jueves, 3 de marzo de 2016

CAPITULO 96


No soy una princesa.

Ella despertó en medio de una oscuridad total. El corazón le latía acelerado por la pesadilla de la que acababa de salir. Trató de adaptar sus ojos a la penumbra de la habitación. Recordó que se había quedado dormida en los brazos de su amado. Giró, esperanzada de encontrar su calor, pero él no estaba allí.
Se sentó sobre sus codos, intentando calmarse. La pesadilla aun le retumbaba en la mente. El dolor volvió a calarse en su pecho. Todavía no tenía a su hija allí. Todavía no la había encontrado. Decidió levantarse, obligándose a sí misma a no llorar. No podía seguir llorando. Eso no le iba a devolver a su pequeña. Buscó una bata y se la colocó para salir de la habitación. Caminó con cuidado por el pasillo, hasta que escuchó una voz proveniente de la cocina. Se asomó al living, y varios agentes seguían trabajando allí en silencio. Dirigió sus pasos hacia el lugar en donde estaba segura que estaba PETER. Necesitaba abrazarlo. Pero antes de ingresar se detuvo al escucharlo hablar tan enérgicamente.
—¿Cómo puedo decirle aquello, NICO? —él estaba hablando por teléfono. LALI se asomó y divisó su espalda —Yo sé que tiene derecho a saberlo. Pero no puedo, no quiero hacerla sufrir más —ella frunció el ceño —Su padre secuestró a nuestra hija, ¿Qué tan peor puede sonar eso?
Los ojos de ella se abrieron como platos y al instante se llevó la mano a la boca para evitar que un sollozo escapara de sus labios. Eso no podía ser cierto, Robert no podría haber hecho algo tan bajo. Se alejó rápidamente de la puerta y se encaminó hacia la habitación. Cerró despacio la puerta detrás de sí, y se quedó quieta con la mirada perdida. Él tenía a su hija. Él había hecho herido a NICO L, secuestrado a GIMENA. Todo eso, solo por el maldito dinero. La primera lágrima cayó por su mejilla, haciéndola reaccionar.
Corrió hacia el armario y buscó ropa de calle. No podía seguir allí, no cuando sabía donde él podía estar. Una vez que estuvo lista tomó un papel y escribió una pequeña nota para PETER. Tomó su bolso y salió del cuarto. Caminó con cuidado frente a la cocina mientras aun lo escuchaba a PETER hablar. Se percató de que nadie la veía y escapó en el más calmo estado.

Se masajeó el puente de la nariz después de cortar la comunicación con su mejor amigo. Aun no sabía que hacer con aquello. La culpa de no contarle las cosas a LALI lo carcomía. No estaba seguro de si estaba haciendo bien o no. Pero verla sufrir por la noticia sería un golpe más para él. Y realmente estaba agotado. Miró la hora en su reloj. Eran un poco más de las dos de la mañana. Sería bueno para él ir a dormir un poco también. Fue al living a preguntar a los agentes si tenían noticias. Todos dijeron que no con la cabeza. PETER asintió y se encaminó hacia la habitación. Al pensar en dormir abrazado a ella, lo hizo sonreír.
Abrió la puerta despacio, para no despertarla, ni asustarla. Pero se quedó completamente quiero cuando vio la cama vacía.
—¿LALI? —la llamó y se encaminó al cuarto de baño.
Golpeó y nadie contestó. Decidió entrar y el baño estaba vacío también. Su corazón comenzó a acelerarse. Salió de allí y la buscó en la habitación de ALLEGRA. Tampoco estaba allí. Volvió desesperado al cuarto principal, prendió la luz y abrió el placard, percatándose de que la ropa estaba algo desordenada. Giró sobre sus pies y su mirada divisó un papel sobre la mesa de luz. Lo tomó al instante.
“Te escuché en la cocina, deberías habérmelo dicho. No soy una princesa, PETER, es hora de que lo comprendas. Puede manejar el dolor. Iré a buscar a nuestra hija, sé donde puede estar… te amo. LALI”
Algo aturdido volvió a leer la nota unas dos veces más. Ella lo había escuchado en la cocina, había escuchado que su padre era el que tenía a su hija. Ella acababa de huir sola a buscar a su hija.
—Maldita sea —gruñó y se puso rápidamente de pie.
Buscó su teléfono y llamó al detective.
—Tranquilo, LANZANI—lo calmó el hombre —Ya sé donde están tu hija y tu madre.
—¿Qué? —inquirió.
—Sabemos donde están, y si LALI también lo sabe. La estaremos esperando aquí para retenerla y que no haga una locura.
—Dígame donde es, por favor, necesito ir allí.
—Están en la casa donde LALI se crió. Robert volvió este lugar una especie de bunker. Esta rodeado de hombres armados. Y hemos decidido entrar en la próxima hora. Su madre y su hija están en una habitación del subsuelo…
—Dios santo —susurró y miró a su alrededor —Estaré allí enseguida.
Colgó y buscó las llaves del coche. No iba a arriesgarse a perder todo lo que había conseguido. Por nada del mundo.

CAPITULO 100

Las Vegas.

