viernes, 15 de enero de 2016

CAPITULO 27



La familia del padre de mi hijo… ¿Cómo?

GIMENA LANZANI corría de aquí para allá en su casa, ultimando los últimos detalles de la mesa. Contó la cantidad de vasos, cubiertos, servilletas y platos. Al parecer todo estaba en perfecto orden. Por alguna extraña razón se sentía realmente nerviosa. Y así había estado después de que PETER la llamara por la tarde para decirle que iría a cenar con... LALI allí.
Se sobresaltó un poco cuando giró y se encontró de frente con su hija. Se llevó la mano al pecho y respiró profundamente.
—CANDE, Dios santo, me asustaste —le dijo.
Ella se cruzó de brazos y la miró acusadoramente.
—¿Vas a decirme de una buena vez quienes vienen a cenar con nosotros, como para que estés tan nerviosa? —le preguntó.
Trish miró nerviosa a su alrededor. A pesar de que no le gustaba ocultarle cosas a su familia, no había podido hablar con sus otros dos hijos sobre la GRAN noticia quePETER le había comunicado a NICO L y a ella el día anterior. En ese momento Chace también ingresó al lugar.
—¿Y cual es el gran misterio? —preguntó él.
—Es lo que estoy esperando que me diga —le dijo CANDE. Volvió a mirar a su madre. GIMENA le sonrió para evadirla —Tanto tú como papá han estado muy raros. Escuché a papá hablando con el tío John y le dijo algo como: ‘Me llegaron las canas antes de tiempo’ No lo entendí, pero por lo que parecía el tío lo felicitó y papá se puso a reír…
GIMENA se sintió acorralada. No sabía como hacer para abordar el tema… era tan complicado. Tal vez debería dejar que fuera PETER el encargado de decirles a sus hermanos lo que estaba pasando. Pero en realidad, ya no podía más de la ansiedad.
—Bueno —suspiró —Voy a decirles lo que sucede. Papá se refería a ‘me salieron las canas antes de tiempo’ porque… vamos a ser abuelos.
Ambos fruncieron el ceño levemente. Entonces el rostro de VICO se deformó.
—Voy a matarlo —murmuró y miró a CANDE —¡Ese hijo de puta te embarazó!
—¿Qué? —chilló ella —¡No, imbécil! ¡Yo no estoy embarazada!
VICO miró rápidamente a su madre. Se puso algo pálido.
—¿Dejé embarazada a alguien, mami? —preguntó con voz insegura. GIMENA negó con la cabeza y soltó un suspiro.
—PETER —susurró CANDE espantada —La bruja está embarazada…
—Sí, fue PETER —asintió su madre y rió algo nerviosa —Pero la embarazada no es MERY.
Ellos la miraron más extrañados.
—¿Qué nos estás queriendo decir, madre? —preguntó VICO y luego una sonrisa divertida se dibujó en su rostro —¿Me estás queriendo decir que mi hermano PETER, el siempre correcto PETER, embarazó a otra mujer que no es su novia?
—Sí, es eso lo que quiero decir —asintió —Y dentro de cualquier momento van a llegar, para que todos la conozcamos.
—No entiendo —dijo CANDE —No comprendo… todo esto es… ¡Estoy confundida, mamá! ¿Cómo es que CANDE está esperando un hijo y no me dijo nada… a mí?
El timbre sonó, haciendo que todos voltearan hacia el sonido. Trish salió corriendo hacia la puerta.
—¡NICO L! —lo llamó. El hombre entró corriendo a la casa desde el patio.
—¿Qué pasó? —preguntó agitad.
—Están aquí —murmuró nerviosa.
NICO L se giró a ver sus otros dos hijos. Ambos miraban realmente confundidos a sus padres.
—VICO, arréglate esa camisa, prende esos botones… pareces un muchachito de revista, te queda horrible —le dijo —CANDE, esa pollera es muy corta, niña. Luego la quemas y la metes en una bolsa biodegradable. Pónganse derechos y sonrían. S O N R Í A N.
GIMENA se arregló el vestido y el collar, esbozó una pequeña sonrisa y abrió la puerta para encontrarse con la mirada de PETER. Su hijo le sonrió levemente.
—Hola, ma —la saludó.
—Hola, cielo —sonrió ella. Entonces dirigió su mirada al costado de su hijo, y observó detenidamente a la muchacha. Ella era mucho más bajita de lo que esperaba. Y se veía mucho más bonita que en la revista. Sacó lentamente su mirada de ella, para volver a mirar a PETER. NICO L la empujó levemente para que reaccionara —Hola, LALI…
—Hola, señora LANZANI —dijo ella tímidamente.
—Oh, nada de señora, por favor —rió quedamente —Solo dime GIMENA.
David se asomó detrás de su mujer y apoyó sus grandes manos en los hombros de la misma.
—¿Qué tal, LALI? —le preguntó y le ofreció la mano. La morena la tomó y le sonrió.
—Muy bien —le contestó.
—Soy NICO L, el padre de ese galán.
—Papá —dijo el moreno en forma de advertencia. LALI se aguantó una sonrisa.
—Pero ya, hace frío aquí, pasen —dijo GIMENA.
LALI no podía sentirse más nerviosa. Jamás pensó que los padres de PETER podrían estar nerviosos por conocerla. Pero había percibido la ansiedad en sus voces. PETER apoyó una mano en su espalda y la empujó levemente para que entrara primero. Ella miró atentamente a su alrededor.
—¿LALI? —escuchó que alguien decía su nombre.
Al instante buscó a esa persona. Y allí estaba CANDE, mirándola algo confundida y con los ojos bien abiertos. A su lado se hallaba un muchacho que LALI notó era muy parecido a PETER.
—Hola, CANDE —la saludó por lo bajo.
La castaña claro miró a su hermano y volvió la vista a la morena. Los miró consecutivamente una y otra vez. Abrió la boca para decir algo pero las palabras no salieron de ella.
—Les acabo de contar la noticia —GIMENA le murmuró a PETER —Pero no del todo…
—Yo… —dijo LALI, pero entonces se dio la vuelta y comenzó a subir las escaleras hacia su habitación.
—CANDE —la llamó NICO L. Ella no se detuvo.
—Ven aquí, jovencita —dijo GIMENA. Tampoco prestó atención.
—CANDELA LANZANI…
—Papá —lo detuvo PETER —Déjala, iré a hablar con ella… —miró a LALI y pudo ver la incomodidad en había adquirido. Se acercó y sin que sus padres y hermano lo vieran, le tomó la mano por lo bajo —No pasa nada —le murmuró. Ella clavó su mirada en la suya. Él le sonrió entregándole seguridad —Solo está algo confundida. Iré a hablar con ella y todo estará bien, ¿si? —ella asintió. PETER no pudo evitarlo y le dio un pequeño golpecito en la nariz. Miró a sus padres —Se la encargo bien a los tres… —comenzó a caminar hacia las escaleras —Sobre todo tú, hermano. Se amable con ella porque sino voy a rebanarte las pelotas…
—¡PETER! —lo retó GIMENA. VICO sonrió
—Que sutil eres—dijo VICO divertido.
—Y lo seguiré siendo —aseguró. PETER palmeó su hombro al pasar por su lado y luego fue corriendo en busca de su hermanita.
Chace miró a la morena.
—¿Qué tal, preciosa? —le dedicó una sonrisa galante.
—VICO, compórtate —lo restó GIMENA. La morena le sonrió.
—Hola, VICO —lo saludó —Tu hermano me ha hablado mucho de ti.
—Espero que te haya dicho lo maravilloso que soy…
LALI rió levemente. VICO se acercó a ella y le tomó la mano para luego depositar un pequeño beso en el dorso de la misma.
—VICO, ya basta —dijo NICO L divertido.
—Solo estoy siendo amable con mi nueva cuñada… —aseguró —PETER va a castrarme sino lo hago, y aunque no lo crean, quiero tener mis hijos algún día.
LALI rió algo incomoda. Iba a corregirlo con lo de nueva cuñada. Pero NICO L le ganó al hablar.
—LALI, disculpa las tonterías de mi hijo.
—No se preocupe, señor LANZANI. No me molesta en lo absoluto.
—¿Lo ven? Todos terminan amándome —dijo él. NICO L rió por lo bajo.
—Linda —la llamó GIMENA —¿Quieres darme tu abrigo? Lo colgaremos por aquí.
—Claro —asintió ella.
Le entregó sus cosas a la madre del moreno y luego le entregó una suave sonrisa. Aquella mujer era realmente hermosa. Sus ojos marrones eran enormes y estaban llenos de amor. Amor hacia sus hijos, hacia su esposo y hacia su familia.
Un nudo se instaló en las entrañas de la morena. Ella cambiaria cada cosa de su vida por tener una madre como GIMENA.
Una madre que al mirarla le transmitiera paz y seguridad. Una madre que se jugaría por ella sin pensarlo dos veces, y que jamás, pero jamás la dejaría sola.
Tragó el nudo en su garganta y sacudió la cabeza. Tal vez, solo por ahí, aquella familia le abría los brazos y la dejaban pertenecer a ellos. No serían tan mala idea.
De repente sintieron un suave olor a humo. VICO miró a NICO L y este también miró a su hijo.
—¡La carne! —exclamaron los dos y corrieron hacia el jardín. GIMENA miró a LALI y le sonrió.
—Nosotras dos vamos a recorrer la casa… dejemos que ellos se encarguen de la cena.

jueves, 14 de enero de 2016

CAPITULO 26



Una NO cita.

