jueves, 31 de marzo de 2016

CAPITULO 36

Con fingida concentración, PETER inspeccionó atentamente el rostro de Andrew. Era tan imberbe como un bebé.
- Hum. Es verdad, Andrew. Creo que te está empezando a salir bigote. Predigo que tendrás que empezar a afeitarte muy pronto - Casi se le escapa una sonrisa ante el evidente alivio del chico - Por supuesto - Prosiguió PETER - Cuando un hombre empieza a afeitarse, todo cambia drásticamente.-
Los dos chicos se sentaron y enderezaron la espalda, con los ojos como platos.
- ¿Todo cambia? - Repitieron al unísono - ¿En qué sentido?-
PETER dudó, intentando encontrar las palabras adecuadas, y maldijo para sus adentros su falta de experiencia para impartir algún tipo de sabiduría masculina a su entregado público. Sabiendo que se había metido en camisa de once varas, pero decidido a intentarlo, inspiró profundamente y se lanzó.
- Una vez que te haces hombre, la vida se vuelve... Complicada. Hay innumerables normas que seguir y te asaltan muchas obligaciones y responsabilidades. Tienes que aprender a confiar en ti mismo. El mundo está lleno de gente de la que no te puedes fiar, que intentará aprovecharse de ti o hacerte daño.-
«O matarte».
Nathan se acercó rápidamente a PETER hasta que chocaron sus rodillas y le dijo:
- Pero LALI nunca permitiría que nadie nos hiciera daño. Ella nos protege y cuida de nosotros.-
- Sí, es verdad - Asintió PETER - Pero cuando te conviertas en un hombre, serás tú quien tendrá que cuidar de ella. Y también de Lucy y de Callie.-
Andrew se puso serio de repente.
- Pero no tendré que asistir a las aburridas meriendas de Callie, ¿Verdad que no?-
- Cuando digo «cuidar de ellas», me refiero a ser considerado con ellas - Aclaró PETER - Respetarlas, hacer cosas por ellas sin protestar. Protegerlas de todo mal y de la gente mala. Créanme, no todo el mundo es tan bueno y generoso como vuestra familia, de modo que tienen que estar atentos para protegerlas y proteger a los vuestros - Dudó un momento y luego añadió - Y, por supuesto, luego está el tema de... Las chicas.-
Nathan soltó un bufido.
- ¿Chicas? ¡Menuda tontería! Yo no soporto a las chicas. Sólo quieren jugar con muñecas y no soportan ensuciarse.-
PETER le despeinó.
- Lo verás diferente dentro de unos años.-
- ¿Cuándo necesite afeitarme?-
Conteniendo una risita, PETER contestó:
- Sí, Nathan. Ese es más o menos el orden de los acontecimientos. Primero te das cuenta de que te gustan las chicas, luego te empiezas a afeitar y luego te conviertes en un hombre.-
Los ojos de Nathan brillaron como si, súbitamente, hubiera caído en la cuenta de algo.
- ¡Por eso a Andrew le está empezando a salir bigote! ¡Es porque le gusta Lizzy Mayfield!-
- ¡No es verdad!-
Intentando evitar la incipiente discusión, PETER puso una mano en el hombro de cada uno de los chicos.
- Ya basta, caballeros. Nathan, haz el favor de dejar de meterte con tu hermano. Entenderás por qué cuando tengas catorce años. Y tú, Andrew, no hay nada malo en que te guste una chica. Tan sólo es una parte de hacerse mayor - Y, dirigiéndole un guiño de complicidad, añadió - La mejor parte.-
Andrew esbozó una sonrisa.
- Gracias, señor LANZANITIEL. Yo...-
- ¡Ahí están!-
PETER se giró y vio a LALI Lucy y Callie avanzando entre las altas hierbas del prado.
Nathan se puso de pie de un salto y dijo:
- Voy a coger la armadura de nuestro escondite secreto antes de que lleguen.-
Y desapareció entre los árboles.
- Parece ser que nuestra conversación de hombre a hombre ha llegado a su fin - Dijo PETER.
- ¿De hombre a hombre? - Preguntó Andrew, con los ojos como platos.
PETER asintió.
- De hombre a hombre.-
Luego tendió la mano a Andrew. La mirada del chico se deslizó del rostro a la mano de PETER. Tragó saliva visiblemente y luego estrechó con fuerza la mano de PETER. La gratitud que brillaba en los ojos de Andrew llenó a PETER de orgullo.
- ¡Mira qué castillo! - Chilló Callie, batiendo palmas mientras corría hacia la estructura.
LALI y Lucy inspeccionaron el muro y lo declararon una maravilla arquitectónica. Luego se reunieron con Andrew y PETER.
Apoyándose en los codos, PETER decidió concederse una satisfacción y se permitió mirar a LALI. Deslizó la mirada hasta su rostro y se le desbocó el corazón al comprobar que ella estaba mirando fascinada su camisa medio desabrochada. Inmediatamente PETER se la imaginó tocándolo, desrizándole las suaves manos por el pecho, los hombros, y descendiendo luego por la espalda. El dolor le atenazó las partes íntimas y se sentó de golpe, con expresión de seriedad.
«¡Santo Dios! ¡Esta mujer es capaz de endurecer mi virilidad sólo con mirarme! Si no vuelvo pronto a Londres y hago una visita a mi amante, voy a volverme loco».
- ¿Dónde está Nathan? - Preguntó Lucy, escudriñando el prado con la vista.
- Ha ido a buscar la armadura a nuestro escondite secreto - Contestó Andrew.
- Voy a buscarlo - Dijo Callie, corriendo hacia el bosque - Ya sé dónde está vuestro escondite secreto.-
- ¿Cómo lo sabes? - Le gritó Andrew.
Callie se limitó a reír entre dientes y se dirigió hacia el bosque.
- ¿Está lejos? - Preguntó LALI viendo que Callie cruzaba el prado corriendo y entraba en el bosque.
- No, está justo después de pasar ese grupo de árboles - Dijo Andrew señalando un denso robledal.
- Dígame, señor LANZANITIEL - Le preguntó Lucy sonriéndole - ¿Cómo le han convencido Andrew y Nathan para que les ayude a construir Camelot? En el desayuno ha mencionado que había perdido una apuesta.-
PETER dirigió una mirada de soslayo a Andrew.
- Andrew apostó que su hermana me ganaría al ajedrez. Yo no le creí, aunque debería haberlo hecho - Su mirada se cruzó con la de LALI - Ella me dio una paliza. Y construir Camelot ha sido el precio que he tenido que pagar por dejarme ganar.-
- ¡Qué lástima que no te apostaras nada con el señor LANZANITIEL, LALI! - Dijo Andrew entre risas.
- Sí, ya lo creo que lo hizo - Dijo PETER regodeándose con una lenta sonrisa, sin poder evitar pinchar a LALI. Le encantaba ver cómo se le sonrojaban las mejillas - Ya he zanjado mi deuda con tu hermana - Contestó a Andrew sin apartar los ojos del ruborizado rostro de LALI - Ella no es ninguna negrera, como tú y Nathan.-
Andrew miró a PETER con una gran curiosidad.
- ¿Qué le hizo hacer?-
- Me hizo...-
- ¡Santo Cielo! Se está haciendo tarde.-
Interrumpió LALI, con un tono de voz que denotaba una mezcla de vergüenza y desesperación. Frunció el ceño y dirigió una mirada de aviso a PETER Antes de que Andrew pudiera satisfacer su curiosidad, la atención del grupo se centró en Callie. Acababa de salir del bosque y estaba corriendo por el prado mientras agitaba los brazos frenéticamente.
- ¡LALI! ¡LALI! ¡Ven, deprisa!-
El miedo se apoderó de LALI cuando vio los ojos abiertos de par en par de Callie y percibió el pánico en su voz. Corrió inmediatamente hacia la niña, alejándose de Andrew, PETER y Lucy. Cuando llegó hasta Callie, se arrodilló y apartó los rizos del asustado rostro de la pequeña.
- ¿Qué pasa, Callie? ¿Qué ha ocurrido?-
- Es Nathan - Dijo Callie jadeando y con los ojos como platos - Se ha caído, creo que de un árbol, y está herido. Le he oído quejarse y lo he encontrado, pero no me contesta cuando le hablo.-
A LALI se le cayó el alma a los pies.
- Llévame adonde está - Le ordenó, intentando mantener la calma.
- ¿Qué ha pasado? - Preguntaron PETER, Andrew y Lucy sin aliento y al unísono.
- Nathan se ha caído de un árbol y está herido - Dijo LALI lacónicamente - Guíanos hasta él, Callie.-
El grupo siguió a la pequeña, que entró en el bosque, pasó de largo un alto robledal y señaló:
- Ahí está, al pie de ese árbol.-
LALI corrió hacia allí y al cabo de varios minutos encontró a Nathan, hecho un ovillo debajo de un árbol, con un saco entre los brazos.
- ¡Dios mío! - Susurró LALI mientras se le aceleraba el pulso.
Nathan tenía un hilillo de sangre en la sien y el rostro de una palidez mortecina.
- ¿Está bien? - Preguntó PETER visiblemente preocupado, arrodillándose junto a LALI.
- No... No lo sé - Susurró, apenas capaz de pronunciar palabra con el pesado nudo que se le había hecho en la garganta.
Alargando el brazo, colocó un dedo en el cuello de Nathan, rezando para encontrarle el pulso. Cuando palpó un latido regular y fuerte, casi se desmaya del alivio.
- El pulso es normal - Consiguió decir.
- Gracias a Dios - Dijo Lucy. Tomó a Callie y a Andrew de la mano y dejó que LALI
Con la ayuda de PETER, LALI examinó al niño en busca de posibles huesos rotos.
- Por lo que he visto - Dijo LALI al cabo de varios minutos - Creo que no se ha roto ningún hueso. Parece que sólo se ha dado un golpe en la cabeza.