Dos semanas después…

Ella no podía creer que estuvieran haciendo aquello. Era una total y completa locura. EUGE iba a asesinarla. Pero no podía dejar de sonreír. La felicidad que sentía en ese momento era más de lo que podía explicar con simples palabras. Lo miró. Él miraba fijamente al ‘cura’ que hablaba animadamente delante de ellos. Cada día que pasaba lo amaba más y más. Era increíble despertarse y tenerlo allí. Observarlo. Mimarlo. Hacer el amor con él. ¿Quién lo hubiera dicho? Hacía un poco más de un año atrás ella había tenido toda su vida planeada. Pero todo cambió en una noche. Las cosas se complicaron un poco, pero al final todo había valido la pena. Había aprendido una gran lección después de aquello. Nunca digas nunca.
Él giró la cabeza al sentirse observado, se encontró con su mirada dulce, llena de promesas y amor. Se veía hermosa en ese simple vestido blanco que habían comprado apenas aterrizaron en Las Vegas. Sí, Las Vegas. Estaban cometiendo la locura más hermosa del mundo. Estaban a punto de casarse a escondidas de sus familiares y amigos. Luego podrían hacer algo más formal con ellos. Pero en ese momento solo eran ellos dos. ALLEGRA había quedado al cuidado de todos sus abuelos. Ya no había peligro. No había miedo.
Estaba seguro que cuando volvieran y ellos vieran los anillos, pegarían el grito en el cielo. Principalmente EUGENIA. Pero no le preocupaba. Luego les darían un casamiento más formal. Ahora estaba loco, desquiciado por unirla a él de aquella manera.
—Todos creen que casarse en Las Vegas es más un chiste que otra cosa —habló el hombre. No era ni muy mayor y tampoco muy joven. Tenía una sonrisa tranquila y pasiva. Despertaba mucha confianza en los demás. Por eso LALI lo había elegido —Hay que tener valor para casarse aquí. Será la ciudad del pecado, y tendrá tantos secretos morbosos que harían sonrojar al mismo Satanás —PETER rió levemente —Pero casarse en Las Vegas, también significa amor verdadero. Y lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas. Los anillos.
PETER buscó rápidamente en el bolsillo de su saco. Sacó una pequeña cajita azul y la abrió. El cura tomó ambas alianzas y LANZANI tiró la cajita a un costado. Le dio la primera a PETER.
—Ahora puedes decirle tus votos —le dijo el hombre. PETER tomó su mano y la levantó. Sus propias manos temblaban levemente por lo nervioso que estaba.
—Yo, PETER LANZANI , te elijo a ti, LALI ESPOSITO, como mi esposa, mi compañera, mi amante, mi amiga, como la madre de mi hija y mis futuros hijos —ella rió con lágrimas en los ojos —Te elijo para compartir el resto de lo que me quede de vida, por más complicadas que se vuelvan las cosas. Puede que hayamos comenzado con el pie izquierdo y haciendo las cosas realmente al revés, pero no me arrepiento de nada… de nada. Te amo.
Le colocó el anillo en el dedo anular y besó su mano. Los labios de ellas temblaban al igual que el resto de su cuerpo. Cuando era niña había soñado con una boda de lujo en un jardín privado, con más de quinientos invitados. Comida cara y lujosa. Con un vestido de diseñador totalmente extraordinario. Había soñado con carrozas y lirios blancos. Pero nada de eso se podía comparar con la boda que tenía ahora. Nada. Y no podía ser más perfecto que aquello.
Temblorosa, tomó el anillo de él. Tomó su mano y lo miró a los ojos.
—Yo, LALI ESPOSITO, te elijo a ti, PETER LANZANI , como mi esposo, mi amor, mi protector, mi vida, mi futuro —las primeras lágrimas cayeron de sus ojos —Te elijo para envejecer juntos y seguir aprendiendo de la vida. Bendigo el día que te conocí. Y yo tampoco me arrepiento de nada. Te amo, mi amor.
Terminó de ponerle el anillo y como él lo había hecho también besó su mano.
—Ya no hay más nada que yo pueda decir —sonrió él cura. Ellos no podían dejar de mirarse —Solamente que los declaro marido y mujer. Puedes besar a tu mujer, muchachito.
PETER rió y tomó su bello rostro con ambas manos, para acercarla más él y terminar con aquel pequeño ritual. Nunca se cansaba de besarla. Era increíble. Cada día que despertaba y ella estaba entre sus brazos, se preguntaba si aquello no era más que un sueño.
La besó con pasión, sin importarle el resto de las parejas que estaban esperando en la fila para casarse detrás de ellos. Pero entonces todos comenzaron a aplaudir y festejar. Ella sonrió bajo sus labios y se alejó un poco para mirar a la gran multitud de futuros maridos y mujeres que los observaban.
Volvieron a mirarse. Él aun no soltaba su rostro.
—¿Qué se siente ser la señora de LANZANI ? —le preguntó.
—Mmmm, no sabría explicarlo con palabras —se mordió el labio inferior y lo miró seductoramente —Aunque podría mostrártelo.
—Ah, ¿si? —inquirió haciéndose el sorprendido —¿Cómo?
—No puedo decírtelo aquí. Tiene que ser en privado —murmuró.
Él la miró divertido y luego se inclinó un poco para alzarla en brazos. LALI rió divertida mientras rodeaba su cuello con los brazos.
—¡Abran paso que aquí va un hombre directo a su noche de bodas! —exclamó.
Todos volvieron a aplaudir y los despidieron con buenos deseos y una que otra recomendación para la noche de bodas.
LALI lo miró a la cara mientras él la cargaba a través de todo el hotel como si ella no pesara nada. No la bajó ni siquiera cuando entraron en el ascensor.
—Mucho gusto —le dijo. Él la miró —Soy LALI ESPOSITO, secretaria.
Él sonrió al recordar como se habían presentado la primera vez.
—PETER LANZANI —dijo él —Mecánico de autos y motos, ¿crees que nosotros dos podríamos tener un encuentro privado?
Ella tomó su mano y la levantó.
—¡Pero eres casado! —exclamó simulando sorpresa —Maldita la chirusa que te atrapó. Aunque quizás ella nunca lo sepa…
—Podríamos echarle la culpa al alcohol —asintió él. LALI rió divertida.
—Yo también soy casada —dijo y levantó su mano, mostrando su brillante anillo —Debería darnos vergüenza.
El ascensor se detuvo y las puertas se abrieron. PETER salió disparado hacia la puerta de su habitación. Sin bajarla buscó la tarjeta en su bolsillo y abrió la puerta.
—¿Vergüenza? —inquirió mientras ingresaba con ella en brazos —Vergüenza debería darte haberte presentado como LALI ESPOSITO. Eres mía ahora. Y ahora mismo me encargaré de recordártelo y que no se te vuelva a olvidar.
Ella soltó una risita nerviosa, mezcla de diversión y expectativa. Él la bajó con cuidado y se paró derecho frente a ella. LALI podía sentir los latidos de su corazón en la garganta. Él se veía peligroso, decidido a tomarlo absolutamente todo de ella.
—¿Qué esperas? —la pregunta salió murmurada de sus labios. Le costaba hablar, estaba tan agitada.
Unos segundos después ella era apoyada contra una de las paredes de la habitación y su bonito vestido era casi arrancado de su cuerpo. Comenzó a luchar para quitarle el saco y la camisa. Estaba tan desesperada por sentirlo que no podía pensar con claridad.
Sus labios se encontraron, besando y exigiendo el uno al otro. Tratando de robar voluntades, de imponer mandatos. Él sabía a vino dulce y hombre salvaje, tomando el aire de ella, haciéndole perder la razón. Sus manos se movían sobre su cuerpo, buscando respuestas, exponiendo piel. Ella no tenía ninguna duda de a quién pertenecía. Pero tampoco iba a protestar por cada vez que él quisiera ‘recordárselo’
PETER soltó sus labios y bajó sus besos a su cuello. Ella olía a la más perfecta lluvia de primavera. No podía esperar más, la necesitaba. Necesitaba alcanzar ese lugar en dónde solo podía pensar en ella.
—Vas a acabar conmigo, amor —murmuró agitado.
—Por favor, PETER, no me hagas esperar… no más preparativos, los odio —jadeó cuando él arrancó de su cuerpo lo que quedaba de ropa interior. Él aun estaba casi completamente vestido. Su saco estaba en el suelo y su camisa, que había perdido varios botones, estaba entreabierta.
—No va a ser bonito —gruñó.
—Nadie aquí quiere que lo sea —dijo ella entre dientes, mientras metía las manos entre ellos y buscaba el cierre de sus pantalones. Lo miró a la cara. Él tenía la mandíbula tensa, los ojos ardiendo con deseo. Su respiración pesada y caliente acariciaba sus labios —Tú siempre queriendo ser delicado. Odio eso, te odio cuando lo haces. Me dan ganas de golpearte hasta que entiendas que no soy una princesa.
—¿Tú quieres golpearme? —inquirió divertido.
El sonido del cierre siendo bajado irrumpió entre sus respiraciones. Él tomó sus manos, agarrando sus muñecas. Ella tomó su labio inferior y lo mordió. PETER gruñó y el control del que tanto se enorgullecía de tener, se perdió. En un rápido movimiento la levantó del suelo. Ella jadeó sorprendida pero al instante rodeo sus caderas con ambas piernas. Aquello fue rápido y glorioso. Él entró en ella en un solo movimiento. Un grito ahogado rasgó su garganta mientras se agarra a sus hombros con fuerza. Su cuerpo no estaba del todo preparado. Recibirlo había sido una dulce mezcla entre el dolor y el placer. Él la llenaba completamente, quemando en su interior, estirándola. Aquello era tan sublime y a la vez terrenal. Ella se forzó a hablar. Lo miró a la cara, él apretaba los dientes.LALI se movió un poco, robándole un gemido puramente masculino.
—Sí, quiero golpearte. Quiero zurrar ese bonito trasero que tienes —logró decirle. No reconocía ni su propia voz. Sonó muy sensual incluso para sí misma.
—Eso lo veremos —dijo entre dientes y tomó sus labios mientras comenzaba a moverse en su interior.
Le robó el aire, el sentido, la fuerza, el corazón y el alma. Todo. Ella solo se lo dio todo. Aferrada a él como si su vida dependiera de ello, se entregó completamente a las sensaciones de su cuerpo empujando tan salvajemente dentro del suyo. Él estaba realmente marcándola. Jamás podría olvidarse de la sensación de su cuerpo allí.
PETER a penas podía pensar, el sudor cubriendo su rostro y cuerpo aun completamente vestido, mientras observaba las facciones femeninas totalmente placenteras. Sus labios gemían su nombre una y otra vez, volviéndolo cada vez más loco y desesperado. Sus uñas clavándose en sus hombros. Aquello era tan jodidamente real que daba miedo.
Entonces ella explotó a su alrededor, mordiéndolo en el hombro para apaciguar los gritos. Y él no pudo esperar mucho más. Ronco, grave, su nombre fue arrancado de su boca, mientras sus manos se hundían en sus caderas para sostenerla y darle hasta lo último que había en él.
Pareció una eternidad, pero solo fueron unos cuantos segundos, hasta que recuperaron el control de sus cuerpos. Él aun profundamente dentro de ella, sintiendo las replicas de su llegada, la despegó de la pared y caminó unos pocos pasos hasta caer sobre la enorme cama.
LALI gimió casi adormilada mientras él se levantaba de ella y abría las sábanas para meterla dentro. Se terminó de quitar la ropa desabrochada, las medias y los zapatos. Luego se acostó a su lado y los tapó a ambos. Ella se acomodó contra él al instante. Aun tratando de normalizar su respiración.
—Si eso no fue bonito, yo soy una monja —dijo ella divertida.
Él rió y metió una mano entre sus cabellos. Tirando suavemente hacia atrás, hizo que ella lo mirara. Sus ojos mostraban total y completa satisfacción. Sus labios hinchados por los fuertes besos, el nacimiento de sus cabellos levemente húmedo por el sudor del esfuerzo. Era hermosa.
—Lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas —le dijo y besó suavemente su boca.
—Aunque podríamos repetirlo en Nueva York —agregó.
—Tal vez —rió y besó su frente para luego cerrar los ojos —No creo que eso sea tan complicado.