Llegó caminando tranquilamente al edificio de LALI. Por alguna razón estaba tranquilo. Se acercó a la entrada y justo cuando estaba por tocar el portero, la puerta se abrió y aquel simpático encargado le sonrió.
—Tú eres el amigo de la niña LALI —le dijo. ...
—Sí, soy yo —dijo PETER.
—Ven pasa, así no haces bajar a la niña, y de paso le llevas una cosa que tengo para ella.
PETER lo siguió curioso. Entró al edificio y fue tras sus pasos. Llegaron a una pequeña puerta y Wolfgan sacó de ella una gran caja de cartón. Se la tendió a PETER.
—¿Le tengo que dar esto? —preguntó.
—Sí, así es. La niña anda necesitando cajas —sonrió —Me voy a seguir con mi trabajo, joven. Que tenga buena tarde.
Se fue dejándolo solo. PETER se encogió de hombros y tomó bien la caja para subirse en el ascensor. Cuando llegó al piso bajó tranquilamente, mientras silbaba aquella pegadiza canción que Niall había puesto una y otra vez en el taller. Cerró las puertas del ascensor y se acercó a la otra puerta que había en el piso. Miró la hora en su reloj y estaba llegando más que puntual. Sonrió como si fuera todo un galán y tocó el timbre.
Entonces toda la tranquilidad que tenía se fue y aquella estúpida sonrisa de tonto matador abandonó su rostro. Él no estaba teniendo una cita, solo estaba llevando a la madre de su futuro hijo a conocer a sus padres, ¿Qué acaso no era lo mismo que tener una cita?
Sacudió la cabeza y trató de tomarlo con calma. Aquella no era una cita, esperaba que ella no la sintiera como tal. No quería confundirla, ni mucho menos.
Soy un imbécil, no puedo estar pensando de esa manera.
Rió quedamente agitando la cabeza de un lado hacia el otro. Claro que no tenía que pensar así. LALI era una mujer inteligente, no hacía falta explicarle como eran las cosas.
—Ahí va —escuchó que ella decía.
Se rascó la nuca, al comenzar a sentirse realmente nervioso. La puerta se abrió y ella lo recibió con una pequeña sonrisa. El moreno quedó idiotizado. Sintió un pequeño cosquilleo en la boca del estomago. ¿Y por qué diablos reaccionaba así al verla? ¡Pffff! Como si fuera la primera vez que la ve. LALI estaba vestida acordemente al clima que había afuera. Cosa que indicaba que estaba lista para irse. Llevaba unos pantalones de jean azul oscuro y tenía un lindo suéter con rombos color negro con blanco. Sus pies estaban metidos en unas abrigadas botas negras, que parecían de astronauta. Él sonrió bobamente, se veía adorable así vestida, resaltaba aun más lo pequeña que era. Llevaba el cabello recogido en una cola de caballo, pero varios mechones se le escapaban por los costados. También estaba levemente maquillada. En ese momento él quiso besarla. Besarla despacio, como si ella fuera de cristal.
Eres idiota, PETER, eres un gran idiota…
—¿Pasa algo? —le preguntó sacándolo de sus tontos pensamientos.
—¡Hola! —saludó alegremente imbécil —¿Cómo estás?
Se acercó a ella para besar rápidamente su mejilla. En ese corto acercamiento su aroma lo invadió impávidamente. Olía a dulces y a mujer. La piel de la nuca se le erizó. LALI rió por lo bajo.
—Bien, ¿y tú?
—¿Yo? —por favor, ¿puedo ser más estúpido? Gracias —Perfectamente bien.
—Me alegro —le sonrió —¿Te abrió Wolfgan?
—Sí, así es —dijo y levantó un poco la caja ante su vista —Te manda esto.
—Oh, ese hombre es un amor —aseguró ella y tomó la caja —Pero pasa, que ordeno un par de cosas más y nos vamos.
Él entró detrás de ella y se sorprendió al ver todo vacío, pero lleno de cajas. Frunció levemente el ceño.
—¿Qué es todo esto, LALI? —le preguntó.
Ella, que estaba agachada terminando de cerrar una caja, lo miró.
—¿Cajas? —inquirió confundida. Él rió levemente.
—Sé que son cajas —dijo divertido —La cuestión es, ¿Qué estás haciendo?
—Tengo una semana para buscarme un departamento —le contó —Me llamó el abogado de mi lindo abuelo y dijo que me habían dado una semana para poder buscar algo. Se apiadaron de mí y me alargaron la tortura, ¿no es encantador? —sonrió con tanto sarcasmo que a PETER casi se le escapa una sonrisa. Pero se mantuvo serio.
—Tu padre no podía estar hablando en serio —le dijo.
Ella se encogió de hombros y terminó de colocar la cinta de embalar sobre la caja.
—Ya ves que sí hablaba en serio —se puso de pie y lo miró —¿Vamos?
—¿Y a dónde vas a ir? —preguntó él preocupado.
—Ya estoy buscando algo. Me mudaré y buscaré un nuevo empleo. Y todo va a estar bien. Al fin mi vida será mía.

Él la contempló en silencio. Si ella se mudaba, él sabía que iba a tener que hacerlo a un lugar completamente diferente al que estaba acostumbrada. Su vida cambiaría completamente.
Sabía que LALI había sido criada en una cuna de oro, pero también sospechaba que no había tenido una infancia muy feliz.
¿Por qué tenía que seguir sufriendo a estas alturas de su vida por un pequeño traspié que cometió? No, él no iba a permitirlo.
—Ven a vivir conmigo —soltó él sin siquiera pensárselo una vez.
Y es que en realidad no había mucho que pensar. Su casa tenía 3 habitaciones que nadie utilizaba, y no estaba demasiado amueblada. Ella podía perfectamente llevar todas sus cosas allí.
Entonces PETER no tendría que preocuparse por su bienestar, ya que la tendría allí todos los días.
¿Acaso no era una locura? Se encogió de hombros como respuesta a si mismo. La había embarazado sin siquiera conocerla, que se fuera a vivir con él no era ni la mitad de loco que aquello.
—¿Has perdido completamente le juicio? —dijo ella sin poder creerlo.
—No —se apresuró a decir —Piénsalo así, LALI. Mi casa es algo grande y tiene habitaciones de más. Puedes vivir allí y estar tranquila… Y olvídate del trabajo…
—¿Qué?
—No pienso permitir que trabajes —aseguró.
—Oh Dios, ¿Acaso eres de esos hombres que cree que una mujer embarazada esta enferma o incapacitada para hacer algo?.
—No, no es que crea que no puedes hacer nada. Pero llevas a mi hijo dentro de ti y no voy a arriesgarme a que sufras algún tipo de accidente…
—¡Te recuerdo que es mi cuerpo y mi hijo también! —lo interrumpió elevando un poco la voz. No podía creer que él pensara así —¡Y ya estoy cansada de que todo el mundo me diga que hacer! ¡Si quiero trabajar voy a hacerlo! ¡Si quiero irme a vivir a la china, voy a hacerlo…!
—Estás pensando como una niña… —dijo él calmadamente.
—¡Y tú estás pensando como un cavernícola!
—Solo estoy tratando de cuidarte, LALI…
—¡No necesito que nadie me cuide! —exclamó.
Le dio la espalda para alejarse y entrar a la cocina, pero él dio unos pasos rápidos, la tomó del brazo y la giró hacia si. Ella se resistió un poco, pero entonces él comenzó a tirar levemente de su brazo, hasta que la pegó a su pecho. La respiración femenina se había vuelto irregular, ya que estaba nerviosa. PETER la mantuvo cerca.
—Claro que necesitas que alguien te cuide —susurró él cerca de su frente. La sintió temblar y por fin apoyó la cabeza contra su pecho —Todos necesitamos un momento de cuidados ¿No estás cansada de luchar sola? —ella asintió levemente —Bien, yo me ofrezco a cuidarte… Nos conocemos poco, LALI, pero se nota que eres una gran persona… y estoy tratando de darte una solución fácil. Puedes mudarte conmigo y si quieres trabajar, puedes trabajar en el taller. Estamos necesitando una telefonista que organice los turnos(...)
(...)O una linda secretaría que atraiga más clientes —la escuchó suspirar y sonrió. Ella se había relajado completamente contra él —Hagamos un trato.
—¿Cuál? —preguntó ella en un susurro.
—Te mudas conmigo, y si vemos que la cosa no va bien, yo mismo te busco un departamento y hasta pago el alquiler del mismo por un año.
Ella se alejó un poco para poder mirarlo a los ojos.
—¿Y tu novia, PETER? ¿Pensaste en como va a tomarlo ella?
—Yo hablaré con MERY, no te preocupes por ella.
—No lo sé, PETER —se alejó completamente —Es algo… es una locura.
—Yo creo que no —dijo y le sonrió —Estamos completamente jugados, LAI. Estás embarazada de mí. Y no es que estemos intentando tener algo…
—No, no —dijo ella rápidamente —Claro que no.
—Podemos verlo como algo que hacemos por… nuestro… hijo.
—Voy a pensarlo —sonrió ella.
—Perfecto, ese es un gran paso —exclamó y luego miró la hora —¿Vamos? No creo que quieras hacer ansiar a mi madre.
—Para nada —dijo divertida.

CAPITULO 25



Una familia grandiosa.

