viernes, 15 de abril de 2016

CAPITULO 68

LALI estaba tan enfadada, tan desilusionada, tan profundamente dolida que no se fijó en adónde iba. Lo único que quería era alejarse de PETER lo antes posible. Avanzó con paso airado por un sendero del jardín, echando pestes contra PETER, hasta que sintió que la cabeza le iba a estallar. De todos modos, estaba contenta de sentir rabia. Le impedía tirarse al suelo, hacerse un ovillo y sumirse en la humillación y la autocompasión.
Tras varios minutos, bajó el ritmo y miró alrededor. No tenía ni idea de dónde estaba.
Se encontraba rodeada por altos setos. Estiró el cuello y vio las luces de la mansión parpadeando a lo lejos. En plena tempestad emocional, se había alejado bastante del edificio. Divisando un banco de mármol a unos metros, agradeció poderse sentar un rato. No estaba en absoluto preparada para volver a la fiesta. De hecho, tras pensarlo momentáneamente, decidió que no volvería a la fiesta. ¿Para qué exponerse a la humillante posibilidad de volverse a encontrar con PETER? Y no le apetecía nada hablar con ROCIO. ¿Qué iba a decirle? Apenas podía soportar pensar en las cosas tan odiosas que le había dicho PETER, y no digamos repetirlas.
Hundió la cara en las manos, profundamente avergonzada.
«¡Dios mío! ¡Qué estúpida he sido!»
Creía estar enamorada de JPETER, pero, ¿Cómo podía estarlo cuando era evidente que no le conocía? El hombre de quien estaba enamorada nunca se habría comportado como aquel frío y amargado desconocido del jardín.
«No permitiré que me destruya. Es un mentiroso indigno de mi confianza y de mi amor. Tengo una familia a quien querer, una familia que me quiere y que me necesita».
Pero, por mucho que lo intentó, LALI no pudo evitar que las lágrimas le inundaran los ojos y le resbalaran por las mejillas. Lágrimas inútiles y desesperadas por un espejismo, un mero producto de su imaginación, un hombre a quien había amado durante un breve período de tiempo. Un hombre que, en realidad, no existía.

Casi todos los invitados estaban bailando o conversando. El champán y el brandy fluían a borbotones, y más de la mitad de los presentes estaba cerca de la embriaguez. Una figura solitaria recorrió el salón de baile y se coló disimuladamente por las puertaventanas que daban al jardín. Andando a paso ligero y con la cabeza gacha, se adentró en el jardín.
«Pronto estarás muerto, canalla. Entonces todo será mío, como siempre debería haber sido».

PETER se quedó mirando fijamente a la oscuridad durante un buen rato después de que LALI desapareciera en la distancia. Tenía las entrañas en carne viva, los nervios destrozados, el alma dolorida. Aunque llegara a vivir cien años, jamás olvidaría la expresión de profunda desilusión del rostro de LALI. Ni su última mirada llena de desprecio.
Sumido en sus martirizantes pensamientos, al final empezó a descender por un sendero, girando en la dirección contraria adonde se encontraba la mansión. Casi era la hora en que tenía que encontrarse con PABLO, pero necesitaba unos minutos para recomponerse y calmarse. Divisó un banco de mármol y decidió sentarse un rato. Cerrando los ojos con fuerza, intentó, sin éxito, borrar la imagen de LALI de su mente.
¿Cómo diablos habían contactado ROCIO y LALI? ¿Estaba PABLO involucrado de algún modo? PETER no tenía ni idea, pero estaba dispuesto a averiguarlo antes de que acabara la noche. La mirada desconcertada de PETER irrumpió súbitamente en sus pensamientos, y él dejó caer su martilleante cabeza sobre las palmas de las manos.
- Hola, PETER - Dijo una voz procedente de la oscuridad.
PETER levantó la cabeza y miró hacia las sombras. Se le acercó una figura. Todo su cuerpo se quedó completamente inmóvil cuando vio la pistola apuntándole al centro del pecho

El nerviosismo de PABLO crecía con cada minuto que pasaba. PETER llegaba tarde. La trampa estaba tendida, los agentes de la ley, en sus puestos, pero no había ni rastro de James en la oscuridad del jardín. Pasaron cinco minutos más, pero el sendero del jardín seguía en silencio y desierto. El pulso de PABLO empezó a latir con más fuerza, y un terror creciente e implacable se adueñó de él.
«¡Maldita sea, PETER! ¿Dónde diablos te has metido?»

PETER miró fijamente el arma que le apuntaba y luego alzó la mirada lentamente. Unos ojillos llenos de odio lo miraban fijamente. Supuso que debería estar sorprendido, pero, en lugar de ello, sintió un raro distanciamiento, como si, en cierto modo, estuviera observando la escena desde lejos. Como si fuese el espectador de una extraña escena de una obra macabra.
- Debo decir que esto no es exactamente lo que me esperaba - Comentó en tono neutro. Miró el arma - ¿Quizá podrías tomarte la molestia de explicarme por qué estás apuntándome con esa pistola? O mejor, ¿Tal vez podrías tomarte la molestia de apuntar a algún otro lugar?-
Los finos labios de la funesta figura esbozaron una maliciosa sonrisa.
- Me gusta apuntar adonde estoy apuntando. Y, en lo que respecta a por qué te estoy apuntando, es obvio. Voy a matarte.-
- Entiendo.-
PETER calculó rápidamente la distancia que los separaba y concluyó que no podría cogerle el arma sin que le disparara antes.
- No te recomiendo que intentes desarmarme. Soy una excelente tiradora. Serías hombre muerto antes de tocarme.-
- ¿Ah, sí? - Dijo PETER arrastrando la voz - No tenía ni idea de que fueras tan buena con las armas, pero creo que tu seguridad en ti misma es infundada. Ya me has disparado varias veces y has fallado.-
- No fui yo, estúpido - Cada palabra era veneno puro - Esos idiotas que contraté lo hicieron todo mal. Por eso he decidido hacerlo con mis propias manos. Así estaré segura de que estás bien muerto.-
PETER miró teatralmente a su alrededor.
- ¿Y dónde está mi querido hermano? Ven, Gregory, sal de tu escondrijo. ¿Te has escondido entre los setos?-
Una carcajada llena de amargura rasgó el aire.
- Tu hermano no es más que un parásito borracho que vive a mi costa. No tiene suficiente cerebro para matar a nadie.-
- Entonces, ¿No estás haciendo esto por él?-
PETER la observaba atentamente, esperando una oportunidad para desarmarla. Ella lo miró como si se hubiera vuelto loco.
- ¿Por qué iba hacer algo por Gregory? Le detesto. Esto lo hago por mí. ¡Sólo por mí! Cuando hayas muerto, Gregory heredará el título y las propiedades y yo me convertiré en marquesa. Y, cuando muera tu padre, también seré duquesa. Los miembros de la alta sociedad dejarán de despreciarme y rechazarme como la molesta, poco agraciada, tímida e insignificante mujer del segundo hijo de un duque.-
Dirigió a PETER una mirada fulminante y llena de odio mientras le temblaba la voz de pura rabia.
- Me convertiré en la reina de la ciudad. Todo el mundo buscará mi compañía, mendigará mi favor. Nadie me ignorará ni me despreciará. Nunca volveré a tener que pasar por la humillación de ser la fea esposa de Gregory, una mujer de quien compadecerse. Tendré poder e influencias - Sus ojos se achinaron hasta convertirse en sendas ranuras - Y no me veré obligada a soportar más la indiferencia de Gregory. En lugar de ello, tendré multitud de amantes, todos ellos disputándose mis favores, deseosos de complacerme.-
PETER se dio cuenta de que tendría más probabilidades de salir con vida si la hacía hablar.
- Dime, Melissa, si ansiabas tan vehementemente un título, ¿Por qué no te casaste con un hombre que ostentara uno? ¿Por qué te conformaste con Gregory?-
- No tuve otra elección. Mi padre arregló mi matrimonio. Al principio, estaba profundamente feliz, encantada de poder escapar por fin de mi familia. ¿No sabías que tengo tres hermanas mayores?-
- No - Respondió PETER negando con la cabeza.
- Claro que no lo sabías. Nadie lo sabe. Nadie pierde el tiempo hablando conmigo. No soy guapa. No tengo una portentosa inteligencia ni ningún don para la música. Soy fea y patosa y tímida y, por lo tanto, fácilmente despreciable. Insignificante - Miró a PETER con ojos brillantes - Mis tres hermanas son muy guapas. Guapas y con mucho talento. Los hombres se arremolinaban en torno a ellas y mis padres les organizaron maravillosas puestas de largo y abrieron la casa a multitud de pretendientes. Todas pudieron elegir un buen partido.-
Melissa hizo una breve pausa para coger aire y luego prosiguió.
- Me han ignorado, apartado, aplastado, ridiculizado y ocultado durante toda la vida. Creía que mi vida iba a cambiar cuando me casé con Gregory, pero todavía empeoró más. Yo ya sabía que él sólo se había casado conmigo por mi dinero, pero esperaba... - Su voz se fue desvaneciendo y a PETER le pareció detectar el brillo de las lágrimas en sus ojos. Pero, cuando prosiguió con su discurso, su tono de voz era tan duro como el granito - Gregory me desprecia y aprovecha cualquier oportunidad para demostrármelo. Me humilla pavoneándose con sus mujeres ante mis narices, como si yo no pintara nada, como si no fuera nadie. Me habría gustado tener un hijo, pero tu hermano ni siquiera me toca - Dio un paso adelante - Ha cometido un error. Todos han cometido un error. Y, después de esta noche, todo lo que siempre he deseado, todo lo que siempre me ha sido negado, todo cuanto merezco, será mío.-
Cogió la pistola con ambas manos y la niveló con el pecho de PETER.
PETER se quedó completamente inmóvil, curiosamente con la mente en blanco. Melissa estaba demasiado lejos para desarmarla y lo bastante cerca como para acertar el tiro si tenía tan buena puntería como ella decía. PETER se dio cuenta de que el pulso de su inminente verdugo era perfectamente estable.
- ¿Quieres decir tus últimas palabras? - Dijo la mujer teatralmente.
De repente, a PETER le asaltó la imagen de LALI. Ella era lo único bueno que le había pasado en toda la vida, y la había perdido para siempre. La idea de luchar por su vida, una vida vacua y carente de sentido, le llenó de resignado agotamiento. ¿Para qué luchar por una vida que no merecía la pena vivir?
PETER esbozó una amarga semisonrisa.
- Espero que los títulos y el prestigio te hagan más feliz de lo que me han hecho a mí.-
Melissa le apuntó al corazón.
- Adiós, PETER - Dijo educadamente, con el mismo tono que podría haber empleado para preguntarle si quería una taza de té.
Y luego apretó el gatillo.