martes, 29 de marzo de 2016

CAPITULO 35

Una radiante sonrisa se dibujó en el rostro de Lucy.
- ¡LALI! ¡Eso es maravilloso! ¡Estoy tan contenta de que hayas encontrado a alguien que te importe! Yo...-
- Él me importa - LALI interrumpió las entusiastas palabras de su hermana - No he dicho que yo le importe a él.-
Lucy cogió la mano de LALI y se la apretó fuertemente.
- No seas tonta. ¿Cómo no vas a importarle? Le salvaste la vida. Eres hermosa y encantadora y generosa...-
- Lucy - Una sola palabra de LALI bastó para cortar el discurso de su hermana - Valoro tu buena intención, pero debes afrontar la realidad, como he hecho yo. PETER se marchará pronto. Tiene un trabajo lejos de aquí y, cuando se marche, probablemente no volveré a verle nunca más. Sé que me está agradecido, pero eso es todo.-
- Tal vez cambie de opinión sobre el trabajo y decida quedarse - Sugirió Lucy - Seguro que no se va si se enamora de ti. Podría trabajar como tutor aquí en Halstead.-
- PETER no ha dado ningún indicio de que pretenda cambiar de planes.-
- Tal vez lo haría si supiera que te importa.-
- ¡No! - Contestó LALI prácticamente chillando - Me refiero a que él ya debe de saber que me gusta...-
- ¿Sabe que estás enamorada de él? - Le preguntó Lucy - ¿Estás enamorada de él?-
LALI empezó a sentir que el corazón le latía frenéticamente.
- No. Y sí. No, no lo sabe. Y sí, lo estoy... Estoy enamorada de él.-
El hecho de decirlo en voz alta le produjo tanto alivio como tristeza.
- Pero seguro que puedes ver lo desesperado de mi situación. Ya no soy ninguna niña.-
- Pero... ¡LALI! ¡Si sólo tienes veintiséis años!-
LALI sonrió ante la lealtad de su hermana.
- Hace tiempo que pasé la primera eclosión de la juventud Lucy, y un hombre como PETER... Bueno, seguro que podría tener a cualquier mujer que deseara.-
- ¿Y si te desea a ti? - Le preguntó Lucy con dulzura.
LALI negó con la cabeza repetidamente, sin contestar a la pregunta de su hermana. Incluso aunque PETER la deseara, ella tenía demasiadas responsabilidades y secretos para considerar siquiera la posibilidad de compartir su vida con alguien.
- Me encantaría poder ayudarte, LALI. Tú siempre estás haciendo cosas por los demás, sin pedir nada a cambio. Por primera vez en la vida deseas algo. Y yo rezaré para que lo consigas.-
Al escuchar las tiernas palabras de su hermana, LALI se derritió por dentro.
- Querida Lucy, tú ya me ayudas siendo feliz y compartiendo conmigo esa felicidad - Le dijo sinceramente - He cambiado de idea. Y me muero de ganas de asistir a la fiesta de Lorelei por la única razón de poder ver cómo a Marshall Wentbridge se le salen los ojos de las órbitas al verte con tu precioso vestido nuevo.-
Lucy se sonrojó.
- Gracias por comprármelo. Es realmente precioso.-
LALI se inclinó y besó la sonrojada mejilla de su hermana.
- Igual que tú, Lucy. Igual de precioso que tú.-
- Bueno. Voy a cruzar los dedos para que el señor LANZANITIEL se dé cuenta de lo maravillosa que eres y decida quedarse en Halstead - Dijo Lucy - Tal vez si las dos lo deseamos con suficiente fuerza, acabará ocurriendo.-
- ¿Qué acabará ocurriendo? - Preguntó Callie mientras se unía a LALI y Lucy - ¿Qué deseo han pedido? Me encanta pedir deseos.-
LALI acarició los rizos oscuros de la pequeña.
- Hemos pedido un deseo de amor. De amor y felicidad.-
Callie rodeó a LALI con sus rollizos y diminutos bracitos y la abrazó fuertemente.
- Yo las quiero a las dos y soy muy, muy feliz.-
LALI y Lucy se rieron.
- ¿Has visto? - Dijo LALI - Acabas de hacer realidad todos nuestros deseos - Y luego estampó un beso en el pelo de Callie - ¿Te parece que recojamos tu caballete e intentemos averiguar qué se traen entre manos esos hermanos nuestros y a qué travesura han arrastrado al pobre señor LANZANITIEL?-
Todas estuvieron de acuerdo y se dispusieron a buscar a Andrew, Nathan y PETER.

