jueves, 7 de abril de 2016

CAPITULO 54

PETER oyó los llantos en cuanto se acercó a la alcoba de LALI. Llamó suavemente a la puerta, pero, al no obtener respuesta, hizo girar el pomo con delicadeza. La llave no estaba echada. Entró en la habitación y cerró la puerta tras de sí.
LALI se hallaba de pie junto a la ventana, dándole la espalda y con la cara hundida en las manos. PETER sintió que aquellos sollozos ahogados le destrozaban el corazón.
- LALI.-
LALI dio un respingo y se volvió, con los ojos anegados en lágrimas y abiertos de par en par. Se secó las lágrimas con dedos temblorosos.
- ¿Qué estás haciendo aquí?-
- He venido a devolverte tu regalo...-
Ella miró las prendas por un instante, luego se le endureció la mirada y se volvió.
- Ya te he dicho que no puedo aceptarlo - Dijo - Ahora, por favor, vete.-
PETER dejó las prendas sobre una silla.
- Ya lo habías aceptado.-
- Sí. Pero eso era antes - Dijo ella con voz cortante.
- Sí - Ratificó PETER, colocándose justo detrás de ella - Eso era antes de que yo me comportara como un imbécil. Antes de que te ignorara. Antes de que te hiciera daño.-
Le puso las manos sobre los hombros y la instó a girarse. Ella primero se resistió, pero él ejerció una suave presión hasta que ella se dio la vuelta. A pesar de que estaba de cara a él, LALI seguía mirando al suelo.
- Mírame, LALI.-
Colocándole un dedo en la barbilla, la obligó a levantar la cara. Las lágrimas seguían manando, dejando regueros plateados en sus mejillas color crema. A él se le hizo un nudo en la garganta cuando vio cómo una sola lágrima resbalaba por el rostro de LALI.
- Me he comportado mal esta noche. Por favor, perdóname. Te prometo que no quería hacerte daño. Jamás querría hacértelo.-
Ella respiró hondo y tragó saliva con dificultad.
- No lo entiendo - Susurró con voz temblorosa - ¿Por qué le has tenido que seguir el juego? - Se le escapó un sollozo ahogado - Me he puesto un vestido adecuado. Me he arreglado el pelo, me he comportado como una dama. Pero seguía sin ser suficientemente buena para ti. ¿Qué tengo de malo?-
A PETER se le escapó un atormentado suspiro y la estrechó entre sus brazos, hundiendo el rostro en el suave cabello de LALI con olor a rosas.
- LALI... LALI - Le susurró al oído - ¡Dios! No tienes nada malo. Eres la mujer más extraordinaria que he conocido. Eres dulce y buena y generosa... - Dio un paso atrás y ahuecó ambas palmas alrededor de sus mejillas, apartándole delicadamente las lágrimas con los pulgares - Eres un ángel. Lo juro por Dios, un verdadero ángel.-
- ¿Entonces por qué...?-
- Estaba pensando en ti, en tu felicidad. No quería echar a perder tu oportunidad de rehacer tu vida con AMADEO.-
- En serio - PETER sondeó la mirada de LALI y se forzó a decir las palabras que sabía iban a hacerle daño - Los dos sabemos que tendré que irme. Pronto.-
«¡Santo Dios! Si supieras lo pronto que me voy a ir!»
- Lo sé - Susurró ella.
- No quería echar a perder tu oportunidad de rehacer tu vida con otro hombre. Créeme cuando te digo que he tenido que hacer un esfuerzo sobrehumano. Quería estar contigo, LALI. Te lo prometo. Lorelei Smythe no te llega a la suela del zapato - Negó repetidamente con la cabeza - La primera vez en mi vida que actúo con nobleza y lo echo todo a perder.-
- ¿La...? ¿La has besado?-
- No. No tenía el menor deseo de hacerlo.-
Sintió un gran alivio cuando vio que parte del dolor desaparecía de los ojos de LALI.
- A ver si lo he entendido correctamente. Querías estar conmigo, pero has hecho un esfuerzo por comportarte con nobleza alejándote de mí y dejando el campo libre a BENJAMI porque vas a irte pronto de Halstead y no querías interferir en mi oportunidad de ser feliz con otro hombre - Lo miró con expresión interrogativa - ¿Correcto?-
- Sí, más o menos, eso viene a resumirlo todo.-
Ella sacudió repetidamente la cabeza.
- ¡Dios mío! ¡Vaya plan tan enrevesado! ¿Cómo se te ocurrió tramar algo tan ridículo?-
- Me pareció una gran idea, al principio - Musitó PETER - De hecho, podría haber funcionado perfectamente, salvo por un detalle.-
- ¿Qué detalle?-
Él le cogió las manos y se las acercó a los labios, probando el sabor salado de las lágrimas que le impregnaban las yemas.
- Cada vez que BENJAMI te tocaba, cada vez que te miraba o te hablaba, tenía ganas de estrangularlo, al muy canalla.-
- AMADEO.-
- Ya lo creo. Poco me ha faltado para cruzar el salón, agarrarlo por su escuálido cuello y hundirlo en la ponchera.-
A LALI se le pusieron los ojos como platos.
- ¿En serio?-
PETER asintió con expresión solemne.
- Completamente en serio.-
Consciente de que estaba jugando con fuego, pero incapaz de contenerse, besó los dedos de LALI y pasó suavemente la lengua por su piel con olor a rosas.
«Déjalo ya. Dile que te vas mañana. Díselo ahora y sal de su alcoba. Antes de que sea demasiado tarde. Antes de que hagas algo de lo que ambos se arrepentirán.
- Entonces, ¿Podrías... Podrías plantearte la posibilidad de quedarte?-
Él levantó despacio la mirada buscando la de ella. A LALI le ardían las mejillas, y sus ojos, todavía húmedos, eran dos inmensos estanques de agua que reflejaban una combinación de incertidumbre y esperanza.
- ¿Qué?-
- Si es eso realmente lo que sientes, entonces no te vayas de Halstead. Puedes buscar trabajo en el pueblo o alguna localidad vecina. Si no encontraras nada, siempre te podría contratar yo para que dieras clases a los chicos y a Callie - Con labios temblorosos, esbozó una dubitativa sonrisa - Mis hermanos te han cogido muchísimo cariño, y tía JUSTINA cree que el sol sale y se pone sólo para ti. Hasta has conseguido ganarte a Pierre, una gran hazaña, te lo puedo asegurar. Todos queremos que te quedes - Su voz se convirtió en un susurro - Yo quiero que te quedes.-
PETER la miró fijamente, completamente sin habla. ¿Por qué no había previsto que le pediría aquello? Según él mismo le había explicado, podía trabajar en cualquier sitio. Entonces, ¿Por qué no en Halstead?
«¡Dios mío! ¡Hasta qué punto he liado las cosas!»
Tenía que decirle inmediatamente que no podía hacer lo que le pedía.
- LALI yo...-
- Me he enamorado de ti, PETER. Te quiero.-
Aquellas palabras, dichas con una inmensa dulzura, calaron muy hondo en PETER, dejándole sin habla, anulando absolutamente su capacidad para pensar. Completamente. Irrevocablemente.
La miró y vio claramente aquellas palabras reflejadas en sus ojos. LALI le quería.
Aquel maravilloso, generoso y hermoso ángel le quería. Se sentía como un completo canalla.
«¿Qué voy a hacer ahora?»
- LALI debo decirte...-
Ella le puso la yema de un dedo sobre los labios, sin dejarle continuar.
- No te lo he dicho para que te sientas obligado a decirme lo mismo. Te lo he dicho sólo porque ya no podía callármelo más tiempo. Y quería que supieras, que supieras sin ninguna duda en absoluto, que quiero que te quedes. Y que, si te quedas, siempre serás bien recibido en esta casa y formarás parte de nuestra familia.-
A PETER se le hizo un inmenso y pesado nudo en la garganta. Intentó alejarlo de allí, pero estaba firmemente alojado, como un trozo de pan seco. Cerró los ojos e hizo un esfuerzo por controlar la batalla que se estaba librando en su interior entre sus nobles intenciones y sus deseos. Si no se alejaba de ella rápidamente, sabía quién saldría victorioso. Pero le resultaba imposible pensar con el eco de las palabras de LALI resonando en su interior.
«Me he enamorado de ti. Te quiero, PETER. Te quiero, PETER».
Él no merecía su amor.
«¡Dios mío! ¡Si ni siquiera sabe quién soy!»
Ella se había enamorado de PETER LANZANITIEL, tutor. Le rechazaría si supiera que le había estado mintiendo todo el tiempo, que en el fondo era un noble de vida disoluta, con una larga lista de amantes, una excusa superficial como familia y un asesino pisándole los talones. Sólo de pensar en que ella pudiera mirarle con desprecio, esfumándose el amor y la confianza de su mirada y dando paso al rechazo, PETER sentía un dolor desgarrador, como si estuvieran partiéndole en dos.
Tenía que hacer lo que era mejor para ella. Por mucho que le costara.