CAPITULO 67

PETER anduvo por el sendero con la mente ofuscada. Faltaban veinte minutos para que PABLO y sus hombres llegaran a sus puestos, pero no podía soportar quedarse más tiempo en el salón de baile. El empalagoso ambiente que se respiraba en la fiesta le había hecho sentirse como un animal enjaulado.
Si avanzaba a paso lento, llegaría al lugar acordado sólo unos pocos minutos antes; y ¿Qué podían importar unos pocos minutos? Quería acabar con aquello de una vez por todas. Quería desenmascarar a quien fuera que quisiera matarle para poder seguir con su vida. Con un poco de suerte, el culpable atacaría aquella noche y sería apresado. Entonces podría continuar con su vida.
«¿Pero en qué diablos consiste mi vida? ¿Más fiestas? ¿El juego? ¿Las mujeres?»
Se le escapó un amargo quejido. No tocaba a una mujer desde su regreso a Londres. Y no había sentido el menor deseo de hacerlo. Había ido a ver a su amante la noche anterior, esperando quitarse a LALI de la cabeza, pero, una vez allí, no había podido hacer nada. Monique Delacroix podría seducir a las estrellas para que bajaran del cielo con su hermoso rostro y sus voluptuosas y sensuales curvas, pero PETER no soportó que le tocara. Su beso le dejó frio y con un sabor desagradable en la boca. Cuando ella le acarició a través de los pantalones, él tembló, pero no de deseo, sino de asco. Le pidió un brandy, hilvanó una rápida excusa y se fue. Y allí estaba él, paseando por el asqueroso jardín de flores de su hermana e intentando quitarse de la cabeza a la persona en quien no podía dejar de pensar. LALI...
Ella ocupaba todos sus pensamientos, llenaba cada recoveco de su mente, y no había nada que la pudiera apartar de allí. Si sólo...
-PETER.-
PETER se quedó helado y luego farfulló una blasfemia y pensó: «¡Maldita sea, hasta oigo su voz!»
Siguió andando. Había dado menos de dos pasos cuando volvió a oír que alguien le llamaba. Se volvió y miró fijamente a la mujer que se le acercaba, sin creerse lo que veían sus ojos. Sacudió enérgicamente la cabeza como si quisiera borrar aquella visión, convencido de que sus ojos le estaban engañando.
«Debo de estar borracho», pensó.
Pero era imposible, sólo se había bebido una copa de champán. La visión siguió avanzando, deteniéndose aproximadamente a un metro de él.
- Hola, PETER-
Era real. No era ninguna aparición ni tampoco el producto de su imaginación. Se trataba de LALI. Su ángel. De pie ante él, con el vestido azul pálido que él le había regalado, los ojos luminosos y brillantes y una tímida e insegura sonrisa en los labios. PETER cerró los ojos y tragó saliva, bombardeado por una tormenta de sentimientos contradictorios. Confusión. Extrañeza. Alegría. Abrió los ojos de par en par y la miró, recorriendo su figura de arriba abajo con la mirada.
«¡Dios! ¡Qué hermosa es! Y cómo la he echado de menos».
Pero, ¿Qué estaba haciendo allí? ¿Cómo lo había encontrado…? A PETER se le paró el corazón.
«¡Dios mío! Debe de estar embarazada. Por eso me ha seguido la pista».
Multitud de emociones volvieron a bombardearle.
«LALI. ¡Embarazada!»
Se le desbocó el corazón y empezó a latirle con más fuerza. Le embargó un júbilo que no tenía ningún derecho a sentir. Estaba a punto de correr hacia ella, abrazarla con todas sus fuerzas y no dejarla marchar nunca más, cuando recuperó súbitamente la razón. Dentro de sólo unos minutos iban a tenderle una trampa a un asesino, un asesino que podía estar lo bastante loco o lo bastante desesperado como para matar también a LALI si estaba en medio. Según sus datos, era posible que alguien le estuviera siguiendo los pasos justo en ese momento. No podía poner la vida de LALI en peligro. Tenía que quitársela de encima. Y cuanto antes mejor.
- Quiero que vuelvas a la fiesta. Ahora.-
Ella negó con la cabeza.
- Tengo que hablar contigo.-
- ¿Cómo diablos me has encontrado?-
- A través de tu hermana.-
- ¿Mi hermana?-
«¡Maldita sea», pensó, «Vaya lío que ha organizado ROCIO!»
- Vete. De inmediato.-
- No. No pienso moverme de aquí.-
PETER apretó los puños.
«¡Maldita testaruda!»
Si le ocurría algo a LALI, mataría a ROCIO con sus propias manos. Y parecía que, a aquel paso, tendría que cargar literalmente a LALI hasta la mansión. Pero antes tenía que saberlo.
- ¿Esperas un hijo? ¿Por eso has venido?-
Ella se puso lívida.
- No - Susurró.
- ¿Entonces por qué...?-
Se le quebró la voz cuando le asaltó una idea que le heló la sangre. Se impuso la realidad, aplastándole con su implacable peso. Conocía demasiado bien la naturaleza humana y sabía que, si LALI le había buscado después del daño que debía de haberle hecho abandonándola de aquella forma, era porque, como todo el mundo, quería sacar tajada de la situación.
«¡Dios mío, qué estúpido he sido! Es igual que la multitud de aristócratas cazadoras de fortunas y buscadoras de títulos que me sale a cada paso».
Una gélida rabia le hizo apretar los puños.
«¿Cómo he podido ser tan idiota y tan ingenuo?»
La miró con los ojos entornados.
- ¿Sabes quién soy?-
- Sí. Sé que eres el marqués de Glenfield.-
PETER le contestó con voz gélida.
- ¿Por eso has venido? Averiguaste que era rico y de buena familia y te imaginaste que podrías sacar tajada. ¿Qué pasa? ¿No ganas lo suficiente vendiendo relatos para alimentar a todas esas bocas hambrientas? ¿Acaso vienes a reclamar los varios miles de libras que crees que te debo por haberme salvado la vida? ¿O tal vez por «los servicios prestados»? - La repasó de arriba abajo con una mirada inconfundiblemente insultante - No tengo la costumbre de pagar los favores sexuales, pero fuiste un interesante pasatiempo. Lamentablemente para ti, ahora voy un poco justo de efectivo, pero contactaré con mi agente para que te pague mañana.-
El rostro de LALI se había puesto pálido como la muerte.
- ¿Cómo puedes decirme esas cosas tan horribles? - Susurró mientras se le quebraba la voz - ¡Dios mío! ¡No te conozco! ¿Quién eres?-
A PETER se le escapó una risa llena de amargura.
- Como tú misma acabas de decir, soy el marqués de Glenfield. Y, en calidad de tal, no tengo el deseo ni la intención de proseguir esta discusión. Cualquier relación que hayamos podido tener es cosa del pasado. Sugiero que lo tengas presente y que te mantengas alejada de mí.-
LALI permaneció completamente inmóvil durante varios segundos. Luego levantó la barbilla, echando chispas por los ojos.
- ¿Cómo demonios he podido equivocarme tanto sobre ti? Eres un hombre frío y horrible. Un completo desconocido.-
Tras dirigirle una última y fulminante mirada, con una expresión que reflejaba elocuentemente su desprecio y su rencor, se dio la vuelta.
De repente, a PETER le asaltó la duda. La indignación, el enfado de LALI... parecían tan auténticos. ¿La había malinterpretado? Alargó la mano y retuvo a LALI sujetándola del brazo.
- LALI, yo...-
La palma de la mano de LALI se estrelló contra la mejilla de PETER con un ruido seco.
Soltándose bruscamente de PETER, LALI se frotó el brazo en el lugar donde él la había tocado como si intentara eliminar la sensación de aquel contacto en su piel.
- Como tú mismo acabas de decir, eres el marqués de Glenfield - Le devolvió sus mismas palabras, con el pecho hacia delante y echando fuego por los ojos - Y, en calidad de tal, no tengo el deseo ni la intención de proseguir esta discusión. Cualquier relación que hayamos podido tener es cosa del pasado. No quiero tener nunca la desgracia de volverte a ver.-
La mirada despectiva que le dirigió podría haber prendido fuego a un bosque.
- Sugiero que lo tengas presente y que te mantengas alejado de mí.-
Habiendo dicho esto, se dio la vuelta y se alejó sendero abajo, con los puños apretados a ambos lados del cuerpo.
A PETER le ardía la cara en el lugar donde la mano de LALI le había dejado la marca de la bofetada, pero aquel escozor no era nada comparado con el terrible dolor que se le clavaba en lo más profundo de su alma. Sintió como si, de repente, se le hubieran secado las entrañas y se moría por dentro cuando se dio cuenta de que acababa de cometer un terrible e imperdonable error.
Tras pasar sólo dos semanas en Londres, rodeado de sus colegas superficiales e interesados, se había olvidado de que realmente existía gente como LALI.
Le había mirado como si le odiara. Y no la podía culpar por ello. Él también se odiaba a sí mismo. Inmovilizado por la angustia, la miró fijamente mientras se alejaba. Y contempló cómo LALI salía de su vida, para siempre.