- Aquí faltan más piedras - Gritó Nathan mientras colocaba una piedra inmensa encima del muro que crecía rápidamente.
- ¿Cuántas? - Preguntó Andrew, también gritando.
- Tres o cuatro.-
- De acuerdo.-
Andrew levantó una piedra pesada y la transportó con un gran esfuerzo hasta donde estaba Nathan. PETER levantó una piedra todavía más pesada, con una mueca de dolor e ignorando sus magulladas costillas. La transportó hasta donde estaban los niños y la colocó en lo alto del muro.
- ¿Cómo va eso? - Preguntó PETER mientras se secaba el sudor de la frente con el antebrazo.
Llevaban toda la mañana trabajando en el «castillo» del rey Arturo, apilando piedras de todos los tamaños. El resultado de tantas horas de trabajo era el muro de una fortaleza bastante respetable.
- Es magnífico - Dijo Nathan entusiasmado mientras rodeaba la estructura.
Medía aproximadamente un metro y medio de alto por tres y medio de largo.
- Y nos ha costado lo nuestro - Dijo PETER dejándose caer sobre la hierba - Entre el hombro y las costillas, creo que necesito un merecido descanso.-
Se tumbó boca arriba y se protegió los ojos de los rayos del sol con el antebrazo.
- Pero ahora toca jugar a los caballeros de la tabla redonda - Protestó Nathan - Tenemos que ponernos las armaduras.-
PETER emitió un leve quejido y dirigió una mirada furtiva por debajo del brazo a los dos chicos, que le miraban expectantes.
- Bueno, está bien, pero primero los caballeros necesitan descansar un poco - Hizo una mueca cuando una punzada de dolor le atenazó el hombro, que había forzado demasiado - Creo que se apreciarían unos refrescos.-
- Iremos a coger agua al lago - Se ofreció Andrew.
Los dos chicos se fueron corriendo a toda prisa y PETER suspiró aliviado, disfrutando de aquella breve tregua. El sol le calentaba la piel, y la suave brisa veraniega le traía el perfume de las flores silvestres.
Se le acercó un insecto y él lo espantó con un perezoso movimiento de la mano. A pesar de lo agotado que estaba, había disfrutado mucho de aquella mañana en compañía de Andrew y Nathan, igual que el día anterior. Al principio había procurado la compañía de los chicos en un intento desesperado de evitar a LALI, pero enseguida había descubierto que eran unos muchachos alegres, inteligentes y sorprendentemente educados y que, a pesar de su tendencia a discutir, tenían buen corazón. Le habían enseñado a pescar, y se habían reído a carcajadas ante su reticencia a ensartar la pringosa y escurridiza lombriz en el anzuelo. Pero, tras varios intentos, PETER había acabado dominando la parte más truculenta de la pesca y se lo había pasado en grande. No podía recordar haberse reído tanto en toda su vida.
«Los chicos -pensó PETER- no son ni de lejos lo difíciles que yo creía que eran. De hecho, es un verdadero placer hablar y pasar el rato con ellos».
Hoy les había estado ayudando a construir su «castillo». Ya habían construido varios «edificios» más, y PETER no podía por menos de admirar el tiempo y esfuerzo que obviamente habían invertido en su Camelot. Durante su infancia, PETER tuvo muy pocas oportunidades para jugar. Pasó la mayor parte del tiempo aprendiendo todo lo que su padre consideraba necesario para que en el día de mañana su hijo mayor pudiera heredar su ducado.
Gregory y ROCIO habían tenido mucho más tiempo libre para jugar. Su padre era mucho menos estricto con su hija y con su segundo hijo varón. Les permitía correr por toda la finca y jugar -cualquier cosa que los mantuviera ocupados y alejados de él-, pero PETER muy pocas veces podía unirse a ellos. Se pasaba la mayoría de los días encerrado en el cuarto de estudio bajo la estricta mirada de sus incontables tutores.
«Y aquí estoy, con veintiocho años cumplidos, corriendo por el bosque como un chiquillo y pasándomelo condenadamente bien».
En aquel preciso momento, los dos chicos llegaron con un cubo lleno de agua fresca. PETER bebió con fruición y se secó la boca con el dorso de la mano. Los pelos de la barba le pincharon la piel de la mano y se dio cuenta de que llevaba varios días sin afeitarse. Se pasó las palmas por la recia mandíbula y recordó la sensación de los suaves senos de LALI apretados contra su brazo mientras ella se inclinaba sobre él para rasurarle la cara. Pedirle que le volviera a afeitar probablemente no era una buena idea.
Andrew y Nathan se tumbaron en el suelo al lado de PETER, y él se fijó en ellos. Reprimió una sonrisa cuando se dio cuenta de que los chicos se habían remangado las camisas y desabrochado los botones de una forma similar a la suya. Era evidente que le estaban imitando. Inesperadamente, sintió que una oleada de orgullo masculino le hinchaba el pecho.
PETER observó cómo Andrew se pasaba las manos por la cara como acababa de hacer él.
- Supongo que pronto tendré que empezar a afeitarme - Dijo el chico como quien no quiere la cosa.
Antes de que PETER pudiera contestar, Nathan estalló en carcajadas.
- ¿Estás tonto o qué? - Miró la cara de su hermano mayor con atento y exagerado interés - Ni un solo pelo. Eres más imberbe que un huevo.-
Andrew se sonrojó.
- No es verdad. Ya tengo bastante bigote - Se giró hacia PETER - ¿Verdad que sí, señor LANZANITIEL?-
A PETER le vino inmediatamente a la mente la imagen de sí mismo cuando tenía la edad de Andrew. Todavía un niño, tambaleándose en la delicada antesala de convertirse en hombre, impaciente y al mismo tiempo aterrado por cruzar esa frontera. Entonces habría necesitado y deseaba desesperadamente tener una charla de hombre a hombre con uno, pero su padre no tenía el tiempo ni la disposición necesarios para dedicarle unos minutos. Él sabía muy bien qué era crecer sin el amor y la atención de un padre; se le encogió el corazón y sintió una gran complicidad acompañada de una sincera compasión por aquellos dos chicos que habían perdido a su padre