Él tocó el timbre repetidas veces, pareciendo algo desesperado. Miró la hora en su reloj y aun faltaban unos cuantos minutos para las 10 de la mañana. Ella debería estar todavía. Le rogaba al cielo que todavía estuviera.
La puerta se abrió y se encontraron de frente. Ella lo miró fijo por unos cuantos segundos y luego se dio la vuelta para seguir con lo que es...taba haciendo.
—Lamento mucho no haber venido anoche —se apresuró él a decir mientras ingresaba tras ella y cerraba la puerta.
—Está bien —se limitó a decirle.
—NICO tuvo un pequeño accidente —fue lo primero que se le vino a la mente para decirle. Aun no podía (no se animaba) a contarle sobre LALI—Tuve que llevarlo al hospital, nos hicieron pasar la noche allí.
—Pudiste haberme avisado —dijo ella sin mirarlo.
Estaba terminando de meter la ropa dentro de su valija.
—MERY, deja eso y mírame —le pidió. Ella no lo hizo. Solo seguía guardando sus cosas con una premeditada calma. PETER suspiró y se acercó, la tomó del brazo suavemente y la puso de pie. La acomodó hasta que la mirada avellana de ella estuvo sobre la de él. Pudo ver el dolor en sus ojos —Lo lamento, de verdad.
Ella solo asintió y luego lo besó cortamente. Se alejó y volvió a su valija. Dentro de cualquier momento su taxi iba a llegar.
—¿Cómo está ahora el imbécil de NICO ? —le preguntó. El moreno se puso algo nervioso.
—Debe… debe estar durmiendo. Lo llevé a su casa.
—¿Y su novia no pudo hacerse cargo de él?
—EUGE estuvo todo el tiempo con nosotros. Pero aun así no podía dejarlo…
El timbre sonó.
—Ese es mi taxi —aseguró ella y cerró su valija.
—MERY… —la llamó él.
—Tranquilo, PETER, no estoy enojada —dijo ella de manera dulce y caminó hasta la puerta arrastrando su bolso con rueditas —Solo me hubiese gustado pasar la noche contigo, mi cielo hermoso —sonrió —Pero cuando vuelva no te salvas de mí.
Él le sonrió levemente y asintió. Era el peor, no podía seguir haciéndole eso a ella.
—Tengo que contarte algo…
El timbre volvió a sonar. Ella se apresuró más.
—Otro día me lo cuentas, lindo —le dijo —Voy a llegar tarde.
PETER suspiró y tomó su bolso para ayudarla a salir de la casa. Se acercaron al coche y él metió el bolso de su novia en el baúl.
—Volveré en diez o quince días —le informó.
—¿No iba a ser solo una semana?
—Ronald dijo que las reuniones podrían alargarse, no lo sé.
—Ese hombre no es de mi agrado…
—Lo sé, jamás lo fue —sonrió ella sintiéndose contenta de que PETER la celara un poco. Hacía bastante que no lo hacía.
—Llámame cuando llegues, ¿sí? —le dijo él y besó su frente.
—Sí, cariño —dijo ella y lo besó cortamente en los labios. Se subió al taxi y este arrancó.
PETER observó como el auto amarillo doblaba en la esquina. Soltó un suspiró y decidió ir a su casa. Necesitaba despejarse un poco. Necesitaba pensar en como iba a decirle toda la verdad a MERY. Sí, ya estaba decidido. Cuando ella volviera iba a saberlo todo. Tendría que prepararse para lo peor.

—No puedo creer que no me hayas dicho que estás embarazada —le dijo él.
LALI soltó un suspiro mientras sacaba su ropa del armario y la colocaba sobre la cama.
—No estaba lista para contártelo, AGUS —le aseguró —Espero que no te enojes por eso…
—¡Jamás haría tal cosa! —exclamó. Ella lo miró y pudo ver la preocupación en el rostro de su primo —Solo estoy tan sorprendido… Creo que nadie de tu familia se lo esperaba.
—Tampoco yo —murmuró.
EUGE la había dejado en la puerta de su casa, y se había ido a trabajar. A pesar de todo ella seguía trabajando en las oficinas ESPOSITO
LALI había entrado a su departamento, y al recordar lo sucedido con Robert se largó a llorar. Tardó aproximadamente una hora en calmarse.
Luego de eso se duchó e intentó comunicarse con su madre. Pero la empleada de la casa de sus padres le decía que no estaba. Sabía que aquello era mentira y que simplemente su madre no quería atenderla. Y le dolía tanto que aquello fuera así. En ese momento le gustaría recibir un abrazo materno.
—¿A dónde piensas ir, LALI? —le preguntó él sacándola de sus pensamientos.
AGUS había llegado a verla después del medio día. Cuando lo vio, se tiró a sus brazos, para sentir un poco de consuelo familiar. Se sentaron a hablar y LALIle contó casi todo. Le contó casi todo porque aun no le decía que el padre de su bebé era nada más y nada menos que su cuñado.
—Tengo una cuenta bancaria, la cual no es conocida ni por Robert, ni por ALEJO. En sí, la única que lo sabe es EUGE, y ahora tú. En esa cuenta tengo el suficiente dinero como para vivir medio año(...)
(...)Puedo alquilarme algo pequeñito y comenzar a buscar un trabajo… Pero no pienso quedarme ni un solo segundo más en este lugar.
—LALI, no creo que tu padre haya hablado en serio —dijo él.
Ella sonrió con amargura.
—Se nota que no lo conoces realmente, primito. Pero no te preocupes, estaré bien.
—Podrías venir a vivir conmigo —ella lo miró tiernamente —Sabes que mamá te adora…
—Lo sé, pero no puedo irme a vivir a tu casa.
—¿Por qué no? —quiso saber.
Ella suspiró y se sentó en la cama, justo al lado de SIERRA.
—No quiero que tu padre tenga problemas con ALEJO por abrirme las puertas de tu casa. Sabes a lo que me refiero.
—LALI, que mi padre tenga negocios con tu abuelo no significa nada.
—Si significa, cariño —dijo y le acarició el pelo —Así que ya no te preocupes por mí, estaré bien, de verdad.
—¿Y EUGE? Podrías ir a vivir con ella…
—EUGE vendió su departamento porque estaba realmente en mal estado. Y ahora está viviendo con su novio. La muy loca quiere que viva con ellos. Ha perdido completamente el juicio —aseguró y volvió a ponerse de pie para seguir con sus cosas. Se dio cuenta de que iba a necesitar más de dos valijas.
—Oye, ¿y el padre del bebé? No creas que no me di cuenta de que no me lo mencionaste en ningún momento —ella se tensó —¿Quién es?
Ella dobló lentamente un vestido. Estaba intentando retrasar completamente la respuesta.
—Te va a sorprender un poco —le contó.
—Ah, ¿si? —inquirió él —¿Lo conozco?
—Emmm… sí, lo conoces.
—Anda, suelta ya quien es —la apresuró. Realmente se moría de ganas de saber quien era.
—Es PETER, el hermano mayor de CANDE —le dijo sin rodeos.
EUGE se quedó pasmado, como si ella acabara de golpearlo con algo y dejarlo completamente tieso. Luego su ceño comenzó a deformarse en un simple gesto de desconcierto.
—¿PETER? —inquirió —¿PETER LANZANI? ¿Mi cuñado, PETER?
Ella solo asintió mientras apretaba los labios. Seguramente ahora iba a tener que explicar por qué aquello era así.
—Sé que estás sorprendido…
—¿Sorprendido? ¡Estoy atónito, LALI! Me hubiese sorprendido mucho menos si me decías que eras la jefa de una organización israelita que busca acabar con la vida del presidente. ¡Por Dios! ¿Cómo es que estás embarazada de él? ¡Tiene novia!
LALI asintió y suspiró.
—Es una larga historia, AGUS, y en este momento no creo estar en condiciones de contártela.
—Está bien —dijo él —No voy a presionarte. Pero realmente estoy desconcertado.
—Te aseguro que ninguno de los dos buscó esto, pero sucedió. Él tomó la noticia con bastante calma, para mi sorpresa. Hasta parece… ¿contento?
—¿Estás enamorada de él? —le preguntó con recelo.
—¿Qué? —dijo aterrorizada —¡No! Él y yo no somos amantes, EUGE, jamás lo fuimos. Nosotros solo… —dejó de hablar.
—¿Estuvieron una noche juntos? —terminó la frase por ella. LALI asintió. Ya no valía la pena no contarle.
—Fue momento de arrebato —dijo con la mirada fija en sus cosas —Nos conocimos en una fiesta y empezamos a hablar(...)
(...)Luego tomamos un poco y… sucedió.
Se sentía algo tonta. No podía (mejor dicho, no quería) mirar a EUGE a los ojos en ese momento. Ahora que sabía como habían pasado las cosas, su primo podía creer que ella era una cualquiera, y luego darle la espalda como el resto de su familia.
Por alguna extraña razón se le llenaron los ojos de lágrimas, y una presión en medio del pecho le dificultó un poco la respiración. ¡Maldita sea, estaba tan sensible!
Nick estiró la mano y tomó la de ella. Sabía perfectamente que era lo que su prima estaba pensando. La tiró hacia él hasta que ella volvió a sentarse a su lado.
—Mírame, LALI —le pidió. Ella se tragó su angustia y lo miró —Yo no estoy aquí para juzgarte. Solo estoy aquí para escucharte y estar a tu lado siempre, ¿entiendes eso? Yo no voy a dejarte sola en esto, LALI. Jamás.
Ella soltó un par de lágrimas y se acercó a abrazarlo. AGUS la sostuvo cerca, haciéndole saber que lo que le había dicho era totalmente cierto. Le acarició la espalda de manera dulce, consolándola. Estaba realmente sorprendido con la actitud que su tío Robert había tomado. ¿Echar a su propia hija a la calle? ¿Qué clase de padre hacía eso?
—Te quiero mucho, AGUS —susurró sin soltarlo.
—Y yo a ti, LALI.
—Pero ya —dijo ella y lo soltó para luego secarse el rostro —No más llanto, tengo que terminar de armar mis valijas.
—No me parece justo que te vayas. ¡Esta es tu casa, LALI!
—No, no lo es —aseguró ella —No está a mi nombre. Es de ALEJO, y Robert me dejó muy en claro que ninguno de los dos me quiere aquí.
—Voy a ir a hablar con ellos…
—¡NO! —se exaltó ella —No quiero que hagas nada de eso, AGUSTIN. Me basta con que estés conmigo —él parecía no estar convencido —Júrame que no vas a hacer nada.
—No lo sé…
—AGUS —le advirtió —Júramelo, ahora.
Él suspiró rendido y asintió levemente con la cabeza.
—Está bien, te lo juro.
—Ahora dime: Juro que no haré nada de nada. No hablaré con nadie, ni tampoco iré a buscar a nadie.
—¿En serio?
—Sí, ahora mismo.
—¿Quieres que me ponga de pie y apoye una mano sobre donde late mi corazón y te recite el juramento? —preguntó con sarcasmo.
—No sería una mala idea —asintió ella. AGUS la miró entrecerrando los ojos. LALI se aguantó una sonrisa —Solo me basta con que lo digas.
—Bien —resopló —Juro que no haré nada de nada. No hablaré con nadie, ni tampoco iré a buscar a nadie y bla bla bla, ¿contenta?
—Mas o menos —dijo frunciendo el ceño —Tu tono de voz no me convenció del todo.
—Que chistosa —ironizó mientras ella reía levemente —Pero en realidad sabes que debería ir a hablar.
—Lo único que sé es que vas a ser tío segundo y espero que seas un buen tío segundo si quieres seguir viéndonos —dijo amenazadora.
Él sonrió.
—Me gusta como suena lo de tío… sácale lo de segundo, está de más ¿Ya has pensado algún nombre? —preguntó.
—¡Wow! Es muy rápido para eso… recién estoy asumiendo la idea de que voy a tener un hijo y tú ya quieres que sepa hasta que ropa va a usar.
—Solo preguntaba, exagerada…
Ambos rieron y el teléfono sonó. LALI miró unos segundos a AGUS antes de alejarse para atender.
—¿Hola? —atendió.
—Hola, LALI, soy Arnold.
—Ah —dijo sin ánimos. No estaba muy contenta de hablar con el abogado de su querido y adorado abuelo —¿Cómo estás, Arnold? ¿Qué necesitas?
—Llamo para decirte que hablé con tu abuelo y con tu padre y ambos estuvieron de acuerdo en darte más tiempo para que puedas acomodarte.
—Eso me llena de alegría —dijo irónica —¿Cuánto tiempo dispongo para abandonar la casa, Gran Hermano?
—Tienes una semana —le informó.
—Perfecto, adiós —colgó irritada. Se giró a ver su primo —Tengo una familia grandiosa.
—

