lunes, 4 de abril de 2016

CAPITULO 47

 ¿Y ahora qué? - Preguntó Callie, acunando a la muñeca envuelta en una toalla - La ropa de la señorita Josephine todavía está mojada, y sigue sin brazos.-
- ¿Tienes más ropita? - Preguntó PETER, en un mar de confusiones.
- No, la señorita Josephine sólo tiene un vestidito.-
- Hum...-
PETER se frotó la barbilla con la mano, preguntándose cómo podía resolver el problema de la falta de vestuario de la señorita Josephine.
- Tal vez podríamos coserle los brazos - Sugirió Callie.
- ¿Coser?-
- Sí. Creo que eso sería lo mejor.-
- ¿Tienes los, eh... Utensilios adecuados para coser? - Preguntó él, rezando para que la respuesta de Callie fuera negativa.
- Sí.-
Callie cogió lo necesario de una cestita que tenía junto a la cama y se lo pasó a PETER. PETER observó el hilo y la aguja que reposaban sobre la palma de su mano. Su consternación no habría sido mayor si le hubieran puesto una tarántula en la mano.
Aunque era evidente que los brazos de la señorita Josephine tenían que coserse a su cuerpo, PETER no tenía ni la más remota idea de cómo hacerlo.
- ¿Sabes enhebrar agujas? - Preguntó.
- Por supuesto que sí - Callie cogió el hilo y la aguja, se acercó al fuego y, sumamente concentrada, enhebró la aguja e hizo un nudo en un extremo del hilo - Aquí la tiene - Añadió mientras alargaba la aguja enhebrada hacia PETER.
PETER cogió la aguja y la miró como si se tratara de una serpiente.
«¡Dios mío! ¡En menudo lío me he metido!»
Pero, por difícil que pareciera la empresa, él se tenía por un hombre de recursos. Seguro que se las podía arreglar para dar un par de puntos. Echó una rápida mirada a su alrededor, como si pretendiera asegurarse de que ninguno de los miembros más preciados de la alta sociedad londinense estuviera agazapado tras las sombras, preparado para pillarle in fraganti y censurarle por conducta impropia. El marqués de LANZANI cosiéndole los brazos a una muñeca... James sabía que, si era lo bastante imbécil como para explicarle a alguien aquel episodio, de todos modos, no le creerían.
- Bueno, vamos allá.-
Flexionando las piernas, se sentó en el suelo cerca del fuego. Callie se sentó a su lado, y los dos juntos fueron cosiéndole los brazos a la señorita Josephine. La pequeña sostenía los brazos mientras PETER daba una serie de torpes e irregulares puntadas, haciendo un gran esfuerzo por mantener los labios cerrados cada vez que se clavaba la puntiaguda aguja en el dedo.
- Es mejor que no se pinche demasiado, señor LANZANITIEL, o acabará con un tatuaje.-
- ¿Qué?-
- Así es como se hacen los tatuajes, ¿Sabe? Con agujas. Oí a Winston y a Grimsley hablar sobre ello. Primero te bebes algo que se llama Blue Ruin hasta que te sientes un poco atontado, luego te pinchan con agujas y después te vas con tus amigos a una casa de citas - Ladeó la cabeza en señal de interrogación - ¿Qué es una casa de citas?-
PETER soltó la muñeca y estuvo a punto de atragantarse.
- Es un lugar adonde, bueno... Van caballeros y señoritas a... Eh, a... Jugar.-
- ¡Qué divertido! Me encantan los juegos. ¿Crees que en Halstead habrá alguna casa de citas adonde pueda ir yo?-
PETER se tapó la boca con las manos y musitó una palabrota para sus adentros.
- Sólo está permitida la entrada a los adultos.-
La mera idea de que aquel tipo de vulgaridades pudiera manchar algún día a aquella inocente niña le revolvió las tripas.
Callie lo miró decepcionada.
- Bueno... Tal vez cuando sea mayor.-
Poniéndole las manos en sus estrechos hombros, PETER la miró a los ojos y se esforzó por encontrar las palabras adecuadas.
- Las señoritas decentes y... Limpias no van a casas de citas. Nunca.-
A Callie se le pusieron los ojos como platos.
- ¿Qué? ¿Quiere decir que es un lugar adonde van las señoritas que no se bañan?-
- ¿Bañarse? Eh, bueno, sí. Eso.-
Callie arrugó su naricita chata.
- Entonces no me verán por allí. Me encanta jugar en la bañera. LALI me deja quedarme hasta que se me empieza a arrugar la piel - Bajó la mirada y se fijó en la muñeca que estaba en la alfombrilla entre ellos dos - ¿Y si acabamos de curar a la señorita Josephine?-
PETER aprovechó la oportunidad y cogió la muñeca con el mismo celo con que un perro hambriento corre tras un hueso. Y empezó a coser como si le fuera en ello la vida, rezando porque a Callie no se le ocurriera hacerle más preguntas.
- Ya está - Dijo él por fin, haciendo un nudo y cortando el hilo con los dientes. Levantó la muñeca para que Callie la pudiera inspeccionar.
«No está mal. Nada mal».
Aunque le dolían los dedos, estaba orgulloso de sí mismo.
«¿Y qué más da si los brazos de la muñeca están un poco torcidos y uno es más largo que otro? La cuestión es que ahora tiene brazos».
- ¡Tiene un aspecto magnífico! - Dijo Callie y después emitió un hondo suspiro.
Sus ojos rebosaban gratitud. Una profunda sensación de logro y autocomplacencia invadió a PETER.
- Sí, lo tiene. Ahora veamos cómo está su ropa. Tal vez ya se haya secado.-
Callie fue a buscar el vestidito de la muñeca.
- Sólo tiene los bordes un poco húmedos.-
- Perfecto. Sugiero que vistamos a la señorita Josephine y la acostemos.-
- Opino lo mismo. Ha tenido una noche agotadora.-
PETER sujetó la muñeca mientras Callie le introducía el vestido por la cabeza. Y se lo abrocharon entre los dos.
- Gracias, señor LANZANITIEL - Dijo Callie, abrazando a la muñeca contra su pecho - Le ha salvado la vida a la señorita Josephine y siempre le estaré agradecida - Se acercó la muñeca al oído y escuchó, con los ojos abiertos de par en par. Luego miró a PETER - A la señorita Josephine le gustaría darle un beso y un abrazo.-
PETER hincó una rodilla en el suelo enfrente de Callie. Ella acercó la carita de porcelana de la muñeca a la mejilla de James e hizo el sonido de un beso.
- Gracias, señor LANZANITIEL - Dijo Callie con voz aguda, simulando ser la señorita Josephine - Le quiero.-
A PETER se le hizo un nudo en la garganta, un nudo que le resultó casi insoportable cuando Callie se abalanzó sobre él, le rodeó el cuello con sus bracitos y lo abrazó con todas sus fuerzas. Al principio, PETER dudó, pero luego apretó a la pequeña contra su pecho, mientras sentía que se le expandía el corazón ante semejante muestra de gratitud.
«¡Qué sensación tan distinta abrazar a un niño! Distinta, increíble y maravillosamente enternecedora».
- Yo también le quiero, señor LANZANITIEL - Le susurró en el cuello.
Le dio un jugoso beso en la mejilla sacando mucho los labios y luego se retiró y le sonrió, con los ojos brillantes.
«¡Maldita sea! Esta niña va a acabar por desmontarme».
PETER carraspeó y, de algún modo, consiguió esbozar una sonrisa.
- Creo que ya es hora de que tú y la señorita Josephine se vayan a la cama - Dijo con voz ronca, embargado por la emoción.
Callie se subió a la cama y PETER las arropó a ella y a la señorita Josephine. No estaba seguro de haberlo hecho correctamente, pero Callie bostezó inmediatamente y cerró los ojos. Al poco rato, tenía la respiración profunda y regular propia del sueño.
PETER se quedó de pie junto a la cama durante varios minutos, observándola. Un halo resplandeciente de rizos oscuros y brillantes rodeaba la preciosa carita de Callie, las pestañas proyectaban sombras en forma de media luna sobre sus regordetas mejillas, y su boquita de piñón parecía robada de un querubín.
«Yo también le quiero, señor LANZANITIEL».
«Que Dios me ayude».
PETER salió del dormitorio, cerrando silenciosamente la puerta tras él.
Cuando entró en su alcoba, PETER se fue directo a la garrafa de brandy.
«¡Estoy perdido! Los habitantes de esta casa van a acabar volviéndome loco».
No sabía cómo había ocurrido, pero cada uno de ellos se las habían apañado para, de alguna manera, colarse con la habilidad de un experto ladrón en su hastiado corazón y robarle un pedacito. Pero ninguno lo había logrado tan completamente como LALI.
«¡Dios! Ni siquiera creía que tuviera un alma hasta que ella me la despertó con su valiente compasión, su ternura y su afecto».
Ella era un ángel que le tentaba más allá de lo imaginable y le hacía sentir cosas que nunca había experimentado antes, cosas que ni tan siquiera era capaz de describir, que le estremecían íntimamente y le hacían sentir que iba a estallarle el corazón.
Dominado por la inquietud, PETER se bebió una copa de brandy y volvió a servirse otra enseguida. Era una buena cosa que tuviera que abandonar pronto la casa de los ESPOSITO. Se había implicado demasiado con aquella gente, en sus vidas y sus problemas. No podía permitir que le importaran… No. Era demasiado tarde.
«¡Maldita sea! Ya me importan. Todos ellos».
Intentó alejar sus pensamientos del rato que acababa de pasar con Callie, pero no lo consiguió. No sabía absolutamente nada sobre niñas pequeñas, pero, cuando la encontró llorando por su querida muñeca, notó que estaba a punto de partírsele el corazón. Si hubiera sido necesario, habría luchado contra dragones para que la pequeña volviera a sonreír.
Y lo había conseguido. Bajó la mirada y contempló sus dedos doloridos y no pudo evitar esbozar una sonrisa. Por lo menos no “le había salido” un tatuaje.
«¡Dios mío! Qué hermosura de niña. Tan abierta, sincera e inocente».
«Yo también le quiero, señor LANZANITIEL».
Nadie le había dicho antes aquellas palabras. Ni su madre, ni su padre, ni su hermana, ni ninguna de sus numerosas amantes. Nadie. Lo cierto era que él nunca había concedido ninguna importancia a aquellas tres breves palabras hasta que las había oído en boca de una niña de seis años que lo miraba con ojos brillantes y llenos de admiración, unos ojos que eran un duplicado exacto de los de su hermana mayor.
«Qué extraordinario que una niña tan pequeña haya experimentado el amor cuando yo, alguien que se supone que lo tiene todo, no lo ha hecho nunca».
PETER dio un buen trago al brandy, el fuerte licor le dejó un ardiente rastro de camino al estómago. Fuera como fuese, tenía que dejar de pensar en LALI. Pero, por mucho que lo intentaba, no podía alejar sus pensamientos de ella.
Recordó el rato que habían pasado a solas la noche anterior; LALI entregada y temblorosa entre sus brazos, experimentando su primer éxtasis pasional. La sedosa textura de su piel, con olor a rosas, la aterciopelada calidez de su feminidad contrayéndose alrededor de sus dedos, sus suspiros de placer, la caricia de sus labios...
Dentro de cuarenta y ocho horas estaría de vuelta en Londres, fuera de la vida de LALI. Se le revolvieron las tripas sólo de pensarlo y sintió un dolor que no se atrevió a nombrar. ¡Maldita sea! Aquella mujer se le había metido debajo de la piel y no sabía cómo sacársela de allí. Tenía que marcharse, por el bien de los dos.
Musitando con rabia una obscenidad, cogió la garrafa de brandy, se sirvió otra copa y se hundió en la butaca orejera que había enfrente de la chimenea con un sonoro suspiro.
Casi eran las cuatro de la madrugada. Se bebió el brandy y volvió a llenarse la copa. ¿Acabaría aquella noche alguna vez?