CAPITULO 34

¿Qué plan tienen para esta mañana, chicos? - Preguntó LALI a sus hermanos al día siguiente a la hora del desayuno - Tenemos algunas clases pendientes.-
Andrew y Nathan dirigieron sendas miradas anhelantes y suplicantes a LALI.
- El señor LANZANITIEL se ha ofrecido a darnos clase hoy. Habíamos pensado ir al prado. ¿Te parece bien?-
_LALI miró a PETER sorprendida.
- ¿Clases al aire libre? ¿He oído bien?-
PETER la miró por encima del borde de la taza de café.
- Sí. Debo zanjar una deuda de honor con los chicos y he pensado que podría darles clase al mismo tiempo. Si usted no ve ningún inconveniente, claro.-
- No. No veo ningún inconveniente - Musitó LALI, extrañada - ¿Qué tipo de deuda de honor debe zanjar con los chicos?-
- Andrew y yo hicimos una apuesta antes de ayer por la noche y perdí.-
LAI enarcó las cejas.
- ¿Apostó... Con Andrew? ¿Y perdió?-
- Por lo visto, no era mi noche para las apuestas - Dijo esbozando una sonrisa.
LALI se ruborizó hasta las raíces del cabello cuando recordó en qué había desembocado su apuesta con PETER.
Sin hacer ningún otro comentario, observó cómo los tres salían de la habitación. No tenía la más remota idea de qué hacer con PETER. Desde la discusión que habían tenido hacía dos días y la posterior partida de ajedrez, lo encontraba cambiado. Menos reservado. Con todo el mundo, salvo con ella. A pesar de que había sido educado y atento con ella en todo momento, de algún modo, había erigido un muro invisible entre ambos.
Contrariamente, PETER estaba mostrando un gran interés por Andrew y Nathan, primero acompañándoles a pescar y ahora embarcándose con ellos en una extraña aventura.
En la cena del día anterior LALI se había sentado a la mesa dominada por los nervios anticipatorios, preguntándose si se volvería a encontrar a solas con PETER La cabeza le decía que se mantuviera alejada de él, pero su corazón le imploraba con la misma insistencia que lo buscara.
No tuvo que tomar ninguna decisión al respecto porque PETER se excusó poco después de cenar y se retiró a su alcoba. Ella pasó todo el tiempo comprendido entre la cena y la hora de acostarse trabajando en el despacho, intentando con todas sus fuerzas no sentirse decepcionada o confundida. Seguro que era mejor así.
- Andrew y Nathan parecen haberle cogido mucho cariño al señor LANZANITIEL- Comentó tía JUSTINA, interrumpiendo los pensamientos de LALI.
- Sí, es verdad.-
- Y el señor LANZANITIELl también parece haberse encariñado con ellos - Añadió Lucy, volviéndole a llenar a _LALI la taza.
- ¡Que me aten al travesaño del puerto y me golpeen con el sextante! - Dijo Winston a voz en cuello - ¿Por qué no iban a gustarle los muchachos? Son buenos chicos, como su padre, que en paz descanse. Porque, si a ese asqueroso gorrón no le gustaran los chicos, le obligaría a andar por el tablón de cubierta - Luego dirigió una mirada fulminante a Grimsley - ¿Acaso estás buscando la forma de llevarme la contraria, enano escuálido?-
Grimsley se arregló la chaqueta.
- Desde luego que no, aunque no me puedo imaginar dónde vas a encontrar un tablón de cubierta donde hacerle andar.-
- Tú no verías un tablón de cubierta aunque te golpearas la cabeza con uno - Masculló Winston.
- Yo sé dónde hay una tabla - Intervino inesperadamente Callie mientras acunaba a la señorita Josephine en sus brazos - Hay una tabla grande ahí fuera, cerca del corral de las gallinas - Se volvió hacia Winston - La vimos el otro día, Winston. Usted se tropezó con ella y se cayó de morros sobre las cacas de las gallinas, ¿No se acuerda? Y entonces gritó: «¡Asquerosamente condenado trozo de madera! Menudo hijo de...»-
- ¡Callie! - Se apresuró a interrumpir LALI - Estoy segura de que Winston no quería decir unas palabras tan inapropiadas - Lo miró con seriedad - ¿Verdad que no, Winston?-
El ceño de Winston indicaba claramente que quería decir cada una de las palabras que dijo y algunas más, pero suavizó su expresión cuando miró a Callie.
- Lo siento – Susurró - Me olvidé de que la chiquilla andaba cerca.-
Grimsley murmuró algo entre dientes y empezó a quitar la mesa. LALI soltó un profundo suspiro, rogó a Dios que le diera paciencia y cambió de tema.
- ¿Qué creen que tienen pensado hacer hoy? – Preguntó - Espero que Andrew y Nathan no hayan pensado en nada demasiado cansado desde el punto de vista físico. Estoy segura de que a PE.. Al señor LANZANITIEL todavía le duelen las costillas, y el hombro aún no se le ha curado por completo.-
- El señor LANZANITIEL parece un ejemplar de lo más saludable - Dijo Lucy con una risita guasona - Estoy segura de que puede seguir el ritmo de Andrew y Nathan.-
- Ya lo creo que sí - Añadió tía JUSTINA - El señor LANZANITIEL es realmente un buen ejemplar. Tan viril, tan apuesto y tan ancho de hombros. ¿No te parece, LALI, querida?-
En los pómulos de LALI empezaron a arder las llamas del infierno.
- Bueno... Sí. Es bastante... Eso, un buen ejemplar.-
- Y es muy simpático; encantador, de hecho - Prosiguió tía JUSTINA, obviamente sin darse cuenta de lo violenta que se sentía LALI.
- No sabía que usted hubiera pasado tanto rato con él, tía JUSTINA - Dijo LALI levantando un poco la voz.
Tía JUSTINA cogió sus agujas de hacer punto para proseguir con su labor.
- Oh, sí. Pasamos un rato muy agradable ayer por la tarde. Mientras tú estabas en el establo con los niños, el señor LANZANITIEL me ayudó con mis tareas domésticas.-
LALI y Lucy intercambiaron una mirada de extrañeza.
- Pero a usted le tocaba sacar el polvo de la biblioteca - Dijo Lucy.
Una sonrisa de oreja a oreja iluminó el rostro de tía JUSTINA.
- Exactamente. Y el señor LANZANITIEL utiliza el plumero bastante bien, y llega mucho más alto que yo. Bueno, he de admitir que al principio se mostró algo reacio, horrorizado en realidad, pero el muchacho enseguida le cogió el tranquillo.-
- ¿Cómo consiguió convencerle para que sacara el polvo? - Le preguntó LALI entre risas.
- Bueno, me limité a pasarle el plumero y a pedirle que me ayudara - Tía JUSTINA dirigió una mirada directa a LALI y añadió - Cuando uno quiere algo, mi querida _____, necesita expresar sus deseos. Después de todo, el señor LANZANITIEL no sabe leer la mente.-
LALI miró fijamente a su tía y se preguntó si seguían hablando de quitar el polvo. Antes de que tuviera la oportunidad de contestarle, tía JUSTINA volvió a concentrarse en su labor, y LALI prefirió dejar el tema antes de que empezaran a arderle literalmente las mejillas.
Al poco tiempo, Lucy y LALI salieron del comedor y, seguidas de Callie, se dirigieron hacia el lago. Callie abrió su caballete y LALI y Lucy se sentaron en la hierba, disfrutando de la cálida brisa y de una paz y un silencio poco habituales y bien recibidos, gracias a la ausencia de los chicos.
- ¿Te hace ilusión ir a la fiesta de Lorelei Smythe? - Preguntó Lucy, arrancando una larga brizna de hierba y jugueteando con ella entre los dedos.
LALI puso mala cara y miró al cielo.
- Antes preferiría bañar a Stinky. Cada vez que me la encuentro, esa mujer me hace sentir como una gran intrusa, aparte de torpe, maleducada y que está de más - Dirigió una mirada de reojo a Lucy - Por supuesto, haré el sacrificio de soportar su compañía por ti. Nunca te negaría el placer de asistir a la fiesta, sobre todo teniendo en cuenta que asistirá un joven y apuesto médico.-
Las mejillas de Lucy se sonrojaron intensamente.
- Oh, LALI, casi me muero de vergüenza cuando Marshall me vio el otro día en el lago con el aspecto de un gato ahogado. Sabe Dios lo que debió de pensar de mí.-
- No podía quitarte los ojos de encima - Le aseguró LALI.
- No podía creerse que estuviera tan horrible.-
- No podía creerse cómo podías estar tan hermosa, incluso calada hasta los huesos y vestida con una vieja sábana.-
- ¿Lo crees realmente? - Preguntó Lucy con los ojos esperanzados.
- Es tan evidente que te adora, Lucy, que hasta Grimsley se ha dado cuenta, sin tener que ponerse las gafas. Confía en mí. Marshall Wentbridge está loquito por ti.-
«Y pronto estarás felizmente casada, llevando una vida normal, lo que más deseo para ti».
Lucy se abrazó a sí misma y emitió un hondo suspiro.
- Ay, hermanita, espero que tengas razón. Es el hombre más maravilloso. Tan atento y tan apuesto. Me deja...-
Su voz se fue desvaneciendo poco a poco.
- ¿Sin aliento? - LALI completó la frase que su hermana había dejado a medias.
- Exactamente.-
- Y se te acelera el pulso, se te desboca el corazón y apenas puedes pensar con claridad cuando él está cerca - Susurró LALI con dulzura, mientras dejaba vagar la imaginación.
Una cascada de imágenes de PETER la asaltó súbitamente: PETER sosteniendo un hilo de pescar del que colgaban peces, PETER riéndose, PETER inclinándose sobre ella para besarla...
- Sí - Dijo Lucy , trayendo a LALI de nuevo al presente - Así es exactamente como me hace sentir Marshall. ¿Cómo lo sabes?-
Avergonzada por sus imprudentes palabras, LLI bajó la mirada y permaneció en silencio. Lucy alargó el brazo para tocar la manga de su hermana.
- ¿Es así como te hacía sentir el señor AMADEO, LALI? - Le peguntó en tono compasivo.
- No - Dijo LALI rápidamente frunciendo el ceño – BENJAMI nunca influyó sobre mi pulso, sobre cómo me latía el corazón ni sobre mi capacidad para pensar con claridad.-
- Entonces... ¿Quién? - Los ojos de Lucy se abrieron de par en par mientras miraba fijamente a LALI - ¿Te hace sentir el señor LANZANITIEL de ese modo? ¿Del modo en que Marshall me hace sentir a mí?-
Al principio, LALI no contestó, temerosa de decir aquellas palabras en alto, incluso a Lucy, pero no quería añadir una mentira más a su larga lista.
- Sí, eso me temo.-

lunes, 28 de marzo de 2016

CAPITULO 33

A la mañana siguiente, LALI entró en la cocina bastante tarde.
- ¿Dónde se ha metido todo el mundo? - Preguntó a Pierre.
Había pasado una noche movida e inquieta, sin poder conciliar el sueño hasta el amanecer. Necesitaba desesperadamente un café.
- Sus hegmanas se han ido con su tía, Weenston y Grimsley al megcado - Contestó el cocinero mientras preparaba la masa para hacer pan - Los chicos llevaronn a monsieur Masglowtie a pescag.-
- ¿A pescar? - Preguntó LALI sorprendida.
Pierre asintió.
- Se han ido a pgimega hoga de la mañana después de desayunag.-
Tras disfrutar de una rápida taza de café, LALI cogió a hurtadillas un trozo de pan recién hecho y entró en el despacho. En la casa reinaba una calma que era una verdadera bendición y, si conseguía mantener sus pensamientos alejados de PETER, probablemente podría adelantar el trabajo que tenía pendiente.
Cerrando la puerta tras de sí, se sentó en el escritorio y extrajo sus papeles del último cajón. Intentó concentrarse, pero sus esfuerzos fueron infructuosos. Sólo podía pensar en la noche anterior. Se debatía entre la absoluta vergüenza y la incrédula evocación de una sensación maravillosa. La sensación de las manos de PETER sobre su cuerpo, tocándola, explorándola, acariciándola, no se parecía a nada de lo que había experimentado antes. Ella no quería que parara, pero él se había alejado de ella sin darle ninguna explicación. De hecho, hasta parecía molesto con ella. Indudablemente, por su comportamiento escandaloso y excesivamente desinhibido.
LALI estuvo reflexionando y, tras casi una hora de mirar fijamente una hoja en blanco, sólo fue capaz de llegar a dos conclusiones. Primera, deseaba a PETER LANZANITIEL con una intensidad que la desconcertaba. Segunda, el único motivo de que esa mañana siguiera siendo virgen era que él se había retirado la noche anterior. Ella habría continuado, deseosa de explorar y aprender más cosas sobre aquellas sensaciones increíblemente nuevas que la bombardeaban.
Cerró fuertemente los ojos y negó con la cabeza. PETER se iba a marchar dentro de dos semanas porque tenía que trabajar para una familia que vivía lejos de Halstead. Sólo con pensarlo, se le partía el corazón.
Tenía que mantenerse alejada de él.

