domingo, 6 de marzo de 2016

CAPITULO 2


Casi mareada por el alivio, LALI ahogó una risita y decidió ignorar el lenguaje de Winston. Antes de que ninguno de los dos sirvientes pudiera ayudarla, saltó del asiento de la calesa y se acercó cautelosamente al animal. Era inmenso, pero ella todavía no se había encontrado con ningún caballo que no pudiera seducir. Cuando llegó a su lado, cogió las riendas que colgaban sobre la silla.
- ¡Qué bonito eres! - Dijo con dulzura, alargando el brazo para acariciar la aterciopelada nariz del semental - Eres el caballo más bonito que he visto nunca, y mira que he visto y acariciado caballos en mi vida. ¿Qué haces aquí tan solo? ¿Quién es tu dueño?-
El animal restregó el hocico contra la palma de la mano de LALI y relinchó. Ella acarició las magníficas y resplandecientes crines del animal para que éste se fuera habituando a su olor.
Cuando el animal empezó a respirar más lentamente, LALI llamó a los sirvientes sin levantar la voz:
- Grimsley, traiga la lámpara, por favor. Y, Winston, sostenga las riendas mientras exploro al animal… Miren aquí - Dijo LALI poco después mientras se agachaba - Tiene sangre en la pata delantera.-
Le palpó la herida con delicadeza. El caballo levantó y bajó bruscamente la cabeza e intentó alejarse, pero Winston lo retuvo.
- ¿Es grave? - Preguntó Grimsley, atisbando por encima del hombro de LALI.
- No, gracias a Dios. Necesita tratamiento, pero no tiene la pata rota.-
Se puso en pie y le cogió la lamparita a Grimsley. El caballo tenía varios rasguños en el flanco derecho y la cola llena de hojas y ramitas.
- Parece como si hubiera corrido atropelladamente por el bosque - Dijo LALI pensativa - Es un hermoso ejemplar y es evidente que está bien cuidado. Los rasguños son recientes y está ensillado, pero no hay ninguna casa en bastantes kilómetros a la redonda. Ha debido de tirar al jinete - Se volvió hacia la espesura. Mirando en dirección a la oscuridad, se apretó una mano contra el nudo que se le estaba haciendo en la boca del estómago e hizo de tripas corazón para luchar contra el miedo - Deberíamos buscar al jinete. Podría estar malherido.-
Grimsley abrió los ojos de par en par y tragó saliva con dificultad.
- ¿Buscarlo? ¿Aquí? ¿Ahora?-
- No, viejo estúpido y enmohecido - Contestó Winston con un bufido - La semana que viene.-
Grimsley hizo caso omiso.
- Pero, está muy oscuro, señorita LALI, y ya vamos con horas de retraso por la reparación de la dichosa rueda. Todo el mundo estará preocupado...-
- De modo que no viene de un cuarto de hora - Le interrumpió LALI con sequedad.
Sabe Dios que no había nada que deseara más que llegar a casa, pero... ¿Cómo iba a irse sabiendo que alguien podía necesitar ayuda? No podía hacerlo. Su conciencia no le dejaría vivir tranquila.
Firmemente decidida, dijo:
- No podemos irnos sin comprobarlo. El hecho de que un animal tan estupendo esté perdido, con una herida en la pata, lleno de rasguños y sin jinete es una clara indicación de que algo malo ha ocurrido. Tal vez alguien necesita ayuda desesperadamente.-
- Pero... ¿Y si el caballo pertenece a un asesino o a un ladrón? - Preguntó Grimsley con voz débil y trémula.
LALI dio una palmadita en la mano al anciano.
- Lo dudo, Grimsley. Los asesinos y los ladrones no suelen tener caballos tan magníficos, y... ¿A quién esperarían matar o asaltar en un camino tan poco frecuentado?-
Grimsley carraspeó.
- ¿A nosotros?-
- Bueno, si está herido, no creo que pueda hacernos mucho daño y, si no lo está, nos limitaremos a devolverle su caballo y proseguiremos tranquilamente nuestro camino - LALI dirigió una mirada seria y penetrante a sus compañeros de viaje - Además, después de lo que les pasó a mi madre y a mi padre, los dos saben mejor que nadie que nunca me perdonaría a mí misma abandonar a alguien que está sufriendo.-
Winston y Grimsley guardaron silencio y asintieron. Volviendo a centrar su atención en el semental, LALI acarició el sudoroso cuello del animal.
- ¿Está cerca tu dueño? - Le preguntó con ternura - ¿Está herido? - El caballo piafó y relinchó. LALI miró a Winston y a Grimsley y añadió - Los caballos tienen un gran sentido de la orientación. Veamos si nos guía hasta algún lugar.-
Antes de que ninguno de los dos hombres pudiera detenerla, LALI se levantó la falda, introdujo un pie en el estribo y se dio impulso para subirse a la silla de montar. Fue una suerte que superara en estatura a la mayoría de los hombres, porque el caballo era el más grande que había montado nunca.
- Por favor, vaya a buscar el botiquín a la calesa, Winston. Tenemos que estar preparados. Grimsley, usted encárguese de la lamparita.-
Con la naturalidad de un jinete consumado, LALI apretó ligeramente los talones contra los flancos del animal. El caballo parecía saber muy bien adonde se dirigía y avanzó decidido. Se desplazaron paralelamente al camino durante aproximadamente un kilómetro y medio, luego giraron y se adentraron más en la oscuridad del bosque. Aflojando las riendas, LALI inspeccionó atentamente el área con la mirada mientras Wínston y Grimsley la seguían sin dejar de discutir.
- ¡Que me arrojen a la cubierta de la toldilla y me dejen en paños menores! - Rezongó Winston - Acelera el ritmo, viejo saco de huesos. No pienso pararme para darte un empujón en tu lento y cansado culo. Te dejaré aquí hasta que te pudras.-
- Puedo seguir el ritmo perfectamente - Resopló Grimsley - Lo que pasa es que llevo zapatos nuevos.-
- No quieres rayarte tus preciosos zapatitos, ¿Verdad? - Dijo Winston en tono despectivo - Dios me libre de los mayordomos viejos y remilgados. Son peores que las nenas.-
- Yo era el ayuda de cámara del capitán ESPOSITO.-
- Ya, ya. Y yo era la mano derecha del capitán, descanse en paz. Dime qué es más importante.-
- Un ayuda de cámara, por descontado - Inspiró por la nariz sonoramente - Y, por lo menos, yo no huelo a perro muerto.-
A Winston se le escapó una risita.
- Ahora sí, viejo Grimmy. ¡Hay que vigilar dónde se pisa cuando uno va siguiendo a un caballo!-
Las voces de los sirvientes seguían y seguían, como un disco rayado, pero LALI las ignoró y se concentró en los alrededores. El bosque estaba más negro que la boca del lobo. Las hojas crujían bajo los cascos del caballo. Cerca ululó una lechuza, y a LALI casi se le para el corazón. Desde luego, tenía que haberse vuelto loca para embarcarse en semejante aventura. Pero ¿Qué otra opción tenía? Cerró los ojos y se imaginó a Nathan o a Andrew, heridos y solos. Sabe Dios lo mucho que a ella le gustaría que en una situación similar alguien echara una mano a sus hermanos. No se podía marchar sabiendo que alguien podía necesitar ayuda, aunque ello supusiera estar a punto de morirse de miedo.
Al cabo de unos minutos, el caballo se detuvo. Relinchando suavemente, pisoteó la tierra y bajó las orejas. LALI desmontó, le cogió la lamparita a Grimsley y la levantó, iluminando los alrededores con un brillo suave y dorado. Estaban ante una especie de precipicio. Se aproximó hasta el extremo y miró hacia abajo, deslizando la mirada a lo largo de una empinada pendiente rocosa. Más abajo se oía el suave murmullo de un riachuelo.
Grimsley atisbo por encima del hombro de _LALI y restregó repetidamente su zapato contra la hierba.
- ¿Ve algo, señorita LALI?-
- No. Hay una pendiente pronunciada y abajo se oye un riachuelo...-
Su voz se fue desvaneciendo poco a poco cuando llegó a sus oídos un grave quejido procedente de más abajo.
- ¿Qué… Qué es eso? - Susurró Grimsley con voz trémula.
- Sólo es el viento, viejo bobo y malhumorado - Contestó Winston en tono cortante.
LALI se apretó el estómago con la mano y negó con la cabeza.
- No, escuchen.-
Otro quejido, casi inaudible pero inconfundible, se elevó desde la oscuridad que se extendía ante ellos.
- Hay alguien ahí abajo - Dijo LALI en tono de mal presagio.
Sin pensar ni un momento en sí misma, empezó a bajar por la empinada pendiente. A medio camino, levantó la lamparita, proyectando un haz de luz hacia el riachuelo. Y entonces lo vio. Estirado boca abajo, con la parte inferior del cuerpo sumergida en el agua, había un hombre. A LALI se le escapó un chillido. Medio corrió y medio resbaló por la ladera, ignorando las afiladas rocas y las ramas, que le rasgaron la ropa y se le clavaron en la piel.
- ¡Señorita LALI! ¿Está bien? - Preguntó Grimsley asustado desde arriba.
- Sí, yo estoy bien. Pero aquí abajo hay un hombre herido.-
Llegó hasta él al cabo de unos segundos. Sin importarle las gélidas aguas del riachuelo ni el hecho de haberse destrozado los zapatos, LALI se arrodilló y dio la vuelta al herido con delicadeza.
Tenía el rostro cubierto de suciedad y surcado de rasguños. En la frente tenía una raja de mal aspecto de la que manaba abundantemente la sangre. Su ropa, hecha jirones, estaba cubierta de lodo, hojas y hierba. La chaqueta, de color oscuro, estaba completamente abierta, dejando al descubierto una camisa empapada de sangre.
LALI le apretó un dedo contra el lado del cuello. Para su alivio, le notó el pulso, un pulso débil e irregular, pero, por lo menos, estaba vivo.
- ¿Está muerto? - Gritó Winston en la oscuridad.
- No, pero está malherido. ¡Dese prisa! Traiga el botiquín.-
Deslizó los dedos con suavidad, tanteando sobre la cabeza del herido en busca de otras heridas. Cuando le palpó un chichón del tamaño de un huevo en el cogote, él emitió un leve gemido.
El empalagoso olor de la sangre llenaba las fosas nasales de LALI mientras luchaba contra el impulso de caer presa del pánico. Necesitaba limpiarle las heridas y no estaba dispuesta a desperdiciar los preciosos minutos que Winston y Grimsley tardarían en bajar. De modo que, en vez de esperarles, se quitó las enaguas, rasgó una tira larga de tejido y la mojó en el frío riachuelo.

