Que chiste de mal gusto...
Cinco semanas después (Un mes y una semana)
28 de septiembre del 2010....
El otoño ya se hacía sentir en Nueva York...
¿Por qué demonios se sentía tan mal? Odiaba estar así, y todavía estaba intentando encontrar el motivo. Hacía exactamente una semana que no dejaba de tener nauseas, vomitar, dormir como osa, llorar como loca. Era horrible. Un asco. Una mierda.
Su humor cambiaba cada dos minutos. Y cada día tenía más hambre. En ese momento su estomago gruñó. Ella se miró el vientre indignada.
—Debes estar bromeando —le dijo a su panza —¡Comí como una chancha hace menos de una hora!
Se puso de pie y un mareo la invadió. Se agarró de su escritorio y cerró los ojos para retomar el equilibrio. Respiró profundamente, para seguir con calma. Sí, tenía que mantener la calma.
En unos días ella sabría el motivo de su maldito mal estar. Por suerte ayer por la tarde se había tomado unas horas en la oficina y había ido a visitar a su médica de cabecera. Habían tenido una larga y fluida conversación. Habían hablado de cosas triviales, de cosas serias y de los cambios que LALI quería para su vida.
-Necesito un cambio en mi vida, Clara. Algo, lo que sea. Pero lo necesito lo más pronto posible...
Le había dicho a su doctora. Clara Molina era un poco más que su médica. Era como una amiga que la atendía por chequeo o cuando se sentía mal.
Desde que LALI había vuelto al trabajo todo eran problemas y más problemas. Estaba realmente estresada. Su abuelo había dejado caer todas las responsabilidades de la empresa en ella. Casi era tomada como la presidenta del lugar y todo pasaba por sus manos. LALI esto, LALI aquello… ¡LALI no encontramos los datos de ayer! LALI la contraseña del correo. LALI, LALI,LALI...
Verdaderamente iba a perder el juicio si seguía así. Odiaba la empresa, odiaba la responsabilidad de tener que manejarla. Odiaba ser una LALI. Simplemente odiaba su vida. Desde que el infeliz de Jesse la había dejado todo iba de mal en peor.
La puerta de su oficina sonó. Soltó un suspiro.
—Adelante —dijo.
La puerta se abrió y su mejor amiga entró. LALI le dedicó una pequeña sonrisa. Por suerte contaba con la ayuda de su hermana del alma.
—LALI, tu abuelo quiere verte —le informó.
—¿Ahora? —inquirió ella. EUGE asintió —¿Sabes que es lo que quiere?
—No realmente. Solo me dijo: EUGE, tráeme a LALI —dijo tratando de imitar la rasposa y grave voz de ALEJO ESPOSITO.
LALI se sentó pesadamente en su mullida silla giratoria, ya que se sintió repentinamente agotada.
—Estoy tan cansada —murmuró y sus ojos se llenaron de lágrimas.
Otra vez su lado sensible salía a flote. Pero no quería ir a ver a su abuelo. No quería recibir otro sermón, otro discurso sin sentido y regaños por haber ‘perdido’ a BENJAMI . No quería escuchar sus quejas, ni que le dijera que todo en la empresa estaba mal y que ella era un desastre. Simplemente no lo quería.
EUGE se acercó a ella y se inclinó a su lado. Tomó su mano y la apretó suavemente.
—¿Qué pasa, amiga? —le preguntó preocupada —Hace días que estás tan… rara.
LALI se sorbió la nariz y la miró. Ni ella sabía lo que le estaba pasando.
—No lo sé, EUGE —aseguró.
La primera lágrima resbaló por su mejilla. Se apresuró a secarla, pues no quería llorar.
—¿Necesitas que hablemos de algo? —le preguntó.
—Cuenta —le pidió mientras se sentaba mejor —¿Cómo van las cosas con NICO?
Hablar un poco de los amores de su amiga la ayudaría a despejarse. Aunque hablar de cualquier cosa la ayudaría en ese momento.
—¿Recuerdas que ayer te dije que se rompió un caño de mi departamento? —preguntó.
—Sí —asintió la morena —Y te dije que podías quedarte en casa conmigo hasta que todo se solucione.
—Sí, lo sé. Pero… NICO quiere que me mude con él hasta que lo arreglen —exclamó contenta.
_____ abrió los ojos sorprendida. ¿Mudarse con él? ¿No era muy rápido?
—Pero, EUGE… ¿estás segura? —inquirió.
—LALI… lo amo —le contó —Y es tan extraño de explicar porque todo está yendo tan rápido. Llevamos saliendo un mes, y unos cuantos días. Pero siento que lo conozco de toda la vida.
ALI sonrió. Se alegraba tanto por ella. Ya era hora de que su amiga encontrara el amor. Un celular comenzó a sonar. ¡Y era el suyo! Algo apresurada lo tomó y atendió.
—LALI ESPOSITO—dijo al atender.
—LALI, soy Clara —le informó.
La morena se enderezó aun más en la silla. EUGE la miró curiosa.
—Buenas tardes, doctora —dijo sorprendida —¿Cómo estás, Clara? —le preguntó.
—Yo muy bien, LALI… Te llamé porque necesito que vengas a verme lo antes posible.
—¿Ya están mis análisis? —dijo sorprendida. No pensó que estarían listos tan pronto.
—Sí, ya están listos —le dijo —¿Puedes venir a verme hoy?
—¿Estoy enferma? —se apresuró a preguntar —¿Me estoy muriendo?
Escuchó la suave risa de la doctora. Y se sintió aun más nerviosa que antes.
—Los cambios que querías están por llegar. Te espero a las 17 hs.
Colgó, dejándola completamente desconcertada. Miró su celular y luego miró a su mejor amiga.
—¿Qué te dijo? —le preguntó la rubia.
—Quiere que vaya a verla hoy a las cinco.
—¿Quieres que te acompañe?
—No, EUGE —le sonrió —Quiero que vayas tranquila a organizar todo lo de tu ‘mudanza’ con el chico lindo —dijo pícara.
Brittany sonrió y se puso de pie.
—Bien, pero ahora vamos que tu abuelo debe estar esperándote.
La morena puso los ojos en blanco y se volvió a parar. Salieron de su oficina para dirigirse a la del ‘gran’ ALEJO ESPOSITO. Brittany se despidió de su amiga en la puerta y la dejó con los nervios a flor de piel. Soltó un suspiro y tocó con dos suaves golpes.
—Adelante —dijo aquella grave y vieja voz que ella había llegado a odiar más de lo que se podían imaginar. Ingresó y lo miró.
—¿Me mandaste a llamar? —le preguntó. Él ni siquiera la miró.
—Sí, pasa —le dijo. Ella entró del todo y se sentó. Aquel característico olor de su abuelo le entró por la nariz. Una extraña mezcla de habano y licor importado. Cuando era niña amaba ese olor y de grande le había parecido agradable. Pero en las últimas semanas la sola mención del habano de su abuelo la hacía querer vomitar. En ese momento se le revolvió el estomago.
—Bien, ¿Qué se te ofrece? —logró preguntar después de controlar las repentinas nauseas. Definitivamente iría a ver la doctora Molina después de que terminara aquella reunión.
—Me estoy muriendo —dijo él —Me diagnosticaron cáncer de pulmón.
Ella lo solo lo miró fijo. Repitió aquellas palabras mentalmente una y otra vez. ¿Era normal que no sintiera absolutamente nada? Pero como decía su querido primo AGUSTIN: cosechas lo que siembras. Y su abuelo no había cosechado precisamente amor en ella.
—Yo… lo siento mucho —se atrevió a decir. No se le ocurría nada más. Anthony la miró al fin.
—No te preocupes, por suerte viví todo lo que tenía que vivir —ella sintió.
—Robert, ¿ya lo sabe? —preguntó. Así ella llamaba a su padre, por su nombre.
—Tu padre parece estar muy contento con la noticia.
—No lo creo —trató de sonar segura —A pesar de todo sé que esto le debe haber afectado.
Aquello sí que era una gran mentira.
Si de algo ella estaba segura era de que Robert ESPOSITO deseaba ver muerto y enterrado a su propio padre, con tal de que ella heredera de una buena vez todo. Él creía que cuando eso pasara no tendría que volver a trabajar en su vida y viviría panza arriba.
LALI sonrió sin darse cuenta. Si su padre supiera que no vería ni un solo centavo de toda la herencia, en ese momento le daría un infarto.
—Pero… hay algo que debes saber —le dijo él, sacándola de sus pensamientos. Ella lo miró curiosa —Se trata de un pequeño cambio que hice en mi testamento…
—¿Cambio? —inquirió.
Él asintió y sacó de uno de sus cajones un habano. El estomago de la morena se encogió. Anthony se llevó el puro a la boca y cortó la punta. LALI sabia que si él prendía aquello ella iba a vomitar.
—Para poder tomar posesión de tu herencia —ella vio como sacaba el encendedor y lo prendía. El corazón le latió con fuerza —Tienes que casarte… —lo miró sin poder creerlo —No podrás tocar ni un solo centavo hasta que no seas la señora de algún infeliz…
Prendió el habano y largó el humo.
—Debes estar bromeando —murmuró ella. Él negó con la cabeza
El humo le llegó rápidamente a la nariz. Lo próximo que hizo fue levantarse y salir corriendo. Llegó al baño y se inclinó sobre el lavado, dejó que aquel líquido transparente y amargo saliera de ella mientras las palabras de su abuelo resonaban en su cabeza
martes, 29 de diciembre de 2015
CAPITULO 9
Borrón y cuenta nueva.
Ella lo divisó arreglando uno de los autos. Él siempre estaba haciendo aquello.
¿Por qué era tan complicado el amor? ¿Por qué cambiaban las cosas? ¿Por qué simplemente no lo dejaba y listo? Él no le convenía, claro que no. ...
Pero allí estaba buscándolo de nuevo. Y no tendría que ser así, claro que no. No era ella la que tendría que tratar de arreglar todo. Era él.
Pero como siempre se encontraba buscándolo, humillándose a si misma. ¿Así de enfermo era el amor que la hacía rebajarse a olvidar todo y listo?