miércoles, 13 de enero de 2016

CAPITULO 24



El otro.

Ella miró la hora una vez más. Soltó un suspiro y miró a su alrededor. Ya eran más de las 11, y él no había llegado. Lo llamó un millón de veces al taller, nadie había contestado. Lo llamó un millón de veces al celular, lo tenía apagado.
Se puso de pie y miró con tristeza la mesa para dos que había preparado. La vela que puso como centro decorativo, se consumía poco a poco.... ¡Maldito fuera!
La apagó de un soplido y se dispuso a juntar todo. El teléfono comenzó a sonar. Sonrió, seguro que ese era él. Corrió a contestar.
—¿PETER? —inquirió al levantar el tubo.
—No, no soy PETER —dijo él. MERY se tensó. ¿Por qué no la dejaba en paz de una buena vez?
—¿Qué quieres, PABLO? —le preguntó.
Escuchó que él reía levemente. Un escalofrío le recorrió el cuerpo. ¡Diablos! Aun temblaba a causa de su profunda risa burlona.
—¿Por qué tan alterada, hermosa? —quiso saber —¿Otra vez mi primo te dejó plantada?
—No —mintió apresuradamente —Estoy perfectamente bien con PETER.
—No parece, hermosa… Sí quieres podemos repetir lo de hace un año.
MERY cerró los ojos y se masajeó la nuca. Maldecía lo que había pasado hacía un poco más de un año.
—Cállate, PABLO —le dijo —No quiero seguir hablando contigo.
—Tranquila, hermosa, no te alteres —dijo divertido —Que te hayas tirado a los brazos del primo de tu novio no es nada malo…
—Infeliz…
—¿Crees que algún día PETER sepa que fuimos amantes durante los cinco meses que estuve por allí?
—¿Para qué llamaste, PABLO? —preguntó ya cansada.
—Quería contarte que dentro de dos meses estoy por allí de nuevo. Conseguí un trabajo en una prestigiosa empresa. Y se me había ocurrido que podemos repetir lo que hicimos.
—Vete a la mierda, MARTINEZ…
Cortó y resopló nerviosa. ¿Por qué demonios había aceptado tener algo con él? ¿Qué carajo había estado mal con ella?
Tal vez se merecía que PETER la dejara plantada cada dos por tres. Solo esperaba que jamás supiera lo de PABLO. No podría soportar perderlo por ese imbécil.

LALI se despertó algo sobresaltada. Sentándose en la cama, miró a su alrededor y se dio cuenta de que estaba en un hospital, de que ella y su bebé estaban bien, y que había tenido un horrible sueño. En donde su padre la obligaba a dejar a su hijo. Y el sentimiento de perdida había sido tan real, que aun le latía el corazón con algo de dolor.
—¿Estás bien? —preguntó él con la voz grave y rasposa a causa del sueño.
Ella bajó la mirada y allí estaba PETER mirándola con un solo ojo. Se sorprendió al ver que había dormido incómodamente en aquel sillón, y que el mueble estaba casi pegado a su cama.
—Sí, sí, estoy bien —le contestó.
PETER se sentó haciendo una mueca de dolor. Ella se sintió culpable. Había dormido allí por su culpa. Él miró la hora.
—Es muy temprano aun, morena —dijo y bostezó —¿Quieres que vaya a ver si ya está tu alta para irnos a desayunar?
El estomago de ella gruñó y PETER sonrió.
—Sí, al parecer tenemos hambre —asintió divertida.
El moreno se puso de pie en un salto y acomodó el sillón en su lugar. Entró al baño para lavarse la cara y despertarse un poco más. En ese momento alguien tocó la puerta. LALI dio el permiso para que ingresara y el doctor se asomó.
—Buenas días —la saludó él.
—Hola, doctor —sonrió ella. PETER salió del baño y se sorprendió un poco al verlo allí.
—Justo estaba por ir a buscarlo para ver si ya está nuestra alta —le contó.
—A eso mismo vine —aseguró el médico —Ya firmé el alta, así que pueden irse cuando quieran.
—¿Sí? —inquirió la morena.
—Así es —sonrió y le tendió a LALI una pequeña tarjeta —¿Ya tiene un obstetra, señorita LALI? —le preguntó.
Ella tomó lo que él le había tendido y leyó: Doctor GASTIN DALMAU, obstetra.
—Mmm… sí, tengo una… aunque había pensado en cambiarla, ¿Por qué?
—Porque me gustaría mucho que pidiera turno con el doctor DALMAU. Es de mi entera confianza y es un gran profesional. Va a ser un gran médico para usted…
LALI miró la tarjeta y miró de nuevo al doctor.
—Si usted lo dice entonces lo llamaré —aseguró.
—Perfecto —se acercó a la cama y le dio la mano —Que tengan un buen día, y por favor a cuidarse mucho.
—Claro que sí —asintió ella.
—Muchas gracias por todo, doc —dijo PETER y le dio la mano también.
—Los dejos tranquilos —dijo y salió de allí dejándolos en silencio.
El moreno suspiró y se giró a verla.
—Voy a salir un segundo así te cambias tranquila, ¿te parece?
—No, me puedo cambiar en el baño —dijo y se puso de pie.
—¿Segura?
—Sí, PETER. Además necesito lavarme un poco la cara y ver como está mi pelo —rió levemente y apoyó los pies en el frío suelo —No voy a tardar nada…
Buscó la ropa que EUGE le había traído y entró al baño.
Cuando se miró al espejo, se observó detenidamente. Había algo diferente en ella, pero no era conciente de que cosa era. Sacudió la cabeza y se apresuró a arreglarse. Cuando salió, Zayn estaba tirado boca arriba en la cama. Podría decirse que casi se cayó de ella cuando intentó ponerse rápidamente de pie.
—¿Vamos? —le preguntó algo nervioso. Ella se aguantó una sonrisa.
—Vamos, muero de hambre.
—También yo —aseguró él.
Salieron del cuarto, se despidieron de un par de enfermeras y dejaron el asfixiante hospital, para salir a la clara luz de una perfecta mañana de otoño. Aquella fría, pero agradable brisa, les golpeó el rostro a ambos. LALI tembló levemente por el pequeño chucho de frío que recorrió su cuerpo. PETER estiró su mano y tomó la de ella, para entrelazar sus dedos y meter ambas manos dentro de su abrigada campera.
Ella estaba algo conmocionada con la acción, pero no le dijo nada. Se limitó a caminar a su lado, sintiendo el calor que él le brindaba. Era agradable la sensación. La áspera mano que estaba entrelazada con la suya le daba seguridad. Caminaron en silencio, despacio, disfrutando de la mañana y de los cantos de un par de pájaros.
Llegaron a una esquina en donde una pequeña cafetería abría recién sus puertas. Zayn le preguntó si aquel lugar le parecía bien para desayunar, y ella asintió sin problemas. En ese momento cualquier lugar sería genial. Necesitaba comer, estaba famélica.
Eligieron una mesa para dos cerca del ventanal.
Una camarera se acercó a ellos y tomó su pedido. LALI pidió un licuado de banana, con un tostado de jamón y queso, y dos medialunas de manteca. PETER pidió exactamente lo mismo.
—Se nota que estás hambrienta —sonrió él.
—Siempre me pasa a la mañana —aseguró ella cuando el desayuno llegó y le dio un mordisco a su tostado. Sintió placer al comer y cerró levemente los ojos —Siento que puedo comerme una vaca entera sin explotar…
Escuchó que PETER reía por lo bajo y abrió los ojos para ver como la miraba divertido. Ella se aguantó la risa y siguió comiendo. Comenzaron a charlar, sin prestarle demasiada atención a que la hora pasaba.
—Oye —le habló él. Ella lo miró mientras terminaba de tomar su licuado —¿Te gustaría ir a cenar conmigo hoy a la casa de mis padres?
Ella comenzó a toser, ya que se había ahogado con el licuado. PETER se puso de pie rápidamente y se acercó a ella para palmearle la espalda con cuidado. Cuando al fin dejó de toser, volvió a su lugar.
—¿Conocer a tus padres? —preguntó con la voz algo aguda. Acomodó la garganta y agarró el pequeño vasito de agua que les habían traído. Lo bebió rápidamente —¿No te parece que es algo pronto?
—Yo ya conocí a tu padre… —dijo él —Además de que mi madre se muere por conocerte…
—Bueno, por ahí… sí, puede que sí —dijo no del todo segura.
—Ya conoces a CANDE, será todo más fácil…
—Pero tu hermana no sabe nada aun.
—Ya debe saberlo —aseguró él —Mamá no es una persona que mantengan los secretos muy guardados.