domingo, 3 de abril de 2016

CAPITULO 46

Aquella tarde, PETER se pasó toda la cena mirando de soslayo a LALI, que se sonrojaba cada vez que se cruzaban sus miradas. Él intentaba centrarse en la charla distendida que había a su alrededor, pero le resultaba imposible. Sus pensamientos deambulaban constantemente entre el sorprendente descubrimiento de que LALI era H. Tripp y la conversación que sabía tenía que mantener con ella sobre su inminente marcha de Halstead.
Aquella noche Nathan se unió al resto de la familia y, como fue el centro de atención tras su accidente, PETER no tuvo que hablar mucho. Y a él ya le iba bien así.
LALI estaba sentada a su lado, ataviada con un sencillo vestido. A pesar de que hablaba con todo el mundo, PETER pensó que, en cierto modo, se la veía apagada. Ella intentó varias veces implicarlo en la conversación, pero los comentarios de PETER fueron, en el mejor de los casos, lacónicos.
«Mañana. Se lo diré mañana. Si me quedo a solas con ella esta noche, sólo Dios sabe lo que puede pasar».
Tras tomar esa decisión, PETER se excusó inmediatamente después de la cena, alegando un fuerte dolor de cabeza. Se dirigió hacia las escaleras, pero sólo había subido la mitad del largo tramo de escaleras cuando LALI lo abordó.
- ¿Te pasa algo, PETER? - Le preguntó, tocándole la manga.
PETER bajó la mirada y miró la mano de LALI, luego sus ojos. Parecía preocupada.
- Sólo estoy cansado y me duele la cabeza - Le mintió.
«No sé cómo decirte que me voy. Y tengo que alejarme de ti o acabaremos otra vez en el sofá del despacho y concluiré lo que empecé la otra noche. Créeme, lo hago por tu bien. No estás segura conmigo».
- ¿Quieres que te prepare una infusión?-
PETER negó con la cabeza.
- No, gracias. Sólo necesito descansar.-
Se giró para irse.
- ¿PETER?-
PETER se detuvo y la miró, y casi pierde su determinación. Aquella mirada de sincera preocupación en el hermoso rostro de LALI casi le hace renunciar a sus nobles intenciones.
- ¿Sí?-
- Sobre la conversación que hemos mantenido esta tarde... - Su voz se fue desvaneciendo y bajó la cabeza - Espero que no pienses mal de mí.-
«Si lo hiciera, esto me resultaría mucho más fácil».
Levantándole el mentón con dos dedos, James le sonrió.
- Nunca podría pensar mal de ti, LALI. Por lo que a mí respecta, esa conversación está olvidada.-
LALI suspiró, visiblemente aliviada.
- Menos mal. Me alegra saberlo. Que duermas bien, PETER.-
- Gracias.-
Siguió subiendo las escaleras, entró en su alcoba y cerró la puerta tras él.
«¿Que duerma bien? Lo dudo mucho.»