CAPITULO 53


PETER observó cómo Lucy se reunía con Marshall. La orquesta empezó a tocar una nueva melodía, y los dos se dirigieron hacia la pista de baile.
PETER entró a pasos largos en el vestíbulo y salió del edificio a toda prisa.
La caminata de tres cuartos de hora hasta la casa de los ESPOSITO ofreció a PETER la oportunidad que tanto necesitaba para pensar.
Sabía que aquella noche había hecho lo mejor que podía hacer por el bien de LALI, pero, de todos modos, se sentía como un canalla. Estaba tan hermosa, con el rostro ruborizado e irradiando felicidad, tan increíblemente encantadora con su nuevo vestido. Había deseado tanto tocarla, besarla, cogerla en brazos y llevársela a un lugar íntimo donde pudieran estar los dos solos... Pero ¿Cómo iba a hacerlo yéndose a la mañana siguiente? Era un canalla, pero no tan canalla como para eso.
La idea de su inminente marcha le llenó de una profunda sensación de vacío, y sintió una fuerte opresión en el pecho. Se había encariñado mucho con los ESPOSITO en aquella breve estancia en su casa. Con todos ellos. Sobre todo con LALI.
«¡Maldita sea!», pensó.
Encariñarse era un eufemismo rayano con el ridículo. La admiraba. La respetaba. Le gustaba tremendamente.
Le importaba. Muchísimo.
Entró en la casa de los ESPOSITO. Grimsley no estaba en la puerta, de modo que PETER asumió que se había retirado a su alcoba. Buscó a LALI en la biblioteca y en el despacho, pero los dos estaban vacíos, de modo que supuso que se había acostado. Decidió esperar. Ya hablaría con ella a la mañana siguiente antes de partir. Así tendría toda la noche para pensar en las palabras adecuadas, aunque dudaba que existieran.
Mientras subía las escaleras, se aflojó el cuello de la camisa. Cuando entró en su alcoba, se quitó rápidamente la chaqueta y la dejó caer, junto con la corbata, sobre la butaca que había junto a la chimenea. Estaba desabrochándose la camisa cuando vio la cama por el rabillo del ojo. Sus dedos se detuvieron súbitamente y miró fijamente en aquella dirección.
El vestido que le había regalado a LALI estaba desparramado sobre la cubierta.
Como si estuviera hipnotizado, se acercó a la cama. El precioso vestido estaba cuidadosamente extendido sobre la cama, con una nota encima del suave tejido. Al lado del vestido, perfectamente apilados, LALI había dejado la combinación, las medias y los zapatos.
PETER alargó el brazo y cogió la nota.

Señor LANZANITIEL,
Quiero darle las gracias por este precioso vestido y sus complementos, pero tras reconsiderarlo, opino que sería impropio aceptar un regalo tan elaborado y personal.
Mañana debo ir a un pueblo vecino para visitar a una amiga de la familia que está enferma y pasaré allí la noche. Puesto que sus heridas parecen estar bastante curadas, creo que sería mejor que usted se hubiera ido para cuando yo esté de vuelta pasado mañana.
Cuidarle ha sido un placer para mí y para toda mi familia y estamos muy contentos por su pronta recuperación. Por favor, acepte mis felicitaciones por su buena salud y mis más sinceros deseos de que siga así.
Cordialmente,
LALI ESPOSITO.

PETER volvió a leer la nota, mientras su opresión en el pecho iba en aumento hasta que sintió como si un piano le estuviera aplastando los pulmones.
Le estaba echando. Le había devuelto su regalo y le pedía que se marchara antes de que ella volviera a casa.
La cabeza le decía que LALI estaba haciendo lo correcto. Era mejor así. Cuando ella regresara, él se habría marchado. Sin tristes despedidas. Sin tener que admitir sus mentiras.
Pero su corazón sabía que no podía marcharse de ese modo.
Sin saber lo que iba a decirle, PETER cogió precipitadamente el vestido y los complementos, salió de la alcoba y cerró la puerta tras él.