LALI rió levemente y luego suspiró.
—Está bien, acepto ir a casa de tus padres.
—¡Perfecto! —exclamó contento.
Entonces recordó que su celular aun estaba apagado. Llamó a la camarera, pagó todo y salieron de allí. El sonido de una bocina los hizo girar a ambos, y se sorprendieron de ver a EUGE en el auto de NICO. Se acercaron hasta ella.
—¿Qué haces con el auto de NICO ? —preguntó PETER sin poder creerlo. RIERA jamás le había dado/prestado su auto a nadie. Antes preferiría morir.
—Me lo prestó —aseguró la rubia —Bueno, en realidad le dije que si quería que lo perdonara por comportarse como un idiota ayer… que me diera el auto. Pero ya, entren que está refrescando.
PETER se subió en la parte del copiloto, mientras que LALI fue a la parte trasera. El reconfortante calor del auto los envolvió a ambos.
—¿Cómo supiste que estábamos aquí? —le preguntó la morena.
Snow puso en marcha el auto y se encogió de hombros.
—En realidad fui a buscarlos primero al hospital, pero me habían dicho que ya no estaban. Así que había decidido irme… pero entonces los divisé saliendo del barcito. Les toqué bocina y aquí estamos —contó la historia —¿Cómo estás? ¿Te sientes bien?
—Estoy bien —asintió LALI.
—Me alegro mucho —sonrió —Oh, casi lo olvido… NICO te manda estos chocolates.
Le tendió la caja y LALI la tomó divertida.
—¡Que bien! —aseguró —Cumple con su palabra…
Abrió la caja y tomó un chocolate.
PETER observó divertido como ella saboreaba el chocolate.
Más que una mujer parecía una niña dulce. Y le gustaba…
Negó mentalmente y sacó su celular para encenderlo. Al instante se le llenó de mensajes de llamadas perdidas, y de un mensaje de voz. Se apresuró a escucharlo.
—No sé dónde estás, tienes el teléfono apagado y tampoco nadie me contesta en el taller. Estoy algo preocupada. A última hora llamé a tus padres y me dijeron que seguramente estabas con NICO. Llamé a ese imbécil y tampoco me atendió. No sé que habrá pasado, PETER… Por ahí te olvidaste de que habíamos quedado que vendrías a casa… pero no importa. Solo espero que estés bien. Me voy a las 10 de la mañana, espero poder verte antes de eso. Te amo.
—Maldición —dijo él entre dientes cuando el mensaje terminó. Vio que LALI lo miraba con un gesto interrogativo —EUGE, ¿te molesta si me dejas en otro lugar? recordé que tengo que hacer una cosa.
—Claro —aseguró la rubia.
Él le dio la dirección y luego miró la hora… eran las 9.30, solo esperaba poder llegar a tiempo. ¿Cómo mier-da pudo olvidarse de que había quedado en ir a verla?
—¿Pasó algo malo? —preguntó LALI, sacándolo de sus pensamientos.
Él la miró algo nervioso. No quería decirle lo que pasaba, sabía que ella iba a sentirse culpable. Le entregó una leve sonrisa para ‘evadirla’
—No, no pasa nada —le aseguró.
LALI asintió y volvió a concentrarse en sus chocolates. EUGE se detuvo en una esquina.
—Llegamos —le informó.
—Excelente —dijo él y abrió la puerta. Pero antes de bajar se giró a ver a LALI. Ella dejó de masticar el chocolate que estaba comiendo —Te pasaré a buscar a las 7.
—Bueno —asintió nerviosa. Él sonrió y se bajó.
—Las veo luego —dijo y cerró la puerta para comenzar a caminar rápidamente. Ambas vieron como desparecía de la esquina. EUGE se giró a ver a LALI. La morena también la miró.
—Me sorprende su forma de ser —le dijo a su amiga como si supiera que EUGE iba a preguntarle algo —Todavía estoy esperando que reaccioné de mala manera con respecto al embarazo.
—Eso no va a pasar. PETER no es esa clase de hombre —aseguró la rubia.
—Quiere que vaya a cenar con él a casa de sus padres —contó asustada.
—Típico de PETER —sonrió divertida y se puso en marcha.
—¿Qué cosa? —quiso saber ella.
—Todo lo que forma o va a formar parte de su vida tiene que ser conocido por sus padres.
—¿Y eso es malo? —inquirió.
—No realmente —dijo pensativa —Los LANZANI son una gran familia, LALI. Y estoy segura de que te recibirán con los brazos abiertos…

CAPITULO 23


CAPITULO 23:
Promesas.
Una mujer vestida de celeste se acercó a él con un gesto algo severo en el rostro.
—Por favor, joven, no puede tener el teléfono prendido en esta sala. Hay aparatos que se interrumpen por sus ondas magnéticas —le dijo —Salga afuera o apáguelo.
PETER se alejó del teléfono y lo tapó....
—Ya termino y lo apago. Lo juro —le dijo.
La mujer lo miró mal una vez más y se alejó. PETER soltó un suspiro.
—¿Qué pasó, hijo? —preguntó GIMENA.
—Tengo que apagar el teléfono, no puedo tenerlo ‘prendido’ en esta parte del hospital…
—Está bien, cariño —dijo ella —Pero por favor, llámame cuando sepas como están LALI y el bebé, ¿sí? No importa la hora…
—Sí, mamá, te llamaré. Adiós —dijo y cortó.
Sin pensarlo dos veces apagó su celular y lo guardó en su bolsillo. Se sentó pesadamente en uno de los sillones que la pequeña salita de espera, que se ubicaba extrañamente en medio de un pasillo color crema. Había llegado al hospital hacía un poco más de una hora, y todavía nadie había salido a informarle sobre LALI.
Veía que enfermeras salían y entraban por la gran puerta que llevaba hacia la sala de resultados, y aquello comenzaba a ponerlo nervioso.
Después de haberle indicado a un doctor lo que LALI había pasado, se había comunicado con EUGE para contarle lo sucedido. La rubia simplemente le cortó y no supo más de ella.
PETER se masajeó la nuca. Jamás en su vida se había sentido tan nervioso, abrumado, angustiado. Tenía un gran nudo en medio del pecho. Le preocupaba LALI, le preocupaba su bebé. Cerró los ojos y recordó las palabras que aquel infeliz le había dicho a LALI. Respiró profundamente, conteniendo su ira. Si Robert ESPOSITO intentaba acercarse de nuevo a LALI, él iba a golpearlo como tuvo que haberlo hecho.
Abrió los ojos al escuchar el sonido de alguien corriendo. Se puso de pie al ver como EUGE y NICO se acercaban a él.
—¿Cómo está, LALI? ¿Y él bebé? —preguntó acelerada y con los ojos llorosos.
—Tranquila, EUGE —la calmó NICO.
—¡No me pidas que me calme! —exclamó y miró a PETER.
—Aun no sé nada —le dijo él —Todavía nadie salió a informarme como están ella y el bebé.
—¿Y por qué no fuiste a averiguar? —le preguntó nerviosa.
—Le pregunté a todo el mundo que tenía uniforme celeste o blanco —aseguró él sintiéndose nervioso —Pero nadie me dijo nada.
EUGE resopló y se sentó. NICO miró a PETER y se acercó a él para poder hablarle por lo bajo.
—Está bastante alterada, no le hagas caso —murmuró —¿Cómo estás?
—Nervioso —contestó. NICO apretó los labios y palmeó su hombro.
—Todo va a estar bien —le aseguró.
—Dios quiera que sí…
—Familiares de LALI ESPOSITO dijo un hombre acercándose a ellos.
PETER lo reconoció al instante. Era el doctor que estaba haciéndose cargo del caso de LALI. Se acercó rápidamente a él, con EUGE pisándole los talones.
—Yo soy el padre del bebé —indicó él.
—Yo soy su hermana —dijo ella —¿Cómo están?
—Ella y el bebé están bien —indicó. PETER sintió que la felicidad lo invadía. Cerró los ojos suavemente, sintiéndose aliviado —Por suerte no sufrió ningún tipo de perdida o hemorragia. El embrión supo ‘defenderse’ muy bien. Pero el estado de nervios en el que se encontraba la paciente no era nada bueno. Las primeras doce semanas de gestación son vitales y muy riesgosas. Ella no puede ser expuesta a situaciones que la alteren. Otro episodio como el que sufrió y estaremos en problemas…
—¿Podemos pasar a verla? —preguntó PETER.
—Sí, pero de a uno —les dijo —Ahora los dejo, debo atender a otros pacientes. Cualquier duda que tengan, me buscan. Mi nombre es Jean Salinas —se alejó un poco —Ah, casi lo olvido. Debe quedarse en observación toda la noche. Le daremos el alta por la mañana.
—Está bien, doctor, muchas gracias —dijo la rubia. El hombre los dejó solos. EUGE tomó su cartera y una bolsa que traía con ropa para LALI —Entraré yo primero…
—EUGE —la llamó NICO —Creo que PETER es el que debería entrar primero…
—No, NICO —lo detuvo él —Ve tranquila, EUGE, creo que en este momento ella te necesita más a ti.
—Gracias —le sonrió. Miró a su novio —Tú eres un desalmado.
Dio media vuelta y caminó a paso firme. NICO suspiró y miró a su mejor amigo.
—Está enojada porque tardamos en llegar por mi culpa. El auto no arrancaba y ella cree que lo hice a propósito.
PETER sonrió levemente y apoyó la mano sobre el hombro de RIERA.
—Ya se le va a pasar. Solo pasó un gran susto —le dijo. NICO asintió —¿Me acompañas a tomar un café? —le preguntó —Esta va a ser una noche larga para mí…
—Con mucho gusto, hermano.