CAPITULO 1

Afueras de Londres, 1820

Alguien lo estaba siguiendo.
PETER sintió que el pánico bajaba por su espalda y se instalaba, como una pesada losa, en el estómago. Tiró bruscamente de las riendas para detener en seco a Pericles e inspeccionó los alrededores, tratando de captar cualquier sonido o movimiento. Estaba tan oscuro que apenas podía distinguir el contorno del bosque que se extendía a ambos lados de la desierta calzada. Una brisa con olor a pino refrescaba el aire de julio, y cerca cantaba un coro de grillos. Nada parecía salir de lo corriente.
Pero estaba en peligro. Lo sabía.
Un escalofrío de mal presagio recorrió su cuerpo. Allí había alguien. Observándolo. Esperándolo.
«¿Cómo diablos habrán dado conmigo? Estaba seguro de haber salido de Londres sin dejar rastro. -Torció el labio en una mueca de disgusto-. Y todo por querer pasar unos días descansando en mi pabellón de caza privado».
Un crujido de hojas secas interrumpió los pensamientos de PETER. A sus oídos llegaron voces susurrantes. Un destello blanco iluminó la oscuridad que lo envolvía. El estruendo de un disparo de pistola rasgó el aire.
Un dolor punzante le atenazó el brazo. Emitió un hondo gemido y apretó fuertemente los talones contra los flancos de Pericles para hacerle entrar en el bosque. Corrieron a gran velocidad sorteando árboles mientras sus perseguidores les pisaban los talones. A pesar de todos los esfuerzos de PETER, los ruidos de los malhechores al rozarse con la vegetación cada vez se oían más cerca.
Apretó fuertemente los dientes intentando soportar el dolor que le irradiaba del hombro y clavó todavía más los talones en los costados de Pericles.
«¡Maldita sea! No voy a morir aquí. Sean quienes sean esos indeseables, no se saldrán con la suya. Lo han intentado antes y han fracasado. No lo conseguirán esta noche».
Mientras corría a toda velocidad por el bosque, PETER dio gracias a Dios por haber rechazado el ofrecimiento de PABLO de acompañarle. PETER necesitaba estar solo, y su pequeño pabellón de caza, un rústico refugio adonde acudía cuando quería encontrarse libre de obligaciones, gente y responsabilidades, carecía de servicio. Rogó a Dios que pudiera llegar allí. Vivo. Pero, si no lo conseguía, por lo menos su mejor amigo, PABLO, no moriría con él.
- ¡Ahí está! ¡Justo enfrente!-
La voz ronca procedía justo de detrás de él. Una fina película de sudor envolvió todo el cuerpo de PETER. El hedor metálico de la sangre -su sangre- le llenó las fosas nasales, y le dio un vuelco el corazón. La sangre manaba, caliente y pegajosa, empapándole la camisa y la chaqueta. Notó que empezaba a marearse y apretó los dientes para luchar contra la debilidad.
«¡Dios, maldita sea! ¡Me niego a morir así!» Pensó.
Pero, mientras se hacía aquella promesa, PETER se percató de la gravedad de su situación. Estaba a kilómetros de cualquier lugar donde pedir ayuda. Nadie, salvo PABLO, sabía dónde estaba, y Justin no esperaba tener noticias suyas hasta dentro de por lo menos una semana. ¿Cuánto tiempo pasaría hasta que alguien se enterara de que había muerto? ¿Dos semanas? ¿Un mes? ¿Más? ¿Lo encontraría alguien en el bosque?
«No, mi única esperanza es escapar de esos indeseables».
Pero los indeseables estaban a punto de darle caza.
Sonó otro disparo. El impacto derribó a PETER del caballo. Dio un alarido y cayó al suelo pesadamente, rodando sobre sí mismo por una empinada pendiente. Las rocas cortantes le hirieron la piel. Los pinchos de los arbustos le llenaron el cuerpo de rasguños sin ninguna compasión.
Multitud de imágenes inundaron súbitamente su mente. La mirada gélida e implacable de su padre; la risa sosa de su madre; el borracho de su hermano, AGUSTIN -que ahora heredaría su título-, y la tímida y apocada de la mujer de éste, CANDELA; la radiante sonrisa de su hermana ROCIO cuando se casó con PABLO…
«Tantos reproches. Tantas heridas sin curar».
Su caída finalizó con un chapoteo de huesos rotos cuando aterrizó sobre un riachuelo de aguas gélidas. Un dolor candente le atravesó de pies a cabeza. Le engulló la oscuridad.
«No me puedo mover. ¡Me duele tanto! ¡Dios mío! Qué forma tan asquerosa y estúpida de morir».