miércoles, 6 de abril de 2016

CAPITULO 52

LALI estuvo sonriendo, aunque sólo por fuera, durante toda la cena, pero por dentro, estaba furiosa. Lorelei presidía la mesa, con BENJAMI a su derecha y PETER a su izquierda. Sentada al lado de BENJAMI y prácticamente enfrente de PETER, LALI observó, sumida en la desdicha y la desesperación, cómo Lorelei coqueteaba descaradamente con este último durante toda la cena, sonriéndole con los ojos y apretando su escandaloso escote contra su brazo. Pero lo que más le dolía de todo era que PETER también estaba coqueteando con ella. Aquella encantadora y devastadora sonrisa dirigida a Lorelei, aquellos ojos verdes que la miraban con sensualidad y admiración, hicieron que a LALI le entraran ganas de gritar.
Intentaba negárselo a sí misma, pero estaba celosa. Completa, absoluta y desagradablemente corroída por los celos. Cada vez que la risa ronca pretendidamente seductora de Lorelei llegaba a los oídos de LALI y cada vez que oía el sensual rumor de la voz rasgada de PETER, LALI tenía ganas de romper algo. Nunca se había sentido tan mal y tan fuera de sitio en toda su vida.
Desesperada, se volvió hacia BENJAMI, incapaz de seguir escuchando u observando a PETER y Lorelei durante más tiempo. BENJAMI estuvo divertido, solícito y muy pendiente de ella durante toda la cena. LALI habló brevemente con Marshall, pero Lucy estaba sentada al otro lado del médico, de modo que la atención de Marshall estaba en otra parte.
LALI hizo un esfuerzo por disfrutar de aquella suntuosa comida, que constaba de faisanes a la brasa, guisantes a la crema y surtido de pescado, pero todos aquellos manjares no le supieron a nada. Por puro orgullo, se esforzó en conversar con BENJAMI, pero su corazón estaba en otra parte.
Por el rabillo del ojo, vio cómo Lorelei deslizaba lentamente un dedo por la manga de PETER y que él respondía a su gesto rozando la copa de su solícita acompañante con la suya. No. El corazón de LALI estaba, sin lugar a dudas, en otra parte. Y se le estaba haciendo añicos.
Tras la cena, había baile en el salón. Mientras los invitados estaban comiendo, los sirvientes habían retirado los muebles y se había instalado una orquesta de tres músicos en una esquina del gran salón.
BENJAMI tendió la mano a LALI.
- ¿Me concedes el honor de este baile, LALI?-
A LALI no le apetecía nada bailar. Quería irse a casa. Quería despojarse de aquel maldito vestido y lanzárselo a la cara al sinvergüenza que se lo había regalado.
Forzando una sonrisa, contestó:
- Por supuesto.-
Tomó la mano de BENJAMI y bailaron una cuadrilla. LALI consiguió olvidar momentáneamente el enfado mientras se concentraba en los pasos del intrincado baile. Al acabar de bailar, BENJAMI se separó de ella para ir a buscarle un ponche.
Los ojos de LALI inspeccionaron el salón. Una sonrisa iluminó sus labios cuando divisó a Lucy y a Marshall riéndose juntos cerca de la orquesta. Lucy irradiaba felicidad, y LALI se alegró sinceramente por ella.
La mirada de LALI siguió vagando por el salón hasta que se detuvo, por casualidad, en las puertaventanas. La sonrisa se le petrificó cuando vio a PETER saliendo sigilosamente por la puerta que conducía a los jardines. Segundos después, tras dirigir una rápida y disimulada mirada al salón, Lorelei se coló por la misma puerta.
- Ahí la tienes - Murmuró LALI en voz baja.
Tan enfadada que apenas podía hablar y tan dolida que apenas podía respirar, se abrió paso por el salón hasta el rincón donde se encontraban Lucy y Marshall.
- ¿Marshall, sería tan amable de acompañar a Lucy a casa esta noche? Me siento indispuesta y preferiría retirarme.-
Una mirada de preocupación se dibujó inmediatamente en el rostro de Marshall.
- Está un poco pálida - Ratificó Marshall - ¿Es el estómago? ¿Quiere que le traiga una infusión?-
LALI negó con la cabeza, desesperada por salir de allí cuanto antes.
- No, gracias. De hecho, es la cabeza.-
«Mejor dicho, el corazón».
- Ya me prepararé una infusión al llegar a casa. Sólo necesito saber si usted se encargará de que Lucy llegue a casa sana y salva.-
- Te acompaño - Dijo Lucy enseguida, visiblemente preocupada.
LALI se volvió hacia Lucy y le cogió las manos.
- Por favor – Imploró - Quiero que disfrutes de la fiesta. Pero yo debo irme - Su voz se convirtió en un angustiado susurro - Debo irme.-
«Ahora. Inmediatamente. Antes de que me ponga a llorar y haga el ridículo».
- Te acompaño hasta la puerta - Dijo Lucy, tomando a LALI del brazo.
Anduvieron hasta el vestíbulo, donde esperaron a que el lacayo les trajera la calesa.
- Sé lo que te molesta tanto, LALI. Ya he visto cómo esa insoportable coquetea descaradamente con el señor LANZANITIEL. Pero eso no significa que él...-
- Están fuera, en el jardín, juntos - Dijo LALI con un susurro entrecortado.
- Oh, LALI.-
Lucy la rodeó con ambos brazos y le dio un fuerte abrazo. LALI casi sonríe cuando oyó decir a su hermana una palabrota de la cosecha de Winston.
- Disfruta de la compañía de Marshall - Dijo LALI, separándose de Lucy - Quiero que mañana me lo cuentes todo con pelos y señales.-
El lacayo anunció la llegada de la calesa, y LALI se dirigió rápidamente hacia la puerta de salida. Se subió al asiento, cogió las riendas y partió como alma que lleva el diablo. No permitió que le cayeran las lágrimas hasta que estuvo lejos de la casa de Lorelei Smythe.

- ¿Dónde está LALI? - Preguntó PETER a Lucy casi media hora más tarde.
Había salido a fumarse un puro y casi inmediatamente se encontró en compañía de Lorelei. PETER reprimió una palabrota. Aquella mujer no sólo era molesta y aburrida, sino que encima era tenaz. Le recordaba a las mujeres de la ciudad a quienes tanto detestaba. Había tolerado su compañía durante la mayor parte de la velada, pero ya había tenido suficiente. Siguió fumando, ignorando su vacua conversación, y se deshizo de ella con brusquedad, antes de haberse fumado siquiera medio puro. En cuanto entró en el salón, sus ojos inquisidores buscaron a LALI, pero no la pudo encontrar. Divisó a BENJAMI en la otra punta del sajón, pero no había ni rastro de LALI. Finalmente, se acercó a Lucy, que estaba sola junto a una ventana.
- Me sorprende que se atreva a preguntarme por el paradero de LALI, señor LANZANITIEL - Contestó Lucy con voz gélida.
PETER la miró fijamente, sin poder ocultar su sorpresa ante aquel gélido tono.
- ¿Y por qué le extraña tanto?-
Lucy le dirigió una mirada inequívocamente reprobatoria.
- Quizá porque, hasta ahora, llevaba toda la noche ignorándola completamente y parecía encontrarse bastante a gusto haciéndolo.-
- Estaba bien acompañada - Dijo PETER con la boca pequeña.
- La ha humillado delante de esa odiosa mujer - Dijo Lucy echando fuego por los ojos - LALI sólo le ha dado bondad. ¿Cómo ha podido ser tan cruel con ella?-
A PETER le embargó un intenso sentimiento de culpa. No había sido su intención hacerla sufrir. Sólo había intentado hacer lo que él creía que era mejor para ella. Mantenerse alejado y dejar que otro hombre -un hombre que no la iba a abandonar- se fijara en ella.
- Le aseguro que no era mi intención hacerla sufrir.-
- Pero lo ha hecho. Le ha hecho mucho daño.-
- Dígame dónde está. Quiero pedirle disculpas.-
- Se ha ido.-
PETER miró a Lucy fijamente.
- ¿Qué?-
- Se ha ido. Supongo que no se dio cuenta de su marcha porque estaba demasiado ocupado en el jardín con la señora Smythe - Miró a PETER de arriba abajo con evidente deprecio - Sinceramente, señor LANZANITIEL, me ha sorprendido. Hasta esta noche, le tenía por un hombre bueno, considerado, un hombre digno de la admiración de LALI. Es obvio que estaba equivocada.-
Se volvió para alejarse, pero James la retuvo cogiéndola del brazo.
Lo cierto es que le había sorprendido mucho el breve discurso de Lucy. Al parecer, estaba destinado a recibir duras reprimendas de las hermanas ESPOSITO. Pero su sorpresa quedó eclipsada por la profunda y dolorosa sensación de pérdida que le invadió inmediatamente. Le molestaba tremendamente que Lucy le estuviera mirando como si fuera un perro abandonado. Debía de estar realmente enfadada para hacer semejante exhibición de genio. Y la mera idea de que LALI estuviera sufriendo por su culpa, de que ya no le tuviera en tan alta estima, le oprimía el pecho y le llenaba de remordimientos. Le dolía muchísimo que cualquiera de aquellas dos mujeres pudiera pensar mal de él, especialmente LALI.
- No estaba equivocada - Contestó él dulcemente - Le aseguro que tengo a su hermana en la más alta estima y que jamás le haría daño a propósito.-
La mirada de Lucy no se suavizó ni un ápice.
- Entonces, ¿Por qué...?-
- No lo sé - Una sonrisa de arrepentimiento apareció en el rostro de él - Soy un imbécil.-
Lucy lo miró sin parpadear, con expresión implacable.
- No pienso llevarle la contraria - Dijo con brutal sinceridad - Pero se lo está explicando a la señorita ESPOSITO equivocada - Se liberó de los dedos de PETER con un ademán brusco - Ahora, por favor, discúlpeme.-