LALI jugaba con la pulserita blanca que le habían puesto alrededor de la muñeca derecha. Alguien tocó la puerta. Ella se enderezó rápidamente.
—Pase —indicó. Sonrió al ver como su mejor amiga entraba.
—Hola, hermanita —la saludó la rubia.
—Hola —dijo ella suavemente. Se sentía algo débil y apenas tenía ganas para hablar. EUGE tiró su cartera y la bolsa a un costado, y se acercó a la silla negra que estaba al lado de la cama. Tomó la mano de LALI y sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas. Había tenido tanto miedo luego de que PETER le habló. LALI era muy importante para ella.
—¿Cómo te sientes? —le preguntó.
—Estoy como si cientos de elefantes me hubiesen pasado por encima —aseguró. La rubia sonrió a medias.
—Siento mucho que hayas tenido que pasar por todo esto, _____ —dijo y su voz tembló al final de la oración —Lo siento muchísimo.
La morena apretó levemente su mano y negó con la cabeza.
—No tienes por qué pedirme perdón, EUGE —murmuró —Lo que pasó, simplemente pasó. Solo agradezco que mi bebé esté bien —se acarició la panza. EUGE asintió y secó una lágrima que se le había escapado —¿Y PETER?
Se había sorprendido al ver entrar a su amiga, ya que ella había esperado que fuera el moreno. No es que le desilusionara que EUGE estuviera allí. Es más, creía que era mucho mejor así. Pero no podía sacarse de la cabeza el rostro de preocupación que PETER había tenido cuando ella comenzó con los dolores en su departamento. Luego de eso no recordaba nada, solo que se despertó en el hospital.
—Está afuera con NICO —le dijo ella —Él iba a entrar, pero me dejó pasar a mi primero. Si vieras lo preocupado que estaba…
—No debiste llamarlo, EUGE —por un lado estaba ‘molesta’ por lo que su amiga había hecho. Pero por otro, se lo agradecía.
—Claro que debí —aseguró —¿Te imaginas si estabas sola?
—Fue horrible, EUGE —susurró con la mirada fija en la nada, recordando una y cada una de las palabras que su padre le había dicho.
—¿Quieres contarme? —inquirió Snow.
LALI asintió y comenzó a relatarle a su mejor amiga como habían sucedido las cosas en su casa, desde la sorpresiva llegada de PETER hasta la aparición de su padre. Recordar cada palabra, o mejor dicho, decir cada palabra, le habría cada vez más la herida que llevaba dentro. Cuando terminó las lágrimas estaban por escapar de sus ojos.
EUGE tomó su mano.
—Simplemente jamás me imaginé que mi propio padre sería capaz de darme completamente la espalda —dijo LALI.
—Perdona que te diga esto, pero tu padre es una porquería, LALI.
—Lo sé —asintió y se pasó una mano por ambos ojos para ahuyentar las lágrimas. Ya no iba a llorar más a causa de Robert ESPOSITO—Pero duele mucho reconocerlo del todo.
—Pero ahora debes quedarte tranquila, descansar y no pensar en nada. Sabes que no estás sola en todo esto, amiga.
Ella suspiró y le entregó una suave sonrisa.
—Claro que lo sé.
—¿Quieres que yo hable con AGUS? —le preguntó.
—A estas alturas ya debe saberlo… aunque tal vez no —sacudió la cabeza levemente y suspiró cansada —No lo sé.
—Lo llamaré mañana… —aseguró EUGE.
La puerta sonó y se abrió. NICO asomó la cabeza y ellas lo miraron.
—Siento molestarlas —se disculpó —¿Cómo estás, LALI?
—Bien, NICO —sonrió levemente.
—EUGE, linda, debemos irnos. Una enfermera acaba de decirnos que terminó el horario de visitas. Solo puede quedarse una persona, y PETER ya se anotó para el puesto.
La rubia miró a LALI.
—¿No quieres que me quede yo? —le preguntó.
LALI pensó en ello por unos segundos. Podía decirle que si y hacer que su mejor amiga pasara ahí la noche con ella. Pero sabía que no sería justo para EUGE. Ella podía notar el cansancio en sus ojos.
—No, ve tranquila. Estaré bien —aseguró.
EUGE asintió y se puso de pie. Se acercó a ella y besó su frente.
—Descansa, ¿si?
—Claro —asintió.
La rubia tomó su cartera y se acercó a la puerta. NICO la abrió del todo para darle el paso.
—Adiós, LALI —se despidió él —Prometo traerte chocolates.
Ella sonrió divertida.
—Eso sería genial, Ni.
EUGE la miró una vez más antes de salir del todo.
—Adiós, hermana, te amo.
—Y yo a ti —sonrió la morena.
La puerta se cerró lentamente, dejando a LALI en un completo silencio. Suspiró y se llevó las manos al vientre. Por un momento temió perder a su bebé, pero gracias al cielo no fue así.
—Perdóname, bebé —le habló y acarició su panza sobre la camisola de hospital que llevaba puesta —Te puse en peligro. Pero te prometo que no va a pasar nunca más. Y nadie va a volver a maldecir tu vida…
—Claro que no, porque sino papá va a repartir golpes —dijo él. Ella levantó la vista sorprendida y lo vio ahí parado con la puerta abierta. No lo había escuchado entrar. Su corazón comenzó a latir rápido. Él entró del todo —¿Cómo estás?
—Bien, gracias —dijo ella. Se sentó mejor en la cama y esperó hasta que él se acomodó en la silla que anteriormente había estado ocupando EUGE.
—Me diste el susto de mi vida, LALI —dijo algo divertido.
—Lo siento —se disculpó ella y bajó la mirada.
PETER la tomó del mentón y la hizo mirarlo.
—No, LALI, yo soy el que lo siente —ello lo miró en un completo silencio, encontrándose con la calma de su mirada azulina —Siento haber dejado que tu padre te hiciera daño.
—Oh no, PETER, tú no tienes la culpa de eso, no —tomó delicadamente la mano de él con la suya. PETER miró aquella unión —Me defendiste y me… cuidaste.
—Pude haberlo hecho mejor —aseguró —Pero nunca más nadie va a tratarte de la forma que él lo hizo…
Ella sonrió levemente. Aquella promesa de protección la hizo sentir segura. Apretó levemente su mano.
—Gracias —susurró.
Se quedaron en silencio, mirándose a los ojos. La mano de ella aun estaba sobre la de él. Ambos reaccionaron, alejándose torpemente y tosiendo para disimular.
—¿Quieres comer algo? —le preguntó para salir de aquella extraña situación.
—No, no tengo hambre.
—¿Segura? —inquirió.
—Segurísima —sonrió —Solo tengo un poco de sueño.
—Bien —él se puso de pie —Vamos a acomodar esa cama para que puedas dormir.
Buscó el botón que hacia que la cama bajara y ayudó a LALI a ponerse cómoda. Ella se acurrucó contra las almohadas, poniéndose de costado y tapándose un poco.
—¿Qué hora es? —preguntó ella con los ojos ya cerrados.
PETER acomodó el sillón largo que estaba allí, más cerca de la cama de ella. Así podría estar alerta por si necesitaba algo. Se tiró allí, buscando una postura buena, hasta que se cansó y se dejó caer boca arriba y con los brazos detrás de la cabeza. Miró la hora en su reloj y ya era un poco más de las 10.30 de la noche.
—Son más de las 10.30, LALI —le dijo y se giró a verla.
Ella tenía los ojos cerrados y su respiración era suave, se había dormido. Se quedó mirándola atentamente. Aquella morena era una mujer especial. Suspiró y fijó la mirada en el techo. Tal vez aquel pequeño arrebato de lujuria que los había llevado a donde estaban, no había sido tan malo después de todo.

martes, 12 de enero de 2016

CAPITULO 22


Preferiría ser huérfana.

