domingo, 3 de julio de 2016

CAPITULO 76

  ¿Qué sucede? —le preguntó, sonriendo.
— Tu cuñado me ha pedido que investigue una cosa por él.
—¿Qué cosa?
Peter la miró de soslayo.
—¿No lo sabes?
Lali negó con la cabeza.
—¿Rocio no te ha dicho nada acerca de... estar viéndose con otra persona?
Lali sintió un escalofrío.
—Rocio no tiene ninguna aventura.
— ¿Estás segura?
—Pues... sí —mintió ella—. ¿Por qué?
Él miró al asiento de atrás, para cerciorarse de que Alegra iba dormida, y luego miró de nuevo a Lali.
—Porque alguien le envió unas braguitas comestibles.
—¿Qué? —exclamó Lali con incredulidad Peter asintió. —Pero ¿cómo... cómo se enteró Nico? Él se encogió de hombros.
— Al parecer, Rocio creyó que se las había enviado Nico. Y se las puso para él.
—Bueno, pues entonces... —Lali hizo una pausa—. Si se las puso para él, es evidente que no tiene una aventura. Debió de enviárselas algún bromista...
—En fin, ya lo averiguaremos —contestó Peter cínicamente.
Lali frunció el ceño.
—Peter, ¿por qué quieres hacer algo que podría poner en peligro el matrimonio de Rocio?
— inquirió nerviosamente.
Él meneó la cabeza.
—Estás olvidando un detalle.
— ¿Cuál?
—Tu hermana es rubia. Si algún bromista le está enviando cosas, quiero saber quién diablos es.
Lali se quedó callada un momento.
—Muy bien. Pero, antes, déjame que hable con ella, ¿de acuerdo?
—De acuerdo. Podrás hacerlo mañana, en la inauguración de la galería de mi padre. Sabes que estará allí.
—Bien.
— Si Rocio no te dice nada, Lali, utilizaré todos los medios disponibles para averiguar cómo pudo recibir ese regalo.
Lali detuvo el coche en el camino de entrada. Peter sacó a Alegra del asiento trasero cuidadosamente y la llevó en brazos hasta la casa, mientras Lali abría la puerta e introducía el código del sistema de alarma.
Después de acostar a la niña,Lali pensó que Peter podía estar esperándola en el salón o en la cocina, pero no lo encontró allí. Titubeó un momento, antes de ir al cuarto de huéspedes y llamar a la puerta suavemente.
Lali abrió la puerta. Peter estaba ante el ordenador.
—Lo siento. Solo quería darte las buenas noches.
—Buenas noches, Lali.
En fin, no parecía estar consumiéndose de deseo por ella, precisamente. Lali regresó a su cuarto, convencida de que no podría dormir o, aún peor, de que se quedaría dormida y soñaria.  