PABLO MARTINEZ estaba sentado en su despacho privado, mirando fijamente la carta que acababa de recibir. Releyó la escueta misiva tres veces, frunciendo el ceño y levantando alternativamente las cejas.
- Pareces muy desconcertado, cariño - Dijo ROCIO mientras entraba en el despacho.
PABLOse guardó rápidamente la carta en el bolsillo del chaleco y sonrió a su mujer.
- No es más que un mensaje un tanto desconcertante de uno de mis socios - Dijo quitándole importancia.
Se levantó y se acercó a ROCIO, rodeando su diminuto cuerpo con los brazos y dándole un breve beso en su tersa frente.
Hasta que conoció a ROCIO, PABLO siempre se había visto como el eterno soltero. Pero enseguida quedó prendado de los encantos de aquella joven menuda de brillantes ojos verdes, cabello castaño oscuro y una sonrisa que podría derretir la nieve en enero.
- Estaba pensando en cómo convencerte para que me lleves a Regent Street - Dijo ROCIO, reclinándose hacia atrás para apoyarse en los brazos de su esposo - Llevo varios días encerrada en casa.-
- Tú podrías convencer a las estrellas para que bajaran del cielo, mi amor - Le susurró PABLO mientras besaba la boca que ella le acababa de ofrecer - Necesito un par de horas para ultimar unos cuantos asuntos y luego estaré a tu entera disposición.-
- Gracias, cariño.-
Victoria se puso de puntillas, rozó con los labios la mandíbula de PABLO y salió de la habitación, cerrando la puerta detrás de ella con delicadeza.
En cuanto volvió a estar solo, PABLO se sacó la carta del bolsillo y la volvió a leer. Junto con la petición de más mudas de ropa, PETER le pedía algunas cosas que se salían de lo corriente. Y ni siquiera le preguntaba cómo iban sus indagaciones. Sólo una escueta nota pidiéndole una serie de raros artículos que quería que le llevara dentro de dos días.
PABLO rió entre dientes. Se moría de ganas por ver de nuevo a PETER para averiguar cómo le estaba yendo en casa de los ESPOSITO. Si la lista de artículos que le pedía PETER era un indicador, su estancia debía de estar siendo de lo más pintoresca. Y si PABLO lograba imaginarse cómo conseguir los objetos que necesitaba, todo iría bien.

- ¡Mira cuánto he pescado! - PETER entró en el jardín pisando fuerte, deteniéndose ante LALI con una sonrisa de oreja a oreja en el rostro - ¡Mira! ¿Has visto alguna vez una pesca tan magnífica?-
LALI se levantó, se limpió las manos en el delantal y examinó el grupo de insignificantes pececillos que colgaban de un hilo de pescar que sostenía PETERcon orgullo.
- ¡Impresionante! - Dijo intentando parecer seria - Es evidente que eres un experto pescador.-
PETER entornó los ojos con expresión de recelo, sin estar seguro de si LALI se estaba burlando de él o no.
- No te estarás burlando de mí, ¿Verdad? - Dijo él en tono amenazador.
Ella abrió los ojos de par en par en señal de fingida inocencia.
- ¿Yo? ¿Burlarme de ti? ¿Un hombre que, obviamente, es el mejor pescador que jamás ha recorrido las costas de Inglaterra? ¿Cómo se te puede ocurrir algo semejante?-
- Debes saber que estoy bastante orgulloso de mí mismo - Se inclinó hacia LALI y ella contuvo una risita. PETER apestaba a pescado - Esta ha sido la primera vez que he ido de pesca.-
- Se ha caído dos veces al agua - Intervino inesperadamente Andrew, mientras entraba, junto con Nathan, en el jardín.
La mirada de LALI se centró en las costillas de James.
- ¿Te... Se ha hecho daño?-
- Unas pequeñas punzadas, nada más. Y no me caí, sino que me empujaron esos gamberros - Informó PETER a LALI señalando con dedo acusador a los dos chicos, que se estaban riendo - Tiene que enseñarle buenos modales - Añadió mientras le guiñaba un ojo exageradamente.
- ¿Nunca había ido de pesca hasta hoy? - Preguntó LALI sorprendida.
- Nunca. Yo soy tutor, no pescador. No se me había presentado la ocasión, hasta hoy. Y he de admitir que, para ser la primera vez, lo he hecho francamente bien.-
Levantó su hilo de pescar y dirigió una mirada de admiración a su exigua captura.
LALI los miró a los tres y sacudió la cabeza. No estaba segura de qué había ocurrido exactamente en aquella salida de pesca, pero era evidente que los tres se lo habían pasado en grande. Y PETER era quien tenía la sonrisa más grande de todos.
- Venga, señor LANZANITIEL - Instó Nathan a PETERestirándole del brazo - Entreguémosle lo que hemos pescado a Pierre para que pueda empezar a preparar la cena.-
- Ahora tengo que irme - Informó PETER a LALI con una sonrisa de suficiencia - Ya sabe, Pierre nos espera en la cocina - Le dedicó otra radiante sonrisa y dejó que Nathan le guiara.
LALI observó al trío y se tapó la boca con la mano para evitar estallar en carcajadas mientras se alejaban.
PETER tenía una raja en los pantalones de montar justo a la altura de las nalgas.

CAPITULO 32

PETER paseó lentamente la mirada por el rostro de LALI, deteniéndose largamente en su boca y luego volviendo a reencontrarse con sus ojos.

- “Es como un rayo de luz,
con esa mirada transparente y azul.
Hay algo dulce y tierno en sus ojos,
que me hechiza y me hace sentir dichoso.
LALI acogedora,
LALI seductora,
LALI angelical.
Tan imposible de definir como de ignorar.
Escapa a todo lo convencional,
pero yo no puedo evitar
querer besar la boca
de LALI, la más hermosa.
LALI objeto de mi deseo,
LALI del prado de heno.-“