LALI ESPOSITO conducía la calesa a paso uniforme mientras intentaba ignorar su creciente incomodidad. Apretujada entre sus dos sirvientes en un asiento pensado sólo para dos personas, apenas podía inhalar con sus comprimidos pulmones. Cansada y agarrotada, ansiaba con todas sus fuerzas un baño caliente y una cama blanda.
«Pero, en lugar de eso, tengo que conformarme con un camino lleno de baches y un asiento duro como una piedra».
Intentó mover los hombros, pero permanecieron firmemente apretados entre Winston y Grimsley. Dejó escapar un suspiro de resignación. Iban a llegar a casa con horas de retraso. Todo el mundo debía de estar terriblemente preocupado por ellos. Y, si Winston y Grimsley no dejaban de discutir, tendría que estrangularlos con sus propias manos, si es que conseguía liberar los brazos de aquella camisa de fuerza. LALI había tenido que coger las riendas a fin de separarlos para impedir que llegara la sangre al río.
Una ráfaga blanca en la oscuridad captó la atención de LALI, alejando sus pensamientos del asesinato y la violencia. Entornó los ojos para aguzar la vista y miró hacia delante, pero no vio nada. Exceptuando una enorme sombra que acechaba cerca de una arboleda.
El miedo le secó completamente la boca. Tiró de las riendas de Sansón, deteniendo en seco la calesa con un fuerte chirrido. Luego señaló con un dedo tembloroso hacia los árboles y susurró:
- ¿Qué es eso?-
Grimsley entornó los ojos y miró hacia la oscuridad.
- ¿Qué? Yo no veo nada, señorita LALI.-
- Eso es porque llevas las malditas gafas encima de la calva, en vez de en tu larga nariz - Masculló Winston en tono despectivo - Póntelas donde deben estar y verás bien, viejo estúpido y mezquino.-
Grimsley se enderezó cuanto le permitían sus huesos, que amenazaban quebrarse.
- ¿A quién has llamado viejo estúpido?-
- A ti. Y te he llamado viejo estúpido y mezquino. Por lo visto, aparte de viejo estúpido y mezquino, eres sordo.-
- Bueno, es difícil oír nada sobre el fondo cacofónico de esa rueda que se supone que has reparado - Contestó Grimsley levantando arrogantemente la nariz.
- Por lo menos yo la he reparado - Winston le devolvió el golpe - Y he hecho un trabajo condenadamente bueno. ¿Verdad, señorita LALI?-
LALI se mordió la cara interna de una mejilla. Durante los tres años que el ex primer oficial de cubierta de su padre llevaba viviendo con los ESPOSITO, LALI había intentado mejorar la forma de hablar del ex marinero, aunque no siempre con éxito.
- Ha hecho un buen trabajo reparando la rueda, Winston, pero ahora mire hacia aquellos árboles.-
Volvió a señalar en la dirección de la sombra que se movía junto a la arboleda. Un escalofrío de pavor le recorrió la columna vertebral.
- ¿Quién anda ahí? ¡Dios mío, ruego a Dios que no se trate de una banda de ladrones!-
LALI palpó disimuladamente la falda para asegurarse de que llevaba el ridículo bien sujeto y oculto entre los pliegues del tejido.
«¡Santo Dios! Cuando pienso en los riesgos que he corrido, las mentiras que he tenido que decir para conseguir este dinero... No pienso entregárselo a ningún salteador».
La invadió un profundo sentimiento de culpabilidad. Nadie, incluyendo a Grimsley y a Winston, tenía la menor idea del motivo de aquel viaje a Londres, y a ella le interesaba que las cosas siguieran así. Odiaba tener que mentir y sabía que los secretos llevaban a la falsedad, pero su familia necesitaba el dinero y ella era la única responsable de su seguridad.
Luchando contra el miedo, que iba en aumento, LALI miró alrededor. Nada parecía fuera de lo corriente. La cálida brisa veraniega jugueteaba con su cabello, y ella se apartó de la cara varios rizos rebeldes. El penetrante olor a pino le hizo cosquillas en la nariz. Los grillos entonaban su ronca canción. Inspiró profundamente para calmarse, y casi se ahoga. La enorme sombra se separó de la arboleda y se les acercó.
LALI se quedó helada. Su mente le decía: «No te dejes llevar por el pánico», pero su cuerpo se negaba a obedecer.
«¿Dios, qué será de mi familia si muero en este camino oscuro y solitario? Tía JUSTINA a duras penas puede cuidar de sí misma, y mucho menos de mis cuatro hermanos pequeños. ¡Callie sólo tiene seis años! Y Nathan y Andrew también me necesitan, al igual que Lucy».
La sombra se acercó más y el cuerpo entero de LALI respiró aliviado.
«Un caballo -se dijo- No es más que un caballo».
Winston le puso una mano en el hombro.
- No se preocupe, señorita LALI. Si hay algún indeseable ahí fuera, no permitiré que le haga daño. Le prometí a su padre, que en paz descanse, que la protegería de todo mal y lo haré - Añadió sacando pecho - Si hay algún bandido ahí fuera, le romperé el escuálido cuello, le sacaré las tripas con mis propias manos y lo ataré con sus propias vísceras. Le...-
LALI interrumpió la macabra diatriba de Winston con una tos seca.
- Gracias, Winston, pero no creo que haga falta. De hecho, parece ser que nuestro «bandido» no es más que un caballo sin jinete.-
Grimsley se rascó la cabeza y se dio cuenta de que llevaba las gafas encima de la calva. Colocándoselas sobre el puente de la nariz, volvió a mirar hacia la oscuridad.
- ¡Vaya! Ahí hay un caballo, parado en medio del camino. ¡Qué raro!-
- Lo acaba de decir la señorita LALI, cretino - Espetó Winston - Aunque, la verdad, me sorprende que lo hayas visto antes de que te muerda en ese culo tan huesudo que tienes