FIN.

CAPITULO 95


Un infiltrado

—No se acerque —le advirtió ella —Déjeme salir de aquí… La pequeña quiere a su madre.
Robert sonrió levemente.
—Señora LANZANI —habló muy suavemente —La realidad es que usted no estaba en mis planes. Pero surgió de último momento. Siéntese y se lo contaré....
Ella se quedó tiesa en su lugar. No iba a hacer absolutamente nada de lo que ese hombre le dijera. La mirada en sus ojos era fría y totalmente llena de maldad.
—No, gracias. Estoy bien aquí —dijo. ALLEGRITA dormía profundamente en sus brazos, ajena a todo.
—Bueno —suspiró él y se sentó en el borde de la enorme cama —Yo estaba viendo todo desde un auto a cierta distancia, cuando pasó. Como vi que usted estaba interviniendo, decidí traerla. Pero no solo fue por eso. Sino que yo no iba a poder hacerme cargo de la mocosita. No tengo paciencia con los niños.
—¿Qué es lo que usted quiere? ¿Por qué le está haciendo esto a su propia hija?
Robert suspiró y volvió a ponerse de pie. Caminó lentamente de un lado hacia el otro, se detuvo y volvió a mirarla. GIMENA le sostuvo la mirada.
—LALI no ha sido una buena hija —le dijo y rió —El maldito de mi padre murió y no me dejó absolutamente nada. Todo se lo dio a ella… ¿Sabe? Eso fue realmente injusto. Yo realmente necesito el dinero, mi vida depende de ello —se acercó unos pasos a ella.GIMENA retrocedió inconciente. Pero él la detuvo —Solo quiero ver a la niña.
—No —sentenció ella y abrazó más a la pequeña.
—Bien —sonrió y se alejó —En 48 horas todo acabará, se lo aseguro. De una u otra forma todo terminará.
Él se encaminó hacia la puerta. GIMENA se desesperó
—¿Qué… qué le hicieron a mi esposo? —le preguntó con la voz temblorosa.
Robert se detuvo y volteó a verla. Volvió a sonreírle
—Es un placer para mí informarle que es usted una mujer… soltera.
Abrió la puerta y salió, dejándola con el corazón detenido. ¿Qué había querido decir con eso? Se acercó lentamente a la cama y se sentó de la misma forma a un costado, cuando su mente tomó consciencia de aquellas horribles palabras. David estaba muerto. Ellos lo habían matado.

—Señor LANZANI, ¿puedo hablar un segundo con usted?
PETER levantó la cabeza para mirar al detective Marc Conrad.
—Enseguida voy —le dijo.
El hombre asintió y se alejó de allí. PETER se movió con cuidado, para no despertar a LALI que se había quedado dormida en sus brazos. Era tarde y el cansancio la había vencido. Se habían sentado en el enorme sillón del living, esperando recibir alguna nueva llamada, alguna noticia.
Con mucho cuidado la levantó y la acomodó contra la esquina. LALI se removió pero no despertó. Él la miró unos segundos, había ojeras marcadas debajo de sus ojos cerrados, la angustia se dibujaba en sus facciones dormidas. Solo quería sacarle el dolor, traer de nuevo a su hija, cuidarlas a ambas, protegerlas. Se acercó y depositó un suave beso en su frente.
Levantándose con cuidado, se puso de pie y fue en busca del detective. Su casa aun estaba llena de personal de investigación y varios policías en la puerta. Buscó al detective y se acercó a él. Marc se puso de pie y le pidió que lo acompañara a la cocina.
—Es bueno que la señorita ESPOSITO esté dormida —le dijo el hombre —Quería hablar con usted a solas…
—¿Qué pasa? —preguntó algo preocupado.
—Estuve haciendo unas investigaciones a parte con lo que usted me dijo hoy. Señor LANZANI, fue Robert ESPOSITO el que secuestro a su madre e hija.
PETER apretó los dientes. Maldito hijo de puta.
—¿Cómo lo sabe?
—Tengo un infiltrado en una red de traficantes. Hace años vengo investigando a ese hombre. Lo llaman el Gordo Tonny, es un matón que trafica drogas y hace préstamos. Robert le debe dinero, mucho… Y ha sido amenazado de muerte.
—¿Usted sabe en dónde tiene a mi hija y a mi madre? —preguntó esperanzado.
—No, aun no —le contestó —Pero estoy haciendo todo lo posible por averiguarlo.
—Gracias, muchas gracias —susurró PETER.
Una figura apareció en la puerta. Él levantó la cabeza para mirarla. LALI tenía la mirada somnolienta y los miraba con algo de confusión.
—¿Qué pasa? —quiso saber ella.
—Nada, mi amor —le dijo él acercándose —¿Por qué no vamos a dormir a la habitación?
—No… yo no quiero seguir durmiendo —le dijo y miró al detective —¿Sabe algo de ellas, detective?
Marc miró a PETER y vio el pedido desesperado en su mirada de que no le dijera nada aun. Todavía no entendía bien por qué él hombre se empeñaba tanto en ocultarle las cosas, tarde o temprano ella lo descubriría y la reacción sería mucho peor.
—No, señorita LALI, pero nos estamos moviendo rápido —le aseguró —Yo voy a seguir con mi trabajo.
Salió de la cocina dejándolos solos. LALI miró a PETER. Sabía que algo le estaba ocultando, podía intuirlo. Se acercó a él despacio y se detuvo a unos cuantos centímetros.
—Dímelo —le pidió. Él alzó las cejas sorprendido.
—¿Decirte qué? —preguntó.
—PETER, no soy tonta. Algo pasa y quiero saberlo. Tengo derecho a saberlo.
La tomó de un brazo y la acercó a él para abrazarla contra su pecho. LALI lo dejó hacer y se acurrucó contra su calor. PETER le acarició la espalda en silencio.
—No pasa nada, mi amor —susurró contra su frente —El detective esta actuando lo más rápido posible. Te juro que pronto tendremos a nuestra princesa junto a nosotros.
—La extraño tanto —murmuró ella contra su pecho. Se abrazó a él con fuerza —Pero sé que tu madre está cuidándola, PETER.
—Sí —asintió él cerrando los ojos —Ella está protegiéndola, yo también lo sé – besó su frente y se alejó un poco de ella —Aun creo que es una buena idea que duermas un rato.
LALI levantó su mano y acarició su rostro.
—Solo si vienes conmigo y me abrazas.
—No me negaría bajo ningún concepto.

miércoles, 2 de marzo de 2016

CAPITULO 94

 El secuestro.