Aquel «lo dudo mucho» resultó profético. A las dos de la mañana aún no había ni rastro de sueño en el futuro inmediato de James. Deambulaba incansablemente por su dormitorio, engullendo el excelente brandy de Tripp ESPOSITO a un ritmo alarmante. Estaba tenso y sumamente molesto. Y frustrado sexualmente como nunca lo había estado en su vida.
Deseaba con todas sus fuerzas salir de los confines de su alcoba, pero no se atrevía a hacerlo, temiendo abalanzarse sobre LALI en el despacho, el salón o el jardín. PETER sabía a ciencia cierta que, si se topaba con ella, su conciencia perdería la batalla. La deseaba vehementemente.
Murmurando una blasfemia, echó leña al fuego y se sirvió otro brandy. Justo cuando estaba llevándose la copa a los labios, oyó que alguien golpeaba suavemente la puerta de su alcoba. Creyendo que le habían engañado los oídos, PETER se quedó quieto, con la copa a medio camino de la boca y escuchó.
Volvieron a llamar a la puerta.
«¡Maldita sea! Ella ha venido a mí. ¿De dónde voy a sacar las fuerzas para no dejarle entrar en mi alcoba?» Con el corazón en un puño, fue hasta la puerta y la abrió. Pero allí no había nadie.
Entonces oyó un lloriqueo. Miró hacia abajo.
Callie estaba en el pasillo, apretando su muñeca contra el pecho, con su pequeño rostro anegado por las lágrimas. Una combinación de alivio, decepción y alarma se apoderó de PETER.
Agachándose, apartó un rizo de la frente de la pequeña y le preguntó:
- ¿Qué ha pasado, Callie? ¿No se supone que deberías estar en la cama?-
Ella lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
- Es la señorita Josephine - Susurró con voz débil y trémula - Ha tenido un terrible accidente.-
- ¿Ah, sí? ¿Qué tipo de accidente?-
Callie le alargó la muñeca sorbiendo lágrimas por la nariz.
- Mira.-
PETER tomó en brazos a la muñeca con suma delicadeza. En efecto, la señorita Josephine había sufrido un accidente. Un grave accidente. Tenía el vestido hecho jirones y los dos brazos arrancados de cuajo. Su cara, nunca muy limpia, estaba francamente sucia. Y olía a perro muerto.
- ¿Qué le ha pasado? - Preguntó PETER.
- Stinky ha debido de hacer de las suyas - Dijo Callie mientras le temblaba la barbilla - Me he despertado y no la encontraba. Luego me he acordado de que me la había dejado olvidada en el patio, la he ido a buscar y así es como me la he encontrado. Sé que Stinky no quería hacerle daño, pero no creo que la señorita Josephine vuelva a ser la misma.-
Callie empezó a sollozar como si se le fuera a partir el corazón, PETER la miró fijamente, con la muñeca en las manos, y se sintió completamente impotente. Dio palmaditas a Callie en la espalda torpemente.
- Bueno, bueno. Pero... ¿Por qué no la acuestas? Tal vez mañana por la mañana LALI o Lucy o tu tía te la puedan arreglar - Sugirió él, sin tener ni idea de cómo afrontar la situación.
Callie negó insistentemente con la cabeza.
- No puedo meter en la cama a la señorita Josephine en este estado. Se encuentra fatal. ¿Cómo va a dormirse con los brazos arrancados? - Se le escapó un hondo sollozo - Está sufriendo terriblemente. Tenemos que ayudarla.-
«¿Tenemos? También me incluye a mí».
A PETER le entró pánico sólo de pensarlo.
- ¿Por qué no vas a ver si alguna de tus hermanas está despierta...?-
Mientras PETER pronunciaba aquellas palabras, Callie levantó la mirada y James se encontró con sus acuosos ojos inundados de lágrimas.
- A LALI no le gusta que la despierte por las noches. Y a Lucy tampoco.-
- Tonterías. No me puedo imaginar a ninguna de las dos enfadándose contigo por ese motivo.-
- Sé que me dirán que me espere a mañana por la mañana, pero yo no puedo esperar - Lo miró con ojos esperanzados - ¿Puede ayudarnos?-
PETER miró fijamente a la pequeña.
«¿Yo?»
Lo que él sabía sobre muñecas podría caber en la cabeza de un alfiler y todavía sobraría espacio. Se preguntó si parecía tan horrorizado como se sentía.
Las lágrimas seguían cayendo por las mejillas de Callie, y otro sollozo desgarrador estremeció su cuerpecito.
- Por favor, señor LANZANITIEL. Por favor.-
PETER tragó saliva y reprimió el deseo desesperado de huir. La visión de Callie llorando a lágrima viva, lo desmontó por completo. Él supo que iba a perder la batalla en cuanto la vio.
- Por favor, Callie, no llores más - Le pasó la mano por el pelo - Supongo que puedo ayudarte a arreg... Curar a la señorita Josephine.-
- ¡Oh, gracias, señor LANZANITIEL!-
Callie se lanzó a sus brazos y le dio un abrazo tan fuerte que casi lo tira al suelo. Los brazos de PETER rodearon automáticamente el cuerpo de la niña. Era tan pequeña. Y tan confiada. Y tan dulce. Inspiró, y una sonrisa iluminó sus labios. Olía como siempre había imaginado que olían los niños: a rayos de sol y nata fresca.
La pequeña dio un paso hacia atrás y lo miró con ojos llorosos.
- ¿Cree que la podemos curar? - Le preguntó con voz esperanzada.
- Estoy seguro - No tenía ni idea de cómo conseguirlo, pero haría todo lo necesario para que Callie volviera a sonreír - Veamos. ¿Por qué no la llevamos a tu cuarto y la lavamos un poco? Seguro que se encontrará mejor cuando le quitemos toda esa porquería.-
- De acuerdo.-
Callie se frotó los ojos con el dorso de la mano. PETER rebuscó en su bolsillo y extrajo un pañuelo de lino blanco. Callie lo cogió y se sonó ruidosamente.
- ¿Mejor? - Le preguntó PETER con una sonrisa.
Ella asintió con la cabeza.
- Sí.-
- Excelente.-
Callie deslizó su diminuta mano en la de PETER y lo guió hasta su alcoba. Una vez allí, la pequeña le quitó a la muñeca el vestido hecho jirones y se lo alargó a PETER, quien lo sumergió con sumo cuidado en una jofaina llena de agua. Vertió un poco de jabón en la prenda y la frotó enérgicamente, luego la escurrió y la tendió cerca del fuego para que se secara. A continuación, Callie sostuvo a la señorita Josephine mientras PETER le lavaba con gran delicadeza la carita de porcelana. Cuando acabaron, PETER la secó con cuidado con una toalla.

CAPITULO 45

Una vez en el exterior, vio dos figuras en la distancia acercándose a la casa. En seguida supo que eran LALI y Callie. Se acomodó en una silla de hierro forjado para esperarlas e inspiró profundamente el aire con olor a tierra. Apoyando la cabeza en el respaldo de la silla, disfrutó del suave picor de los cálidos rayos del sol en la cara. Dentro de dos días estaría de vuelta en Londres, reanudando su vida normal, intentando dar caza a un asesino.
«Debo decirle a LALI que me voy al día siguiente de la fiesta. No puedo posponerlo más, por mucho que lo desee. Se lo explicaré esta misma tarde».
Sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de unas voces femeninas. Irguiéndose en la silla, PETER se protegió los ojos del fuerte sol con una mano. LALI y Callie estaban corriendo por el césped con los brazos abiertos. Incapaz de resistir la atracción que aquellas risas ejercían sobre él, se levantó de la silla y se acercó a la barandilla del patio para tener mejor perspectiva.
- ¿A que no me pillas? - Chillaba Callie, corriendo todo lo deprisa que le permitían sus cortas piernas.
- Oh, sí. ¡Ya lo creo que te voy a pillar! - Dijo LALI mientras la perseguía y simulaba estar a punto de cogerla - Esta vez no te me escaparás.-
Callie siguió dando grititos y riéndose mientras se acercaba al patio, con LALI pisándole los talones. PETER observó sus payasadas, y una extraña sensación, una indescriptible nostalgia, le embargó por completo, filtrándosele por las venas. ¿Cómo debía de ser una infancia llena de juegos y risas? ¿De abrazos y sonrisas? Le bastaba con mirar el rostro de Callie, radiante de felicidad, para saber que tenía que ser maravillosa. LALI estaba siendo una madre excelente para sus hermanos y, si sus sospechas eran correctas, los quería con una profundidad y una generosidad que él creía que no podían existir.
La mirada de PETER la buscó, siguiéndola mientras perseguía a su escurridiza hermanita simulando que la quería pillar. Se le había soltado el pelo, y sus brillantes rizos castaños flotaban tras ella en un salvaje desorden mientras corría. PETER sintió que se le agarrotaba la garganta. ¡Era tan condenadamente bonita! Una fascinante combinación de inocencia y naturalidad. Pero ya no era sólo su hermoso rostro lo que cautivaba a PETER. Era su belleza interior. Su limpia sonrisa, sus cariñosas caricias. Su corazón generoso, su paciente fortaleza. Si las cosas fueran diferentes... PETER cortó en seco sus pensamientos. Las cosas no eran diferentes. Nada era diferente. Y él debía tenerlo presente.
Las risas se hicieron más fuertes, Callie corrió a toda velocidad hacia la casa, pero, justo antes de llegar a los escalones del patio, LALI la cogió por la cintura y la levantó por los aires.
- ¡Te pillé! - Anunció LALI - ¡Ya tengo a mi preciosidad!-
Cubrió de besos la cara de Callie, y las risitas de felicidad de la pequeña resonaron en la estancia.
PETER nudo de emoción que se le había formado en la garganta. Dos pares idénticos de ojos azul claro se giraron hacia él. Su mirada se cruzó con la de LALI, y a él se le aceleró el pulso inmediatamente.
A LALI se le habían subido los colores del esfuerzo y la piel le brillaba con un intenso color rosa. La mirada de PETER descendió enseguida hasta la boca, aquella boca carnosa, seductora, que parecía hacerle señas, pidiéndole a gritos que se olvidara de dónde estaban y que la besara hasta la saciedad. Él supo que ella le había leído el pensamiento cuando se esfumó la sonrisa de su rostro y empezaron a temblarle los labios. Casi podía oírla decir: «Sí, quiero que me beses» Casi podía notar el contacto de sus labios, el sabor de su lengua...
- ¡Señor LANZANITIEL! - Callie se escabulló de los brazos de LALI y corrió hasta PETER - ¡Estamos jugando a «pillar a la chica más guapa»! Yo soy esa chica.-
Aquella dulce voz infantil rebosante de entusiasmo interrumpió la sensual ensoñación de PETER. Él miró al radiante rostro de Callie y no pudo evitar devolverle la sonrisa.
- Ya lo creo que lo eres. Y ya veo que te han cogido.-
- Esa es la mejor parte - Le confió con un susurro lleno de complicidad.
La mirada de PETER volvió a centrarse en LALI.
- Sí, me lo puedo imaginar.-
- ¿Le apetece jugar con nosotras? - Preguntó la pequeña.
Antes de que PETER pudiera contestar, intervino LALI.
- Callie, tanto correr de aquí para allá podría lastimar el hombro o las costillas del señor LANZANITIEL. Podrá jugar con nosotras dentro de una semana o dos, cuando esté completamente recuperado.-
- Tal vez – Susurró PETER mientras le invadía una profunda sensación de melancolía.
A partir de pasado mañana, probablemente no la volvería a ver nunca más.
«Díselo. Díselo».
Pero tras contemplar el sonriente rostro de LALI, radiante de felicidad, PETER no consiguió hilvanar ninguna palabra.
«Luego. Se lo diré luego».