AVISO

NUEVA NOVELAS ESPERO QUE LA DISFRUTEN

EPILOGO

Tres años después…

¿Qué tan complicado podía ser organizar un cumpleaños para una niña de tres años? Era soltó un suspiro de irritación mientras terminaba de decorar la torta. Estaba agotada, y molesta. Se pasó el dorso de la mano sobre la frente, intentando limpiar el sudor. Hacía bastante calor en aquella cocina....
—¿Mami? —ella se giró ante la pequeña y suave voz. Su hija entraba en la cocina con su peluche favorito de la mano y en pijama.
—¿Qué pasa, mi amor? Deberías estar durmiendo —le dijo ella y dejó las cosas a un lado para limpiarse las manos y acercarse a ella.
—¿Dónde esta papi? —le preguntó. LALI soltó un suspiro y la alzó en brazos. PETER se había ido luego de la cena, ya que había peleado por una estupidez. Y todavía no regresaba.
—Papi se fue… a ver al tío NICO —le dijo lo primero que se le ocurrió. Acomodó su oscuro y lacio cabello, mientras miraba fijo sus enormes ojos miel.
—¿Mamá enojada con papi? —inquirió.
La morena sonrió levemente. Podía ser que su hija fuera apenas una pequeña de tres años, pero era muy inteligente. Y se daba cuenta de todo enseguida.
—Mamá y papá tuvieron una charla intensa por no estar de acuerdo en algo…
—Y ¿po qué no dar besos y abazos? Eso siempe ayuda…
LALI besó su frente y la abrazó contra su pecho.
—Sí, siempre ayuda —le dio la razón. Y es que en realidad ella tenía razón. Se dijo que era una estúpida por dejar que la organización de una fiesta la alterara tanto para terminar peleando con él. PETER solo había dicho ‘es solo un cumpleaños’ y ella había saltado como un fuego artificial. ¡No era solo un cumpleaños! ¡Era el primer cumpleaños en donde su hija invitaría a otros niños! Era muy importante. Pero la verdad era que discutir había sido estúpido. Llevaba casada con ese cabeza-dura y posesivo hombre un poco menos de tres años. La locura de Las Vegas había puesto locos a todos. Pero aceptaron felices. Y luego hicieron algo más formal y familiar. Se mordió el labio inferior al recordar su ‘segunda noche de bodas’ Soltó un suspiro. Cuando él llegara lo abrazaría y besaría como su hija había aconsejado. Amaba a ese cavernícola.
Se puso de pie y decidió llevar a la pequeña a su cuarto. ALLEGRA se había vuelto a dormir en sus brazos, así que la apoyó con cuidado y la tapó bien. Besó su rostro y salió con cuidado de la habitación. Al llegar a la sala se sorprendió al verlo allí parado. Él acababa de entrar a la casa. Se miraron fijo, y el corazón de ella comenzó a latir con fuerza. Siempre era así, y cada día que pasaba lo amaba un poco más. No podía entenderlo.
—Hola —saludó él en voz baja.
—Hola —dijo ella y miró un segundo al suelo antes de volver la vista a él —PETER, yo…
—Lo lamento —dijo él antes de que ella terminara —A veces creo que la parte idiota en mí sale sin permiso…
Ella se mordió el labio inferior y corrió rápidamente hacia él para tomar su rostro y besarlo en los labios. Lo besó hasta que el aire comenzó a faltarle. Alejó su rostro del suyo y lo miró a los ojos.
—Yo también lo siento —susurró agitada —No debería haberme alterado por una estupidez.
Él la abrazó más contra su cuerpo y apoyó la frente sobre la suya. Cerró los ojos y se quedó en silencio. Ellos no discutían casi nunca, pero cuando pasaba él siempre se iba para pensar e intentar solucionar el problema. Siempre volvía dispuesto a pedir perdón, porque no podía vivir sin ella. No podía pasar ni una sola noche sin ella entre sus brazos. Sería una tortura. Respiró profundamente, llenando su cuerpo del suave olor a mujer y pastel que ella tenía. Movió un poco el rostro y rozó sus labios.
—Te amo, ¿sabes?
—Sí – suspiró sobre su boca —Y yo te amo a ti…
—¿Nos casamos de nuevo? —inquirió. LALI rió y se alejó de él para volver a entrar en la cocina. Él la siguió encantado y la abrazó por detrás mientras ella volvió a su labor de decorar la torta —¿Mi princesa duerme?
—Hace un rato vino aquí y me preguntó por ti —le contó —Me dijo que con besos y abrazos solucionaríamos todo.
—Inteligente como el padre —aseguró.LALI se relajó entre sus brazos. Su calor la envolvía y la hacía sentir segura.
—Sí —asintió —Y mañana cumplirá tres años…
—El tiempo ha pasado volando, amor —suspiró y apoyó el mentón sobre su hombro.
—¿Dónde estuviste? —preguntó ella por curiosidad, mientras un poco de crema manchaba su delantal de cocina.
—Fui a ver a mis padres —le dijo —Mamá dijo que mañana estaría aquí temprano para ayudarte con lo que falta.
—Oh, eso es estupendo —aseguró. PETER depositó un suave beso al costado de su cuello. Ella cerró los ojos y lo dejó hacer. Él siempre estaba besándola, tocándola, no podía sacar sus manos de ella. Entonces supo que debía decírselo cuando apoyó las manos sobre su vientre. Giró entre sus brazos hasta mirarlo fijo a los ojos —Tengo que decirte algo…
—¿Qué? —preguntó por lo bajo. Su rostro adquirió una mueca de preocupación.
—Hay… una gran… posibilidad de que… —se quedó callada. No sabía si decirle o no. Porque todavía no estaba del todo confirmado. Pero había llamado a GAS esa mañana para pedirle un turno. Porque tenía todos los síntomas. No quería ilusionarlo. Pero algo dentro de ella le decía que sí, que dentro de varios meses serían papás otra vez.
—¿Qué pasa, LALI? —inquirió ya preocupado —Sabes que no tolero es suspenso.
Ella rió levemente y tocó su rostro.
—Puede ser que esté embarazada —dijo al fin. Él se quedó completamente quieto. Sus ojos fijos en los de ella —¿No irás a desmayarte de nuevo, verdad?
Entonces él comenzó a reír fuertemente, haciendo que ella intentara callarlo porque iba a despertar a su hija. PETER la alzó en brazos y besó sus labios, completamente lleno de alegría.
—¿Otro hermoso y perfecto bebé? —dijo cuando la soltó —Hay que llamar a nuestros padres…
—¡No! —exclamó deteniéndolo —Aun no, PETER… todavía no está confirmado. Llamé hoy a GAS y él me verá en la semana para hacer unos análisis.
PETER se arrodilló frente a ella, le quitó el delantal y levantó su remera, para suavemente apoyar la oreja contra su vientre. LALI sonrió emocionada y metió una mano entre sus cabellos para acariciarlo. PETER se quedó quieto y en silencio por varios segundos. Hasta que levantó la cabeza para mirarla.
—Hemos trabajado mucho, amor —dijo con picardía. LALI se sonrojó —Y te aseguro que allí hay una cosita tuya y mía latiendo muy fuerte.
—¡Papi! —exclamó ALLEGRA entrando rápidamente a la cocina. PETER giró y la abrazó con fuerza cuando la pequeña estuvo entre sus brazos. Esa niña era la luz de sus ojos. Cada vez que ella sonreía él era malditamente feliz. Se puso de pie con ella en brazos y la miró a la cara.
—Hola, princesa, ¿Qué haces despierta? —le preguntó mientras besaba su rostro. ALLEGRA colocó sus manos en sus mejillas, deteniéndolo.
—Mami estaba enojada contigo —le dijo poniendo su mejor cara de mala —¿Qué hiciste?
PETER rió y miró a LALI que sonreía.
—Tienes razón, papi fue un idiota.
—¡PETER! —exclamó LALI —No digas malas palabras delante de la niña.
—Pero nuestra hija sabe que las niñas buenas y hermosas no dicen malas palabras —él miró a su hija —¿Verdad?
—Si —asintió con una enorme sonrisa, mostrando pequeños dientes blancos y perfectos —¿Mamá te dio besos y abazos?
—Así es, y yo también a ella. Así que ya no hay nada de qué preocuparse —dijo él. ALLEGRA aplaudió contenta y luego se apoyó en el hombro de su padre. Dispuesta a dormir tranquila de una buena vez.
La morena terminó con todo y ambos se encaminaron al cuatro de la niña para acostarla una vez más. Ambos la contemplaron en un armonioso silencio. Ella era perfecta.
PETER la abrazó de costado. LALI lo miró a los ojos.
—Nosotros también debemos ir a dormir —suspiró.
—Solo si dormimos en cucharita —dijo él.
Ella rió levemente y tomó su mano para salir de allí. Cerraron la puerta con cuidado para no volver a despertar a la hermosura que habían hecho juntos una noche un tanto complicada.