‘LALI… alguien… alguien se llevó a nuestra hija’
No. No. No. No. No. Aquello era una pesadilla, y en cualquier momento iba a despertarse en los cálidos brazos de PETER. Él la abrazaría y le diría que solo había estado soñando…
Pero el dolor era tan aplastante, tan intenso, que no podía ser algo irreal. Se habían llevado a su hija, a una parte de ella. Y junto a ella se... llevaron a GIMENA. NICO L recibió un disparo en el hombro, pero ya estaba fuera de peligro. Chace no dejaba de llorar como un niño. CANDE también lloraba, pero en los brazos de AGUS. NICO y EUGE se ocupaban de las cosas que ella no podía hacer, como hablar con el detective y los agentes que estaban por todos lados. Su madre y MARIANO no estaban en el país, pero habían recibido la noticia y estaban volviendo.
Ya habían pasado cuatro horas y aun no tenía noticias de su hija y de GIMENA.
Miró a su alrededor, el dolor incrustándose en su pecho con fuerza. Quería a su pequeña, abrazarla, mirar sus ojos miel, respirar su aroma. Era tan solo un angelito. En ese momento podría tener miedo, frío… hambre. Un sollozo escapó sin control de sus labios. Alguien se arrodilló frente a ella, tomándola de los hombros la arrastró contra su cuerpo para abrazarla. LALI reconoció el abrazo de su mejor amiga.
—LALI—murmuró la rubia —Dios mío, yo no sé que hacer…
—Me muero, EUGE, me muero si le hacen algo.
—Piensa… —se aclaró la garganta para poder hablar. Ella al igual que todos tenía un nudo en medio del pecho —Piensa que no está sola… se llevaron a su abuela con ella. GIMENA no va a dejar que le hagan daño.
—¿Por qué pasa esto, EUGE? —preguntó con la voz estrangulada. No podía respirar. No podía pensar.
—Todo va a salir bien…
El sonido del teléfono retumbó en cada rincón de la casa. LALI se alejó rápidamente de EUGE y corrió hacia el mismo. Se detuvo un instante para mirar al detective que había tomado el caso. El hombre le hizo un leve asentimiento con la cabeza. Tomó el teléfono con manos temblorosas
—¿Hola? —contestó.
—Tenemos retenidas a tu suegra y a tu hija. Queremos 1 millón de dólares por ellas. Tienes 48 hs para juntar el dinero.
—Por favor —se animó a hablar —es un bebé… no… no le hagan daño. Yo… yo haré lo que quieran… solo devuélvanme a mi hija,
—Junta el dinero y la tendrás —dijo la voz, que estaba claramente distorsionada.
La llamada se cortó. Ella se quedó con el teléfono pegado a la oreja, el corazón acelerado. Apoyó el aparato en su lugar y miró a su alrededor buscando a la única persona que necesitaba desesperadamente en ese momento.
PETER estaba parado en la otra punta de la habitación. Tenía los ojos rojos, había llorado, pero ella no lo había visto. Se miraron fijo. Después de que él había recibido la noticia y el caos se había desatado, no se había acercado a ella. Se había vuelto una especie de robot que iba de un lado al otro con un teléfono celular en la mano. Todos la habían consolado, menos él. Y no entendía por qué…
—Sin dudas estamos al frente de un secuestro —habló el detective —Tenemos la comunicación grabada. Haremos todo lo posible por intentar rastrear desde donde fue hecha la llamada. Todo saldrá bien, señorita LALI. Lo único que se puede hacer ahora es esperar.
LALI asintió y se limpió las lágrimas con el dorso de la mano. Pidió permiso y escapó hacia la habitación dónde dormía su bebé. Se dejó caer al lado de la pequeña cunita color rosa bebé que su madre había mandado hacer. Tomó la pequeña almohadita y la apretó contra su rostro. Olía a ella. Rompió en llanto nuevamente.
¿Quién podría hacer algo así? Debía ser algún enemigo de su abuelo. Alguien que sabía que él había muerto y que ella era la única heredera de todo. Maldijo el dinero, maldijo profundamente a su abuelo por haberle dejado todo. La vida de su hija y de GIMENA ahora dependían solo de ella.
La puerta de la habitación se abrió y alguien ingresó. Ella se quedó quieta en su lugar, con la almohadita cerca, los ojos cerrados, tratando de llorar en silencio.
Él se acercó lentamente. Su corazón se estrujó cuando pudo ver como estaba ella. LALI abrazaba con fuerza una pequeña almohada blanca. Sus ojos acumularon lágrimas. Se inclinó frente a ella. Estiró la mano para tocarla, pero la retiró.
—Lo siento tanto —dijo él. LALI abrió los ojos al escucharlo. Lo miró fijo. Estaba ahí frente a ella, las lágrimas caían por sus mejillas —Perdóname, LALI, todo esto es mi culpa… yo tuve que haberlo previsto. Yo…
Él no pudo seguir hablando, las palabras quedaron mudas por su incontenible llanto. Ella jamás lo había visto así. Tan frágil, tan humano. Se acercó rápidamente a él para abrazarlo. PETER la envolvió fuertemente con sus brazos, pegándola más a él, escondiendo el rostro en su cuello. No se había acercado antes a ella porque tenía miedo y culpa. Porque todo era su culpa. Él sabía que algo malo iba a suceder luego de la muerte de ALEJO, ya que LALI heredaría absolutamente todo. El dinero era algo malditamente poderoso y atrayente para la gente codiciosa. Y alguien había directamente por el punto débil de ambos. Su hija. Pero no solo era ALLEGRA, su madre también estaba en el medio. GIMENA, la madre perfecta, la abuela incondicional. Abrazó más fuerte a su mujer, compartiendo el dolor que ambos sentían. La angustia. Estaba desorientado.
Pero había algo de lo cual estaba completamente seguro. El que estaba detrás de todo esto era Robert ESPOSITO. Lo podía jurar. Incluso se lo había dicho al detective, pero le había pedido que no le comentara nada a LALI. Sería demasiado para ella.
—¿Por qué me pides perdón? —murmuró ella —Esto no es tu culpa,PETER…
Él cerró los ojos y la dejó consolarlo. La amaba tanto…
—No he sido un buen hombre de familia. No he cuidado bien a mi familia.
—PETER —suspiró ella —Eres un padre maravilloso y eres un compañero incondicional y honesto. Esto no pasó por tu culpa, jamás vuelvas a decir eso.
Él se alejó un poco, solo para tomar su rostro con ambas manos. Con los pulgares secó las lágrimas que estaban estancadas en sus mejillas y luego depósito un suave beso en sus labios.
—Te prometo que voy a encontrarla… voy a encontrarlas a ambas y voy a traerlas sanas y salvas. Y todo estará bien. Y tú te casaras conmigo.
Una sonrisa temblorosa asomó en los labios femeninos.
—¿Qué clase de proposición es esa? No fue nada romántico.
—No fue una proposición y tampoco una pregunta. Te estoy exigiendo que lo hagas. Cuando todo esto acabe, tú, LALI ESPOSITO, escaparás conmigo y con nuestra hija hacia el oeste para casarnos en Las Vegas. Solo nosotros tres…
—¿Acaso quieres que EUGE me mate por no avisarle y que sea mi madrina de bodas? —inquirió mientras acariciaba su rostro.
—EUGE va a tener su oportunidad. Pero yo no puedo esperar más.
Ella buscó sus labios con los ojos cerrados.
—Acepto —susurró.