CAPITULO 51

En el otro extremo del salón, PETER oyó la risa de BENJAMI AMADEO. Había observado disimuladamente cómo aquel hombre entraba con LALI en el salón y luego el modo en que la devoraba con los ojos. PETER conocía demasiado bien el significado de aquella mirada. Era la mirada de un hombre a quien le gustaba lo que veía, que lo deseaba.
Los dedos de PETER se apretaron contra la base de la copa de vino que tenía en la mano. Luchó con todas sus fuerzas para no dejarse llevar por el deseo de aporrear a AMADEO hasta convertirlo en polvo. Y, para empeorar todavía más las cosas, Lorelei Smythe volvía a estar a su lado, cada vez más pegada a él e intentando conducirlo hacia un íntimo rincón del salón. Se había dejado guiar por ella al principio porque le había cogido desprevenido y no quería ser grosero con la gente con la que se relacionaba LALI y su familia. Pero ya había decidido que iba a darle a aquella pesada exactamente dos minutos más de su tiempo y luego prescindiría de tan molesta compañía.
- ¿Le gusta mi casa, señor LANZANITIEL? - Le preguntó Lorelei cuando se encontraban en una relativa intimidad cerca de las ventanas.
Él ni siquiera se había fijado en el color de las paredes.
- Sí. Es preciosa, señora Smythe.-
- Llámeme Lorelei. Mi marido, que en paz descanse, me compró esta casa varios años antes de su muerte prematura.-
- Le acompaño en el sentimiento - Musitó PETER, con la atención puesta en la pareja que había en el otro extremo del salón.
- Oh, ya hace dos años de su muerte - Dijo haciendo un gesto con la mano para quitarle importancia - Ya tengo el luto bastante superado.-
PETER se forzó a mirarla directamente. Era innegablemente atractiva, con cabello marrón claro y avispados ojos castaños rebosantes de sensualidad. Su cuerpo era exuberante, un hecho patentizado por sus voluptuosos senos, insinuantemente comprimidos contra el brazo de PETER, y la pasmosa cantidad de carne que le sobresalía por encima del escote. Hubo un tiempo, no muy lejano, en que probablemente PETER habría mostrado por ella el mismo interés que ella demostraba por él, y la noche habría culminado en un encuentro sexual mutuamente satisfactorio. Pero las cosas habían cambiado.
PETER miraba a Lorelei Smythe de forma desapasionada, experimentando nada más que una ligera molestia ante sus empalagosas atenciones. Estaba tenso y aburrido, y no había nada que le apeteciera más que cruzar el salón a toda velocidad y lanzar a BENJAMI AMADEO por la ventana. El muy canalla estaba prácticamente desnudando a LALI con los ojos.
Los ojos de PETER se achinaron hasta reducirse a meras ranuras cuando vio que BENJAMI se inclinaba sobre LALI para decirle algo al oído. Independientemente de lo que le hubiera dicho, un atractivo rubor riñó inmediatamente las mejillas de LALI. AMADEO, sin lugar a dudas, iba a salir despedido por la ventana. De cabeza.
- Hacen buena pareja. ¿No cree? - Le susurró Lorelei al oído.
- ¿Quiénes?-
- BENJAMI y LALI, por supuesto, aunque debo decir que me sorprenden un poco los gustos de BENJAMI. Creo que le pega mucho más Lucy. Es mucho más adecuada para él que LALI.-
PETER se volvió hacia Lorelei.
- ¿Eso cree? ¿En qué sentido?-
A Lorelei se le escapó una sonora carcajada.
- Bueno, LALI es tan... No sé muy bien cómo expresarlo. Tan larguirucha y tan poco femenina. Lucy es mucho más señorita, pero parece ser que su corazón ya está ocupado por otro hombre.-
Su mirada se detuvo en Lucy y Marshall, que estaban conversando junto a la chimenea.
- En el caso de que BENJAMI esté realmente interesado por _LALI - Prosiguió Lorelei - Ella sería estúpida si rechazara su proposición. Ya no es ninguna niña, y no puedo imaginarme a ningún otro hombre cortejándola - Miró a PETER a los ojos - ¿Sabe que no hace mucho LALI y BENJAMI tuvieron una relación... Muy estrecha?-
- Sí, pero tenía la impresión de que AMADEO no estaba dispuesto a hacerse cargo de toda la familia de la señorita ESPOSITO.-
«Es evidente que es un completo idiota».
AMADEO... BENJAMI me ha confiado que, puesto que lo más probable es que Lucy se case pronto, y los niños ya no son tan pequeños, cree que podrá convencer a LALI para que delegue parcialmente el cuidado de sus hermanos en Lucy.-
- ¿Ah, sí? - Preguntó PETER con una calma sólo fingida.
Si AMADEO estaba barajando la idea de que LALI dejara tirada a su familia, aquel tipo todavía era más estúpido de lo que él creía. Un impulso arrollador de agarrar a aquel desgraciado por el cuello y sacudirlo hasta que le castañearan los dientes se adueñó de PETER. Mientras contemplaba la posibilidad de dejarse llevar por ese impulso, le interrumpió su fastidiosa voz interior.
«Déjalos en paz. Ella merece ser feliz y, si AMADEO es el hombre que va a hacerla feliz, es mejor que te mantengas al margen. Te vas de Halstead mañana. No la volverás a ver nunca más. No estropees lo que podría ser su última oportunidad para ser feliz».
PETER aspiró profundamente y se obligó a relajarse, a luchar contra aquellos celos que le corroían ante la idea de que LALI estuviera con otro hombre. Ella no era suya, no le pertenecía. No tenía ningún derecho a impedir que LALI estuviera con otro hombre. De hecho, lo mejor que podía hacer por ella era lanzarla en los brazos de BENJAMI. Sólo con pensarlo se le revolvían las tripas.
«¡Maldita sea! No creo que sea capaz de ser tan considerado».
- ¿Le importaría traerme otro vaso de vino? - Le preguntó Lorelei con una voz ronca que pretendía ser seductora.
PETER hizo un esfuerzo por centrarse en su acompañante. La mirada de sugerente invitación en los ojos de Lorelei era inequívoca. La mejor forma de incitar a LALI a pasar la velada con BENJAMI sería ocuparse en otra actividad.
- ¿Un vaso de vino? Por supuesto.-
Cruzó el salón y se dirigió hacia la mesa de las bebidas, contento de poder alejar puntualmente la atención de sus mortificantes pensamientos