Respiró profundamente e ingresó del todo al taller. PETER levantó la mirada y al instante se incorporó. ¿Qué hacía ella ahí? Aun no la esperaba.
Ella notó el nerviosismo que lo invadió. ¿Acaso era porque estaba contento de verla o porque no la esperaba? Miró a su alrededor, por suerte estaban solos, por suerte no estaba el imbécil de NICO. Volvió la mirada a PETER.
—Hola, ¿no? —le dijo.
PETER abrió la boca para decirle algo, pero nada le salió. Estaba realmente nervioso, y no se sentía listo para hacerle frente.
—MERY, ¿Cómo estás? —dijo y volvió la vista al motor del auto que estaba arreglando.
MEY bajó la mirada sintiendo decepcionada. Pero sabía que aquello iba a comenzar así. PETER no era alguien muy expresivo. Sabía que era ella la que tenía que pedirle que le dijera todo lo que pensaba.
—¿Es lo único que vas a decirme, MERY? —le preguntó.
Él suspiró y dejó de arreglar el motor. No podía simplemente hacer como si nada pasara. Era un completo imbécil si creía aquello. Apretó los labios y la miró.
—No quiero perderte, MERY —le dijo —Pero no sé si quiero volver a lo mismo de siempre. Estoy cansado de eso.
Ella apoyó su bolso sobre una de las mesas y se acercó un poco más a él. Se pararon frente a frente. Ella lo observó atentamente. Tenía la cara sudaba, olor a metal y el cuello y mejillas llenos de grasa de auto. Levantó la mano para limpiar la mancha que se encontraba en su cuello. Era la más grande y por ende la que menos le gustaba. Pero entonces PETER la detuvo. Ella lo miró extrañada.
—Solo quiero limpiarte esa mancha del cuello —le dijo.
PETER acomodó la garganta y se rascó la nuca. Si ella supiera que esa mancha estaba allí a propósito, para tapar una linda marca que había adquirido la noche anterior.
—No te preocupes, luego me la lavo —dijo y tomó su mano para depositar un pequeño beso en el dorso. Ella le sonrió levemente.
—Te extraño, MERY —murmuró. Él suspiró y le tocó el rostro. Pero dejó de hacerlo para limpiarse la grasa que tenía allí —Odio que estemos así.
—¿Admites que tenemos un problema? —quiso saber él.
—Sí, lo tenemos —asintió.
—Bien, aquello es un gran paso, bebe —aseguró y le entregó una galante sonrisa.
MERY lo siguió mirando detenidamente. A pesar de que él no era un empresario o tenía estudios universitarios, a pesar de que solo era un simple mecánico… lo amaba. No se sentía orgullosa de él, no toleraba a su familia. Los LANZANI eran una patada en el hígado, y según su madre jamás podría encajar en esa familia de locos. Pero aun así amaba a ese hombre.
—¿Crees que si lo intentamos una vez más podremos lograrlo? —le preguntó ella.
PETER le iba a contestar pero se detuvo. ¿Él estaba listo para volver a intentarlo? ¿Era correcto hacer borrón y cuenta nueva? Todo el mundo le decía que MERY no era la mujer para él. Que ella en realidad no lo amaba bien.
Haber estado libre durante dos meses completo le había hecho volver a adorar su soltería. Y el episodio vivido con la morena aun más. ¿Debía contarle aquello antes de empezar de nuevo?
Sacudió la cabeza y se enfocó en mirarla. Tenía que replantearse el por qué debían intentarlo otra vez. MERY había sido primero su mejor amiga y luego su novia. Lo conocía más que nadie. En cierto modo lo amaba, de eso estaba seguro. Y para agregar era el único sentimiento que él podía asociar al amor, por ahora. Aun no había conocido algo distinto a lo que tenía con la castaña. Así que sí, seguramente eso era amor. Verdaderamente no quería perder aquello.
Se acercó a ella y la abrazó. MERY se quejó ya que él estaba todo sudado y lleno de grasa. MERY rió levemente.
—Si vamos a volver a intentarlo tendrás que acostumbrarte a que tu novio casi siempre va a estar lleno de grasa para auto —le dijo sin soltarla.
—Sí, al parecer sí —asintió ella.
MERY se alejó un poco para mirarla divertido. Luego se inclinó y la besó cortamente en los labios.
—Sabes que a pesar de todo no puedes vivir sin mí.
Ella le sonrió y lo abrazó rodeando su cintura.
—Te amo, MERY —le dijo.
El moreno la miró con ternura. Y de repente lo invadió la culpa. En su consciencia estaba la maldita lucha de decirle o no decirle. No podía decidirse. Sacudió la cabeza. Si le decía iba a arruinar todo, y de verdad no quería arruinarlo. Mejor era guardárselo.
—Yo también, bebe.
MERY alzó la cabeza y lo besó. Le rodeó el cuello con los brazos y sonrió sobre sus labios. Había hecho muy bien en ir a buscarlo. Claro que sí.
PETER jamás iba a llegar a ser lo que ella siempre había soñado. Pero era capaz de dar su vida por aquellos ojos azules.
NICO entró al taller y se detuvo al verlos allí, besándose. Negó levemente con la cabeza. Su mejor amigo sí que era un idiota. ¿De cuantas maneras iba a tener que decírselo para que lo entendiera de una vez?
MERY no era la mujer para él, no era lo que PETER necesitaba. Ella ni siquiera estaba orgullosa de todo lo que el moreno había logrado. Ni siquiera quería a su familia. Y si pudiera sacaría a PETER de allí y se lo llevaría lejos en donde no tuviera contacto con nadie además de ella.
MARIA DEL CERRO era una mujer bastante fría con respecto a los sentimientos que otras personas albergaban por PETER. No quería compartir, nada. ¡Y él aun no lo entendía!
Ingresó del todo al taller, hizo un exagerado sonido con la garganta y los ‘tortolitos’ se separaron. MERY lo miró coléricamente y soltó completamente a PETER.
—Hola, MERY —la saludó lo más cínico posible —No te esperábamos.
—Claro que tú no me esperabas, NIQUITO —ella fue igual de sarcástica —¿Cómo estás? ¿No te piso ningún auto todavía?
—MARIA… —murmuró PETER.
—Déjala hermano —le aseguró él —Perro que ladra no muerde. Deja que saque las garras. A ver si de una vez ves que no es lo que necesitas…
—¡Claro que yo soy lo que necesita! —chilló ella.
—No estoy hablando contigo, malvada bruja —le dijo —Estoy hablando con el apuesto príncipe encantado…
—¡PETER! ¿Cómo puedes permitir que me trate así?
El moreno puso los ojos en blanco y resopló. Volvió la atención al motor del auto que tenía que terminar de arreglar.
—¿Cuándo va a ser el día que dejen de pelear como dos niños? —les preguntó sin dejar de arreglar.
—¡Nunca! —contestaron los dos al unísono.
PETER volvió la vista a su trabajo mientras aquellos dos volvían a la maldita guerra sin sentido.
Entonces en su mente se vislumbró la imagen de un par de profundos y cautivadores ojos marrones, que lo miraban con deseo, con pasión. Su cuerpo volvió a sufrir ese maldito erizamiento como la primera vez que la vio.
Cerró los ojos y respiró profundamente. La sensación de que su perfume le entraba por la nariz fue muy real.
Estuvo a punto de gruñir allí mismo al recordar sus palabras.
¿Qué diablos pasaba con él? Debía olvidarse de lo que había pasado con aquella secretaria sexy como el infierno. Debía olvidarse de ella, de su cuerpo, de su voz, de su mirada, de su sonrisa, de su perfume… completamente de todo.
—PITT , mi amor —lo llamó ella sacándolo de sus malos pensamientos. Abrió los ojos para mirarla —Me voy… no soporto a tu idiota amigo.
—Lo mismo digo, malvada bruja.
—Eres tan imbécil, NICO, tan imbécil —le aseguró. Se acercó a PETER y lo besó cortamente en los labios —Te llamo en la noche para que salgamos, ¿si?
—Claro —asintió él. Vio como ella desaparecía de allí. Se giró a ver a NICO —Podrías ser un poco más… maduro.
—Sí, el día que le des una patada en el trasero a esa insoportable…
Ella lo divisó arreglando uno de los autos. Él siempre estaba haciendo aquello.
¿Por qué era tan complicado el amor? ¿Por qué cambiaban las cosas? ¿Por qué simplemente no lo dejaba y listo? Él no le convenía, claro que no. ...
Pero allí estaba buscándolo de nuevo. Y no tendría que ser así, claro que no. No era ella la que tendría que tratar de arreglar todo. Era él.
Pero como siempre se encontraba buscándolo, humillándose a si misma. ¿Así de enfermo era el amor que la hacía rebajarse a olvidar todo y listo?
Respiró profundamente e ingresó del todo al taller. PETER levantó la mirada y al instante se incorporó. ¿Qué hacía ella ahí? Aun no la esperaba.
Ella notó el nerviosismo que lo invadió. ¿Acaso era porque estaba contento de verla o porque no la esperaba? Miró a su alrededor, por suerte estaban solos, por suerte no estaba el imbécil de NICO. Volvió la mirada a PETER.
—Hola, ¿no? —le dijo.
PETER abrió la boca para decirle algo, pero nada le salió. Estaba realmente nervioso, y no se sentía listo para hacerle frente.
—MERY, ¿Cómo estás? —dijo y volvió la vista al motor del auto que estaba arreglando.
MEY bajó la mirada sintiendo decepcionada. Pero sabía que aquello iba a comenzar así. PETER no era alguien muy expresivo. Sabía que era ella la que tenía que pedirle que le dijera todo lo que pensaba.
—¿Es lo único que vas a decirme, MERY? —le preguntó.
Él suspiró y dejó de arreglar el motor. No podía simplemente hacer como si nada pasara. Era un completo imbécil si creía aquello. Apretó los labios y la miró.
—No quiero perderte, MERY —le dijo —Pero no sé si quiero volver a lo mismo de siempre. Estoy cansado de eso.