FIN

sábado, 5 de marzo de 2016

CAPITULO 99

Si no es amor…

Ella lo observó caminar de un lado hacia el otro. Tenía asco. Tenía miedo. Solo el hecho de tener a ALLEGRA en brazos la mantenía con calma. Pero la realidad era que no estaba segura de qué hacer. Bajó la mirada a su hija. Se había quedado dormida contra su pecho. Se veía tranquila, en paz, totalmente ajena al peligro que las rodeaba.
—Voy a darte todo el dinero que qui...eras —las palabras salieron con dificultad de sus labios. Tragó, intentado calmarse —Solo… por favor, déjame ir.
—¿Acaso crees que soy estúpido, niña? —inquirió él sin mirarla —Toda la maldita policía de Nueva York está rodeando la casa. No hay forma de escapar —entonces se detuvo a verla. LALI agarró con fuerza a su hija —Pero tú entraste sin que nadie te viera, así que podemos salir de la misma manera.
—Robert, ¿Por qué haces esto? —preguntó mientras se ponía de pie.
—No tengo que darte explicaciones, mocosa.
—Yo sé que tú estabas en el auto en el que murió… la abuela —le dijo. Robert se detuvo en ese momento y la miró. LALI vio el odio en sus ojos. El odio, el dolor.
—Sí —su voz era monstruosamente calma, a comparación de su mirada —Yo maté a mi madre LALI. Tu abuelo se encargó de recordármelo cada día de mi vida. Así que pierdes tu tiempo conmigo. Soy un monstruo. Ahora —sacó un arma. Ella se tensó —Es hora de salir, hija.
—No es necesario el arma —gruñó entre dientes y comenzó a caminar.
—Uno nunca sabe cuando puede necesitarla, hija.
—No me digas hija, basura —ya estaba cansada, enojada, no quería soportar más aquella situación —Solo déjame darle a la niña a su padre. Ella no tiene la culpa de nada. Esto es entre tú y yo.
—Esa mocosita es mi única arma contra la policía, LALI —dijo él —Ahora cierra la boca y salgamos de aquí.
LALI apretó los dientes para no insultar. Sabía que agrediéndolo no ganaría nada, solo su enojo. Y ella estaba segura de que él era capaz de hacerles daño a amabas. Besó el rostro de su pequeña y comenzó a caminar.
Robert la seguía detrás, con el arma en mano. No estaba dispuesto a rendirse, no ahora. Ya no tenía absolutamente más nada que perder. Era él o ellas. Y en realidad no le importaba. Ni siquiera estaba seguro de lo que estaba haciendo. Solo sabía que no quería ir a la cárcel.
La morena caminó hasta detenerse en la puerta de un viejo armario, que se convertía en bodega y cuando él era niño era utilizada para guardar muebles. Miró extrañado como ella entraba. Sin dudarlo la siguió.
—Necesito luz —habló ella. Robert sacó su teléfono para iluminar el camino. El lugar se veía sucio y bastante abandonado.LALI caminó hacia otra puerta más pequeña.
—¿Qué es esto? —preguntó él.
—La salida —dijo cortante. La puerta se abrió y ambos ingresaron. Robert levantó la luz para poder observar por donde caminaban.
—No sabía que esto estaba aquí.
LALI no contestó. Él era un cínico. Siguió caminando despacio, ya que llevaba a su hija dormida con ella. Pero el tiempo se le estaba acabando. Y tenía que encontrar una forma de escapar de él. Por lo menos para poner a salvo a su pequeña.