- ¿Puedo hablar con usted a solas, LALI?
LALI se detuvo cuando se disponía a entrar en la casa. PETER estaba apoyado en la barandilla del patio, un tobillo sobre el otro y los brazos cruzados sobre el pecho. La cálida brisa le había despeinado, y el sol proyectaba sutiles reflejos en su cabello de ébano.
«¡Santo Dios! Se me hace un nudo en la garganta sólo con mirarlo», se dijo LALI para sus adentros.
Tras acompañar a Callie hasta el interior de la casa con la promesa de leerle un cuento después de la cena, LALI se reunió con PETER. Estaba a punto de sonreírle, cuando la seriedad de su mirada la paralizó.
Miró hacia abajo y se dio cuenta de que PETER llevaba en la mano un ejemplar de Gentleman's Weekly. Tuvo un mal presentimiento, y se le puso piel de gallina.
- ¿Va algo mal, PETER?-
Él la miró con una expresión insondable.
- No sé cómo preguntarte esto más que preguntándotelo. ¿Qué relación tienes con H. Tripp?-
Las palabras de PETER hicieron temblar el suelo bajo los pies de LALI y ella enderezó las rodillas para mantenerse en pie. Notó que se estaba poniendo lívida, pero hizo un esfuerzo para ocultar su angustia y su aturdimiento.
- ¿Qué me acabas de preguntar?-
- H. Tripp, el escritor, ¿Qué tipo de relación tienes con él?-
LALI empezó a darle vueltas a la cabeza, buscando desesperadamente las palabras adecuadas.
«¿Cuánto sabe? ¿Y cómo diablos lo ha averiguado?»
Tragándose la angustia y rezando porque su voz sonara serena, preguntó:
- ¿Y por qué crees que tengo alguna relación con él?-
En vez de contestarle, PETER abrió la revista y leyó.

“...cuando nació cada uno de mis hijos, mi esposa y yo lo miramos y recordamos el momento en que lo habíamos concebido. [...] Les pusimos nombres en honor al lugar donde nos habíamos amado. ¡Menos mal que ninguno fue concebido junto a un riachuelo o el pobre se habría llamado «Aguado» o «Riachuelo»!”

Cerró la revista.
- Seguro que ahora entiendes mi pregunta.-
LALI notó que estaban a punto de fallarle las piernas y se dejó caer en una silla de hierro forjado. Abrió la boca con la intención de hablar, pero no le salían las palabras. Había guardado su secreto durante tanto tiempo que no sabía cómo reaccionar. Y, si PETER se lo había imaginado, ¿Cuánto tardaría el resto de la gente en averiguarlo? Si perdía su única fuente de ingresos... Entrelazó los dedos de ambas manos sobre el regazo y apretó fuertemente hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Aquello no podía ocurrir. Ella no lo permitiría. Pero, dadas las circunstancias, no tema ningún sentido intentar mentir a PETER.
Cogiendo aire con fuerza en señal de determinación, buscó los ojos de PETER y le miró sin pestañear.
- Yo soy H. Tripp.-
Ella esperaba que su confesión molestara a PETER o le disgustara, pero él se limitó a asentir.
- ¿Lo sabe alguien más?-
- No. El editor me ha exigido que lo mantenga en el más estricto secreto...-
- Con un buen motivo - La cortó él.
- Sí - Ella miró a PETER a los ojos en busca de alguna pista sobre sus sentimientos, pero su rostro seguía igual de impenetrable - Cuando mi padre murió, necesitábamos dinero desesperadamente. Me negaba a obligar a los chicos a trabajar cuidando niños o como personas de compañía. Los ingresos que recibo de Gentleman's Weekly me permiten mantenerlos - Restregó las palmas sudadas contra la falda - Seguro que estás bastante escandalizado.-
- No, no lo estoy.-
Ella esperaba que PETER dijera algo más, pero guardó silencio. Tal vez no estaba escandalizado, pero parecía bastante evidente que no lo aprobaba. Y la posibilidad de que su secreto se difundiera la llenaba de pavor.
- Espero que me hagas el favor de no contárselo a nadie. Mi medio de vida depende de que se mantenga mi anonimato.-
- No tengo ninguna intención de hacer nada que pueda poner en peligro tu forma de ganarte la vida, LALI. No revelaré tu secreto. Te doy mi palabra.-
LALI sintió un inmenso alivio y soltó una espiración que ni siquiera se había dado cuenta de que estaba conteniendo.
- Gracias. Yo...-
- No hay de qué. Por favor, discúlpame.-
Antes de que ella pudiera decir una palabra más, PETER abrió la puertaventana y entró en la casa. LALI lo siguió con la mirada mientras se alejaba y se mordió el labio inferior para impedir que le siguiera temblando.
Aunque él no había dicho nada más, su brusca y fría despedida lo había dicho todo.

sábado, 2 de abril de 2016

CAPITULO 44

LALI abrió la boca con la intención de darle las gracias por el regalo, pero se quedó sin palabras al contemplar la multitud de costras que salpicaban la mandíbula de James.
- ¡Santo Dios! ¿Qué te ha pasado en la cara?-
A PETER se le escapó una risita de arrepentimiento.
- Me he afeitado.-
- ¿Te has hecho daño?-
- Sólo a mi orgullo. Me temo que afeitarme no es una actividad en la que destaco.-
- Entonces, ¿Por qué?... - Su voz se desvaneció cuando cayó en la cuenta del motivo - ¿Te has afeitado por lo que te dijo tía JUSTINA?-
Él se encogió de hombros.
- Tal vez. Y Andrew me había pedido que le enseñara a afeitarse. Me temo que el pobre ha acabado con la cara tan llena de cortes como yo, pero, al fin y al cabo, nos las hemos arreglado bastante bien.-
LALI se derritió por dentro.
«¡Dios mío, es encantador! Destrozarse la cara para complacer a una anciana y a un adolescente».
Por un momento, se preguntó por qué sería tan poco hábil en una actividad tan típicamente masculina que probablemente llevaba años realizando, pero no le dijo nada. Era evidente que a PETER le avergonzaba su falta de habilidades, y ella no tenía ninguna intención de hacerle sentirse violento.
Poniéndole la mano en la manga, le dijo:
- Por favor, déjame ayudarte la próxima vez. Me estremezco con sólo pensar en que tú o Andrew podrían rebanarse el cuello en el intento.-
- Te tomo la palabra.-
LALI notó que le subía una oleada de calor por el cuello y supo que se estaba sonrojando.
- PETER, he encontrado el vestido. Es el vestido más bonito que he visto en mi vida... Que jamás podría llegar a imaginar. Nadie me había hecho nunca un regalo tan maravilloso, o que se sale tanto de lo corriente - Al pensar en las medias y la ropa interior, se sonrojó todavía más - No sé qué decir, o cómo agradecértelo.-
PETER le tocó suavemente la cara con un dedo.
- No hace falta que me digas nada, y me lo puedes agradecer poniéndotelo mañana por la noche en la fiesta de la señora Smythe.-
- ¿De dónde lo has sacado? ¿Cómo lo has conseguido? ¿Por qué?-
- Escribí a PABLO, le expliqué con sumo detalle lo que quería y él me lo ha traído hoy. En lo que se refiere al porqué, bueno, supongo que tenía ganas de que tuvieras un vestido que no fuera marrón o gris. Quería que estuvieras tan hermosa como eres. Me preguntaba cómo te sentaría un vestido del color de tus ojos.-
A LALI se le escapó una risita nerviosa.
- Espero no decepcionarte.-
PETER negó con la cabeza y la miró fijamente con ojos sombríos y serios.
- Tú nunca podrías decepcionarme, LALI.-
Al oír aquellas palabras, LALI se sintió la mujer más afortunada del mundo. Antes de que ni siquiera pudiera pensar en la respuesta, él se inclinó hacia delante con la mirada fija en su boca.
«¡Dios mío! Va a besarme. Aquí, en medio del vestíbulo».
Con el corazón desbocado, ella levantó el rostro. Sólo les separaba una respiración. Estaba...
- ¡Que me aten a la lancha salvavidas y me tiren al mar! - Bramó Winston.
LALI jadeó y dio un paso atrás para separarse de PETER con tal rapidez que casi tropieza. Se dio la vuelta y respiró aliviada al ver que el ex marinero se estaba peleando con varias cajas que bloqueaban la visión del vestíbulo.
Winston se percató de la presencia de LALI y PETER.
- ¿Tiene un minuto, señor LANZANITIEL? Estas cajas no pesan, pero son grandes, y no sé dónde se ha metido ese enclenque saco de huesos.-
- Me encantaría ayudarle - Dijo PETER. Se giró hacia LALI- ¿Adónde ibas?-
- Al establo. Pensaba sacar a Pericles a dar un paseo.-
«¡Santo Dios! Ha estado a punto de besarme en el vestíbulo a plena luz del día».
Pero todavía le sorprendía más el hecho de que ella había deseado desesperadamente que lo hiciera. Si Winston no les hubiera interrumpido, probablemente ella se habría colgado de su cuello y lo habría besado hasta olvidarse de su propio nombre.
- Ayudaré a Winston y luego iré a ver cómo te va. Que disfrutes de la cabalgada.-
- Gracias - Intentando disimular su azoramiento, LALI se dirigió hacia la puerta.
«Casi nos besamos en el vestíbulo. ¡Por el amor de Dios! He perdido la cabeza. Callie casi nos cogió in fraganti ayer por la noche, un error que me juré no repetir, y ahora he estado a punto de hacer lo mismo».
Negando con la cabeza, se recordó a sí misma que se suponía que estaba intentando mantenerse alejada de James, una misión que parecía ser incapaz de cumplir durante más de dos segundos seguidos. Cuanto más lo conocía y más tiempo pasaba con él, más insoportable se le hacía la idea de su partida.
«¡Que Dios me ayude! ¡Quiero que se quede! Pero él pronto tendrá que reemprender su vida».
Fue entonces cuando LALI descubrió que, a pesar de sus mejores intenciones, nunca aprendería a dejar de desear lo que no podía tener.
Tras ayudar a Winston con las cajas, PETER fue al establo, pero no había ni rastro de LALI o Pericles. Volvió a entrar en la casa, fue a la biblioteca y cogió un número atrasado de Gentleman's Weekly. Sentándose cómodamente en el sofá de brocado, buscó la página de “Las aventuras de un capitán de barco”. Estaba a medio relato, cuando un párrafo le hizo detenerse súbitamente. Volvió a leerlo, seguro de que le estaban engañando los ojos.