jueves, 14 de abril de 2016

CAPITULO 66

¡Dios mío! - Susurró _LALI mientras se apretaba el estómago con la mano - ¿Se lo ha explicado él mismo?-
- No, PETER vino a cenar anteayer por la noche. Él y PABLO tuvieron una conversación muy reveladora que, bueno... Yo acerté a oír, por pura casualidad. PETER estaba como una cuba y habló bastante sobre sus sentimientos.-
- ¿Habló sobre un complot para matarlo?-
- Sí. Y también habló sobre usted.-
- ¿Sobre mí?-
- Sí. Así fue como supe quién era usted y dónde vivía. LALI, quiero que sepa que, desde que PETER volvió a Londres, parece un alma en pena. La echa de menos. La necesita.-
LALI negó con la cabeza.
- No. Está equivocada.-
- No lo estoy - Dijo ROCIO efusivamente - Lo he oído de su propia boca. Conozco muy bien a PETER. Exceptuando a PABLO, soy la persona que mejor le conoce. PABLO está muy preocupado por JPETER. No duerme, apenas come. Y está bebiendo más de la cuenta. Todo le trae sin cuidado, y su mirada... LALI, su mirada es la de un hombre desdichado y atormentado.-
- ¿Y por qué me cuenta a mí todo eso? - Susurró LALI haciendo un gran esfuerzo por contener las lágrimas.
- Porque está enamorado de usted, aunque es demasiado estúpido para darse cuenta.-
LALI dejó caer la cabeza sobre sus temblorosas manos. Las palabras de ROCIO se le estaban clavando en el corazón, atormentándola, confundiéndola.
- Desea estar con usted, LALI, pero sabe que no puede hacerlo, no con alguien intentando matarlo. No quiere ponerla a usted ni a su familia en peligro.-
LALI levantó la cabeza.
- ¿Por eso no me dijo la verdad sobre quién era en realidad?-
- Francamente, no lo sé. Sólo sé lo que acerté a oír.-
- Tal vez debería explicarme qué fue exactamente lo que oyó.-
- Por supuesto.-
Cuando ROCIO hubo acabado, LALI se sentía tan vapuleada como si se hubiera caído desde lo alto de un precipicio. Estaba enfadada con PETER por su doblez y sus mentiras, aterrada por su seguridad, y con el corazón destrozado por la falta de esperanzas sobre su amor por él.
ROCIO se le acercó más, tomó sus manos entre las suyas y le dio un cariñoso apretón.
- PETER nunca ha sido un hombre feliz, LALI. Mi padre siempre ha sido muy duro con él, exigiéndole siempre la perfección absoluta por ser el heredero. Como consecuencia, PETER es bastante frío y distante con la mayoría de la gente. Pero, desde que volvió de Halstead, está profundamente abatido. Alguien quiere verle muerto y me temo que, a este paso, lo va a conseguir, porque se lo está poniendo en bandeja.-
La idea de que alguien pudiera matar a PETER hizo que a LALI se le helara la sangre en las venas.
- Pero... ¿Y qué puedo hacer yo? Le ofrecí todo cuanto podía darle, pero, de todos modos, se marchó.-
- ¿No lo entiende? Tenía que irse. Tenía que volver a Londres para averiguar quién intentaba matarle.-
- Sigo sin saber qué puedo hacer yo.-
- Puede hacerle feliz. ¿Lo quiere?-
LALI respiró hondo ante aquella repentina pregunta.
«¿Lo quiere?»
Un centenar de imágenes de James bombardeó su mente, imágenes que había intentado borrar infructuosamente. Imágenes del hombre de quien se había enamorado, del hombre a quien todavía quería.
Incapaz de negarlo, susurró:
- Sí. Pero seguro que usted es consciente del poco sentido que tiene ese amor. PETER y yo pertenecemos a mundos completamente diferentes. ¡Dios mío! Él es un marqués. Yo nunca encajaría en...-
- Tonterías - La interrumpió ROCIO agitando la mano en el aire para quitar importancia a las palabras de LALI - Encajaría si quisiera encajar. Lo único que necesitaría es el apoyo y la protección adecuados, y eso ya lo tiene.-
- ¿Ah, sí? ¿Quién me los podría proporcionar?-
- Yo, por supuesto - La mirada de ROCIO era seria y resuelta - Quiero ver feliz a PETER. Incluso aunque no la encontrara encantadora, que no es el caso, usted es la mujer a quien él quiere. Y eso me basta. Ahora bien, ¿Está segura de que lo quiere?-
- Absolutamente.-
- Entonces, ayúdeme a salvarlo.-
- ¿Cómo?-
Una chispa de determinación brilló en los ojos de ROCIO.
- Tengo un plan.-