martes, 5 de abril de 2016

CAPITULO 50

 Está preciosa, señorita ESPOSITO - Dijo PETER a Lucy aquella misma tarde cuando la vio entrar en el salón. La repasó con la mirada de arriba abajo, fijándose en su vestido verde pastel y su favorecedor recogido - Seguro que es el foco de las miradas de todos los hombres de la fiesta.-
Un rubor rosado encendió las mejillas de Lucy.
- Muchas gracias, señor LANZANITIEL. Usted también está excepcionalmente elegante.-
- Gracias... - La voz de PETER se desvaneció en cuanto vio a LALI de pie en el umbral de la puerta, toda una visión con su vestido azul claro.
Era exactamente del mismo color que sus ojos. El escotado corpiño resaltaba sus senos, dejando al descubierto una tentadora extensión de piel color crema. Sus rizos castaños estaban recogidos con suma habilidad en un elegante moño en la parte superior de la cabeza. Una cinta de color azul claro adornaba el fino recogido, y un par de resplandecientes zarcillos enmarcaban su hermoso rostro.
«¡Dios mío!»
A PETER se le quedaron los pulmones sin aire. LALI le quitó literalmente el aliento. Avanzó hacia ella, con la mirada clavada en su rostro ruborizado. Cuando llegó a su lado, le tomó la mano y le dio un tierno beso en los enguantados dedos.
- Estás exquisita - Dijo tiernamente - Absolutamente exquisita.-
Ella todavía se ruborizó más.
- El vestido es bonito, PETER.-
- La mujer que lo lleva es bonita.-
Incapaz de contenerse, le besó la cara interna de la muñeca.
Ella dijo en voz baja y ligeramente sofocada:
- ¿No te parece que el escote es un poco escandaloso?-
La mirada de PETER descendió al torso de LALI. Efectivamente, el corpiño era escotado, pero no exagerado ni indecente. De hecho, aquel escote era incluso moderado en comparación con los que llevaban las mujeres de la ciudad. La piel color crema de LALI resplandecía bajo la muselina azul claro, y el contorno de sus enhiestos senos cautivó la vista de PETER. Él deseaba con todas sus fuerzas palpar aquellas tentadoras curvas, y sólo una considerable determinación le impidió hacerlo.
- Es perfecto - Le aseguró, con voz ronca, intentando contener el deseo - Pareces un ángel.-
- Me encantan los pensamientos. Le dan un toque de elegancia.-
- Si, ya sabes, «ocupas mis pensamientos».-
«Como has hecho tú desde la primera vez que te vi», pensó.
- ¿Estamos listos para salir? - Preguntó Lucy desde el otro extremo de la habitación.
- Por supuesto - Dijo PETER forzándose a apartar la vista de LALI.
Ofreció un codo a cada una de sus dos acompañantes y las condujo hasta la calesa que les estaba esperando. Grimsley sostuvo las riendas mientras PETER ayudaba a las damas a acomodarse. Luego tomó asiento entre ellas y cogió las riendas. La calesa estaba pensada para dos pasajeros, de modo que los tres se tuvieron que apretujar, muslo con muslo, en el asiento.
PETER nunca había conducido un vehículo semejante, y cruzó los dedos para que no se notara su falta de experiencia. Puso la calesa en movimiento y deseó lo mejor.

LAI entró en la elegante casa señorial de Lorelei Smythe con el corazón latiéndole fuertemente en señal de anticipación. La forma en que PETER la había mirado, y la seguía mirando, con aquellos ojos verdes oscuros y tormentosos y aquella mirada tan cálida e irresistible, le dificultaba la respiración.
Las fiestas siempre le habían dado pavor. Las pocas a las que había asistido no le habían aportado nada más que malos ratos y un gran apuro. Era demasiado alta, nadie le pedía para bailar y su ropa siempre parecía pasada de moda. Pero aquella noche era diferente. Aquella noche se sentía como una princesa. Llevaba un vestido precioso, y el hombre más apuesto y maravilloso del mundo era su acompañante.
- PETER y Lucy - Dijo Lorelei en tono de afectación mientras les tendía la mano - ¡Cómo me alegra verlas! ¡Y, señor LANZANITIEL, qué divino que también haya venido! - Dirigió a Lucy una mirada superficial y luego clavó los ojos en LALI - ¡Santo Dios! ¡Qué vestido tan precioso, LALI! - Exclamó mientras tomaba nota de todos los detalles de su aspecto - Creo que nunca la había visto tan elegante - Colando sigilosamente el brazo del codo de PETER, con un inequívoco gesto de posesión, prosiguió - LALI suele vestir de marrón oscuro y se lava con agua de lago. Sería bastante escandaloso si todo el mundo no estuviera acostumbrado a sus... Excentricidades. Ahora, permítame que le presente a mis otros invitados, señor LANZANITIEL - Luego se dirigió a Lucy y a LALI - ¿Me disculpan, por favor?-
Y pegándose todavía más a PETER lo guió hacia la entrada del edificio.
- No soporto la forma en que te trata esa mujer - Susurró Lucy a LALI visiblemente enfadada - Me gustaría borrar esa mirada arrogante y suficiente de su cara. ¿Cómo se atreve a llevarse a tu señor LANZANITIEL de ese modo? ¿Por qué...?-
- Lucy, no es mi señor LANZANITIEL - Le susurró LALI al oído mientras intentaba dominar los celos que le empezaban a corroer.
La visión de las manos de Lorelei encima de JPETER le despertó el imperioso deseo de romper algo, tal vez las horrendas figuras pastorales de porcelana que había sobre una lujosa mesita de cerezo. Pero tenía que pensar en Lucy, de modo que se quitó la idea de la cabeza. Conteniéndose, le dijo:
- Deja de poner mala cara, Lucy, Marshall nos acaba de ver y se dirige hacia aquí.-
- Señorita LALI, señorita Lucy - Dijo Marshall en cuanto llegó hasta ellas. Hizo una reverencia a la primera y añadió - Está preciosa esta noche, señorita...-
- Gracias, Marshall.-
Marshall se volvió hacia Lucy, y LALI le vio tragar saliva con dificultad.
- Y usted está francamente... Hermosa - Le hizo una reverencia formal y luego ofreció sendos codos a ambas hermanas - ¿Me permiten que las acompañe?-
- ¿Quizás LALI me concedería ese placer? - Preguntó una voz grave detrás de LALI.
LALI se volvió para encontrarse cara a cara con BENJAMI AMADEO. Él le sonrió cordialmente, y LALI le devolvió la sonrisa. No le guardaba rencor y, si él quería que fueran amigos, ella no tenía ningún inconveniente.
- Buenas noches, BENJAMI. Es muy amable de tu parte, pero Marshall...-
- Me temo que ya ha entrado con tu hermana en el salón - Dijo BENJAMI en tono jocoso. Le ofreció su codo - ¿Me concedes el honor?-
Con pocas opciones entre las que elegir, LALI apoyó sin demasiado entusiasmo su enguantada mano en el brazo de BENJAMI y permitió a éste que la acompañara hasta el salón donde tenía lugar la recepción. Moquetas de Axminster cubrían los suelos de mármol pulido, y había elegantes mesas de madera de cerezo y caoba que realzaban la media docena de sofás de brocado. Debía de haber unas cuarenta personas en el inmenso salón, reunidas en corrillos, tomando vino de Madeira o ponche servidos por los mayordomos.
- Estás preciosa esta noche, LALI - Le dijo BENJAMI, repasándola con la mirada y deteniéndose en el escote - Realmente encantadora.-
LALI no pudo evitar que se le escapara la risa.
- Gracias, BENJAMI, aunque debo admitir que todo el que me lo dice lo hace con una expresión de asombro en el rostro. Debo de estar bastante horrorosa la mayor parte del tiempo.-
BENJAMI inclinó la cabeza hacia atrás y se rió.
- En absoluto, querida - Le aseguró, volviéndola a repasar con la mirada - En absoluto.-