“- No hay nada más maravilloso que los hijos - Dijo el capitán Haydon a su tripulación - Cuando nació cada uno de mis hijos, mi esposa y yo lo miramos y recordamos el momento en que lo habíamos concebido - Su risa retumbó en la calma de la brisa marina - Les pusimos nombres en honor al lugar donde nos habíamos amado. ¡Menos mal que ninguno fue concebido junto a un riachuelo o el pobre se habría llamado «Aguado» o «Riachuelo»!-“

Miró fijamente la página, boquiabierto, mientras las piezas empezaban a encajar.
«¿Aguada?»
¿Elegir el nombre de los hijos en honor al momento en que fueron concebidos..? H. Tripp, Tripp ESPOSITO, capitanes de barco, las indagaciones de PETER sobre la situación financiera de los ESPOSITO...
«¡Maldita sea! Si ESPOSITO no es la autora de los relatos, desde luego tiene alguna relación con ellos».
¿Era así como mantenía a toda la familia? ¿Vendiendo relatos basados en las experiencias de su padre a Gentleman's Weekly?
PETER recordó la conversación que habían mantenido sobre “Las aventuras de un capitán de barco”. LALI se ofendió cuando él cuestionó las habilidades literarias de H. Tripp. Y reconoció que se leía todos los relatos. Por supuesto que los leía, los escribía ella misma. O, por lo menos, ayudaba a alguien a escribirlos.
Empezó a dar vueltas a las implicaciones de todo aquello. Era evidente que LALI tenía que mantener en secreto su participación en los relatos. Gentleman' s Weekly era la revista de mayor prestigio entre los miembros masculinos de la alta sociedad. Cada lord que PETER conocía la leía asiduamente, de cabo a rabo. Si los preciados miembros de la aristocracia llegaran a descubrir algún día que los relatos por capítulos de su revista favorita eran obra de una mujer, se escandalizarían y horrorizarían, aparte de dejar de comprar inmediatamente la revista. Un escándalo de ese calibre arruinaría a la revista... Y dejaría a la familia de LALI sin lo que PETER imaginaba que era su única fuente de ingresos.
Debería haberse escandalizado. Que una mujer vendiera relatos a una revista para hombres era algo que estaba fuera de toda norma, algo completamente inaceptable. Pero, de algún modo, la admiración superaba con creces la conmoción que le había provocado aquel descubrimiento. Cuando tuvo que enfrentarse a circunstancias adversas, LALI había sabido encontrar la forma de sacar adelante a su familia. Pero, ¿Era LALI el mismo H. Tripp, o simplemente la asesora del verdadero autor de los relatos? La imperiosa necesidad de conocer la respuesta a aquella pregunta sorprendió a PETER. Necesitaba ver a LALI, hablar con ella. ¿Sería capaz de leer la verdad en sus ojos? Sólo había una forma de averiguarlo. La forma en que LALI se ganaba la vida no era de su incumbencia, pero no podía aplacar la imperiosa necesidad de saber la verdad.
Decidido a hablar con LALI, se dirigió hacia la terraza. En el vestíbulo se encontró a Grimsley echando una cabezada en una butaca. Dos semanas antes, la visión de un sirviente durmiendo en el vestíbulo le habría enfurecido y consternado. Pero en aquel lugar y en aquel momento, le parecía, en cierto modo, apropiado. Intentando no hacer ruido para no molestar a Grimsley, PETER se dirigió hacia la puerta que daba al jardín, moviendo repetidamente la cabeza en gesto de negación. Lacayos miopes durmiendo en el vestíbulo, groseros ex marineros vociferando por los pasillos, cocineros lanzando por los aires cazos y sartenes, niños revoltosos rebosantes de energía... La casa de los ESPOSITO y sus ocupantes eran lo más opuesto a aquello a lo que él estaba acostumbrado. Pero, aunque al principio se había sentido aturdido ante aquel caos, ahora sabía que aquel caos no era más que otra forma de llamar al paraíso. Y le iba a resultar muy duro tener que marcharse de allí.

CAPITULO 43

- Siento no haber podido verla esta vez.-
- Ella no sabía que venías.-
- ¿Ah, sí? ¿Por qué no se lo dijiste? ¿Lo hiciste a propósito para que no me cruzara con ella? ¿Acaso temías que notara algo raro en su comportamiento? ¿O tal vez en el tuyo?-
PETER se paró de golpe y dirigió una mirada pretendidamente imperturbable a su amigo.
«¡Maldito seas, tú y tu condenada perspicacia!».
- No tengo ninguna intención de hablar contigo sobre LALI, PABLO.-
PABLO se detuvo y analizó atentamente a PETER. PETER intentó poner cara de póquer. Si ni tan siquiera él entendía lo que sentía por LALI, ¿Cómo iba a intentar explicárselo a PABLO?
- Como quieras, PETER - Dijo bajando la cabeza. Reanudaron la marcha - Pero, como no quieres hablar conmigo sobre la señorita ESPOSITO, supongo que no te interesará conocer una curiosidad que he averiguado sobre ella.-
- ¿Sobre LALI? - Preguntó PETER incapaz de ocultar la sorpresa en su voz.
- Ajá – Dijo PABLO paseándose pausadamente delante de PETER como si tuviera todo el tiempo del mundo.
- ¿Y bien? - Preguntó PETER impacientemente cuando comprobó que su amigo guardaba silencio.
- Creía que no querías hablar sobre ella.-
- He cambiado de opinión – Espetó PETER.
«¡Maldita sea! A veces PABLO sabe sacarme de quicio».
- Ah, bueno. En tal caso, te lo contaré. He hecho algunas indagaciones, con suma discreción, descuida, y he descubierto que el padre de LALI los dejó en la ruina cuando murió.-
PETER frunció el ceño y miró a PABLO con rostro preocupado.
- ¿Eso hizo?-
- Sí. Al parecer, vendiendo su barco consiguieron reunir suficiente dinero para pagar las deudas de Tripp ESPOSITO. La herencia de la familia ascendía a menos de cien dólares en total.-
- Entonces, ¿Cómo se las han arreglado para sobrevivir? - Preguntó PETER sumido en la confusión - Deben de recibir dinero de alguna parte. ¿Tal vez de la familia materna? ¿O de algún abuelo? ¿Quizá de tía JUSTINA?-
- No lo creo - Dijo PETER negando con la cabeza - En ninguna de mis indagaciones averigüé nada semejante.-
- Sé que no nadan en la abundancia, pero reciben dinero de algún sitio. Se te debe de haber escapado algo, PABLO.-
- Tal vez.-
Paseando, los dos amigos habían llegado al establo. Tras desatar su caballo, un magnífico ejemplar castrado, PABLO se subió a la silla de montar.
- Te espero de vuelta pasado mañana, PETER.-
PABLO se ladeó el sombrero y guiñó el ojo a PETER exageradamente.
- Pásatelo bien en la fiesta.-
PETER observó cómo PABLO se alejaba galopando y luego se encaminó hacia la casa, apretándose contra el pecho el paquete que le había traído PABLO.
Estaría en Londres dentro de sólo dos días. Debería estar ilusionado. Entonces... ¿Por qué se sentía tan abatido?