Ella apoyó su bolso sobre una de las mesas y se acercó un poco más a él. Se pararon frente a frente. Ella lo observó atentamente. Tenía la cara sudaba, olor a metal y el cuello y mejillas llenos de grasa de auto. Levantó la mano para limpiar la mancha que se encontraba en su cuello. Era la más grande y por ende la que menos le gustaba. Pero entonces PETER la detuvo. Ella lo miró extrañada.
—Solo quiero limpiarte esa mancha del cuello —le dijo.
PETER acomodó la garganta y se rascó la nuca. Si ella supiera que esa mancha estaba allí a propósito, para tapar una linda marca que había adquirido la noche anterior.
—No te preocupes, luego me la lavo —dijo y tomó su mano para depositar un pequeño beso en el dorso. Ella le sonrió levemente.
—Te extraño, MERY —murmuró. Él suspiró y le tocó el rostro. Pero dejó de hacerlo para limpiarse la grasa que tenía allí —Odio que estemos así.
—¿Admites que tenemos un problema? —quiso saber él.
—Sí, lo tenemos —asintió.
—Bien, aquello es un gran paso, bebe —aseguró y le entregó una galante sonrisa.
MERY lo siguió mirando detenidamente. A pesar de que él no era un empresario o tenía estudios universitarios, a pesar de que solo era un simple mecánico… lo amaba. No se sentía orgullosa de él, no toleraba a su familia. Los LANZANI eran una patada en el hígado, y según su madre jamás podría encajar en esa familia de locos. Pero aun así amaba a ese hombre.
—¿Crees que si lo intentamos una vez más podremos lograrlo? —le preguntó ella.
PETER le iba a contestar pero se detuvo. ¿Él estaba listo para volver a intentarlo? ¿Era correcto hacer borrón y cuenta nueva? Todo el mundo le decía que MERY no era la mujer para él. Que ella en realidad no lo amaba bien.
Haber estado libre durante dos meses completo le había hecho volver a adorar su soltería. Y el episodio vivido con la morena aun más. ¿Debía contarle aquello antes de empezar de nuevo?
Sacudió la cabeza y se enfocó en mirarla. Tenía que replantearse el por qué debían intentarlo otra vez. MERY había sido primero su mejor amiga y luego su novia. Lo conocía más que nadie. En cierto modo lo amaba, de eso estaba seguro. Y para agregar era el único sentimiento que él podía asociar al amor, por ahora. Aun no había conocido algo distinto a lo que tenía con la castaña. Así que sí, seguramente eso era amor. Verdaderamente no quería perder aquello.
Se acercó a ella y la abrazó. MERY se quejó ya que él estaba todo sudado y lleno de grasa. MERY rió levemente.
—Si vamos a volver a intentarlo tendrás que acostumbrarte a que tu novio casi siempre va a estar lleno de grasa para auto —le dijo sin soltarla.
—Sí, al parecer sí —asintió ella.
MERY se alejó un poco para mirarla divertido. Luego se inclinó y la besó cortamente en los labios.
—Sabes que a pesar de todo no puedes vivir sin mí.
Ella le sonrió y lo abrazó rodeando su cintura.
—Te amo, MERY —le dijo.
El moreno la miró con ternura. Y de repente lo invadió la culpa. En su consciencia estaba la maldita lucha de decirle o no decirle. No podía decidirse. Sacudió la cabeza. Si le decía iba a arruinar todo, y de verdad no quería arruinarlo. Mejor era guardárselo.
—Yo también, bebe.
MERY alzó la cabeza y lo besó. Le rodeó el cuello con los brazos y sonrió sobre sus labios. Había hecho muy bien en ir a buscarlo. Claro que sí.
PETER jamás iba a llegar a ser lo que ella siempre había soñado. Pero era capaz de dar su vida por aquellos ojos azules.
NICO entró al taller y se detuvo al verlos allí, besándose. Negó levemente con la cabeza. Su mejor amigo sí que era un idiota. ¿De cuantas maneras iba a tener que decírselo para que lo entendiera de una vez?
MERY no era la mujer para él, no era lo que PETER necesitaba. Ella ni siquiera estaba orgullosa de todo lo que el moreno había logrado. Ni siquiera quería a su familia. Y si pudiera sacaría a PETER de allí y se lo llevaría lejos en donde no tuviera contacto con nadie además de ella.
MARIA DEL CERRO era una mujer bastante fría con respecto a los sentimientos que otras personas albergaban por PETER. No quería compartir, nada. ¡Y él aun no lo entendía!
Ingresó del todo al taller, hizo un exagerado sonido con la garganta y los ‘tortolitos’ se separaron. MERY lo miró coléricamente y soltó completamente a PETER.
—Hola, MERY —la saludó lo más cínico posible —No te esperábamos.
—Claro que tú no me esperabas, NIQUITO —ella fue igual de sarcástica —¿Cómo estás? ¿No te piso ningún auto todavía?
—MARIA… —murmuró PETER.
—Déjala hermano —le aseguró él —Perro que ladra no muerde. Deja que saque las garras. A ver si de una vez ves que no es lo que necesitas…
—¡Claro que yo soy lo que necesita! —chilló ella.
—No estoy hablando contigo, malvada bruja —le dijo —Estoy hablando con el apuesto príncipe encantado…
—¡PETER! ¿Cómo puedes permitir que me trate así?
El moreno puso los ojos en blanco y resopló. Volvió la atención al motor del auto que tenía que terminar de arreglar.
—¿Cuándo va a ser el día que dejen de pelear como dos niños? —les preguntó sin dejar de arreglar.
—¡Nunca! —contestaron los dos al unísono.
PETER volvió la vista a su trabajo mientras aquellos dos volvían a la maldita guerra sin sentido.
Entonces en su mente se vislumbró la imagen de un par de profundos y cautivadores ojos marrones, que lo miraban con deseo, con pasión. Su cuerpo volvió a sufrir ese maldito erizamiento como la primera vez que la vio.
Cerró los ojos y respiró profundamente. La sensación de que su perfume le entraba por la nariz fue muy real.
Estuvo a punto de gruñir allí mismo al recordar sus palabras.
¿Qué diablos pasaba con él? Debía olvidarse de lo que había pasado con aquella secretaria sexy como el infierno. Debía olvidarse de ella, de su cuerpo, de su voz, de su mirada, de su sonrisa, de su perfume… completamente de todo.
—PITT , mi amor —lo llamó ella sacándolo de sus malos pensamientos. Abrió los ojos para mirarla —Me voy… no soporto a tu idiota amigo.
—Lo mismo digo, malvada bruja.
—Eres tan imbécil, NICO, tan imbécil —le aseguró. Se acercó a PETER y lo besó cortamente en los labios —Te llamo en la noche para que salgamos, ¿si?
—Claro —asintió él. Vio como ella desaparecía de allí. Se giró a ver a NICO —Podrías ser un poco más… maduro.
—Sí, el día que le des una patada en el trasero a esa insoportable…
CAPITULO 8
Llámame pecadora.
<<En cualquier momento me voy a hundir tan profundamente en ti que jamás vas a olvidar que estuve aquí>>
...
LALI ESPOSITO se estremeció ante el recuerdo de aquellas roncas palabras susurradas sobre su boca. Todavía no podía comprender como había dejado que aquello pasara. Simplemente se sentía una sucia. Se había acostado con un completo extraño. Con alguien del que apenas sabía el nombre.
Pero todo se le había ido de las manos. El alcohol le había jugado en contra. El alcohol y aquella profunda mirada oscura pero provocativa. Jamás un hombre la había mirado, acariciado, besado y hecho todas las cosas que él le hizo en una sola noche. Ese hombre debería estar prohibido en 47 paises y 7 estados. Era pecado, era deseo y ella no quería volver a verlo jamás en su vida.
Un nudo se formó en la boca de su estomago. No quería volver a verlo pero había sido algo injusta al echarlo así de su departamento. Él no le había dicho nada más que la verdad. Ella fue fácil, él fue fácil. Y lo fácil siempre dura poco.
Pero, ¿fácil? ¿Por qué se había entregado a él como si nada más importara? Ella acababa de salir de un doloroso desamor. Todavía pensaba en BENJAMI. Pero eso no le había impedido acostarse con PETER LANZANI.
¿Era tan fuerte la lujuria a veces que te hacía olvidar absolutamente todo lo correcto y moral que aprendiste en la vida? Al parecer si lo era. Y era una mierda.
Salió del baño envuelta en una toalla blanca, el pelo húmedo pegado a un costado sobre su hombro derecho. Se detuvo al observar la cama deshecha. Y sí, de otra manera no podía haber quedado. Sintió la sangre precipitarse a sus mejillas. Verdaderamente él había hecho todo con ella. Arriba, abajo, de costado, parado, sentado, etc. Se había vuelto vulnerable ante él, ante el deseo.
No puedo negar que lo disfruté, maldita sea.
No, ella no podía negarlo. Y ella no podía echarle toda la culpa al sexy mecánico. Se sentía estúpida por haberlo echado. Pero, en ese momento, estaba demasiado enojada como para pensar claramente. Ni siquiera tenía un número para llamarlo y disculparse.
—Estúpida, estúpida, estúpida. Eso eres, LALI, una estúpida —dijo entre dientes mientras se dirigía hacia su guardarropa. Abrió las puertas e ingresó.
Buscó un poco de ropa interior y se la puso antes de mirarse en el espejo. Sus ojos se abrieron bien al ver las marcas en su cuerpo. Se veía como una prostituta complemente saciada.
Una parte de ella se sintió aliviada al saber que no volvería a tomar contacto con él. La otra estaba deprimida. Él no parecía un mal hombre. Y por lo que recordaba era trabajador, dueño de su propia ‘empresa’. Cosa que ella no.
Sacudió la cabeza y buscó una remera ancha para dormir. No pensaba salir de su casa el día de hoy. Y tampoco mañana. Iba a quedarse tirada, llorando, comiendo kilos y kilos de helado mientras veía alguna película en donde el protagonista principal besara a su querida amada bajo la lluvia.
