en medio de la mesa y VICO la miró enternecido.
—No me pongas esa cara —le pidió y se acercó a ella para tocar su panza. LALI ya se había acostumbrado a eso, al parecer a los LANZANI les encantaba tocarle el vientre —¿Cómo está la niña mimada del tío VICO?
—Bien, tío —respondió LALI imitando la voz de una niña —Pero quiero comer pastel.
—Aaaww —dijo enternecido —Cuando ella hable de verdad y me diga esas cosas, voy a morirme del amor.
LALI sonrió.
—Te va a manejar a su antojo —aseguró NICO L.
—Tú no te quedarás atrás —le dijo VICO —Te va a tener colgando de las narices.
—Bueno ya, los dos van a estar más que babosos por ella —dijo GIMENA —¿Falta traer algo más?
Todos miraron a su alrededor y todo estaba perfectamente listo para una fiesta.
—Sí, todo está en orden —dijo NICO L.
—Bueno, amor —le habló GIMENA —Me parece que es hora de irnos…
—Pero CANDE aun no llega —se quejó él.
—NICO L, ya lo hablamos —dijo seria —Hicimos un almuerzo con ella hoy, para que no te quejaras luego. Tenemos que irnos por qué será una fiesta para jóvenes. Además LALI, EUGE, NICO, PABLO y PETER estarán aquí para supervisar todo.
—Oye, yo también —dijo VICO. Su madre lo miró con ternura.
—Mi amor, tú no eres responsable —le dijo dulcemente.
—Claro que lo soy —exclamó ofendido. Todos rieron.
—¿Dónde están PETER y NICO? —quiso saber NICO L.
—NICO fue a llevar a Hércules a casa de tía, ya volvió de su viaje. Estaba algo triste, y también yo… aunque no lo crean le tomé cariño a esa bola de pelos y babas —contó la rubia.
—Y creo que PETER iba a buscar a MERY —dijo GIMENA.
—¿Va a traerla? —inquirió VICO —Nadie la ha invitado…
—VICO —lo retó LALI —Es hora de que empieces a cambiar tu actitud hacia ella. Es la pareja de tu hermano te guste o no.
—Oh, vamos, LALI —sonrió él —Tú eres la que menos la quiere de todos.
—Eso no es así —aseguró ella.
—Deberías ver como te brillan los ojos de ira cada vez que la ves llegar colgada del brazo de PETER…
—Basta, VICO —le pidió enojada.
—Hijo, deja de molestarla —le pidió GIMENA. VICO sonrió divertido —Nosotros ya nos vamos.
—Espero que la pasen bien —aseguró NICO L.
—Y yo espero que la pasen bien en su fin de semana solos —dijo VICO mientras movía las cejas una y otra vez.
—Siempre la pasamos bien —dijo su padre sin dejar de mirar a los ojos, a la madre de sus hijos.
—Por favor, no se pongan cursis aquí —pidió su hijo.
GIMENA y NICO L se despidieron de todos y partieron rumbo a la pequeña cabaña que tenían a las afuera de la cuidad. _LALI soltó un suspiro y se acercó a la mesa para acomodar un par de vasos de plástico en su lugar. EUGE se paró a su lado.
—No te preocupes, todo va a estar bien —le dijo la rubia. LALI la miró de costado y sonrió levemente.
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