LALI entró en su alcoba más tarde aquel mismo día, y una expresión de confusión se dibujó en su rostro.
«¿De dónde diablos ha salido este paquete?».
Cogiendo el paquete, que estaba envuelto con un sencillo papel de regalo, estiró de una tarjetita que había debajo de la cinta del paquete. Rompió el precinto lacrado del sobrecito y leyó la nota:
«Para LALI, con mi más profunda gratitud,
PETER.»
PETER le había hecho un regalo.
Llevaba todo el día intentando quitárselo de la cabeza, a él y el apasionado encuentro de la noche anterior, pero él llenaba todos y cada uno de los rincones de su mente. Su sonrisa, sus ojos, maliciosos y juguetones en un momento, nublados por el deseo en el momento siguiente. El tacto de sus manos, el sabor de su boca... LALI cerró fuertemente los ojos. Tenía que dejar de pensar en él. Pero ¿Cómo?
Apretó el paquete contra su pecho, soltando un profundo suspiro. Volvió a dejar el paquete sobre la cama y desató la cinta con dedos temblorosos. Retiró el envoltorio, miró con admiración el contenido del paquete y luego levantó el vestido más bonito que había visto jamás. Metros y metros de una muselina del matiz más claro de azul imaginable caían sobre el suelo. El vestido tenía las mangas cortas y abullonadas, adornadas con cintas de color crema. El corpiño tenía un generoso escote y estaba adornado con una cinta color marfil justo debajo del busto, con un ribete de flores color crema y violeta oscuro. Las flores eran pensamientos. El mismo ribete de pensamientos adornaba el dobladillo del vestido, y había enredaderas de color verde claro bordadas a lo largo de los pliegues de la falda.
LALI se puso el vestido a la altura del cuello y miró hacia abajo sin creer lo que veían sus ojos. Parecía justo de su talla, la línea del dobladillo le rozaba la parte superior de sus sufridos zapatos marrones de piel.
Se deshizo rápidamente de su polvoriento vestido marrón y deslizó con reverencia aquella creación azul sobre su cabeza. El vestido le iba como anillo al dedo, como si se lo hubieran hecho a medida. Sin apenas poder respirar, LALI se acercó al espejo de cuerpo entero que había en la esquina de la habitación.
El generoso escote dejaba al descubierto una considerable extensión de piel que la hizo sonrojar. El fino material le caía sobre los pies desde la cinta color marfil que había bajo el busto. LALI resiguió con un dedo uno de los pensamientos bordados en el corpiño, todavía sin creerse que llevara puesto un vestido tan bonito. Se sentía como una princesa.
Alguien llamó a la puerta.
- Adelante - Dijo aturdida, sin poder apartar la vista del espejo.
- LALI, podrías... - Lucy se paró en seco en cuanto vio a su hermana delante del espejo - ¡LALI! ¡Qué vestido tan exquisito! ¿De dónde lo has sacado?-
LALI se dio la vuelta y miró fijamente a su hermana.
- Es un regalo.-
- ¿Un regalo? ¿De quién?-
Lucy tocó la fina muselina con un dedo.
- De PETER - Dijo LALI con un hilo de voz - Me lo ha regalado PETER.-
Lucy abrió la boca de par en par.
- ¿Dé dónde diablos lo ha sacado? ¿Y cómo ha podido pagar un vestido así? Ha debido de costarle una pequeña fortuna.-
LALI sacudió repetidamente la cabeza.
- No tengo ni idea. Lo único que sé es que me he encontrado este paquete encima de la cama al regresar del pueblo. Llevaba una tarjeta. Está ahí, sobre la cama.-
Lucy se acercó a la cama, cogió la tarjeta y leyó lo que había escrito. Luego observó el paquete y volvió a quedarse boquiabierta.
- ¿Has visto el resto?-
- ¿El resto? ¿Qué resto? – Preguntó LALI ausente.
No podía dejar de pensar en el vestido el tiempo suficiente para atender a cualquier otra cosa.
- Mira esto - Dijo Lucy sofocada - ¿Has visto alguna vez una cosa tan preciosa?-
LALI se giró y miró boquiabierta la combinación que le mostraba su hermana. Aquella prenda de ropa interior era de un blanco resplandeciente y estaba tejida con tal delicadeza que casi parecía transparente.
- ¡Santo Dios! - Exclamó LALI acercándose a su hermana.
Juntas fueron extrayendo uno a uno los demás artículos que había en el paquete. Unas medias de pierna entera de pura seda, un liguero de raso color marfil adornado con una cinta azul claro, y un par de zapatos azules satinados.LALI deslizó un pie en uno de ellos. Eran justo de su número.
- ¡Oh, LALI! - Exclamó Lucy con voz entrecortada - Debe de habértelo comprado para que te lo pongas en la fiesta de mañana. ¡Qué increíblemente romántico!-
- No me lo puedo creer - Dijo LALI aturdida - ¿Cómo lo ha hecho? ¿De dónde lo ha sacado? ¿Cómo ha sabido exactamente qué talla comprar?-
Se sonrojó al recordar que PETER había tocado prácticamente todos los rincones de su cuerpo. Él, mejor que nadie, podía estimar con bastante exactitud sus medidas.
- Tienes que importarle mucho - Dijo Lucy con dulzura. Cogió las manos de LALI y se las apretó con fuerza - Estoy tan contenta por ti. El señor LANZANITIEL me cae de maravilla y, si te hace feliz, yo le recibiré con los brazos abiertos.-
LALI levantó la cabeza y desplazó su anonadada mirada de los preciosos zapatos al radiante rostro de Lucy.
- ¿De verdad crees que le importo?-
- Por supuesto - Dijo Lucy sin asomo de duda - Un hombre no le regalaría algo así a una mujer a menos que le importara muchísimo - Su mirada se detuvo en la ropa interior desparramada sobre la cama - Tienes que importarle mucho.-
LALI cerró los ojos e inspiró profundamente.
- Oh, Lucy. Ojalá tengas razón. ¡Dios! Ojalá la tengas.-
- Por descontado que la tengo - Lucy le dio un breve abrazo - Ahora vamos a quitarte el vestido antes de que se estropee - Ayudó a LALI a quitarse la prenda y a colgarla en el armario - Espera a que el señor LANZANITIEL te vea con este vestido. Se arrodillará ante ti y te declarará amor eterno - Predijo Lucy, alargándole la ropa interior, que LALI guardó con sumo cuidado en el cajón de la cómoda.
- Espero que la conmoción de verme con algo distinto que un vestido de estar por casa no haga que se le pare el corazón - Dijo LALI con una risa.
- Creo que el corazón del señor LANZANITIEL va a estar demasiado ocupado latiendo desbocadamente para plantearse siquiera la posibilidad de pararse.-
LALI no pudo borrar la radiante sonrisa que sabía había iluminado su rostro al oír las palabras de Lucy. Se volvió a vestir rápidamente con la idea de dirigirse al establo.
Cogidas del brazo, ella y Lucy salieron de la habitación y bajaron las escaleras. En el vestíbulo, se encontraron con PETER. Con una tímida sonrisa, Lucy se excusó y dejó a LALI a solas con él.