PETER rozó suavemente sus labios con los de LALI y luego se retiró. Ella lo miró fijamente, claramente aturdida.
- ¿Y bien? - Preguntó él - ¿He pasado la prueba?-
- ¿Prueba? ¿Qué prueba?-
- La de mis dotes como tutor.-
Alargó el brazo y le acarició la tersa mejilla con un dedo. Ella se quedó paralizada.
- Me has tocado.-
- Sí.-
- Pero creía que no te gustaba.-
Él no podía dejar de mirarla.
- Sí que me gusta, LALI_. Mucho.-
Los ojos de PETER se detuvieron en un resplandeciente rizo que se había escapado del fino recogido que llevaba LALI aquella noche. En vez de inspirarle decoro, lo único que le inspiraba aquel moño era el deseo de arrancarle todos aquellos alfileres de la sedosa melena y ver cómo se le desparramaba por la espalda. La necesidad de volverla a besar turbaba sus sentidos y le invadió el intenso deseo de fundirse con ella. Aquella mujer había tocado algo muy profundo en su interior, una parte de él que ni siquiera sabía que existía antes de conocerla.
- Gracias por el poema. Es precioso.-
La suave caricia de la voz de LALI en su oreja debilitó las defensas de PETER. Apartando firmemente su sentido común, PETER dio rienda suelta a sus deseos, largamente reprimidos. Introdujo los dedos entre los sedosos rizos de LALI y cubrió sus labios con los suyos, buscando con la lengua la entrada de su boca.
Ella le rodeó el cuello con los brazos y abrió los labios, acogiendo el empuje de la lengua de PETER y devolviéndole el beso con un abandono que todavía alimentó más el fuego que ardía dentro de él. PETER hundió su boca en la de ella una y otra vez, aumentando la duración y la intensidad con cada beso hasta que sintió que iba a explotar. Sin separar su boca de la de LALI, la sentó sobre sus muslos. PETER contuvo un gemido cuando ella, al cambiar de postura, apretó involuntariamente las nalgas contra su creciente excitación.
«Tengo que parar. Parar de besarla. Parar de tocarla».
Pero, mientras se repetía aquellas palabras, empezó a acariciar la cálida y prominente redondez de su seno. El pezón se contrajo al entrar en contacto con su palma, y él supo que su conciencia acababa de perder la batalla. Con un hondo gemido, PETER empujó la espalda de LALI contra los cojines del sofá, recostándola y medio cubriéndola con su cuerpo.
Enredó los dedos en los sedosos cabellos, luego recorrió sus costados con ambas manos y volvió a subir a los senos, acariciando sus tersos contornos y apresándolos con las palmas de las manos. Completamente perdido en la exquisitez de aquel tacto y de aquel embriagador perfume a rosas, sus labios recorrieron el cuello de LALI y siguieron descendiendo, besándole los senos a través del fino tejido del vestido.
Él levantó la cabeza.
- Abre los ojos, LALI.-
Ella abrió lentamente los párpados y, al contemplar el brillo del deseo en sus acuosas profundidades, PETER sintió que se le tensaban los genitales con un palpitante dolor. Se llevó la palma de LALI a los labios y la besó ardientemente. Ella elevó la parte inferior del cuerpo, haciendo gemir a PETER al apretar los muslos contra su excitación.
Mirando fijamente aquellos luminosos ojos, rebosantes de deseo, nublados por el placer, PETER apretó los dientes para contener el acuciante impulso de poseerla. Quería hacer muchísimo más que besarla. Ella era una hembra acogedora y entregada que pedía más, y él un macho que ardía en deseos carnales, atormentado por aquel palpitante dolor en la entrepierna. El impulso de levantarle las faldas y hundirse en su calidez de terciopelo le estaba volviendo loco.
«Es mía. En menos de diez segundos podría estar dentro de ella, poniendo fin a este incesante e insoportable dolor».
Pero no podía hacerlo. LALI era virgen y, sin lugar a dudas, estaba mareada y confusa a consecuencia de aquel generoso trago de brandy. Y ella merecía muchísimo más que un rápido revolcón en un sofá con un hombre que iba a marcharse dentro de poco, un hombre que le había pagado su bondad con mentiras y duras críticas. Pero, ¡Maldita sea!, LALI no se parecía a ninguna de las vírgenes que él había conocido. Él era alérgico a las mujeres inocentes. Eran apocadas, aburridas, sosas y generalmente iban custodiadas por una madre obsesionada con encontrarles marido. LALI le retaba, le provocaba, le confundía y le fascinaba. Y, lo peor de todo, le excitaba hasta el punto de provocarle dolor.
Nunca supo de dónde sacó las fuerzas para alejarse de LALI, pero, murmurando una blasfemia contra sí mismo, se obligó a separarse de ella y se incorporó, sentándose en el sofá.
«¡¡Maldita sea!! ¡¡Maldita sea!!».
Apoyando la cabeza en las manos, PETER cerró los ojos e intentó calmar sus desquiciados nervios. Tenía que alejarse de aquella mujer. De alguna forma, ella había sido capaz de despojarle de su sentido común. Se moría por ella. Su cuerpo pedía a gritos el contacto con su piel. Le estaba volviendo completamente loco.
«No debería haber iniciado esto. Debería haber dejado que siguiera enfadada conmigo».
Pero había preferido egoístamente volver a ver aquel brillo tentador en sus ojos.
Ella se incorporó y se apoyó en el brazo de PETER.
- Oh… La cabeza - Se quejó - ¡Cómo me late!-
«Yo sé muy bien lo que es latir, créeme», pensó y, sacando fuerzas de flaqueza, se levantó.
- Subamos arriba - Dijo lacónicamente.
La cogió firmemente por las axilas, la ayudó a ponerse en pie y luego prácticamente la arrastró por el salón.
- ¡Espera! - Le dijo respirando con dificultad - Todo me da vueltas.-
Pero PETER no esperó. No se atrevió a hacerlo. Sujetándola con firmeza con un brazo, medio la guió, medio la arrastró escaleras arriba. No se detuvo hasta que llegaron a la alcoba de LALI. Abrió la puerta, la empujó dentro con delicadeza y luego cerró la puerta con un decidido clic.
Tras entrar en su propia alcoba, PETER recorrió nerviosamente una y otra vez toda la longitud de la estancia, pasándose repetidamente los dedos por el pelo hasta que vio que se había arrancado varios mechones. Intentó desesperadamente no pensar en LALI, LALI ardiente y acogedora, LALI entregada, tendiéndole los brazos, con los ojos rebosantes de deseo. No podía pensar en otra cosa.
Podía haberla hecho suya. Si su maldita conciencia no se hubiera interpuesto, ahora podría estar hundiéndose en las profundidades de sus suaves muslos, acariciando su piel con perfume a rosas, besando sus labios, aliviando aquel palpitante dolor que tenía en los genitales.
«¿Por qué diablos se habrá despertado mi conciencia, largamente dormida, justo ahora? ¡Vaya momento tan asquerosamente inadecuado para hacerse oír!».
Hundiéndose en una butaca orejera, estuvo mirando fijamente el fuego con la frente arrugada hasta que las ascuas casi dejaron de brillar. Tras una hora de examen de conciencia, sólo fue capaz de llegar a dos conclusiones. Primera, por mucho que intentara negarlo y por mucho que intentara convencerse a sí mismo de lo contrario, deseaba a LALI ESPOSITO con una intensidad que le desconcertaba. Le afectaba como ninguna otra mujer le había afectado nunca. Segunda, el único motivo de que en aquel preciso momento no estuviera hundido en sus acogedoras profundidades era que aquella mujer le importaba demasiado como para arrebatarle la inocencia y después abandonarla sin más.
Cerró fuertemente los ojos y negó con la cabeza.
«¡Maldita sea! Me importa; me importa mucho. No quiero que me importe, pero me importa».
Le habría gustado no desearla hasta el punto de volverse loco, pero la deseaba. Deseaba desesperadamente ser capaz de hacerla suya y largarse sin más, pero no podía hacerlo.
Girando la cabeza, miró fijamente la única rosa amarilla que reposaba sobre la mesita que había junto a su butaca. Cogió la flor marchita y tocó sus pétalos con dedos dubitativos.
Incluso con un asesino pisándole los talones, de algún modo sospechaba que estaría más seguro en Londres.
Necesitaba marcharse de allí. Y cuanto antes mejor.