GIMENA LANZANI miró a su alrededor. No sabía donde estaba, y tampoco estaba segura de cuanto tiempo llevaban ahí. Miró a la pequeña que estaba en sus brazos. ALLEGRA dormía, después de haber llorado varios minutos en busca del olor de su madre. Pudo calmarla gracias a que tenía un biberón preparado en el bolso con la leche de LALI. Pero la pequeña aun buscaba a la morena. Volvió a mirar a su alrededor. La habitación estaba bien decorada y era espaciosa. Tenía una enorme cama en el medio. Pero no había ventanas. No había donde escapar. Cerró los ojos y pensó en sus hijos, pensó en NICO L. Al instante las lágrimas volvieron a ella. NICO L… le habían disparado cuando él intentó defenderlas. Se le cortó la respiración. ¿Y si lo habían matado? ¿Y si esa bala había matado al amor de su vida?
Se sentó lentamente en el borde de la cama. El día había sido maravilloso junto a NICO L y su nieta. Habían ido al parque. NICO L y ella habían revivido junto a la pequeña, la época en la que sus hijos eran unos bebés regordetes que dependían exclusivamente de ellos.
Almorzaron juntos y VICO se había unido a ellos. Cuando la hora acordada para llevar a la pequeña a casa de hijo y LALI llegó, VICO se había ofrecido a llevarlos. Subieron al auto, todo era muy tranquilo. GIMENA colocó a la pequeña en el asiento para bebes y se sentó a su lado, mientras NICO L y VICO iban al frente. Los había observado hablar. Eran tan parecidos. Eran tan hermosos. Pero entonces un auto se cruzó en su camino. VICO intentó esquivarlos. GIMENA tomó el bolso y alzó a la pequeña. Cinco hombres bajaron de una camioneta y se acercaron con armas. Abrieron la puerta en donde se encontraba ella. NICO L se bajó, al igual que VICO, forcejearon. Otro hombre encapuchado se acercó a ella.
‘—Dame a la niña —le había dicho. GIMENA la había apretado contra su pecho’
‘—No vas a llevártela sin mí —le dijo. Entonces el hombre las sacó a ambas’
Ella comenzó a forcejear y a resistir. NICO L la observó, intentó acercarse a ellas.GIMENA recordaba la desesperación en su mirada. Y luego uno de esos hombres disparó contra él. Todo su mundo se congeló en ese momento, mientras era arrastrada dentro de un auto con la pequeña en brazos.
Salió de los recuerdos al sentir que alguien abría la única puerta que había en la habitación. Se puso de pie y acercó a ALLEGRA más a su cuerpo. No iba a dejar que nadie la tocara. Sus ojos se abrieron bien cuando reconocieron a ese hombre.
—Usted —murmuró ella.
—Es bueno conocer a la suegra de mi adorada hija —sonrió él —Y también es muy bueno conocer a mi pequeña nieta

martes, 1 de marzo de 2016

CAPITULO 93

Todo cambia en un momento.

Ella comenzó a despertarse. Primero sus pensamientos, luego su cuerpo, lentamente sus ojos. Su mirada quejó fija en la ventana. El cielo estaba oscureciendo. Suaves tonos anaranjados y violetas surcaban el atardecer.
Suspiró, removiéndose un poco, y su cuerpo fue consciente de los rastros del amor. Estaba apoyada sobre algo que emanaba un agradable calor. Levantó la cabeza y lo miró.
PETER dormía profundamente, el rostro relajado y algo sonriente. Ella apoyó su mentón contra su pecho. Se habían dormido profundamente luego de haber compartido aquel momento tan… único. Él la había arrastrado contra su pecho y la había abrazado. Aun la sostenía rodeada con su fuerte brazo, como si temiera que ella fuera a irse. Levantó una mano y acarició el lado izquierdo de su pecho. Él la había hecho volar más allá de lo que había sido capaz de creer. Pensó en todo lo que habían pasado. Pensó que había estado a punto de perderlo, solo por temor a no arriesgarse. Por alguna razón sus ojos se llenaron de lágrimas. Se incorporó un poco y acercó su rostro a él, para besarlo despacio en los labios.
—Te amo tanto —murmuró con la voz algo quebrada.
Se iba a alejar de su rostro, pero una mano se instaló en su nuca, inmovilizándola. Ella lo miró algo sorprendida. Los ojos de él se abrieron lentamente, hasta mirarla fijo.
—¿Por qué hay temblor en tus palabras, amor? —le preguntó. Su voz salió grave, rasposa. Ella se lamió los labios y carraspeó para poder hablar con normalidad.
—Hola —fue lo único que se le ocurrió decirle. Él sonrió.
—No contestaste mi pregunta —le dijo y con la mano que la sostenía, la acercó a él, besándola. LALI cerró los ojos y lo dejó hacer. Abrió los labios para su beso, suspirando cuando su lengua empujó dentro de su boca, provocándola. Ella se aferró a sus hombros y gimió. PETER separó sus labios, dejándola colgada. Ella pudo leer en sus ojos que aun esperaba una respuesta.
—Estaba pensando que pude haberte perdido, PETER. Me estaba imaginando que sería de mí ahora si te hubieses casado.
PETER acomodó un mechó detrás de su oreja y suspiró.
—Ya no pienses en eso, preciosa. Porque ya no hay nada, ni nadie que pueda alejarte de mí. Te amo.
Ella sonrió y escondió el rostro contra su cuello. Se quedaron allí, abrazados en silencio. La mano de él subía y bajaba por su espalda desnuda.
PETER miró por la ventana y supuso que eran aproximadamente las siete de la tarde por el color del cielo. Suspiró. Estaba tan bien, se sentía tan nuevo que no quería levantarse de esa cama nunca más.
LALI depositó un suave beso debajo de su mandíbula y se incorporó.
—Debemos levantarnos —le comentó —Nuestra pequeña llegará pronto.
Él sonrió, pero luego hizo un pequeño puchero.
—No quiero levantarme aun —se quejó. LALI comenzó a levantarse. Sin ningún pudor salió de la cama así desnuda como estaba. Él la miró fascinado.
—Te daré un pequeño incentivo —le dijo y comenzó a caminar por la habitación.
Él pudo sentir como su cuerpo comenzaba a reaccionar ante la provocación de aquellas caderas. Se sentó en la cama, contra las almohadas, tratando de parecer poco interesado.