viernes, 1 de abril de 2016

CAPITULO 42

 ¿Dónde está el resto de los ESPSOITO? - Preguntó PABLO, apoyándose en el respaldo del banco y estirando las piernas.
- LALI, Lucy y tía JUSTINA están en el pueblo, y Nathan guardando cama. Ayer se cayó de un árbol.-
- ¿Está bien? - Preguntó PABLO.
- Sí, pero el médico le recomendó guardar cama durante todo el día de hoy - A PETER se le escapó una risita - Creo que tanto encierro está matando al pobre muchacho.-
PETER miró a su amigo con curiosidad.
- Pareces estar adaptándote bastante bien a la familia - Dijo como quien no quiere la cosa - Cuando hablamos por última vez parecías opinar de los hermanos ESPOSITO que eran unos gamberros ruidosos e ingobernables.-
- Son unos gamberros ruidosos e ingobernables. Sencillamente, en cierto modo, me he acostumbrado a ellos.-
Sonrió para sus adentros, pensando en la radiante y encantadora sonrisa de Callie cuando él le dijo que aceptaba su invitación para tomar el té. A pesar de las diminutas sillas, había disfrutado, y la alegría de la pequeña le había enternecido de una forma hasta entonces desconocida para él.
- A los muchachos les falta pulir un poco los modales - Comentó PETER - Pero todos tienen un gran corazón.-
«De hecho, son maravillosos».
Deslizó la mirada hasta el paquete que PABLO había dejado en el suelo.
- ¿Son ésas las cosas que te pedí?-
PABLO asintió con la cabeza y alargó el paquete a PETER.
- Sí.-
- Excelente. Necesitaba desesperadamente varias mudas de ropa más.-
Se lamentó en silencio de la raja que se había hecho en uno de sus pantalones.
PETER arqueó una ceja.
- ¿Ah, sí? ¿Por eso me pediste que te trajera un vestido? ¿Un vestido de muselina azul claro? ¿Con zapatos y complementos a juego?-
PETER dirigió a PABLO una gélida mirada.
- El vestido es para la señorita ESPOSITO
- ¿Ah, sí? ¿Cuál de ellas? Hay varias, como tú bien sabes.-
- Es para LALI - Dijo PETER con voz tirante.
- Ah. Un regalo que se sale de lo corriente. Muy personal. Y bastante caro, para venir de un tutor. Has de saber que necesité una cantidad considerable de tiempo, esfuerzo, dinero e inteligencia para conseguir ese vestido. De hecho, casi necesito un acta parlamentaria para traértelo.-
- Por descontado, te lo pagaré, hasta el último penique – Dijo PETER gélidamente.
- Preferiría que satisficieras mi curiosidad.-
- Olvídalo, PABLO - Le avisó PETER.
- Como quieras – Dijo PABLO sonriendo - Sólo espero que ROCIO no se entere de mi compra. Si llegara a enterarse, podría tener graves problemas. ¿Cómo demonios quieres que le explique que compré el vestido para ti? Seguro que cree que tengo una amante.-
- Eres un hombre de recursos. Seguro que se te ocurre alguna excusa plausible. Ten por seguro que nunca oirá la verdad de mis labios. Ahora, cuéntame. ¿Cómo van las cosas por Londres?-
- Ha habido bastante movimiento - Contestó PABLO - De hecho, aunque no me hubieras pedido que viniera, tenía pensado venir. Uno de nuestros sospechosos, Marcus Lawrence, está muerto.-
PETER miró fijamente a PABLO.
- ¿Muerto?-
PABLO asintió.
- Suicidio. Lo encontraron en su despacho hace un par de días. Aparentemente, se metió una pistola en la boca y apretó el gatillo. El magistrado estaba a punto de levantar cargos contra él por el asunto del cargamento ilegal. Eso, junto con su ruina financiera, aparentemente le llevó al límite.-
PETER entornó los ojos.
- ¿Y cómo sabes que no fue un asesinato?-
- Al parecer, varios testigos le vieron la noche de su muerte. Estaba como una cuba, divagando sobre sus pérdidas financieras y profundamente abatido. Según explicó su mayordomo, Lawrence llegó a su casa a medianoche y se fue directo al despacho. El mayordomo oyó el disparo varios minutos después.-
- ¿Y si había entrado alguien por una ventana? - Preguntó PETER.
PABLO negó con la cabeza.
- Imposible. Sólo había una ventana y estaba cerrada por dentro. Además dejó una breve nota a su mujer, pidiéndole perdón. Sin lugar a dudas, fue un suicidio.-
- O sea que, en el caso de que Lawrence fuera nuestro hombre - Reflexionó PETER en voz alta - Entonces ya no estoy en peligro.-
- En el caso de que Lawrence fuera nuestro hombre - Asintió PABLO.
PETER miró a su amigo y una oleada de complicidad fluyó entre ambos sin mediar palabra.
- Siguiendo nuestro plan, expliqué a tu personal y a tu familia que te habías ido de viaje al continente – Informó PABLO - Nadie cuestionó mi relato, pero Gregory me ha preguntado varias veces por tu paradero exacto. Yo le he dicho que preferías mantenerlo en secreto porque estabas disfrutando de unas vacaciones íntimas con tu nueva amante.-
Al oír las palabras de PABLO, a PETER le subió por el cuello una oleada de calor. Se aclaró la garganta y dijo:
- Con Lawrence muerto, Gregory es nuestro principal sospechoso.-
- Heredar varios millones de libras, junto con numerosas propiedades y títulos nobiliarios es un buen motivo para asesinar a alguien - Afirmó PABLO.
- Pero Gregory no necesita dinero.-
- Yo no estaría tan seguro de eso, PETER. He oído que debe una cantidad considerable en el club White, y ha estado frecuentando algunos locales de juego de mala reputación. Pero, de todos modos, creo que ya va siendo hora de que vuelvas a Londres. Si Lawrence era nuestro hombre, tu vida ha dejado de estar en peligro. Si el culpable es Gregory, necesitamos desenmascararlo - Miró el torso de PETER - ¿Cómo tienes las costillas para montar a caballo?-
PETER asintió con mirada ausente.
- Supongo que bien. Pero ¿Y si nuestro hombre no es ni Lawrence ni Gregory?-
- Pues también debemos desenmascararlo - Contestó PETER - Aunque no es mi intención ponerte en peligro, no vamos a conseguir nada si te quedas aquí. Es hora de volver a casa, PETER.-
«Casa».
La realidad golpeó a PETER como una descarga eléctrica. Durante las dos últimas semanas se había involucrado tanto con LALI y su familia que casi se había olvidado de su vida en Londres, una vida que incluía a un asesino a sangre fría.
«Casa».
Una inmensa casa de ciudad en la avenida Park Lane de Londres, una casa que funcionaba a la perfección. El paradigma de la elegancia, con un personal perfectamente formado que satisfacía todas sus necesidades. Sin niños revoltosos, perros indómitos, tías sordas ni sirvientes irreverentes.
PETER asintió lentamente.
- Sí, supongo que ha llegado el momento de volver a casa.-
Aquellas palabras le produjeron una dolorosa sensación de vacío.
- Excelente. ¿Te espero mientras recoges tus cosas? ¿O prefieres que te eche una mano con la maleta? - Le preguntó PABLO mientras se levantaba.
PETER lo miró sin entender nada.
- ¿Qué has dicho?-
- Que si necesitas ayuda para preparar el equipaje.-
PETER se levantó lentamente mientras arrugaba la frente.
- No puedo irme hoy contigo, PABLO.-
PETER levantó las cajas en señal de sorpresa.
- ¿Por qué no?-
- Tengo un par de cosas pendientes antes de marcharme - Dijo PETER vagamente, molesto al darse cuenta de que se estaba empezando a sonrojar.
- ¿Como por ejemplo? - PABLO lo miró intrigado - ¡Caramba, hombre! Pero... ¡Si se te han subido los colores!-
- No es verdad - Dijo PETER irritado, mientras caminaba hacia la casa - Sencillamente no puedo marcharme hoy.-
- Está bien. Entonces mañana.-
- No puedo irme hasta pasado mañana.-
- ¿Por qué?-
- No es de tu incumbencia - Contestó PETER de malos modos, pero luego se retractó - Prometí a LALI y a su hermana acompañarlas a una fiesta mañana por la noche, de ahí que te pidiera que me trajeras el vestido. No puedo faltar a mi promesa.-
- Ya entiendo - Dijo PABLO repasándolo con la mirada - ¿Y qué tal te llevas con la señorita ESPOSITO?-
- Lucy ESPOSITO es una joven encantadora - Dijo PETER simulando haber interpretado erróneamente la pregunta de PABLO mientras aceleraba el paso.
- Lucy no es la señorita ESPOSITO a quien me refería, como tú muy bien sabes - Dijo PABLO, siguiéndole al mismo paso.
-LALI y yo nos llevamos bien - Contestó PETER con una brusquedad que habría disuadido a cualquiera de seguir haciéndole preguntas.
Pero PABLO ignoró completamente aquel tono