PETER se alejó del grupo de policías que hablaban con el detective. Su madre estaba sentada dentro de uno de los patrulleros. Se acercó despacio.
GIMENA levantó la mirada cuando sintió la proximidad de alguien. Ver el rostro cansado de su hijo le hizo doler el pecho. Él se arrodillo frente a ella.
—Necesito que me hagas un favor —le dijo él mientras acariciaba su mejilla.
—¿Qué? —inquirió ella con voz queda.
—Voy a intentar entrar sin que nadie me vea.
—PETER, hijo, eso es…
—Shhh —colocó uno de sus dedos sobre sus labios, cortando sus palabras —No puedo más, mamá. Voy a volverme loco si no hago algo.
—Es peligroso —logró hablar —Deja que la policía lo haga, hijo, por favor.
—No, no puedo —respiró profundamente —Necesito que me digas si sabes como hizo LALIpara entrar.
GIMENA cerró los ojos con resignación, sabía que no podía detenerlo. Y en cierta forma lo entendía. Ella había sentido la misma desesperación cuando ese hombre le había dicho que David había muerto. Cuando descubrió la verdad, el alma le volvió al cuerpo. Volvió a mirarlo. Tocó su rostro con amor. Su hijo era un gran hombre.
—Creo que ella dijo algo sobre un pasillo oculto al costado de la residencia, no estoy muy segura, PETER.
—Gracias, ma, muchas gracias —murmuró y se inclinó para besar su frente. Se puso de pie y miró hacia los policías. Todos estaban demasiado ocupados como para notar su falta. Miró a su madre una vez más.
—Ten cuidado —dijo ella.
—Lo tendré —prometió.
Se alejó rápidamente, comenzando a correr hacia donde su intuición lo llevaba. Solo rogaba a Dios poder encontrar la maldita entrada. ¿Cómo se había olvidado de aquello? Una vez LALI le había contado que tenía un lugar ultra secreto para esconderse cuando era niña y vivía con sus padres. Estaba seguro que era ese mismo lugar que madre había dicho.
Dobló en una esquina, observó que en la otra punta varios patrulleros comenzaban a llegar. Entonces una puerta se abrió de la nada y ella salió.
—LALI —la llamó.
Ella giró a verlo. El terror reflejándose en sus ojos. Se iba a acercar a ellas, pero entonces él salió detrás y apuntaba a su mujer con un arma. Se detuvo al instante.
—Se suponía que nadie sabía de esto, hija —habló él.
—¡Alto policía! —gritaron desde algún lugar.
Robert tomó LALI del brazo y la acercó a él, colocando el arma contra su cabeza.
—¡No! —gruñó PETER mientras varios policías los rodeaban.
—¡DEJENME SALIR PORQUE DISPARO! —gritó Robert.
LALI sostenía con fuerza a ALLEGRA, tratando de ocultar su cabecita contra su pecho. Sentía el frío metal contra su sien. Sabía que él era capaz de disparar. Su mirada se encontró con la de PETER. Las cosas no podían terminar así. No ahora que todo comenzaba a marchar bien entre ellos. No ahora cuando se suponía que todo iba a ser perfecto. Pero no. Aquella de una u otra forma siempre iba a ser ‘complicado’. Una pequeña sonrisa se le escapó de los labios. Si no fuera complicado, entonces no sería amor.
—Robert—habló PETER. Robert lo miró —Suéltela, usted sabe que no va a hacerlo. Se terminó.
—No me conoces, niño —dijo él, acercando más el arma a LALI —Nada me importa.
—Sabe que eso no es cierto. Usted no es quien cree ser. Usted no mató a su madre – la mandíbula de Robert se apretó —Usted no odiaba a su padre. Y usted no va a lastimar a su hija, ni a su nieta.
—¡TÚ NO ME CONOCES! —gritó. PETER aprovechó su distracción para acercarse un poco más a ellos. Solo le faltaba un metro. Solo eso y podría arrancar a LALI de sus manos. Robert miró a su alrededor —¡NADIE AQUÍ ME CONOCE!
PETER caminó un poquito más, estiró el brazo y entonces la tomó, empujándola rápidamente contra su pecho, y girando para darle la espalda a Robert.
El corazón de LALI se detuvo cuando el sonido de una bala resonó con fuerza en el aire.
—¡PETER! —murmuró, ya que a penas podía respirar. Él había disparado su arma, estaba segura de ello. Pero entonces varios hombres se acercaron. Ella intentó mirar el rostro del azulino, encontró su mirada —Dime… di…dime que no… no
—Shhh —la calló él —No estoy herido —entonces ella levantó la mirada, encontrándose con el cuerpo de su padre en el suelo —Lo siento, mi amor…
—Oh, PETER —su voz se quebró y se acercó a él para abrazarlo. PETER la envolvió con cuidado, dejándola llorar. Pero entonces al llanto de LALI se unió el llanto de su hija. No soportaba ese sonido. Con cuidado se la sacó, y la alzó para poder mirar su rostro. El labio inferior le temblaba. Estaba enojada porque alguien la había despertado. Era lo más hermoso que él había visto en su vida.
—Todo está bien, princesa, papi está aquí —le dijo y la acercó a él para besar su rostro. PETER tomó a LALI y comenzó a caminar con ellas, alejándose de allí. Llegaron hacia la patrulla en dónde GIMENA estaba sentada. Ella se puso de pie a penas los vio. Corrió hacia LALI, abrazándola, dejándola llorar en sus brazos.
—Ya está, cielo —le dijo acariciando su cabello —Terminó.
—Señor LANZANI, lo que usted ha hecho fue una locura —dijo el detective acercándose a ellos. LALI se alejó de GIMENA para mirarlo —Y lo que usted hizo, señorita LALI, aun más. Pero todo ha terminado.
Ella se secó las lágrimas.
—¿Qué sucedió? —preguntó —¿Él… está muerto?
—Sí, señorita, lo lamento —dijo el hombre —Cuando el señor LANZANI la tomó, el señor ESPOSITO iba a disparar, entonces uno de mis hombres fue más rápido y lo derribó. Tuvo que hacerlo.
Ella asintió. El detective se alejó, y GIMENA tomó en brazos a ALLEGRA para entrar en el auto y hacerla dormir. PETER tomó a LALI del brazo y la acercó a su cuerpo.
—Tuve mucho miedo de perderte… de perderlas.
—Eres un tonto —murmuró ella —Debiste decirme la verdad, dijiste que no ibas a subestimarme más.
—No es momento de que pelees conmigo. Intento ser romántico —sonrió. Ella le dio un suave golpe en el pecho. Él rió. LALI miró su rostro. Era tan hermoso.
—Cuando escuché el disparo, pensé que… yo pensé que… —las lágrimas le impidieron seguir hablando. PETER tomó su rostro con ambas manos y chocó sus frentes suavemente.
—No podrás deshacerte de mí tan fácilmente. Soy complicado de dejar.
Ella rió entre lágrimas y levantó la cabeza para tomar sus labios en un reconfortante y merecido beso Ver más