—Veamos que tienes para ofrecerme —la desafió.
LALI caminó hacia una pequeña puerta que daba hacia el baño principal de la habitación. Lo miró sobre su hombro
—Yo podría dejarte entrar… a bañarte conmigo.
Él tragó sonoramente, ya que su garganta acababa de secarse completamente. Su corazón dio un brinco y PETER Jr. fue plenamente consciente de ella. Se encogió de hombros, intentando seguir con su postura.
—Prefiero quedarme aquí —le aseguró. Ella sonrió tranquila.
—Está bien —le dijo sin preocuparse y entró al baño.
‘¿Eso es todo? ¿No vas a insistirme y a provocarme para que salga de esta cama?’
Se dijo a sí mismo. Escuchó el sonido del agua corriendo y esperó. Esperó a que ella volviera a buscarlo. Pero eso no pasaba. Guardó absoluto silencio para ver si podía escucharla. Nada, solo el agua cayendo. Se puso de pie en un salto y con sigilo se acercó a la puerta. Apoyó con mucho cuidado la oreja sobre la misma. Un suave tarareo sonaba detrás de la puerta. Ella estaba cantando. Entonces decidió abrir.
Asomó la cabeza y la vio. Su corazón se aceleró al ver su silueta a través del vidrio, que permitía ver si había alguien allí, pero de manera borrosa. El agua caía sobre ella, haciéndola parecer irreal. Se lamió los labios. Tenía que tenerla de nuevo, acariciar cada parte de su cuerpo. Cerró la puerta despacio detrás de sí y se encaminó hacia ella.
LALI estaba dándole la espalda al vidrio, pero algo le decía que ya no estaba sola en aquel cuarto. Sonrió levemente, y siguió dejando que el agua cayera sobre ella. Su plan de ignorarlo había funcionado. Estiró la mano en busca de una esponja. Escuchó el suave sonido del vidrio siendo abierto, pero aun así no giró. El vidrio volvió a cerrarse, alguien estaba con ella en aquella ducha. Su piel se erizó, pero siguió quieta en su lugar.
Con la esponja en una mano, buscó el jabón y frotó suavemente hasta formar una enorme cantidad de espuma. Iba a pasarme la esponja por un brazo, pero una mano la detuvo, tomándola suavemente de la muñeca.
Ella giró un poco la cabeza y se encontró con su cuerpo muy próximo al suyo.
—Déjame ayudarte —le murmuró al oído y le quitó la esponja de la mano.
—Creí que querías seguir acostado en aquella cama —le recordó ella. PETER comenzó a pasar la esponja contra su pequeña espalda. LALI suspiró y acomodó su cabello hacia un costado para que él pudiera hacer mejor su trabajo. Una vez que él frotó la esponja sobre sus hombros también, ella giró para enfrentarlo de una vez. Le quitó la esponja y la volvió a llenar de jabón para enjabonar su magnifico torso. Él la miraba fijo, esperando a que hablara. LALI enfrentó su mirada y buscó el pote de shampoo.
—Este es realmente un sueño —habló él, las palabras salieron suaves de sus labios.
—Siempre quise tenerte en la ducha —coqueteó ella mientras le pasaba el shampoo por el pelo y lo lavaba lentamente.
PETER se relajó en sus manos, dejó que aquellos dedos masajearan su cuero cabelludo, luego la dejó acariciarlo. LALI parecía sumamente feliz dándole caricias que le hacían cosquillas en el estomago.
Se dieron un buen baño el uno al otro. Mientras PETER la lavaba, dejaba besos sobre su piel, provocando risas en ella. Se había olvidado que era extremadamente cosquilluda en el cuello. Sonrió y comenzó a molestarla de verdad.
LALI reía e intentaba escapar de sus imparables manos que estaban por todos lados. Intentó vengarse pero él la dominaba. Tomar un baño, juntos era una completa aventura.
Una vez que estuvieron completamente limpios y arrugados por tanto estar bajo el agua, decidieron salir, no sin antes compartir un largo beso de esos que hacen perder el aire.
LALI fue la primera en salir, envuelta en una toalla alrededor de sus pechos y con una toalla más pequeña para secarse el cabello. PETER tomó una toalla grande y se cubrió las caderas para ir tras ella.
—¿Crees que ya estén por llegar con ALLEGRA? —preguntó él. La morena que terminaba de colocarse la ropa se giró a verlo.
—Sí, ya es hora de que vuelva. La extraño demasiado.
Él se acercó a ella con el jean sin terminar de abotonar. Le entregó una sonrisa traviesa y sexy. Que decía vamos-a-portarnos-mal. LALI arqueó una ceja.
—Tal vez mis padres crean que necesitamos práctica para darle un hermanito a nuestra niña —le dijo y movió las cejas de arriba a bajo.
Ella rió divertida.
—Dame un respiro muchacho —dijo sin dejar de reír —La niña a penas tiene un poco más de un mes…
—Yo solo dije que necesitamos práctica.
—Hicimos a esa cosita hermosa en una noche —razonó y le guiñó un ojo —No creo que necesitemos practicar nada, bombón.
—Mírate —dijo haciéndose el sorprendido —Y yo que creí que era el único que tenía esas tendencias medias perversas.
Rieron y ella le terminó de abrochar el pantalón sin dejar de mirarlo a los ojos.
—Eso pasa porque haces de mí una completa depravada —se puso de puntitas y lo besó en los labios, para luego salir del cuarto. PETER sonrió contento y terminó de vestirse.
Salió de la habitación a tiempo de LALI que estaba en la cocina. Se acercó con pasos rápidos al living y tomó el aparato —Diga.
—PETER, PETER—exclamó VICO del otro lado. El se irguió derecho al escuchar la voz afligida de su hermano.
—Sí, VICO, soy yo, ¿Qué pasa? —le preguntó.
—PETER, yo no sé que pasó —lloró el menor de los LANZANI —Estoy en el hospital… le dispararon a papá…
—¿Qué? —dijo sin poder creerlo.
—… yo estaba con ellos yendo a tu casa junto a ALLEGRITA. Una camioneta salió en nuestro camino muchos hombres bajaron, abrieron la puerta… ¡Intenté detenerlos! Papá también, y le dispararon. Se llevaron a ALLEGRA y a mamá.