CAPITULO 49

PETER se pasó la próxima hora en la cocina con su maestro, aprendiendo los detalles de preparar la comida para una familia hambrienta. Codo con codo, frieron la pila de pescados, hicieron al vapor una enorme cacerola de hortalizas y hornearon varias barras de pan mientras Pierre iba explicando anécdotas sobre sus años como cocinero a bordo del barco del capitán ESPOSITO.
Escuchando aquellas divertidas anécdotas, PETER experimentó un desconocido sentimiento de pertenencia, algo que nunca le había ocurrido en su propia casa. Iba acompañado de una agradable sensación de logro y satisfacción. Algo tan sencillo como limpiar pescado o trocear verdura era capaz de inspirarle una camaradería que nunca había sentido hasta entonces. ¿Era aquello lo que hacían sus sirvientes? ¿Charlar y reír mientras trabajaban? ¿Establecían lazos de amistad entre ellos? PETER sacudió la cabeza. No tenía la más remota idea, y el hecho de saber tan poco sobre la gente que trabajaba para su familia le llenó de vergüenza. Tenían sus vidas y sus familias, pero él nunca se había interesado por ellas. Por supuesto, si el marqués de LANZANI se hubiera ofrecido para ayudar en la cocina, sus sirvientes se habrían muerto del susto.
Poco antes de llevar la comida al comedor, Pierre preparó un plato con cabezas de pescado y lo dejó en el suelo para Berta, la gata.
- Creía que odiaba a la gata - Comentó PETER con una sonrisa mientras veía cómo el cocinero acariciaba cariñosamente al felino en la cabeza mientras éste se le restregaba entre las piernas.
- Begta es buena. Y mantiene a gaya a los gatones - Contestó Pierre con una breve sonrisa - Pero no se lo diga a mademoiselle LALI. Es nuestgo secgueto, ¿Oui?-
PETER asintió y luego ayudó a Pierre a llevar las fuentes llenas de humeante comida al comedor. Llegaron justo cuando los ESPOSITO entraban en la habitación.
LALI miró a PETER sorprendida cuando lo vio cargando con sus manos una pesada fuente, que dejó en el centro de la mesa. PETER se dio cuenta de que ella lo miraba y sonrió.
- Quiero informar a todo el mundo de que he ayudado a preparar la comida - Anunció, incapaz de ocultar el orgullo en su voz.
- ¿Ah, sí?-
LALI miró a Pierre, quien confirmó las palabras de PETER asintiendo solemnemente.
- Él buen cocinego. No tres magnifique como Pierre, pego bueno - Dirigió una sonrisa de oreja a oreja a PETER - Sega bien guecibido en la cocina de Pierre siempgue que usted quiega.-
LALI miró azorada al cocinero.
- Nunca permite que nadie le ayude en la cocina.-
Pierre miró a LALI enarcando las cejas y luego se volvió hacia PETER.
- Ella ni siquiega sabe poneg agua a calentag - Confesó a PETER simulando hacerle una confidencia en voz alta.
LALI miró a Pierre con fingida seriedad, pero PETER la vio torcer el labio.
- Reconozco que no soy muy buena cocinera.-
Pierre puso los ojos en blanco.
- ¡Sacrebleu! Es una cocinega pésima. Si cocina ella, salga coguiendo de esta casa.-
PETER rió al imaginar a los ESPOSITO saliendo en estampida de la casa. Rodeó la mesa y se sentó en su sitio, a la derecha de LALI, con Callie al otro lado. Tras tomar asiento, James se inclinó hacia Callie.
- ¿Cómo se encuentra la señorita Josephine esta mañana? - Le preguntó en voz baja.
Callie le dedicó una sonrisa radiante.
- Se encuentra bastante bien, gracias. Ahora está descansando.-
- Es comprensible - Dijo él en tono solemne - Ayer vivió una experiencia terrible.-
- Sí. Pero ahora está bien. Gracias a usted - Callie lo miró sin poder ocultar su admiración - Usted es un héroe, señor LANZANITIEL.-
PETER se detuvo a medio camino cuando se estaba llevando el tenedor a la boca.
«¡Un héroe!»
Si no se le hubiera hecho un nudo en la garganta, se habría reído a carcajadas ante una idea tan absurda. «Vaya ocurrencias tienen los niños y qué cosas tan tiernas les hace decir su inocencia. Aunque no tengan absolutamente nada que ver con la realidad».