viernes, 4 de marzo de 2016

CAPITULO 98

pasar tiempo en familia’

Empujó con fuerza y la puerta cedió, pero no salió al instante. Dejando un espacio pequeño entre la puerta y el canto de la misma, miró hacia el pasillo. Se veía vacío. Demasiado tranquilo, tenía que haber una trampa en todo eso. Pero no se desesperó. Buscó algo que arrojar fuera y encontró una pequeña piedrita a un lado de ella. Abriendo un poco más la puerta la arrojó. El sonido de la piedra rebotó varias veces. Esperó, nada sucedió. Al parecer podía salir. Abrió del todo y salió a la luz. Miró hacia ambos costados. El lugar estaba vacío, pero se veía limpio y ordenado. Ahora solo tenía que seguir e internarse más en aquella parte de la casa. Se acercó a una puerta de madera y la entreabrió. Su corazón se aceleró al ver en ese pasillo a varios hombres custodiando una puerta. El llanto de un bebé llegó a sus oídos. Sintió una puntada en el pecho. Esa era su hija. Cerró los ojos y respiró profundamente. No podía perder la calma, estaba demasiado cerca como para echarlo todo a perder. Pero tenía que encontrar alguna manera de deshacerse de esos hombres.
¿Cómo? ¿Cómo iba a hacerlo? Comenzó a pensar y a pensar, pero nada venía a ella. Entonces cuando ya se estaba por dar por vencida, escuchó que alguien se acercaba. Se ocultó mejor.
—Los necesitamos arriba —habló un hombre —La policía está aquí, han descubierto todo.
—Mierda —dijo uno de ellos —¿Quién se quedará aquí?
—Nadie —sentenció —En estos momentos debemos cuidar más nuestros cuellos que esto. Aun así no creo que nadie pueda llegar hasta aquí abajo. Vamos.
LALI, con un grito de alegría ahogado en su garganta, escuchó como los tres se alejaban a paso rápido. Esperó solo unos segundos más, entonces abrió la puerta y corrió hacia allí. Miró desesperada la forma de abrir, pero la puerta blanca no tenía picaporte. El llanto de su hija era menor, como si alguien la estuviese consolando. Sintió las lágrimas llenar sus ojos, solo quería tenerla de nuevo. Entonces divisó el pequeño botón blanco al costado. Era un buen camuflaje. Lo apretó y la puerta se abrió. Sus ojos se encontraron con GIMENA de pie al lado de una enorme cama. La mujer tenía los ojos hinchados de tanto llorar y arropaba a la pequeña contra su pecho. LALI entró al instante, la puerta se cerró detrás de ella. GIMENA la miró bien.
—LALI—murmuró la mujer. La morena se acercó rápidamente, tomando a la niña en brazos, llorando aliviada de haberlas encontrado. Besó y acarició a su hija. Amara ya no lloraba, consciente del olor de su madre LALI miró a GIMENA
—Todo terminó —le dijo. GIMENA se acercó a ella y la abrazó.
—¿Cómo lograste entrar? ¿Dónde estamos? —quiso saber ella.
—Esta es la casa de Robert… nadie sabe que estoy aquí. Logré entrar por un lugar desconocido para todos. Yo… yo lo siento tanto GIMENA —volvió a llorar.
—Shh, cielo, no es tu culpa —los ojos de la mujer volvieron a llenarse de lágrimas —NICO L, él…
—Él está bien —dijo la morena. GIMENA la miró bien.
—¿Qué? —inquirió. Eso no era lo que aquel hombre le había dicho.
—Fue herido, pero no hubo complicaciones. Está bien, GIMENA, él esta a salvo.
—Oh, Dios —murmuró y volvió a abrazarla. No sabía cuanto tiempo llevaba allí dentro. Pero Robert LALI la había cambiado de habitación al menos tres veces. Así que no había estado segura de si estaba en el mismo lugar del principio. Pero al parecer sí.
LALI se alejó y volvió a mirar a la pequeña. ALLEGRA le devolvió la mirada y sonrió.
—Mami no va a dejar que nadie te lastime —le dijo y acarició su rostro —Es hora de irnos.
Las tres se acercaron a la puerta, pero está se abrió al instante, y ella quedó frente a la persona que más odiaba en el mundo en esos momentos.
—Pero miren a quien tenemos aquí —habló él —LALI, hija, es un gusto que hayas venido a la gran reunión.