sábado, 2 de julio de 2016

CAPITULO 75

  Lali meneó la cabeza.
—No. A no ser que... Por favor, dime que no ha habido ningún niño involucrado en alguno de esos asesinatos.
Él hizo un gesto negativo.
—No. Ningún niño.
—Peter, tengo la sensación de que puedo ayudar en este caso. Cada vez percibo más cosas.
—Y yo cada vez estoy más convencido de que corres peligro. Además, estás sufriendo. Sufres por cada pobre mujer asesinada, y eso te pasará factura al final.
—Los médicos y los policías aprenden a convivir con el dolor. Yo también puedo hacerlo.
Debo seguir colaborando en esto. ¡Es preciso!
— Maldita sea, Lali, solo si prometes hacerme caso.
— ¿Ah, sí? ¿Quién te ha nombrado jefe?
—El FBI.
—Bueno, pues no te han convertido en jefe de mi vida.
— ¿Mamá?
Ambos se giraron. Alegra estaba en la puerta del dormitorio, con el pulgar en la boca.
A Lali la embargó un sentimiento de culpabilidad.
— ¡Hola, cielo, entra! —dijo separándose de Peter, que se había sentado en la cama.
—Hola, muñeca —dijo él levantándose. Se arrodilló delante de la pequeña—. Tu mamá estaba teniendo una pesadilla.
— ¿Estabas durmiendo aquí? — le preguntó Alegra.
—Estoy en el cuarto de huéspedes, al final del pasillo.
—No, estás aquí.
—Bueno, estaba durmiendo en el cuarto de huéspedes, y tu madre tuvo una pesadilla.
Alegra miró a Lali de reojo, luego asintió con gravedad y miró de nuevo a Peter. —Tiene muchos sueños horribles.
— Gracias, cielo — murmuró Lali. Alegra seguía observando a Peter.
—¿Vas a casarte con mama?
— ¡Alegra! —exclamó Lali, atónita
—No pasa nada, mamá —respondió la niña—. En realidad, no es hermano tuyo. Eso le dijo Lindy a papá —añadió refiriéndose a la pareja actual de Darryl. Luego se giró hacia Peter—. Papá está preocupado porque dice que tú debías tener también una hijita, y no quiere que pienses que eres mi padre ni nada de eso. Aunque le dijo a Lindy que le caías muy bien.
Lali saltó de la cama y tomó en brazos a la pequeña.
—Ya sabes que no debes escuchar las conversaciones de los adultos, Alegra, ni repetir las cosas que dice papá.
Peter se incorporó, disimulando una sonrisa.
— Supongo que debería volver al cuarto de huéspedes.
Cuando se hubo retirado, Alegra miró a su madre y dijo:
—A mí no me importaría.
— ¿Qué es lo que no te importaría, cielo? —le preguntó Lali.
— Que papá se case con Lindy y tú te cases con Peter.
Lali sonrió, abrazando a su hija. Luego fue a acostarla.
Al día siguiente, mientras Peter, Lali y Alegra desayunaban en la cocina, sonó el teléfono.
—¿Puedo contestar yo, mami? —preguntó la niña. Al ver el gesto de aprobación de su madre, descolgó el auricular—. ¿Diga? —enseguida sonrió y miró a Lali—. Es tía Rocio. Quiere que vayamos esta tarde. Sabe que Peter está aquí, y dice que debería tomarse un respiro. Tío Nico tiene el día libre, así que ha tenido la idea de hacer una barbacoa junto a la piscina. ¿Podemos ir, mami? ¿Podemos? Lali titubeó.
— Puede que Peter tenga que trabajar, cariño.
— Si me necesitan, ya me llamarán — aseguró él.
— ¿Mamá? — insistió Alegra esperanzada.
— Muy bien. Dile que allí estaremos. Alegra así lo hizo, y luego colgó. Ya por la tarde, Lali se alegró de haber ido a casa de su hermana. Nico estaba de buen humor. Mientras cocinaba, hizo una auténtica exhibición para los niños, agitando en el aire el tenedor y realizando gestos exagerados mientras les daba la vuelta a las hamburguesas. Lali celebró ver que su hermana parecía feliz.., y enamorada de su esposo.
—Esta semana ha ido mejor, ¿eh? —le dijo Lali.
Rocio sonrió, mirando el plato que estaba enjuagando.
— Ha sido una semana estupenda. Nico se tomó un día libre y se ocupó de la casa. Estuvimos hablando.
—Bien. Sé que te quiere. Pero a veces debe de sentirse frustrado, ¿sabes? El trabajo de abogado es duro y consume mucho tiempo.
—Lo sé. Me siento tan culpable y asustada...
—¿Culpable? ¿Por qué? —inquirió Lali ceñuda—. Rocio, ¿no habrás...?
—¡No, no! No le he sido infiel ni nada de eso.
—Yo... bueno, digamos que pequé de pensamiento.
— ¡Rocio! ¿De veras has estado pensando en otro hombre? Su hermana la miró durante unos largos instantes.
— ¿Rocio?
—Yo...
— ¡Eh, cariño! —llamó Nico, entrando en la cocina. Dirigió a Lali una sonrisa mientras rodeaba a su esposa con los brazos—. Ya están listas las hamburguesas. Salid a comer.
Se divirtieron mucho en lo que quedaba de tarde. Después de comer, nadaron un rato en la piscina con los pequeños.
Lali intentó hablar de nuevo a solas con su hermana, pero solo tuvo ocasión de hacerlo cuando ya se iban, y muy brevemente.
— Rocio, si sucede algo, si estuviste a punto de liarte con otro hombre, por favor, dímelo.
Quizá pueda ayudarte.
—No seas tonta —protestó Rocio—. No... no ha habido ningún otro hombre.
—Está bien, no voy a acusarte de mentirosa — se apresuró a decir Lali, viendo que Peter y Nico se acercaban—. Pero si alguna vez necesitas ayuda, o simplemente hablar, llámame.
—Claro que sí, Lali.
—¿De veras?
—Sí. De veras.
Alegra ya estaba instalada en el asiento trasero del coche. Lali y Peter se despidieron, y ella se puso al volante, pues no sabía cuántas Guinness se había tomado Peter.
No obstante, mientras daba marcha atrás, lo miró de reojo y vio que estaba muy serio.  