LALI observó a PETER durante toda la comida, estupefacta ante lo que veían sus ojos. PETER rió abiertamente con las payasadas de Andrew y Nathan, hechizó a tía JUSTINA hasta reducirla a un estado de azoramiento y tartamudeo que lindaba con la incoherencia, y hasta mantuvo una conversación con Grimsley y Winston sobre las maravillas de la pesca. Conversó con Lucy sobre música, y se inclinó repetidamente sobre Callie, sonriendo ante todo lo que la pequeña le susurraba al oído.
De hecho, habló y se metió literalmente a todos y cada uno de los miembros de la familia ESPOSITO en el bolsillo.
A todos menos a ella.
Al principio, LALI pensó que era ella quien se estaba imaginando que él la ignoraba, pero, cuando le tocó la manga para atraer su atención, él apartó el brazo, le contestó con un monosílabo y volvió a centrar su atención en Andrew y Nathan. Bien podría haberle dado una bofetada.
Primero la invadió un intenso azoramiento que enseguida dio paso a una oleada de enfado. ¿Qué demonios le había hecho ella para merecer tal rechazo?
«¡Dios mío! Este hombre es absolutamente imposible. En un momento me besa como si no quisiera parar nunca y en el momento siguiente me evita como si tuviera la peste. Me hace regalos caros sólo para darse la vuelta e ignorarme al día siguiente. ¿Y todo sólo porque sabe que soy H. Tripp? Me aseguró que había olvidado aquella conversación. ¿Acaso me mintió?»
Cuanto más pensaba en ello, más enfadada y ofendida se sentía LALI. Ya la había hecho sufrir un hombre, y no iba a permitir que le ocurriera otra vez lo mismo.
Cuando acabaron de comer, a LALI le dominaba la rabia, y la sangre le hervía en las venas. ¿Cómo podía haber sido tan estúpida de creer que se había enamorado de un hombre así? Atento en un momento, frío al momento siguiente. Era obvio que aquel hombre era incapaz de aclararse sobre nada.
- ¿Vas a quedarte ahí sentada todo el día?-
Las palabras de PETER, dichas en un tono claramente jocoso, interrumpieron las elucubraciones de LALI. Mirando a su alrededor, se percató de que todo el mundo se había levantado de la mesa y había salido del comedor.
- Llevas un buen rato ahí sentada, mirando al vacío, con cara de pocos amigos - comentó PETER desde la puerta.
Dirigiéndole una mirada fulminante, LALI se levantó con toda la dignidad de la que pudo hacer acopio.
- No veo por qué te tiene que importar que me quede o no aquí sentada todo el día.-
PETER levantó las cejas. Anduvo hacia LALI y se detuvo cuando les separaba menos de un paso, bloqueándole la salida del comedor.
- Por favor, ¿Puedes ser tan amable de apartarte? - Dijo ella con voz tirante intentando esquivarle.
Él dio un paso al lado para bloquearle la salida.
- Estás molesta conmigo. ¿Por qué?-
Ella le dio un codazo en el pecho y él se quejó.
- ¡Ay!-
- ¿Y a ti qué más te da si estoy o no molesta contigo? No me has dirigido la palabra en toda la comida. ¿A qué viene esta repentina muestra de interés?-
James repasó el rostro de LALI con la mirada, y le invadió una oleada de culpabilidad. La había ignorado durante la comida. No con la intención de enfadarla o de herir sus sentimientos, sino sólo por instinto de conservación. En un intento de evitar la tentación, era evidente que había ofendido y enfadado a LALI. Sintió una punzada de remordimiento.
Ahuecando ambas palmas alrededor de la barbilla de LALI, le acarició las mejillas con los pulgares.
- Lo siento.-
Vio cómo el enfado se esfumaba de sus ojos para dar paso a una mirada de absoluta confusión.
- Creía que nos llevábamos bien. ¿Qué he hecho mal? ¿Es por... Por quién soy?-
PETER le puso un dedo en los labios.
- No, LALI. No has hecho nada mal. Sólo estaba intentando evitar la tentación.-
- ¿La tentación?-
- Ejerces sobre mí una atracción irresistible. Eso me temo. Pensé que, si te ignoraba, no me sentiría tan intensamente atraído por ti y evitaría caer en la tentación - PETER sonrió - Mi plan no sólo ha sido un estrepitoso fracaso, sino que además te he hecho sufrir en el proceso.-
Sin poder controlarse, se inclinó y rozó sus labios con los de ella.
- Lo siento. Tú te mereces algo mejor.-
«Mucho mejor de lo que yo te puedo dar».
Dio un paso atrás y analizó el rostro de LALI. La cálida oleada de ternura que a menudo le invadía cuando la contemplaba hizo que se le encogiera el corazón.
- ¿Podrás perdonarme?-
Ella le miró durante varios segundos y luego sonrió.
- Por supuesto.-
«¡Lo que faltaba! Otra faceta suya que admirar. Te ofrece su perdón sin hacerse rogar».
PETER se frotó allí donde LALI le había dado el codazo.
- Ésta es la segunda vez que te veo enfadada. Pare evitar futuras agresiones contra mi persona, tal vez convendría que me dijeras qué cosas te molestan.-
- ¿Aparte de los hombres testarudos que son cariñosos y amables en un momento y fríos y distantes al momento siguiente?-
- Sí. Pero yo no soy testarudo.-
- Eso es opinable - Dijo ella, mientras se le hacían sendos hoyuelos en las mejillas.
- Tal vez. ¿Y qué otras cosas hacen que te enfades?-
Ella apretó los labios y reflexionó sobre la pregunta durante unos instantes.
- La falta de consideración - Respondió al cabo - El egoísmo. La crueldad. Las mentiras - Dijo finalmente con expresión de seriedad.
Aquellas palabras le calaron muy hondo a PETER, llenándole de vergüenza.
«Falta de consideración, egoísmo, crueldad, mentiras».
Él era culpable de todas ellas. Especialmente de las mentiras, en lo que se refería a su relación con LALI.
Forzando un tono despreocupado, le dijo:
- Deberé hacer un esfuerzo para evitar participar en cualquiera de esas actividades.-
«Demasiado tarde, PETER», le gritó su voz interior.
- No tengo ningún miedo de que alguna vez puedas actuar sin consideración, con egoísmo o crueldad, o engañando a la gente. Sé que no lo harás - Le dijo dulcemente, con el corazón en la mirada.
PETER sintió otra oleada de culpabilidad, que le comprimió tanto el pecho que tuvo que hacer un gran esfuerzo para respirar. La miró con seriedad.
«Díselo. Díselo ahora».
LALI, yo no soy el dechado de virtudes que pareces creer que soy. De hecho, yo...-
Sus palabras se perdieron en el aire cuando ella alargó el brazo y le tocó la mano.
- Sí, lo eres, PETER - Lo miró con ojos brillantes - Sí, lo eres.-
Suspirando hondamente, él la estrechó entre sus brazos, apretándola contra su palpitante corazón. Hundió el rostro en el perfume de su cabello y cerró los ojos intentando luchar contra la culpa y la vergüenza que le carcomían por dentro. LALI le acababa de mirar como le había mirado Callie la noche anterior. La admiración brillaba en sus inmensos y límpidos ojos azules, una admiración que a PETER le hizo sentir, por primera vez en la vida, que tal vez no era tan canalla, después de todo. Y sabe Dios lo mucho que le gustó aquella sensación.
Demasiado. Pero él no era digno de aquella admiración.
«Aléjate de ella. Dile que te vas mañana».
En lugar de ello, se acercó todavía más. La abrazó más fuerte e intentó absorber parte de su bondad, sabiendo que al día siguiente, cuando él ya no estuviera allí, aquella mirada de admiración desaparecería de los ojos de LALI. Le invadió una profunda sensación de pérdida y la abrazó todavía más fuerte, disfrutando de la ternura de aquel momento, tan hermoso como fugaz.
«Pasado mañana todo se habrá acabado»

lunes, 4 de abril de 2016

CAPITULO 48

LALI estaba tumbada sobre un costado, con los ojos como platos, mirando fijamente el vestido que colgaba de su armario abierto, pensando en el hombre que se lo había regalado.
PETER.
Emitiendo un hondo suspiro, cerró los ojos y dibujó mentalmente su atractivo rostro. Casi podía oler su fragancia, limpia y salvaje al mismo tiempo, sentir sus manos explorando su cuerpo, la caricia de sus labios.
Nunca había sospechado que en ese punto tan tardío de su vida podría enamorarse tan loca y desesperadamente. Lo único que ahora se preguntaba era qué debía hacer, en el caso de que debiera hacer algo.
PETER tenía una vida, un trabajo, lejos de Halstead. Y para ella su familia era su principal preocupación.
¿Se plantearía él la posibilidad de buscar trabajo en Halstead? ¿Se atrevería ella a pedírselo? Si no se lo pedía, ¿Se pasaría el resto de su vida lamentándose y preguntándose qué habría respondido él? Pero ¿Y si se atrevía a pedírselo y él le daba una negativa?
«Se me partiría el corazón».
Pero ¿Y si decidía quedarse?
LALI cerró los ojos con fuerza y negó con la cabeza, temerosa de soñar siquiera con que PETER pudiera quedarse, aterrada de desear tan intensamente que se enamorara de ella, que pudieran tener un futuro juntos. ¿Estaría dispuesto a cargar con el peso de toda su familia?
Mucho riesgo, mucho que perder. Pero mucho más que ganar.
LALI barajó mentalmente sus opciones una y otra vez sin llegar a una decisión casi hasta el amanecer.
Cuando despuntaron los primeros rayos del sol tras el horizonte, tiñendo el cielo de un resplandor anaranjado, por fin logró conciliar el sueño, tras haber tomado una decisión. Iba a decirle a PETER lo que sentía por él y a pedirle que se estableciera en Halstead. E iba a rezar para que le contestara que sí.
«Mucho riesgo, pero mucho más que ganar»