domingo, 27 de marzo de 2016

CAPITULO 31

- Tienes razón, PETER. Tal vez sea mejor que bañes a Winky, Pinky y Stinky.-
Le faltó poco para reírse a carcajadas cuando vio que PETER se ponía lívido.
- No, lo del jardín está bastante bien - Se apresuró él a rectificar.
- Tranquilo. Te prometo no obligarte a hacer nada indecoroso.-
- ¡Gracias a Dios! - PETER se levantó y se dispuso a coger la garrafa de brandy que había junto a la ventana - ¿Te importa que me sirva una copa?-
- Por supuesto que no. Ya te lo dije ayer, siéntete como en tu propia casa. Sírvete tú mismo, siempre que lo desees. Me alegra saber que alguien sabe apreciar el brandy de mi padre.-
- Muy agradecido.-
La miró con curiosidad. Un demonio interior, tal vez uno que quería demostrarle que él también podía comportarse de forma no convencional, le incitó a preguntarle:
- ¿Te apetece acompañarme?-
Ella levantó las cejas.
- ¿Yo?-
- Sí. Tu victoria bien merece un brindis. ¿Has probado el brandy alguna vez?-
- No, pero el brandy no es una bebida de mujeres - Contestó ella con una mirada maliciosa - Seguro que tú ya lo sabes.-
- Prometo no contárselo a nadie - Contestó él en tono divertido e incitador - ¿No sientes curiosidad por probarlo? Te aseguro que es un brandy excelente - Le alargó una copita - Pruébalo.-
LALI miró intrigada el líquido de color ámbar. El capitán Haydon Mills tomaba brandy a menudo, y LALI pensó que, si escribía sobre ello, por lo menos debería probarlo. Con finalidad exclusivamente literaria, por descontado.
Espiró sonoramente en señal de resolución y dijo:
- Como diría Winston: ¡Arriba, abajo, al centro y «pa» dentro!-
Y se tragó toda la copa de un solo trago. El fuerte licor dejó un ardiente rastro en la garganta de LALI, dejándola sin aliento y con lágrimas en los ojos.
- ¡Santo Dios! - Dijo respirando con dificultad. Y luego empezó a toser.
PETER se levantó y la ayudó a ponerse de pie. Colocándose detrás de ella, le dio palmaditas en la espalda hasta que ella dejó de toser.
- ¿Te encuentras bien? - Le preguntó cuando vio que volvía a respirar con normalidad.
LALI asintió sin demasiada convicción.
- Sí, ahora sí - Dirigió a PETER y a su copa de brandy todavía intacta una hosca mirada - ¿Cómo puedes beberte algo tan asqueroso? Es repugnante.-
Él contuvo una carcajada.
- Se supone que debe beberse a sorbos, no de un trago.-
- Y me lo dices ahora - Le dirigió una tímida sonrisa, que se desvaneció en cuanto sintió un repentino mareo - ¡Dios mío! Me siento bastante indispuesta.-
PETERs la tomó del brazo y la guió hasta un largo sofá de brocado que había delante de la chimenea.
- Siéntate - Le dijo mientras la ayudaba a sentarse, y luego se sentó a su lado - ¿Un poco mejor?-
LALI asintió.
- Lo siento, me he sentido tan rara durante un momento…-
Se reclinó sobre el respaldo y cerró los ojos. Sintió una repentina oleada de calor y mareo al mismo tiempo, que le dejó con una extraña y líquida sensación de languidez.
- ¡Santo Dios!-
PETER la estudió detenidamente, recorriendo lentamente su rostro con la mirada, fijándose en la delicada piel de sus pómulos, la sensual prominencia de sus labios, la elegante curvatura de su largo cuello.
- Te has bebido de un trago una generosa copa de brandy. Y el hecho de que apenas hayas probado la cena no va a ayudarte demasiado.-
LALI miró a PETER visiblemente sorprendida.
- ¿Cómo sabes que apenas he probado la cena?-
«No podía apartar los ojos de ti».
Siguió repasándola con la mirada y se detuvo en su vestido. En vez de responder a su pregunta, le preguntó:
- ¿Acaso el marrón es tu color favorito?-
Ella abrió los ojos de par en par.
- ¿Qué?-
- Todos los vestidos que llevas son de color marrón. ¿Es ése tu color favorito?-
Ella volvió a cerrar los ojos.
- No particularmente. El marrón está bien porque es un color muy sufrido, disimula la suciedad.-
- ¿No tienes ningún vestido de otro color? - Le preguntó él, imaginándose el aspecto que debía de tener con un vestido azul claro, del mismo color que sus ojos.
- Por supuesto que sí, tengo dos vestidos grises.-
«Dos vestidos grises» Aquellas palabras se le clavaron a PETER en el corazón. Ella las había dicho con una gran naturalidad, sin el menor signo de avergonzarse de ello. Jamás conocería a nadie tan poco vanidoso. Para contener el impulso de tocarla, ahuecó las palmas alrededor de la copa de brandy y apretó con fuerza contra el cristal.
- Lucy tiene vestidos de muchos colores - Señaló él.
- Sí. ¿No son preciosos? - Una tierna sonrisa iluminó su rostro - Lucy está en una edad en que los caballeros están empezando a fijarse en ella, especialmente uno de ellos. Es importante que se arregle para estar guapa. Le aconsejaré que se ponga su nuevo vestido verde claro para ir a la fiesta que dará Lorelei Smythe la próxima semana - Abrió los ojos y sonrió a PETER como si estuviera soñando despierta - A Lucy le sienta estupendamente el verde claro, ¿Sabes?-
Incapaz de controlarse, James alargó la mano y tocó suavemente la sonrojada mejilla de LALI.
- ¿Y tú irás también de verde claro?-
Ella se rió y negó repetidamente con la cabeza.
- No. Me pondré uno de mis vestidos grises.-
Como él seguía observándola, ella dejó de sonreír. Hizo un esfuerzo por incorporarse y le dijo:
- Te has puesto serio. ¿He dicho o hecho algo que te haya molestado?-
Él siguió recorriendo el rostro de LALI con la mirada.
- Qué va. Sólo me estaba imaginando lo preciosa que estarías con un vestido verde claro. O azul claro, a juego con tus ojos.-
A LALI se le escapó una risita indecorosa seguida de un hipo nada femenino.
- ¡Dios mío! ¿Qué diablos lleva ese brandy? - Se apretó las sienes con las yemas de los dedos - ¿Y bien? ¿De qué estábamos hablando? Ah, sí. Vestidos. Gracias por tus amables palabras, pero hace falta algo más que un vestido de color claro para hacerme parecer preciosa.-
Dejando su copa intacta sobre una mesita de caoba, PETER ahuecó las palmas en torno al rostro de LALI.
- Al revés - Dijo con dulzura mientras le acariciaba suavemente las mejillas con los pulgares - No se me ocurre nada que, de algún modo, pueda hacer sombra a tu hermosura, incluyendo los vestidos grises o marrones.-
Ella lo miró con los ojos como platos, y él enseguida leyó la confusión en su mirada.
- No es necesario que me digas cosas bonitas, PETER.-
Aquellas palabras se le volvieron a clavar a PETER en el corazón. Era tan preciosa. Por dentro y por fuera.
- Eres hermosa, LALI. Absolutamente hermosa - El rubor bañó el rostro de LALI y se dibujó una tímida sonrisa en sus labios - ¿Nunca te lo había dicho nadie? - Preguntó él.
Su rubor se intensificó.
- Solamente mi madre y mi padre. Nunca un hombre.-
- ¿Ni siquiera AMADink?-
- AMADEO. Y no.-
- Ese hombre es estúpido.-
A LALI se le volvió a escapar otro hipo y una risita.
- De hecho, por lo visto es poeta.-
- ¿Poeta? ¿Y no te dijo nunca que eras hermosa?-
- No. Al parecer, le dio por la poesía después de romper nuestro compromiso - Se inclinó hacia delante y le confesó - Es obvio que yo no era el tipo de mujer adecuado para despertarle la vena poética.-
A pesar de su actitud aparentemente despreocupada, PETER supo detectar cierta nota de amargura en aquellas palabras, una amargura que él se sentía impelido a desterrar.
- Te aseguro que tú podrías inspirar la vena poética en cualquier hombre.-
- ¿Ah, sí? - Una chispa de malicia iluminó los ojos de LALI - ¿Hasta en ti?-
- Hasta en mí.-
- No te creo.-
- Me encantaría demostrártelo… Pero te costará lo que nos hemos apostado.-
- ¿Te refieres a que entonces no podré obligarte a arrancar las malas hierbas del jardín?-
- Exactamente.-
LALI se dio varios golpecitos en la mejilla con los dedos mientras consideraba ambas opciones.
- Está bien - Levantando una ceja con malicia, añadió - Así podré poner a prueba tus dotes como tutor, comprobando lo bien que manejas el lenguaje - Se puso cómoda de una forma un tanto teatral, colocándose ruidosamente la falda alrededor del cuerpo y luego dijo - Estoy lista. Soy todo oídos.-