CAPITULO 74

  —No... Por favor, no ha sido mi intención hacerte daño. Simplemente estaba atravesando un mal momento. Y Nico está furioso. Yo le mentí, pero está decidido a descubrir de dónde salieron esas bragas. Por favor, debes tener cuidado. Debemos dejar de hablar y de... —Y de besarnos? 
— Sí. Tenemos que dejar de besarnos. Por favor, no te enojes conmigo. Te aprecio mucho. 
No te enfades. 
—No me enfado —él le sonrió—. Porque volverás. 
Ella meneó la cabeza. 
—No, no volveré. 
—Un beso de despedida? —pidió él. 
— Claro. 
No fue un beso casto. Él deseaba más y ella, que estaba nerviosa, no se resistió al principio. Luego halló las fuerzas necesarias para apartarlo de sí. 
—Todavía te quiero —dijo él. 
— Seguimos como buenos amigos — murmuró Rocio. 
—Ya veremos. 
—No te enfades. 
—No estoy enfadado. En absoluto. 
Él se dio media vuelta y se alejó. Ella temblaba violentamente. Se preguntó si debía sincerarse. Decirle a Nico lo que había estado a punto de hacer. 
Oh, Dios, no, no podía. Había demasiadas personas involucradas; podía estropearlo todo. 
Rocio regresó a casa rápidamente y sacó la compra. Nico ya estaba acostado, viendo la televisión. Al verla, dio una palmadita en la cama, sonriéndole esperanzado. 
—Espera un momento. Voy a ducharme. 
Rocio se duchó, se cepilló los dientes y se enjugó con elixir bucal, diciéndose que el sabor de los labios de otro hombre no podía adherirse a los suyos. 
— ¡Oh, sí! Llevemos a LALI. ¡Que mire a la víctima de otro maldito asesinato! — Peter soltó un exabrupto. 
La luz del cuarto estaba encendida, y él se paseaba de un lado para otro, delante de la cama de Lali. Tan solo llevaba puestos unos calzoncillos negros de algodón. Estaba muy furioso. 
— Estabas en mi cuarto — le recordó ella—. Me asustaste. 
—Tú sabías que regresaría esta noche. Estabas chillando y gritando en sueños. Supuse que tendrías otra pesadilla y vine a despertarte. 
— Pues lo siento. Pero me asustaste de verdad. 
—~,Qué estabas soñando? 
—Fue... un sueño muy extraño. No lo recuerdo con claridad. Era una mezcla del pasado y el presente. Iba conduciendo por la carretera de Tamiami, hacia las cabañas de caza. Era yo, pero no era yo... Parecía la época en que éramos niños, salvo que yo era adulta, y el asesino intentaba llevarme a alguna parte. No podía huir, porque... 
—¿Por qué? 
—Había una niña en el coche. 
—¿Alegra? 
—No lo sé. Creo que no. Todo era muy extraño. Era yo, pero también era otra persona... 
— Siempre ves a través de los ojos de las víctimas. 
— Sí, pero este sueño era distinto de los anteriores —Lali exhaló una larga bocanada de aliento—. Algunas personas poseen el don de predecir hechos futuros, pero yo nunca lo he poseído. Solo veo cosas que ya han pasado. Este sueño era diferente. No era algo que hubiese 
sucedido con anterioridad. Y la del sueño era yo y no era yo... Y la niña decía «mamá» continuamente. Extraño, ¿verdad? 
— ¿No crees que nada de eso haya sucedido en el pasado?  