Se le iba a salir el corazón por la boca en cualquier momento. Estaba a punto de sufrir un ataque de nervios. ¿Por qué demonios la vida la odiaba tanto? Es que no podía tener tanta mala suerte. Caminó de un lado hacia el otro, en medio de la sala, mordiéndose las uñas. Necesitaba pensar con claridad. Pero ¡mierda! se le hacía imposible.
Sus padres y abuelo y...a sabían lo de su embarazo. Y todo por culpa de su linda doctora. ¡Odiaba a Clara en ese momento! ¿Cómo diablos se le pudo haber escapado decir: sí, LALI está embarazada, delante de su abuelo? ¡¿Cómo?!
Además de ser su doctora, Clara era la médica de cabecera de ALEJO. Y hoy había tenido una reunión con él.
Luego de que PETER se fuera de su casa, ella había tenido una tarde realmente tranquila. Había salido a comprar helado y un par cosas que le hacían falta para el refrigerador. Había dormido una siesta y mirado una película.
Y luego su celular comenzó a sonar enérgicamente. EUGE la había llamado para contarle el griterío que había dentro de la oficina de ALEJO. Que al parecer su padre y él discutían sobre algo de lo que ella no estaba segura.
Después de que colgara con ella, había sonado de nuevo, pero era Clara. Ella le dijo que sin querer le había dicho a su abuelo lo del bebé. Entonces el mundo de LALI se derrumbó.
Ahora ella sabía que su padre venía en camino. Iba a tener que hacerle frente. Pero estaba asustada, demasiado.
El timbre sonó, sobresaltándola. Sus manos temblaban sin control. Tuvo la idea de no abrir y fingir que no había nadie. Sí, esa era buena idea.
—LALI, soy PETER, ábreme, por favor —dijo él.
Ella se sorprendió al escucharlo. ¿Qué hacía él allí?
Se acercó rápidamente a la puerta y abrió. Sí, ahí estaba él.
—¿Qué haces aquí? —fue lo primero que dijo. No entendía por qué él estaba allí.
—EUGE me llamó…
—No puede ser —murmuró ella —Voy a matarla.
—Tranquila, LALI —le dijo e hizo un ademán de ingresar.
Ella lo dejó pasar. Cerró la puerta y se giró a verlo.
—No tienes que estar aquí, PETER —le aseguró.
Se acomodó un mechón detrás de su oreja. Él vio como sus manos temblaban. Se acercó a ella y la agarró por los hombros, delicadamente. LALI lo miró a los ojos.
—Voy a dar la cara frente a tu padre o quien sea. Tienes que calmarte un poco, estás temblando. Eso no es bueno para ti, ni para el bebé…
—Yo no…
El timbre volvió a sonar, pero con un poco más de ímpetu que cuando llegó PETER, y después los golpes contra la puerta se hicieron presentes.
—¡Ábreme, LALI! ¡Ahora! —exigió él. PETER notó como ella se tensaba.
—Tranquila, morena, no estás sola —le susurró.
Ella asintió. PETER la soltó y se acercó a la puerta. Abrió y ante él se presentó un hombre de unos 50 años, un poco más bajo que él, ojos marrones, pelo poblado de canas. Respiraba agitado, y en su mirada se reflejaba perfectamente la ira.
—¿Dónde está metida esa niña? —preguntó.
—Antes de que lo deje pasar, tiene que calmarse, señor LALI —dijo PETER.
—¿Y tú quién demonios eres para decirme que hacer? —quiso saber.
—Déjalo pasar, PETER —dijo ella.
El moreno se hizo a un lado y Robert ingresó. PETER cerró la puerta y se quedó parado en su sitio mirando a LALI.
—¿Qué es lo que está pasando contigo, LALI? —le preguntó Robert. Ella le sostuvo la mirada —¡¿Cuándo diablos pensabas decirnos que estás embarazada?!
—Yo iba a hacerlo pronto —murmuró ella.
—No puedes tener a ese niño —sentenció. PETER lo miró sin poder creerlo. Ese hombre no podía estar hablando enserio.
—Es mi cuerpo, Robert, voy a tenerlo —dijo con toda la calma del mundo.
—¿Con qué derecho lo haces? —le preguntó apretando los dientes —Vas a arruinar a esta familia, como siempre. Nunca en tu miserable vida hiciste nada bien. Tu abuelo no puede creerlo…
—No me importa —PETER admiró el valor que ella estaba teniendo —Estoy cansada de ustedes, de sus presiones, de sus malos tratos.
—¿Y sabes por qué pasa eso, hija? —le preguntó —Porque eres una mujer sin carácter, una mujer que no sabe lo que quiere —sonrió —¡Y claro que no te importa! ¡Jamás te importó! Eres una mal agradecida —se acercó a ella rápidamente y la tomó del brazo.
—Suéltame —murmuró. PETER reaccionó y se acercó.
—¡Suéltela, señor ESPOSITO! —le exigió.
Robert, pareció no escuchar a PETER, su mirada estaba fija en LALI y la presión de su mano se hizo más fuerte.
—¡Vas a hacer lo que yo te digo, y no vas a tener a ese bebé!
PETER lo tomó de la camisa y lo alejó rápidamente de ella. LALI se agarró el brazo, con una leve mueca de dolor y los ojos poblados de lágrimas. PETER se puso frente a ella.
—¡¿Y tú quién demonios eres?! —le preguntó sacado.
—¡El padre del bebé! —dijo. El rostro de Robert cambió radicalmente.
—Ooooh, así que tú eres el bastardo que la embarazó —miró a LALI detrás de PETER. Negó levemente con la cabeza —Ahora además de ser una estúpida, eres una cualquiera, mi querida hija —ella apretó los labios, aguantando las ganas de llorar, apenas podía soportarlo.
—Vete —le pidió.
—¿Quieres que me vaya? —preguntó y rió —Tú no me dices lo que tengo que hacer, niña. Eres una sin vergüenza. Hasta hace poco llorabas por BENJAMI y ahora estás embarazada de un pobre infeliz.
PETER apretó los dientes. Ese hombre estaba a punto de ganarse la paliza de su vida.
—Basta, Robert —dijo ella —Déjame en paz.
—Desde este momento dejas de ser una ESPOSITO —le aseguró —Quiero que juntes tus cosas y te vayas de esta casa. Nada tienes desde ahora en más. Para mí estás muerta… me das asco.
—Le voy a pedir muy amablemente que se retire, señor ESPOSITO —lo interrumpió PETER. Él lo miró —No me haga golpearlo…
Sintió como LALI lo agarraba levemente del brazo. Robert se acomodó un poco la camisa y volvió a mirar a LALI.
—Tienes un día para irte. No me importa a dónde sea, pero desapareces. De más está decirte que no vuelvas a la oficina. Tu abuelo tampoco quiere volver a verte —se acercó a la puerta dando grandes pasos —Maldigo el día en que naciste, LALI. Lo único que me has dado desde entonces han sido decepciones.
Abrió y salió dando un portazo. El silencio reinó en el lugar. Hasta que PETER escuchó el primer sollozo. Giró para encontrarse con una pálida LALI que lloraba sin control. Se le partió el corazón. La acercó a él y la abrazó contra su pecho. No podía creer como un padre pudo haberle dicho todas esas cosas a su propia hija, su sangre. Se le llenó el cuerpo de impotencia.
—¿Por qué? —preguntó ella entre lágrimas —¿Por qué me hace esto?
De repente LALI gimió de dolor y se dejó caer entre los brazos de PETER.
—¡LALI! —exclamó él.
—¡Me duele, me duele! —lloró ella mientras se agarraba la panza. PETER la alzó en brazos y la depositó con cuidado en el sillón. Ella apretó los dientes, tratando de aguantar el dolor.
—Tranquila —dijo nervioso mientras buscaba su teléfono —Respira, LALI, voy a llamar a una ambulancia.
—PETER, me duele mucho —chilló y se apretó con fuerza el vientre.
Él comenzó a desesperarse. Marcó el número de emergencias, lo atendieron y él les dio toda la información rápidamente. Cortó y volvió a acercarse a ella.
—Ya vienen, morena, tranquila —le susurró y acarició sus cabellos.
—Por favor, me duele —siguió llorando.
La desesperación de PETER fue casi insoportable. No sabía que más podía hacer por ella. No quería ir por un vaso de agua y dejarla sola, ya que ella apretaba su mano con fuerza. Así que se limitó a susurrarle palabras de calma. Hasta que cinco minutos después el timbre sonó. Él corrió a abrir y los paramédicos entraron con una camilla. Se acercaron a LALI, pero al instante ella dejó de gritar.
—Se desmayó —indicó uno de ellos.
PETER se acercó rápidamente. La alzó en brazos y la colocó sobre la camilla. Todos los vecinos del edificio se asomaron para ver como la sacaban de allí e ingresaban a la ambulancia. LANZANI sostuvo su mano en todo el camino. La miró cuando el sonido de las sirenas llegó a sus odios. En su bello rostro aun se reflejaba el dolor y sus mejillas estaban húmedas. En ese momento se juró a si mismo que nunca más nadie iba a tratarla como a una basura.

CAPITULO 21

Estoy asustado.