CAPITULO 92

: Oh, sí.

—¡PETER! —exclamó ella sin poder creerlo.
Él soltó una sonora carcajada.
—¿Estas escandalizada, preciosa? —inquirió. ...
Ella lo miró fijo a los ojos y trató de permanecer seria. Pero ¿Cómo podía hacerlo cuando los ojos de él brillaban con tanta simpatía?
—Yo creo que estás loco —le dijo mientras una sonrisa tironeaba de sus labios. PETER se inclinó la besó.
—Claro que estoy loco… Loco por ti —murmuró mientras con la punta de su lengua obligaba a LALI a besarlo.
En ese beso había de todo y la morena fue inundada por las sensaciones. Estaba perdida en las mismas. Intentó acercarse más a él, mientras sus labios se movían sobre los de ellas, encendiéndola, su lengua mezclándose con la suya. Deslizó sus piernas, sintiendo la fuerza de sus muslos, las diferencias entre ellos. Y se estaba muriendo, estaba muriendo lentamente por la necesidad de tocarlo. Una mano caliente se instaló en su cintura y mientras sus labios seguían besando los suyos, comenzó a bajar por su cadera hasta anclarse en la curva de su cola. Con un simple movimiento la ayudó a que con una pierna rodeara su masculina cadera. Oh sí, eso fue tan bueno. Las sensaciones comenzaron a fluir a través de ella, como fuego que recorría cada parte de su ser, preparándola para él, para recibirlo. Tratando de aliviar la enorme presión, se deslizó a sí misma hacia abajo, encontrando un poco de alivio, cuando su centro se encontró con su erección. Un gemido brotó a través de su beso por las increíbles sensaciones que aquel pequeño encuentro provocó.
Él se despertó aun más. Real y verdaderamente excitado por ella.
—PETER—susurró agitada.
—Quédate quieta, LALI —le gruñó.
—Por favor —rogó con un suave tono desesperado —Haz algo antes de que muera por ello, PETER… Yo no puedo soportarlo más, no.
—Shhh, tranquila pequeña —le dijo él y la besó cortamente para luego depositar un suave beso en su mentón.
LALI tiró la cabeza levemente hacia atrás contra las almohadas. Él se movió sobre su cuerpo, hacia abajo, besando un camino hacia su cuello. Sus labios encontraron un punto en donde sintieron el desesperado latido de su corazón. Lamió aquel punto, con la inocente idea de calmarlo. Cada vez que él se movía sobre ella, suaves sonidos escapaban de sus labios. Era el paraíso. Y aquel momento era tan malditamente diferente al primero, que de verdad quería retrasarlo, quería hacerlo durar. Iba a llevarlo con él por el resto de su vida.
Se inclinó sobre ella, viendo como sus ojos se dilataron cuando bajó la cabeza y lamió un apretado pezón luego el otro.
LALI se retorció, gimió. Sintió su vientre contraerse de puro placer. Entonces, cubrió una punta, chupándolos en la boca. La sensación golpeó en su vientre, convulsionó su estómago. Sus ojos se agrandaron, y sus manos, casi por propia voluntad, se cerraron con fuerza sobre las corbatas que la mantenían atada.
—Oh —fue lo único que su voz se permitió decir.
—LALI—habló él mientras se movía para darle la misma atención al siguiente pecho. Ella se mordió los labios y observó atenta cada movimiento —No pienses en nada, cariño, déjate ir. Disfrútalo, déjame escuchar cuanto te gusta…
Sopló su aliento sobre su pezón. La sensualidad en su voz la llevó al límite. La desinhibición se apoderó de ella. Se olvidó de todo. De los miedos, del dolor. Lo único que había era esto. Su toque. Su bondad. Su honestidad. El pacer.
—Oh sí —las palabras escaparon de sus labios.
—¿Sí, qué? —inquirió él.
—Más —sentenció.
PETER volvió a tomar sus labios en un hambriento beso, mientras una mano curiosa ocupaba el lugar que anteriormente habían tenido sus labios. Con su pulgar, acarició un pezón y ella respondió arqueándose contra él. Diablos, era tan sensible a él que estaba a punto de explotarle la cabeza. No sabía por cuanto tiempo más podría soportarlo, pero iba a hacerlo. Su mano siguió camino hacia el sur, encontrándose con la suave piel de su vientre. Era increíble pensar que hacía un poco más de un mes allí dentro había estado el regalo más grande de su vida. Su mano llegó a destino y LALI soltó un pequeño gruñido, cuando él la tocó más profundo.
—Estás mojada —susurró contra sus labios. El tono fue áspero, profundo y hambriento. Hizo que un temblor recorriese su columna.
—Y no podría ser de otra manera. Hace horas que estás jugando conmigo, maldito —le dijo entre dientes.
—Esa era la idea, preciosa —rió por lo bajo. Su pulgar encontró aquel pequeño capullo en donde radicaba la mayor parte de su placer. Realizó un suave círculo sobre él.
La morena dejó caer la cabeza hacia atrás dándole acceso a sus labios, a su cuello, mientras el pulgar la acariciaba y enviaba fuego a su cuerpo.
—PETER —ella suspiró su nombre nuevamente. Sus labios se deslizaron por su cuello antes de rozarlo con sus dientes. El placer se convirtió en fuego recorriéndole el cuerpo.
LALI luchó por respirar cuando los pequeños toques aumentaron. Sus ojos se cerraron. Él la estaba llevando hacia el borde. Ella gimió, sus manos se cerraron en puños, su corazón latió más fuerte cuando sintió la lenta penetración de dos dedos.
Su respiración era desigual al momento en que decidió abrir los ojos para verlo luchando por respirar. Observarlo la noqueó. Era un placer que ella nunca había conocido en la mirada de un hombre. Nunca nadie la había mirado así.
—Es tan bueno —dijo él roncamente cuando profundizó su toque, mientras ella intentaba mantener los ojos abiertos para mirarlo y deleitarse con el deseo que vivía en sus encendidos ojos miel —Pero puede ser mejor, amor —le dijo bajito —Mucho mejor.
Sus dedos se deslizaron más profundamente al decir esas palabras. LALI luchó por sofocar un grito de placer.
Él comenzó a regar besos sobre su cuello, pechos, vientre. Le encantaba ver la forma en que su piel quedaba marcada por los pequeños pellizcos que él le daba. Era suya. Completamente suya. Sus dedos seguían dentro de ella, sintiendo los suaves temblores que la recorrían. Observó aquella parte de su cuerpo que estaba tocando. Era tan delicado, era tan de mujer. Perfecto. Pero entonces ella intentó cerrar las piernas.
—PETER… —se quejó —Yo…
—Cállate —la interrumpió y separó sus muslos —Yo quiero hacerlo y vas a dejarme.
—Pero es que… es vergonzoso.
—No, no lo es.
Se inclinó y la probó. Lamió el pequeño capullo, gimiendo al sentir su gusto dulce de mujer. Dulce cielo, ella era caliente.
Aquello fue demasiado para ella. Sus caderas se arquearon sin permiso, rogando por más. Apretó las corbatas con sus manos, tratando de contener los gemidos. Él volvió a repetir la misma acción, pero ahora con un poco más de presión. Los dedos de él comenzaron a moverse despacio mientras sus labios seguían estimulándola. No pudo contenerse más. Los sonidos escaparon de sus labios como una acordada sinfonía. Ella apenas podía pensar, aquello era caliente, atrevido, sexy. Y él parecía disfrutarlo tanto como ella.
—Más —ella respiró desesperadamente —Por favor, PETER…
Estaba tan cerca. Ella podía sentir como la desesperación crecía en su interior y trataba de salir a la superficie. Entonces él la mordió suavemente y aquello la catapultó. La explosión corrió como una onda expansiva. El orgasmo se adueñó de sus sentidos, arrancando el nombre de él de sus labios y llevándola al borde para dejarla caer. Su cuerpo se dejó caer blando contra las sábanas, mientras luchaba por tomar un poco de aire.
Él besó su vientre, el valle entre sus pechos, el centro de su cuello, su mentón, y se detuvo cuando sus ojos se encontraron. Ella se forzó a abrir los ojos para mirarlo. La lujuria llameaba en su mirada. Su mandíbula estaba tensa, apretaba los dientes. Ella se movió un poco y lo sintió tan duro como una piedra sobre su muslo derecho.
—Eres más de lo que alguna vez he soñado —le dijo él.
—Desátame —dijo ella cuando encontró voz —Necesito tocarte, PETER, por favor, desátame.
PETER se estiró sobre ella y con movimientos suaves la desató. Al instante en que sus manos estuvieron libres, levantó las manos y tomó su rostro. Lo acercó a ella, sus narices su rozaron. Él acarició los costados de su cuerpo. Ella llevó sus manos hacia sus hombros, acarició sus brazos, necesitando esa cercanía. Levantó un poco el rostro y besó sus mejillas, besó su mandíbula.
—Preciosa… —susurró, su aliento cayó cerca de su oreja, erizándole la piel. LALI se acomodó mejor debajo de él y metió la mano entre ambos, buscándolo. Su mano se cerró despacio sobre su virilidad. PETER siseó y se acercó hacia atrás. Era tal el deseo que sentía por ella que aquel simple toque podía acabarlo todo.
—Vamos, chico malo, ¿dónde esta el hombre que ha tenido tanto sexo en su época de secundario? —se burló.
—Es que antes no estaba teniendo sexo con la mujer que ha hecho de mí un completo idiota. Debes comprender, que PETER Jr. está un poco conmocionado por todo esto.
Ella rió encantada y con su mano libre lo tomó de la nuca, acercando su rostro a ella para besarlo en los labios.
—Entonces, démosle un poco de alivio al pobre PETER Jr.
PETER rió sobre su boca y dejó que aquella pequeña mano lo guiara hacia donde tenía que ir. LALI que había tenido a un hombre dentro de ella, y daba la casualidad que ese hombre era el mismo que ahora estaba sobre ella. ¿Quién lo hubiese creído? Luego de todas esas cosas complicadas y hasta algo tontas, que ahora estaría así, tan excitada y necesitada que se sentía una sexopata recién descubierta. Levantando los ojos hacia él, vio los trazos duros y tensos de su cara, su mirada fija, apretada, cuando también la miró, su rostro algo rojizo y la boca ligeramente abierta. El placer cubría sus facciones. Se movió un poco más, estirándola, quemándola.
PETER no iba a durar demasiado. El cuerpo de ella apretaba y apretaba, dándole la bienvenida, obligándolo a ir más profundo.
—PETER —murmuró su nombre, rogándole que la tomara por completo. Eso fue suficiente para él. Con un simple movimiento entró en ella, llenándola por completo. Ella se arqueó y gimió fuerte.
—Demonios —gruñó él rudamente, su mirada se encontró con la de ella —Estás apretada, preciosa. Tan dulce y tan apretada alrededor de mí.
—No esperes —susurró ella, necesitándolo tanto —Tómame, amor… Por favor, Dios —su voz sonó como un gemido —Más, necesito más de ti.
Algo dentro de él pareció romperse. PETER perdió todo rastro de control en ese instante. Agarrándola de las caderas, empezó a moverse, amándola como ella quería, dándole más, acariciando dentro de ella con una necesidad que parecía no poder calmar.
Cada penetración enviaba olas de placer que corrían por su cuerpo, se agarró a él, clavando sus uñas en sus brazos. Su centro se contrajo cuando él se hundió nuevamente dentro de ella, acariciando su erección hasta que se le hizo difícil detener su liberación.
Entonces se acercó a su rostro y le dio un beso en los labios, besándola fuerte mientras la marcaba con fuerza, cada vez más duro y con más hambre. El cuerpo de ella se contrajo. Gritó su nombre al mismo tiempo que echaba la cabeza hacia atrás, lo apretó más, el calor aumentó hasta que la sintió estallar bajo él. Temblaba a su alrededor, caliente, asegurándose que volara hacia un orgasmo del que él juró no poder volver a moverse.
Gimió el nombre de ella, y se derramó en su interior. Ahora toda su vida se concentró en ese momento mágico, de un placer tan ilógico que se marcó a fuego en su interior.

CAPITULO 91

Confesiones.