CAPITULO 73

Rocio fue al supermercado ya tarde. No solía ir a comprar a las diez de la noche, pero se había dado cuenta de que no le quedaba leche. Nico, que había vuelto tarde del trabajo, habría ido al supermercado por ella, Rocio estaba segura, pero parecía muy cansado. Y, de todos modos, ella necesitaba salir de casa un rato. 
Se entretuvo más de lo previsto, disfrutando de la soledad, aunque en realidad compró poca cosa. Salió del supermercado a las diez y media, con una única bolsa. Se dirigía hacia su Lexus beige, cuando, repentinamente, sintió un toque en el hombro. Se giró sorprendida, y entonces lo vio. 
Y tembló, consternada, furiosa, extrañamente asustada. 
— Rocio, permíteme que te ayude. 
—No... no, es solo una bolsa pequeña. 
—~,Qué haces fuera de casa tan tarde? 
—Comprando leche. 
—Tendría que haber venido Nico. La noche es peligrosa. 
—No, mucha gente viene a comprar los viernes por la noche. El supermercado está abierto hasta las once. 
—Aun así, es peligroso —él titubeó—. Nico no te quiere lo suficiente. Como yo. ¿Cuándo vas a comprenderlo? — se inclinó sobre ella, susurrándole con voz ronca—. Déjame lamerte por todas partes. ¡ Deja que te coma esas braguitas! 
Ella respiró hondo, furiosa. 
—¿Cómo pudiste hacerme una cosa semejante? —inquirió. 
—¿Qué? Te envíe un regalo para disfrutarlo juntos. 
Rocio meneó la cabeza. 
—Creí que era de Nico. 
Las facciones de él se endurecieron. 
—¿Por qué iba a ser de Nico? Me dijiste que era un imbécil que nunca estaba en casa. 
—Me... me equivoqué. Mira, ya sé que te he dado pie, en cierto sentido, pero... Nico es el padre mis hijos. Estamos casados y hemos tenido problemas, pero los resolveremos. Tú siempre me has hecho sentir bien cuando estaba deprimida, y te lo agradezco, pero... — Pero ¿qué, Rocio? 
—Por favor, basta de regalos. No puede haber nada entre nosotros. Salvo la cercanía que siempre hemos tenido. 
Él meneó la cabeza. 
—Te equivocas —dijo suavemente, con ternura—. Me amas. Al final, te darás cuenta. 
Que se joda Nico. 
—No lo entiendes —Rocio intentó explicarse. 
—Sí, lo entiendo. Eres una hija de puta, como casi todas las mujeres. Como tu madre. 
—Dios mío, ¿cómo has podido...? ¿Cómo te atreves a...? 
—Lo siento —dijo él escuetamente—. Está bien, quieres a tu marido. Deja que meta la bolsa en el coche por ti —le quitó la bolsa de la mano y se encaminó hacia el coche. De repente, ella temió que pensara forzarla. 
No lo hizo. Colocó la bolsa en el asiento de atrás y cerró la portezuela. 
—Oye, Rocio, lo siento. He dicho algo horrible. Aunque, sí, es cierto que me has estado 
dando pie. Y volverás a tener problemas con Nico. De nuevo buscarás lo que yo puedo darte.  