Terminó de vestirse y se dirigió a su cama. Antes de tirarse en ella decidió cambiar las sábanas. El olor del crimen estaba impregnado allí. Y ella ya no quería recordarlo. Cambió y arregló todo para luego tirarse en ella. Entonces por alguna extraña razón comenzó a llorar. Tomó una de las almohadas y la abrazó con fuerza. Se maldijo internamente ya que había olvidado cambiar las almohadas y esta tenía un agradable aroma a hombre.
No soltó la almohada sino que la abrazó más fuerte.
Estaba abatida, cansada, principalmente deprimida. Había dejado que un hombre la viera como lo que no era. No podía haber nada más humillante que eso (además de que tu novio te deje por teléfono y por una rubia pechugona)
Siguió llorando en silencio hasta que escuchó como la puerta de su casa se abría y un par de tacos sonaban con fuerza contra el suelo. Se sentó y se secó las lágrimas. Esa era EUGE y no quería que su amiga la viera de aquella manera.
Dos segundos más tarde la puerta de su cuarto se abrió y una algo enojada EUGE entró. Miró fijo a LALI que se encontraba sentada en la cama, con una almohada pegada a su estomago. La rubia frunció el ceño. Había algo raro en LALI.
—La próxima vez que se te ocurra colgarme piénsalo dos veces, LALI —le dijo.
La morena asintió débilmente.
—Lo siento —se disculpó en un susurró.
La expresión del rostro de EUGE cambió. Ahora tenía una mueca de preocupación y confusión. Sin dudarlo se acercó un poco a la cama y se sentó en el borde.
—¿Por qué estuviste llorando? —le preguntó sin vacilar. LALI tragó saliva. No era buena ocultándole cosas a su mejor amiga. Y si no se lo decía a alguien iba a explotar.
—Hice algo malo —le dijo. Britt frunció el ceño. ¿Había hecho algo malo? ¿Qué cosa podría ser tan mala como para estar así? Entonces abrió bien los ojos.
—Oh, dime que me hiciste caso y contrataste a alguien para castrar al mal nacido de BENJAMI y haré una fiesta ahora mismo.
LALI rió por lo bajo. EUGE aun tenía en la cabeza aquella descabellada idea. Aunque a decir verdad no era tan mala. Sacudió la cabeza y se concentró. Volvió la mirada a la rubia.
—No, no fue eso —dijo.
EUGE se puso de pie y comenzó a caminar de un lado para el otro. La morena solo podía observarla. Entonces la rubia se giró a verla mientras la apuntaba con un dedo.
—¡Te fuiste con alguien anoche! —casi gritó.
Los ojos de LALI se abrieron bien. EUGE era muy buena deduciendo cosas, solo cuando quería.
—Bueno, yo…
Su amiga se acercó y le miró al cuello. Rápidamente se llevó la mano a la boca y dio unos cuantos pasos hacia atrás.
—Estás chuponeada —murmuró.
LALI bajó la mirada apenada. Ahora EUGE también la vería como algo que ella no era. Eso era realmente humillante.
—Te juro que yo no quise…
Entonces la rubia comenzó a gritar y a saltar como una loca. LALI la miró realmente confundida. ¿No se suponía que le daría el sermón de su vida y esas cosas?
Cuando al fin la rubia terminó de ‘festejar’ volvió a sentarse en la cama con la mirada brillosa de emoción. Parecía contenta. Cosa que confundió aun más a LALI.
—Por dios, LALI —rió divertida EUGE —Tienes cara de: Oh sí, tuve muchos orgasmos.
La mandíbula de LALI casi toca el colchón antes de soltar una nerviosa carcajada. EUGE se unió en su risa.
LALI se tapó la cara con una almohada para ocultar el rojo de sus mejillas. Su amiga tenía razón. Oh sí, había tenido muchos orgasmos.
EUGE le quitó la almohada y comenzó a llenarla de preguntas. LALI contestaba a todo con si o no. No estaba dispuesta a dar muchos detalles. No quería seguir recordando, pero con cada pregunta que su amiga le hacía, más presente tenía todo.
—Ya, EUGE —dijo cuando su amiga comenzaba a hurgar en detalles más… íntimos.
—Es qué necesito saber, LALI.
—No, no necesitas saber más nada.
La rubia se cruzó de brazos y resopló. Odiaba que LALI_a veces fuera tan reservada y no le contara cada detalle, hasta el más mínimo toque o lo que sea que haya vivido con aquel sexy hombre.
—¡Casi lo olvido! —exclamó de repente EUGE. LALI se sobresaltó un poco ante el grito de ella y se cayó de la cama.
—¿Podrías avisarme la próxima vez que se te ocurra romperme los tímpanos? —le preguntó con sarcasmo mientras se ponía de pie —Te estaré eternamente agradecida si lo haces.
—No seas así de mala conmigo, LALI. Solo me acordé de algo.
—¿Y de qué cosa?
Se sentó de nuevo en la cama y esta vez arrojó la almohada lejos. Ya no quería seguir teniendo el perfume de PETER cerca. Luego quemaría esa almohada. Sin duda tendría que quemar la habitación completa para borrar la mancha del pecado.
No estarás exagerando un poco, ¿verdad?
Se rió para dentro de si misma. Verdaderamente era patética a veces, en todos los sentidos de la palabra patético.
—¿Cómo era su nombre? —preguntó su amiga. LALI sacudió la cabeza saliendo de sus pensamientos.
—¿El nombre de quien? —inquirió.
EUGE puso los ojos en blanco y luego la golpeó levemente en el brazo.
—Por Dios, niña, deja de pensar en el placer que te otorgó —dijo divertida. LALI se sonrojó al instante —Eres un sucia, si estabas pensando en eso.
—Nonono, te juro que no —negó efusivamente —Además… no sé su nombre —eso si era una gran mentira. Pero sabia que era mejor así. EUGE la miró espantada.
—¿Cómo que no sabes su nombre? —dijo ella sin poder creerlo. LALI se encogió de hombros.
—No —suspiró —Simplemente no se lo pregunté.
<<En cualquier momento me voy a hundir tan profundamente en ti que jamás vas a olvidar que estuve aquí>>
...
LALI ESPOSITO se estremeció ante el recuerdo de aquellas roncas palabras susurradas sobre su boca. Todavía no podía comprender como había dejado que aquello pasara. Simplemente se sentía una sucia. Se había acostado con un completo extraño. Con alguien del que apenas sabía el nombre.
Pero todo se le había ido de las manos. El alcohol le había jugado en contra. El alcohol y aquella profunda mirada oscura pero provocativa. Jamás un hombre la había mirado, acariciado, besado y hecho todas las cosas que él le hizo en una sola noche. Ese hombre debería estar prohibido en 47 paises y 7 estados. Era pecado, era deseo y ella no quería volver a verlo jamás en su vida.
Un nudo se formó en la boca de su estomago. No quería volver a verlo pero había sido algo injusta al echarlo así de su departamento. Él no le había dicho nada más que la verdad. Ella fue fácil, él fue fácil. Y lo fácil siempre dura poco.
Pero, ¿fácil? ¿Por qué se había entregado a él como si nada más importara? Ella acababa de salir de un doloroso desamor. Todavía pensaba en BENJAMI. Pero eso no le había impedido acostarse con PETER LANZANI.
¿Era tan fuerte la lujuria a veces que te hacía olvidar absolutamente todo lo correcto y moral que aprendiste en la vida? Al parecer si lo era. Y era una mierda.
Salió del baño envuelta en una toalla blanca, el pelo húmedo pegado a un costado sobre su hombro derecho. Se detuvo al observar la cama deshecha. Y sí, de otra manera no podía haber quedado. Sintió la sangre precipitarse a sus mejillas. Verdaderamente él había hecho todo con ella. Arriba, abajo, de costado, parado, sentado, etc. Se había vuelto vulnerable ante él, ante el deseo.
No puedo negar que lo disfruté, maldita sea.
No, ella no podía negarlo. Y ella no podía echarle toda la culpa al sexy mecánico. Se sentía estúpida por haberlo echado. Pero, en ese momento, estaba demasiado enojada como para pensar claramente. Ni siquiera tenía un número para llamarlo y disculparse.
—Estúpida, estúpida, estúpida. Eso eres, LALI, una estúpida —dijo entre dientes mientras se dirigía hacia su guardarropa. Abrió las puertas e ingresó.
Buscó un poco de ropa interior y se la puso antes de mirarse en el espejo. Sus ojos se abrieron bien al ver las marcas en su cuerpo. Se veía como una prostituta complemente saciada.
Una parte de ella se sintió aliviada al saber que no volvería a tomar contacto con él. La otra estaba deprimida. Él no parecía un mal hombre. Y por lo que recordaba era trabajador, dueño de su propia ‘empresa’. Cosa que ella no.
Sacudió la cabeza y buscó una remera ancha para dormir. No pensaba salir de su casa el día de hoy. Y tampoco mañana. Iba a quedarse tirada, llorando, comiendo kilos y kilos de helado mientras veía alguna película en donde el protagonista principal besara a su querida amada bajo la lluvia.
Terminó de vestirse y se dirigió a su cama. Antes de tirarse en ella decidió cambiar las sábanas. El olor del crimen estaba impregnado allí. Y ella ya no quería recordarlo. Cambió y arregló todo para luego tirarse en ella. Entonces por alguna extraña razón comenzó a llorar. Tomó una de las almohadas y la abrazó con fuerza. Se maldijo internamente ya que había olvidado cambiar las almohadas y esta tenía un agradable aroma a hombre.
No soltó la almohada sino que la abrazó más fuerte.
Estaba abatida, cansada, principalmente deprimida. Había dejado que un hombre la viera como lo que no era. No podía haber nada más humillante que eso (además de que tu novio te deje por teléfono y por una rubia pechugona)
Siguió llorando en silencio hasta que escuchó como la puerta de su casa se abría y un par de tacos sonaban con fuerza contra el suelo. Se sentó y se secó las lágrimas. Esa era EUGE y no quería que su amiga la viera de aquella manera.
Dos segundos más tarde la puerta de su cuarto se abrió y una algo enojada EUGE entró. Miró fijo a LALI que se encontraba sentada en la cama, con una almohada pegada a su estomago. La rubia frunció el ceño. Había algo raro en LALI.