CAPITULO 30

Tras la cena, el grupo se retiró al salón, donde Andrew retó a James a una partida de ajedrez. Desesperadamente necesitado de estimulación mental, PETER aceptó. LALI, Lucy, Nathan y Callie se pusieron a jugar a cartas mientras tía JUSTINA se concentraba en su labor de punto. PETER se quedó impresionado por lo bueno que era Andrew jugando al ajedrez. El chico jugó astuta e inteligentemente, y PETER se lo pasó en grande.
- Jaque mate - Anunció PETER al final, mientras movía el alfil - Has jugado de maravilla, Andrew. Eres bueno - Elogió al muchacho - No me has dejado bajar la guardia. ¿Te enseñó a jugar tu padre?-
- Sí, mi padre nos enseñó a todos, salvo a Callie, claro. Siempre gano a Nathan, pero todavía no he conseguido ganar a LALI.-
PETER levantó las cejas en señal de sorpresa.
- ¿Tu hermana juega al ajedrez?-
- LALI jugaba incluso mejor que mi padre, y mi padre era muy bueno, se lo aseguro - Miró a PETER con curiosidad - Usted es bueno, pero apuesto lo que quiera a que LALI le gana.-
PETER llevaba años sin perder una sola partida de ajedrez. Recordaba su última derrota. Debía de tener aproximadamente la edad de Andrew y perdió con su tutor privado. Aquella derrota le había granjeado el mordaz desprecio de su padre.
- Perderías, Andrew.-
- ¿Lo dice en serio? ¿Quiere que hagamos una apuesta? - Preguntó Andrew con los ojos brillantes.
Las manos de PETER hicieron una pausa en la tarea de guardar las piezas de ajedrez.
- ¿Una apuesta?-
- Sí, yo apuesto por que LALI le gana al ajedrez.-
- ¿Cuáles son tus condiciones?-
Andrew estuvo un rato pensando, con la frente arrugada. De repente, se le iluminó el rostro.
- Si usted pierde, tendrá que ayudarnos a Nathan y a mí a acabar de construir nuestro castillo en el prado que hay junto al lago.-
PETER arqueó una ceja.
- ¿Y si gano?-
- No ganará - Afirmó Andrew taxativamente.
- Pero… ¿Y si, por algún milagro, ganara yo?-
- Bueno… - Era evidente que a Andrew aquella posibilidad no le cabía en la cabeza.
PETER se inclinó hacia delante.
- Si gano yo, tú y tu hermano ayudaran a vuestras hermanas a arrancar las malas hierbas del jardín.-
Una expresión de verdadero horror se dibujó en el rostro de Andrew.
- ¿Arrancar las malas hierbas del jardín? Pero eso es… Es cosa de chicas - Refunfuñó a modo de excusa poco convincente.
- Yo solía pensar como tú - Dijo PETER, sonriendo para sus adentros al pensar en la noche anterior - Pero hace poco he descubierto que las flores son algo sobre lo que debería saber todo hombre.-
- ¿Ah, sí?-
Era obvio que Andrew no sabía si tomarse o no en serio aquel consejo de hombre a hombre. PETER se puso la mano en el pecho.
- Confía en mí, Andrew. Ayudar en el jardín también es cosa de hombres. Además - PETER dirigió una sonrisita al muchacho - Si LALI es tan buena jugando al ajedrez como tú dices, no hará falta que arranques ni una sola hierba del jardín.-
- Tiene razón - Dijo Andrew aliviado - Me temo que va a tener que ayudarnos a construir el castillo - Alargando la mano sobre el tablero de ajedrez, el chico estrechó la mano de PETER y añadió - Hecho. Apuesta cerrada.-
PETER devolvió al muchacho el fuerte apretón de manos.
- Hecho.-
- ¿Cuándo la retará? - Preguntó el muchacho con impaciencia.
PETER buscó a LALI con la mirada, que en ese momento estaba mirando las cartas que tenía en la mano con expresión de seriedad.
- No te impacientes. La retaré esta misma noche - Le contestó con voz pausada.

- Tengo entendido que eres muy buena jugando al ajedrez.-
LALI, cuando se dirigía al despacho para escribir después de que el resto de la familia se retirara a descansar, se detuvo sorprendida. PETER estaba de pie junto a la puerta, apoyado en la jamba, soportando el peso de su larga figura con sus anchos hombros. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho, y sus ojos verdes la estudiaban con interés. Ella anduvo hacia él mientras intentaba calmarse el pulso, que se le había acelerado súbitamente.
- Pensaba que todo el mundo se había retirado a descansar - Dijo LALI, deteniéndose ante él.
- Todo el mundo… Salvo nosotros - Dijo James con dulzura - Andrew me ha informado de que eres una excelente jugadora de ajedrez. ¿Puedo retarte a una partida?-
LALI levantó las cejas en señal de sorpresa.
- ¿No se da cuenta de que no sería correcto que nos quedáramos los dos solos, mirándonos fijamente sobre un tablero de ajedrez? No soportaría recibir otro sermón como el de antes.-
- He reconocido que me he pasado de la raya. Creía que habías aceptado mis disculpas.-
- Las he aceptado, pero…-
- Entonces juega al ajedrez conmigo, y haz el favor de volver a tutearme como antes cuando estemos solos.-
LALI dudó un momento. Realmente necesitaba adelantar su trabajo de escritura. Pero la posibilidad de pasar un rato a solas con PETER era sencillamente demasiado tentadora para ignorar aquella proposición. Las aventuras del capitán Haydon Mills podían esperar un par de horas.
Dirigiéndole una breve sonrisa, pasó de largo junto a él y entró en el salón.
- Me encantaría jugar.-
Se sentaron uno enfrente del otro, separados por la mesita de ajedrez de madera de caoba que había delante de la chimenea. Una lenta sonrisa arqueó las comisuras de los labios de PETER.
- ¿Qué nos jugamos?-
LALI le miró sorprendida.
- ¿Que qué nos jugamos? ¿Se refiere a que nos apostemos algo?-
Ella seguía sin tutearle.
- Exactamente. Eso hará la partida más interesante, ¿No te parece?-
- Quizá - Musitó LALI, algo azorada por tener que admitir que no le sobraba precisamente el dinero para jugárselo - Me temo que no me puedo permitir apostar demasiado.-
- No me refiero a apostar dinero.-
- ¿Ah, no? ¿Qué otra cosa podemos apostar?-
PETER se dio varios golpecitos en la mejilla con los dedos.
- ¡Ya lo tengo! Quien gane podrá pedir al perdedor que haga determinada tarea de su elección.-
- ¿Qué tipo de tarea? - Preguntó LALI, completamente despistada.
- Bueno, por ejemplo, si ganas tú, me puedes pedir que arranque las malas hierbas del jardín, y, si gano yo, te puedo pedir que me cosas la camisa. - En los labios de PETER se dibujó una lenta y seductora sonrisa - O quizá que me vuelvas a afeitar.-
LALI contuvo momentáneamente la respiración. Era evidente que le estaba tomando el pelo.
- Pero, PETER, yo estaría encantada de hacer cualquiera de esas dos cosas por ti de todos modos.-
Por fin, se dignó tutearle.
- Oh. Bueno, seguro que se me ocurre algo - Dijo él agitando la mano para quitarle hierro al asunto.
- Suponiendo que me ganas, claro.-
- Claro - PETER se acercó a la mesa y le preguntó en tono desafiante - ¿Jugamos?-
LALI se moría de ganas por iniciar la partida. Hacía siglos que no jugaba al ajedrez con nadie aparte de los chicos. Le dirigió una sonrisa confiada.
- Prepárate a recibir la paliza del siglo.-
LALI enseguida se dio cuenta de que PETER era un gran jugador de ajedrez. Disfrutando del reto, desplegó una ofensiva poco habitual que le había enseñado su padre, y contraatacó ante cada movimiento de PETER. Con cada jugada, fueron recobrando la fresca y desinhibida camaradería que tenían antes de la discusión. La distancia que había entre ambos al principio de la partida se disipó hasta tal punto que no dejaban de pincharse, bromear y reírse entre movimiento y movimiento.
Cuando llevaban dos horas de un juego sumamente reñido, PETER se reclinó sobre el respaldo del asiento con una mirada de suficiencia después de hacer un inteligente movimiento.
- Agárrate.-
- Si te empeñas - LALI se inclinó hacia delante y movió la reina - Jaque mate.-
La sonrisa de suficiencia y satisfacción se desvaneció de los labios de PETER. Bajó la mirada hacia el tablero y negó repetidamente con la cabeza, visiblemente asombrado. Luego la expresión de asombro dio paso a otra de clara admiración.
- Efectivamente, jaque mate – Asintió - No sé cómo lo has hecho, pero no te he visto venir - Se reclinó sobre el respaldo de la silla y sonrió - Quiero que sepas que hacía años que no perdía una partida de ajedrez.-
- No pareces demasiado molesto por la derrota. Tal vez no estés tan contento cuando me cobre lo apostado.-
- ¿Por qué? ¿Acaso ya tienes pensado qué deseas que haga?-
- Todavía no, pero lo de arrancar las malas hierbas del jardín tiene su atractivo.-
PETER se palpó el vendaje de las costillas y del hombro.
- Demasiado duro para un hombre en mi debilitado estado.-
Tosió varias veces exageradamente en un intento de darle lástima. _LALI frunció los labios en una mueca de fingida preocupación.