viernes, 1 de julio de 2016

CAPITULO 72

Que sepamos, no. Aunque, desde entonces, se han encontrado los cadáveres descompuestos de dos mujeres jóvenes en los pantanos de la zona. 
—Podría haber una relación —comentó Peter. 
—Estoy seguro de ello, Peter. 
—~~,Por qué? 
— Escucha esto... Todas las mujeres involucradas eran rubias. 
Inmediatamente después de colgar, Peter llamó a Marge Krell. Marge no estaba segura de hasta qué punto podría ayudar, pero lo intentaría. 
— Solamente dos de esas mujeres han hablado conmigo. Claire Engle, quien ahora niega lo sucedido. Por entonces estaba separada, pero luego volvió con su marido, tuvo un hijo y se trasladó a Iowa. Y Josie Morgan. Accederá a hablar con usted, no me cabe duda. Nos hemos hecho buenas amigas. Lo malo es que ahora está en un crucero y no regresará hasta dentro de unos días. Es una buena chica. En cuanto llegue, iremos juntas a hablar con usted. Tendré que consultarlo con mi capitán, por supuesto... 
—El FBI lo arreglará —le aseguró Peter—. ¿Le parece bien que quedemos para almorzar? —Sí, estupendo. 
—~,Adónde le gustaría ir? 
Marge optó por un restaurante italiano de Coconut Grove. Peter colgó, esperando haber encontrado por fin la pista que necesitaba. Siguió sentado a la mesa de VICO, repasando los informes una y otra vez. Finalmente, se frotó la nuca. 
—Eh. 
Peter alzó la mirada. Era VICO. 
—¿No piensas irte? Ya son las diez. 
Peter dio un respingo, consultando el reloj. Recogió rápidamente los papeles. Las diez. 
Maldición. ¿Por qué, de repente, tenía tanta miedo por Lali? 
Aquel sueño era distinto. 
Estaba en un coche. Sí, era ella en un cocho pero, al mismo tiempo, no era ella. Estaba conduciendo. 
Él estaba a su lado. Le decía a dónde debía dirigirse, pero ella ya lo sabía. Había estado allí antes. Mucho tiempo atrás, cuando era una niña pequeña. 
Se dirigieron a un lugar situado en los pantanos. Antaño, antes de que la ciudad creciera tanto, antes de que los ecologistas comprendieran que el ecosistema único de los Everglades de Florida se estaba destruyendo, había cabañas de caza en los pantanos. Los cazadores iban allí a cazar caimanes. Tanto Nicolas como Mariano tenían cabañas en los Everglades. 
—Te quiero, y tú también me quieres a mí, y esta noche vas a demostrármelo. 
Él estaba a su lado, en el asiento del pasajero. Ella no podía verlo, pero estaba aterrada. Tan aterrada que habría detenido el coche y habría corrido hacia el pantano, con la esperanza de escapar. Salvo que... 
Había alguien más en el asiento de atrás. 
— ¿Mamá? — susurraba. Una y otra vez, con voz atemorizada. 
—Vas a amarme... puta. No me harás daño, ni me arrancarás el corazón. Vas a devolver todo lo que quitaste. 
— ¿Mamá? 
Ella abrió la boca, y luego emitió un jadeo ahogado, notando algo puntiagudo en el costado Bajó la mirada. 
Un cuchillo. Enorme, con una hoja de quince centímetros. Era plateado y relucía al sol. El reflejo la cegaba cuando intentaba mirarlo a la cara. El cuchillo solo la rozaba. No 
penetraba en su carne. Aún no. Pero, mientras lo miraba... 
Parecía brotar sangre de él, y ella comprendió que era la sangre de aquellas que la habían precedido... 
Se despertó empapada en un sudor helado. 
Y se dio cuenta de que había alguien en el cuarto. Observándola. Esperando... Empezó a gritar.

CAPITULO 71

  Mientras Peter estaba en el depósito, bebiendo café rancio en la sala de espera y esperando el informe completo de la muerte de Tammy, Cande salió a hablar con él. 
—Hola, hermano mayor. 
—Hola, hermanita. 
— Sopa de marisco, camarones, patatas fritas, ensalada con vinagreta. 
Él enarcó una ceja. 
—No tengo hambre, Cande. 
— Lo último que comió Holly Tyler. Aquí tienes una copia del informe del laboratorio. Ya están investigando todos los restaurantes de zona, desde Miami a Cayo Hueso. 
— Dile a Jimmy que se centren en el área de Florida City. Ya sabemos a qué hora se hizo Holly el tatuaje. Probablemente cenaron poco despues, y parecían dirigirse al sur. 
—¿Estás seguro? 
Peter se encogió de hombros. 
—Tu hermana los «vio» dirigiéndose hacia el sur. Sí, estoy seguro. 
— Se lo diré a VICO. 
Poco pudo decir el forense de la muerte de Tammy que no se supiera ya. Se había fiado de su asesino hasta que tragó su propia sangre. 
Peter pasó parte de la tarde interrogando a las empleadas de Tammy, algunas amigas y dos ex amantes. Todos parecían tener una coartada plausible. 
A las seis, llamó a la oficina de Virginia, esperando que Ricky Haines tuviera algo que decirle, sobre el paradero de Harry Nore o algún crimen similar cometido en otro punto del país. Ricky parecía cansado y derrotado. 
—Lo único que he averiguado, y que podría tener alguna relación con el caso, es algo que sucedió en West Palm Beach hace dos años. 
— Cuenta. 
—Bueno, resulta complicado. Marge Krell, una policía del distrito, investigó un caso de violación a instancias de una amiga, quien le presentó a una conocida violada recientemente. Por lo visto, un tipo la había seducido para que se fuera con él, pero ella se arrepintió en el último momento. Ya en el hotel, se negó, y él la amenazó con un cuchillo. No llegó a usarlo, pero ató a la chica a la cama y la violó. Ella no 
denunció el hecho al principio, puesto que lo había acompañado al hotel por su propia voluntad. Supuestamente, el tipo trabajaba como profesor de tenis en un club de Palm Beach. No obstante, cuando Krell llamó al club, resultó que tal tipo no existía. Krell supo luego de otras mujeres que habían sido seducidas y después violadas, aunque casi todas se mostraron reacias a testificar, dado que se habían ido con el tipo voluntariamente. 
—~,Ninguna fue asesinada?  