—La próxima vez que se te ocurra colgarme piénsalo dos veces, LALI —le dijo.
La morena asintió débilmente.
—Lo siento —se disculpó en un susurró.
La expresión del rostro de EUGE cambió. Ahora tenía una mueca de preocupación y confusión. Sin dudarlo se acercó un poco a la cama y se sentó en el borde.
—¿Por qué estuviste llorando? —le preguntó sin vacilar. LALI tragó saliva. No era buena ocultándole cosas a su mejor amiga. Y si no se lo decía a alguien iba a explotar.
—Hice algo malo —le dijo. Britt frunció el ceño. ¿Había hecho algo malo? ¿Qué cosa podría ser tan mala como para estar así? Entonces abrió bien los ojos.
—Oh, dime que me hiciste caso y contrataste a alguien para castrar al mal nacido de BENJAMI y haré una fiesta ahora mismo.
LALI rió por lo bajo. EUGE aun tenía en la cabeza aquella descabellada idea. Aunque a decir verdad no era tan mala. Sacudió la cabeza y se concentró. Volvió la mirada a la rubia.
—No, no fue eso —dijo.
EUGE se puso de pie y comenzó a caminar de un lado para el otro. La morena solo podía observarla. Entonces la rubia se giró a verla mientras la apuntaba con un dedo.
—¡Te fuiste con alguien anoche! —casi gritó.
Los ojos de LALI se abrieron bien. EUGE era muy buena deduciendo cosas, solo cuando quería.
—Bueno, yo…
Su amiga se acercó y le miró al cuello. Rápidamente se llevó la mano a la boca y dio unos cuantos pasos hacia atrás.
—Estás chuponeada —murmuró.
LALI bajó la mirada apenada. Ahora EUGE también la vería como algo que ella no era. Eso era realmente humillante.
—Te juro que yo no quise…
Entonces la rubia comenzó a gritar y a saltar como una loca. LALI la miró realmente confundida. ¿No se suponía que le daría el sermón de su vida y esas cosas?
Cuando al fin la rubia terminó de ‘festejar’ volvió a sentarse en la cama con la mirada brillosa de emoción. Parecía contenta. Cosa que confundió aun más a LALI.
—Por dios, LALI —rió divertida EUGE —Tienes cara de: Oh sí, tuve muchos orgasmos.
La mandíbula de LALI casi toca el colchón antes de soltar una nerviosa carcajada. EUGE se unió en su risa.
LALI se tapó la cara con una almohada para ocultar el rojo de sus mejillas. Su amiga tenía razón. Oh sí, había tenido muchos orgasmos.
EUGE le quitó la almohada y comenzó a llenarla de preguntas. LALI contestaba a todo con si o no. No estaba dispuesta a dar muchos detalles. No quería seguir recordando, pero con cada pregunta que su amiga le hacía, más presente tenía todo.
—Ya, EUGE —dijo cuando su amiga comenzaba a hurgar en detalles más… íntimos.
—Es qué necesito saber, LALI.
—No, no necesitas saber más nada.
La rubia se cruzó de brazos y resopló. Odiaba que LALI_a veces fuera tan reservada y no le contara cada detalle, hasta el más mínimo toque o lo que sea que haya vivido con aquel sexy hombre.
—¡Casi lo olvido! —exclamó de repente EUGE. LALI se sobresaltó un poco ante el grito de ella y se cayó de la cama.
—¿Podrías avisarme la próxima vez que se te ocurra romperme los tímpanos? —le preguntó con sarcasmo mientras se ponía de pie —Te estaré eternamente agradecida si lo haces.
—No seas así de mala conmigo, LALI. Solo me acordé de algo.
—¿Y de qué cosa?
Se sentó de nuevo en la cama y esta vez arrojó la almohada lejos. Ya no quería seguir teniendo el perfume de PETER cerca. Luego quemaría esa almohada. Sin duda tendría que quemar la habitación completa para borrar la mancha del pecado.
No estarás exagerando un poco, ¿verdad?
Se rió para dentro de si misma. Verdaderamente era patética a veces, en todos los sentidos de la palabra patético.
—¿Cómo era su nombre? —preguntó su amiga. LALI sacudió la cabeza saliendo de sus pensamientos.
—¿El nombre de quien? —inquirió.
EUGE puso los ojos en blanco y luego la golpeó levemente en el brazo.
—Por Dios, niña, deja de pensar en el placer que te otorgó —dijo divertida. LALI se sonrojó al instante —Eres un sucia, si estabas pensando en eso.
—Nonono, te juro que no —negó efusivamente —Además… no sé su nombre —eso si era una gran mentira. Pero sabia que era mejor así. EUGE la miró espantada.
—¿Cómo que no sabes su nombre? —dijo ella sin poder creerlo. LALI se encogió de hombros.
—No —suspiró —Simplemente no se lo pregunté.
CAPITULO 7
Menos mal que me dijiste...
Llegó a su casa y tiró su campera sobre la mesa. Se dirigió a la cocina, prendió el agua de la pava y luego entró al baño. Estaba de mal humor. Sí, de un muy malo, feo, horrible y exasperante mal humor. Y todo se lo debía a aquella pequeña enana candente.
¿Cómo fue que él terminó así?...
No tenía ninguna intención de involucrarse con ninguna mujer mientras las cosas con MERY estaban entre 'se terminó' y 'aun te amo'
La había traicionado. Saber aquello fue un golpe bajo. A pesar de muchas cosas, MERY, no se merecía aquello. Ella lo quería. Él la quería…
Golpeó la pared del baño con fuerza. Se sentía un completo mal nacido. Se maldijo a si mismo, maldijo a LALI y maldijo haberla deseado tanto.
Maldita lujuria, solo sirve para hacer que uno se convierta en un asqueroso y perverso sexopata.
Abrió la ducha y se metió bajo el agua fría. Era eso lo que él necesitaba para calmarse. Eso y un buen café.
Tomó el jabón y estaba dispuesto a pasárselo, pero se detuvo. Se detuvo porque percibió el suave aroma de LALI en su piel.
Con ella había perdido todo lo que no había perdido con otra mujer. La cabeza, el control, el amor por MERY. Todo… absolutamente todo. En aquellas horas de desenfreno él no había sido el de siempre.
¿Cómo podía una mujer que ni siquiera conocía o lo conocía a él, hacerlo sentir de aquella manera? ¿Por qué la lujuria y el deseo habían sobrepasado lo que él le tenía a MERY? ¿Acaso había algo más en todo eso?
No, no había nada. Sacudió la cabeza y se enjabonó. Ya no quería nada que le recordara su traición. Por suerte, LALI, había sido sensata y lo había echado. Tal vez si ella no hubiese reaccionado así… ahora estaría metido en un lío aun mayor.
Pero a una parte de él le hubiese gustado quedarse y conocerla más. Físicamente ya lo había hecho. Y sintió que necesitaba haberla conocido de otra manera. Pero por algo no había sido así. Por algo todo había quedado en solo la mejor noche de sexo de toda su vida. Ese era el destino de ellos dos… haberse conocido tanto, pero nada a la vez.
Apagó el agua cuando terminó de enjuagarse. Ya no tenía sentido que siguiera pensando en esa mujer. Jamás volvería a verla y con el tiempo la olvidaría. Seguramente ella haría lo mismo. Y todos felices y contentos.
Entró a su cuarto y se tiró pesadamente en la cama. Colocó sus brazos detrás de su cabeza y miró fijamente el techo. ¿Iba a poder olvidarse de ella dentro de tres horas cuando MERY viniera a reclamarle que le había colgado anoche?
Una media sonrisa se dibujó en su rostro. No, no iba a poder. Se puso de pie y se fue a cambiar. Dentro de cualquier momento NICO lo iba a llamar para decirle que ya estaba abajo en el taller.
Sí, su casa estaba sobre su taller mecánico. Se levantaba, bajaba unas escaleras y ya estaba trabajando. Le encantaba lo que hacía.
Fue a la cocina y se preparó un café. Eso lo ayudaría a pasar un poco mejor el día. El dolor de cabeza lo estaba matando. Escuchó que alguien tocaba la puerta.
—¡Esta abierto! —gritó mientras le daba un sorbo a su taza.
—¡Buenos días, hermano! —un contentísimo NICO entró. PETER arqueó una ceja. Casi siempre cuando era sábado y había que trabajar, NICO, estaba de mal humor.
Entró a la cocina y se detuvo para mirar a PETER. El moreno tenía cara de no haber dormido mucho. Niall se preguntó por qué.
—¿Por qué tan contento, RIERA? —quiso saber PETER.
—Conocí a alguien especial anoche —sonrió y se acercó a donde estaba su amigo para prepararse un café también —Creo que estoy enamorado…
PETER casi se atraganta con el café. ¿Era NICO RIERA el que acababa de de decir la palabra enamorado?
—¿Por una noche ya estás enamorado? —inquirió y fue a sentarse a la mesa. NICO se encogió de hombros.
—Ella es más que especial. Dulce, de buen carácter,… risueña. Y tiene los ojos más bonitos que alguna vez vi en mi vida.
—¿Cómo se llama? —le preguntó.
Era muy interesante ver la cara de idiota enamorado que NICO tenía.
—EUGE… la rubia que entró al bar cuando te dije algo como: Acaban de entrar dos caramelitos por la puerta.
PETER se tensó. Esa chica seguramente era conocida de LALI. Más probable… amiga de la morena.
—Que bien —murmuró y volvió a tomar café. NICO sonrió y buscó en una de las cajoneras un paquete de galletitas.
—Estuvimos un rato en el bar… luego la convencí de ir a dar una vuelta por el muelle. Estuvimos caminando de la mano hasta que amaneció.
Yo estuve teniendo sexo hasta que amaneció…
PETER se aguantó una sonrisa. ¡Maldita sea que se sentía extraño! Por un lado odiaba lo que había hecho. Pero por el otro, se sentía tremendamente bien.
—¿La volverás a ver? —quiso saber PETER.