LALI supo en ese instante que estaba perdida. Y en cierto modo eso le gustaba. Volvió a morderse los labios y lo escuchó moverse. Su audición estaba terriblemente sensibilizada. Escuchó el sonido de las persianas de la enorme ventana que había en la habitación, abrirse o cerrase… no estaba muy segura.
—¿Qué haces? —le preguntó antes de detenerse a pensar un poco más.
...—Quiero que haya más luz. No quiero perderme ningún detalle de ti.
Ella pensó en eso. Era de día, un poco más de la una de la tarde. Había estado tan absorta en aquello que se había olvidado completamente del tiempo. Recordaba que cielo había comenzado a despejarse cuando dejaron el cementerio. Se preguntó si ya estaría visible el sol.
—¿Hay sol? —quiso saber.
Lo escuchó acercarse. Su pulso se aceleró.
—Sí, y te ilumina…
Su voz estaba cerca de la cama, pero no estaba segura de donde. Movió la cabeza hacia el frente. Estaba por hablar, cuando sintió una mano caliente cerrarse sobre su tobillo. Aquella mano, fuerte y algo áspera, comenzó a subir por su pierna. Sintió el calor que él desprendía a medida que su cuerpo se aproximaba al de ella. Ahora él usaba ambas manos para recorrer ambas piernas. Las caricias eran muy suaves y le erizaban la piel. Quería mirarlo, estuvo a punto de decirle que necesitaba verlo. Pero entonces sintió sus manos a los costados de sus caderas, aforrándose a la única prenda que quedaba sobre ella. LALI elevó un poco las caderas, una vez que él empezó a tirar de su ropa interior.
PETER estuvo a punto de gruñir al observar como ella cooperaba sin que él hablara. Terminó de quitarle el pequeño culotte y la observó.
—Eres hermosa, ¿lo sabes, verdad?
LALI tragó dos veces antes de contestar.
—Tú me haces hermosa… —respiró hondo —…siempre. Pero por favor, ya no me tortures más…
Él arqueó una ceja.
—¿Estoy torturándote? —inquirió.
—Pff, no hagas como que no sabes de lo que te estoy hablando… Te necesito y tú estás ahí, donde quiera que sea, haciendo quien sabe que cosa, callado. No puedo verte y tampoco levantarme y obligarte a hacerme el amor. Simplemente estas acabando conmigo.
Él se rió. Sí, fuerte y algo ronco. Su risa hizo que la humedad entre las piernas de ella aumentara. Era un bastardo, y cuando estuviera desatada y desvendada, iba a vengarse por hacer que su cuerpo fuera una especie de aparato que solo respondía a todo lo que él decía o hacía. Ella también iba a atarlo a la cama y a hacerlo suplicar por su toque. Sí, sería una dulce venganza. Sonrió malvadamente, sin tener en cuenta que PETER la estaba mirando.
—¿A qué se debe esa sonrisa de creo-que-encontré-algo-que-alguien-no? —le preguntó.
—A nada —le aseguró.
—No sabes mentir. Dime.
—No voy a decírtelo —sentenció.
—Bien, entonces voy a obligarte a decírmelo —ella escuchó la risa en sus palabras. Arqueó una ceja.
—No me digas —se burló —¿Y cómo se supone que lo harás?
Se paralizó cuando sintió la cercanía de su cuerpo a los pies de la cama. Acababa de sentarse. No pudo evitar pensar que él estaba desnudo. Contrólate, se dijo a sí misma.
PETER rió bajo y profundo. Una especie de vibración sexy que salía de su pecho. Maldito, maldito, maldito, pensó ella. Cada cosa de él era sexy.
—No voy a decírtelo —le dijo utilizando las mimas palabras de ella.
LALI abrió la boca para protestar, pero las palabras se atoraron en su garganta cuando sintió que él se inclinaba y comenzaba a besar sus pies y subía por su pierna. Se aclaró la garganta, tratando de no parecer afectada. Pero no podía, no podía fingir. El corazón estaba a punto de salírsele del cuerpo. Y todo lo que ella estaba intentando contener se le escapó de los labios en un suspiro de sorpresa, cuando él la obligó a separar las piernas. La vergüenza se cernió sobre el deseo.
—PETER, yo…
—Abre —sentenció él. LALI apretó los labios. Era tan intenso que la asustaba. No podía controlarlo. Jamás había sentido algo así con nadie. ¿Iría él a hacer eso que ella estaba pensando? Se le aceleró la respiración. Nunca nadie la había besado allí. Nunca había tenido el valor de pedirlo. El sexo con BENJAMI había sido tranquilo, de maneras suaves, de esos de una vez por semana. El deseo que PETER despertaba en ella era primitivo, salvaje, desesperado.
Un beso suave aterrizó en la parte interna de su muslo izquierdo. La sorpresa y un pequeño escalofrío la hicieron arquear un poco la espalda.
—¿PETER? —lo llamó.
—¿Si? —dijo él levantando un poco la cabeza.
PETER observó el rojo de sus mejillas. La respiración salía en rápidos jadeos de sus labios. Iban a tener que hablar un poco. Se incorporó, haciendo que el aire se filtrara entre ellos. LALI movió la cabeza de un lado al otro. ¿Por qué se había levantado? ¿Qué iba a hacer? Mejor dicho, ¿Dónde estaba? Iba a llamarlo, pero entonces lo sintió acostarse a su lado. El suave algodón de una manta los cubrió. Entonces un suspiro puramente placentero escapó de sus labios cuando él se subió sobre su cuerpo, cubriéndola con su calor y pasión. Una mano levantó la venda que cubría sus ojos, tuvo que parpadear varias veces para poder acostumbrarse a la luz. Una vez que su visión se aclaró, sus ojos se encontraron con los de él.
—Hola —la saludó. LALI sonrió algo nerviosa.
—Hola —le dijo.
—Vamos a aclarar un poco lo que pasa aquí, ¿si? —su voz era suave y dulce. Ella asintió levemente. Sus manos cosquillearon con la necesidad de tocarlo, de aferrarse a él. Pero aun seguía agarrada a la cabecera de la cama —¿Qué es lo que te da vergüenza, LALI? No hay nada en ti que no sea hermoso y perfecto para mí. Entonces necesito saber que es lo que te asusta.
Ella apartó la mirada de la suya, solo por unos segundos, mientras la sangre se precipitaba nuevamente hacia sus mejillas. Volvió a mirarlo.
—Bueno, voy a ser sincera contigo…
—Es lo único que quiero —sonrió él.
—El sexo siempre fue tranquilo para mí —dijo con en voz baja. PETER acariciaba su mejilla mientras ella hablaba.
—¿A qué te refieres con tranquilo? —quiso saber.
—Nunca sentí la necesidad que siento contigo —confesó. La mirada de PETER se oscureció —Quiero decir que… mi experiencia es básica —cerró los ojos para no mirarlo mientras decía lo último que tenía para decir —Nunca nadie me besó… allí.
—¿Allí? —sonrió él. LALI abrió los ojos de golpe. El enojo asomó sus garras en ella. ¿Cómo se atrevía a reírse de ella?
—No es gracioso —lo atacó. Intentó zafarse del amarre de las corbatas, pero no obtuvo éxito —Que tú tengas una experiencia de todo un Don Juan no significa que el resto del mundo deba tenerlo —volvió a intentar salir, pero mientras más se movía más consciente era del peso de él sobre su cuerpo. Su virilidad se apoyaba caliente sobre su vientre. Sacudió la cabeza. Eso no podía distraerla —Que tengas el aspecto de un dios del Olimpo, no te da derecho a reírte de la poca experiencia de los demás… así que ahora sal de encima mío y suéltame.
—Yo nunca besé a una mujer allí…
—Además, ¿con qué derecho te burlas de mí? —siguió. Pero las palabras que él acababa de soltar sonaron como eco en su cabeza. Lo miró —¿Qué?
—He tenido sexo, LALI, y mucho cuando estaba en la secundaria, no voy a mentirte —una punzada de tontos celos la atravesó —Pero nunca una mujer me pidió que lo haga.
—Yo tampoco lo hice —dijo ella.
—Sí lo hiciste —aseguró. LALI iba a contestarle, pero él colocó un dedo sobre su boca —Lo hiciste cuando me dijiste que hiciera contigo lo que quisiera.
Ella se quedó en silencio, procesando sus palabras.
—¿Y… y tú… tú quieres hacerlo? —la pregunta sonó más nerviosa de lo que ella hubiese querido. PETER bajó la cabeza y la besó en la boca, tomando primero el labio inferior, atrapándolo entre sus labios, soltándolo al instante, para hacer lo mismo con el superior. Él tenía un suave sabor a zumo de naranja, la lujuria recorrió su cuerpo.
—Desde hace mucho tengo curiosidad de saber como se siente —le dijo cuando rompió el beso.
—¿Cómo se siente qué? —quiso saber ella. Estaba flotando en una nube de deseo y fantasías perdidas, que jamás creyó poder tener.
—Hacer que grites de placer solo con mi boca.