Dos noches más tarde las luces brillaban en las ventanas de la residencia de campo de los Blackmoor. Elegantes carruajes adornados con blasones nobiliarios ascendían por la avenida que llevaba a la entrada de la mansión, y los lacayos ayudaban a bajar de sus asientos a miembros de la alta sociedad.
Cuando LALI entró en el vestíbulo de suelo de mármol, la fiesta se hallaba en su apogeo.
Habían asistido más de doscientos invitados, algunos estaban en la pista de baile de parquet, otros charlaban en corrillos. LALI divisó a ROCIO en el lugar acordado, junto al tiesto de una palma, al lado de un ventanal.
ROCIO vio a LALI y fue en su busca.
- Está preciosa - Le dijo en cuanto llegó a su lado - Lleva un bonito vestido.-
- Gracias.-
LALI se había puesto el vestido azul claro que le había regalado PETER. Se apretó el estómago, que tenía algo revuelto, con ambas manos.
- Estoy un poco nerviosa.
- Y yo - Reconoció ROCIO mientras llevaba a LALI a un rincón - ¿Ha visto a PETER?-
A LALI se le humedecieron las palmas de las manos ante la idea.
- No. ¿Está por aquí?-
ROCIO asintió.
- Sí. Ha llegado hace unos veinte minutos, y me alegra decirle que parece estar bastante sobrio.-
- Todavía no estoy segura de que esto sea una buena idea...-
- Tonterías - Interrumpió ROCIO - Ya lo hemos hablado un montón de veces. Cuando PETER la vea, cuando haya hablado con usted, todo se arreglará - Dio a LALI un apretón de manos para animarla - Basta con que recuerde que él la quiere. Sólo necesita darse cuenta de sus sentimientos.-
- ¿Y si no lo hace? - Preguntó LALI, sintiendo una súbita punzada de inseguridad sobre el plan de ROCIO.
- Créame, lo hará - Victoria dirigió su mirada hacia el salón - Lo veo. Está cerca de las puertaventanas que dan al jardín. Vaya a hablar con él - Dio un rápido abrazo a LALI - Buena suerte. Y quiero que me cuente hasta el último detalle.-
- Espero poder darle buenas noticias - Dijo LALI con voz trémula.
ROCIO dio a LALI un empujoncito para incitarla a salir del rincón.
- Vaya. Ahora.-
LALI vio a PETER de inmediato y le dio un vuelco el corazón. Estaba de pie junto a las puertaventanas, solo, con una copa de champán en la mano, mirando hacia la oscuridad. Su elegante traje negro de noche acentuaba la anchura de sus hombros, unos hombros que a LALI le parecía como si se le hubieran desplomado. Le vio sacar un reloj de mano del chaleco y mirarlo. Se bebió el champán, abrió la puerta y salió al jardín.
Para no perderlo de vista, LALI recorrió a toda prisa el perímetro del salón de baile, y pocos minutos después salió al cálido aire nocturno que olía a flores. Las nubes ocultaban la luna, pero los jardines estaban iluminados con antorchas. LALI vio que PETER se disponía a coger uno de los senderos que salían del fondo del lado derecho del jardín, y se apresuró a seguirle.

Un par de ojos entornados siguieron la repentina salida de PETER del salón de baile. Una sonrisa de satisfacción arqueó unos labios sumamente finos.
«Esta noche, canalla. Esta noche morirás».