—Claro que sí —aseguró —Por nada del mundo me perdería la oportunidad de volver a ver aquella sonrisa.
A LANZANI le molestó la felicidad de NICO. A él también le hubiese gustado haber quedado bien con la morena… en cambio la había tratado como a una cualquiera y se había ido de su casa como un patán. Jamás le pareció bien que un hombre utilizara a una mujer solo para el acto sexual. Él lo había hecho. Y la culpa lo llenó. Quizás debería ir y buscarla. Pedirle perdón, decirle que él no la veía como a una cualquiera… o quizás no.
—¿Ya hay gente abajo? —le preguntó a NICO para cambiar de tema.
Su amigo se giró a verlo con la taza de café con leche en la mano. Lo miró fijo y luego miró su cuello.
—¿Volviste con MERY? —preguntó. PETER frunció el ceño.
—No, ¿Por qué?
—Tienes una marca demasiado… sospechosa para ser un golpe.
Al instante el moreno se llevó la mano al cuello. Se puso de pie y corrió hacia el baño. NICO lo siguió intrigado… Si ese chupón no lo había hecho MERY, entonces había sido alguien más. Casi sonrió al saber aquello.
Maldijo entre dientes cuando se miró al espejo y vio aquella morada marca que estaba en el nacimiento de su cuello. La tocó un par de veces.
—Diablos —dijo PETER apretando los dientes.
Si MERY llegaba a ver aquel chupón se pondría como loca. ¿Y qué iba a inventarle él? Mi amor, me choqué con la punta de la mesa… sí, justo en el cuello.
Sacudió la cabeza. Aquello era completamente absurdo.
NICO se apoyó contra el marco de la puerta, con una media sonrisa en el rostro y su taza de café con leche en la mano.
—¿A dónde te fuiste anoche, PETER? —le preguntó y tomó un sorbo. PETER lo miró asesinamente. NICO iba a comenzar a sacar sus malditas conclusiones.
—No me molestes, RIERA —le advirtió. NICO soltó una estrepitosa carcajada.
—¡Ese chupón no te lo hizo, MERY! —rió —¿Quién fue? ¿Con quien te fuiste?
PETER volvió a maldecir. No iba a poder mentirle a NICO. El maldito siempre lograba averiguar cuando le estaba mintiendo. Y si no le decía algo iba a estar molestándolo todo el día.
—Me fui con… con una chica.
—Ah ¿si? No me digas… Pensé que eras gay —dijo con sarcasmo.
El moreno miró mal a su amigo, luego cerró los ojos y respiró profundamente. A alguien tenía que contarle eso… solo para sacarse un peso de encima. Todavía no estaba seguro si se lo iba a decir a MERY, como para no sentirse peor aun.
—Me fui con la amiga de la chica con la que pasaste toda la noche —le dijo al fin.
La mandibula de NICO casi toca el suelo. EUGE había estado toda la noche diciéndole que estaba preocupada porque había perdido de vista a su mejor amiga. Y resulta que la muy bonita muchacha estaba revolcándose con PETER… eso era increíble.
—¿Te fuiste con LALI? —le dijo sin poder creerlo.
—¿Cómo sabes su nombre? —preguntó PETER mirándolo a través del espejo.
—EUGE me habló mucho de ella. Ambas son como hermanas, se aman con todo el corazón. Hasta no me resultaría extraño decirte que están secretamente enamoradas una de la otra.
PETER se aguantó la risa.
Aquello no tenía que parecerle gracioso… pero NICO, ¡maldito fuera su mejor amigo! Jamás podía ponerse serio con él.
—Bueno, ya lo sabes… me fui con ella —dijo al fin. Volvió a tocarse la marca del cuello.
—Menos mal que me dijiste que no querías ni alcohol, ni diversión, amigo —dijo divertido.
—Ya cállate, RIERA.
Llegó a su casa y tiró su campera sobre la mesa. Se dirigió a la cocina, prendió el agua de la pava y luego entró al baño. Estaba de mal humor. Sí, de un muy malo, feo, horrible y exasperante mal humor. Y todo se lo debía a aquella pequeña enana candente.
¿Cómo fue que él terminó así?...
No tenía ninguna intención de involucrarse con ninguna mujer mientras las cosas con MERY estaban entre 'se terminó' y 'aun te amo'
La había traicionado. Saber aquello fue un golpe bajo. A pesar de muchas cosas, MERY, no se merecía aquello. Ella lo quería. Él la quería…
Golpeó la pared del baño con fuerza. Se sentía un completo mal nacido. Se maldijo a si mismo, maldijo a LALI y maldijo haberla deseado tanto.
Maldita lujuria, solo sirve para hacer que uno se convierta en un asqueroso y perverso sexopata.
Abrió la ducha y se metió bajo el agua fría. Era eso lo que él necesitaba para calmarse. Eso y un buen café.
Tomó el jabón y estaba dispuesto a pasárselo, pero se detuvo. Se detuvo porque percibió el suave aroma de LALI en su piel.
Con ella había perdido todo lo que no había perdido con otra mujer. La cabeza, el control, el amor por MERY. Todo… absolutamente todo. En aquellas horas de desenfreno él no había sido el de siempre.
¿Cómo podía una mujer que ni siquiera conocía o lo conocía a él, hacerlo sentir de aquella manera? ¿Por qué la lujuria y el deseo habían sobrepasado lo que él le tenía a MERY? ¿Acaso había algo más en todo eso?
No, no había nada. Sacudió la cabeza y se enjabonó. Ya no quería nada que le recordara su traición. Por suerte, LALI, había sido sensata y lo había echado. Tal vez si ella no hubiese reaccionado así… ahora estaría metido en un lío aun mayor.
Pero a una parte de él le hubiese gustado quedarse y conocerla más. Físicamente ya lo había hecho. Y sintió que necesitaba haberla conocido de otra manera. Pero por algo no había sido así. Por algo todo había quedado en solo la mejor noche de sexo de toda su vida. Ese era el destino de ellos dos… haberse conocido tanto, pero nada a la vez.
Apagó el agua cuando terminó de enjuagarse. Ya no tenía sentido que siguiera pensando en esa mujer. Jamás volvería a verla y con el tiempo la olvidaría. Seguramente ella haría lo mismo. Y todos felices y contentos.
Entró a su cuarto y se tiró pesadamente en la cama. Colocó sus brazos detrás de su cabeza y miró fijamente el techo. ¿Iba a poder olvidarse de ella dentro de tres horas cuando MERY viniera a reclamarle que le había colgado anoche?
Una media sonrisa se dibujó en su rostro. No, no iba a poder. Se puso de pie y se fue a cambiar. Dentro de cualquier momento NICO lo iba a llamar para decirle que ya estaba abajo en el taller.
Sí, su casa estaba sobre su taller mecánico. Se levantaba, bajaba unas escaleras y ya estaba trabajando. Le encantaba lo que hacía.
Fue a la cocina y se preparó un café. Eso lo ayudaría a pasar un poco mejor el día. El dolor de cabeza lo estaba matando. Escuchó que alguien tocaba la puerta.
—¡Esta abierto! —gritó mientras le daba un sorbo a su taza.
—¡Buenos días, hermano! —un contentísimo NICO entró. PETER arqueó una ceja. Casi siempre cuando era sábado y había que trabajar, NICO, estaba de mal humor.
Entró a la cocina y se detuvo para mirar a PETER. El moreno tenía cara de no haber dormido mucho. Niall se preguntó por qué.
—¿Por qué tan contento, RIERA? —quiso saber PETER.
—Conocí a alguien especial anoche —sonrió y se acercó a donde estaba su amigo para prepararse un café también —Creo que estoy enamorado…
PETER casi se atraganta con el café. ¿Era NICO RIERA el que acababa de de decir la palabra enamorado?
—¿Por una noche ya estás enamorado? —inquirió y fue a sentarse a la mesa. NICO se encogió de hombros.
—Ella es más que especial. Dulce, de buen carácter,… risueña. Y tiene los ojos más bonitos que alguna vez vi en mi vida.
—¿Cómo se llama? —le preguntó.
Era muy interesante ver la cara de idiota enamorado que NICO tenía.
—EUGE… la rubia que entró al bar cuando te dije algo como: Acaban de entrar dos caramelitos por la puerta.
PETER se tensó. Esa chica seguramente era conocida de LALI. Más probable… amiga de la morena.
—Que bien —murmuró y volvió a tomar café. NICO sonrió y buscó en una de las cajoneras un paquete de galletitas.
—Estuvimos un rato en el bar… luego la convencí de ir a dar una vuelta por el muelle. Estuvimos caminando de la mano hasta que amaneció.
Yo estuve teniendo sexo hasta que amaneció…
PETER se aguantó una sonrisa. ¡Maldita sea que se sentía extraño! Por un lado odiaba lo que había hecho. Pero por el otro, se sentía tremendamente bien.
—¿La volverás a ver? —quiso saber PETER.
—Claro que sí —aseguró —Por nada del mundo me perdería la oportunidad de volver a ver aquella sonrisa.
A LANZANI le molestó la felicidad de NICO. A él también le hubiese gustado haber quedado bien con la morena… en cambio la había tratado como a una cualquiera y se había ido de su casa como un patán. Jamás le pareció bien que un hombre utilizara a una mujer solo para el acto sexual. Él lo había hecho. Y la culpa lo llenó. Quizás debería ir y buscarla. Pedirle perdón, decirle que él no la veía como a una cualquiera… o quizás no.
—¿Ya hay gente abajo? —le preguntó a NICO para cambiar de tema.
Su amigo se giró a verlo con la taza de café con leche en la mano. Lo miró fijo y luego miró su cuello.
—¿Volviste con MERY? —preguntó. PETER frunció el ceño.
—No, ¿Por qué?
—Tienes una marca demasiado… sospechosa para ser un golpe.
Al instante el moreno se llevó la mano al cuello. Se puso de pie y corrió hacia el baño. NICO lo siguió intrigado… Si ese chupón no lo había hecho MERY, entonces había sido alguien más. Casi sonrió al saber aquello.