CAPITULO 70

 Ella comprendió que casi se había desvanecido. Peter no hizo intento alguno de sostenerla; la sostuvo VICO. Uno de los agentes le llevó rapidamente un vaso de agua. 
Peter ni siquiera estaba ya en el salón de tatuaje, advirtió Lali. 
—¿Qué has visto? —le preguntó VICO. 
—Nada. A un hombre envuelto en sombras, Ella coqueteá con él. Lo invitó a entrar, después de decirle que estaba cerrado. 
—¿A qué vino? ¿Por qué hizo esto? 
—No lo sé. Ella no lo sabía. Simplemente apareció en la puerta, a ella le gustó, entró.., y la 
Jimmy asintió con gravedad. 
—Está bien, Lali. Sé lo duro que es todo esto para ti. Gracias. 
—No pasa nada, VICO. 
— Vamos. 
Jimmy la condujo de vuelta al coche. Peter ya estaba en el asiento del pasajero. — No ha podido ver al asesino — explicó VICO cuando Lali y él se hubieron subido el coche. 
—Pues claro que no —dijo Peter tajantemente —Nunca se sabe... 
Peter se giró para mirar a Lali. 
— Viste morir a la víctima. 
—Sí. Pero... 
— Y ahora las imágenes de esa pobre mujer atormentarán, como todas las imágenes que visto hasta ahora. Perderás la cordura poco a poco. 
—Estoy bien, Peter. 
—Es una locura, Lali. No te pueden utilizar así. —Peter, si consigo poner fin a los asesinatos 
— ¡No has puesto fin a los asesinatos! ¡Solo te has puesto en peligro a ti misma! ¿De qué a servido? 
Ella respiró hondo. 
— Sé que Tammy no conocía a su asesino, no sabía qué buscaba. Y sé que... que se sintió atraída por él, y que él fue capaz de matarla muy rápidamente. 
—No conseguirás ver al asesino, Lali —dijo Peter bruscamente. 
—¿Por qué no? —inquirió ella. 
—Eso, ¿por qué no? —quiso saber VICO. 
— ¡No te metas en esto, VICO! 
— ¡ Pues dímelo a mí, Peter! — exigió Lali furiosa. 
—El asesino no quiere que lo veas. 
— ¿Y cómo puede impedir que Lali vea? —preguntó VICO—. ¿Cómo puede conocer siquiera su existencia? 
—Muy fácil. Lali es una figura pública Han aparecido artículos en los periódicos blando de su don. Puede, incluso, que el asesino sea alguien cercano a ella. Existe un bloque en la mente de Lali, por alguna razón. 
— Pero ¿creerá ese tipo realmente que puede crear tal bloqueo? 
— Quizá. Tal vez piense que Lali solo puede ver a las víctimas de un crimen violento. Quizá crea que ella no lo mirará, sencillamente. Si no miras algo, no lo ves. Aunque... 
—¿Qué? 
—Es posible que empiece a ponerse nervioso y decida que debe eliminarla. Como a esa pobre mujer. ¡Lali puede acabar con un tajo en la garganta! Peter estaba furioso. 
Y tenía razón. 
Los tres continuaron el trayecto en silencio.