CAPITULO 65

Escuchó con sumo interés mientras LALI le hacía un breve resumen sobre los ESPOSITO, incluyendo a Grimsley, Winston y Pierre. En cuanto hubo terminado, llegó el té.
- ¿Y qué me dice de sus padres? - Preguntó la condesa, sirviendo dos tazas.
- Fallecieron los dos.-
- ¡Qué terrible desgracia! ¿Y quién cuida de sus hermanos? ¿Su tía?-
A LALI se le escapó una risita.
- No, tía JUSTINA es un amor, pero me temo que no sería capaz de cuidar de una pandilla tan movida como la que forman mis hermanos.-
- Entonces... ¿Tienen una institutriz?-
- No, sólo estoy yo. Y, por supuesto, Lucy.-
La taza de té de la condesa se detuvo súbitamente a medio camino antes de llegar a sus labios.
- ¿Se refiere a que usted está a cargo de toda la casa?-
LALI asintió, divertida ante la expresión de asombro de su anfitriona.
- A veces resulta difícil, pero no los cambiaría por nada del mundo. ¿Tiene hermanos o hermanas, milady?-
- Tengo dos hermanos - Contestó, cambiando inmediatamente de tema para volverse a centrar en LALI.
Le hizo literalmente decenas de preguntas sobre Halstead, los ESPOSITO y los intereses de LALI. A cambio, la condesa explicó multitud de divertidas anécdotas sobre el fulgurante mundo de la alta sociedad. LALI se preguntaba por qué la condesa no había mencionado todavía quiénes eran sus amigos comunes, pero era reticente a sacar el tema antes de que lo hiciera su anfitriona. No quería que la condesa pensara que era maleducada.
Cuando acabaron la segunda tetera, LALI miró por casualidad el reloj de sobremesa y estuvo a punto de volcar la taza.
- ¡Dios mío! No puede ser más tarde de la cinco, ¿Verdad?-
La condesa se rió.
- Estaba disfrutando tanto de la conversación que no puedo creerme que el tiempo haya pasado tan deprisa.-
LALI se acabó la taza y empezó a levantarse.
- He disfrutado mucho tomando el té con usted, pero debo irme. Si no, mi familia empezará a preocuparse.-
- Por favor, no se vaya todavía - Le dijo la condesa mientras la retenía tocándole suavemente el brazo - Todavía no hemos hablado de nuestros amigos comunes.-
Volviendo a tomar asiento en el sofá, LALI dijo:
- Debo admitir que, al principio, me corroía la curiosidad por saber de quiénes se trataba, pero ya hace un buen rato que me he olvidado completamente de ellos, sean quienes sean – Sonrió - Es muy extraño, pero tengo la sensación de que hace mucho tiempo que la conozco.-
La condesa le devolvió la sonrisa.
- Me ocurre exactamente lo mismo. De hecho, me encantaría que fuéramos amigas.-
Normalmente a LALI le habría desconcertado bastante la idea de entablar una relación de amistad con una dama de tan ilustre cuna. Pero, tras aquella tarde con la condesa, se sentía muy a gusto y relajada en su presencia.
- Sería un honor para mí, lady Blackmoor.-
- En tal caso, insisto en que me llame ROCIO. Todos mis amigos me llaman así.-
- De acuerdo... ROCIO. Usted puede llamarme LALI.-
- Excelente. LALI, creo que es hora de que hablemos sobre nuestros amigos comunes.-
LALI esperó, corroída por la curiosidad.
- Soy toda oídos.-
- Creo que usted conoce a mi marido.-
La curiosidad de LALI dio paso a la confusión.
- ¿Su marido?-
- El conde de Blackmoor.-
LALI sacudió la cabeza.
- Estoy segura de que no he tenido nunca ese placer.-
- Tal vez le conozca por su nombre de pila - Sugirió ROCIO.
- Es del todo improbable.-
- Se llama PABLO MARTINEZ.-
LALI miró fijamente a ROCIO, muda de asombro ante sus desconcertantes palabras. Tardó un minuto entero en recuperar la voz.
- Conozco a un señor PABLO MARTINEZ, pero debe de tratarse de una coincidencia. El señor PABLO MARTINEZ que yo conozco no es un miembro de la nobleza.-
ROCIO se levantó del sofá y cruzó la habitación hasta llegar al elegante escritorio que había en un rincón. Volvió con un cuadrito enmarcado y se lo entregó a _LALI.
- Éste es mi marido, PABLO MARTINEZ, conde de Blackmoor.-
LALI miró la diminuta pintura y sintió como si no le llegara la sangre a la cabeza. El apuesto caballero que la miraba era, sin lugar a dudas, el mismo PABLO MARTINEZ que ella conocía.
Consternada y confundida, dijo:
- No tenía ni idea de que el señor MARTINEZ fuera conde. Ni, obviamente, que usted fuera su esposa.-
ROCIO se sentó al lado de LALI y le dijo con delicadeza:
- Creo que también conoce al mejor amigo de PABLO, PETER LANZANI.-
LALI se tensó. Un dolor abrasador le atenazó las entrañas, pero consiguió hablar sin que le temblara la voz.
- Conozco a un tal señor PETER LANZANI...tiel.-
- Su nombre de pila es PETER LANZANI. No creo que lo conozca por su otro nombre.-
De repente, LALI sintió que la habitación se había hecho pequeña y que le faltaba el aire.
«¿Otro nombre?»
- Pero ¿Cuántos nombres tiene?-
«Dios mío, tengo que salir de aquí antes de que pierda el control», pensó.
- Bastantes, de hecho, pero no le voy a aburrir con su lista de títulos menores. Es el marqués de Glenfield.-
LALI la miró absolutamente confusa.
- Debemos de estar hablando de dos personas diferentes. El hombre que conocí era un tutor.-
- No. El hombre que usted conoce es PETER LANZANI, marqués de Glenfield. También es mi hermano.-
A LALI se le empezó a nublar la vista y se le cortó la respiración. Miró boquiabierta a ROCIO, completamente sin habla.
- Siento haberle dado la noticia así, tan bruscamente...-
- Debo irme - Dijo LALI, poniéndose en pie de un salto y buscando con la vista desesperadamente su ridículo.
No entendía lo que estaba ocurriendo, pero sabía que tenía que irse.
¿PETER, un marqués? ¿ROCIO, su hermana? Él le había dicho que era tutor y que no tenía familia.
«Más mentiras... Como cuando me dijo que yo le importaba».
La profundidad de su decepción le golpeó como un ladrillo en la cabeza.
«¿Tutor?»
Un sonido extraño, medio risa, medio sollozo, salió de su garganta.
«Y con razón su latín era pésimo y no sabía afeitarse. Sus formalismos, sus críticas a cómo llevo la casa... Ahora lo entiendo todo perfectamente. ¡Dios mío, probablemente son dueños de media Inglaterra! ¡Cómo debe de haberse reído de nosotros, de todos nosotros, especialmente de mí!»
LALI sintió náuseas y se apretó el estómago. No quería oír ni una palabra más. Viendo dónde había dejado el chal por el rabillo del ojo, lo cogió con un movimiento brusco y cruzó prácticamente corriendo la sala, desesperada por salir de allí.
- ¡Espere! - ROCIO corrió hacia ella y la retuvo por los hombros - Por favor, no se vaya así. He de hablarle sobre mi hermano.-
- No tengo nada que decir sobre su hermano.-
- Por la forma en que se fue, lo comprendo. Pero hay tantas cosas que usted no sabe, cosas que necesito contarle. Por favor. No tiene que decir nada. Basta con que me escuche.-
LALI se quedó de pie, clavada donde ROCIO la había detenido, agarrotada y mirando fijamente al suelo.
- Por favor - Repitió ROCIO.
Levantando la barbilla, LALI vio que ROCIO parecía muy seria y personalmente muy interesada en que se quedara. También se dio cuenta de que sus ojos marrones se parecían muchísimo a los de PETER y le estaban suplicando que no se marchara.
- ¿Sabe él que estoy aquí? - Preguntó LALI, no estando dispuesta a quedarse si había alguna posibilidad de encontrarse cara a cara con él.
- No. Ni tampoco PABLO. Nadie nos molestará.-
Sin estar convencida de no estar cometiendo un grave error, LALI volvió con desgana al sofá y se sentó.
- Está bien. Escucharé lo que tenga que decirme.-
ROCIO se sentó a su lado.
- Primero quiero darle las gracias. Le salvó la vida a PETER y le estaré eternamente agradecida.-
Alargando el brazo, tomó las manos húmedas y temblorosas de LALI y las estrechó entre las suyas.
- No entiendo nada - Dijo LALI con un hilillo de voz - Me dijo que era tutor. Me dijo que no tenía familia.-
- Alguien intenta matarlo, LALI.-
A LALI se le heló la sangre.
- ¿Qué ha dicho?-
- Alguien intentó matarlo la noche que usted le encontró. Por lo que entendí, creo que no es la primera vez que atentan contra su vida.-

miércoles, 13 de abril de 2016

CAPITULO 64

- Pero me irá corto - Protestó LALI negando repetidamente con la cabeza - Además, éste es uno de los vestidos que te compré para que estés bien guapa cuando te venga a buscar Marshall.-
- Podemos alargarlo - Dijo Lucy sin titubear - Bastará con coserle un volante en los bajos. Los volantes están muy de moda ahora.-
- Pero... ¿Y Marshall?-
- Marshall detesta el color melocotón - Dijo Lucy, pero el rubor de sus mejillas delató su mentira.
A LALI le embargó una gran ternura ante aquel evidente deseo de complacerla.
Tía JUSTINA y Callie aparecieron en la puerta de la alcoba y, antes de que LALI supiera qué estaba ocurriendo, le habían quitado el sencillo vestido que llevaba puesto y estaban poniéndole el vestido color melocotón por la cabeza. Lucy le explicó a su tía lo de la invitación para tomar el té con la condesa y la falta de vestimenta apropiada.
A LALI, el vestido le iba bastante bien, exceptuando que le apretaba un poco en la parte del corpiño y que le faltaban unos quince centímetros de largo. Lucy y tía JUSTINA se desplazaron alrededor de LALI, soltando costuras por aquí, clavando alfileres por allá y comentando las posibles opciones. Cuando, por fin, decidieron lo que había que hacer, le quitaron rápidamente el vestido a LALI y las tres se pusieron manos a la obra.
Estuvieron cosiendo el resto de la tarde, parando solamente para cenar.
A Nathan y Andrew les impresionó bastante la invitación que había recibido LALI.
Tras la cena, las tres mujeres siguieron trabajando durante las oscuras horas de la noche, charlando jovialmente, cortando y cosiendo. Callie se quedó con ellas, junto con la señorita Josephine, hasta que no pudo mantener los ojos abiertos. Se quedó dormida en el sofá del salón, abrazada a su muñeca.
- ¡Ya está! - Dijo Lucy, levantándose y desperezándose.
Miró el reloj de sobremesa que había en la repisa de la chimenea. Casi era medianoche.
- Pruébatelo, LALI, querida - Dijo tía JUSTINA.
Ayudaron a LALI a ponerse el vestido encima de la combinación. Tía JUSTINA había cosido hábilmente un paño de puntilla en la espalda para que el corpiño le quedara más holgado. Un volante color crema, cuyo tejido habían extraído de un antiguo vestido que se le había quedado pequeño a Lucy, adornaba los bajos del vestido. Y tía JUSTINA había añadido una cinta de terciopelo color crema debajo de la línea del busto.
- ¡Te sienta de maravilla! - Dijo Lucy entusiasmada mientras daba la vuelta alrededor de su hermana - Es absolutamente perfecto.-
- La condesa se quedará impresionada - Predijo tía JUSTINA con una sonrisa.
- Siempre y cuando yo no haga nada que me haga quedar en ridículo - Dijo LALI.
- Tonterías. Seguro que te adora - Dijo Lucy ayudándola a quitarse el vestido - Como todo el mundo.-
A LALI le embargó una profunda tristeza.
«No, no todo el mundo».