CAPITULO 41

- ¿Interrumpo algo? – Preguntó PABLO al día siguiente por la tarde.
Entró en el patio de la casa de los ESPOSITO y enseguida se dibujó una mirada entre incrédula y divertida en su rostro.
PETER trató de mirar a su amigo con mala cara, pero era sumamente difícil parecer amenazante con una diminuta tacita de té entre los dedos. Todavía resultaba más difícil teniendo en cuenta que estaba sentado a una mesa de tamaño infantil, con el cuerpo replegado sobre sí mismo, con las rodillas en contacto con el mentón y las nalgas apretadas en una diminuta sillita. Dirigió a PABLO la mirada más seria que logró esbozar en tales circunstancias.
- ¿Por qué? No, qué va, PABLO. No interrumpes nada. De hecho, llegas justo a tiempo para unirte a nosotros - Señaló una sillita vacía levantando levemente la barbilla - Por favor, toma asiento.-
PETER casi se ríe a carcajadas al ver la expresión de horror en el rostro de Justin.
- Oh, no - Dijo PABLO - No es nece...-
- No digas tonterías - Le interrumpió PETER - Insistimos. PABLO, permíteme que te presente a la señorita Callie ESPOSITO, la mejor anfitriona de todo Halstead. Callie, te presento al señor PABLO MARTINEZ, un buen amigo mío.-
Callie miró a PABLO desde debajo del ala de un inmenso sombrero adornado con plumas de colores.
- Encantada, señor MARTINEZ - Le dijo con una dulce sonrisa - Siéntese, por favor. Estábamos a punto de empezar a tomar el té - Rodeó la mesa y sacó una sillita para PABLO - Puede sentarse aquí, al lado de la señorita Josephine Chilton-Jones.-
PETER vio cómo la mirada de PABLO deambulaba entre la minúscula silla, la muñeca no demasiado limpia y la expresión expectante de la pequeña Callie. Consciente de que había perdido la batalla, PABLO se acercó a la diminuta silla y se sentó con suma cautela. Las caderas le chocaban con los brazos de madera y, al igual que PETER, las rodillas le llegaban a la altura del mentón.
- ¡Maravilloso! - Exclamó Callie, batiendo palmas entusiasmada - Serviré el té mientras esperamos a que Grimsley nos traiga las pastas.-
Callie vertió el té ceremoniosamente en cuatro tazas y se las pasó a sus cuatro invitados. PABLO miró perplejo su taza, del tamaño de un dedal, y contuvo la risa.
Grimsley llegó con una bandeja de pastas y la dejó en el centro de la mesa.
- Buenas tardes, señor Mallory.-
PABLO miró hacia arriba desde su postura encorvada.
- Buenas tardes, Grimsley.-
- ¡Qué suerte que haya llegado a tiempo para tomar el té! - Dijo el lacayo con expresión de absoluta seriedad.
Hizo una reverencia y salió del patio.
Callie pasó la bandeja de pastas a los invitados, sin dejar de conversar, y fue rellenando las tacitas en cuanto se vaciaban -con un sorbo bastaba., comportándose como una perfecta anfitriona. Cuando se dio cuenta de que la tetera estaba vacía, se excusó para volverla a llenar.
Solos en el patio, PABLO miró a PETER de soslayo.
- No lo digas, PABLO.-
- ¿Que no diga qué?-
- Lo que estás pensando.-
PABLO miró a su amigo entornando los ojos.
- De hecho, me estaba preguntando qué diablos te ha pasado en la cara.-
PETER lo fulminó con la mirada.
- Me he afeitado, por si te interesa.-
PABLO se quedó boquiabierto.
- ¿Que te has afeitado? ¿Con qué diablos lo has hecho? ¿Con un hacha oxidada?-
- Con una navaja de afeitar. Y te diré una cosa, creo que he hecho un buen trabajo. No es nada fácil afeitarse solo. Te recomiendo que valores más a tu ayuda de cámara. En cuanto llegue a Londres, pienso doblarle el sueldo a Sigfried.-
- ¿Y por qué no te has limitado a dejarte barba? - Preguntó PABLO pasándoselo en grande.
PETER suspiró para sus adentros y deseó que PABLO se limitara a guardar silencio.
- Tía JUSTINA me prefiere recién afeitado - Dijo entre dientes - Y Callie también.-
- Ah, ya entiendo - Dijo PABLO asintiendo con la cabeza. Luego miró la mano de PETER - ¿Y ese rasguño en la mano? ¿Otra marca de la batalla contra la barba?-
- Es un recuerdo del día que salí a pescar con los chicos.-
PABLO enarcó las cejas.
- ¿A pescar?-
- Sí, pesqué ocho peces y sólo me caí dos veces al río.-
A PABLO casi se le salen los ojos de las órbitas. Luego estalló en carcajadas. Rió hasta que empezaron a caerle lágrimas por las mejillas.
- ¡Santo Dios, PETER! - Dijo por fin, secándose las mejillas con una servilleta de lino - Pero... ¿Qué demonios te está pasando? Tomas el té con niñas pequeñas. Te vas de pesca con muchachos. Te destrozas la cara. ¡Dios mío! Pero si no tienes ni idea de afeitarte, ni de pescar. Aún tienes suerte de no haberte rebanado el cuello. O de haberte ahogado en el río. ¿Acaso sabes nadar?-
Sintiéndose insultado, James contestó:
- Por supuesto que sé nadar.-
PABLO volvió a estallar en carcajadas.
- PABLO - El tono de aviso de la voz de PETER era inconfundible.
- ¿Sí?-
- La única razón de que no te haya lanzado de bruces contra el suelo es que tengo el culo permanentemente pegado a esta maldita sillita de muñecas. Tal vez no pueda volverme a levantar nunca más. Pero, si lo hago, ten por seguro que haré que te arrepientas de tu falta de respeto.-
PABLO dio un mordisco a una pasta, haciendo caso omiso de las amenazas de su amigo.
- Lo dudo. Podría sacarte hasta la última libra que posees haciéndote chantaje con lo que he visto hoy. A propósito, estas pastas están para chuparse los dedos - Añadió guiñando exageradamente el ojo a PETER.
Callie regresó con una tetera humeante, y el grupo se pulió una taza tras otra, o un sorbo tras otro, del caliente brebaje y otra bandeja de pastas. Cuando se acabó la segunda tetera, Callie se levantó.
- Muchísimas gracias por acompañarme a tomar el té - Dijo con una reverencia. Cogió a la señorita Josephine Chilton-Jones de la silla y la abrazó fuertemente - Ahora debo acostar a la señorita Josephine. Buenas tardes, caballeros.-
Y, asintiendo educadamente, salió del patio.
PETER y PABLO se miraron mutuamente. Al final, PETER suspiró y dijo:
- Necesito levantarme de esta silla. Tengo todo el cuerpo agarrotado.-
PETER intentó incorporarse, en vano.
- Me temo que el culo se me ha quedado enganchado entre los brazos de la silla.-
PETER intentó levantarse, pero no lo consiguió.
- Bueno, esto es un verdadero tostón - Comentó entre dientes - Y, encima, necesito aliviarme desesperadamente. He debido de beber por lo menos cuarenta y tres tazas de té.-
PABLO rió.
- Cuarenta y siete. Pero, ¿Para qué contarlas?-
- ¿Por qué están ahí sentados? - Preguntó Andrew mientras entraba en el patio.
Miró boquiabierto a los dos hombres y se dibujó una expresión de horror en su rostro.
- ¡Ah, ya! Déjenme que lo adivine. ¡Callie les ha invitado a tomar el té! ¿Verdad?-
PETER esbozó una mueca de arrepentimiento.
- Eso me temo.-
PABLO se inclinó y se quedó mirando fijamente al chico.
- Pero... Andrew, ¿Qué diablos te ha pasado en la cara?-
Andrew se palpó la mejilla y dirigió una tímida sonrisa de complicidad a PETER.
- El señor LANZANITIEL me ha enseñado a afeitarme.-
- ¿Que el señor LANZANITIEL te ha enseñado...? - PETER sacudió enérgicamente la cabeza - Ya puedes darle las gracias a Dios, chico. Tienes mucha suerte de poderlo contar. PETER no tiene ni idea de...-
- ¡Ejem! - PETER dirigió a su amigo una mirada asesina para hacerle callar y luego se volvió hacia Andrew - ¿Y si nos echaras una mano para levantarnos?-
- Con mucho gusto - Dijo Andrew.
Se inclinó hacia delante y primero ayudó a PETER y luego a PABLO a desencajar las caderas de las diminutas sillas, intentando no romper éstas.
PABLO levantó una de las sillas después de liberar las nalgas y dijo:
- Resistente, para ser tan pequeña. Es increíble que haya podido soportar mi peso.-
- Gracias, Andrew - Dijo PETER frotándose los agarrotados muslos.
Andrew dirigió a los dos amigos una sonrisa de complicidad.
- No hay de qué. He tenido que soportar más de una de las dichosas meriendas de Callie y estoy bastante familiarizado con esas horribles sillitas.-
Cogió una pasta de la bandeja prácticamente vacía, se la llevó a la boca y entró en la casa a paso lento.
PABLO recogió del suelo el paquete que había traído y apremió a PETER:
- Vamos, PETER. Salgamos de aquí antes de que nos ocurra algo más.-
PETER asintió, y tomaron un sendero de piedra que se alejaba de la casa. Tras andar durante un rato, se detuvieron y se sentaron en un banco de piedra.