Estaban a punto de entrar. No estaba seguro de si aquello era una buena idea. Aun no tenía noticias de LALI. Ella podía estar allí dentro. Pero solo quería terminar con todo eso de una maldita vez. Su celular comenzó a sonar. El detective lo miró y le hizo un gesto para que atendiera. Miró la pantalla. El número aparecía como privado.
—¿Hola? —atendió.
—Es bueno que hayas atendido, muchacho —dijo él.
—Hijo de puta —murmuró PETER al reconocerlo —¡¿Dónde están?! ¡¿Dónde las tienes?!
—¿Nervioso? —rió Robert —No te preocupes, las tres están bien…
—¿Las tres? —inquirió aterrado.
—Oh, olvidaba decírtelo. LALI está aquí conmigo. No sé como logró entrar, pero lo hizo. Al parecer el amor de una madre lo puede todo.
—Si les haces algo, voy a acabar contigo —le juró.
—No estás en posición de poder amenazarme, muchacho. Traer a la policía a rodear el lugar ha sido una mala idea. Lo único que tenían que hacer era juntar todo el maldito dinero, y así todos íbamos a quedar contentos.
—¿Qué quieres? ¿Qué mierda quieres? —preguntó enojado.
—Te devolveré a tu madre… Pero me llevaré a mi hija a mi nieta a dar un paseo. Creo que pasar tiempo en familia nos hará muy bien.
PETER observó a lo lejos como las puertas de la casa se abrían y un hombre amenazaba a su madre a punta de un arma para que caminara. Él se bajó al instante de la camioneta y corrió hacia ella. GIMENA también comenzó a correr una vez que lo vio. El matón volvió a ingresar y las puertas se cerraron. PETER abrazó con fuerza a GIMENA una vez que la tuvo allí. Su madre comenzó a llorar. Él volvió a ponerse el teléfono al oído.
—¿Qué harás con ellas? ¿Qué? —quiso saber desesperado.
—Tenemos cosas pendientes, muchacho…
—Déjame hablar con ella, por favor, te lo ruego.
Escuchó un pequeño forcejeó, pero al instante alguien tomó el teléfono.
—PETER… —su voz en cierto modo logró calmarlo.
—LALI, por Dios, ¿Qué haz hecho?
—PETER, todo está bien. Nuestra hija está bien, está aquí conmigo. La tengo en brazos. La encontré, pude encontrarla.
—Mi amor, por favor, no dejes que te haga daño. Yo las encontraré a las dos. Te lo juro, LALI —su voz se quebró —Te juro que pronto todo se terminará.
—Lo sé —susurró ella —Te amo… te amo tanto.
Él cerró los ojos al sentirse tan abrumado. No podía soportarlo más.
—Y yo a ti, mi amor. Te amo. Las amo…
La llamada se cortó, y quedó con el teléfono pegado a la oreja. Abrazó con fuerza a su madre, y miró fijo hacia la casa en donde ellas dos aun estaban. Iba a tener que hacerlo. Iba a tener que entrar él solo por ellas.

CAPITULO 97

La puerta secreta.

El taxi se detuvo justo en la esquina que ella le había indicado. Le entró un billete y se bajó sin recibir el cambio. En lo único que podía pensar era en encontrara a su hija y a GIMENA pequeña capucha que llevaba su abrigo, y se encaminó hacia uno de los costados de l...a residencia LALI.
Ella había crecido en ese lugar. Y a pesar de todo había amado esa casa cuando era una niña. Más de una vez había imaginado que era un castillo encantado y ella era la princesa que podía jugar a ser rescatada. Pero el cuento de hadas comenzó a romperse a medida que comenzó a crecer. Sacudió la cabeza, no podía seguir pensando en el pasado.
Se acercó un poco más y se asomó por la esquina para divisar la entrada principal. Como lo supuso estaba llena de hombres armados hasta los dientes. Sonrió, eso quería decir que había algo realmente importante dentro. Su hija.
Soltó una pequeña carcajada aunque la situación no se prestaba para sonrisas. Pero no pudo evitarlo. Su padre podía ser un hijo de puta, pero era bastante idiota como para secuestrar a alguien y tenerlo en un lugar tan… obvio.
Se alejó de la esquina y comenzó a dirigirse hacia el centro del lado lateral de la residencia. Ella conocía un lugar ‘secreto’ para entrar a la casa. Y estaba segura que Robert ni siquiera tenía en mente aquel pasadizo. Cuando llegó a dónde creía o mejor dicho recordaba donde estaba el lugar, estiró las manos, metiéndolas dentro de la espesa enredadera que cubría el enorme muro, en busca de un material más fino que la pared.
‘Sí’ exclamó su mente cuando sus manos se encontraron con la pequeña y vieja puerta. Temblando de expectación, empujó. Pero la madera no abrió. Se negó a entrar en pánico. No. No iba a perder la calma. Esa era la única forma de entrar y encontrar a su niña. Y no iba a perderla. Empujó de nuevo, esta vez con más fuerza. La vieja madre gruñó pero cedió ante la presión. Un suspiro de alivio escapó de sus labios, y sin dudarlo ingresó al pequeño pasillo que llevaba a la parte baja de la mansión.
Sabía que aquello era estúpido, que era completamente peligroso. Pero sabía que ALLEGRA estaba allí, podía sentirlo dentro de su pecho.
Cerró la puertita con cuidado y sacó el celular para alumbrar su camino. Le había sacado el chip a su teléfono así que nadie podía llamarla. Comenzó a caminar, alumbrando sus pasos. El pasillo se veía viejo, abandonado, y estaba segura que ella había sido la última persona en entrar en ese lugar. Cuando era niña había jugado a las escondidas con EUGE, y su escondite siempre era ese. Su mejor amiga nunca la encontraba, y LALI siempre ganaba al presentarse sin revelar su escondite.
Volvió a sonreír al saber que pronto todo terminaría.

PETER se bajó rápidamente de su auto al llegar al lugar indicado por el detective y divisó, a varios metros, la enorme mansión rodeada de grandes muros de enredaderas. Recordó que LALI le había hablado una vez de esa casa.
Se acercó a la camioneta blanca, que estaba estacionada a una cuadra de la propiedad. La puerta trasera del vehículo se abrió y el detective lo hizo ingresar.
—¿La han visto? —quiso saber PETER. Tenía el corazón en la boca. La había llamado más de una docena de veces, pero el maldito teléfono aparecía como fuera de servicio.
Todo era su maldita culpa, por no haberle dicho la verdad desde un principio. ¿Por qué siempre cometía el mismo error? ¿Cuándo mierda iba a aprender?
Pero en realidad solo había querido protegerla.
—No, no ha habido señales de ella —indicó el detective.
—¿Cree que ella crea que este es el lugar?
—Estoy seguro de eso, LANZANI. Pero no se preocupe, estamos a punto de ingresar. Tengo hombres llegando para rodear todo el lugar. En menos de cinco minutos estaremos dentro y sacaremos a su hija y a su madre.
—Entonces ya no hay dudas de que ellas están allí dentro, ¿verdad?
—No, mi hombre infiltrado nos ha pasado todos los datos exactos del lugar en donde las tienen. Como le dije antes están en la parte subterránea de la casa. LALI volvió el lugar una especie de cuartel de seguridad, es difícil llegar allí desde arriba. Pero tenemos un plan y espero que la señorita LALI recobre el sentido y no haga una locura.
PETER también lo esperaba, porque si algo salía mal y él perdía a alguna de ellas esa noche, jamás en su vida iba a lograr reponerse