Al día siguiente, un elegante coche de caballos, con puertas lacadas y adornadas con el blasón de la familia Blackmoor, llegó a la finca de los ESPOSITO exactamente a la once en punto de la mañana. La familia ESPOSITO al completo, incluyendo a Pierre, escoltó a LALI hasta la puerta del coche de caballos. Ella los abrazó a todos, prometiéndoles que les explicaría hasta el último detalle cuando volviera a casa al atardecer.
Un lacayo uniformado con librea ayudó a LALI a subirse al coche de caballos y partieron, entre chillidos de los niños y agitar de manos.
En cuanto su familia se perdió en la distancia, LALI se acomodó en el asiento e inspeccionó el interior del coche de caballos. Nunca había viajado en un vehículo tan lujoso. Deslizó la mano sobre los voluminosos cojines de terciopelo color vino y hundió los dedos en su suavidad. Con un suspiro, se apoyó en el respaldo, observando cómo pasaba rápidamente el paisaje ante sus ojos.
Una vez en Londres, observó cómo iban cambiando los alrededores conforme iban saliendo de los arrabales de la ciudad y entrando en los barrios de más postín. LALI vio a damas y caballeros elegantemente vestidos paseándose, lujosas tiendas y magníficos edificios.
El coche de caballos se detuvo finalmente ante una impresionante construcción de ladrillo. El lacayo le abrió la puerta y la ayudó a bajar.
Subiendo lentamente la escalinata, la mirada de LALI se fijó en la magnífica estructura del edificio, desde sus envejecidos ladrillos color rosa hasta el pequeño pero hermoso jardín de flores. Justo antes de que pisara el último escalón, se abrió uno de los dos inmensos porticones.
- Buenas tardes, señorita ESPOSITO - Dijo un mayordomo de rostro impasible mientras daba un paso atrás para dejarle entrar en el vestíbulo.
- Buenas tardes - Contestó ella con una sonrisa.
Entró en el vestíbulo y contuvo la respiración. Una enorme araña, la mayor que LALI había visto en su vida, colgaba del techo. Una majestuosa escalera describía una curva y luego ascendía al segundo piso. El suelo del vestíbulo era de mármol verde oscuro y brillaba tanto que LALI podía verse reflejada.
- ¿Quiere que le guarde el abrigo?-
La voz del mayordomo volvió a captar súbitamente la atención de LALI, y ella le entregó el chal.
- Gracias.
- La condesa está en su sala de estar privada. Por favor, sígame.
Mientras seguía al mayordomo por el pasillo, LALI fue observando la decoración con sumo interés, intentando no parecer patosa. Lujosas mesas de caoba se extendían a lo largo del vestíbulo, todas ellas adornadas con inmensos arreglos florales elaborados con flores frescas. Admiró las flores y fue nombrando mentalmente cada una de ellas a medida que iba avanzando. Varios espejos realzaban las paredes tapizadas con seda color marfil. Se miró disimuladamente en uno de ellos y sintió un gran alivio al comprobar que el viaje no le había estropeado el peinado.
El mayordomo se detuvo en seco ante una puerta, y LALI estuvo a punto de chocar contra su espalda de lo concentrada que estaba fijándose en cuanto la rodeaba. Él señaló la puerta y le indicó, con un solemne ademán de la cabeza, que podía entrar en la habitación.
Un fuego crepitaba en el hogar, creando una atmósfera sumamente acogedora. La habitación estaba agradablemente iluminada y decorada en tonos alegres, la luz del sol entraba por unos altos ventanales estilo Palladian. Varios óleos sobre escenas pastoriles decoraban las paredes tapizadas en seda de color verde claro. Dos butacas flanqueaban el sofá, y en un rincón de la habitación había un escritorio de cerezo. También había varios jarrones de cristal llenos de flores frescas, cuya dulce fragancia perfumaba el aire de la sala. LALI tuvo la sensación de acabar de entrar en un jardín encantado.
- ¿Señorita LALI? - Preguntó una dulce voz a su espalda - Muchísimas gracias por aceptar mi invitación, sobre todo teniendo en cuenta la brevedad de la nota que la acompañaba.-
LALI se volvió para saludar a su anfitriona, y la sorprendió gratamente la primera visión que tuvo de la condesa. No estaba muy segura del aspecto que esperaba que tuviera la condesa de Blackmoor, pero, desde luego, no se había imaginado nada parecido a aquella joven encantadora que se le acercaba con una cordial sonrisa en su hermoso rostro.
La condesa le tendió la mano.
- Encantada de conocerla, señorita ESPOSITO-
LALI consiguió recordar los buenos modales e hizo una desgarbada reverencia. Luego estrechó la mano de la condesa.
- Es un placer conocerla, lady Blackmoor. Y soy yo quien debe estarle agradecida por su amable invitación.-
- Por favor, venga conmigo y tome asiento - La invitó la condesa guiándola hasta el sofá - Pensé que podríamos conversar unos minutos antes de que nos sirvan el té.-
- Esta habitación es una preciosidad - Comentó LALI cuando se hubo sentado.
- Gracias. Es mi favorita. Por frenético que sea mi ritmo de vida, siempre que puedo me refugio aquí para encontrar un poco de paz - La condesa se inclinó hacia delante y examinó a LALI sin disimular su interés - Debo admitir, señorita ESPOSITO, que no es exactamente como esperaba - El rostro de LALI debió de delatar su consternación porque la condesa se apresuró a añadir - Oh, no me malinterprete, por favor. Estoy muy sorprendida, gratamente sorprendida, se lo aseguro.-
Alargó el brazo y le dio un breve apretón en la mano.
LALI dejó escapar un suspiro de alivio. Luego devolvió a la condesa su cordial sonrisa y le confesó:
- En tal caso, debo admitir que usted tampoco es exactamente lo que me esperaba encontrar.-
- ¿Ah, sí? ¿Y qué se esperaba encontrar? - Preguntó con expresión de genuina curiosidad.
- ¿Sinceramente?-
- Por supuesto.-
- Bueno, me la imaginaba ataviada con algún tipo de impresionante vestido oscuro y unos quevedos colgando de la nariz. Varios collares de perlas, un moño sumamente serio de cabellos grises, y tendiendo a la obesidad. Me imaginaba que cojearía y que sería muy, muy anciana - Concluyó LALI con una tímida sonrisa en los labios.
La condesa estalló en carcajadas.
- ¡Santo Cielo! ¿Y aun así aceptó mi invitación?-
- Para serle franca, me planteé la posibilidad de rechazarla, pero mis hermanas menores no me dejaron hacerlo - Confesó LALI, relajándose en presencia de la condesa.
A pesar del noble linaje de su anfitriona, era cordial y acogedora, y a LALI le gustó en cuanto la vio.
- Están muertas de envidia porque estoy tomando el té con una condesa. Mi hermana pequeña, Callie, vive para invitar a la gente a tomar el té. Ahora estará en casa, dando vueltas nerviosamente, esperando ansiosa mi regreso para que le cuente cómo sirve el té una condesa.-
- ¿Qué edad tiene?-
- Seis años. Cumple siete dentro de dos semanas.-
- ¡Qué encanto!-
La condesa llamó para que le trajeran el carrito del té.
- Por favor, prosiga, estoy deseosa de oírlo todo sobre usted y su familia.-