Maldijo entre dientes cuando se miró al espejo y vio aquella morada marca que estaba en el nacimiento de su cuello. La tocó un par de veces.
—Diablos —dijo PETER apretando los dientes.
Si MERY llegaba a ver aquel chupón se pondría como loca. ¿Y qué iba a inventarle él? Mi amor, me choqué con la punta de la mesa… sí, justo en el cuello.
Sacudió la cabeza. Aquello era completamente absurdo.
NICO se apoyó contra el marco de la puerta, con una media sonrisa en el rostro y su taza de café con leche en la mano.
—¿A dónde te fuiste anoche, PETER? —le preguntó y tomó un sorbo. PETER lo miró asesinamente. NICO iba a comenzar a sacar sus malditas conclusiones.
—No me molestes, RIERA —le advirtió. NICO soltó una estrepitosa carcajada.
—¡Ese chupón no te lo hizo, MERY! —rió —¿Quién fue? ¿Con quien te fuiste?
PETER volvió a maldecir. No iba a poder mentirle a NICO. El maldito siempre lograba averiguar cuando le estaba mintiendo. Y si no le decía algo iba a estar molestándolo todo el día.
—Me fui con… con una chica.
—Ah ¿si? No me digas… Pensé que eras gay —dijo con sarcasmo.
El moreno miró mal a su amigo, luego cerró los ojos y respiró profundamente. A alguien tenía que contarle eso… solo para sacarse un peso de encima. Todavía no estaba seguro si se lo iba a decir a MERY, como para no sentirse peor aun.
—Me fui con la amiga de la chica con la que pasaste toda la noche —le dijo al fin.
La mandibula de NICO casi toca el suelo. EUGE había estado toda la noche diciéndole que estaba preocupada porque había perdido de vista a su mejor amiga. Y resulta que la muy bonita muchacha estaba revolcándose con PETER… eso era increíble.
—¿Te fuiste con LALI? —le dijo sin poder creerlo.
—¿Cómo sabes su nombre? —preguntó PETER mirándolo a través del espejo.
—EUGE me habló mucho de ella. Ambas son como hermanas, se aman con todo el corazón. Hasta no me resultaría extraño decirte que están secretamente enamoradas una de la otra.
PETER se aguantó la risa.
Aquello no tenía que parecerle gracioso… pero NICO, ¡maldito fuera su mejor amigo! Jamás podía ponerse serio con él.
—Bueno, ya lo sabes… me fui con ella —dijo al fin. Volvió a tocarse la marca del cuello.
—Menos mal que me dijiste que no querías ni alcohol, ni diversión, amigo —dijo divertido.
—Ya cállate, RIERA.
CAPITULO 6
Quien mal anda, mal acaba.
Algo comenzó a vibrar a su lado, justo cerca de su oreja. Maldito sea lo que eso fuera. Ella quería seguir durmiendo, quería seguir soñando.
Pero entonces su cuerpo comenzó a despertarse. Sintió dolor en lugares que jamás había creído que podía llegar a sentir. Su cabeza comenzó a palpitar. ...
Sentía una extraña presión (como el rastro de una alocada revolcada) en sus partes intimas, pechos y boca. Giró en la cama, poniéndose boca arriba, y sus músculos protestaron.
¿Por qué tenía esos dolores? Ella no había ido al gimnasio para estar tan… exhausta. Sin abrir los ojos buscó la molesta cosa que la había sacado de su erótico sueño con un sexy mecánico.
—Hola —dijo con la voz ronca. Su garganta estaba realmente seca.
—¡Por dios, LALI, al fin contestas! —la regañó.
Ella alejó un poco el teléfono de su oído, ya que su amiga casi había gritado y la cabeza se le estaba partiendo.
—¿Puedes hablar más bajito? —le preguntó —Me duele terriblemente la cabeza.
—¿A dónde diablos fuiste anoche? —dijo molesta EUGENIA —Te perdí de vista luego de que Niall me sacara a bailar.
—¿Quién? —inquirió LALI.
—El chico bonito que se había parado frente a nosotras antes de que la gente enloqueciera con la música.
LALI frunció el ceño tratando de reacomodar sus pensamientos. Tenía en claro que anoche había salido con su mejor amiga, habían llegado a un bar… y apenas entraron se habían… ¿separado?
—Ahora estoy en mi casa —dijo LALI luego de unos segundos.
O ella creía que estaba en su casa. Todavía no abría los ojos. Algo le decía que no debía hacerlo.
—Yo había pensado en ir a buscarte allí después de que logré que NICO me diera un poco de aire… pero me convenció de que fuéramos a caminar por el muelle. Y perdón amiga, pero me olvidé completamente de ti.
LALI sonrió levemente. Y de repente sintió que algo se movía a su lado, y que algo caliente y sólido le rozaba una pierna.
Abrió los ojos de golpe y giró a cabeza. Se odió por eso, ya que su cerebro casi explota por aquel movimiento.
Pero entonces su corazón se detuvo al ver que lo que había a su lado era un hombre. Y era el hombre de su erótico sueño.
Él dormía sobre su estomago, la cara aplastada contra la almohada, las sabanas blancas lo cubrían hasta las caderas. Y su rostro… placer, en su rostro se dibujaba el placer. Tenía el cabello alborotado, los labios levemente hinchados.
Ella bajó la vista a su espalda. El aire se le quedó atrapado en los pulmones. Marcas rojas surcaban aquella majestuosa espalda. ¡Por dios, ella le había hecho esas marcas!
Oh, maldita sea ¿Qué he hecho?
Imágenes y más imágenes se le metieron en la cabeza. Si, se había acostado con aquel hombre. PETER… su nombre era PETER.
Recordó haberlo repetido muchas veces.
—_LALI, ¿sigues ahí? —le preguntó la rubia.
—EUGE —le dijo a su amiga en voz muy baja.
—¿Qué? —preguntó ella con cautela.
—Te llamo luego…
Antes de que su amiga pudiera decir algo, colgó. Dejó su celular a un costado y observó bien a PETER. Parecía estar profundamente dormido.
¿Cómo es que ella había caído tan bajo? ¿Por qué se había comportado de aquella manera? Se sentía sucia… más bien enojada. Siempre odió a las mujeres fáciles, y ella simplemente había actuado igual o peor que ellas.
Otra vez hiciste las cosas mal, tarada.
Se reprochó mentalmente. ¿Es qué acaso nada iba a salirle bien nunca?
Se sentó y salió de la cama. Tenía que sacar a aquel hombre lo más rápido que fuera de su casa, no volver a verlo y no volver a recordarse lo bajo que había caído.
Entró a su baño y buscó una bata. Tenía que cubrir su vergüenza con algo, tenía que sacarse de la cabeza su comportamiento.
Volvió al cuarto y se acercó a la cama. Era hora de terminar con toda esa locura.
—¿PETER?…Oye, PETER —le habló y le tocó el hombro. Él ni se inmutó —PETER,… despiértate… por favor —él frunció un poco el ceño —¡PETER, levántate!
Elevar la voz le hizo doler más la cabeza. Jamás volvería a tomar una gota de alcohol en su vida. Aquel dolor era infernal.
—¿Qué? —preguntó él mientras se sentaba en la cama y se restregaba los ojos.
LALI, algo nerviosa, comenzó a buscar la ropa masculina en el suelo.
—Quiero que te vayas de mi casa, ahora —le arrojó su ropa al rostro.
PETER recibió el golpe como si hubiese sido con una piedra. La maldita cabeza le quemaba. Odiaba despertarse así. Se quitó la ropa de la cara y la miró. Ella parecía estar enojada.
—¿Qué sucede? —quiso saber.
—¡¿Qué sucede?! —repitió casi histérica —¡Te diré que sucede, amigo! ¡Sucede que te aprovechaste de mi estado!
—Ooooow, espera un momento, cariño —la detuvo levantando una mano. Ella estaba bastante equivocada si creía eso —Tú no te negaste a nada.
—¡Estaba borracha! —se defendió.
—¡Pues yo también! —aseguró él.
—¡Claaaaaro! —su voz sonaba extremadamente aguda, sus brazos se cruzaron sobre su estomago —¿Ahora soy yo la que te obligó?
Él se puso de pie. Ella giró rápidamente y sintió que sus mejillas enrojecían. Sabía que ese cuerpo era maravilloso, pero estaba demasiado cabreada como para contemplarlo.
—No, yo no dije que me hayas obligado. Solo te digo que no te negaste…
Ella apretó los dientes. ¿Cómo iba a negarse si él la había engatusado hablándole al oído, diciéndole cosas tan sucias que le temblaba el alma hasta de solo pensarlas?
—¡Vete! —le exigió.
—¡Me estoy vistiendo! —exclamó él.
—¡Pues hazlo más rápido! —chilló.
Él terminó de vestirse. La cabeza le dolía, ahora, como mil demonios. Estaba enojado, muy molesto con ella.
Quería acercarse, girarla hacía a él y observar su rostro mañanero. Debía de verse hermosa. De espaldas podía ver lo desordenado que estaba su cabello. Se imaginó como estaría su rostro. Mejillas sonrosadas, labios hinchados… Se imaginó como estaría su cuerpo. Seguramente completamente marcado por él.
—LALI…
—¿Ya terminaste? —lo interrumpió. PETER suspiró.
—Sí.
Ella se giró a verlo. Y él confirmó lo que se había imaginado. Por lo menos de su cara. Tendría que fijarse luego en su cuerpo.
Pero entonces vio aquella mirada de repulsión en su rostro. ¿Hacia ella misma o hacia él? Aquello lo desconcertó.
—No quiero volver a verte —le dijo. Él sintió que se le cerraba la boca del estomago —No puedo creer que fui capaz de hacer esto… Pudiste haberlo evitado.
Él no podía creer que ella fuera tan… extremista e irracional.
—No seas infantil —le pidió.
—¿Infantil? —inquirió ofendida —¡Yo no soy infantil, maldita sea! ¡Tú te aprovechaste de mi estado! ¡Por dios, ni siquiera te conozco!