Luego de salir del departamento de LALI, se había dirigido al taller. Había decidido ponerse a trabajar un poco, pero no había tenido demasiado éxito con las constantes preguntas de NICO. Así que cuando su reloj marcaba las 5 de la tarde había decidido ir a hablar con sus padres.
Pero ahora que estaba a punto de hacerlo, no estaba del todo seguro. ¿Y si sus padres... le daban la espalda? Sacudió la cabeza, no eso no iba a ser así. Dio un paso más hacia la puerta y buscó las llaves.
Abrió, un gran silencio reinaba en la gran casa de los LANZANI. Recordó que cuando era niño tenía miedo de quedarse solo en su casa. Principalmente por el gran silencio que había. Le daba escalofríos recordarlo. Y simplemente ahora se sentía como un niño de nuevo. Miró a su alrededor, no recordaba que su casa fuera tan grande. Pero no era lujosa y ostentosa. Era familiar. NICO L la había comprado con la ayuda de un préstamo y su sueldo.
Escuchó un par de risas provenientes del patio. Sin dudarlo dirigió sus pasos hacia allí. Entonces los vio, sus padres estaban sentados en la vieja hamaca paraguaya, que su padre había traído de Latinoamérica cuando era piloto. Ellos estaban hablando y riendo. Se los veía tan bien juntos. PETER admiraba el amor que ellos tenían. Siempre le gustó la idea de encontrar uno así como el de ellos. VICO decía que era un cursi de alma.
De repente David levantó la vista y lo descubrió mirando. GIMENA también se giró a verlo. Se puso rápidamente de pie.
—PETER, mi vida —dijo ella y comenzó a acercarse.
PETER salió del todo al patio.
—Hola, ma —la saludó y la abrazó cuando estuvo frente a él.
—¿Qué haces aquí, mi vida? —le preguntó cuando lo soltó —No nos dijiste que vendrías.
NICO L se acercó hasta ellos.
—Hola, campeón —dijo y palmeó su hombro.
—¿Qué pasó, PETER? —preguntó GIMENA ya preocupada.
PETER la miró a los ojos. Conocía perfectamente el instinto materno de GIMENA. Jamás fallaba. Con el simple hecho de ver a uno de sus hijos, ella ya sabía si había algo bueno o malo.
—Necesito hablar con ustedes.
—Vamos adentro —dijo ella y los tres ingresaron.
El sol ya se estaba ocultando en las afueras de la ruidosa cuidad de Nueva York. Entraron a la cocina. GIMENA y NICO L se sentaron uno al lado del otro, y PETER tomó asiento frente a ellos.
—¿Cómo están? —les preguntó para poder comenzar a sacar conversación.
—En este momento muy ansiosa y preocupada —contestó ella.
—Yo estoy bien —dijo NICO L.
—Me alegro —sonrió PETER y colocó sus manos sobre la mesa para comenzar a jugar con sus dedos. No miraba a sus padres, pero sabía que ellos lo miraban fijamente —¿Y VICO?
—Salió con unos amigos —dijo GIMENA.
—¿Y CANDE? —preguntó.
Necesitaba retrasarse lo más posible.
—Está con AGUS —volvió a contestar su madre —Y ahora deja de dar vueltas, PETER ¿Qué sucede?
Él suspiró, sabiendo que ya no podía retrasarlo.
—Es un poco complicado —comenzó a hablar —No sé por donde empezar.
—Por el principio estaría bien —asintió NICO L.
—NICO L… —dijo GIMENA por lo bajo. PETER sonrió levemente.
—Sí, lo sé, papá —se rascó la nuca —¿Recuerdan aquella noche en que me quedé a cenar y también estaba EUGE?
—Sí —asintió GIMENA.
—¡Ya sé! —exclamó NICO L, sobresaltando a su esposa e hijo —¡Te gusta el novio de tu hermana!
—¡NICO L! —lo retó GIMENA sin poder creerlo. PETER simplemente rió. ¿De dónde demonios su padre había sacado aquella idea?
—Perdón —dijo NICO L —Fue lo primero que se me vino a la cabeza —miró a PETER y le sonrió, pero volvió a ponerse serio —No es eso, ¿cierto?
—No, papá —sonrió divertido —No soy gay, si eso es lo que te preocupa.
—Bien, eso me deja más tranquilo —aseguró. GIMENA lo miró asesinamente y él volvió la vista a PETER —Pero no significa que no te apoyaría si lo fueras.
—Ya deja hablar a nuestro hijo, NICOLAS —le pidió. Miró a PETER —Continua, cariño.
—Bueno, como les decía, esa noche AGUS habló sobre su prima, ¿lo recuerdan?
—Sí, la muchacha de la revista —asintió su madre —¿Qué pasa con ella?
—¿Recuerdan que dije que la conocía? —inquirió. Ambos asintieron con el ceño fruncido.
—No sé a donde quieres llegar, campeón —dijo NICO L —Pero será mejor que te apresures porque a tu madre va a darle un ataque.
—No es cierto —se apresuró a decir ella —Tómate tu tiempo, mi vida. Tu padre solo exagera.
—Conocí a LALI ESPOSITO en una fiesta hace un mes y medio. Y nosotros… —dejó de hablar y tragó saliva —Tuvimos algo.
NICO L y GIMENA alzaron ambas cejas en un simple gesto de sorpresa.
—Eso no es malo —dijo NICO L encogiéndose de hombros.
—Claro que es malo —lo contradijo GIMENA —¿Y MERY?
—En ese momento no estábamos bien —dijo PETER —Pero ese no es el asunto.
—¿Y cual es el asunto? —quiso saber su madre. Realmente comenzaba a ponerse nerviosa.
—LALI está embarazada y yo soy el padre del bebé —soltó al fin.
Ambos se quedaron tiesos, mirándolo con los ojos bien abiertos. Ninguno dijo nada, ni mostró alguna reacción. Y PETER comenzó a sentirse nervioso. Odiaba no saber que más decir o como reaccionar. Entonces los ojos de GIMENA se poblaron de lágrimas. PETER maldijo por lo bajo.
—¿Qué? —murmuró ella con un hilo de voz.
—Eso mamá —asintió él —Voy a tener un hijo.
—¿Voy a ser abuelo? —murmuró NICO L.
—Sé perfectamente que esto no es para nada lo que esperaban. Tampoco yo. Pero voy a hacerme cargo de esto. Ustedes siempre me enseñaron como asumir las consecuencias de mis actos. Y ahora tengo una gran responsabilidad entre manos y… —los miró un segundo en silencio —Solo me gustaría tener su apoyo, pero voy a entender si se enojan y no están de acuerdo. Sé que fue irresponsable de mi parte, no lo planeé, solo sucedió. Y la verdad es que yo… —sonrió nervioso —Estoy asustado…
—Oh, mi amor… —lloró GIMENA y se puso de pie rápidamente.
Rodeó la mesa y en un segundo acunaba a PETER contra su pecho.
El moreno cerró los ojos y se quedó en silencio abrazado a su mamá, sintiendo que se había sacado una parte del gran peso que tenía encima. Escuchaba el leve llanto de GIMENA. Ella acarició su rostro y besó su cabeza. Su bebé era todo un hombre, y un hombre de bien. Jamás iba a darle la espalda a uno de sus hijos, ellos lo eran todo en su vida. Pero de todas las cosas en el mundo, no se le había cruzado por la cabeza que fuera eso. Luego de unos cuantos minutos, GIMENA dejó de llorar, soltó a PETER y besó su frente para volver a sentarse al lado de NICO L.
—¿Y bien? ¿Quieren decirme algo más? —les preguntó. GIMENA se secó las lágrimas y miró a NICO L. Él todavía no había emitido palabra.
—La verdad, campeón —habló al fin —No sé por dónde empezar…
—Por el principio estaría bien —repitió las mismas palabras de su padre. David rió.
—Estoy muy orgulloso de ti, PETER —le dijo serio. PETER también adoptó esa postura. Que su padre le dijera eso le llenaba el alma —Estoy orgulloso del hombre en el que te has convertido. Me llena de orgullo saber que eduqué bien a mis hijos. Y jamás quiero que se te vuelva a pasar por la cabeza la posibilidad de que no te apoyemos. Somos tus padres, para eso estamos aquí. No íbamos a cerrarte la puerta en la cara por esto, PETER. Ya tienes 25 años, eres plenamente capaz de manejar tu vida, pero si tienes dudas o miedos… aquí vamos a estar siempre.
—Gracias, papá —murmuró él.
—¿Y MERY, PETER? —preguntó ella. Él la miró.
—MERY, MERY, MERY —dijo y se masajeó el puente de la nariz —Me enteré de esto… ayer y todavía no tuve el valor de hablarlo con ella.
—Es tu deber decirle toda la verdad —aseguró GIMENA —¿Y qué es lo que tienes con la prima de AGUS? ¿Hace cuanto sales con ella y engañas a tu novia?
—No engañé a MERY, mamá —dijo nervioso —Con LALI estuve una sola vez y no la volví a ver hasta ayer.
—¿Dejaste embarazada a una desconocida? —preguntó ella sin poder creerlo.
—GIMENA —la calmó NICO L —Lo haces sonar como algo muy malo. Si PETER estuvo con esa muchacha, ya no se la considera una desconocida.
—Además LALI es la mejor amiga de la novia de NICO.
—¿Y eso la hace menos desconocida? —inquirió GIMENA.
—Mamá, ella es una buena mujer… está pasando por un momento de mucha angustia. Por si se te olvida es la que lleva el bebé dentro y también soy un ‘desconocido’ para ella. Necesita contención. No la obtendrá de sus padres, no tiene una buena relación con ellos.
—Pero en la revista dice que…
—En esas revistas solo el 20% de lo que dicen es cierto, mamá —la interrumpió —Con las únicas personas que cuenta LALI son EUGE y AGUS. Ahora cuenta conmigo… pero me gustaría que le dieran una oportunidad y la apoyen también.
—Claro que si, campeón —sonrió NICO L y se puso de pie —Ven aquí y dale un abrazo a tu viejo. ¡Diablos, vas a hacerme abuelo!
PETER sonrió y se levantó. Se acercó a su padre y compartieron un calido abrazo.
—De verdad, pa, muchas gracias —le dijo en voz baja.
—No me agradezcas más, campeón. Ahora que vas a ser padre, vas a comprender por qué uno da todo por sus hijos.
—Solo espero poder ser la mitad del buen padre que tú has sido —lo abrazó con más fuerza.
—Serás mucho mejor…
PETER dejó de abrazar a su padre y miró a su madre. Ella estaba sentada en su sitio, con una pequeña sonrisa en los labios.
—¿Qué pasa, mami? —le preguntó.
—Voy a ser abuela —sonrió con lágrimas en los ojos.
—¿Me quieres dar un abrazo? —dijo él —Siento como si tuviera 5 años de nuevo. Estoy tan asustado como cuando vimos la película del payaso asesino.
Ella rió ahogadamente y se levantó para abrazar a su bebé. Ella había tenido a PETER con apenas 20 años. Y aunque su hijo tenía 5 años más que ella, a la hora de ser padre, sabía perfectamente lo que estaba sintiendo. Le besó el hombro y se separó de él para tomar su rostro con las manos.
—¿Cuándo vas a traerla? Quiero conocerla…
—Tal vez es muy pronto —dijo él —Ella aun no habla con su familia y creo que necesita tomarlo con calma.
—¿Cuándo tiempo tiene? —preguntó entusiasmada.
—Me dijo que tenía… ¿6 semanas? Sí exactamente 6 semanas —asintió.
GIMENA sonrió y entonces el celular de PETER comenzó a sonar. Lo buscó y se sorprendió al ver que era EUGE. Por ahí era NICO llamándolo desde el celular de su novia porque él se había quedado sin crédito.
—¿Hola? —atendió.
—Hola, PETER, soy EUGE —dijo ella.
—Hola, EUGE, ¿Cómo estas? —preguntó.
—Bien, bien —dijo apresurada. PETER la notó nerviosa —LALI va a matarme cuando sepa que te llamé, pero creo que es necesario.
—¿Le pasó algo malo a LALI? —inquirió preocupado.
Sus padres se pusieron alertas.
—No… bueno, todavía no. Su padre acaba de enterarse de que está embarazada. Y no fue por boca de LALI. Creo que se avecina una gran tormenta. Ella no va a poder sola… Sí supieras como es Robert, lo entenderías.
—¿Dónde está ella? —quiso saber.
—En su casa. Yo aun estoy en la oficina. Hay una gran conmoción aquí. Porque no solo se enteró su padre. Sino que su abuelo y toda la empresa. No me sorprendería que en cualquier momento salga en las noticias o algo como eso. Lo que sí sé es que Robert salió hacia casa de LALI.
—Bien, voy a ir para allá —le aseguró.
EUGE suspiró.
—Muchas gracias, PETER.
—No, no es nada, EUGE —colgó.
Miró a sus padres.
—¿Qué sucedió? —preguntó ella.
—Nada, nada malo, mamá.
—¿Estás seguro? —dijo NICO L.
—Sí, estoy seguro. Solo que LALI me necesita para enfrentar a su padre. Al parecer se enteró del embarazo y no por boca de ella.
—Uuuh, eso me huele a problemas —aseguró NICO L.
—Sí—suspiró PETER —También a mí