CAPITULO 63

LALI caminaba por el bosque a pasos silenciosos a lo largo del sendero de tierra compacta. La luz del sol se filtraba entre las ramas de los árboles, caldeando el ambiente fresco y húmedo, oscurecido por la densa vegetación. Cuando llegó al lago, encontró una zona cubierta de hierba y se dejó caer en el suelo, apoyando el peso en las manos, y miró fijamente al agua de un azul oscuro centelleante.
«¡Dios mío! ¿Volveré alguna vez a ser feliz?»
Cogió una piedrecita y la lanzó al lago, observando la serie de ondas circulares que se iban extendiendo por la superficie del agua. Normalmente encontraba la paz en aquel lugar, en el olor a musgo de las sombras y el suave crepitar de las hojas. Pero no hoy. Ni en las dos últimas semanas. Desde que él se fue.
Había tenido dos largas semanas para recuperar fuerzas, ordenar sus pensamientos y luchar contra el profundo malestar que había sido su constante compañía desde la marcha de PETER. Pero había fracasado estrepitosamente. Seguía doliéndole al respirar. Le dolían las entrañas, y tenía el corazón hecho añicos y el alma herida, como si la hubiera arrollado una manada de caballos salvajes. La vida ya no era como antes de la llegada de PETER.
No había sido capaz siquiera de mirar el jardín. No soportaba ver las flores, sobre todo los pensamientos. Y no había dormido en su cama desde que él se fue, incapaz de acostarse donde habían pasado la noche haciendo el amor.
Puesto que tampoco conseguía conciliar el sueño, se pasaba la mayor parte de las noches en el despacho de su padre, escribiendo hasta la madrugada. Cuando despuntaban los primeros rayos de sol en el horizonte, se acostaba durante una hora en el sofá y dormía a rachas.
Consciente de que su familia estaba muy preocupada por ella, LALI se había forzado a poner buena cara y parecer alegre durante los últimos días para ofrecer la impresión de que estaba bien. Ya no soportaba más las miradas de lástima de Lucy.
Durante las dos últimas semanas, sus emociones habían recorrido toda la gama comprendida entre el enfado y la rabia, por un lado, y la amargura y la desesperación por el otro. A veces estaba furiosa, con PETER, por sus palabras vacías y por la forma en que la había abandonado, y también consigo misma, por haberse enamorado perdidamente de él. Otras veces se sentía tan profunda y completamente triste y hundida que apenas podía mantenerse en pie. Le temblaban las rodillas de la vergüenza que sentía cada vez que evocaba su desinhibido comportamiento en la noche previa a la marcha de PETER.
Se le encogía el corazón al pensar que le había declarado su amor. Se había pasado la primera semana posterior a la partida de PETER temiendo haberse quedado embarazada, pero, gracias a Dios, había comprobado que no lo estaba.
«No puedo culpar a nadie más que a mí misma. Le ofrecí todo lo que tengo -mi corazón, mi alma, mi inocencia- pero, al parecer, todo eso no le bastaba».
Había releído la carta que PETER le había dejado cien veces, hasta que ya no pudo mirarla más. La noche anterior la había echado al fuego. Ya era hora de reanudar su vida. Tenía una familia que dependía de ella y responsabilidades que atender. Ellos le daban un motivo para seguir adelante. Era hora de dejar de sumirse en la autocompasión y unirse de nuevo a la vida. Era hora de volver a su vida anterior. Como era obvio que había hecho PETER.

- ¿Sí? ¿Quién es? - Preguntó Grimsley, abriendo la puerta principal. Cegado por el fuerte resplandor, entornó los ojos para protegerse de la luz solar - ¿Quién es usted? ¿Le conozco? ¿Dónde he puesto mis gafas?-
Se dio un cachete en la parte superior de la cabeza e hizo una mueca de dolor cuando la montura de alambre se le clavó en la piel. Se puso las gafas en la punta de la nariz y volvió a mirar, esta vez con los ojos abiertos de par en par en señal de asombro.
Un lacayo, ataviado con librea, la más elegante que Grimsley había visto nunca, esperaba de pie ante la puerta.
Winston eligió justamente aquel momento para entrar a zancadas en el vestíbulo.
- ¿Quién diablos es usted y qué diablos quiere? - Dijo vociferando.
- Tengo un mensaje para la señorita LALI ESPOSITO - Dijo el lacayo sin inmutarse - ¿Está en casa?-
Grimsley se arregló tímidamente el chaleco.
- Sí, la señorita ESPOSITO está en casa. Espere aquí, por favor.-
Winston, claramente receloso, dirigió una mirada fulminante al lacayo.
- Ve a buscar a la señorita LALI, Grimsley. Yo vigilaré a este tipo. Si me plantea problemas, lo echaré con mis propias manos.-
Haciendo acopio de toda la dignidad de que fue capaz dadas las circunstancias, Grimsley salió del vestíbulo en busca de la señorita LALI. No tenía ni idea de dónde encontrarla.
Tardó casi veinte minutos en dar con ella. Tras una búsqueda exhaustiva, por fin la encontró en el huerto, arrancando malas hierbas con Callie y Lucy. Cuando les habló de la presencia del elegante lacayo, las tres lo siguieron hasta la casa.
- ¿La señorita _LALI ESPOSITO? - Preguntó el lacayo, mirando alternativamente a LALI y a Lucy.
- Yo soy LALI ESPOSITO - Dijo LALI, dando un paso adelante.
El lacayo le alargó un trozo de papel vitela color marfil lacrado en rojo.
- Tengo un mensaje para usted de la condesa de Blackmoor. La condesa me ha pedido que esperara para recibir su respuesta.-
- ¿La condesa de Blackmoor? - Repitió LALI completamente desorientada. Cogió el grueso trozo de papel y le dio varias vueltas - Nunca había oído ese nombre hasta hoy. ¿Está seguro de que el mensaje es para mí?-
- Absolutamente - Contestó el lacayo.
- ¿Qué dice? - Preguntó Callie estirando del vestido de LALI.
- Veamos - LALI rompió el precinto lacrado y leyó rápidamente la nota - ¡Qué extraordinario!-
- ¿Qué? - Preguntaron Callie y Lucy al unísono.
- La condesa de Blackmoor me invita mañana a su casa de Londres a tomar té. Dice que, aunque no nos conozcamos, recientemente ha descubierto que tenemos amigos comunes y que le encantaría conocerme personalmente.-
- ¿Qué amigos comunes? - Preguntó Lucy, intentando leer la nota asomándose tras el hombro de LALI.
- No lo menciona.-
Callie aplaudió entusiasmada mientras daba saltitos.
- ¡Tomar el té con una condesa! ¿Podré ir contigo? ¡Por favor, LALI!-
LALI negó con la cabeza sumida en un mar de dudas.
- No, cariño, me temo que no - Se dirigió al uniformado lacayo - Así pues ¿La condesa espera mi respuesta?-
- Sí, señorita ESPOSITO. En caso de que aceptara la invitación, le enviarían un coche de caballos a buscarla para que la acompañe a la residencia de la condesa.-
- Ya entiendo - LALI miró a Lucy inquisidoramente - ¿Qué hago?-
- Creo que debes ir - Dijo Lucy sin dudarlo ni un momento.
- Yo también - Intervino Callie.
- Después de todo, ¿Cuántas oportunidades tendrás en la vida de tomar el té con una condesa? - Dijo Lucy con una incitante sonrisa - Te irá de maravilla salir de casa. Además, ¿No te pica la curiosidad por saber quiénes son esos amigos comunes?-
- Sí, debo admitirlo - LALI releyó la invitación por última vez, sin acabar de creerse que fuera dirigida a ella - Muy bien - Le dijo al lacayo - Puede decirle a la condesa que acepto encantada su invitación.-
- Gracias, señorita ESPOSITO. El coche de caballos de la condesa estará aquí mañana a la once en punto de la mañana.-
El lacayo hizo una reverencia y se marchó.
LALI, Lucy, Callie, Grimsley y hasta Winston se agolparon alrededor de la ventana, pegando las narices al cristal, y observaron cómo el elegante coche de caballos desaparecía en la distancia.
- ¡Que me cuelguen del palo mayor y me ondeen al viento! - Resopló Winston - No había visto un anillo tan lujoso en toda mi vida.-
- Desde luego —dijo Lucy entre risas - ¡Santo Dios! LALI, ¿Qué diablos te pondrás?-
LALI miró fijamente a su hermana, confundida.
- No tengo ni idea. Disto mucho de tener algo apropiado para la ocasión.-
- ¿Y qué me dices del vestido azul claro...?-
- No - La tajante respuesta de LALI cortó el aire - Me refiero a que es demasiado ostentoso para tomar el té - Se apresuró a rectificar.
No quería ni pensar en aquel vestido. Le recodaba a PETER y a la noche en que lo había llevado, y aquellos recuerdos le hacían daño.
- Puedes ponerte alguno de mis vestidos - Le ofreció Lucy.
- Es muy amable de tu parte, pero soy demasiado alta para llevar ropa tuya - Dijo LALI - Me pondré uno de mis vestidos grises.
- No lo harás - Dijo Lucy con firmeza. Tomó a LALI de la mano y la arrastró hasta las escaleras - Callie, por favor, ve a buscar a tía JUSTINA. Dile que coja el costurero, y luego vengan las dos a mi alcoba.-
Callie se fue corriendo a hacer sus recados, y LALI dejó que Lucy la guiara escaleras arriba.
- ¿Qué estás tramando? - Le preguntó LALI.
- Vamos a buscarte algo para que te lo pongas mañana - Dijo Lucy, abriendo de par en par las puertas de su armario. Sacó varios vestidos y los inspeccionó con mirada crítica antes de tirarlos sobre la cama - No, ninguno de éstos servirá - Dijo volviendo a mirar el armario - ¡Aja! - Dijo, con expresión triunfante. Sacó un vestido color melocotón claro y se lo ofreció a LALI - Éste te quedará precioso.-