A la mañana siguiente, PETER se despertó muy tarde, con una de las peores resacas que había tenido en años. Parecía como si la cabeza le fuera a explotar, y las sienes le latían con tal fuerza que casi le resultaba imposible pensar. Se levantó de la cama, avanzó con paso vacilante hasta la ventana y descorrió con sumo cuidado las pesadas cortinas. Craso error. La fuerte luz del sol le golpeó los ojos, y retrocedió tambaleándose, apartándose de los hirientes rayos con un hondo gemido. Categóricamente, la abstinencia no estaba hecha para él. Sintió que se le revolvían las tripas y volvió a gemir. Pensándolo bien, el brandy tampoco estaba hecho para él.
Jurándose a sí mismo no beber nada más que té hasta el fin de sus días, se vistió lentamente. Cada movimiento le repercutía en la cabeza, como si le estuvieran clavando afilados dardos en el cerebro. ¡Dios! Necesitaba desesperadamente uno de los asquerosos brebajes que le preparaba Sigfried en las contadas ocasiones en que bebía más de la cuenta.
Cuando, por fin, se hubo vestido, James bajó las escaleras ansiando desesperadamente un café. Tras asomarse al comedor y encontrarlo desierto, se dirigió hacia la cocina, donde se encontró a Pierre limpiando pescado. Al percibir aquel fuerte olor a pescado, casi le fallan las rodillas.
- Tiene aspecto de pagueceg mal de mer, monsieur Baguettson - Dijo Pierre.
- Me encuentro incluso peor, se lo aseguro - Contestó PETER, sentándose con cuidado en una silla de respaldo rígido delante de una mesa grande de madera. Dejó caer la dolorida cabeza sobre las manos - ¿Le importaría prepararme un café?-
Pierre dejó el cuchillo y se secó las manos en el delantal.
- ¿Demasiado bgandy fgancés del capitán? - Preguntó con una sonrisa de complicidad.
James asintió y luego deseó no haberlo hecho. Y pensó que alguien debería decirle al maldito gato que dejara de pasearse por allí.
- Pierre sabe cómo ayudag a monsieur. Dentgo de poco se sentigá mejog. Ya vegá.-
PETER no contestó, se limitó a apoyar su palpitante cabeza en las manos y luego gruñó.
Al cabo de cinco minutos Pierre colocó un vaso delante de PETER. Éste levantó la cabeza y lo miró con ojos legañosos.
- ¿Qué es? - Preguntó, en el fondo sin importarle.
- Limítese a bebégselo - Le ordenó Pierre en tono imperativo.
PETER olió su contenido.
- ¡Puaj! ¿Qué demonios es esto?-
- Una gueceta secgueta. Bébaselo.-
«¿Y qué más da? Si no me cura, tal vez me mate. De todos modos, me encontraré mejor».
Cogió el vaso y engulló el brebaje. Era con diferencia la pócima más repugnante que había bebido en su vida. Se preguntó si el plan de Pierre consistiría realmente en quitarle el dolor aniquilándole.
Pierre cogió el vaso vacío y volvió a su pescado.
- Se sentigá mejog muy pgonto. Pierre es un maestgo.-
PETER se quedó completamente inmóvil sentado en la silla, con los ojos cerrados y la cabeza apoyada en las palmas. No había bebido tanto brandy desde que era un joven imberbe. Si se descuidaba, los ESPOSITO acabarían matándolo. En aquel momento se sentía morir… Pero, al cabo de unos minutos, francamente no se sentía tan mal. De hecho, se fue encontrando mejor a cada minuto que pasaba.
Al cabo de diez minutos, se sentía casi humano. Levantó la cabeza, moviendo el cuello tentativamente. El persistente dolor de cabeza se le había ido. Miró a Pierre estupefacto.
- ¿Se encuentga mejog, monsieur LANZANITIEL? - Preguntó Pierre, sin levantar la cabeza de la pila de pescado.
- Me encuentro bastante bien - Dijo PETER sorprendido. Ni siquiera el elixir de Sigfried lograba un efecto tan espectacular - ¿Qué diablos me ha dado?-
- Una gueceta familiag secgueta. Es lo mejog, ¿Vegdad?-
- Lo «mejog» - Asintió PETER.
- Me imagino que ahoga le empezagá a entgag hambgue - Predijo Pierre asintiendo con una gran seguridad.
- Me muero de hambre - Dijo PETER sorprendido.
Hacía sólo diez minutos, pensaba que no volvería a comer nunca más.
Sin decir nada, Pierre le preparó una comida ligera mientras PETER iba dando sorbos a un café bien cargado. PETER miró a su alrededor con interés, y comprobó que en aquella cocina había un inmenso horno de leña y decenas de cacerolas, sartenes y otros utensilios colgados de las paredes. De repente, se dio cuenta de que aquella habitación era cálida, acogedora y agradable. También cayó en la cuenta de que era la primera vez en su vida que ponía los pies en una cocina.
- ¡Voilà! - Dijo Pierre, colocando una bandeja delante de PETER - Coma y se encontgagá très bien paga la cena de esta noche.-
- Gracias - Dijo PETER, atacando los huevos con un entusiasmo fuera de lo común. Le supieron a gloria y devoró hasta el último bocado.
Luego se recostó en el respaldo de la silla, satisfecho y encontrándose mucho mejor de lo que hacía un rato creía posible. Saboreó otra taza de café mientras observaba cómo Pierre limpiaba un pez tras otro.
- Parece ser que Andrew y Nathan se han ido de pesca esta mañana - Comentó PETER al cabo de un rato.
- Oui. Ha ido toda la familia. Tgaído montones de pescados. Pierre muy ocupado.-
- ¿Dónde están ahora?-
Pierre se encogió de hombros.
- Cgueo que en el lago con los pegos - Arrugó exageradamente la nariz en señal de disgusto - ¡Esos pegos! ¡Quelle horreur! Lo desogdenan todo. Huelen fatal. A Pierre no gustag que entguen en la cocina.-
- Perfectamente comprensible - Murmuró PETER, estremeciéndose sólo de pensar en el estropicio que aquellas bestias podrían hacer en la cocina.
Se levantó y se acercó a Pierre, observando fascinado cómo aquel hombre menudo limpiaba el pescado. El cuchillo de Pierre se movía de un lado a otro con una gran economía de movimientos, y la pila de pescados limpios iba creciendo a la misma velocidad. Tras observarle atentamente durante varios minutos, James sintió el repentino impulso de probarlo por sí mismo.
- ¿Puedo ayudar? - Preguntó con aire despreocupado.
Pierre se detuvo y lo miró de soslayo durante un momento antes de hablar.
- ¿Ha limpiado pescado alguna vez?-
- No.-
- Le enseñagué - Le pasó a PETER un cuchillo y un pez pequeño - Pguimego le cogta la cabeza - Dijo Pierre, y se lo demostró con el pescado que tenía en la mano.
PETER lo cogió por la cola e imitó las acciones de Pierre.
- Luego cogta aquí abajo y le aganca las tguipas.-
PETER imitó a Pierre, haciendo una raja en el abdomen del pez y extrayéndole las vísceras.
- Luego, sosténgalo pog aquí y gasque con el cuchillo.-
PETER observó cómo Pierre cogía el pez por la cola y lo descamaba deslizando el borde romo del cuchillo a lo largo del cuerpo del pez.
- Luego cogta aquí y voilà. Ya está - Pierre golpeó fuertemente la cola contra el apoyo de la cocina y añadió el pez al montón de pescados limpios - Usted se encagga del guesto y mientgas tanto Pierre hace otgas cosas.-
PETER cogió el cuchillo, primero torpemente, y estuvo a punto de rebanarse un dedo de cuajo, pero al final le cogió el tranquillo a la tarea, aunque sin igualar la velocidad y la destreza de Pierre.
Al principio, PETER no entendía muy bien qué impulso se había adueñado de él para ofrecerse voluntariamente a ayudar a Pierre, aparte de una curiosidad insana por aprender una actividad completamente desconocida para él. Pero, para su sorpresa, comprobó que en el fondo le gustaba limpiar pescado. Cuando acabó y dejó el cuchillo sobre el mármol, se sentía bastante orgulloso de sí mismo.
Pierre examinó su trabajo y dijo:
- Ha hecho un buen tgabajo. Ahora le enseñagué a cocinag.