—¡Yo no me aproveché de tu estado, diablos! —realmente ella estaba logrando sacarlo de sus casillas —¡Tú solita te entregaste! ¡Yo estaba borracho también! ¡Eres una tentación para cualquier hombre! ¡Y viniste tan fácil como la tabla del dos!
Ella abrió levemente la boca y sus ojos se llenaron de lágrimas. No pudo decirle nada. Él tenía razón. Y otra vez se estaba decepcionando a si misma. Acababa de dejar que un hombre la viera como lo que realmente no era. Una mujer fácil.
PETER se maldijo internamente por haberle dicho eso. Él realmente no lo creía así. Pero ella… ella simplemente lo sacaba. Iba a decirle algo, pero ella levantó una mano advirtiéndole que no lo hiciera.
—Vete…
LALI yo…
—¡Que te vayas! —le gritó. Y el enojo volvió a PETER.
—Perfecto, ya me voy… Adiós —dijo apretando los dientes.
Tomó su campera del suelo salió de la habitación azotando la puerta
Algo comenzó a vibrar a su lado, justo cerca de su oreja. Maldito sea lo que eso fuera. Ella quería seguir durmiendo, quería seguir soñando.
Pero entonces su cuerpo comenzó a despertarse. Sintió dolor en lugares que jamás había creído que podía llegar a sentir. Su cabeza comenzó a palpitar. ...
Sentía una extraña presión (como el rastro de una alocada revolcada) en sus partes intimas, pechos y boca. Giró en la cama, poniéndose boca arriba, y sus músculos protestaron.
¿Por qué tenía esos dolores? Ella no había ido al gimnasio para estar tan… exhausta. Sin abrir los ojos buscó la molesta cosa que la había sacado de su erótico sueño con un sexy mecánico.
—Hola —dijo con la voz ronca. Su garganta estaba realmente seca.
—¡Por dios, LALI, al fin contestas! —la regañó.
Ella alejó un poco el teléfono de su oído, ya que su amiga casi había gritado y la cabeza se le estaba partiendo.
—¿Puedes hablar más bajito? —le preguntó —Me duele terriblemente la cabeza.
—¿A dónde diablos fuiste anoche? —dijo molesta EUGENIA —Te perdí de vista luego de que Niall me sacara a bailar.
—¿Quién? —inquirió LALI.
—El chico bonito que se había parado frente a nosotras antes de que la gente enloqueciera con la música.
LALI frunció el ceño tratando de reacomodar sus pensamientos. Tenía en claro que anoche había salido con su mejor amiga, habían llegado a un bar… y apenas entraron se habían… ¿separado?
—Ahora estoy en mi casa —dijo LALI luego de unos segundos.
O ella creía que estaba en su casa. Todavía no abría los ojos. Algo le decía que no debía hacerlo.
—Yo había pensado en ir a buscarte allí después de que logré que NICO me diera un poco de aire… pero me convenció de que fuéramos a caminar por el muelle. Y perdón amiga, pero me olvidé completamente de ti.
LALI sonrió levemente. Y de repente sintió que algo se movía a su lado, y que algo caliente y sólido le rozaba una pierna.
Abrió los ojos de golpe y giró a cabeza. Se odió por eso, ya que su cerebro casi explota por aquel movimiento.
Pero entonces su corazón se detuvo al ver que lo que había a su lado era un hombre. Y era el hombre de su erótico sueño.
Él dormía sobre su estomago, la cara aplastada contra la almohada, las sabanas blancas lo cubrían hasta las caderas. Y su rostro… placer, en su rostro se dibujaba el placer. Tenía el cabello alborotado, los labios levemente hinchados.
Ella bajó la vista a su espalda. El aire se le quedó atrapado en los pulmones. Marcas rojas surcaban aquella majestuosa espalda. ¡Por dios, ella le había hecho esas marcas!
Oh, maldita sea ¿Qué he hecho?
Imágenes y más imágenes se le metieron en la cabeza. Si, se había acostado con aquel hombre. PETER… su nombre era PETER.
Recordó haberlo repetido muchas veces.
—_LALI, ¿sigues ahí? —le preguntó la rubia.
—EUGE —le dijo a su amiga en voz muy baja.
—¿Qué? —preguntó ella con cautela.
—Te llamo luego…
Antes de que su amiga pudiera decir algo, colgó. Dejó su celular a un costado y observó bien a PETER. Parecía estar profundamente dormido.
¿Cómo es que ella había caído tan bajo? ¿Por qué se había comportado de aquella manera? Se sentía sucia… más bien enojada. Siempre odió a las mujeres fáciles, y ella simplemente había actuado igual o peor que ellas.
Otra vez hiciste las cosas mal, tarada.
Se reprochó mentalmente. ¿Es qué acaso nada iba a salirle bien nunca?
Se sentó y salió de la cama. Tenía que sacar a aquel hombre lo más rápido que fuera de su casa, no volver a verlo y no volver a recordarse lo bajo que había caído.
Entró a su baño y buscó una bata. Tenía que cubrir su vergüenza con algo, tenía que sacarse de la cabeza su comportamiento.
Volvió al cuarto y se acercó a la cama. Era hora de terminar con toda esa locura.
—¿PETER?…Oye, PETER —le habló y le tocó el hombro. Él ni se inmutó —PETER,… despiértate… por favor —él frunció un poco el ceño —¡PETER, levántate!
Elevar la voz le hizo doler más la cabeza. Jamás volvería a tomar una gota de alcohol en su vida. Aquel dolor era infernal.
—¿Qué? —preguntó él mientras se sentaba en la cama y se restregaba los ojos.
LALI, algo nerviosa, comenzó a buscar la ropa masculina en el suelo.
—Quiero que te vayas de mi casa, ahora —le arrojó su ropa al rostro.
PETER recibió el golpe como si hubiese sido con una piedra. La maldita cabeza le quemaba. Odiaba despertarse así. Se quitó la ropa de la cara y la miró. Ella parecía estar enojada.
—¿Qué sucede? —quiso saber.
—¡¿Qué sucede?! —repitió casi histérica —¡Te diré que sucede, amigo! ¡Sucede que te aprovechaste de mi estado!
—Ooooow, espera un momento, cariño —la detuvo levantando una mano. Ella estaba bastante equivocada si creía eso —Tú no te negaste a nada.
—¡Estaba borracha! —se defendió.
—¡Pues yo también! —aseguró él.
—¡Claaaaaro! —su voz sonaba extremadamente aguda, sus brazos se cruzaron sobre su estomago —¿Ahora soy yo la que te obligó?
Él se puso de pie. Ella giró rápidamente y sintió que sus mejillas enrojecían. Sabía que ese cuerpo era maravilloso, pero estaba demasiado cabreada como para contemplarlo.
—No, yo no dije que me hayas obligado. Solo te digo que no te negaste…
Ella apretó los dientes. ¿Cómo iba a negarse si él la había engatusado hablándole al oído, diciéndole cosas tan sucias que le temblaba el alma hasta de solo pensarlas?
—¡Vete! —le exigió.
—¡Me estoy vistiendo! —exclamó él.
—¡Pues hazlo más rápido! —chilló.
Él terminó de vestirse. La cabeza le dolía, ahora, como mil demonios. Estaba enojado, muy molesto con ella.
Quería acercarse, girarla hacía a él y observar su rostro mañanero. Debía de verse hermosa. De espaldas podía ver lo desordenado que estaba su cabello. Se imaginó como estaría su rostro. Mejillas sonrosadas, labios hinchados… Se imaginó como estaría su cuerpo. Seguramente completamente marcado por él.
—LALI…
—¿Ya terminaste? —lo interrumpió. PETER suspiró.
—Sí.
Ella se giró a verlo. Y él confirmó lo que se había imaginado. Por lo menos de su cara. Tendría que fijarse luego en su cuerpo.
Pero entonces vio aquella mirada de repulsión en su rostro. ¿Hacia ella misma o hacia él? Aquello lo desconcertó.
—No quiero volver a verte —le dijo. Él sintió que se le cerraba la boca del estomago —No puedo creer que fui capaz de hacer esto… Pudiste haberlo evitado.
Él no podía creer que ella fuera tan… extremista e irracional.
—No seas infantil —le pidió.
—¿Infantil? —inquirió ofendida —¡Yo no soy infantil, maldita sea! ¡Tú te aprovechaste de mi estado! ¡Por dios, ni siquiera te conozco!
—¡Yo no me aproveché de tu estado, diablos! —realmente ella estaba logrando sacarlo de sus casillas —¡Tú solita te entregaste! ¡Yo estaba borracho también! ¡Eres una tentación para cualquier hombre! ¡Y viniste tan fácil como la tabla del dos!
Ella abrió levemente la boca y sus ojos se llenaron de lágrimas. No pudo decirle nada. Él tenía razón. Y otra vez se estaba decepcionando a si misma. Acababa de dejar que un hombre la viera como lo que realmente no era. Una mujer fácil.
PETER se maldijo internamente por haberle dicho eso. Él realmente no lo creía así. Pero ella… ella simplemente lo sacaba. Iba a decirle algo, pero ella levantó una mano advirtiéndole que no lo hiciera.
—Vete…
LALI yo…
—¡Que te vayas! —le gritó. Y el enojo volvió a PETER.
—Perfecto, ya me voy… Adiós —dijo apretando los dientes.
Tomó su campera del suelo salió de la habitación azotando la puerta
SINOPSIS DE MI HOMBRE
LALI es una joven decoradora que conoce a su cliente PETER LANZANI, un hombre muy atractivo, rico, que sabe lo que quiere y que es el reflejo del éxito. LALI intenta luchar contra la atracción que siente por él sin poder controlar el arrollador deseo que le hace sentir. Él sabe que la quiere a ella y hará todo lo que esté en sus manos para conseguirla.
lunes, 28 de diciembre de 2015
NUEVA NOVELA
ESPERO QUE LES GUSTE AL IGUAL QUE LAS ANTERIORES AUNQUE ES MENOS INTENSA ES MUY BONITA LA HISTORIA. DESPUÉS SUBIRÉ MI HOMBRE SI ME RESPONDE SI NO LA HAN LEIDO
Suscribirse a:
Entradas (Atom)