martes, 12 de abril de 2016

CAPITULO 62

ROCIO no podía dormir.
Se había retirado poco después de la cena, esperando que su ausencia ofreciera a PABLO la oportunidad de estirar a PETER de la lengua y quizá sonsacarle lo que tanto le preocupaba.
Estaba muy preocupada por su hermano. Desde su regreso hacía dos semanas, no había vuelto a ser el mismo. El PETER de antes era cínico y arrogante y parecía estar de vuelta de todo, pero también sabía ser simpático, divertido e ingenioso y siempre tenía una palabra cariñosa para ella.
Ahora apenas hablaba con alguien y, cuando lo hacía, siempre respondía en tono cortante y con monosílabos. Si decía más de dos o tres palabras seguidas, las acompañaba de una mirada gélida y daba por concluida la conversación. Cuando no estaba mirando a alguien con cara de pocos amigos, estaba bebiendo.
Pero lo que más alarmaba a ROCIO era aquella mirada de apesadumbrada resignación en sus ojos. Era casi como si nada ni nadie le importara lo más mínimo.
Cuando llevaba una hora dando vueltas en la cama, ROCIO no podía aguantar aquella inactividad por más tiempo. Sencillamente, tenía que saber qué estaba ocurriendo. Se puso la bata y bajó cautelosamente las escaleras.
Se detuvo fuera del salón y pegó la oreja a la puerta. Silencio. Hizo girar lentamente el pomo intentando no hacer ruido y vio que el salón estaba vacío. Avanzó por el pasillo hasta la biblioteca.
Se deslizó con sigilo, el sonido de sus pasos amortiguado por la gruesa alfombra persa. Al detenerse junto a la puerta de la biblioteca, oyó un inconfundible murmullo de voces. Triunfante y sin el menor atisbo de culpa, se arrodilló y miró a través del ojo de la cerradura. Oscuridad.
«¡Maldita sea! Debe de estar puesta la llave».
Apretó la oreja contra la puerta, pero las palabras se oían apagadas y distorsionadas.
Sin darse por vencida, ROCIO se dirigió a toda prisa hacia el despacho teniendo cuidado de no derribar o golpear ninguna mesa. Cuando llegó a la puerta que unía ambas habitaciones, contuvo la respiración e hizo girar apenas el pomo. Para su regocijo, éste no se resistió. Abrió la puerta con sumo cuidado un par de centímetros y apretó la oreja contra la rendija. Le llegó la voz de PABLO:
«¿...Consideras que beber hasta la inconsciencia es el mejor remedio a seguir? Sea quien sea, la persona que ha intentado matarte está ahí fuera, esperando otra oportunidad. Apenas podrás defenderte si estás como una cuba».
A ROCIO se le heló la sangre y se cubrió la boca con la mano para enmudecer un grito sofocado.
«¡Santo Dios! Alguien está intentando matar a PETER!»
Volviendo a pegar la oreja a la rendija, escuchó atentamente toda la conversación, aumentando su asombro con cada minuto que pasaba.
Cuando finalizó la conversación, ROCIO miró por la abertura de la puerta y vio a PABLO intentando levantar de la butaca a PETER, que parecía estar borracho como una cuba. Cerró silenciosamente la puerta y se encaminó hacia su aposento.
Corrió por el pasillo de una forma bastante impropia de una condesa. Luego, utilizando un método que escandalizaría a las damas de la alta sociedad, se levantó el camisón y la bata hasta los muslos y subió las escaleras de dos en dos, sin detenerse en su loca carrera hasta que estuvo bien oculta bajo las sábanas de su cama. Cerró los ojos e hizo un esfuerzo por respirar más pausadamente, pues sabía que PABLO vendría a hablar con ella. Su esposo sabía las ganas que ella tenía de saber qué era lo que tanto le preocupaba a PETER.
Al cabo de varios minutos, oyó abrirse la puerta que conectaba su suite con la de su esposo. Victoria notó cómo se hundía el borde de la cama bajo el peso de PABLO cuando éste se sentó. Abrió los ojos y le sonrió en la semioscuridad.
- Debía haber imaginado que todavía estarías despierta - Dijo él en tono risueño.
- Me muero de ganas de saber lo que te ha contado PETER - Le contestó incorporándose - ¿Te ha explicado qué es lo que tanto le preocupa?-
PABLO dudó un momento y luego dijo:
- Me temo que PETER ha bebido demasiado. Le he ayudado a subir las escaleras y lo he dejado en la habitación de invitados azul.-
- Entiendo - Dijo ROCIO.
Era evidente que PABLO no pensaba repetirle la conversación que acababa de mantener con PETER.
«Debe de formar parte del código de honor entre caballeros no contar las confidencias hechas con unas copas de más».
Afortunadamente ROCIO no necesitaba que nadie se lo explicara. Y, por descontado, tampoco tenía por qué contarle ella a PABLO lo que sabía.
- Tenía tantas esperanzas de que averiguaras lo que tanto parece atormentar a mi hermano - Dijo ROCIO fingiendo el mejor de sus suspiros - Me gustaría tanto poderle ayudar.-
PABLO la abrazó y le dio un beso en la frente.
- PETER se pondrá bien - Le dijo intentando tranquilizarla - Créeme, no hay nada que puedas hacer para ayudarle, salvo tener paciencia con él. Pronto volverá a ser el mismo PETER de siempre.-
ROCIO se acurrucó contra el pecho de su marido, con una sonrisa furtiva en los labios.
«¿Que no hay nada que pueda hacer para ayudarle? Eso ya lo veremos».